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ACA IRI EL POST

Exploracion

A 34 Años de la Expedición Atlantis

julio 13, 2018 — by Andar Extremo0

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A 34 años de la “Expedición Atlantis 84”, una emblemática proeza argentina.

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El 12 de julio de 1984, cinco argentinos al mando de Alfredo Barragán concretaban la hazaña de cruzar el Océano Atlántico en una primitiva balsa de troncos a vela, sin timón. Habían partido el 22 de mayo, 52 días antes, del puerto de Santa Cruz de Tenerife, en las Islas Canarias, ante la mirada incrédula de autoridades e isleños. Junto a Barragán protagonizaban esta travesía marítima sin parangón Jorge Iriberri, Horacio Giaccaglia, Daniel Sánchez Magariños y Félix Arrieta.
Con el emocionado arribo al puerto de La Guayra, en Venezuela, culminaba una proeza ejemplar que había sorteado múltiples obstáculos en los cuatro años de preparación. Pero al fin, esa epopeya plagada de peligros colocaba a Barragán y sus hombres al nivel de exploradores legendarios como el capitán Richard Burton, descubridor en el siglo XIX de las fuentes del Nilo y de Thor Heyerdhal, el navegante de la Kon Tiki, quien atravesó el Pacífico desde las costas de América hasta la Polinesia.
No era este emprendimiento una mera obstinación de deportistas amantes de peligrosos desafíos a la naturaleza. Era la concreción épica de un objetivo que desafiaba también a la Historia y la Antropología; porque la embarcación utilizada para recorrer las 3.200 millas marinas, era una réplica de las utilizadas hace 3500 años por los africanos, que bien pudieron haber utilizado la Corriente de las Canarias para arribar a las costas del Golfo de México, 3.000 años antes que Colón descubriese América. Atlantis demostró la factibilidad de su hipótesis.
La hazaña de Expedición Atlantis se reflejó en todo el planeta. Su documental, estrenado en 1988 y doblada en seis idiomas, es la película argentina más vista en el mundo.
La expedición contó con el auspicio y avales de la Presidencia de la Nación; del Congreso Nacional; de la Cancillería, de la Armada y la Fuerza Aérea Argentina; de la Gobernación del Guayas, Ecuador; del Cabildo y Gobierno Autónomo de las Islas Canarias; de la Presidencia de Venezuela y del Comité Olímpico, entre muchos otros.
Alfredo Barragán, un abogado y deportista nacido y residente en la ciudad de Dolores, en la provincia de Buenos Aires, fundador y actual presidente del Centro de Actividades Deportivas, Exploración e Investigación (CADEI), que impulsó ésta y otras muchas expediciones coronadas por el éxito, resumió el logro de Atlantis de la siguiente manera: “Habíamos alcanzado un sueño. Pero durante esos 52 días estuvimos solos, nunca estuvimos tan desnudos y jamás fuimos tan poderosos. No había fuerza en la tierra que nos disuadiera de este sueño. Atlantis fue y es una invitación al hombre en creer en sí mismo. Es la prueba de que no hay imposibles si se lucha con convicción, planificación y perseverancia, en pos de un objetivo noble y bello”. Toda una definición de la emblemática proeza de Atlantis, la expedición deportivo científica argentina más trascendente; calificada como “una de las más bellas hazañas de todos los tiempos”.
La Expedición Atlantis está instalada en la historia y es tema de estudio en todo el mundo. Se ha bautizado con su nombre a plazas y colegios; y la balsa Atlantis es el elemento fundacional del “Museo de la Aventura”, ha crearse próximamente en la Ciudad de Dolores, donde nació el proyecto.
Alfredo Barragán (a. El Capitán) sigue viviendo en Dolores. Fiel al más puro amateurismo, rechaza toda oferta de sponsorización comercial. Continúa realizando expediciones tales como Aconcagua, Andes en Globo, Kilimanjaro, Mar de las Antillas en Kayaks y Antártica Finis Terra. Recientemente publicó su libro “Expedición Atlantis” y sigue brindando conferencias por el mundo, respaldado por los hechos, y enseñando su lema: “Que el hombre sepa que el hombre puede”.

ATLANTIS

Carreras de aventura

MAX RACE RESERVA EL DESTINO 2018

julio 3, 2018 — by Andar Extremo0

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Las cercanías del Río de La Plata deparan circuitos totalmente cambiantes año tras año en la Reserva El Destino Fundación Elsa Shaw de Pearson, al sur de Magdalena. Un circuito duro como pocos en la Provincia de Buenos Aires, que desafía a los competidores en diferentes modalidades: 12 o 21 km de trail run, un dua de 12 km de cross y 38 km de mountain bike y un tría de de 12 km de cross, 38 km de mountain bike y 6 de kayak. En la nota la primer experiencia de Ubaldo Argüello.

por Ubaldo Argüello, fotos Marcos Ferrer

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Debo confesar que por momentos durante el recorrido pensé que sería la última también, pero pasado el periplo por el barro y los arroyos, el río y la playa, esa idea se fue diluyendo para dejar la definitiva, volver el año próximo con las mismas ganas. Confieso también que hace poco menos de un año cambié una vida un tanto sedentaria por este nuevo mundo “runner” corriendo en mi ciudad natal La Plata, en Tandil y los sabidos y necesarios fondos de fin de semana.

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La experiencia de esta MAX no puede nunca para mi ser individual, ni ser separada de la vivencia comunitaria y colectiva de mi grupo de entrenamiento del Parque San Martín con mi gran profe Paula Sequeira, alma mater de un hermoso grupo humano que retroalimenta, estimula e impulsa a cada uno de sus participantes. En este contexto, la carrera termina siendo superlativa, antes de ella entrenando, acompañando y preparando la previa donde lo deportivo es una consecuencia del compartir.

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Durante la carrera pasan varias cosas, comenzar junto a los compañeros, ir distanciándonos a medida que avanzamos, pensar, pensar mucho en cómo administrar esfuerzo frente a lo desconocido para luego dejar de hacerlo y disfrutar el lugar, la reserva El Destino con su bosque y aromas a eucalipto, los canales y el sonido del agua, incluso el barro con ese color gris arcilla tan característico. Todo esto cambia cuando las piernas comienzan a sentir el peso del terreno y de pronto se llega a la playa en el preciso momento en que el sol da brillo al agua y se ve una tropilla de caballos a lo lejos galopando en el río frente a nosotros. Ahí se respira hondo, pareciera que se recargan las pilas y sigue otra etapa, correr por la playa con sol y vistas largas al horizonte.

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Todo va concluyendo cuando de la organización nos indican donde volver al camino del monte donde espera lo más duro, el famoso barro, los zanjones, los charcos, el suelo incierto y los tropezones, cuando las piernas empiezan a no responder. También están las risas, todo parece absurdo, por momentos gente grande volviendo a ser niño jugando en los charcos, se trata un poco de eso me parece, de jugar.

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Y aquí el final, donde los fotógrafos aparecen al costado del camino, en los canales y con el agua a la cintura, a lo lejos se escucha el punchi punchi sonando en la llegada. Eso estimula y saca algo que parecía no estaba en las piernas, el plus. Todo junto a los gritos, el aliento de los que nos esperan en la meta y nos ven desde lejos, a esos que queremos ver y queremos que estén, quienes son parte de todo este proceso. No es tan sencillo describirlo con palabras, por eso hay que vivirlo e invito q todos a que no se lo pierdan, vale mucho la pena, lo vale sobradamente.
Muchas gracias.-

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Carreras de aventura

Desafío Ansilta, San Juan

junio 25, 2018 — by Andar Extremo0

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La competencia de trail running que se convirtió en un clásico de la región de Cuyo se puso en marcha el sábado 26 de Mayo en el Dique Punta Negra y reunió a más de 2000 corredores las distancias de 65k, 46k, 30k, 16k, 10k y 4k. En la nota un relato de Adriana Hidalgo de su experiencia en los 65 km.

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Bajo la organización de Adventure Pro y con record de participantes, la Edición 2018 del Desafío Ansilta fue un nuevo y verdadero éxito. Es una de las competencias más lindas y exigentes del trail running con 6 distancias a elección del corredor, más una prueba de Kids para categorías menores e infantiles.
Este evento ha sido puntuado y avalado por la International Trail Running Asocciation (ITRA), ente internacional que regula este tipo de carreras de aventuras.-
La misma dio comienzo desde el Camping Cerro Blanco, Zonda, donde los miles de corredores emprendieron su recorrido circunscripto en la imponente geografía y naturaleza que San Juan ofrece.

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El circuito
Los 65K fueron muy duros no sólo por el importante desnivel acumulado que tuvieron, sino también porque ofrecieron tramos muy técnicos: no faltaron complejos senderos con piedra y segmentos con mucha arena y ripio que resultaron ser un suplicio para las piernas de los esforzados trail runners.
Los atletas largaron en el camping Cerro Blanco, a la postre también la meta. Luego debieron vérselas con otros accidentes geográficos, las trepadas de los cerros 7 Colores, Negro, América, María y Blanco.
Los runners pudieron maravillarse con las postales que ofreció el lago del embalse Dique Punta Negra y la ruda belleza de la cordillera sanjuanina que, este año, los recibió, a la madrugada con una atmósfera fría, y, más tarde, con un sol radiante y un ambiente muy templado por un Zonda en altura que hizo mella en su rendimiento.

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Franco Oro se adjudicó la séptima edición del Desafío Ansilta, en los 65Km. El integrante de la selección argentina de trail tuvo un andar demoledor y ninguno de sus competidores pudo hacer algo para oponerle resistencia, más allá de que en algún tramo de la carrera le hicieran compañía.
7 horas, 16 minutos y 23 segundos precisó el atleta para confirmar el excelente momento que atraviesa. Segundo terminó el bonaerense, sanjuanino por adopción, Facundo Nuñer (7:24:23). Completó el podio el también sanjuanino Ivan Basualdo (8:04:18).
En cuanto a las Damas, la ganadora inobjetable fue la cordobesa Magdalena Nieto, quien precisó de 9 horas 34 minutos y 22 segundos para traspasar la meta. Segunda fue la bonaerense, sanjuanina por adopción, Sonia Procopio (10:46:19). Completó el podio la catamarqueña Fany Gutiérrez (11:22:26).

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En los 46K, los tres primeros fueron los sanjuaninos Horacio Peñaloza (5:21:45), Fernando Ripalta (5:21.45) y David Peñaloza (5:38:35).
En Damas, el podio fue de la puntana Analía García (7:11:20), de la cordobesa Dolores Molina (7:40:50) y de la sanjuanina Johanna Ahumada Vargas (7:52:35).
En los 30K, los mejores varones fueron el sanjuanino Gastón Cambareri (3:25:12), el cordobés Gastón Isa (3:26:45) y el sanjuanino Agustín Rampinini (3:27:37).
Acá, las chicas más rápidas fueron las sanjuaninas María Sánchez Ruiz (4:01:41), Andrea Nazara (4:09:07) y Paola Cassab (4:11:03).

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En los 16K masculinos, el podio fue de los sanjuaninos Matías Espejo (1:07:45), Elías Muñoz (1:14:38) y Elías Fernández (1:15:18).Las chicas mejores clasificadas fueron las sanjuaninas Gisela Tobares (1:22:22), Belén Sánchez (1:24:39) y Micaela Palomo (1:33:24).
En los 10K, los varones que primero cruzaron la meta fueron los sanjuaninos Jairo Tejada (46:08), César Guajardo (47:07) y Walter Mercado (47:48). En esta distancia, la ganadora fue la mendocina Jimena Currelli (1:04:49), escoltada por las sanjuaninas Florencia Gallastegui (1:05:17) y Yanina Fernández (1:05:27).
En la promocional de 4K, el podio masculino estuvo compuesto por Daniel Villafañe, Jeremías Giorgi y Carlos Pastén; mientras que el femenino por Daiana Frías, María Agostina Victoria e Ingrid Lagarcha.

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Realto de Adriana Hidalgo
Sábado 26 de mayo, 4am…Camping del Cerro Blanco, corredores camuflados por el frio de la madrugada, con frontales ya encendidos, ansiosos, nerviosos, emocionados por lo que nos estaba por pasar.
Largamos…y el momento de encontrarme con mi espíritu, con ese dialogo interno, ese aprendizaje, esa oportunidad de conocerme aún más. Escuchaba el silencio de la noche, salpicado por los pasos sobre las piedras, míos y de los demás. Era una noche fresca, contorneada por estrellas con mucha luz. A medida que pasaban los kilómetros mi cuerpo se iba acomodando en ese espacio. Estaba impulsada por llegar a la sierra La Dehesa, que el año pasado me había sorprendido con nieve. Este año me recibió con un cielo claro oscuro, me mostro su vegetación rustica, y me dejo un sello en la rodilla derecha, el cual me hizo “padecer” los 45km que me quedaban por delante. A partir de ahí, y agradecida de eso, lo tome como un motivo para crecer y fortalecer aún más mi espíritu y mi pasión por la naturaleza y lo que tanto amo, correr. Pensaba en las caritas de mis sobrinos, en mis hermanos, en mis padres, en mis amigos, todo sentimiento se agudizaba.
Seguían los kms, y de repente el camino me regalo un amanecer con un sol fuerte, bravo, rojo, y a los pocos minutos el cielo se pintó de azul…se sentían aires frescos entre la sombra de los cañadones, oleadas más calentitas entre las piedras.
Seguía a paso doloroso, pero firme y ahí estaban mis amigos! Pato Gasquet, Martin Papalia, Jorge Amaya, Marcos Ferrer, Enzo Amato quien me acompaño unos metros antes de subir al Cerro Negro. Y vino el más temido, duro como su nombre, fuerte como sus piedras, intenso como su pendiente pero bello por su estilo. El Cerro Negro me regalo esta vez su templanza.
Y asi, atravesando los últimos kms de un rio seco, rocoso, arenoso, y todos los molestos “osos” para correr, mis pasos se aceleraban, mi sonrisa se dibujaba, y mis lágrimas empezaban a brillar.
Los últimos metros y sabia me esperaba lo mejor…llegar. Y ahí estaba mi amiga de la facultad Pato Macias, quien me recibió con la medalla y un cálido abrazo, ese que tanto necesitas.
Más allá de un podio, esos 65kms del Desafío Ansilta dejaron en mí una huella, una noche con las estrellas, otro sello de lucha, otro amanecer, templanza, un dialogo, esa unión de lazos y más Vida!

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www.desafioansilta.com

Mountain BikeTecnología

POLO TORRES, Retül Fit Studio

junio 11, 2018 — by Andar Extremo0

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Retül Fit Studio es un sistema de biomecánica avanzado que permite a cualquier ciclista buscar comodidad, confort y velocidad a la hora de elegir una bicicleta. Estuvimos en La Plata con Matías Torres, dueño de la Bicicletería Polo Torres, que nos contó la evolución de estos estudios que desarrolla la marca Specialized. Revista Andar Extremo n° 50

Cómodos y Veloces

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Qué es el Retül?
Retül Fit Studio es un sistema de biomecánica aplicada al ciclismo que analiza al ciclista en tiempo real y en 3 dimensiones. Surge hace varios años en Estados Unidos cuando Andy Pruitt tuvo un accidente, perdió una pierna y empezó a estudiar la posición del ciclista, es así que se hizo atleta para olímpico y ganó muchas medallas. Luego, estudió medicina y desarrolló el sistema de biomecánica, que más tarde se expandió, y todos los deportistas quisieron hacerlo por las virtudes y las diferencias que notaban sobre la bicicleta, a través del tiempo. Lo hacen desde personas que recién empiezan a pedalear hasta súper profesionales que corren el Giro de Italia o el Tour de Francia. Está pensado para que lo haga todo el mundo, en la mayoría de lugares antes de comprar la bicicleta, para saber cuál conviene más y cuál es la mejor para tu postura.

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La bicicleta en la que realizás el estudio, ¿qué es lo que evalúa?
Cuando uno se decide a usar una bici o a comprarla, vienen por talles, por ejemplo: si vos estas entre una bici 52 o 54 de ruta o una S o una M de mountain bike, lo que se puede hacer en esta bicicleta regulables llamada “move” es replicar la medida de ángulo de una bicicleta sea la talla que sea, de todas las marcas que existen, se saca el Stack y el Reach, largo y alto de la biciclet. Se replican las medidas, y así se emula una Specialized, una Cannondale o una Trek o cualquiera. Una vez que se replica la bici en la “move”, se hace el entallado de la misma y así se elige la correcta. Este sistema es de Specialized, la marca te provee unas reglas de cada modelo donde, de acuerdo al modelo, tomás la regla, donde está el stack y el reach y la acomodás. Te simula exactamente el modelo. Si tenés otra marca de bicicleta, buscas el año de fabricación en la página y a partir de eso sacás el stack y el reach y llegás a la simulación adecuada.

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Qué es el stack y el reach?
Stack es altura y el reach la longitud.

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¿Qué busca el cliente al hacerse este estudio?
El cliente en estos espacios busca comodidad o rendimiento. El atleta profesional busca tiempos, sumar kilómetros o tener su potencia un poco más arriba, y el cliente que la utiliza como hobbies a la bici, busca pedalear cómodo sin dolor. Si bien vienen a hacerse estudios un amplio segmento de hombres y mujeres, los que más utilizan más el servicio son hombres de 35 para arriba, que quieren: confort, comodidad y rendimiento.

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Tenés un seguimiento de las personas luego de hacerse el estudio?
Hay un contacto con el cliente siempre, queda registrado una vez terminado el estudio con todas sus mediciones y yo quedo registrado también como encargado de haberlo hecho. Hay clientes que hace 30 años pedalean y al hacer el Retül le subís el asiento 4 cm, les cambia el pedaleo, y se le van los dolores. Por suerte todas las devoluciones hasta ahora son buenas.

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Además de la postura, también analiza el pedaleo constante?
Sí, es un estudio en movimiento. Utilizamos un rodillo hidráulico que a medida que pasa el tiempo, toma temperatura y se endurece. Así podés observar la postura de pedaleo en continuo, y la exigencia es más alta. Una vez que ponés las medidas y las replicás con el “zinc”, una aparato dibuja la bici virtual en pantalla para ver los cambios. Desde esa evaluación, le proponés al cliente una cadencia de pedaleo. Cuando hacés la mejora y le liberás peso de la presión de la rodilla, se nota, pedalean más cómodos porque le variaste el ángulo de la postura sobre la bici.

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Cuánto vale el estudio?
El entallado sale aproximadamente $ 1500 que te saca el largo y la altura. El estudio completo de Fit, con mediciones, donde se ve la planta del pie, el largo de extremidades, el deportista se sube a la bici, y se ponen sensores en todo el cuerpo para corregir pedaleo, ronda los 4500$. Son como tres horas de trabajo en total.

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Hace cuánto realizás estos estudios?
Hace seis años. Con esta tecnología hace 7 meses y ahora en junio estoy viajando a Estados Unidos para hacer el tercer nivel de Fit. Creo que soy el único argentino que tiene el segundo nivel de Fit hecho. Estamos siempre capacitándonos para recibir lo mejor posible al cliente.

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El Retül es lo mismo que Fit?
Retül es una marca independiente, Specialized tenía el mejor procedimiento de biomecánica del mundo llamado Fit que tenía muchísimos años en el mercado. Cuando sale Retül, sale con unas herramientas muy buenas se funciona con Specialized y cambia en nombre de Body Geometric Fit por Retül Fit.

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Facebook Polo Torres

Montañismo

Elbrus, La montaña más alta de Europa

junio 6, 2018 — by Andar Extremo0

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En agosto del año pasado, junto a mi gran amigo Oscar Ancieta, nos dimos el gusto de ascender el monte Elbrus de una manera muy poco habitual: sin apoyo ruso y caminando desde Villa Cheget, distante a 6 kilómetros de la base de la misma montaña. Nota en revista Andar Extremo n° 49

por Sergio Vahnovan, texto y fotos

Superando en collado para comenzar a subir la cumbre este
Superando en collado para comenzar a subir la cumbre este

Elbrus es la montaña más alta de Europa con 5642msnm y es conocida fundamentalmente porque integra el selecto grupo “Seven Summit”. Si bien es bastante visitada porque no tiene grande exigencias técnicas en su ruta normal, muy poca gente intenta ascenderla íntegramente sin utilizar ningún medio de elevación.
En diciembre de 2016, después de varios años, nos reencontramos con Oscar, y entre posibles ideas de viajes mencionamos el Elbrus, pero no fue hasta junio de 2017 en que definimos viajar a Rusia e intentarlo con un estilo un poco más montañero que el que se acostumbra.

Comodoro en el Elbrus 4 1
Comodoro en el Elbrus 4 1

Nos unimos en Ezeiza, ya que él venía desde Mendoza y yo desde Comodoro Rivadavia, y en ese momento comenzó el periplo de vuelos y esperas entre los aeropuertos Charles de Gaulle, Sheremetyevo y finalmente en Mineralnye Vody, donde arribamos a las 3:30 hr de la mañana, después de casi 30 horas de viaje desde Buenos Aires. Tomamos un taxi hasta la villa Cheget, cercana de la montaña. Luego de aproximadamente 4 horas de recorrido llegamos al pueblo donde nos instalamos en un hotel y, sin perder tiempo ni relajarnos para no quedarnos dormidos, salimos en busca de los elementos que nos faltaban para comenzar el ascenso (combustible, azúcar y pan). Entre un corto recorrido por el lugar y la preparación de nuestras mochilas, el día pasó volando.

En la estación del teleférico Azau en 2300 msnm
En la estación del teleférico Azau en 2300 msnm

Con pocas horas de descanso y habiendo revisado el pronóstico, a las 6 de la mañana comenzamos a caminar desde Cheget hacia la montaña, con el objetivo de instalar nuestra carpa cerca de los 4000msnm. Como en el trayecto hacia Azau (la villa que se encuentra en la base del Elbrus), caminamos sobre la cinta asfáltica, un par de vehículos pararon ofreciéndonos acercarnos pero desistimos a dichas ofertas. Una vez que llegamos, comenzamos a desplazarnos por senderos de piedras sueltas y a medida que transcurría el tiempo íbamos superando las distintas estaciones de teleféricos y aerosillas.
En aproximadamente 3900msnm., nos adentramos en el glaciar y avanzamos hasta unos montículos rocosos que sobresalían en 4100msnm. Armamos nuestro campamento y ese día no quedó más que hidratarse, comer e intentar descansar, dado que el largo ascenso de 2200 metros de desnivel cargados, el cambio de horario y el viaje desde Argentina comenzaban a sentirse en el cuerpo.

Descendiendo 1
Descendiendo 1

Basados en el informe meteorológico, los siguientes 2 días correspondían a descanso, por lo que aprovechamos para pasear un poco y conocer algunos vecinos de campamento.
En las primeras horas del día 9 de agosto, el ruido de las máquinas de nieve que subían cargadas con gente, nos obligó a adelantar el horario de la salida a la cumbre. En el ascenso hasta los 4900 msnm. otras snowcats nos superaron. A partir de esa altitud, tuvimos que regular el ritmo porque los grupos que nos precedían impedían que los superáramos. Cuando atravesamos el collado que unía las dos cumbres de la montaña, pudimos sentir los primeros rayos del sol y apaciguar la sensación de frío que en la oscuridad nos había acompañado permanentemente.
Después llegó el tramo donde se encontraban instaladas unas cuerdas fijas y una planicie con muy suave pendiente que llevaba a la cumbre. Finalmente ahí estábamos, en lo más alto de Europa en un día casi ideal por la visibilidad que nos permitía contemplar el paisaje europeo hacia un lado, y el asiático para el otro. Hubo abrazos, felicitaciones y fotos hasta que decidimos emprender la bajada.

Desarmando el campamento para empezar a descender
Desarmando el campamento para empezar a descender

El descenso hasta la carpa fue muy relajado y con buena temperatura ambiente, aunque a partir de los 4800msnm la consistencia de la nieve comenzó a complicar un poco la marcha debido a que nos hundíamos y patinábamos.
Al día siguiente fuimos hasta la villa Cheget utilizando el mismo camino que cuando subimos. Esa bajada la realizamos con mucha precaución debido a la facilidad de resbalarse por las piedras sueltas, y el peso que llevábamos en las espaldas. La gente desde los teleféricos nos miraba y saludaba como si fuéramos superestrellas.

Avanzando sobre el glaciar-en 4000 msnm
Avanzando sobre el glaciar-en 4000 msnm

Los días en espera de regreso a casa, los pasamos entre recorridos por la zona del Elbrus y unas pocas horas en Moscú donde nos dimos la satisfacción de visitar la Plaza Roja, el Kremblin y la catedral de San Basilio.
Debo decir que todo fue muy gratificante. Compartir el viaje con Oscar, la interacción con la gente local que ayudó a encontrar soluciones a los inconvenientes que iban surgiendo, el saber que la investigación previa sobre los posibles caminos de ascenso y lugares donde instalar nuestra carpa fue fundamental y correcta, la preparación previa y el esfuerzo puesto, convirtieron a esta expedición en una historia digna de recordar.

En la cumbre del Elbrus
En la cumbre del Elbrus

mapa

Trekking

Un Año Nuevo de trekking por el Aconcagua

junio 6, 2018 — by Andar Extremo0

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Juan Martín Laborde y otra historia trekkinera en el techo de América, en Mendoza, en una fecha muy especial. Nota de la revista Andar Extremo n° 49

por Juan Martín Laborde texto y fotos

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Todo comenzó un mes de noviembre, cuando sonó el teléfono y al atender escuché una voz amiga preguntándome si quería realizar un trekking al Aconcagua y pasar allí Año Nuevo. Dudé al principio, y acepté luego de una serie de preguntas. La respuesta que me inspiró confianza fue breve: – “No te preocupes que ya está todo organizado”.
Una semana después, recibí un e-mail de la empresa “Acampartrek” con la fecha exacta en la que debía encontrarme en Mendoza y contactarme con el resto del grupo (12 integrantes) para dar comienzo a la aclimatación.

El equipo y entrenamiento
Desde ese día comencé a preparar todo: el equipo básico, el entrenamiento y la información sobre el Aconcagua.
En salidas de esta naturaleza, se necesita contar con elementos que uno no lleva en otras excursiones de trekking a baja altura o en un simple campamento al aire libre, y considero que una bolsa de dormir para –20 o –30 ºC, botas de trekking, campera de duvet, guantes, etc, requieren especial atención.
El entrenamiento físico para mejorar el rendimiento era de vital importancia, más aún cuando formaría parte de un grupo en donde todos debíamos ser autosuficientes y a la vez, cuidarnos entre sí. Indudablemente en ese contexto, no podía defraudar al resto por falta de una preparación adecuada. Una vez escuché que la mejor manera de prepararse físicamente para cargar una mochila y caminar la montaña era salir a correr para fortalecer las piernas y mejorar la capacidad cardiorrespiratoria, así que inicié la actividad.

Inicio del viaje
El día de partida llegó rápido y el ómnibus me dejó en la terminal, donde conocí al resto del grupo. Luego de pasar una mañana realizando permisos en la Secretaría de Turismo, nos trasladamos hasta Penitentes (2.580 msnm) para pasar la noche, aclimatarnos y conocernos.
Al día siguiente, nos trasladaron hasta la entrada del parque y antes de ingresar pasamos por la oficina de Guardaparques donde nos firmaron el permiso y nos dieron bolsas para desechos.

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Un paisaje protegido, perdido en los cerros
El Parque Provincial Aconcagua comprende aproximadamente 65.000 hectáreas de superficie. Fue declarado Área Natural Protegida y junto a varias otras, integra el Sistema de Áreas Naturales Protegidas de la provincia. Posee grandes glaciares que constituyen una reserva hídrica, además de importantes sitios arqueológicos. La característica sobresaliente es que allí se encuentra la montaña más alta de América: el cerro Aconcagua de 6.962 msnm.
El parque es un lugar que alberga residentes y fronteras, representa costos y beneficios, tiene amigos y a veces enemigos, y también posee un aura de perpetuidad ya que se trata de un sitio que la sociedad ha elegido proteger para siempre.

La senda a Confluencia

Luego de completar todo, emprendimos camino por la quebrada del río Horcones, desde el sur hacia el norte, a una altura de 2.950 msnm. En 3 horas estuvimos llegando al primer campamento Confluencia (3.400 msnm). El servicio que se ofrecía consistía en carpas con camas cuchetas, baños rudimentarios y comidas variadas que permitían olvidarse de llevar muchos elementos en la mochila.

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Trekking a Plaza Francia y la imponente pared sur
Al día siguiente, realizamos una caminata siguiendo el curso del río y luego de algunas horas por la quebrada de Horcones inferior llegamos al campamento Plaza Francia (4.100 msnm) o mirador de la cara sur, donde fue posible conocer una de las paredes del Aconcagua, famosa por su desnivel de casi 3.000 m. Sus glaciares colgantes y seracs suelen originar grandes avalanchas haciendo muy peligroso y arriesgado el ascenso por esta vía.
Posteriormente, emprendimos el regreso al campamento y consultamos a los médicos para que nos midan la saturación de oxígeno en sangre, parámetro indispensable que indicaría si podríamos continuar con el ascenso.

Año nuevo entre los cerros
Cuando comenzó a oscurecer, las pocas luces del lugar se encendieron. La carpa comedor nos recibió con una cena de fin de año generosa en cantidad y variedad de platos. Nuestro grupo se destacó por estar predispuesto a pasarla bien y, a pesar de la caminata, no perdió el deseo de una charla entretenida con los desconocidos de carpas vecinas. Un recorrido nocturno orillando el campamento, nos permitió observar un cielo pleno de estrellas y sin fuegos artificiales.
Este Año Nuevo resultó ser extraño, una variante a aquello conocido desde niño. Inmerso en la montaña, lejos de la familia, con amigos nuevos y desconocidos por conocer, caí en la cuenta de que esta elección de estar lejos de casa no era ni mejor ni peor, sino diferente y enriquecedora.
Nos dispusimos a seguir hacia Plaza de Mulas (4.300 msnm) sabiendo que era un recorrido muy largo (de 7 a 10 hs) y con un importante desnivel de 1.000 metros.

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Ascenso hacia Plaza de mulas
Por la mañana, una senda nos condujo hacia una pendiente que debíamos descender para llegar al puente que cruza el río Horcones inferior. Una trepada más prolongada pero menos empinada que el descenso, nos permitió progresar sin problemas. Continuamos por un sector de antiguas morenas y bajo un sol radiante llegamos al primer hito del camino: “Piedra Grande” o “Piedra Colorada” (3.650 msnm). Ese sitio indicó el comienzo a lo que es “Playa Ancha” que, como su nombre lo indica, es una planicie a una cota de 3.600 a 3.800 msnm y una parte de la quebrada formada por material aluvional en forma de U (vestigio de que alguna vez hubo un glaciar erosionando esa zona), muy pedregosa y de 10 km de extensión. Durante este tramo se cruzaban cursos de agua de baja profundidad en diversos lugares y por momentos nos generó la sensación de ser infinito e interminable.
De a poco, se llegó al segundo hito llamado “Piedra Ibañez” (3.850msnm). En este trayecto se hizo posible observar las dos cumbres del Aconcagua (6.962 msnm cumbre norte y 6.930 msnm cumbre sur) a través de la Quebrada del Sargento Más, y tener una vista cercana del cerro Pirámide donde en 1985 se descubrió una momia de origen Inca.
Con cuidado, empezamos a subir por una serie de morenas que bajaban de las laderas del cerro, invadiendo el valle. Atravesamos unos canalones de descarga de material de la pared oeste y pudimos ascender rápido, comparado con el camino para llegar a un segundo lugar más o menos plano conocido como “Playa Chica”. Allí se podía ver al fondo de la quebrada de los cerros Cuerno y otros. Al final, se encontraba “Plaza Colombia” (4.070 msnm), una construcción militar destruida por avalanchas. La última parte de este largo día culminó al subir la “Cuesta Brava” y llegar al campamento Plaza de Mulas.
La cuesta final era de unos 100 metros de desnivel muy empinada y exigente, y nos permitió llegar a la ciudad de carpas en el medio de la nada, donde convergían centenares de montañistas. El resto de la tarde conocimos el intrincado laberinto de carpas, prestadores de servicios de montaña y descubrimos gente de varios rincones del mundo.

La experiencia de estar entre los cerros, y el regreso
En este pasar de los días y con gente de todos lados del mundo, había mucha ansiedad en el ambiente y el paisaje. Las nuevas experiencias y los idiomas se confundían y confluían en una palabra: Aconcagua.
El cansancio no se hizo esperar, al igual que la llegada del frío, así que nos dispusimos a comer, hidratarnos y dormir, para retornar al día siguiente, por la Quebrada Horcones hasta el punto de inicio de nuestro trekking donde terminaría nuestro andar por la montaña. En ese momento, nos tocaba acostarnos en las bolsas de dormir, temblando de a ratos, mientras la helada noche consolidaba su dominio y nos robaba el calor.
En las paredes de la carpa se formaba escarcha. Tomé un té para mantenerme caliente y, entre sorbos, escuché historias de vida que nunca había escuchado. Nos reímos de recuerdos o quizás de nosotros mismos. Afuera, las constelaciones del Año Nuevo se movían despacio sobre el espinazo de las montañas y, el Aconcagua, resplandeciente como un gigante bajo la luz de la luna, se elevaba en los cielos del sur.

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“Este Año Nuevo resultó ser extraño, una variante a aquello conocido desde niño. Inmerso en la montaña, lejos de la familia, con amigos nuevos y desconocidos por conocer, caí en la cuenta de que esta elección de estar lejos de casa no era ni mejor ni peor, sino diferente y enriquecedora”

www.acampartrek.com.ar

Agua

Vuelta a la Península Ibérica en Stand Up Paddle

mayo 22, 2018 — by Andar Extremo0

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El aventurero español salió el 7 de junio de Hondarribia, Guipúzcoa, y finalizó su travesía náutica en Portbou, Girona el 26 de octubre, tras recorrer más de 3100 kilómetros en 141 días, 22 de los cuales los pasó en tierra por las malas condiciones meteorológicas. Revista Andar extremo n° 49

por Antonio de la Rosa, textos y fotos

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Luego de 141 días en su tabla, Antonio de la Rosa convirtió en la primera persona en dar la vuelta a la Península Ibérica en paddle-surf. Su aventura de inició el 26 de Octubre de 2017 cuando llegó a Portbou (Gerona), y finalizó el 7 de junio de Fuentarrabía (Guipúzcoa).
Según contó, durante la travesía tuvo jornadas de más de 40 kilómetros de remo que en alguna ocasión llegaron hasta los 64 kilómetros. Sus días se dividieron en dos fases: una primera de 25 a 30 kilómetros, y otra después de comer y descansar, que en los últimos días se redujo por la disminución de horas de sol.
Recorrió las costas de Portugal y España en un reto en el que aseguró que “el que mandaba era el tiempo”, añadiendo seguidamente: “el problema eran los vientos frontales; en cambio cuando iban en tu misma dirección, mi cuerpo actuaba como una vela y me ayuda a avanzar veloz. Con los vientos laterales, me podía permitir remar de lado, aunque progresaba más lento”.

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“Cuando estaba en Torredembarra, cerca de Barcelona, surgieron fuera de todo pronóstico unos vientos desde la mar hacia tierra de hasta 180 kilómetros hora. Fue una experiencia aterradora, volaba todo alrededor. Tuve suerte de encontrarme en tierra, prefiero no imaginarme qué hubiera pasado si me hubiera sorprendido remando”, señaló.
De los casi 4 meses de travesía, sólo 20 jornadas no remó, por condiciones climatológicas inadecuadas. En ese tiempo, lejos de descansar, disputó competencias de paddle-surf. “Terminaba de remar, miraba el parte de vientos y al día siguiente afrontaba más de lo mismo, pero siempre con optimismo y ganas”, expresó.

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Deportista avezado, vivió complejos momentos que demostraron su afán de superación diario: su complicado paso por Estaca de Bares, el vértice más al Norte de Galicia; los acantilados de San Andrés de Teixido, casi 30 kilómetros en los que no había ningún entrante de tierra para parar; el robo de dos de sus tablas en Oporto; la confiscación de otra de ellas por la policía marítima portuguesa que más tarde pudo recuperar; su difícil paso por el estrecho de Gibraltar o por el concurrido Puerto de Algeciras.
“Los puertos daban respeto. Ahí toda precaución es poca. Yo y mi tabla éramos insignificantes ante la magnitud de los barcos que entran y salen constantemente. Te pones delante de ellos atento para comprobar su dirección, para tu dirigirte a la contraria. Y a cruzar dedos esperando que te hayan visto”, destacó.

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De esta expedición se llevó también el cariño de la gente de las zonas por las que paró, y de todos los amantes del paddle-surf que lo quisieron acompañar en algunos tramos, con sus tablas. Según dijo, las imágenes de los pueblos y ciudades costeras de la península serán imborrables de su mente.
Durante sus extenuantes jornadas sobre su tabla de paddle-surf hinchable de la marca SPS siempre lo acompañó: su bolsa estanca Sea to Summit (donde llevaba una multiherramienta Leatherman), su aparato de posición vía satelital para emergencias; un cordino; un frontal acuático y dinero.
Antonio ya está planificando nuevos desafíos: “volveré a Rovanieni para disputar Lapland Extreme Challenge, el desafío de superación humana más extremo de Finlandia. Este año no pude terminar los 900 kilómetros de recorrido a causa del congelamiento de tres de los dedos de mis pies, pero me veo con fuerzas para conseguirlo el próximo año. Además, estoy pensando en cruzar Europa en bici con mi pareja”, contó.

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Quién es Antonio de la Rosa
Antonio de la Rosa es un conocido aventurero español que se ha enfrentado a diversos desafíos. En 2014 ganó la prueba francesa de cruce del Océano Atlántico a remo y en solitario Rames Guyane. Ese mismo año, recorrió con esquís de fondo los 1.700 km de la prueba Iditarod en Alaska. En 2015 unió en paddle-surf por el río Tajo, Madrid con Lisboa; y en 2016 hizo parte de la costa de Groenlandia. El último reto fue su participación en la competición Lapland Extreme Challenge.

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www.antoniodelarosa.net

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Exploracion

LA FAMILIA ZAPP, VIAJEROS DE UN SUEÑO

mayo 21, 2018 — by Andar Extremo0

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Mítica, mágica y soñadora, podemos decir que la historia de la familia Zapp sigue escribiendo increíbles páginas. Con 4 hijos a bordo, nacidos en cuatro países distintos, Candelaria y Herman Zapp nos recibieron en su casa de Argentina, mientras tomaban un breve descanso. Una amena entrevista donde relatan una vida de aventuras, los proyectos que vendrán y el libro inacabable: “Atrapa tu sueño”. Nota en revista Andar Extremo n° 49

por Marcos Ferrer, fotos familia Zapp

18 años, 350.000 km y 85 países recorridos

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Los Zapp son la familia más viajera del planeta. Candela y Herman Zapp comenzaron su travesía hace 18 años, con el objetivo de hacer un recorrido desde Argentina hasta Alaska de una forma peculiar y poco vista: en un automóvil Graham Paige de 1928.
Tardaron tres años en atravesar de Sur a Norte el continente americano, y fue tiempo suficiente para ampliar la familia con Pampa, Tehue y Paloma, a los que se añadió después Wallaby.
Luego de recorrer América, viajaron por Oceanía, Asia, África, y actualmente están recorriendo Europa por partes. En estos momentos, en un breve descanso, ésto nos cuentan…

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En qué etapa están del viaje?
Estamos en la última, terminando de recorrer Europa. Nos faltan ya muy poquitos países. Después venimos para Guyana y de allí para casa, a terminar la vuelta al mundo. Al viejo continente entramos por Turquía, veníamos de África. Fuimos hasta lo más alto posible, que es el Mar Ártico, fuimos por Noruega hasta Tenerife (que fue lo más sur de España), luego Inglaterra, Escocia y ahora hicimos Bruselas y Bélgica. Falta casi nada para terminar.

Cuánto tiempo calculan que les queda para finalizar, y cómo evalúan luego de 18 años, esta aventura?
En un año y unos meses estamos de vuelta. Creo que es lo mejor que nos pasó en nuestras vidas. Nos arrepentimos de no haber empezado antes. Cuando nos casamos pospusimos el viaje como 4 años. La idea era salir a los dos años, pero estábamos con la casa, con miedos, y lo fuimos retrasando. Uno siempre piensa que no está preparado pero lo que sí está listo es el mundo para que uno lo viva. Lo descubrís luego. Uno no tiene que estar listo, te tenés que ir haciendo.

Están preparados para terminar con esta forma de vida?
Eso se verá cuando terminemos la vuelta al mundo. Hay que finalizar este sueño en el mejor momento, no hay que esperar a que no tengamos ganas de viajar o estemos cansados. La idea es terminar con ganas de seguir.

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“Les digo a mi hijos en cuanto a su futuro: hagan lo que yo menos quiero”

Sus cuatros hijos nacieron durante el recorrido y vivieron toda su vida así. Qué piensan de ésto?
La gente se piensa que por viajar continuamente son muy diferentes. Que se hayan criado de una manera distinta puede ser, pero son como cualquier niño. Ellos ven el mundo como un gran vecindario. No sienten algo lejano y peligroso, ven como barrios que van conociendo. Son muy libres. Son más humanistas que nacionalistas. Uno como padre se preocupa más que ellos, sin embargo nacieron y vivieron todas sus vidas así. Es como una gran casa el mundo. Cuando llegamos a África o a China, no nos preguntaron por qué la gente era de diferente color, lo vivieron como lo tendría que vivir el mundo entero. Por otra parte, se acostumbraron a tener lo indispensable. Imagináte que en cualquier cocina de cualquier casa entra dos veces más cosas de lo que podemos llevar en el auto. Nuestras cosas entran en una caja de plástico. Llevamos dos valijas para los 6 y ellos se dan cuenta que pueden vivir así o en una casa grande. Se adaptan a todo. Lo bueno es que les gustan ambas cosas, no es que ven a una como sacrificada y la otra no. Lo importante es saber que aunque somos viajeros y es lindo lo básico y simple, también nos gustan la comodidades pero podemos prescindir de ellas. Uno puede dejarlas y vivir muy bien igual.

Cómo es el vínculo con su familia en Argentina?
Extrañamos mucho la familia, más que la casa. Nuestro lugar es el auto, es donde nos sentimos más cómodos, pero en Argentina cuando nos tomamos vacaciones del viaje, nos sentimos como en un club. Siempre hay chicos en casa, familiares y muchos amigos. Se extraña pero uno tiene que elegir el camino. Nuestro destino es el camino. Cada 3 o 4 años nos damos un gusto dando una vueltita muy corta por casa, pero sabemos que hay que ir detrás de nuestro destino aunque nos separemos un poco de nuestra familia.

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Sin duda, son referentes en el mundo de los viajeros
Recibimos todos los días unos 20 emails de futuros viajeros, de viajeros y de personas que ya terminaron su viaje. Mucha gente inspirada por nuestro libro “Atrapa tu Sueño”. Ahí no mostramos lo que hacemos sino lo que se puede hacer. Explicamos que teníamos miedo, que no nos animábamos, que nos costó. La gente siente lo mismo. Hablar con nosotros les da esperanza, fe y confianza en sus propio proyectos. Ahora en Argentina, tenemos una familia de sevillanos con tres niños que en el paso por España nos alojaron y están por emprender un itinerario largo por Latinoamérica con una biblioteca móvil.

Se imaginan cómo van a ser sus hijos en el futuro?
Cuando era chiquito odiaba que me preguntaran qué iba a hacer de grande. Yo les diría: “hacé lo que yo menos quiero”. Deseo que sean soñadores, que vayan por su amor. Queremos que sepan no de lo que van a vivir, eso es fácil, sino para qué van a vivir. Si están convencidos que quieren hacer marcos de cuadros o viajar en bicicleta por el mundo, está bien. Lo importante es que sus vidas tengan un sentido y no tener que llegar a fin de mes con el sólo objetivo de pagar cuentas.

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Cómo siguen financiando el viaje?
Sólo con la venta del libro. Ya van 13 ediciones en español y 6 en inglés. Pensá que somos nosotros mismo los editores. Las charlas las damos sin costo. Con cada libro que vendemos avanzamos 5 km. Generalmente hacemos como hicimos siempre en el viaje: llegamos a una ciudad, al centro o a un lugar público, y nos ponemos a contar el viaje y a ofrecer el libro. A veces vendemos 5, otras diez y otras nada. En ocasiones nos corre la policía y otras se sacan fotos con nosotros…a veces las dos cosas…El día que llegamos a Amsterdam pusimos el auto arriba de la plaza. La gente se sacaba fotos, y de repente aparecieron dos policías en bicicleta y nos preguntaron si teníamos permiso para estar ahí. Les dijimos que no y dijeron que no podíamos hacerlo, y acto seguido pidieron sacarse una foto!

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Cómo se ven en un futuro?
Generando cosas y haciendo generar. Charlas y conferencias vamos a hacer siempre. Mucha gente nos conoce por internet o por el libro, pero la mayoría nos quiere ver. Vernos cara a cara es importante. Está bueno para mostrarles que no somos nada raro ni nada especial, que somos gente de barrio como cualquier hijo de vecino. Cuando arrancamos no pensamos en todo lo que surgió, como tener niños en el viaje, hacer un libro… todo fluyó. Acordáte que arrancamos los dos solos y se fue dando. No llegamos a ver la dimensión de nuestro viaje, a veces cuando vemos los videos sí. Nos llama la atención la gente que sigue la historia desde el principio. Nosotros, como lo vivimos de adentro, no nos damos cuenta de lo que vamos logrando. Cuando te dicen que empezaron por nosotros es muy gratificante. La idea es dar conferencias y habíamos pensado en tener un lugar para recibir gente de todo el mundo, pero falta… aún estamos en viaje.

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Carreras de aventura

Running Trip , Forest Edition

mayo 18, 2018 — by Andar Extremo0

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El sábado 25 de noviembre se realizó la tercera edición de Running Trip Skechers. Con cupo completo de 600 corredores, la carrera itinerante llegó a Pinamar para seguir escribiendo su propia historia. Nota en revista Andar Extremo n° 49

por Running Trip, Fernando Sánchez Sañudo, Juan Cruz Suárez y Mariel El Jaber
fotos Pablo Tolmasky, Mercedes López Echenique, Contanza Greco, María Laura Romagnino y Verónica Burgos

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El sábado 25 de noviembre se vivió una verdadera fiesta en Pinamar Norte, donde se unieron deporte y diversión, de la mano de deportistas de elite y amateurs reunidos con una misma meta: correr por senderos cargados de verde, arena y bosques típicos de la zona.
La carrera contó con la presencia del atleta olímpico Mariano Mastromarino, quien participó en una función no competitiva: acompañar a Octavio, un chico con parálisis cerebral que participó de los 4km destinados a los atletas con discapacidad. “Disfruté mucho de estar junto con Octavio. Estar atrás con él, me mostró cosas que los atletas de elite solemos perdernos por estamos concentrados en un objetivo”, señaló. Su alegría, sirvió para contagiar no sólo a los corredores sino también a las personas que se acercaron para vivir un fin de semana diferente.

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Luego de la entrega de premios le tocó el turno a los más chiquitos, quienes disfrutaron de la carrera de 1k y pudieron iniciarse en la misma disciplina que sus papás.
Para compartir un momento distendido y celebrar, se realizó un encuentro en la cervecería Pinta Pinamar, exclusiva para todos los deportistas y sus acompañantes.
La cuarta edición, que se llamará “Sun y wine” y tendrá como escenario las montañas de Potrerillos, Mendoza, será el próximo 31 de marzo. El evento contará con varias actividades diurnas y nocturnas para transitar el fin de semana de Semana Santa.

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Fernando Sánchez Sañudo
Tuve la oportunidad de correr dos ediciones de Running Trip y siempre sentí el mismo ambiente de buena onda, la misma energía positiva, desde el retiro de kit hasta el viaje de vuelta a Capital. Es por eso que quiero estar presente.
Llegué a correr los 21k en Pinamar bien preparado, con confianza. Salí a buen ritmo, decidido a buscar la punta. Imaginaba que se iba a poder correr bastante, pero el viento de los días previos hizo que los senderos estén con mucha arena suelta. Para el km 15 tuve que aflojar ya que el esfuerzo de correr en ese terreno, además del calor, me desgastó. Así y todo, pude mantenerme y asegurarme el 3er lugar en la general.
Me quedó un sabor un tanto agridulce en cuanto a mi rendimiento, pero estas carreras suelen ser impredecibles y hay que valorar lo obtenido. Al margen de lo que se sufrió, me encantó correr por los senderos, el bosque de pinos, los sube y baja del camino y alguna que otra duna.

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Juan Cruz Suárez
Mi carrera comenzó unas semanas antes, cuando decidí que sería una linda experiencia sumar algo distinto a mí calendario atlético, ya que principalmente me había concentrado toda la temporada en preparar eventos de pista y calle.
El objetivo fue apuntar a una distancia Intermedia, como fueron los 10 km. Dado que venía con muchas competencias encima y calculaba que el circuito podía llegar a ser complicado por la superficie del lugar, no quise arriesgar y fui a disfrutar una exigencia que me haría sentir cómodo.
Llegó el día esperado. Faltaba poco para largar y el sol se hacía sentir mucho, pero eso no le quitaba magia al evento sino que lo volvía más atractivo.
Cuenta regresiva y largó. Como es mi costumbre, salí tranquilo pero siempre atento a lo que propondría la punta. Los primeros metros se iniciaron con un poco de desnivel pero no era algo muy duro ya que el terreno estaba firme y permitía correr muy bien. Hicimos algunos metros más y empezó la dificultad: pequeñas lomas de arena suelta que fueron constantes durante el recorrido.

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Aproximadamente en el km 2, decidí seguir al líder y correr al ritmo que él propusiera. Fue letal por varios motivos: no estaba en una superficie que me beneficiara, el calor y la arena caliente se hacían sentir, y venía de correr una carrera rápida la semana anterior.
Bajé un cambio, me relajé, y empecé a correr mi carrera. Siempre defiendo mi lugar en los primeros puestos y en este caso, llegando al primer puesto de hidratación, tenía al 3ro cerca.
Seguí un poco más y aproximadamente en el km 7, tomé una mala opción: no supe interpretar un cartel y elegí mal un desvío. Vale aclarar que estaba todo perfectamente marcado y era difícil perderse pero a mí me pasó por despistado. No quedó otra que volver atrás y retomar.
Había perdido muchos puestos en mi lucha por el podio. Ya no me importaba, el objetivo era otro, terminar una carrera más sabiendo que había dado lo mejor.
Hice 500 metros y logré alcanzar al 3° puesto. Ahí me dije: ¡estamos de nuevo!. El circuito se estaba volviendo más fácil. Las lomas con arena no estaban y sólo había que buscar un ritmo y correr constante hasta el final.
Faltando 1 km, lo divisé a Diego en el cuatriciclo que pasaba al lado mío alentando y diciendo que faltaba poco. Llegando a los últimos 400 metros, vi la llegada. La gente alentaba, había un clima muy bueno, y sentí que no hacía falta esforzarme más. Tenía una ventaja considerable, entonces disfruté. Pasé por el arco, corté la cinta y cumplí.
Para los que disfrutan este tipo de eventos, se los recomiendo. Muy buena la organización, siempre atenta en todo momento. El circuito fue excelente y hubo un ambiente muy agradable. Gracias Running Trip, nos vemos en la próxima carrera!!!!!!

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Mariel El Jaber
Running Trip era mi última competencia del Calendario Total Magnesiano 2017. Cuando se aproximaba la fecha fue imposible no recordar lo que me costó la anterior, en los Molles, San Luis. Sabía que, en donde fuese, el circuito iba a ser duro, pero igual quería estar en esa largada con atletas de primer nivel. Largar entre ellos ya era “ganar” para mí.
Fui en el micro de la organización y entre mates, risas y charlas, se anticipaba el clima que se iba a vivir: una verdadera fiesta del Running.
La entrega de Kit fue genial. La previa fue inmejorable, tomando sol en el Hotel Playas con grandes presencias como la de Mariano Mastromarino.

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En esta edición, los bosques estaban alrededor y por encima, pero abajo había arena, arena y más arena blanda y suelta. El calor no aflojaba.
Corrí sin reloj. Estaba exhausta. Al preguntar a un compañero cuántos km llevábamos, calculando según mi esfuerzo cerca de 14k, me contestó que íbamos recién casi 10k. Ahí entendí que mi sufrimiento no iba a ceder.
Subidas y bajadas pequeñas y medianas, y más arena. De vez en cuando encontraba raíces donde debía asegurar la pisada. Así, hasta el final.
En la llegada pensé que el circuito no podía haber sido más duro. Al menos valió el esfuerzo, ya que pude conservar mi 3° puesto de General Damas en 21k y subir al podio con Florencia Borelli, una de las mejores atletas de Argentina.
Fue una bella carrera y un duro circuito, una combinación más que tentadora para volver.

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21km Caballeros
Cristian Hernández 1:39:45 hs
Nicolás Méndez 1:44:13 hs
Fernando Sánchez Sañudo 1:46:09 hs

21km Damas
Florencia Borelli 1:52:41 hs
Roxana Preussler 1:53:46 hs
Mariel El Jaber 2:05:53 hs

10k Caballeros
Matías Luero 00:41:02 hs
Héctor Gómez 00:43:25 hs
Juan Cruz Suárez 00:45:30 hs

10k Damas
María Luz Ramírez 00:59:47 hs
Natalia Meza 1:01:59 hs
Sonia Prieto 1:02:52 hs

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Tecnología

LAND ROVER NEW DISCOVERY

mayo 17, 2018 — by Andar Extremo0

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Estuvimos en Cardales con la Revista Andar Extremo probando en off road este gigante de Land Rover, la New Discovery, previamente la gente de Land Rover nos agasajó con un muy rico asado y luego de la presentación oficial nos fuimos al circuito.Probamos una diésel de 3000 cm3 de seis cilindros de 258 CV de potencia.
Realmente es increíble ver una camioneta tan grande con tanta tecnología y que se maneje tan agil en todo terreno, tiene un sistema de Avance que permite despreocuparse de todo lo que no sea mover el volante y el bloqueo de diferencial trasero.
Si bien han utilizado aluminio en el chasis como en la carrocería el peso supera las dos toneladas.
El cambio, de ocho relaciones, es automático y se controla mediante un dial que está en la consola. Las ruedas son mixtas con llantas de 20 pulgadas, resistente en el uso sobre piedras y con un agarre más que efectivo en tierra.
Como si fuera un video juego pero para situaciones reales la camioneta cuenta con sistema de control de avance electrónico que adapta el funcionamiento de la tracción integral al tipo de terreno por el que se circula. Se puede elegir entre diferentes modos: normal, automático, barro y césped, hielo y superficies deslizantes, arena y rocas.
Lo más alucinante es ver cómo puede variar la altura delo chasis en unos 14 cm, los recorridos de suspensión llegan hasta los 50 cm y los ángulos de avance llegan hasta 34 grados en el ataque y 30 grados en la salida y posee una altura libre al suelo de 28,3 cm. A la Discovery tiene una capacidad de vadeo de 90 cm.
Por ultimo podemos decir que esta gran camioneta tiene capacidad para 7 personas, todos los asientos se acomodan eléctricamente y se rebaten, pudiendo utilizarla para transportar volumen. Todo el lujo en climatización, sensores, cámaras y pantallas táctiles.
En síntesis un bicho de otro planeta!!!
Gracias a Land Rover Argentina por un día espectacular

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Mountain Bike

PABLO GARCÍA, PEDALEANDO EL GLOBO

mayo 8, 2018 — by Andar Extremo0

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Pablo García es uno de los ciclo viajeros que más kilómetros hizo en la historia, comenzó su viaje en 2001 y lo termino en diciembre de 2017, en una entrevista reciente en la ciudad de Mar del Plata, nos cuenta el viaje de su vida. Nota en Revista Andar Extremo nº 49

167.000km, 16 años, 106 países

Por Marcos Ferrer, Fotos Pablo García

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Era 28 de diciembre y en la costa hacía muchísimo calor. La cita: centro de Mar del Plata. Botella de vino en mano, dejé la camioneta en una cochera y me dirigí a la dirección donde Pablo estaba parando. Hacía menos de dos meses que había finalizado un viaje de 16 años ininterrumpidos, atravesando continentes y conociendo culturas, y mi ansiedad por entrevistarlo iba creciendo.
Llegué a la dirección y luego de unos minutos bajó del departamento. Preparó unos buenos fideos, abrimos el vino, de a poco fuimos entrando en sintonía y, sin darnos cuenta, comenzó la nota.

Cómo arrancás este viaje increíble?
Vivía en Brasil como aventurero y después de viajar un año, me había agarrado el fantasma de qué haría con mi vida teniendo 21 años. Ese tiempo había estado en el norte, vendiendo pulseras y así había logrado recorrer todo el litoral. Luego, me enganché con una chica 13 años más grande que yo. Estuvimos un tiempo y creo que esa relación me dio la fuerza para encarar el viaje. Tenía el mundo por delante y ella, con hijos y una vida organizada, me dejó. A partir de ahí me puse la meta de viajar. Empecé vendiendo remeras en la playa, trabajé alquilando departamentos y autos, y con dos argentinos pusimos una empresa de turismo. Terminé viviendo 4 años en Maceió. Comenzamos a ganar plata y paralelamente a pelearnos por ver quién trabajaba más o menos. En ese momento mis socios tenían 45 y 55 años y yo con 24 no quería complicarme. Aunque vivía frente al mar en mi departamento y tenía dos autos, pensé que si no me decidía a salir en ese momento, no lo haría nunca más.

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Cómo fueron los primeros pasos?
Estaba un poco decepcionado con el entorno, medio rebelde con la sociedad, y me crucé a un amigo argentino que me dijo:- vos tenés que tener un conocimiento espiritual. Antes de empezar, andá a conocer a unos monjes arriba de la montaña, en Car Baru. Sentí que era una herramienta que necesitaba para el viaje que iba a realizar y fui a conocerlos. Estaban en una comunidad que parecía fuera del mundo material: eran autosustentables, vivían completamente aislados. Al llegar, me señalaron que sería bienvenido si practicaba sus programas: levantarse a las 4 de la mañana, bañarse con agua fría o en el lago, ir al templo, cantar mantras y realizar lecturas del Bhagavad Gita. Ese libro, es lo único que mantuve desde el kilómetro cero hasta que terminé la travesía. Es una charla entre el Dios supremo Krishna y su primo Aryuna, su devoto, donde hablan de un cambio de era hacia otra llena de riña e hipocresía, donde nadie se pone de acuerdo. Realmente, un libro muy real en estos tiempos.

Con integrantes de tribu Turkana, Norte de Kenia 2003
Con integrantes de tribu Turkana, Norte de Kenia 2003

“Si uno está en paz con uno mismo, está bien con lo que lo rodea”

Te hiciste devoto en esa corta estadía?
Sí. Me quedé como diez días y cuando me fui me regalaron el libro y una especie de rosario, pidiéndome que cante un mantra todos los días para estar protegido. Me fui contento y entusiasmado y canté a diario hasta ahora. Esto se hizo compañero del pedaleo. Todas las mañanas me levanto y doy cuatro rondas, porque todo lo que me pasó: no tener accidentes, conseguir sponsor y dar con gente correcta, fue gracias al mantra que le dio impulso a mi recorrido.

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Tuviste contacto con templos Hare Krishna durante el viaje?
Fui visitando algunos, eso ha sido una forma de cargar energía. Luego de 15 años volví a esa comunidad y aún había algunos monjes de esa época. Fue muy emocionante. Soy un convencido de que para cualquier cosa que uno quiera encarar tienen que tener un acercamiento a la “providencia”. Sigo cantando mantras, hago media hora de meditación y creo que eso hace que las cosas sigan su rumbo ahora: preparar conferencias, escribir el libro, hacer documentales. Es la conexión que quiero mantener. En India hice una técnica budista de meditación Vipassana, que hasta el día de hoy se enseña en 70 países. Todo eso lo conservo.

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Cómo fue el viaje?
Arranqué en 1999 en Maceió hacia Buenos Aires. Conseguí un año y medio de sponsors. En 27 meses hice Sudáfrica, el Cairo, tomé un avión a Europa, puntualmente a Madrid, y pensé que podía conseguir buenos sponsor como en África. Me fue mal. Viví en Europa gracias a la venta de fotos y de unas muñequitas muy pequeñas de tela que compraba en Brasil. Recorrí treinta países vendiendo más de 10000 muñequitas. Hice norte de África, Medio Oriente, Cercano Oriente, los Balcanes, Turquía e Irán, Golfo Pérsico, Pakistán, India, Nepal y volé a Tailandia, porque por Birmania no se podía pedalear. Estuve dos años por el resto de Asia, Japón, Mongolia y Tíbet. Luego bajé al Sudeste Asiático, me fui Oceanía, de Nueva Zelanda a Polinesia, de allí a Hawái. De Hawái a California, donde estuve hasta el verano para poder recorrer, y me fui a Alaska volando. Hice México por las montañas rocosas, me fui en avión a Canadá y bajé por la costa este de EEUU hasta Miami volviendo al Distrito Federal. Atravesé Centroamérica y Colombia, donde estuve un mes vendiendo el documental. Junté dinero y compré 10 pasajes de avión y 7 de barco anticipados. Cruce las Antillas. Fui de isla en isla hasta terminar en Cuba, sin dinero. Todo lo que había juntado lo destiné a pasajes, pero sacaba el documental y lo vendía. De Cuba a Colombia, bajé por Ecuador, Perú, por el Amazonas al Atlántico y, de allí, a Maceió, completando la vuelta al mundo simbólicamente. Fui a Bolivia y luego entre a Argentina por Jujuy. Llegué a Ushuaia y tomé un avión a Bariloche. De allí fui al Bolsón porque desde ese punto quería terminar las provincias que no conocía del país. Subí hasta Formosa, crucé a Paraguay, hice Misiones y bajé a Buenos Aires hasta el Obelisco.

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Cómo fue tu aventura en números?
167.510 kilómetros y 106 países. Es uno de los viajes en bicicleta más largos del mundo, el record creo que lo tiene Heinz Stücke. Él empezó su viaje en 1962 y tuvo casi 50 años subido en la bicicleta y unos 500.000 kilómetros.

Qué pensás del mundo luego de estos años de cicloviajero?
El mundo no es tan maravilloso, está lleno de miserias. Se persigue el dinero como única forma de crecer y de tener poder. En el viaje vi muchas injusticias. Hay lugares y personas hermosas, pero las realidades me han hecho ser medio ermitaño. Si bien vendo y soy simpático, quiero estar solo. La esencia de la vida es encontrase a uno mismo. El conocimiento te llena. En Occidente la gente está vacía en vida espiritual. Necesitamos más espiritualidad, saber hacia dónde vamos para ser mejores personas, evolucionar como ser humano, encontrar la paz. Si uno está en paz con uno, está bien con lo que te rodea. Eso lo vez en Oriente. La esencia de Asia es el conocimiento espiritual. Nos consideramos los más avanzado, los mejores, y la realidad es otra. No vamos a mejorar si no entendemos eso.

En 1998 en Maceio, Brasil y en 2017 en Buenos Aires, Argentina
En 1998 en Maceio, Brasil y en 2017 en Buenos Aires, Argentina

Cuáles fueron algunas de las historias que más te impactaron?
En África viajé con la boca abierta. Llegué a tribus donde viven en cavernas debajo de árboles y usan arcos y flechas. Con ellos me fui a cazar pajaritos y ratones. En Tanzania me recomendaron ir a la tribu de los Hadzabe, en las afueras del Serengueti, en el Easy Lake. Ellos viven como hace 10000 años atrás. La persona que me hizo la sugerencia, tuvo la oportunidad de cazar con ellos una mona y cuando la abrieron tenía un feto. Sin remordimiento alguno, me contó que se lo comieron ni bien lo sacaron. Cuando fui a cazar llevaba las cámaras, y en un momento salieron todos corriendo. Como a 100 metros habían aparecido Guineas Fowls, unos pájaros parecidos a las perdices pero un poco más grandes. Les dispararon como diez flechas y pensé que nunca podrían llegarles, pero pude ver uno que caía. Fue la comida del día. Encendieron fuego con los palitos y comimos. Increíble, África fue increíble. Muchas tribus, muy diferentes. Asia es todo lo contrario. Los musulmanes son más hospitalarios. En ese lugar conseguí los mejores sponsors. Son muy curiosos de nuestra cultura.

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“Las banderitas en la bicicleta, fueron mi mejor sponsor, porque cualquier tribu reconocía el emblema de su país o el del país vecino”

Cómo fue llegar a una tribu en África?
No son amigables. Sos un marciano, un blanco. Hay racismo. Todos te piden plata. La bicicleta me diferenciaban y las banderitas fueron mi mejor sponsor porque cualquier tribu reconocía la de su país. Yo no me acercaba, ellos se acercaban a mí. Se ponían al lado e intimidaban. Sudáfrica fue el lugar más hostil que recorrí. Nunca les demostraba miedo aunque adentro estaba re cagado.

Cuáles fueron los peores momentos?
Ya en Brasil me habían tirado de la bici enfrente de Porto Alegre por la Free Way. Vi a un hombre a dos metros y me dije: éste me roba. Me tocó y volé por encima de la bici. Caí abajo, en un barranco al costado de la autopista. Me abrí la pierna y se me llenó todo de sangre. Miré atrás y venía solo. Solté la bici y lo encaré. Ahí cayeron dos más, uno con cuchillo. Esquivé cuchillazos y la bici de estar atrás mío, quedó adelante. Uno la levantó y se la llevó. Esto me pasó en el ´99. No me daba para hacer nada. Al final se cansaron y se fueron caminando y yo, detrás de ellos. Mi peor error fue entrar en Porto Alegre, un sábado a las 5 de la tarde. Yo seguí a dos y el tercero se llevó la bici. Cruzaron los tres carriles y se metieron en un zanjón. Yo los seguía gritando. La imagen era: en un carril un flaco con la bici, en el otro carril los dos flacos y en el tercero yo, con pelo largo, en calzas y sangrando. Los autos empezaron a parar. Cuando llegaron al zanjón, los otros dos flacos cruzaron la otra vía y dejaron solo al tercero con la bici que no podía sacarla por lo que pesaba. Finalmente, salió corriendo y la dejó. En ese momento, paró un viejo en un fusca y le pedí que me espere mientras agarraba la bici. Me acompañó escoltándome hasta la entrada. Por otro lado, en Colombia salí de Palmira y vi dos personas que me iban a encarar pero recordé que en México, sabiendo que entraba a Latinoamérica, había comprado un machete. Me paré y sabiendo que me iban a robar, les grité con eso en mano y zafé.

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Cuál fue la mejor historia?
Estaba entrando en Irán, haciendo 100 km o 120 km por día. En esa jornada había hecho 170 km sin poblaciones. Entonces pensé que sería un buen día para sociabilizar con una familia. Sólo sabía algunas palabras, entre ellas “sala maleco”, el saludo tradicional. Era de noche y a la distancia observé una fogata con varias personas alrededor. Pensé que sería una familia comiendo algo y dije: listo! Cocino al lado de ellos. Tomé un sendero de tierra muy oscuro porque no había luna, con tanta mala suerte que llegué por detrás y los sorprendí. Eran como diez, entre pastos altos, contando tocos de plata…llegué en el momento menos deseado. Saludé y en ese momento se dieron vuelta. Me rodearon gritándome en farsi (idioma local). Yo no comprendía nada, les repetía que venía de Turquía e iba hacia la ciudad de Tamis y le decía “adshala” (bicicleta en árabe), le decía Argentina, pero no me entendían nada. Me pusieron en una pared y se peleaban entre ellos, preguntaba si había alguien más, o yo entendía eso. Pasaron unos minutos de miedo y me fui a la bicicleta. Agarré la bandera de Irán y les decía “You” fuerte y preciso, y “Me” Argentina. Se los repetía a lo loco. En un momento dije “Maradona”, repetí ”Maradona”, y dos de ellos se miraron. Empezaron dos o tres a decir “Maradona number one”. En ese instante se fueron, trajeron agua, y uno me dijo con señas ándate que ese de allí te quiere cortar la cabeza. Me fui temblando, pedalee una hora más de noche, y llegué a un restaurante de tres hermanos. Muy asustado les conté y me dijeron que era una zona de tráfico de opio.

En África tenés alguna historia?´
Estaba atravesando el norte de Uganda con Gastón, un amigo camarógrafo, y llegamos a un campo de refugiados. Fuimos a buscar agua y le pedí que filme todo. Era otro mundo, eran miles, vivían allí agrupados y manejaban el lugar. Era un espacio difícil. Pensá que en el Congo los rebeldes secuestran a los chicos, violan mujeres, matan a los hombres y se llevan a los niños de 12 a 15 años. Una parte de esta zona imagináte que la tuvimos que hacer en camión por los peligros, hay mucho conflicto. El tema es que finalmente entramos y mi amigo me filmaba hasta que vinieron los líderes enojados diciendo:- quién es este blanco de mierda para entrar así!!!. En ese momentos saqué pecho, y le dije: -quién sos vos, yo estoy buscando agua. vengo dando la vuelta al mundo, mira las banderas!!! . Se me quedaron mirando como si fuere un marciano!!! Gastón apagó la cámara y con cuatro palabras en inglés ellos, y yo con cuatro palabras en dialecto, tuvimos que mediar. Querían sacarnos las cámaras pero al final salió todo bien. Muy loco había como 150 personas al lado. Por suerte salimos vivitos y coleando.

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Encontraron a los pigmeos?
Sí claro, más tarde. Nos encontramos con varias tribus. Los pigmeos reales son de 1, 5 metros para abajo. Había otros en Uganda que eran de hasta 1, 60 metros. Con estos últimos nos encontramos y empezamos a preguntarles de los Pigmeos reales y nos señalaron que esperemos que ya iban a venir. A la media hora apareció un grupo de niños jugando y nos dijeron: – allí están los pigmeos!!! Pensé que ahí sólo había nenes, pero entre medio, a la misma altura, asomó uno con bigotes. Increíble. Ellos viven en casas de hojas de palmeras y cocinaban bananas. Comimos con ellos y lo único que hacían era repetir: money, money money. Fumaban marihuana todo el día. El dinero que pedían lo usan para tabaco.

Es un problema mundial el de los excesos?
Sí hay muchas miserias, tanto los maorís en Nueva Zelanda como los aborígenes en África o Australia o los esquimales en Canadá, son todos grupos subvencionados por los gobiernos, con planes sociales y todos tienen el problema de perder la cultura y caer en el alcohol o en la droga. Antes esta gente era alguien, vivían de la caza, era un orgullo para ellos, ahora desde el momento que el estado les da dinero terminan mal. Mucha desconexión.

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Qué cosas buenas te pasaron en el viaje?
Podemos hablar del amor, del reconocimiento, los sponsor y el trato con los países musulmanes. Por ejemplo en la ciudad Bahrein, un reinado al lado de Arabia Saudita, el único acontecimiento del año es la carrera de fórmula uno y el segundo, fue mi paso por esos lares. Venía en avión de Kuwait porque no podía pedalear por ahí y quería hacer los países del Golfo. Contacté con un argentino, me junté a tomar un café y apareció de casualidad con la mujer de cónsul de Arabia Saudita que había querido venir a conocerme. La señora me gestionó la visa para entrar a Arabia en donde pude hacer 1000 km escoltado por la policía. Pero bueno, esa esa otra anécdota. Nos juntamos por segunda vez en la recepción del Hotel Marriott y charlando me propuso llamar al gerente de marketing de ahí y pedir sponsoreo. Ya había estado en los hoteles 5 estrellas en Líbano y en Siria, y me gustó la idea. Vino el gerente, armó una conferenciad de prensa y me dio sponsor por una semana de hotel. Vinieron 33 periodistas para la conferencia que la hice en un inglés quebrado, porque no tenía aún mucha fluidez con el idioma. De allí me contacté con el Marriott de Catar, con el de Arabia Saudita y con el de Emiratos árabes, y cada vez que pasaba me daban 10 días de hotel.

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Cómo fue el episodio de Arabia, donde estuviste con escoltas 1000 km?
“Cuando vayas a Catar buscá a Mohamed Altani de la familia real, es el presidente del comité olímpico de la Federación de ciclismo”, me decían. Recordé el nombre y pude pedalear con una visa de la Federación de Ciclismo y cientos de policías, durante 1000 km. Cada 30 km se relevaban y se pegaban un embole tremendo, así que en ese momento se me acercaban y me decían: – dale, dale!!. Venían atrás, y yo les decía que pasen adelante así por lo menos me paraban el viento. En una de las vueltas me pasó una 4 x4 gigante, se frenó y se pegó la vuelta. Bajó el vidrio y lo primero que me preguntó era de qué país venía. Cuando le dije Argentina, ya lo vincularon al fútbol y a Maradona. Me pidió que pare, me bajé de la bici y me dio una tarjeta que decía Mohamed Altani y me dijo:- conéctate conmigo cuando llegues a Catar. Al llegar, me recibió su secretario y me pidió que vaya al día siguiente porque estaban organizando una carrera a la que irían los atletas olímpicos. Al otro día, a las 7 de la mañana llegué. Me prestaron una bici y competí. Éramos 50 haciendo 13 km. Salieron a fondo y quedé último en la largada y me dije: -estoy dando la vuelta al mundo, no puede ser!. Así que salí a tope y quede séptimo en la general.

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La sensación más placentera?
El viento a favor! Los momentos placenteros son 1 cada 10 o 1 cada 50. Viajar en bici es duro: viento en contra, frío, mucho calor, nieve, lluvia, hambre… Me gusta la llanura, la vista hasta el horizonte. Eso y el camping seguro es lo más. Imagináte, en Kenia luego de un año y medio de viaje por África en la casa de un amigo, me despertaron a cachetazos para robarme con una linterna y dos machetes. Pensé que estaba en una pesadilla hasta que sentí un nuevo cachetazo. De ese día, nunca más dormí despatarrado, siempre en alerta. En la carpa escuchaba un ratón y agarraba el machete. Para relajarme tengo que estar en un camping o en el desierto. Estar en un lugar paradisiaco, con el cielo, las estrellas, el viento, cocinando… eso es el placer del viaje.

Cómo es tu vínculo con la naturaleza luego el viaje?
Estuve mucho tiempo en la calle, en la ruta y viviendo en la naturaleza. Ahora tengo la necesidad de un cable atierra y estar tranquilo en mi casa. Hoy mi pasión es revivir el viaje escribiendo el libro, preparando las conferencias, revisando las 400 hrs de video para un futuro documental. Sigo conectado con el viaje. Estoy en Mar del Plata, vendiendo postales y el documental en la calle. Si no genero plata no vivo. Quiero estar con las mismas energías para generar toda esa información. La naturaleza es maravillosa pero son contados los días, estas siempre en la lucha para comer, dormir, pedalear.

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Tuviste alguna sensación especial en el recorrido?
Tengo una historia que me la guardo para el libro, un encuentro, un milagro, una manifestación que me marco hasta el día de hoy.

Cuántas bicis usaste?
Usé tres. La primera se gastó, la segunda se jodió la rosca de la caja pedalera (cada trescientos kilómetros hay que ajustarla porque la misma fuerza del cuadro sacar la pieza y para que no se salga le puse líquido de freno y se clavó), y con la última, que me la dieron en Israel, hice 107.500 kilómetros.

Qué proyectos tenés ahora?
Tengo tres. El primero es dar conferencias. Me gustaría hacerlos en escuelas. Ya he recibido mucho, me toca dar. Me imagino dando charlas a jóvenes que salen del secundario…salen tan perdidos. Más que nada quiero transmitir que se puede soñar y materializar ese sueño con pasión y actitud. Se puede ir tan lejos como uno quiera. Luego, daría charlas en empresas. El segundo proyecto se está cumpliendo, estoy escribiendo el libro. El tercer proyecto es buscar una productora para un documental o que venda documentales al exterior. Y también me gustaría hacer cicloturismo como guía.

Qué le dirías hoy a aquel Pablo García que con 27 años estaba por salir a dar la vuelta al mundo?
Qué buena pregunta, nunca me la habían hecho… le diría que arranque con dos palabras: se puede.

La entrevista llegó a su fin. Automáticamente apagué el grabador y, Pablo muy emocionado, me dio un abrazo. Con sinceridad me dijo que le tenía mucho miedo cuando partió. Despacio me dirigí a buscar la camioneta. Arranqué, puse música y me fui despacio mirando el mar. Me llevo una historia llena de energía, una persona que aunque con muchos temores tuvo la fuerza de cumplir un sueño. Qué bueno que la gente sepa que sí, puede escribir su historia.

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AMOR VIAJERO
La historia con una tana, Clara Vicari es su nombre, fue muy fuerte. Venía de 5 años de viaje, estaba recorriendo Sicilia en Italia, yo tenía 32, ella tenía 26 años. Estaba saliendo de Europa hacia medio Oriente, entonces fui a un bar nos miramos intensamente, ella estaba con gente, me vio que me subí a la bici cuando salí de comer del lugar.
Al otro día me encontró vendiendo las muñequitas. Hubo onda y al tercer día me dijo llévame con vos. Uno siempre tiene ese sueño de viajar y encontrar un amor y viajar juntos. A mí me voló, encima me hablaba en tano, igual me fuí a Túnez a viajar con mi hermano que había ido de España. Estuve dos meses en Túnez con la idea de sacar la visa de Egipto e ir por Libia, y no la conseguí. Mi hermano se fue de nuevo a España y como no podía ir para Medio oriente por África me volví para Italia.
En Europa era invierno, un frío terrible y recibo un mail de Clara diciendo que vaya a Nápoles que estaba estudio allí y me quede con ella. Fueron dos meses de luna de miel.
Allí empezó a convencerse de viajar en bici y yo le llenaba la cabeza para que se viaje un año.
Hasta que le compre una bici, armaros todo y en el momento de arrancar no quiso, porque la la familia se oponía.
Amago dos o tres veces y dije: -tengo que seguir el viaje!!! Arranque a Grecia y a Turquía. Termino estos dos países y vuelvo a Italia por quinta vez y allí se vino conmigo y se quedó un año recorriendo. La familia me hizo la cruz.
Lo más lindo fue viajar juntos por los países musulmanes. Luego de cuatro años de muchas idas y vueltas, tenía en claro lo que quería de su vida, un novio en bici por el mundo lo le cerraba. Así que después de tanto juntos ,decidimos seguir cada uno con su proyecto.

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www.pedaleandoelglobo.com

Exploracion

LOS ZAPP y UN NUEVO DESAFÍO: CRUZAR EL ATLÁNTICO

mayo 7, 2018 — by Andar Extremo0

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Como ya sabemos los Zapp, son quizás, la familia mas viajera de todos los tiempos, que viajan con un automóvil Graham Paige de 1928. Están recorriendo hace 18 años el mundo y durante el viaje tuvieron a sus 4 hijos en diferentes partes del mundo, hoy se proponen un nuevo desafío. Luego de visitar 85 países y recorrer 350.000 km en los 5 continentes. Los problemas de los viajeros siempre fueron cruzar los grandes océanos, y que mejor forma de hacerlo en un barco a vela antiguo que transporte a toda la familia y el auto. El barco de madera a vela elegido es el “Tres Hombres” construido por Andrea, Jorne y Arjen que lo hicieron para demostrar que podían transportar carga de una manera más ecologíca. “Los sueños no tienen que tener razón” Acompañalos!!!

Proyecto CRUZANDO EL ATLÁNTICO

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Carreras de aventura

TIC TAC EFÍMERO, EL GRAN FLACO CRESTA

abril 24, 2018 — by Andar Extremo0

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La vida es efímera, y vos lo sabías, disfrutaste cada centímetro corrido, cada metro, cada kilómetro. Tu vida paso, corrías más que el tiempo, supiste aprovechar cada una de las miles de competencias que participaste. Es más te fuiste yendo a una carrera.

Cada consejo, cada aliento, cada palabra que brindaste van a acompañar a los miles de atletas, que de una y otra forma hiciste a o ayudaste a ser. Sabías que el deporte une, y pasaste medio siglo uniendo gente.

La sonrisa de tu cara quedara plasmada en la memoria de cada maratonista, de cada corredor de aventura y en cada persona que haya rondado alguna vez aquel bendito monumento del bosque platense.

Y cuando cada uno de nosotros, estemos en la largada de una competencia, irremediablemente miraremos hacia abajo buscando tu pantaloncito verde, buscando mejor dicho esa dupla de pantalones verdes, que ahora deben estar volando bien alto y ganando más carreras.

Seguí así flaco con esos ojos brillantes y esa sonrisa contagiosa, seguí empujándonos para correr, acompañamos desde donde sea, que algún día estaremos corriendo todos juntos. Tic Tac efímero, gracias flaco!!!

Gracias Miles de la revista Andar Extremo a Andrés Eduardo Cresta (28/2/1971 -22/4/2018)

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Mountain Bike

Andalucía Bike Race, Como nos vemos y como nos ven

marzo 23, 2018 — by Andar Extremo0

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María Laura Giuliani nos cuenta una muy interesante anécdota de una competencia de mountain bike en España. La Andalucía Bike Race que se llevó a cabo entre el 25 de febrero y el 2 de marzo donde los riders tienían que recorrer cerca de 400 km en 6 etapas.

por María Laura Giuliani

Epopeya de dos argentos que se fueron a correr al primer mundo y nunca perdieron el humor

Despegamos de Argentina sintiéndonos que íbamos a jugar con la camiseta del Barcelona, pero más tarde nos dimos cuenta que nunca dejamos de ser Sacachispas………y a mucha honra……

La ilusión de seguir corriendo la vara para adelante siempre ronda en nuestras cabezas, y es así como en febrero de este año, Pablo Luchessi y quien escribe, nos fuimos rumbo a España a participar de la Andalucía Bike Race, una de las carreras en Europa con mas convocatoria y con mayor nivel de participante……y nos dijimos, porque no nosotros??? No dudamos mucho y para allá salimos disparados.
Habíamos venido de correr el Transandes en Chile, y a razón de una fisura en el cuadro de la bicicleta de mi compañero, y una rotura de fusible en mi caso, estrenábamos bicicletas nuevas. En Chile habíamos tenido una excelente competencia por lugares más que hermosos y el entusiasmo se mantenía . Habían sido 6 días cálidos con una media de 25° C, sol a pleno, un grupo grande de amigos, y la calidez latinoamericana que siempre acompaña.
Llegamos al pueblo de Bailen sin mayores inconvenientes. El sueño se estaba haciendo realidad!!!! Descansamos felices ese día para reponernos de las 24 horas que habían pasado desde que salimos de Argentina
Al otro día luego de montar nuestras bicis la felicidad nos fue invadiendo ya que eran mas cómodas y agiles de lo que pensábamos, y así es como sin darnos cuenta salimos a rodar hacia un destino incierto, que nos fue llevando en un ritmo entusiasta hasta el pueblo de Linares en bajadas y subidas divertidas, que luego se transformaron en un recorrido en donde nos fuimos perdiendo y que cuando quisimos retornar el Garmin nos marco un vueltin de casi 60 km con una ganancia de desnivel de 1000 metros……..no era lo ideal pero en ese momento la felicidad era mucha.

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Primer día de carrera y nos sentíamos Schumagger con su Ferrari en el circuito de Niza……Largada contra reloj y comenzaban las categorías mas lentas, y dentro de cada categoría los primeros eran los que menos puntaje UCI tenían……..largue segunda….bueno pensé, ya habrá tiempo de demostrar lo que sabe uno……. Como estaba pronosticado me toco largar con lluvia que acompaño un rato y por suerte luego paro. Mas allá de un par de perdidas llegue a la meta en un tiempo decente y habiendo hecho todo el recorrido arriba de la bicicleta. Era bastante técnico por lo cual me sentí cómoda y segura. Ya mañana veremos como sigue este circo pensé. La gente parecía bastante seria y concentrada pero creí que era por ser el inicio de la competencia. Al llegar a la meta había mucha gente que alentaba y eso nos hacía sentir reconfortados. Nos esperaban con sándwiches de jamón y queso, higos, membrillos, una pata de jamón crudo y todas las exquisiteces que podíamos imaginar. Esto si era disfrutar la vida!!!!!!

Segundo día de competencia y la largada fue en pelotón. Allí se empezó a complicar porque al poco tiempo fui quedando sola……unos muy adelante, otros atrás, y los pocos que se cruzaban no intercambiaban ni media palabra. Algunos porque hablaban otro idioma, otros porque no les importaba y otros quizás porque no les sobraba aire, pero la conclusión es que a nadie le interesaba intercambiar comentarios ni siquiera para que el tiempo pasara mas rápido. Bueno seguí razonando, es el segundo día y les faltara acomodarse. En el medio de un sendero de cornisa, con un lago a 600 metros para abajo me caigo y me golpeo y cuando me trato de acomodar me doy cuenta que tenia atrás una fila de gente que en idiomas varios me apuraba, por lo cual me trate de correr para dejarlos pasar y allí me vuelvo a caer……creo que ahí me dijeron “move el c……..” hasta en japonés, así que arrastrándome hasta un árbol los deje pasar y me quede un rato juntando mis pedazos hasta que volví a tomar ritmo. En la meta un amable medico me dio un refrigerante y un antiinflamatorio por lo cual me sentí algo reconfortada. Ya ese día en la meta no había mucha gente esperando. La pata de jamón crudo también había desaparecido……..
El tercer día se largo de Andújar, otro pueblo cercano. Ya al llegar estaba garuando por lo cual salimos a calentar para no lesionar los músculos. Volvimos al rato al auto para dejar las camperas y nos aprontamos en la largada. En las situaciones de conflicto es donde aparece el espíritu de solidaridad y por lo cual supuse que ese día iba a conseguir un amigo de momento para hacer más llevadero el lluvioso recorrido……..pero la realidad me hizo seguir corriendo sola casi todo el trayecto……en un momento me ilusione con una chica que me alcanzo pero rápidamente se me fue el entusiasmo cuando me di cuenta que el español y el ucraniano no tenían muchas palabras en común…….. Sin mayores inconvenientes ese día llegue a la meta y nuevamente solo me esperaba el inflable…….Ahí me di cuenta que el primer día habíamos tenido la suerte de largar primeros y los últimos y mas rápidos llegaban casi al mismo horario que nosotros, por ello la multitud al inicio………como conclusión la soledad en la llegada fue una constante los días posteriores…

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Cuarto día, y el mal tiempo se había instalado. Ya la noche anterior nos habíamos trasladado a Córdoba para largar desde ese lugar. La lluvia y el frio iban poco a poco invadiendo el pueblo y con ella decaía la esperanza del pedaleo a buen ritmo. Largamos bajo una constante caída de agua en un suelo arcilloso en la subida llamada “Del Reventón”. Nunca mejor puesto un nombre!!!!! La gente que alentaba bajo los paraguas realmente nos daba algo de ánimo para no bajarnos de las bicis y tirarlas por la cornisa. Un largo trecho subiendo y luego senderos muy divertidos pero siempre bajo la lluvia que nunca nos abandono hasta el último minuto del último día de competencia. Subir, bajar, bosques, senderos y piedras pero todo en el medio de un chapoteo constante y sin intercambiar un sonido de voz. En un momento de tanto trabar y destrabar los pedales por el barro y las piedras me quedo con un pedal enganchado en la zapatilla……ya a esa altura quería llorar pero no hay cosa más triste que llorar sin un hombro amigo, así que decidí seguir pedaleando hasta el puesto de mecánica, en donde la gente de Shimano, unos genios totales, en 20 minutos me pusieron un pedal nuevo y me cambiaron una cala, lo cual me permitió llegar a la meta con pedales distintos pero sin mayores inconvenientes. Ese día si me sentí que había hecho unos amigos, aunque sea por solo 20 minutos…..
Quinto día salimos para Villaviciosa de Córdoba que es donde se largaba esa etapa. Los 60 km que nos llevo llegar en auto hasta allí fueron con lluvia torrencial y vientos de costado que nos movían el auto. Las ráfagas dijeron que eran de más de 70 km/hora. Cuando llegamos nos avisaron que esa etapa por seguridad de los ciclistas la suspendían. Nunca agradecimos tanto una decisión. Entre el cansancio, el frio y la soledad ya no sabíamos que hacer para motivarnos. Empezamos a observar más detenidamente al resto de los competidores y ahí comenzamos a entender que éramos sapos de otro pozo. Nos termino de caer la ficha de nuestra realidad. Todos llegaban con combis que los esperaban, otros seguían durmiendo porque eran avisados por teléfono de la suspensión de la competencia, y nosotros, los únicos dos argentos, mojados y muertos de frio habíamos estado más de media hora en ese pueblo intentando encontrar desde donde se largaba, porque ni el GPS nos andaba a esa altura……y allí al llegar nos conformaron con un sanguchito de jamón y queso y una botellita de gatorade……..no tendríamos camioneta ploteada, no tendríamos sponsors, pero nuestra actitud la íbamos a mantener 100% intacta……o casi……. ninguna clima adverso nos iba a doblegar.
Sexto día y la lluvia era cada vez peor. Salimos del alojamiento en bici ya solo con la esperanza de que la agonía llegue a su fin. No había forma de entrar en calor ni pedaleando rápido con la campera puesta. Llegamos a la largada y por la lluvia estaba demorada. Con la cantidad de liquido que habíamos tomado nos agarraron ganas de ir al baño. Con la pinta que teníamos chorreando agua del casco y de nuestras narices nadie nos dejaba pasar en ningún bar. En eso vemos uno lleno de ciclistas y allí pudimos entrar. Nos reconforto el calor del baño y pensamos tomar un café, hasta que nos dimos cuenta que no teníamos ni media moneda en nuestros bolsillos. Nos quedamos con cara de disimulo un rato adentro para seguir manteniendo el termostato en caliente hasta que próximos a la largada salimos y allí es donde caímos que nunca íbamos a parecer de las primeras ligas………mientras nosotros escurríamos agua, nos castañeteaban los dientes y la piel de gallina nos transformaba en la imagen de dos homeless tercermundistas, los PRO reales eran masajeados por sus preparadores físicos que hasta le daban calor con su aliento en las rodillas………estaba todo dicho. Ese día solo restaba terminar lo empezado…….

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Largamos bajo un aguacero tremendo que daba miedo. Las cubiertas derrapaban cuando el freno era usado en exceso……luego nuevamente el Reventón como para que no nos olvidemos de Andalucía, y el resto fue de un recorrido absolutamente hermoso de senderos……..si es que no lo hubiéramos tenido que hacer teniendo en cuenta que parecía la cuenca del Rio Amazonas y todos sus brazos juntos!!!!! Terrible las frenadas en las bajadas y la fuerza que había que hacer en las trepadas por las piedras. Cada arroyo que pasaba nos hacía notar que el agua era cada vez más alta hasta el último que lo pase con la bici en lo alto y el agua hasta las rodillas. Me atrevería a decir que mi amigo Pablito que venía unos minutos mas atrás fue tapado hasta en sus partes pudendas. Subidas y bajadas y esta vez absolutamente en soledad llegue a la meta…..y allí me esperaba más soledad aun y una sopa algo fría. La buena voluntad de la gente del puesto de llegada hizo que me reconfortara con unos sanguchitos de jamón y queso mientras me disponía a esperar la llegada de mi compañero de travesía. El viento huracanado hizo que tuvieran que desarmar el inflable y sacar los toldos, por lo que no había nada donde resguardarse de la lluvia. Se fue hasta la sopa que aunque fría estaba rica y el resguardo de los techos. Ya el frio me había comenzado a invadir y los observadores se iba a sus casas en busca de calor. La gente de la ambulancia, calculo que de la triste imagen que estaba dando durante mi espera, me había regalado una manta de polar roja y un papel laminado dorado impermeable para ponerme encima. Ya ni me molestaba esa imagen de mujer maravilla del subdesarrollo que estaba dando……me calentaba el cuerpo y eso era lo único que me importaba hasta que llegara mi compañero. La gente de Shimano me había dejado meterme en su camioneta por lo que entre mi improvisado atuendo, y el calor de los repuestos, la espera se me hizo corta y allí viendo llegar a mi amigo Pablo Luchessi la angustia se transformo en alegría y el frio en calor de felicidad por la meta cumplida……el objetivo había sido llegar enteros y sin ningún traspié y lo habíamos conseguido…….que importaba tener un team, un sponsor, un manager o una combi que hiciera el soporte…..nos teníamos a nosotros que a 14000 km de nuestro hogar, con unas bicis que habíamos probado el día anterior a la carrera, con un clima absolutamente adverso, y sin soporte mecánico, físico ni emocional, habíamos podido terminar la carrera. Con el equipo de Schumagger cualquiera corre…….con la soledad de un homeless pero el espíritu bien arriba pocos se hubieran animado así que brindo por este logro, que aunque los primeros días me la pase preguntando que hacia allí, los últimos agradecí haber participado, ya que hay pocos deportes en donde uno puede estar en los vestuarios de los grandes, y este del MTB definitivamente es uno de ellos.

Pasaron unos días y ya mas descansada me pregunto……. volvería a correrla?????….. y automáticamente me respondo…………………. ABSOLUTAMENTE!!!!!!

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Mountain Bike

Paso Mayer, Argentina – Chile, 2da parte

febrero 27, 2018 — by Andar Extremo0

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La experiencia de los 43 Cruces de Los Andes en Bici, esta vez el cruce Paso Mayer en su segunda entrega, por Nación Salvaje de la mano de Javier Rasetti y Marisol López, nota de la revista n° 48

por Marisol López
fotos Javier Rasetti

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Al otro lado del río
Después de bajar con cuidado una fuerte pendiente de piedras sueltas y caminar varios metros bordeando el río, llegamos hasta el extremo del puente y comprobamos que la impresión que nos había dado a la distancia no estaba errada. Su aspecto no nos inspiraba mucha confianza. Diciéndolo de una manera suave y sutil, teníamos terrible cagaz…susto, de tener que cruzar por aquel esqueleto frágil y oscilante de maderas y alambres.
Debíamos hacer varios viajes por el peso y lo angosto del puente pero antes de que podamos discutirlo, Javi tomó la delantera, se cargó dos bolsos en la espalda y empezó a cruzar despacio y con cuidado. Yo lo miraba expectante desde tierra firme. Cuando llegó al medio del puente, éste se inclinó de golpe hacia un costado y a mí se me cortó la respiración. Miré para abajo. El río pasaba con una fuerza aterradora. Volví a Javi que intentaba mantener el equilibrio. Fueron tan sólo un par de segundos que parecieron eternos, hasta que logró acomodarse y continuó caminando. Finalmente llegó al otro lado, dejó los bolsos y volvió a cruzar, pero esta vez apoyando todo su cuerpo y peso hacia el costado donde el puente estaba más firme, evitando que se incline demasiado.
Al llegar, después de darme mil recomendaciones y asegurarse de que lo había escuchado con atención, pude empezar. Lo hice despacio, concentrada y pisando las maderas que aparentaban un mejor estado. Aunque iba preparada, al pasar por el medio del puente, la pérdida del equilibrio sumado a la fuerte sensación de darme vuelta, me agarró de imprevisto y me dejó congelada en un vaivén estremecedor. De a poco intenté calmarme, respiré profundo y caminé lento hasta llegar a la otra orilla, en la que por órdenes inapelables de Javi, tuve que quedarme sin lugar a oposición.

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“Una vida que, sin lugar a dudas, no era ni más ni menos que la que algún día habíamos decidido vivir”

Fueron en total 7 viajes, 2 de ellos cruzando las bicicletas paradas sin poder aferrarse de ningún lado y haciendo de equilibrista sobre aquel puente inestable. Cuando por fin terminó y llegó sano y salvo a mi lado, se paró firme, relajó el ceño que mantenía fruncido y exclamó orgulloso:-“Viste Sol, pude hacerlo”. Él había superado mucho más que eso, había logrado vencer su miedo a la altura.
Por fin estábamos los dos del otro lado, y lo festejamos con un abrazo rápido, armandos nuevamente el equipo. Eran las 5.30 de la tarde, la noche nos pisaba los talones y una llovizna fuerte había empezado a caer. Teníamos dos posibilidades: tomar una huella de vehículo que iba bordenando el río o internarnos nuevamente en el bosque siguiendo alguno de los senderos. La duda fue breve, decidimos dejar las bicis para caminar más livianos y ágiles por la costa pedregosa e investigar hacia dónde llevaba la pisada.
Después de aproximadamente 4 km bajo el agua, el rastro concluyó en el mismo cauce ancho y con cientos de brazos del que habíamos partido a la mañana. Desde ese lugar podíamos distinguir con claridad lo cerca que estábamos técnicamente del puesto chileno, y lo contradictorio de la situación nos permitió entender que algunas veces las distancias no se pueden medir en kilómetros. A partir de ahí, la huella cruzaba varios arroyos y desaparecía en una llanura de pastos verdes y secos.
La tarde estaba cayendo. Hacía frío y estábamos completamente empapados. Dimos la vuelta y volvimos hasta donde habíamos dejado las bicis. Buscamos rápidamente un lugar donde armar la carpa, comimos algo caliente y nos fuimos a dormir agotados, con la expectativa y la curiosidad aún latentes, de lo que nos depararía el próximo día.

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La picadura
Después de dejar sonar varias veces el despertador, lo apagué y me quedé boca arriba mirando el techo de la carpa y disfrutando del calor de la bolsa de pluma. Javi al lado mío, hacía lo mismo pero a su manera, tapándose hasta la nariz y remoloneando placenteramente. Los dos sabíamos que eran los últimos minutos de comodidad y calidez, y teníamos que sacarles provecho. Después de un rato se hicieron la 8.30 de la mañana. Aún estábamos en algún sitio en medio de la Cordillera y no teníamos idea por dónde debíamos continuar. Tal vez por eso una fuerza inconsciente nos levantó de golpe para terminar con el ocio y encarar el segundo día del Paso Mayer. Fue justo en el momento de salir de la bolsa, cuando sentí un dolor fuerte en el brazo. Era agudo e intenso y se ubicaba en una zona pequeña y puntual. Al mirar, noté que me faltaba un pedacito de carne, parecía una picadura porque estaba roja y un poco hinchada, pero su tamaño me generaba algunas dudas. En el momento no le di importancia, pensé que sería alguna de esas arañas que solían picarme. Me bajé la manga de la camiseta y continué normalmente.

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Desayunamos rápido, armamos el equipo y nos pusimos en camino. No teníamos la certeza de que la huella que habíamos seguido bordeando el río fuera la dirección correcta, ya que lo último que habíamos comprobado es que terminaba en el cauce y desaparecía de golpe. Por eso, antes de decidir, nos propusimos investigar un poco más los senderos en el bosque para analizar las distintas posibilidades. Pero sucedió lo que esperábamos, todos aquellos senderos que deberían ser de animales, nos paseaban por el bosque atravesando Mallines sin llegar a ningún lugar concreto, así que la decisión fue evidente: nos arriesgaríamos a ir donde terminaba la huella.
Una vez más nos quitamos las botas, arremangamos los pantalones impermeables y comenzamos a cruzar arroyos. Un dolor fuerte me recordó que algo no estaba bien y cuando lo miré nuevamente las cosas empezaron a tomar otra dimensión. Tenía el brazo muy hinchado, estaba caliente y colorado, y una línea roja de una claridad estremecedora me subía hacia el hombro. Lo primero que pensé fue en Javi. Si a mí me pasaba algo o si tenía la terrible suerte de que algún bicho venenoso me hubiera picado, el que peor la iba a pasar sin dudas era él. Estábamos en algún lugar en la Cordillera sin saber hacia dónde ir. Yo tal vez me desvanecería, perdería la conciencia, sufriría algún dolor, pero él iba estar desesperado y necesitando ayuda, sin la más remota idea de dónde buscarla. Volví a bajarme la manga de la camiseta y decidí que no podía ser nada grave. Le avise a Javi por las dudas y sin preocuparlo, que una picadura me estaba molestando, pero que seguramente sería a causa de mi alergia.

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Después de atravesar más arroyos y caminar un rato largo, las opciones volvieron a dividirse: un rastro parecía tomar en dirección al bosque y el otro continuaba orillando. Dejamos las bicis y nos dividimos para averiguar qué había más adelante. Yo continué por el río y Javi por el bosque. Iba concentrada investigando el terreno cuando de repente todo a mi alrededor empezó a girar. Fue tan sólo un segundo en el que la peor posibilidad estaba a punto de suceder. Una tonta picadura, un detalle que no habíamos tenido en cuenta y el mundo que giraba sin detenerse. ¿Me iba a desvanecer? ¿Caería desplomada en aquel suelo de rocas hasta que me encuentre Javi?. Repetí en voz alta “Javi!” y dije “no, esto no va a pasar!!”.Respiré tan profundo como me lo permitieron los pulmones, mientras intentaba recuperar el equilibrio. El mareo se detuvo y volví a caminar rápido hacia donde habíamos dejado las bicis, con el miedo latente de que vuelva, de perder el horizonte y la realidad. Cuando llegué a las bicis Javi no había regresado. Volví a respirar para tranquilizarme.
Estudié la situación: ¿cómo estaba?, ¿qué sensaciones tenía?. Me parecía importante estar atenta a otros posibles síntomas que puedan alarmarme. Cuando él volvió contento porque había encontrado el camino que nos llevaría hasta el puesto de gendarmería, yo no tuve nada que decir. Me sentía bien, el mareo no había vuelto y la noticia de tener por fin un rumbo definitivo me dejaba mucho más tranquila. Tras algunos metros, el camino apareció perfectamente definido. No había dudas que era el correcto. Las emociones hicieron erupción en un grito que no pude contener: “jujuyyyyy!!!”, exclamé con los brazos en alto y la felicidad de estar por lograrlo. “Jujuyyyy!!!”, repetí con la misma intensidad fabricando una nueva onomatopeya con la que poder escribir nuestra historia.

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Algunos metros más adelante el camino definido dio paso a un sendero ancho y bien marcado. Volvimos al bosque y al ejercicio de cruzar arroyos, hasta que apareció un campo enorme de pastos bajos rodeado de montañas, y pudimos pedalear. La ansiedad distorsionaba los kilómetros y la distancia parecía cada vez mayor. El Paso Mayer nos daba la impresión de un punto suspensivo, sin final. Y entonces a lo lejos vimos el brillo de un cartel, atravesamos una tranquera y llegamos.
Antes de bajar hacia el puesto nos abrazamos, bailamos frente al cartel y nos volvimos a abrazar, porque era la mejor forma que encontrábamos de inmortalizar el momento.
Finalmente llegamos al puesto argentino, donde los gendarmes nos recibieron con la bondad a la que nos tienen acostumbrados, dándonos un lugar donde dormir, mates calientes, guiso de fideos y pastillas para la picadura. El brazo me preocupaba, estaba cada vez más hinchado y rojo y la herida se había agrandado supurando un líquido inquietante. El enfermero del puesto me tranquilizó diciéndome que era la picadura de un alacrán pero que no parecía nada grave. Me recomendó ir a ver un médico y me dio antibióticos por una posible infección.
Quedaba una larga distancia hasta tomar la ruta 40, y ellos ofrecieron acercarnos con el camión algunos kilómetros hasta una estancia donde tenían que ir a buscar carne. Yo quería llegar cuanto antes para que me vean el brazo, porque la simple acción de agarrar el manubrio y apretar el freno se me volvía dolor y dificultad.

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Al tercer día de Paso Mayer subimos las bicis al camión para bajarlas unos 50 km más adelante, donde el paisaje se volvió estepa y viento. Nos despedimos con el agradecimiento y los abrazos que parecen nunca ser suficientes, y empezamos a pedalear hacia nuestra querida ruta 40. El viento nos sorprendió por la espalda empujándonos con fuerza hasta el asfalto, sin mucho esfuerzo. Miramos hacia la Cordillera Tres años atrás en nuestro primer viaje, habíamos pedaleado por ese lugar. En aquel entonces apenas llegábamos a percibir la oportunidad de un nuevo destino, sonriendo felices e inquietos con la vista perdida en esas mismas montañas que nos acompañaban desde lejos. Transitamos nuevamente ese lugar y los recuerdos se nos atoraron en la garganta. La vida se había vuelto una moraleja perfecta, un cuento de posibilidades ilimitadas. Una vida que, sin lugar a dudas, no era ni más ni menos que la que algún día habíamos decidido vivir.

www.pedaleandoruta40.com.ar

Tecnología

Mochila Thule Crossover 32 L

febrero 27, 2018 — by Andar Extremo0

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Thule se fundó en Suecia en 1942, con la misión de ayudar a transportar lo que la gente desee de manera segura, fácil y con estilo. La empresa está situada en la ciudad de Malmo, y se especializó en productos de alta calidad como barras y soportes para autos, carritos para bebe, sillas de niño para bicis, trailers para bicicletas, mochilas, equipajes, alforjas y accesorios para todo tipo de necesidades. En esta ocasión, probamos una mochila muy versátil: la Crossover.

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De uso múltiple, podría entrar en la categoría urbana/outdoor, porque la estructura y el estilo son urbanos pero la tecnología, la disposición y accesorios, la hacen también una mochila para el aire libre, siendo ideal para para transportar elementos eléctricos y cámaras.
Tiene 4 habitáculos internos y 3 externos, para transportar portátiles, tablets, cámara de fotos y celulares, con la adecuada protección, ya sea por su ubicación o por su material: nylon dobby, resistente a los cortes y desgarros.
El primer compartimento junto a la espalda, es ideal para la Notebook, por la seguridad que brinda su acolchado. Entran portátiles de hasta 15 pulgadas. En el segundo, va el grueso del equipaje, indumentaria, cámara, etc. El tercer habitáculo es para objetos pequeños: cargadores, baterías, documentos. El último espacio interno, es un pequeño bolsillo indeformable llamado Zafezone, para gafas de sol y artículos frágiles, incluyendo un bolsillo para el teléfono. Es semi-rígido y, según el uso que se le quiera dar, se puede bloquear e igualmente desmontar para conseguir espacio adicional.

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Las asas de esta mochila facilitan su transporte, dado que tiene en la parte superior e inferior y permite una mejor maniobra en zonas poco accesibles. Es anatómica y cómoda, y posee un gancho de pecho para dar aún más seguridad. Las correas para los hombros en EVA perforado con cubierta de malla y panel acolchado con canales para el flujo de aire, son excelentes.
Detallas para mencionar: apliques fluor para la noche, cierres de una calidad increíble, manijas fuertes. El bolsillo safezone tiene el detalle del cierre con una traba de goma muy interesante.
En el exterior, tiene el bolsillo Shove-it Pocket™ con correas de ajuste, que ofrece espacio adicional externo para una campera, y dos bolsillos laterales más, para transportar botellas de agua o accesorios.
Es importante remarcar, que está realizada de una tela resistente al agua, y que sus mediadas son de 31.5 x 31 x 47 cm y su peso en bruto 1 kg.

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Carreras de aventura

MAX RACE General Belgrano: nuevo escenario, la misma intensidad

febrero 19, 2018 — by Andar Extremo0

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El domingo 27 de agosto de 2017 se llevó a cabo la primera edición de la Max Race General Belgrano, una carrera técnica que se desarrolló en cuatro modalidades: Cross 12 y 21 km, Dúa y Tría de aventura, luego de muchos días de lluvia. Dura, trabada y llena de barro, largó de la vieja estación de tren y entretuvo intensamente a sus corredores con la geografía de la cuenca del Río Salado. En la nota, Nadia Heinrich de Quilmes Way, nos cuenta su experiencia. Nota de la revista Andar Extremo n° 48

Relato Nadia Heinrich
Fotos marcos Ferrer

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Cuando nos despertamos se escuchaba el sonido de la lluvia, así que tratando de imaginar lo que nos esperaba y después de cargar todo en el auto, comenzamos el viaje. Al llegar a Belgrano, nos encontramos con el Quilmes Way y armamos un cuartel general. Luego de la entrada en calor y la charla técnica, se largó a toda furia. La punta de la carrera se alejó rápidamente y el barro se hizo esperar, pero llego cuando nos sumergimos hasta la cintura en el arroyo.

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Al entrar al circuito de XC, cambió el ritmo del running pero el suelo estaba resbaladizo y ya sufría en pensar cómo iba a ser transitarlo en bici. Al cruzar el rio, la carrera fue más cómoda pero el terreno estaba húmedo y pesado, por lo que las piernas se fueron desgastando. Al entrar en las vías, la vegetación se encargó de terminar con lo que quedaba. El cambio de escenario parecía no llegar más.

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Cerca de los 12 km apareció la ciudad y la tan ansiada transición. Parte del Quilmes Way nos alentaba y registraba fotográficamente nuestro arribo. Acomodada en la bicicleta, intenté recuperar tiempo hasta que entramos nuevamente al circuito de XC y Cross. El barro cubría la transmisión y dificultaba pasar los cambios. Finalmente y con mucho esfuerzo, salí al camino abierto para tratar de mejorar el ritmo.
El recorrido era exigente pero entretenido. Pude superar algunos competidores pero aún no tenía certeza de mi posición en la carrera, aunque estaba conforme con el ritmo que llevaba.

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Nuevamente me encontré transitando las vías pero esta vez en dos ruedas y, aunque se ponía difícil, sabía que estaba a poco del arco de llegada. Aceleré al dejar atrás la abundante vegetación, y entré a toda velocidad al parque cerrado donde nuevamente me animaban mis compañeros. Inmediatamente, salí corriendo a culminar mi primer Max Race en solitario, ya que había participado de otras ediciones pero en modalidad equipo.

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Una rápida desembarrada, y comenzó la entrega de premios. Gratamente sorprendida, me di cuenta que había quedado en el segundo puesto de la categoría y me vi compartiendo el escalón con mi compañero de aventuras, que también estaba segundo en la suya. Aún faltaba la clasificación general, que terminó siendo idéntica, redondeando un muy buen resultado en tan dura experiencia.

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Mountain Bike

ATACAMA CHALLENGER, Chile 2017

febrero 19, 2018 — by Andar Extremo1

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Por María Laura Giuliani

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Del 21 al 23 de abrilde 2017, durante 13 horas, 15 minutos y 5 segundos, cerré sistemáticamente los ojos con el anhelo ferviente de abrirlos y haberme reencarnado en un camello. En realidad, cuando me anoté en una carrera por el desierto (el más árido del mundo según la NASA), no lo asocié con arena, arena, más arena y tanta arena! El análisis limitado fue mío, igual agradecí la no reencarnación, porque en este momento sería complicado explicar el par de seductoras ondulaciones en mi espalda.
El primer día lo llamaron: “climb vertical”. Juro que ya me anoté en un curso acelerado de inglés para que la próxima vez que lea “climb” lo asocie con “trepada” y me remita al primer párrafo en donde decía desierto, o sea arena…….y al menos lo piense dos veces.
Tardé casi 4 horas en hacer 33 km en donde casi el 30% de la etapa, la tuve que caminar. En el km 19, en el puesto de hidratación, tuve que parar a llorar un rato para tranquilizarme y visitar el atrás de una piedra, hasta que me di cuenta que no me convenía, porque al perder líquido, corría riesgo de deshidratación ya que estábamos a casi 4000 metros de altura. Corté el trámite, sequé mis lágrimas, me tomé una pastilla de sales de rehidratación y seguí pedaleando desesperadamente a 7 km/hora, aproximadamente.
El segundo día prometía darme revancha, ya que tenía partes más técnicas en donde me defiendo mejor. Subidas, bajadas y obvio, más arena, hasta que sentí que la rueda trasera derrapaba y, con la mayor desazón, vi que había pinchado. Por suerte, me ayudaron en un puesto y me dije: vamos por más, pero a los 500 metros, la rueda nuevamente pedía aire. Absolutamente desesperanzada, me abalancé ante el primer pedaleante que osó pasar por el sendero y encarecidamente le pedí un inflador. Amablemente, un ciclista del país hermano, se ofreció a inflar y en ese momento, cual Mc Gyver en su apogeo, me acordé que tenía “LA GOTITA DE POXIPOL” en mi mochila!!!! Mientras mi amigo de momento echaba aire por dentro, yo por fuera sellaba con el preciado pegamento que milagrosamente tapó el agujero de la cubierta. Vamos, le dije a mi salvador y pedaleando con actitud, llegamos a la meta cumpliendo la etapa!!!!

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Para el segundo día, había intercambiado diálogo con la mitad de los participantes y hasta había recibido una propuesta de matrimonio de un simpático chileno!!!! El tercer día, sí que no tengo de que quejarme, porque fue un deleite para nuestras retinas!!! Pedalear por arena hacia arriba para llegar a una cornisa, en donde veíamos hacia abajo todo lo que habíamos pedaleado el día anterior, no tenía precio. Pasábamos de unas trepadas donde pensábamos que íbamos a tocar el sol, a unos descensos en donde no alcanzaban las pastillas de freno para no morir entre las piedras. Qué adrenalina!, qué placer! Es cierto cuando dicen que la adrenalina inhibe el miedo.
Cómo se puede pedalear y charlar al mismo tiempo, no lo sé, pero lo que sí se, es que cuando esto se transforme sólo en una competencia, abandono la bicicleta, ya que lo mejor que uno se lleva de estas competencia es la interacción con los que nos rodean. Las carreras pasan, los podios también, pero lo que para mí siempre va a quedar en el recuerdo, es la gente que me sigo encontrando en las carreras y me dice “hola Mari como estas tanto tiempo”, porque la conocí en Huilo Huilo, en Pucón, en el Trasmontaña, en el Pinto, en Tandil, o en tantas otras carreras a donde fui, disfrute y compartí…porque de eso se trata, de compartir momentos, y disfrutar experiencias.
Nunca hay que olvidar, que nuestros mejores logros aparecen cuando vencemos nuestros mayores miedos!!!!

Trekking

El Champaquí, la cumbre de Córdoba

febrero 8, 2018 — by Andar Extremo0

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El valle de Santa Rosa de Calamuchita es geográficamente muy grande y nos presenta varias opciones en circuitos de trekking, mountain bike y cabalgatas. Dentro de las experiencias que se pueden realizar a pie, encontramos la caminata hacia la cima del cerro Champaquí que, con sus 2.980 metros de altura, se visualiza desde lo lejos como una mole, ocupando el horizonte. Recorriendo sus senderos naturales, podemos apreciar la flora y fauna de un ecosistema único de nuestro país. Este cerro posee en su amplia cima, y un mirador excepcional para deleitarse con un paisaje en 360 grados. Nota en la revista Andar Extremo n° 48

Texto y fotos: Juan Martín Laborde

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La historia que cuentan las rocas.
El área de las Altas Cumbre o Sierras Grandes se originó de una enorme roca o batolito de Achala, que fue fracturado y elevado hace 10 millones de años como consecuencia de la compresión ejercida desde el Pacífico sobre la placa Sudamericana. Este movimiento fue produciendo de a poco los levantamientos que hoy forman las sierras de Córdoba, dejando pendientes suaves hacia el este y abruptas hacia el oeste, siendo algo que podemos apreciar del paisaje en derredor cuando nos encontramos en la cumbre del cerro Champaquí. El tipo de material dominante en toda la zona es el granito, conformado por minerales esenciales como el cuarzo, feldespato (potásico y calcosódico) y mica (blanca y negra).

Son muchos los caminos que conducen a la cumbre.
Este cerro representa, en la mayoría de aquellos que caminan por primera vez su entorno, un primer desafío importante de trekking. Es el punto de inicio de una pasión por las montañas que no se termina, como recorrer de un sendero a una cumbre que conecta con la siguiente, como un portal de vida que nos conduce a un destino que nos marca para toda la vida.
Una característica a tener en cuenta del Champaquí, es que no sólo es el punto más alto de las Sierras Grandes y de la provincia de Córdoba, sino que además, permite distintos recorridos para conocerlo.
Existen varias rutas de acceso: desde Villa Alpina en tres días de trekking, desde San Javier o Los Hornillos combinando cabalgata y trekking, y desde Los Linderos con un vehículo para luego hacer una corta caminata.
La partida desde la antigua Santa Rosa en el corazón del valle, también es un buen pretexto para recorrer un pueblo serrano cuya historia está asociada con la enorme obra de los jesuitas. Allí, en 1650, se fundó la estancia de Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, y un siglo después, cuando los jesuitas fueron expulsados de América (en 1767), esas tierras se subastaron y fueron pasando por distintas manos hasta sus actuales propietarios.
En la alternativa de realizarlo en vehículo desde el cerro Los Linderos, se pasa por Villa Yacanto, lugar que es explotado por el turismo desde hace pocos años y aún conserva intacta la tranquilidad pueblerina y la belleza del paisaje. De allí en adelante, el camino se abre paso entre bosques de álamos plateados y pinos elliottis, y se hace más angosto con subidas y bajadas. Desde allí al cerro Los Linderos, hay 42 kilómetros. Los primeros 35 en buen estado, aptos para cualquier tipo de vehículo, y los 10 últimos bastante rotos y complicados.
Si el trayecto elegido es de Santa Rosa de Calamuchita al puesto Tres Árboles, lo ideal es empezar a la mañana temprano. El itinerario de ida y vuelta puede hacerse en un día ya que en total son 75 km de camino de tierra y ripio en buen estado, más otros 10 muy difíciles, en los que se recomienda la 4×4 o la caminata.

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Un trekking que inicia desde Villa Alpina.
En esta oportunidad nos decidimos optar por un recorrido muy atractivo y que permite un contacto íntimo con la naturaleza y es el trekking al Champaquí que inicia desde Villa Alpina y retorna al mismo lugar con una duración de 3 días y permite dejar el vehículo en dicho lugar o sino en la localidad de Villa Gral. Belgrano para luego ser transportado en vehículos que provee en esta ocasión, la empresa Acampartrek (información al final de la nota) hasta el inicio de la marcha a pie con nuestras mochilas.
En este camino el primer tramo, es de unos 45 km y une Villa Gral. Belgrano con Villa Alpina, que es el último poblado antes del cerro lo realizamos en vehículo. Se trata de un paraje poblado de molles, talas, chañares y cocos, que guarda el encanto de la naturaleza virgen. Más cerca de las Sierras Grandes, el verde de la vegetación va desapareciendo y las piedras, pircas y hondonadas comienzan a dominar todo el paisaje.
A esa altura comienzan a verse con claridad el espejo del dique Los Molinos, el embalse de Río Tercero y hasta algunos cóndores que merodean cerca de la montaña.
Subir el cerro más alto de Córdoba es sin duda un desafío el deseo de hacer cumbre, y para eso se recomienda hacer noche en Villa Gral. Belgrano o en el albergue Villa Alpina para salir bien temprano con guía de la zona, calzado y ropa adecuada a experimentar climas sumamente cambiantes tanto en invierno como en verano. Es preciso llevar una mochila pequeña con una botella de agua, abrigo, alguna golosina, fruta o sándwich que aporte suficientes calorías para la caminata y un protector solar. Una vez en la cumbre, el sol puede estar muy fuerte y entonces también se recomienda llevar sombrero y anteojos de sol.

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Travesía hacia los pies del Champaquí.
La primera etapa a pie es de un duro ascenso entre pinares y a partir de ahí el paisaje se convierte en el típico paisaje de sierras cordobesas.
Caminar por la Pampa de Achala es una experiencia de íntimo contacto con la naturaleza donde a pesar del nombre “desierto de piedra” con que lo llaman algunos escritores, debido a la aparente desnudez del paisaje de esta planicie de altura, podremos descubrir varias especies de animales y vegetales donde algunos son endémicos o exclusivos de la región y le otorgan un alto valor para la conservación de la biodiversidad.
El tiempo transcurre entre charlas con compañeros de viaje y contemplación del paisaje, pues para llegar a la base del Champaquí son necesarias 7 u 8 horas dependiendo de la marcha del grupo de caminantes, con algunas paradas durante el trayecto para hidratarse y comer algo. En horas de la tarde ya llegamos a destino para luego hacer noche en los albergues que se encuentran en el lugar. Una merienda con pan casero y mate cocido son bienvenidos para sentir que el alma regresa al cuerpo y las horas antes de la cena son ideales para recorrer los alrededores y conocer las costumbres e idiosincrasia de los pobladores de ese lugar.

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Biodiversidad de una isla de piedra.
Debido a la conjugación e interacción de factores como la ubicación, topografía, clima y altitud de las sierras cordobesas permitió la influencia de ambientes vecinos con la llegada de especies patagónicas y de la región chaqueña confiriéndole condiciones ecológicas particulares y por su lejanía con ambientes similares, el ecosistema funciona como una verdadera “isla biogeográfica” debido al aislamiento al que fue sometido.

La fauna de la región.
Dentro de los animales que podemos observar los primeros que se hacen notar son las aves que nidifican en su mayoría en el suelo entre los pastizales de las pampas de altura o en los roquedales. Podemos encontrar el inambú o perdíz de la sierra, perdiz chica, remolineras, zorzal chiguanco, el gaucho cola blanca, chingolo, yal plomizo, pico de plata y la loica o pecho colorado grande de color rojo intenso, que se desplazan en pequeñas bandadas bajo la atenta mirada de un “vigilante”que les advierte de un peligro cercano con un fuerte silbido.
También podemos visualizar los carpinteros campestres, dormilonas, loros y durante la noche, los búhos y lechuzas se hacen presentes donde cazan roedores y otros pequeños animales.
Las rapaces como el águila mora, águila coronada, aguiluchos y halcones son las dueñas absolutas del cielo junto con los jotes y cóndores que actualmente, a estos últimos se los han agrupado taxonómicamente dentro del grupo de las cigüeñas y hasta algunos especialistas en aves las denominan cigüeñas negras de patas cortas.
Dentro de los mamíferos podemos citar al puma, gato montés y gato del pajonal de difícil observación ya que son animales desconfiados y precavidos. Mientras que la liebre europea, cuises, coipos y varias especies de ratones son más visibles a lo largo de una caminata por la región. También es posible observar al zorro colorado de Achala, zorro pampa, zorrinos y hurones en los densos pastizales donde cazan.
Las bajas temperaturas que caracterizan esta zona no son propicias para los animales poiquilotermos como los reptiles y anfibios y por ende es escasa su biodiversidad. El lagarto de Achala, la culebra listada, culebra verdinegra, y la falsa yarará resultan inofensivos para los humanos pero la yarará ñata que también está presente es un ofidio que conviene evitar y tomar precauciones al levantar o remover rocas de la zona pues estas son usadas como refugio. Dentro de los anfibios encontramos endemismos como el sapo de Achala, ranita de Achala y el escuercito de Achala productos del aislamiento geográfico de este ambiente.

La flora del lugar.
La vegetación predominante de las sierras son los pajonales altos de Festuca, Poa y Stipa y en menor abundancia encontramos bosques de tabaquillo procedente del norte de los Andes junto al maitén u orco-molle de origen andino-patagónico en el piso superior serrano en las quebradas y laderas pronunciadas. El tabaquillo o Polylepis australis posee una corteza en láminas característica que los hace inconfundible aún para personas con poca experiencia en árboles. Algunos la asocian con hojas de tabaco y de allí proviene su nombre (Polylepis = muchas escamas, australis = por su distribución austral). Al ser la única especie leñosa importante en esta región fue sometida a una intensa explotación. Su leña no es de buena calidad pero los serranos la utilizan en la cocina. Su humo deja en las ollas y paredes una sustancia negra gomosa que se parece al alquitrán. Las ramas sirven para teñir la lana de color beige, el tronco como bramadero (palo para atar los caballos) y como cabriadas en dormitorios y galerías. La combinación del uso doméstico, ramoneo del ganado e incendios provocados para perseguir al puma ha reducido notoriamente su abundancia y la necesidad de conservar esta especie por los beneficios escénicos y ecológicos que ofrece fue considerada para la conservación de estos ambientes con la creación de un parque nacional y reserva provincial que alberga los bosques más importantes. Otro esfuerzo de conservación es el proyecto de Reforestación de las Sierras Grandes que se propone detener los procesos de erosión hídrica mediante su plantación. Los bosques y pajonales tienen un alto valor como protectores del recurso hídrico ya que evitan la pérdida por escorrentía, evaporación directa y contribuyen a captar agua de la lluvia y la neblina y los suelos al ser profundos y poco compactos permiten una buena absorción del agua.

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“Este cerro representa, en la mayoría de aquellos que caminan por primera vez su entorno, un primer desafío importante de trekking. Es el punto de inicio de una pasión por las montañas que no se termina, como recorrer de un sendero a una cumbre que conecta con la siguiente, como un portal de vida que nos conduce a un destino que nos marca para toda la vida”

Camino a la cumbre.
Volviendo a la senda y a las palabras de nuestro relato, al día siguiente iniciamos el ascenso a la cumbre donde el gusto de la victoria hace sentir en lo más alto de córdoba con una vista extraordinaria al Valle de traslasierra.
Una vez arriba, la sensación es tan grandiosa como la vista panorámica que se abre a los pies del cerro. En la cima se siente que, efectivamente, el cielo está más cerca donde las nubes y los pájaros son los únicos testigos de lo que pasa allí. También podemos observar una cruz que resiste estoicamente los embates del viento, un banco alto que hace de mirador donde algunos que intentan vencer el vértigo se animan y una pequeña laguna en el centro de la cumbre.
Luego de las fotos de rigor emprendemos el descenso hasta el caserío de donde partimos y esperar el asado de despedida que nos brindaran en la cena.

Desandar el camino recorrido.
El regreso a Villa Alpina inicia temprano luego del desayuno y los saludos de agradecimiento a la gente del lugar. El descenso es tan suave que permite una vista más clara del camino recorrido durante el ascenso y la vista es amplia durante todo el trayecto. Cerca del mediodía llegamos a destino y luego de cargar las mochilas en el vehículo emprendemos la vuelta a Villa Gral. Belgrano dejando atrás un paisaje con caminos de tierra y piedra que nos conducirá en una próxima salida a caminar nuevamente un cerro que se hace extrañar y nos invita a ser habitado nuevamente.

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Carreras de aventura

Vanina Darino, la mejor argentina en el Trail de Mont Blanc 2017

febrero 6, 2018 — by Andar Extremo0

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Vanina Darino lejos de ser una atleta profesional, se considera una apasionada del deporte que además de trabajar y dedicarle tiempo a su familia, le gusta correr. En la competencia de Trail más prestigiosa del mundo, y acompañada de sus afectos, logró ser la mejor argentina en 100 km. En esta nota, nos cuenta de su experiencia única, y cómo llegó al icónico Mont Blanc. Nota en la revista n° 48

101 km (CCC) Courmayeur, Italia a Charmonix, Francia
Por Andar Extremo
fotos Vanina Darino

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Cuándo comenzás a correr?
Soy de Bolívar, y en la escuela teníamos atletismo. A los 12 años nos empezaron a hacer el Test de Cooper, y me fascinaba, así que mi papá me acompañaba en el auto, y yo corría en el campo una hora, netamente por placer. Cuando llegué a La Plata para estudiar, ya tenía a mi hija Brenda, y retomé recién en el año 1995. En ese momento practicaba 8 o 10 kilómetros. En el 2007 ingresé al grupo de Santiago Achucarro y allí inicié las competencias. En 2009 hice el Cruce Columbia y distancias de 27 km como Adventure Race. En 2011 empecé con las ultra, le señalé a mi profe que quería hacer 84 km de Patagonia Run y me dijo: –vos estas re loca, hiciste sólo maratones de calle y querés hacer un ultra en la montaña? Y bueno, me anoté, y gracias a Sebastián Pascuas que me dio mucha confianza, la corrí. Había tenido distenciones en la rodilla, periostitis tibial crónica y empecé con el gimnasio. Cuando llegué a lo de Seba, en 20 días desapareció todo, y me cambió el plan de entrenamiento. El crecimiento fue notable. Ese mismo año corrí los 100 km de Tilcara.

Te metiste de lleno en la actividad…
Sí, de lleno, pero siempre lo hice por hobby. Soy una aficionada total. Tengo trabajo, familia grande, y mis hijos son la prioridad. Hago el esfuerzo, busco el momento, pero no me desvío de mi vida. No puedo decir: me voy a entrenar el fin de semana a Tandil, o viajo tantas veces por año a la montaña o a la sierra. Tengo que acompañar a los chicos, que hacen deporte. Siempre estoy al lado de ellos los fines de semana. Entreno a conciencia dentro de mis tiempos y posibilidades. De martes a domingo corro y hago dos días de gimnasio. Mi objetivo no es ganar porque la cabeza me juega en contra. Me mato entrenando para ir a las carreras, dejar todo, y no sufrir. Me gusta disfrutar.

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Cómo fue ese primer ultra de 84 km en 2011?
Increíble. Fui mentalizada e hice mucha logística. Tenía todo pautado: cuándo comer, cuándo tomar, cuándo parar… fui demasiado pendiente del reloj. Eran muchas horas de noche y para mí era algo nuevo. Sabía que mi carrera empezaba a la mitad, a unas 6 horas y pico. La última parte fue un poco más fácil, aunque ya venía medio agotada. Cuando miré el GPS y vi 42 km, le empecé a dar con todo. Lo que nos pasa a los que entrenamos en el llano, es que tenemos la ventaja de correr mucho, y en subida pueden pasarme, pero en bajada el ritmo es buenísimo. Entré tercera en la categoría y cuarta en la general, y en Tilcara el mismo año, llegué primera. En ese evento no sabía cómo iba, eran 200 personas pero terminamos sólo 25. Estábamos a 4000 metros. La gente llegaba descompuesta. Recién en la llegada me enteré de la posición.

Cómo te hidratás y alimentás en carreras tan largas?
En general no como, me cae muy mal. En la mayoría de las carreras que participé, o hace exceso de calor o muchísimo frío y si como me descompongo, tengo que ir al baño todo el tiempo, y me genera deshidratación. En el 2012 fui a ver a Jorge Roi porque al entrenar 6 o 7 veces por semana, necesitaba suplementarme. Empecé a prepararme batidos proteicos con carbohidratos, aminoácidos, etc. Eso suplió la comida. Cuando tengo una carrera, según la altimetría o los kilómetros, preparo bolsitas que van en la mochila y dicen: tramo 1, tramo2, etc. Tienen sales, proteínas, hidratos, aminoácidos y vitaminas. Si no hay mucha amplitud térmica, puedo llegar a comer unas gomitas o un puñado de frutas secas, alimentos livianos. También puedo tomar alguna sopa.

Cómo llegas a participar en Mont Blanc?
En 2011 cuando corrí mi primer ultra trail, me dijeron que había una carrera épica en Mont Blanc y la empezamos a ver y sumar puntos. Sabíamos que era dura y mientras sumábamos, nos preparábamos. En el 2012, me faltaron dos puntos porque corrí carreras y no pude terminar ninguna, en una me apune y en la otra me cortaron en un Pc. Llegué con los puntos para 2015, pero un mes antes tuve una bacteria que se llama fiebre reumática y por riesgo cardíaco el médico me dijo:- no podés correr. Seguí sumando puntos, pero como no llegaba este año a los 160 km, hice 100 km.


Cómo viviste estar en la carrera de Trail más importante del mundo?

Te juro que lloré, porque una vez que llegué con los puntos tenía que salir sorteada. Imagináte que de 15000 corredores sólo iban a correr 2500. Únicamente de pensarlo me emociono. Fue muy importante el apoyo familiar. Brenda y Hernán, mis hijos, se anotaron en los 15 km, y el más chico, Matías, se anotó allá.

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Cómo es la organización en este tipo de carreras?
Yo ya había corrido un Trail en Canarias que también auspiciaba North Face, y es increíble. La organización está en todo, no sólo con los corredores sino también con los que acompañan. La gente desde acá te puede seguir y saber el minuto a minuto por las redes sociales. Es impecable. En Mont Blanc trasladaban a los acompañantes para que vean a los corredores. Hay unos micritos que todo el tiempo te van llevando. Este año agregaron videos y después te envían las imágenes de la largada y de los puestos.

Las largadas de las categorías eran en diferentes lugares?
Según la distancia. Si corrés 160 km (UTMB) iniciás en Chamonix y llegás a Chamonix, es la vuelta entera. Todas las carreras terminan ahí. Los 101 km (CCC) salís de Courmayeur, los 56 km (OCC) en Orciéres, los 119 km (TDS) también en Courmayeur y los 290 km (PTL) en Chamonix.

Cómo fue esa largada?
Te acomodan según los puntos ITRA que sumaste. Yo estaba en el primer bloque de atrás, con mi familia. Fue muy emocionante. En un momento me dejaron, la música empezó a sonar fuerte, y me movilizó saber lo que luché para ir…me pasaban mil cosas por la cabeza, no paraba de llorar. Me costó mucho estar allí. Una vez que salí del pueblo, a uno dos kilómetros, logré largar el aire y la angustia emotiva, y conecté con la carrera.

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En los puestos de abastecimiento tenías ropa de recambio?
Había un puesto al que podías mandar tu equipo a los 55 km. Yo recién me cambié en el kilómetro 70, porque venía muy mojada. Me puse pantalón obligatorio y buzo. Los elementos que había que llevar eran: campera rompeviento de 10000 columnas de agua, otra finita, pantalón impermeable, remera térmica manga larga, un botiquín con teyping y alimento. Yo corro con mochilas Ride Ligth y también llevo dos linterna con doble batería cada una, dos Petzl foto lumínicas. Tardé 21 hrs y al estar oscuro, lloviendo, me consumí las baterías enseguida. En el kilómetro 70 cuando me asistieron, venía de correr 15 km bajo el agua, congelada y a punto de hipotermia. La señora del puesto dejó pasar a toda mi familia. Los 4 me cambiaban, me daban de tomar en la boca, me hacían comer chocolate y queso, y lo toleré, no me di cuenta que comí. Matías me ponía la linterna… me sentía en boxes. Me enteré de todo por un video. Cuando lo miro, lloro.

Cómo fue ese encuentro con tu familia?
En el primer puesto que te podían ver era el km 55, luego en el 70, después en el 84 y en la llegada. Sabía que por la logística de la carrera, iba a llegar al km 55 entre las 19 y las 21 hrs pero llegué dos horas antes de lo planificado. Como me seguían por la aplicación, sabían cómo venía. En todos los puestos Matías me esperaba 2 km antes, y me acompañaba. Me tiraba posición, kilómetros, altimetría. Fue un asistente de lujo. Una vez que llegaban los demás, me ayudaban. Tomaba una sopa caliente, me acomodaba y salía rápido. Cuanto más rápido te acomodás, más tiempo ganás.

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Cómo te reaccionaba el cuerpo con tantos kilómetros?
Hasta el km 55 iba bárbara, a los 70 la pasé bien, después me empezó a molestar la espalda. Las piernas siempre bien pero del bastoneo me dolía hasta la piel.

Cuándo supiste que eras la primer argentina en llegar?
En el km 84 los chicos me lo dijeron, alguien desde Argentina se los había mandado por mensaje. Eso me motivó, pero como iba con lo último intentaba mantenerme. Cuando llegué, lo confirmé. Fue un alegrón total. Éramos 40, y entré tercera: 2 hombres y yo.

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Cómo fue la llegada?
Matías me esperó 4 km antes. Venía muy mal, haciendo arcadas, ya no me bancaba los batidos. Él me decía lo que me faltaban porque ya no me funcionaba ni el GPS. Venía caminando mucho. Cuando empezamos a entrar en el pueblo, me emocioné y arranqué a correr el último kilómetro. Aunque era de madrugada, había un montón de gente saludando a los corredores. La llegada fue terrible. Estaban mis hijos, mi esposo…no me salía ni llorar por el agotamiento. Fueron secuencias en mi cabeza. Después, en el hotel, me relajé y lloré como loca. Los mensajes, la gente acompañando, mi familia desde acá… todo muy emotivo.

Fue un punto de inflexión esta carrera?
Después de esta carrera empecé a bajar distancias. Me quiero sentir más relajada, no buscar ni puntos ni sorteo, acompañar a mis amigos o a mis hijos. Era mi máxima aspiración esta carrera. En mi casa empecé a correr, y ahora la mayoría del núcleo familiar corre, nunca lo voy a dejar de hacer. Te da bienestar, conexión, liberación, felicidad.

Qué zapatillas usás?
Compito con Salomon Slab Sense, entreno con Adidas Response Trail, en calle las Adidas Maraton 10 y las Asics Noosa

Agradecimientos
A mi familia que me banca, mis profes que me dan la seguridad: Santiago Achucarro y Sebastián Pascuas, a Jorge Roi por guiarme en la alimentación, a mis amigos de acá, a los de Bolívar, Bariloche, España y Francia, que están pendientes y son mi orgullo.

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“Nunca voy a dejar de correr, te da bienestar, conexión, liberación, felicidad”

Montañismo

RÉCORD FEMENINO EN EL ACONCAGUA, DANIELA SANDOVAL

enero 31, 2018 — by Andar Extremo0

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La ecuatoriana de tan solo 26 años marcó un tiempo increíble de 20 horas y 17 minutos, casi dos horas menos que el récord anterior de brasileña Fernanda Maciel. Esta nueva marca se suma a la supremacía ecuatoriana en récords en el techo de América. Recién bajada de la montaña una entrevista exclusiva de Andar Extremo.

por Marcos ferrer

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Desde Andar Extremo siempre seguimos a sus coterráneos Karl Egloff (récord de ascenso en velocidad por la ruta normal) y Nicolás Miranda, récord de ascenso en velocidad por la por la 360), con el récord de ayer su nombre pasará a la historia del montañismo, recién bajada del cerro y feliz por su logro nos dio una entrevista.

Cómo surgió la posibilidad de hacer un récord en el Aconcagua?
Yo fui siempre muy seguidora de Nicolás Miranda y de Karl Egloff, siempre fui corredora de carreras de aventura y en un ascenso en Ecuador al volcán Cayambe fue Nico que me vio y me entusiasmo. Luego fue en el Chimborazo, que íbamos en una cordada a 5000 metros, me solté empecé a correr y me tiro la idea de venir al Aconcagua. Y si Nico Miranda te dice que tenés las condiciones y que estas para intentarlo. Me ilusione mucho.

Cómo se fue gestando el récord?
A partir de allí, entrene duro para esto. Imagináte que yo vivo en Quito, rodeada de montañas, así que hace dos años nace el sueño del Aconcagua.
Ni bien llegue a este gigante la aclimatación fue caminar los 25 km de Horcones a Plaza de Mulas, dormimos en Mulas y de allí quisimos tirar cumbre y a 300 metros un temporal nos hizo descender.
Bajamos e intentamos hacer el récord a los dos días esto fue el domingo y nuevamente los vientos eran tan fuertes, soplaban a unos 100 km/h, que no nos dejaban avanzar casi en el mismo lugar a unos 300 metros de la cumbre en una travesía tuvimos que desistir y bajar.
Pero creo que todo esto nos dio un poco de conexión y me hizo tener en claro donde tenía que poner la cabeza.

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Esperas bajarle tanto tiempo el récord de Fernanda Maciel?
Fernanda en 2016 realizó el trayecto en 22 horas y 52 minutos, tenía pensado ponerle como top, de 18 a 19 horas. Pero el Aconcagua es una montaña muy dura y las 20 hs 17 minutos estuvieron más que bien.

Cómo fue el récord?
Venia de casi hacerlo dos días antes, pero el lunes y el martes a la madrugada luego en un día espectacular y una noche con luna llena las condiciones eran óptimas.
Salí de Horcones a la una de la mañana con una Lycra, un buzo, dos pares de medias, zapatillas, la Petzl Nao y un litro de agua luego de 4 hs 16 minutos llegaba a Plaza de Mulas donde me esperaba Nico, allí me puse las botas, el pantalón de plumas, la campera, el gorro y los guantes, comí algo rápido y salimos para arriba.
De Plaza de Mulas a Cumbre casi unas 8 horas llegue a cima 13:35 minutos del Martes 30 de Enero, de la cumbre a Plaza de Mulas en unas 2 horas 50 minutos. Comí en Mulas una media hora estaba cansada y demoré unas 4 horas a Horcones llegando pasadas las 9 de la noche.

Qué sentís de este logro solo a horas de haberlo realizado?
En realidad este record fue lo más grande que hice en mi vida, me hizo descubrir nuevas sensaciones, yo era muy corredora y me hizo ver la montaña como andinista. Creo que este aprendizaje de vida increíble me va a hacer programar mis nuevos logros que seguramente van a ser en montañas también.

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Supervivencia

SOCORRISTAS DE LA NIEVE, CERRO CHAPELCO

enero 30, 2018 — by Andar Extremo0

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En esta nota realizada a 1750 msnn, en el Cerro Chapelco, Juancho Ibañez nos trae las entrevistas al jefe de la patrulla de rescate del Cerro Chapelco, Miguel Righetti, y a Jorge Mena y su perro rescatista Neo. Desde San Martin de los Andes, Provincia del Neuquén, les contamos cómo se trabaja en búsqueda y rescate, en el sur Argentino. Nota en la revista n°48

Por Juancho Ibañez
Fotos, Guillermo Suarez

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Entrevista a Miguel Righetti

Miguel, cómo está conformado tu trabajo y cuántas personas tenés a cargo?
Tengo a cargo tres áreas: patrulla, servicio de pisado con máquinas pisapistas y fabricación de nieve con cañones. En total son veintidós patrulleros, siete maquinistas y dos cañoneros.

A qué se dedican los cañoneros?
Ellos manejan los cañones que son alimentados por reservorios de agua. Éstos funcionan a temperatura ambiente y húmeda (bulbo húmedo, bulbo seco). Cuando baja a -2 grados centígrados se puede fabricar nieve, y de ese modo, el Cerro Chapelco la tiene garantizada toda la temporada en la cota desde 1500 mts hacia abajo con la red de cañones.

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También están las máquinas?
Sí. Hay cinco máquinas modelo Pistenbully 300, de origen Alemán. La función de las mismas es pisar las pistas y dejarlas óptimas para el primer esquiador que suba. El trabajo se hace desde las 17:00 PM hasta las 2:00 AM. Al igual que los cañoneros, trabajan en la misma franja horaria, siempre que las condiciones climáticas lo permitan.

Cuál es el trabajo de los pisteros socorristas?
El personal está capacitado y habilitado para trabajar desde el socorrismo hasta la prevención de accidentes, sumado el balizaje tanto en las pistas como en fuera de ellas.

Tienen una especie de camilla pero con esquíes?
Se llama barqueta, es una camilla adaptada para bajar heridos de la montaña. Puede estar apoyada o no, eso depende de la situación del rescate.

Cómo empezaste esta actividad?
Nací acá. Esquío desde los cuatro años. Estuve en el Club Lacar tradicional de San Martín de los Andes. Fui instructor de esquí pero en 1992 opté por ir a la patrulla. Trabajé en Europa y en Andorra. En el 2002 quedé a cargo de los patrulleros en el Cerro Chapelco y en el 2010 ya era jefe de pistas, pisteros socorristas, maquinistas y cañoneros.
Miguel detiene la entrevista para tomar sus binoculares, porque hay un esquiador que se cayó en la pista llamada Del Filo que es de color roja. De inmediato da la orden y envía un grupo de pisteros socorristas al lugar. Ya resuelto el inconveniente, el esquiador fue trasladado a la base del cerro y Miguel da una recomendación imprescindible:
Es fundamental que las personas esquíen de acuerdo a su nivel, y que no olviden que están en la montaña y deben adaptarse a esa situación. Hay muchos que subestima las alturas. Es necesario que pregunten siempre al equipo de patrulla, cómo son las condiciones si van a esquiar fuera de pista. Ésta es la única forma de pasarla bien y disfrutar.

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Entrevista a Jorge Mena

Después de realizar esta nota, me dirigí a la cota 1600mts para encontrarme con Jorge Mena y su perro Neo.
Jorge, cuál es tu función?

Desde el 2007 soy pistero socorrista en el Cerro Chapelco, aunque crecí en el equipo de patrulleros porque mi padre lo era y aprendí a esquiar con ellos. Trabajo en invierno en Argentina y, en lo que sería el verano acá, me voy a trabajar a los Pirineos, Andorra.

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Dónde entrenaste a Neo y cuál es su función?
Neo es un Pastor Belga Malinois de 27 meses de edad. Esta raza es oriunda de la Ciudad de Malinas, Bélgica y hoy en día es la elegida por excelencia para uso militar, policial, de búsqueda y rescate. Se destacan por energía, fuerza, olfato y lealtad. Antes tuve un Border Collie que a nivel inteligencia son 11 puntos sobre 10. Neo está formado en el Principado de Andorra y lo titulé en los Alpes franceses a 3600mts de altura, en condiciones muy duras, específicamente para la búsqueda y rescate de víctimas de avalanchas. Puede trabajar en grandes áreas y entre escombros. El entrenamiento consiste en desde muy cachorros, educarlos para que asocien sus juguetes (herramienta de búsqueda) y en forma progresiva, eso lo trasladamos a cuerpos. Le realizamos búsquedas cada vez más lejanas, hasta llegar al punto de poner a la persona debajo de mucha nieve, donde el perro rastree su juguete y lo asocie al olor humano. De esta forma y después de mucho entrenamiento y sacrificio, se logra formarlo. Es importante que las personas que estén fuera de la pista, lleven ARVA (Aparato de rastreo en búsqueda de avalancha), que sirve tanto para emitir o buscar una señal, e indica dirección y metros. Hay que aclarar que en el Cerro Chapelco nunca se registran avalanchas ni hemos tenido situaciones parecidas porque los pisteros nos encargamos de cortar las placas de nieve para que no suceda. Por eso siempre digo, es mejor tenerlo a Neo y no usarlo, a tener que usarlo y no tenerlo.

En Argentina, cuántas estaciones de esquí, además del Cerro Chapelco, tienen perros con esta certificación?
Con esta certificación llamada ANENA, que tiene 40 años de experiencia (Asociación Nacional de Estudio de la nieve y de las Avalancha) y es francesa, son sólo tres perros en Latinoamérica de los cuales uno está en Portillo Chile, el otro está en Penitente Mendoza, y Neo, acá en Chapelco. Hay otros equipos con perros, pero con otra certificación. Teniendo en cuenta lo que señalo, soy un agradecido a mis padres porque desde los 11 años sabía que quería tener un perro de rescate y me apoyaron en eso.

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AguaKayak

Aleksander Doba, Tercer Cruce Transatlántico a los 71 años, en Kayak

enero 29, 2018 — by Andar Extremo1

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El kayakista oceánico Aleksander Doba, aventuró su cuerpo de 71 años por tercera vez y, con un nuevo kayak, atravesó el Atlántico en un viaje de 7700 kilómetros. Salió de Nueva York el 16 de mayo pensando finalizar en Lisboa pero los vientos decidieron otro final, empujándolo a Francia. Después de unos días a la deriva, finalmente llegó a Le Conquet el domingo 3 de septiembre. Nota en la revista n° 48

VIEJO LOBO DE MAR

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Agotado pero feliz logró completar su tercer transatlántico en kayak, en un lapso de 7 años. Uno se podría preguntar si existe un remero más intrépido en el mundo que elija por tercera vez estar solo durante 110 días surcando las aguas del Océano Atlántico. La lógica es obvia para “Olek” (así lo llaman a Aleksander Doba), no tiene ataduras y sí mucha convicción.
A poco de su llegada, el atleta polaco siempre optimista y decidido, que había ignorado todo tipo de sentido común y precaución, terminó su exitoso tercer cruce. Sólo tres remeros lograron este viaje en la historia: Franz Romer en 1928, Hannes Lindemann en 1956 y Peter Bray en 2001. Doba es el cuarto y único que cruzó tres veces el Atlántico.
El primer intento fue fallido. El 7 de mayo salió con su kayak de fibra de vidrio reforzado de 23 pies de largo (7 metros) y un metro de ancho, y con un bote insumergible de 750 kilos con carga (450 kg vacío) llamado “Olo”. Los percances comenzaron casi de inmediato: se encalló cerca de la costa de Sandy Hook e inmediatamente fue remolcado lejos de la tierra. En ese proceso, casi vuelcan el kayak. Durante los siguientes cuatro días, Doba avanzó cerca de 100 kilómetros hacia el este por su propia potencia antes de alejarse de la costa. Hizo un parate en tierra, comió bien y buscó equipo nuevo. Finalmente partió el 16 de mayo.

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“Mi cuerpo se ve un poco viejo, pero adentro mi corazón y mi mente son jóvenes”

En los últimos 37 años, el experimentado kayakista ha registrado 100.000 km en el agua, incluidas las circunnavegaciones del lago Baikal (1900 km) y el mar Báltico (4200 km). En su primer viaje transatlántico de 99 días en 2011, atravesó Dakar, Senegal, Acala, soportando semanas de tormentas. Durante su segundo intento de 167 días en el mar, hizo desde Lisboa hasta New Smyrna Beach, Florida, en 2014, y navegó en círculos dentro del Triángulo de las Bermudas. Luego tuvo que detenerse en una isla para reparar el bote. El kayakista, ingeniero químico retirado que saltó en paracaídas y voló planeadores antes de comenzar a navegar, nunca perdió el entusiasmo por cruzar el Atlántico.
El equipo en esa oportunidad no estuvo de acuerdo. El constructor de yates polaco Andrzej Arminski, quien construyó Olo con una quilla y una superestructura, temía que el kayak se rompiera en mares del norte. Caracterizó el tercer intento transatlántico como “suicida”. Consideraba que los difíciles vientos alisios que vuelan hacia el oeste a través del océano no le permitirían a Olek terminar la travesía. Sin embargo, ninguna de esas preocupaciones lo sorprendió.
Doba había probado este cruce transatlántico en 2016, he inmediatamente luego de la partida, una tormenta le dejó inutilizado los equipos electrónicos y debió ser rescatado.

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Su intento en 2017 a través del Atlántico fue una búsqueda de redención. En este viaje pasó por 4 grandes tormentas y rompió su timón que fue reparado con la ayuda de un barco. En una de las primeras que ocurrió en junio, trató de dormir a pesar de los vientos de 75 km/h y olas de 10 metros. Desafortunadamente su compartimento de dormir, hermético y estrecho (apodado “el ataúd”), carecía de la ventilación y lo obligaba a subir cada 15 minutos, abriendo la escotilla para tomar aire.
En otro caos climático, el aparejo de ancla de Olo había torcido gravemente algunos de los herrajes clave del timón. Doba manipuló el sistema de dirección para mantenerse cerca del rumbo, aunque hizo un progreso incoherente durante tres largas semanas. El 30 de junio estaba a más de 3200 km de Lisboa. Necesitaba ayuda pero un rescate era muy costoso. Por suerte, el capitán de un buque de carga con destino a América Central se apiadó de él, lo saco del mar, y su tripulación hizo la reparación. Varias horas después, y con una comida caliente, volvió al Atlántico. La asistencia causó que pierda toda esperanza de establecer un récord mundial Guinness para el viaje más largo sin ayuda en kayak o canoa.

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A principios de agosto también lo castigó el clima, con ráfagas de 100 km/h y los mares estaban blancos de tantas olas. A pesar de eso, se mantuvo positivo. Él siempre dice que es un 150% optimista y lo días malos un 100%.
La comida que utilizaba era iofilizada: estofado con verduras, pollo y pasta con salsa boloñesa. Su kayak estaba armado con desalinizadores y paneles solares, remaba desnudo cuando hacía mucho calor, entre 5 a 12 horas al día.
Al acercarse al continente Europeo, fue derivado hacia el noreste. El 3 de septiembre, después de navegar un tramo incierto del Canal de la Mancha, Olo aterrizó en la ciudad portuaria francesa de Le Conquet.

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No obtuvo el récord Guinness pero logró su objetivo de ir de continente a continente. Viajó un 25 por ciento más de lo que podría indicar la ruta. Ahora quiere pasar tiempo remando con miembros de su asociación local de kayak polaco, y contarles las historias del viejo lobo de mar a sus tres pequeños nietos, sabiendo que las grandes aventuras del abuelo Olek pueden continuar aún. “Me quedan 29 años antes de cumplir los 100”, dice Doba,”mi cuerpo se ve un poco viejo. Pero adentro mi corazón y mi mente son jóvenes”

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“Siempre soy un 150% optimista y los días malos, un 100%”

Tres Cruces del Atlántico en 7 años
2010 Dakar a Senegal en Acarau, Brasil.
2014 Lisboa, Portugal, a Port Canaveral, Florida
2017 Nueva jersey EEUU a Le Conquet Francia
Aleksander Doba fue galardonado con el premio National Geographic Aventurero del Año en 2015

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Fuente Andrew Tilin Outside Mag

Escalada

Escalada, 22 días en el Pico Sin Nombre, Brasil

enero 25, 2018 — by Andar Extremo0

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Fernanda Lupo y Marcio Bortolusso se lanzaron a una serie de seis aventuras inéditas y extremas que comprenden el marco del Proyecto 6 Hard Xpeditions. Sitios inhóspitos, diferentes deportes, conciencia ambiental y trabajo científico, son las cualidades de esta travesía. La primera expedición, escalada al Pico Sin Nombre, les demando 22 días en el mes de agosto en una zona impenetrable al sudeste del territorio Brasilero. Nota en la revista n° 48

6 HARD XPEDITIONS

por Marcio Bortolusso y Andar Extremo
entrevista a Marcio Bortolusso
fotos Fernanda Lupo, Marcio Bortolusso y Kelvyn Medeiros

Marcio, pionero en el fotoperiodismo de aventura, y Fernanda, alpinista experimentada, viven en el Archipiélago de Ilhabela. Desde allí partieron para realizar su primer desafío, una de las aventuras más intensas de sus vidas: la escalada de la imponente y hasta entonces virgen, cara suroeste del “Pico Sin Nombre”, una de las más impresionantes y aisladas montañas de la extensa Serra da Mantiqueira. Con largas laderas rocosas y con más de dos mil metros de altitud, la zona se encuentra sin vías de escalada.
A pesar de que su cumbre ya ha sido alcanzada años atrás por otros exploradores, a través de una exigente caminata por su cara menos empinada, esta montaña se mantiene como una de las últimas de Brasil con más de dos mil metros de altitud.
Después de un fallido intento de escalar en 2009, cuando fueron obligados a abandonar las pendientes del pico después de 11 días de fuertes lluvias y tormenta de rayos, la pareja esta vez contó con la valiosa ayuda de los escaladores Diego Moreira y Kelvyn Medeiros, Club de Escalada y Montañismo de Angra dos Reis. A pesar de eso, en la aproximación por la floresta, Fernanda tuvo una dislocación del hombro que la obligó a un descanso forzado pudiendo escalar recién los últimos días.

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Sólo para llegar a la pared de piedra y transportar los 170 kg de equipo, necesitaron 7 largos días. El camino cerrado por la vegetación fue complejo. En la etapa inicial, debieron abrir camino y luego transportar todos los vivieres a la base del cerro, escalando árboles para una mejor visión en la mata, arrastrándose sobre grietas, trepando por raíces en paredes con precipicio, y equilibrando mochilas en turnos que superaban las 12 horas diarias.
Bajo un riesgo constante durante el trabajo vertical, necesitarían fijar las protecciones de seguridad tan distantes que posibles caídas resultarían en vuelos de más de 40 metros y, para castigar aún más la motivación del grupo, llovió. El mal tiempo los obligó a bajar los cerca de 300 metros escalados y las varias horas de pista accidentada, para aguardar una nueva oportunidad, momento en que desafortunadamente Diego y Kelvyn necesitaban regresar a casa debido a otros compromisos y abandonaron la expedición.
Después de 13 días de descanso en el campamento base, milagrosamente el hombro de Fernanda se recuperó y, un poco desnutridos (llegaron a perder 5 kg cada uno), con cortes y hematomas en el cuerpo, decidieron invertir las ultimas energías en una intensa jornada que se extendió hasta completar 24 horas ininterrumpidas de escalada. Esfuerzo que valió la pena, ya que al atardecer sus ojos registraron la cumbre del majestuoso Pico Sin Nombre.

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“Ir más allá, buscar esa gratitud que te da hacer deportes en la naturaleza… cosas para contarle a los nietos hasta los últimos días”

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Entrevista de Andar Extremo

Cómo inician el primer desafío?
La escalada del Pico sin Nombre fue en la región sudeste de Brasil, entre Minas Gerais y Sao Paulo. Ahí está el cordón de la Mantiqueira que tiene muchísimos kilómetros. Como ciudad grande se encuentra Passa Quatro a unos 40 km, y nosotros nos dirigimos hacia la zona rural de Marmelópolis. Allí estuvimos en la casa de un campesino llamado Alfonso que nos dejó armar base, entre gallinas, cabras y chanchos. Preparamos los 200 kg de equipamiento, y empezamos a achicar el equipo. Llevamos menos chapas, menos cuerdas hasta llegar a unos 170 kilogramos.

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De allí a la pared, a qué distancia se encontraban?
En 2009, para causar el mínimo impacto, no abrimos un sendero en la selva. Este año, estuvimos los tres primeros días sin llevar equipo, sólo abriendo sendero y buscando aproximarnos a la pared. Esta región es sensible. Como está protegida no se puede hacer varias cosas. Es una lucha hacer la actividad en otros lugares que están rodeados por empresas mineras que rompen todo, entonces esta zona la defienden. Para que la gente haga escaldada tiene que haber uno que pase primero, así que con mucho cuidado íbamos abriendo la vegetación para hacer un pequeño pasaje. De tanto caminar se fue marcando. Estuvimos una semana para llegar a la base de la pared del Pico sin Nombre de los cuales: tres fueron en navegación, 2 de porteo de los 170 kg en mochilas y tachos de plástico y luego, dos más volviendo. Hacíamos de 12 a 15 hrs de actividad por jornada. El camino era accidentado. No estábamos lejos, a lo sumo 5km, pero había pendientes verticales con peñascos y vegetación. Esos 10km de ida y vuelta lo hacíamos en todo el día.

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Una vez que estuvieron en la base, cómo continuaron?
Esta cima la lograron hacer unos exploradores unos años atrás pero por otro camino menos técnico, ingresando por el Pico Dos Marins. La sierra de la Mantiqueira tiene tres picos importantes y el más visitado es éste, que tiene vías de escalada y una senda para caminar a la cumbre. Allí también abrimos vías. Por ese lado, es fácil acceder por un sendero al Pico sin nombre. Ahora fuimos por el valle, cruzando ríos, subiendo y bajando para llegar a la base. Fue difícil.

Qué largo tiene la pared de la ruta?
Tiene unos 400 metros de escalada y, a lo último, 200 metros más que vas con la cuerda pero caminás y escalás como en cuatro patas “A la francesa” se lo llama aquí, en Brasil.

Cuando Fernanda se rompió el hombro, estuvieron cerca de hacer cumbre con Diego y Kelvyn?
Faltaban 2 días, no tan cerca, a 100 metros, y se largó a llover mucho como tres jornadas. En 2009 con Fernanda habíamos abierto 150 metros. Ahora, cuando se lesionó, escalamos esa distancia y abrí otros 60 metros. Kelvyn hizo otros 60 metros, y Diego hizo la mitad de un tramo, 30 metros. Allí los chicos se tuvieron que ir y Fernanda se recuperó. Hicimos juntos los 3 tramos que quedaban hasta la cumbre.

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Cómo fue ese último tramo?
Estuvimos 24 horas continuas: escalamos, caminamos, hicimos cumbre, sacamos fotos, pero sin tiempo. No teníamos ni 5 minutos, al final tuvimos que cambiar las chapas oxidadas del 2009 en los últimos 150 metros de rapel. En total estuvimos 15 días en la pared.

Cuál era el objetivo de esta expedición?
Mi trabajo tiene dos frentes. Unos es el bienestar personal, ir más allá, buscar esa gratitud que te da hacer deportes en la naturaleza… cosas para contarle a los nietos, no arrepentirme y recordar hasta los últimos días, esta forma de vida que da sentido a todo. La segunda, poder dejarle algo a la sociedad, como desarrollar actividades en la región: ecoturismo, turismo sustentable. Te doy un ejemplo: una vez ascendimos la mayor ruta en Brasil en Piedra Riscada por 8 días, fue muy cansadora, una vía que a pesar de algunas tentativas aún se mantiene sin repeticiones. La medida entre las chapas de seguridad eran de 26 metros, con 9 de los 22 tramos, sin protecciones y podes llegar a caer vuelos de 60 metros, es como hacer una escalada libre sin cuerdas. Luego, estuvimos 15 días más en la región visitando campesinos, y en conjunto con autoridades y biólogos estuvimos haciendo un inventario de fauna y flora que contribuyo para hacer un “tombamiento” de la piedra como patrimonio natural todo esto un año después. “Tombamiento” es un término que se utiliza en Brasil, para generar la protección de áreas para la posteridad. Algo inédito para nuestro país y para ese lugar fue muy importante, porque se logró y hoy está protegido, y varios escaladores de todo el mundo van a Piedra Riscada. Entonces, se ven dos objetivos claros: el deportivo y la preservación del entorno para un turismo sustentable. La ciudad que está cerca, ya tiene más hoteles y paradores, donde albergan nuevos turistas locales y del mundo. En esta oportunidad fue muy importante porque la idea es valorizar esta zona de Pico Dos Marins, que es un objetivo que tengo desde hace más de 20 años. Deseo transformar esa región, en uno de los más importantes polos de escalada tradicional de Brasil junto con zonas importantes como Marumbi, cerca de Curitiba, y Tres Picos cerca de Salinas en Rio de Janeiro.

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Cómo fue la última escalada con Fernanda?
Fue fantástico hacer esta pared con mi compañera. Si bien vivimos momentos de tensión, cuando ella guiaba había tramos donde podría haber volado 24 metros, con la piedra rompiéndose en sus manos. Realmente estuvo muy bueno que se haya recuperado de su hombro porque no podríamos haber terminado la vía.

Qué fue lo más duro de esta expedición?
El peso y la distancia, transportar todo. Fue mortal a veces caminábamos solo 30 metros y teníamos que sentarnos. Nos cansábamos mucho. Después de los 22 días, cuando llegué a Ilhabela, teníamos como agujas clavadas en el hombro y eso luego se transformaban en cuchillos. No podíamos ni movernos, estuvimos como un mes con dolores. Otra de las cosas duras fue la temperatura, no hace frío como en la Patagonia pero es muy húmedo y te podés agarrar hipotermia. En invierno tenés – 10 y en verano 3 o 4 grados.

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6 Hards Xpeditions llevas dos travesías?
Hicimos esta escalada, nos preparamos un mes y luego, 40 días en ríos de Amazonia en kayak. Ese mes intermedio se pasó rápido. Tuvimos que terminar las imágenes, hacer textos, mostrar materiales a los sponsor, conseguir los kayaks rotomoldeados (porque no había en Brasil), preparar los equipos, obtener permisos. Fue una locura. Ahora se viene una expedición de buceo por cavernas que depende mucho de las condiciones del mar y de las cavidades submarinas. El mar tiene que estar muy tranquilo. Con espeleólogos, vamos a hacer un relevamiento nacional de cavernas. Debajo del agua se ve todo: las entradas a las cuevas, los posibles sitios arqueológicos, se pueden medir las profundidades. Es una expedición que estará muy buena. Pensá que hay entradas a cuevas que tienen sólo medio metro de agua arriba, entonces el mar tiene que estar súper tranquilo, porque es posible pasarla mal. Estamos haciendo más cursos de buceo profesional y luego, cuando comencemos la expedición, hay que hacer como los surfistas de olas grandes: esperara el momento. Y cuando esté terminando ésta, empezamos una expedición de canyoning y barranquismo. Luego, haremos ultramaratón por cientos de kilómetros y terminaremos con una travesía de Stand Paddle en unas islas.

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Tuvieron apoyo de marcas?
Los últimos 8 años estuvieron muy difíciles en Brasil y conseguir apoyo costó. Estuvimos realizando el proyecto por seis años y estuvimos un año entero en Sao Paulo en reuniones, golpeando puertas. Por suerte tuvimos el apoyo de importantes marcas, porque se dieron cuenta de la pasión que le ponemos.

Tienen pensado qué van hacer con el material de estas expediciones?
Ahora subimos todo al sitio web y entregamos material a muchos multimedios y para 2018, tenemos pensado hacer un documental tipo serie de tv y un ciclo de conferencias. Todo esto con el fin por supuesto de hacer algo más grande en 2019.

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www.6hardxpeditions.com

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Carreras de aventura

Ultra Machu Picchu Trail, Cusco, Perú

diciembre 15, 2017 — by Andar Extremo0

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El UMPT se realizó el 25 y 26 de marzo en Cusco, Perú, donde corredores de toda Sudamérica transitaron en este mítico e histórico lugar. Las opciones para enfrentar los caminos incaicos fueron de 15 km, 30 km, 70 km y 100 km. Roxana del Cid, participó en los 70 km y realizó el circuito en 9 hs 38 minutos consagrándose ganadora de la competencia. En una entrevista para Andar Extremo, nos cuenta su experiencia. Nota en la revista n° 47

Por Andar extremo entrevista a Roxana Del Cid
Fotos Patricia Pérez Gasquet

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Cómo fue correr un Trail en Machu Picchu?
Correr en otro país ya es importante como corredora, porque iba a representar a Argentina. A eso se sumó el tema del desnivel de la carrera, que se desarrolló arriba de los 4000 metros y hacía mucho más difícil el desafío. Es increíble la cultura incaica, milenaria y la carrera transcurría en el segundo camino del inca. El recibimiento de los diferentes corredores de Sudamérica género una comunión de energías. Correr en el templo sagrado como le dicen ellos, te transmite mucho respeto. Lo único que pensaba era llegar a la meta en las mejores condiciones, ya que estoy acostumbrada a correr 21 km. Fue una preparación nutricional, cardiología y física importante. Poder terminar el ultra primera, fue una felicidad.

Pensabas que ibas a tener ese nivel?
Venia de un enero y febrero en no muy buenas condiciones, recuperándome de una fatiga muscular, entonces tomé muy conservadora la carrera. Venía corriendo, cuidando las sensaciones, y esa fue un poco la estrategia de esta competencia viendo cómo iba a responder con el frio y el viento. Para mí era nuevo, lo tomé con calma y quería llegar. A medida que fue pasando vi que el cuerpo se adaptó, iba primera. En los puestos me iban diciendo que venía bien, y fueron pasando los kilómetros y esa sensación de que no querés que se termine. Faltándome 10 km me relajé y la disfruté mucho.

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Hizo frío?
Salimos con – 5 grados y tuvimos la charla técnica el día anterior con sol. La salida fue a 3900 metros y llovió desde la madrugada anterior. Los caminos se desmoronaron y tuvimos inconveniente para llegar por los senderos de montaña, a la largada.

Qué indumentaria llevaste?
Como no sabíamos bien el clima, llevé calza larga, abajo la corta, y pantalón impermeable. Bien abrigada: gorra, guantes, campera impermeable… por los menos para llegar a la cumbre de la carrera sin estar muy mojados.

Cada cuánto había hidratación y con qué te complementaste?
Hubo a los 5 km, después hice unos 15 km más, Sólo iba con la bolsa hidrante que llevé. Hubo dos puesto más hasta el 45 y después de allí, al km 70. Igual siempre llevo 2 litros más en una botella chica. Tomé sales isotónicas y 7 geles.

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Cuál fue tu primer carrera de aventura?

Fue en 2004 cuando se estaban terminando el circuito YPF, General Belgrano. Fue mi primer carrera. Entrenaba en Olimpo, un gimnasio de City Bell, un compañero me dijo si quería correr, y de allí no pare más.

Cuáles son tus tres zapatillas favoritas?
Brook modelo Canadá, Saucony Trail y Asics Fuji, las que probé aparte de Columbia y Salomon.

Cómo fue tu evolución en las carreras de allí hasta ahora?
Fue fuerte… no me imaginaba así, agradecida de correr. Siempre quise hacerlo, no tenía la posibilidad y me costó mucho… Fue mucho sacrifico, hoy en las redes se ve la sonrisa pero no el trasfondo. Misma la carrera de Perú, fue trabajar duro para poder hacerla. Por eso es muy gratificante sacar buenos resultados.

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Cuál es tu proyección a futuro?
Lo primero que se me viene a la mente es poder potenciar, y que las carreras lleguen a muchos niveles y nos sólo a un sector. Veo gente muy chica, que está bueno que se meta en el running, no únicamente por la meta o por un podio, sino que ésto tiene que ver con la familia, la unión de la gente. Correr lo puede hacer cualquiera, es ponerse zapatillas. Me gusta contagiar esta actividad. Después, me gusta hacer todo tipo de deporte, me gusta remar, me gusta la bici, la uso de medio de locomoción.

Cómo ves el nivel del Trail en Argentina?
Están creciendo masivamente las distancias de arriba de 70 km, están cada vez más fuertes. Hoy todo el mundo entrena a conciencia, planificar objetivos, proyectan carreras.

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Mountain Bike

La Carretera Austral, La Vida de Viaje, Primera Parte

diciembre 12, 2017 — by Andar Extremo0

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Andres Calla y Jimena Sánchez se aventuraron a los 1247 km de esta rica y bella carretera. El primer relato de una serie, donde nos cuentan el inicio de la travesía “Al Sur del Sur”. Nota en la revista n° 47

Por Jimena Sánchez y Andrés Calla
Texto y fotos

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Dejamos atrás el cruce de los Andes y el lago del Desierto. Estamos en Chile en el puerto de Candelario Mancilla, a punto de subir las bicicletas a un barco, mientras un marinero agarra una soga para sujetarlas en la proa. Entiendo el mensaje subliminal e imagino la batidora que se avecina, pero es la única forma de llegar al kilómetro 1250 de la Carretera Austral. Si bien ahí termina esta ruta escénica, para nosotros es el comienzo. En el fin está el principio de todo.
Definitivamente este barco es un zamba. En una tele pasan un documental del sur de Chile que dura casi todo el viaje —deben de ponerlo para que no pensemos en barcos a la deriva, Titanic, Leonardo Di Caprio y esas cosas—, pero casi todos nos quedamos dormidos al minuto 30. A esta altura, poner el cerebro y los sentidos en “modo avión/barco” debe ser un mecanismo de defensa para escaparnos de la realidad.
Arribamos al puerto, acomodamos las alforjas, nos sacamos la foto con el cartel de bienvenida “fin de la Carretera Austral” y estamos listos para salir hacia Villa O’Higgins, pero… nos falta un pedal. Sí, llegó el día de pedalear los primeros kilómetros de la Carretera Austral y la bici de Andrés está renga. El cruce a Chile desde el Lago del Desierto había dejado cicatrices en el equipo, e hicimos lo que se hace con este tipo de problemas en estas latitudes patagónicas: improvisar y tratar de resolver la situación. Sacamos la soga naranja flúor de su hamaca paraguaya —comentario de color por fuera de esta crónica: quiero que sepan que la usó solo dos veces en todo este viaje— y esta vez no me queda otra que dejarme remolcar. Hacemos 8 kilómetros y llegamos a la Villa casi a oscuras.
En la galería de El Mosco (camping donde nos quedamos dos días) hay más de cinco bicicletas estacionadas, cubiertas desgastadas colgadas de la pared, alguna que otra alforja usada y apilada en una de sus esquinas y un sinfín de portaequipajes rotos. Es como un cementerio de bicipartes: toda una señal de lo que está por venir. Santos —un brasileño que está arrancando su viaje por la Carretera—, Nelson —un chileno de unos 50 años que junto con su mujer acaban de terminarla— y un holandés —que no sabemos de dónde viene ni a dónde va pero con su corto español entendemos que está preocupado por su calentador que no funciona—, se convierten en nuestros consejeros para ver cómo solucionamos el gran dilema gran de la bici de Andrés.
El gabinete sesionaba en la cocina todas las opciones posibles desde la más simple hasta la más compleja, y cuando el silencio anticipaba un problema que no se iba a poder resolver, un chiste destrabó el enigma:
Nelson: —che, Holandés. Hoy dormí con tu bicicleta, no sea cosa que mañana cuando te despiertes le falte una parte jajaja.
Holandés: —jaja yo tengo que seguir pedaleando, ¡por qué no le das tu bicicleta que vos ya terminaste!
Silencio en la sala.
Japón se queda pensando. ¡Eureka! A desarmar la bici de Nelson.
Nelson gira la multitool asegurándose de que todos los tornillos queden en su lugar,mientras la palanca empieza a reconocer su nuevo cuerpo. Andrés se sube, da una vuelta manzana y nos da el visto bueno a todos. Tener este problema solucionado en un pueblo donde la bicicletería más cerca está a 234 kilómetros es todo un logro. Ahora sí estamos listos para empezar a rodar por la ruta escénica de la Patagonia chilena: la Carretera Austral.

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Los primeros kilómetros son una sucesión de momentos en estéreo: subidas de ripio cortas pero intensas. Árboles y plantas de cuatro verdes diferentes. Hojas del tamaño de orejas de elefantes. Puentes colgantes con tirantes de metal. Ríos sin nombre. Ríos con nombre. Una curva larguísima con un lago que tiene el mismo sonido que el mar. Mosquitos grandes como moscas. Montañas con glaciares colgantes. Piedras gigantes derrumbadas Colibríes que hacen con sus alas el mismo sonido que un flipbook. Flores rojas, amarillas y blancas en la banquina. Cinco cascadas en una misma montaña. Cascadas que salpican y pasan por debajo de la ruta. Pajaritos panzones y curiosos que se acercan sin miedo. Cortes abruptos en paredes de piedra y líneas que atestiguan el paso de los glaciares que ya no existen. Subidas de ripio eternas con caída libre a la mismísima nube. Viento que hace bailar a los árboles. Muchísima lluvia
Buscamos un refugio para protegernos de la cortina de agua que cae sin piedad sobre nosotros, cuando decidimos abortar la misión. Nos dijeron que está cerca del kilómetro 50, pero ya vamos 53 y nada. Estamos cansados y la ropa impermeable nos pesa, queremos sacar la carpa y armarla en cualquier lugar cuando vemos una arbolada a menos de un kilómetro. Si ahí llega a estar el refugio nos quedamos, y si no, también. Pedaleamos ya sin fuerzas y con el humor en su punto de ebullición, cuando nos damos cuenta de que no hay ningún refugio pero sí un puesto. Mientras los perros ladran nuestros pasos, se asoma por la ventana un hombre con boina negra y camisa marrón que nos hace señas para entrar. “El refugio está a un kilómetro sí, pero no debe de quedar leña seca, pueden pasar la noche acá”.
Entramos al puesto, está calentito. Colgamos la ropa en unos palos de madera que están por encima de la cocina económica mientras silba una de las tres pavas. “Yo sé lo que es pasar frío, a veces voy pa’ la montaña y paso días empapao”, nos cuenta Don Beta, el gaucho que cuida estas 40 hectáreas y las 150 vacas que están pastando a la redonda. Pierdo la cuenta de la cantidad de mates que nos tomamos mientras charlamos sobre su trabajo en el campo, los cicloturistas que ve pasar por la ventana en verano, sus días como cocinero, guardaparque y puestero; las “señoras” que hacen muchas cosas a la vez y que por eso se les pasan las tortas fritas, las internas con su socio, la radio que nunca enciende para no dar noticias de dónde está ni qué está haciendo, los sonidos para llamar a su caballo y a sus perros cuando sale a arrear vacas, cómo un puestero debe hacerse valer y no sé cuántos temas más hasta, que nos sirve un té y un plato de carne tierna con cebollita picada. Nos da su habitación para que descansemos y él se queda sentado en la silla desde donde nos contó la historia de su vida.

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Nos despertamos y sigue lloviendo, no paró en toda la noche. Parece que la nube está estacionada arriba del puesto de Beta sin querer moverse. A las 9 de la mañana y con mate en mano, limpia la mesa, agarra la harina, unos huevos y con las manos empieza a preparar la masa para unas tortas fritas. La deja leudar y una vez lista la estira con su palo de amasar improvisado —una botella de ron añejo—, la corta a ojo tirando diagonales con una simetría casi matemática, y sumerge cada torta en una olla. “Yo no las hago con aceite porque se te pegan los dedos, las señoras las hacen así pero quedan más sequitas con grasa de vaca”. Al rato están listas y no podemos resistirnos a la tentación de probarlas mientras conversamos sobre la tradición del mate en Chile. Con Beta dan ganas de quedarse charlando, pero al mediodía acomodamos el equipo, guardamos diez tortas fritas en una bolsa y nos despedimos del primer personaje de este viaje.
Los próximos 50 kilómetros caminamos y pedaleamos por igual, nuestro estado físico no está en su mejor momento. Las subidas son largas y empinadísimas y las pupilas aprovechan el paso lento para colgarse de las alas de los cóndores, del sonido de las cascadas y de los glaciares colgantes. Subimos no sé cuántos metros hasta que la lluvia empieza a apurar nuestros pasos. Cuando se larga el diluvio, decidimos frenar al costado de la ruta e improvisar un techo con el cubre de la carpa y los bastones de trekking. Tomamos un té caliente, comemos unos panes con miel y las tortas fritas de Beta y al rato, cuando para un poco, volvemos a andar. Le pido al cielo que pare de llover, pero no me escucha.
Al kilómetro 45 el GPS marca que faltan más kilómetros de los pensados para llegar a Puerto Bravo, desde donde sale la balsa para cruzar a Puerto Yungay, y hacemos el último esfuerzo del día con el estímulo de saber que la noche nos espera en un refugio. Después de más curvas, más subidas y más lluvia, llegamos. Un cicloviajero abre la puerta y nos saluda en inglés mientras apoya su ropa mojada sobre su bicicleta. Su novia está adentro, sentada en un banco y con la bolsa de dormir como acolchado. Mientras nos cambiamos y armamos un tender con unos sunchos, el chico agarra su guitarra y empieza a tocar unos acordes. Quien iba a pensar que íbamos a terminar el día con un acústico en primera fila.

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Al otro día nos levantamos temprano y mientras guardamos el equipo llega un micro con turistas que nos miran y nos sacan fotos como si fuésemos piezas de un museo. Llega la barcaza y empieza a chispear. La lluvia en estos pocos días fue tan intensa que Andrés y yo necesitamos un respiro. Ni bien llegamos a Puerto Yungay, el cielo esta vez parece que sí escucho nuestras plegarias porque no solo salió el sol sino que además hace calor. Los primeros diez kilómetros son en subida y siendo el tercer día de pedaleo consecutivo, las piernas responden con diferencia horaria. Caminamos más de lo que pedaleamos, alcanzamos el punto más alto y empezamos a bajar hasta la ruta que llega a Caleta Tortel.
Durante estos kilómetros tobogán nos terminamos de enamorar de la Carretera Austral. Hay una frase de Darwin que dice: “todo en este continente austral ha sido calculado a gran escala” y eso es exactamente lo que pasa acá: todo es exagerado, la tierra salvaje, las montañas escarpadas, el agua rebalsa y se filtra como ríos buscando el océano. De este tramo no sacamos ni una foto: hubiese sido como poner en pausa el final de una película que te atrapó durante toda la trama o frenar una montaña rusa en un rulo lleno de adrenalina. En la cabeza nos quedaron grabados:
los árboles altos como rascacielos
la velocidad en las curvas
las rocas y sus cascadas escondidas a la izquierda
el precipicio con troncos color ceniza a la derecha
la ruta que serpentea y dibuja una S perfecta
mi cara de “pedalear esta ruta fue una de las mejores decisiones de mi vida”
la cara de Andrés de “quiero volver a subir para volver a bajar”
nuestros ojos brillosos
nuestra sonrisa de alegría

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Los 20 kilómetros que siguen nos hacen saltar: hay mucho serruchito y piedras grandes como cascotes. Algunos autos nos pasan tan rápido que nos envuelven de polvo. La última subida se nos hace interminable hasta que llegamos al estacionamiento de Caleta Tortel: acá se dejan los autos, las camionetas, las motos y hasta las bicicletas porque no hay cemento ni calles ni veredas ni plazas. Hay pasarelas de ciprés y pérgolas como puntos de encuentro con vista a los fiordos chilenos.
“En este pueblo parece que la gente se esconde. Mientras la lluvia retumba en los techos de madera, por las pasarelas no se asoma ni un ojo. Lo recorremos con la mirada: es una geografía en eterna construcción. Al ciprés ya no le crecen más ramas porque su descendencia fue hecha pueblo. El avioncito de madera que sobresale de un techo, la cocina económica que se oxida en el muelle, el perro que olfatea el mallín, las chimeneas que forman nubes y las pérgolas que miran a los fiordos. Todo eso al mismo tiempo y en modo random. Los turistas salen a caminar por la tarde, los mercados aprovechan para ofrecer verduras, panes amasados, duchas de agua caliente y botellas de ron. Poquito a poco el sol le guiña el ojo a la luna y la noche se apaga. No hay luz artificial y hasta las estrellas se callan” (anotaciones en mi cuaderno de viaje, febrero 2017).
Continuará…

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Tecnología

INOV-8, IT’S BACK!

diciembre 12, 2017 — by Andar Extremo0

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Una de los mejores marcas de zapatillas todo terreno

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Inov 8 nació hace 14 años y a pesar de su relativa juventud, es ya un claro referente en el mundo del Trail Running. Su filosofía de calzado es clara, los responsables de la marca apuestan por una zapatilla ligera, más respetuosa con el movimiento del pie y que además favorezca una técnica de carrera natural.

No utilizan suelas populares en sus zapatillas como hacen la mayoría de los fabricantes, apuestan por suelas propias y ahí radica gran parte de su éxito. La durabilidad y las prestaciones de las suelas de esta marca británica está más que contrastada, especialmente en sus zapatillas más extremas de Trail Running. Fiabilidad, adherencia y agarre, durabilidad, perfil minimalista, gran variedad y excelente diseño
Fundada en 2003, Inov-8 es una de las marcas líderes mundiales de calzado, ropa y equipo. Operando en más de 60 países, diseña productos innovadores de alta calidad tanto para deportistas amantes del Trail como para el desarrollo de actividades fitness o training.
Los orígenes de la marca permanecen firmemente ligados a los fangosos y húmedos terrenos británicos, pero a lo largo de los años, la búsqueda de excelencia en el calzado de Trail Running, han optimizado y desarrollado nuevos productos para satisfacer las necesidades de los muchos terrenos que existen en todo el mundo.
Desde las cumbres montañosas de los Alpes hasta el desierto del Sahara y la Antártida, Inov 8 ha llegado a una sola verdad: la interacción de los atletas con el medio ambiente es el factor más importante en el diseño de productos.Teniendo esto muy en cuenta e impulsado por el deseo de ofrecer una innovación centrada en el atleta, la línea de productos abastece a todos los terrenos.
Actualmente bajo la propiedad de Descente, fabricante japonés de ropa deportiva con una historia de excelencia de 80 años, y con el fundador de Inov-8, Wayne Edy, todavía en el corazón de la innovación de productos, el futuro está lleno de emocionantes posibilidades.
La marca ofrece diferentes tipos de calzado de acuerdo al terreno a ser utilizado. Las categorías son Nieve, Fango o Arena, Piedra o Roca, Sendero. A su vez dentro de cada división de terreno ofrece un modelo categorizado como “Speed” para corredores más técnicos y rápidos que buscan un calzado liviano y con menor drop y otro modelo categorizado como “Endurance” con un nivel de amortiguación y protección del pie superior para corredores menos experimentados.-
El reconocimiento Internacional de Inov 8 está en la altísima calidad de las suelas debido a su grip (adherencia) y flexibilidad. INOV-8 ofrece los calzados más livianos del mercado para cada una de las categorías de terrenos. Con respecto a la Argentina, en esta primera etapa, Inov-8 se enfocará en el calzado de Trail Running.

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Los modelos a comercializar en Argentina en esta etapa son:
X-Talon 212; X-Talon 225; X-Claw 275; Trailtalon 250; Trailtalon 275; Roclite 290; Roclite 305; Roclite 305 GTX (Gore-tex); Roadtalon 240.

+info en www.inov-8.com
FB: www.facebook.com/inov8latam
www.facebook.com/INOV8run/
Distribuidor DEWIN Pro :
www.dewinpro.com Puntos de Venta.

Mountain Bike

Paso Mayer, 43 Cruces de Los Andes en Bici

diciembre 11, 2017 — by Andar Extremo0

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“Nación Salvaje” el nuevo nombre de los viajes que emprenden Javier Rasetti y Marisol López. En esta entrega, nos cuentan la primera parte de la experiencia del cruce Paso Mayer, un lugar raro, desolador y aventurero, por donde se lo mire. Nota en la revista n° 47

por Marisol López
fotos Javier Rasetti

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Voy a hablarles de un lugar que no existe, y lo haré despreocupadamente, sin calcular ventajas o desventajas literarias. Voy a contarles la historia de un paso donde el único camino posible es invisible al ojo humano, porque se va construyendo metro a metro a medida que se lo recorre. Voy a tomarme libertades necesarias, absurdas e incoherentes, como: la voz ronca y erudita de un bosque generando opiniones o la picadura mortal de una araña que se volvió alacrán. Voy a tener que hacerlo…tomarme el atrevimiento de pasearlos por un mundo que no existe. Al terminar, antes de posar mi dedo en el punto final que defina el relato, voy a buscar en el espacio en blanco, su mirada incrédula, expectante o acusadora, para asegurarles de frente y sin rodeos que yo, una vez estuve ahí.

El camino invisible
Mientras hablaba, levantó la mano y apuntó hacia uno y otro lado, completamente indiferente a nuestras miradas que atentas desde el otro lado del escritorio, seguían cada uno de sus movimientos, buscando en ellos alguna señal decisiva, tal vez el sonido de un martillo determinando una sentencia.
“El puesto de gendarmería está justo del otro lado, por ahí, en línea recta, pero la verdad es que yo nunca fui. La mayoría de los que vienen así como ustedes, intentan cruzar pero después se pierden y tienen que volver.”
Nunca le preguntamos su nombre, era el carabinero de turno la tarde en que llegamos al puesto Chileno del Paso Mayer y, su actitud desinteresada ante todas nuestras dudas e inquietudes sobre aquel camino misterioso, nos hizo comprender de inmediato que Mayer era un paso muy distinto a lo que estábamos acostumbrados. Aún no lográbamos deducir qué tipo de dificultades nos esperaban, pero la sensación era clara e intensa, sea cual sea, nos iba a correr los límites.
Al día siguiente, la mañana despertó nublada y fría. Aún entredormida estiré los brazos por fuera de la bolsa de pluma, y me llevé las manos a la cara. El tacto era áspero, pero eso no me resultó extraño. Acaricie mis labios paspados y subí un poco más hasta llegar a los ojos para frotarlos con fuerza – despertáte Sol, despertáte – repetí para mis adentros batiéndome a duelo con los sueños.
“¿Todavía seguís medio dormida, no?” – me pregunto Javi mientras estábamos parados en la entrada del puesto de carabineros con las bicis cargadas y dos mochilas grandes sobre la espalda. Recién cuando me hizo esa pregunta pude volver a la realidad. Aquella otra parte de mí, mecánica e inconsciente, me había hecho el favor de trasladarme hasta el lugar en donde me encontraba y entendí que ya era hora de hacerme cargo. Abrí grande los ojos y miré por primera vez, lo que no esperaba más adelante:
A lo ancho y largo de todo lo que nos rodeaba se extendía el colosal cause de un río que no era uno sino miles de pequeños y serpenteantes brazos de él. Quise decir algo pero el viento frío me seco la boca que aún permanecía entreabierta, y las palabras quedaron mudas. Estábamos frente a un camino invisible, trazado por ingenieros sencillos y anónimos, que habían ganado sus títulos a costa de pieles curtidas y arreo de animales.

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“Hay un puente de un baqueano. Van a tener que encontrarlo, el rio está muy crecido y ese puente es la única forma que tienen de cruzar.” Esa había sido la última información del carabinero antes de despedirnos, y aquellas palabras no cesaban de reproducirse en nuestras mentes, mientras la vista buscaba algún indicio, huella, minúscula pista, que nos permita descifrar la dirección que debían tomar los primeros pasos. Nada apareció y tuvimos que actuar: nos sacamos las botas y avanzamos descalzos, guiados por una capacidad que había pasado inadvertida a lo largo de nuestras vidas, pero que en ese momento se volvió una herramienta vital para poder continuar, la ilimitada capacidad de la intuición. Al principio, el caminar fue torpe y lento, el tacto frío del agua, la piedras hundiéndose en las plantas de los pies y la inquietante sensación de ir construyendo el camino en cada nueva huella que dejábamos, nos volvía precavidos e indecisos.
“Por acá, Sol, vamos por la izquierda, intentemos subir y agarrar por el bosque”, Javi me hablaba con el agua lodosa tapándole las piernas hasta las rodillas, mientras avanzaba concentrado, analizando el terreno, con la vista atenta en el presente inmediato y los obstáculos a atravesar, pero con la preocupación y la curiosidad intentando anticiparse a lo que vendría más adelante. Así fue como de a poco dejamos atrás el lecho del río para encaminarnos hacia un horizonte de Mallín, donde la marcha se tornó aún más lenta y difícil. La superficie tenía una apariencia de pastos verdes e indefensos, pero bastó con hacer algunos pocos metros para que el terreno se vuelva una especie de arena movediza de barro que nos succionaba con fuerza, transformando cada movimiento en una lucha agotadora.
Tiramos las bicis donde pudimos, y nos separamos en distintas direcciones con el objetivo de encontrar la manera de sortear el Mallín y descubrir alguna otra alternativa de itinerario posible. Y en ese momento fue cuando las líneas del mapa que íbamos trazando se detuvieron de golpe y enloquecieron, creando dibujos incomprensibles que daban vueltas sin sentido de un lado a otro, volviendo la cartografía de nuestro recorrido un disparate de líneas hacia ningún parte.
Después de varias idas y vueltas, trepé entre árboles por una lomada y encontré un rancho deshabitado del que salía una senda que subía en dirección al bosque. Corrí, corrí muy fuerte por ella, con la mirada ansiosa e inquieta de haberla encontrado, deseando profundamente que siga, que no se termine, que sea más que huella, que se vuelva la oportunidad que necesitábamos. Llegué agitada hasta toparme con el bosque donde la senda se volvía más fina y menos perceptible, volví sobre mis pasos y corrí nuevamente pero esta vez en dirección opuesta para buscar a Javi y mostrarle la posibilidad de que la líneas del mapa vuelvan a retomar su rumbo.
Fuimos a buscar las bicis, nos pusimos las botas, y tomamos el camino que finalmente nos internaría en el bosque.

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Relato de un bosque
La ilusión que nos conquistó el cuerpo cuando encontramos el sendero, se esfumó rápidamente apenas recorrer los primeros metros de aquel bosque. Estábamos envueltos en una espesura verde y frondosa. La luz del día se había vuelto tenue y selectiva, iluminando sólo los sectores que esa inmensa arboleda se lo permitía, y dejando todo el resto bajo sombra y humedad.
“Se terminó el camino Sol”, dijo Javi. No fueron palabra dichas a la ligera, antes de que se tome el derecho de pronunciarlas, habíamos realizado un rastrillaje exhaustivo del terreno, llegando una vez más a la única y repetida conclusión con la que habíamos partido y que al parecer nos estaba costando asimilar: en Mayer no hay camino.
Miramos el bosque inquietos, era hermoso y agresivo, me lo transmitían la forma de sus plantas silvestres, las ramas bajas tapando el paso, sus raíces deformes cubriendo todo el suelo. Era uno de esos bosques que inspiran respeto, un rebelde, un ermitaño, un salvaje. “Quizás nos ayude” – le dije a Javi con la mirada hacia arriba apuntando a la copa de un árbol, mientras internamente un deseo ridículo se apoderaba de mis ideas. Ojalá, ojalá pudiera saber de qué forma nos está viendo el a nosotros ahora:
Primero apareció el hombre. Venía algo transpirado y con la mirada alerta. Llegó hasta el tronco de un árbol para apoyar su bici, volvió sobre sus pasos y dio un grito fuerte que me agarró algo desprevenido:-” ¡¡¡Sooool!! “. Al otro lado, abriéndose entre ramas y árboles, una voz de mujer le respondió de inmediato -” Sí, acá Javi… ya voy, ya voy!” . Ambos se movían muy despacio, controlando cada paso que daban como si algo crucial pudiera definirse en ello. Mientras caminaban, no apartaban su mirada de mí, estudiándome minuciosamente de arriba a abajo y de uno a otro lado, con sus ojos grande y abiertos. Por alguna razón yo los ponía nerviosos, era evidente, me tenían un respeto inesperado que hasta llegaba a resultarme algo exagerado y gracioso. Se detuvieron y charlaron. Intenté descubrir qué edad tendrían, parecían jóvenes, pero algunas arrugas en su frente y al costado de los ojos no me dejaban definirlo con exactitud. Los había visto de todas las formas: gordos, altos, musculosos, de edades y colores, pero ninguno de esos factores me parecía relevante. Siempre me habían generado ese inevitable sentimiento de compasión. No debería ser fácil tener la responsabilidad de una vida tan corta… 80 o 90 años con suerte. Por eso, intentaba no juzgarlos, aunque no lograra entender la dualidad de sus actos y esa continua contradicción que los caracterizaba y los hacía llamarse humanos. Tenían miedo, un miedo atroz que los volvía vulnerables y tontos, que los apartaba de las cosas simples y reales para llenarlos de trivialidades innecesarias. Yo creo que le temían a la muerte, a sentirse débiles o vulnerables, por eso necesitaban la arrogancia, llamar la atención sin importar el costo, gritarle al mundo de lo que son capaces haciendo un esfuerzo desmedido por mantener posturas que sólo ellos llegaban a comprender. Yo los veía como pequeños brotes, con apenas unos cuantos siglos en el planeta, creciendo muy lentamente. Unos pequeños y complejos brotes a los que les faltaba más experiencia para lograr entender el lugar que ocupan y, a los que les quedaba un largo camino para llegar a sentirse en paz.

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“¿Y si seguimos por acá, parece que hay una huella marcada después del río? Qué pensás vos?”, le decía a Javi relajada, queriendo ocultar los nervios que se acumulaban en el estómago. Eran las 3 de la tarde y ya habían pasado más de 6 horas desde que habíamos salido del puesto de Carabineros. El avance se hacía cada vez más complejo.
Apoyamos las bicis prestando mucha atención al lugar exacto donde las dejábamos y nos fuimos a buscar opción que nos permita continuar. Después de cruzar varios ríos, seguimos algunas huellas de animales esperando que puedan aportarnos una dirección más concreta del rumbo, pero tampoco funcionó. Estábamos perdidos, dábamos vueltas sin sentido, seguíamos insistiendo, yendo y viniendo de uno a otro lado, pero el tiempo pasaba sin encontrar soluciones. La preocupación se incrementaba y el puente parecía una fantasía inalcanzable. Llegamos hasta un nuevo río y mientras yo me sacaba las botas para cruzar, Javi dio tres saltos rápidos y llegó al otro lado.
“Voy a ver más adelante. Ya vuelvo”, me gritó y se alejó corriendo.
Apenas lo vi desaparecer empecé a desatarme los cordones con mayor prisa. No me gustaba la idea de separarnos demasiado, perderse en ese lugar era mucho más probable de lo que estábamos acostumbrados y teníamos que tener cuidado de no confiarnos más de la cuenta. Javi no lo vio así. Terminé de cruzar el río, lo espere un rato largo y no apareció. Intenté calmarme, convencerme de que llegaría en cualquier momento y aguardé un rato más. Después de 40 minutos, él seguía sin volver. Me puse a gritar pero nadie me respondió, sólo se escuchaba el sonido del río y las ramas de los árboles sacudiéndose por el viento. Un escalofrío penetrante me recorrió el cuerpo erizándome la piel. Caminé hacia donde lo había visto alejarse y seguí la dirección que me pareció más probable. Grité más alto, tomé el silbato de la mochila y lo soplé con fuerza, y seguí gritando:- “Javiii…”. El sonido del bosque me resultó aterrador, no sabía qué hacer. Mi cabeza no dejaba de sacar hipótesis: Y si se perdió?, y si esta lastimado?. Tenía miedo, un miedo distinto al habitual porque era mucho más real y concreto. Intenté recordar exactamente sus últimas palabras: “Ya vuelvo”.

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Nuestro destino podía llegar a cambiar a partir de esa frase. Estaba enojada con él, hablaba sola y en voz alta “cuando vuelva lo mato, cómo me va a hacer esto”: El sonido de mi voz se percibía pequeño e insignificante. ¿Y si no vuelve?, y si realmente le pasó algo? Corrí, corrí hacia ningún lado y grité en un aullido desesperado “Javiiiiii…”
Del otro lado, finalmente apareció su voz:-“Sol, acá estoy”, venía apurado y sonriente. Se acercó y con los ojos brillantes y una sonrisa amplia me informó:-“Encontré el puente”. Yo no sabía si pegarle, abrazarlo hasta que anochezca o dejarme desvanecer para que comprenda el susto que me había hecho pasar. :-“Perdón. ¿Estabas preocupada no?, pero lo encontré, encontré el puente Sol”. Tardé unos minutos en terminar de ahuyentar los fantasmas que me habían gobernado el cuerpo y finalmente lo abrace, feliz de tenerlo conmigo y de que haya podido encontrar el puente.
Mientras regresábamos rápido a buscar nuestras bicis, Javi no dejó de hablar:-“Tuve la seguridad de que lo iba a encontrar, no me preguntés por qué, pero lo sabía, y cuando lo vi no lo podía creer. Igual, mirá que está lejos y hay que atravesar un bosque achaparrado bastante inaccesible para las bicicletas. Pero está ahí, de alguna forma tenemos que llegar…”
A partir de que tomamos las bicis y conseguimos retomar el rumbo hacia el puente, los pasos modificaron su actitud y se volvieron firmes y decididos, bajando y subiendo montañas por rocas y pedregales, atravesando bosques achaparrados, bajos e impenetrables, sin que el cansancio o los obstáculos pudieran resultar un limitante. Íbamos movilizados por el motor más grande que puede darte cualquier aventura que emprendas, la posibilidad de alcanzar el objetivo, la arrolladora emoción de volverla realidad.

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Javi iba por delante abriendo paso. Hizo los últimos metros de bosque hasta llegar a un precipicio, paró de golpe y señaló hacia el rio sin poder disimular el entusiasmo:- “¿Lo ves? Ahí está, llegamos al puente, Sol!!”. Con el cuerpo cubierto de pinches y moretones, me acerqué ansiosa para poder mirarlo por primera vez. Estaba lejos y apenas lo llegaba a distinguir. Tenía el aspecto de un hilo frágil y enclenque, flotando en la inmensidad de la naturaleza. Era el único vestigio del hombre en El Paso Mayer y resistía colgado, meciéndose de un lado al otro, los embates del viento. Fueron apenas unos pocos minutos los que permanecimos parados observándolo, pero fueron los suficientes para que los latidos atenúen su marcha y la inquietud que nos había llevado a las corridas hasta aquel lugar le de paso a la emoción.
“Llegamos Javi! Por fin llegamos!!!”

*continúa en revista 48

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Trekking

Machu Picchu, un trekking al pasado hacia la ciudad de los Incas

diciembre 6, 2017 — by Andar Extremo0

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Los incas, llamados los “romanos de América”, sobresalieron por su arquitectura de líneas trapezoidales, metalurgia con soldadura, red de caminos y unificación lingüística con el quechua. También lo hicieron por su concepción de Estado socialista con la propiedad común de la tierra (aunque la sociedad no era igualitaria) y por el concepto de propiedad privada originada en las recompensas dadas como méritos de guerra. El Estado tenía una estructura piramidal, cuyo vértice lo ocupaba el Inca, hijo del Sol y jefe político, religioso y militar a la vez. Con disciplina y gran sentido de organización, crearon el mayor Imperio y estructura política, antes de la llegada de los conquistadores europeos. Nota en la revista n° 47

Por Tiziana Laborde y Juan Martín Laborde
Fotos Juan Martín Laborde

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El Camino de Salkantay una senda alternativa a Machu Picchu
El trekking a Machu Picchu por el camino de Salkantay empezó al llegar a Cusco, donde pudimos observar restos de los incas mezclados con construcciones de la conquista española. Una salida por los alrededores, nos permitió ver ruinas en excelente estado de preservación como también caminos escalonados, típicos de la cultura.
Salkantay es considerado como una ruta alternativa a Machu Picchu, después del Camino del Inca. Este trekking de 5 días caminando a los pies del Nevado de Salkantay de 6.271 msnm (en quechua “Montaña Salvaje”), es una travesía diferente a la ruta tradicional, y permite apreciar la transformación de paisajes andinos atravesando riachuelos, vegetación de selva tropical, caseríos y tierras de cultivo artesanal hasta legar al Santuario de Machu Picchu.

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Comenzamos a caminar
El trekking se inició desde el poblado, a tres horas de Cuzco. A la mañana, después de un traslado en bus privado hacia Mollepata (2.950 msnm), arribamos para desayunar mientras los arrieros cargaban el equipo en los caballos. Durante el primer día, fue posible recoger vistas panorámicas del majestuoso nevado Salkantay y el Río Apurímac. Pasamos por algunos asentamientos de comunidades andinas y tradicionales como Cruz Pata y Challacancha, donde paramos para el almuerzo, y continuamos caminando por las aldeas de Soraypampa a 3.850 m.s.n.m, donde se levantaba el primer campamento. Luego de una merienda, fue posible realizar una corta caminata a una pequeña laguna de aguas cristalino-turquesas coronada por uno de los glaciares de la cordillera del Vilcabamba y al regreso, pudimos disfrutar de una reparadora cena.
A pesar del frío que nos obligó a ponernos las camperas de duvet, el cielo nocturno en Soraypampa estaba repleto de estrellas y, una vez más, la naturaleza era la gran protagonista.

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Hacia el abra
El segundo día de trekking se inició bien temprano con un entorno aún a oscuras. Los preparativos para la caminata fueron rápidos y lentamente ascendimos desde Salkantay Pampa, a 4.200 m.s.n.m. hacia el Abra, lugar en el que muy pocos andinistas lograron llegar a su cima. Este cerro es famoso por sus constantes e impredecibles avalanchas que han cobrado vidas de varios escaladores.
La pendiente de la marcha se hizo cada vez más inclinada y en algunos casos, fue posible montar a caballo para realizar el agotador ascenso hasta llegar al Abra del Salkantay. Un cartel y las apachetas (piedras agrupadas como marcadores) colocadas por los viajeros, nos indicaron que estábamos a 4.549 m.s.n.m.
Miramos a nuestro alrededor y los glaciares y seracs de hielo que colgaban de los cerros nos parecían cercanos. A unos pasos pudimos llegar a pisar la nieve. También apreciamos otra cara del nevado Tucarhuay, donde disfrutamos de la vista que nos regalaba el Pumasillo a 6.100 m.s.n.m., junto a otras montañas de la cordillera del Vilcabamba.
En ese lugar el viento se hacía constante. Al refugio de grandes rocas dispersas en los alrededores y con el calor del sol, nuestro guía, Elio, compartió una ceremonia ancestral contándonos una historia de hace muchos años, perdida en el tiempo, relatando sobre esas tierras cuando eran parte de un gran imperio.

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La historia nos cuenta
A la llegada de los españoles (año 1532), el Imperio de los incas representaba el punto final de 4000 años de una cultura en desarrollo; proceso que fue paulatino en el que, a excepción de la metalurgia, las técnicas básicas se poseyeron desde la prehistoria. Los orígenes de la civilización se iniciaron en la misma historia del Altiplano (cultura Chanapata que dará origen años después a Tiahuanaco) desde el año 1000, era de las Conquistas Cíclicas con imperios prehistóricos, conseguidos al amparo de una religión de Estado que culminó con la creación del Imperio, hecho más impresionante de toda América indígena con su fundador Manco Capac (año 1200) y Viracocha (1438-1463).
La tradición relata la existencia de trece reyes en sucesión, donde los siete últimos llevaron adelante la conquista del Imperio. La dominación política fue acompañada por la cultural, imponiéndose la lengua quechua, el culto al sol y las costumbres incaicas. Con el fin de controlar los bienes y servicios de sus súbditos, se desplegó un gran aparato gubernamental. La tierra pertenecía al Estado, quien la distribuía lo mismo que al agua, según las necesidades. Se hacía de ella tres lotes: para el templo, para el Estado y para los concesionarios. El lote del templo debía abastecer a los sacerdotes y personas del templo, y las familias de agricultores debían cultivarlo en primer lugar. Luego trabajaban la tierra del Estado y, por último, la que se les había asignado como propia. Los graneros públicos proporcionaban grano a los enfermos y a los que habían tenido malas cosechas. El Estado facilitaba productos de otras zonas lejanas, de modo que el agricultor pudiera hacer uso de lo que no cultivaba directamente. El interés por el bienestar del pueblo, fue considerado como muestra de la benevolencia del socialismo incaico, si bien no significaba que el campesino tuviera un alto nivel de vida.
El Imperio utilizó su potencial humano en grandes obras que incluían además, servicios de correos en las carreteras (chasquis), servicio personal a los nobles, al ejército y a las minas.
Para la seguridad de los chasquis, se estableció una excelente red de carreteras con puentes colgantes. Masas de peones cuidaban de repararlas y existían en ellas postas de refresco para los correos que caminaban con sus quipus y órdenes verbales. Las carreteras eran además, medios de transporte y de guerra. Las comunicaciones por el lago Titicaca, se realizaban con balsas capaces de soportar grandes cargamentos.
La expansión del Imperio fue hasta la muerte de Huaina Capac en 1527, donde comenzó una guerra civil entre sus hijos Huascar y Atahualpa, que utilizaría sagazmente Pizarro en la conquista.

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Descenso a la selva
El trekking continuó en bajada, y con un paisaje que lentamente se iba enriqueciendo de vegetación a cada paso. Pudimos observar cómo los nevados de Vilcabamba nos mostraban una cara diferente a medida que avanzábamos en la ruta.
Dejamos atrás la imponente presencia del nevado Tucarhuay, siguiendo una senda que se dirigía hacia un bosque donde las orquídeas, helechos, mariposas, frondosos árboles y las caídas de agua que se cruzaban por los senderos naturales, nos presentaban una selva. El paisaje cada vez más verde, se apropiaba de las montañas.
El cruce del río Santa Teresa anunciaba la llegada a nuestro próximo destino, Collpapampa, donde la altitud era menor y respirábamos más profundo. Dejamos atrás los nevados, y el bosque nos recibió. Era hora de descansar después de una caminata muy extensa, y la noticia de las cercanas termas calientes de Santa Teresa, era una para el cuerpo.
Al día siguiente, nos adentramos en el bosque hasta tomar el Camino del Inca, que nos conducía en un lento ascenso al complejo de Llactapata. Nos sorprendió una lluvia que por momentos, se hizo intensa. Luego de dos horas, el sol se dejó ver entre las nubes que se disiparon y, en la parte más alta del cerro, logramos divisar el Huayna Picchu y la ciudadela. También pudimos ver lo que llaman “la espalda del complejo inca”, otra mirada y otro camino para llegar a nuestro gran destino final: Machu Picchu.
Continuamos el descenso hasta llegar a la hidroeléctrica. Dejamos atrás los senderos recorridos para caminar durante dos horas y media, rodeados de montañas, ríos y bosque a la vera de las vías del tren por un sendero que conducía al pintoresco pueblo de Aguas Calientes.

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Llegada a Aguas Calientes y visita a Machu Picchu
En Aguas Calientes la actividad empezó muy temprano y, luego del desayuno, nos dirigimos a conocer Machu Picchu. Como su nombre lo indica en la lengua quechua, Machu Picchu (Montaña Vieja) es el nombre que se da a un antiguo poblado andino construido antes del siglo XV en el promontorio rocoso que une las montañas Machu Picchu y Huayna Picchu en la vertiente oriental de la cordillera central. Se encuentra al sur del Perú y a 2490 msnm de altitud de su plaza principal. Su nombre original habría sido Llaqtapata, y era una parte de una región de gran movimiento económico en tiempos de Pachacútec, integrado a la red de caminos del Imperio. Usando estas vías se puede, hasta hoy, acceder a otros complejos cercanos que revisten de gran interés. Al norte, por las bifurcaciones del camino de Huayna Picchu, se puede llegar al llamado Templo de la Luna o a la cima de la montaña donde existen construcciones incaicas. Al oeste, está el camino que lleva a Intipata y pasa por el famoso “puente removible”. Otro camino, por el que ascendió Agustín Lizárraga, lleva hasta el río y a San Miguel.
Al sur, se encuentra la ruta más conocida y principal de todas, que es la ruta de trekking más popular del Perú. El camino inca a Machu Picchu es un recorrido de entre tres y cuatro días que atraviesa lo que, a fines del siglo XV, fue la principal ruta de acceso, y que empezaba en el complejo de Llactapata, pasaba por los centros ceremoniales de Sayacmarca, Phuyupatamarca y Wiñay Wayna, terminando en el tambo de Intipunku o ingreso a los dominios de Machu Picchu.

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Caminando por las ruinas
Elio, nuestro guía, nos condujo a un mirador apartado, y comenzó su relato sobre el lugar:
“Según documentos de mediados del siglo XVI, Machu Picchu habría sido una de las residencias de descanso donde las construcciones y el evidente carácter ceremonial de la principal vía de acceso a la llaqta dan cuenta de su origen anterior a Pachacutec y a su presumible utilización como santuario religioso. Ambos usos, el de palacio y el de santuario, no habrían sido incompatibles. Los andenes (terrazas de cultivo), de Machu Picchu lucen como grandes escalones construidos sobre la ladera. Son estructuras formadas por un muro de piedra y un relleno de diferentes capas de material (piedras grandes, piedras menores, cascajo, arcilla y tierra de cultivo) que facilitan el drenaje, evitando que el agua se acumule en ellos (debido a la gran pluviosidad de la zona) y se desmorone su estructura. Una ciudad de piedra construida en lo alto de un “istmo” entre dos montañas y dos fallas geológicas, en una región sometida a constantes terremotos y copiosas lluvias todo el año, supone un reto para cualquier constructor: evitar que todo el complejo se desmorone. Según Alfredo Valencia y Keneth Wright “el secreto de la longevidad de Machu Picchu es su sistema de drenaje”. En efecto, el suelo de sus áreas no techadas, está provisto de un sistema de drenaje que consiste en capas de grava (piedras trituradas) y rocas, para evitar la acumulación del agua de lluvias. Los 129 canales de drenaje se extienden por toda el área urbana, diseñados para evitar salpicaduras y erosión, desembocando en su mayor parte en el “foso” que separa el área urbana de la agrícola, que era en realidad el desagüe principal de la ciudad. Se calcula que el sesenta por ciento del esfuerzo constructivo de Machu Picchu estuvo en hacer las cimentaciones sobre terrazas rellenadas con cascajo para un buen drenaje de las aguas sobrantes.”

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Redescubriendo Machu Picchu
Hiram Bingham, un profesor estadounidense de historia interesado en encontrar los últimos reductos incaicos de Vilcabamba oyó sobre Lizárraga a partir de sus contactos con los hacendados locales. Fue así como llegó a Machu Picchu el 24 de julio de 1911 guiado por otro arrendatario de tierras, Melchor Arteaga, y acompañado por un sargento de la guardia civil peruana de apellido Carrasco. Encontraron a dos familias de campesinos viviendo allí: los Recharte y los Álvarez, quienes usaban los andenes del sur de las ruinas para cultivar, y bebían el agua de un canal incaico que aún funcionaba y que traía agua de un manantial. Pablo Recharte, uno de los niños de Machu Picchu, guió a Bingham hacia la “zona urbana” cubierta por la maleza. Si bien es claro que Bingham no descubrió Machu Picchu en el sentido estricto de la palabra (nadie lo hizo dado que nunca se “perdió” realmente), es indudable que tuvo el mérito de ser la primera persona en reconocer la importancia de las ruinas, estudiándolas con un equipo multidisciplinario y divulgando sus hallazgos. El reconocimiento es importante, pese a que los criterios arqueológicos empleados no fueran los más adecuados desde la perspectiva actual y, pese también, a la polémica sobre la más que irregular salida del país del material arqueológico excavado (al menos unas 46.332 piezas), que recién en marzo de 2011 comenzó a ser devueltas al Perú.

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En el presente
Machu Picchu es considerada al mismo tiempo una obra maestra de la arquitectura y la ingeniería. Sus peculiares características arquitectónicas y paisajísticas, y el velo de misterio que ha tejido a su alrededor buena parte de la literatura publicada sobre el sitio, lo han convertido en uno de los destinos turísticos más populares del planeta. Actualmente, se encuentra en la Lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1983, como parte de todo un conjunto cultural y ecológico conocido bajo la denominación Santuario histórico de Machu Picchu. El 7 de julio de 2007 fue declarada como una de las siete maravillas del mundo moderno en una ceremonia realizada en Lisboa (Portugal), que contó con la participación de cien millones de votantes en el mundo entero.
Hay que considerar que este trekking y Machu Picchu, están destinados a interactuar con sus visitantes en un proceso que ocurre a medida que desandamos el camino e incorporamos la idiosincrasia de aquella cultura que, por momentos, podemos ver intacta al costado de una senda, o en algún rincón de las calles empedradas de Cuzco. Nos preguntamos si ésto también está destinado a desaparecer… no se sabe si viviremos lo suficiente para ser testigos de su destino, pero tarde o temprano esperamos poder aprender del pasado y de su relación de respeto hacia la naturaleza, que nos permita hacer de este planeta un mejor lugar donde convivir con el resto de sus integrantes.

Nota: los datos históricos sobre Machu Picchu no provienen de la memoria de los autores sino que fue necesario consultar varios textos sobre el tema para una mejor descripción.

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Exploracion

SOÑAR OIR VIVIR, el comienzo de un viaje interminable

diciembre 4, 2017 — by Andar Extremo0

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El destino de una familia que se animó a vivir en un Motorhome de 1978, en donde la idea primaria es recorrer desde Ushuaia hasta Alaska.

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Nacho es un tipo alegre, siempre positive vibrations, montañista, y ex dueño de una pequeña tienda de montaña llamada “Matna” en Capital federal, pero un sueño desde siempre le rondo por la cabeza, otro tipo de vida era posible. Sus ídolos la “Familia Zapp” fueron el motor de su propia historia. Y porque no vivir viajando!!!???. Y si!!!, son una familia que decidió cumplir su sueño!! El sueño de andar por el tiempo que el universo lo desee!!!
Pero en el medio de idealizar ese sueño, Nacho y Gisela tuvieron a Jazmín, una hermosa beba que para que pueda tener todos los sentidos que esta vida nos da y pueda disfrutar al máximo, tenían que hacerle un implante coclear.
Años y años de idas y vueltas, notas en los medios y la lucha de dos padres guerreros que querían lo mejor para su hija. Y al fin, luego de varios años Jazmín tuvo sus implantes y pudo escuchar.
Esto profundizo más el proyecto Soñar Oír Vivir. “Soñar y Vivir” depende de ellos y Oír de la tecnología de implantes cocleares con la cual Jazmín puede escuchar.
El miércoles 6 de diciembre parte esta nave de energía positiva hacia el mundo, repasemos los integrantes: “Jazmín” su hija de 3 añitos y medio, el hijo cuadrúpedo “Marley”, Mamá “Gisela” y Papá “Nacho”!!!
Pura Vidaaaaaaa! , chicos como dice Nacho, el universo conspirará a su favor, esperemos pronto noticias de ese viaje alucinante que seguramente ustedes van a ser el motor de futuras historias.

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Montañismo

MARIANO GALVÁN POR SIEMPRE

diciembre 4, 2017 — by Andar Extremo0

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LA GRAN CUMBRE DE TODAS LAS CUMBRES El más puro montañista, el hacedor de 7 ochomiles, el tipo simple que hizo historia, un homenaje al gran escalador argentino.

Por Carlos Eduardo González
fotos  Alejandra Melideo y Mariano Galván

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Mariano Galván y Alberto Zerain sufrieron un accidente el 24 de junio rumbo a la cima del Nagna Parbat, por la arista Mazeno, donde un alud mostraba en el dispositivo de rastreo un descenso de 200 metros. Desde ese día, y luego de diferentes avistajes del área en helicóptero y una patrulla de rescate mandada por los familiares de Mariano, aún no se tienen noticias de los montañistas. Aquí, un homenaje de Alpinismo On Line y la palabra de muchos seres que conocieron a este genio de las montañas.

Las voces se apagan sobre la montaña desnuda. Se apagan las luces, se enciende el silencio, al compás de un viento condescendiente. Un viento que baja, medita y se eleva entre aristas y espolones, entre grietas y pendientes. Un viento que transmite toda la fuerza y conocimiento de dos espíritus, a la esencia de la montaña.
Luego, un instante, un momento miserable donde caen las palabras, las risas, llantos y suspiros del momento anterior. Ese instante que dicta la montaña, donde ya no hay nada más que hacer, sólo someterse a su voluntad y ver cuáles son sus planes.
Esas dos siluetas que discurren entre sombras un poquito más abajo de la arista. Dos siluetas que desandan el camino hacia la gloria, la que está mucho más alta que la simple cumbre de una montaña. La gran cumbre de todas las cumbres.
Y a ambos lados, pared. Una pared fría y cómplice que no admite ningún tipo de reclamo más que sus propias exigencias, que no entiende de afectos y cordadas, de sueños ni de ideas extravagantes. Una pared que convierte un simple sendero a un objetivo, en un camino hacia la eternidad.

Ascenso al Manaslu
Ascenso al Manaslu

Mariano nació un 17 de marzo de 1980 en la ciudad de Trelew. Vivió toda su niñez y juventud en su ciudad, donde cursó sus estudios secundarios en la Escuela Nacional de Educación Técnica (ENET N°1), recibiéndose de Técnico electro-mecánico. También fue técnico universitario en electro medicina de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, en Olavarría. Todos estos conocimientos le dieron la posibilidad de desarrollar su trabajo y poder dedicar su esfuerzo en pos de su gran pasión: la montaña.
En este sentido, se convirtió en guía de Alta Montaña en la Escuela Provincial Valentín Ugarte de guías de trekking y de alta montaña de Mendoza, cuna de grandes montañistas argentinos. También realizó varios cursos como el de rescate en Zonas Agrestes en mayo de 2010, que lo convirtió en Rescatista líder, o el de Rescate en ambientes verticales, en 2009, y en zonas agrestes, primeros auxilios, RCP, buceo y vuelo en parapente.
Sus comienzos no fueron precisamente en la montaña. Entre 1998 y 2004 realizó diversas tareas relacionadas a la carrera que había estudiado en las provincias de Chubut y Santa Cruz efectuando diversas reparaciones e instalaciones eléctricas, de equipos médicos, computadoras y luminarias de altura, su primer vínculo con esta palabra que tanto y tanto guardaría relación por el resto de su vida.
Ya dentro de la actividad de montaña, entre 2005 y 2006 realizó trabajos de trekking con rapel, Canopy para Argentina Rafting en Potrerillos. En el verano de 2005/06, comenzó sus trabajos de porteador para Aconcagua Experience de Eduardo Soler y un año después se unió a Fernando Grajales en la misma tarea.

Ascenso al Broad Peak
Ascenso al Broad Peak

“Lo más importante son los principios que mueven tus pies

El invierno de 2007 lo sorprendió realizando tareas en el Ski Rentall del centro de Ski La Hoya. Esquel, y al verano siguiente trabajando como asistente de guía de montaña para la empresa Aymara. Fue recepcionista en las Leñas para el Hotel Acuario y realizó Transfer entre los hoteles, para Virgo. También fue porteador y asistente de guía de montaña para Aconcagua. Instructor de ski de niños de 3 a 11 años en el centro La Hoya, para la empresa Frontera Sur.
Llega la temporada 2009/10 y realizó guiadas, asistencia y porteos para ALESA. en Aconcagua. Para ese invierno, fue ayudante de pistero socorrista en el centro de ski Valdelen, en Rio Turbio, dictando además clases de ski a niños en el centro de ski La Hoya en Esquel. En verano, trabajó como guía de montaña y porteador para Aventuras Patagónicas y un año después nuevamente para Aymará, tras lo cual se trasladó a Alaska, para desempeñarse como Guia de Montaña. Desde entonces hasta este mismo año, trabajó para Aymará y Alpine Ascents International.
En abril de 2015 realizó el rescate del cuerpo del andinista indio Malli Mastan Babu, en el Nevado Tres Cruces.
Pero fue el Aconcagua la más querida. Era su montaña. El mismo nos dijo en una entrevista que tuvimos el año pasado: “Aconcagua es mi primer amor y la mejor escuela con la que he podido pensar”.Fueron veinticuatro cumbres. Diez por la normal, una por filo sureste, una de las más complejas. Dos por Glaciar de los Polacos desde el campo base Plaza Argentina. Una nueva ruta, Los Porters, compleja. El broche de oro: escalada en solitario de la Pared sur, convirtiéndose en el primer sudamericano en lograrlo en solitario y en 34 horas.

Ascenso al Broad Peak
Ascenso al Broad Peak

También tenemos El Plata, Vallecitos, Mirador, Pirámide, Ameghino por normal y sur (d+), Ibáñez, Cuerno, Rincón, Platita, Cerro Negro, Lomas amarillas, Canal de Thomy, Lanin, Yanapacha (Perú), Pissis, Chani, Denali y sus grandes logros de Himalaya: Island Peak, Lobuche, Everest, Lhotse, Gasherbrums (ambos), Broad Peak, Dhaulagiri, Manaslu e intentos al Cho Oyu y K2.
Y luego, la historia conocida en su relación con la montaña desnuda. Esa montaña tan bella, tan hermosa y atrapante que desvela al montañista, lo atrae, lo incita a caer en sus dominios. Un dominio extravagante que lo envuelve en un sopor muy particular hasta que te atrapa. Y una vez que esto sucede, te sometes inexorablemente a su voluntad.

Cuantas historias de conquista ha tejido a lo largo de los tiempos el Nanga Parbat.
Un lienzo de Rudolf Schlagintweit allá por 1854 dejó ver la existencia de la montaña, que para aquellos tiempos, ni se pensaba siquiera en ese nombre. Rudolf era oriundo de Munich, y llevó la existencia del Nanga Parbat a los ojos de Europa. Tres años después de esto, Rudolf moría asesinado en Kashgar, dando comienzo de esta forma a la maldición del Nanga Parbat.
No fue hasta 1895, en que el británico Albert Frederick Mummery se lanzó en busca de la montaña. En aquella oportunidad, logró llegar hasta los 7000 metros sobre la vertiente del Diamir. Eso fue lo último que hizo Mummery, ya que desapareció junto con dos sherpas, tras un alud.

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El Nanga Parbat es cierto, goza de una tradición nefasta al momento de su conquista. No es nada nuevo, estos dos casos, los primeros que enumeramos, forman parte de una larga lista de desavenencias en el ochomil más cruel, si se quiere. Pero bueno, ella no tiene la culpa, ella no invita a nadie, son los mismos aventureros los que son cautivados por ese “no sé sabe qué” atractivo que solo fluye en cada uno de nosotros con el simple hecho de mirarla. ¿Quién no se vio cautivado por su figura? No es nada nuevo eso.
Pero bien, muchas historias pasaron, muchos dejaron sus vidas en ella, hasta que un señor muy chiquitito, el 3 de Julio de 1953 a las 19.10 pisaba por primera vez su cumbre y dejaba boquiabierto a todo el mundo del montañismo de aquél entonces, que no era el de ahora, por supuesto. Su logro se fue fortaleciendo con los años. Tiempo de Hermann.
Y se siguieron tejiendo historias, de las buenas y de las no tanto, con predominio de estas últimas. Hasta fue escenario de un atentado hace tan sólo cuatro años, algo increíble para el mundo de la escalada.
Todo esto que acabamos de contar enaltece la epopeya de Mariano Galván y Alberto Zerain. Ellos tenían muy claro donde estaban yendo y mucho más aún en lo que se refiere a su peligrosidad. Y Mariano, en especial, tenía muy claro que la aclimatación constituía una pieza fundamental en todo esto y que era una montaña con mucho riesgo de avalancha.

Ascenso al Gasherbrum
Ascenso al Gasherbrum

“Un tipo simple y libre que desde su pasión hizo historia”

Palabras

Leo Ljungberg, Jujuy Andino Club de Montaña:
“En el 2016 pude compartir unas horas con Mariano, ya que dio una charla en Jujuy, en esas horas hablamos de la vida.. de cumplir sueños.. me contó anécdotas de la madre y de cómo lo esperaba su sobrina.. la verdad un gusto conocerlo así.. en la simpleza del ser humano.. para mí un ídolo..”

Jorge López, CAM Salta:
“Mariano visitó el CAM-Salta en dos ocasiones, la segunda en Junio 2016. De lo vivido en estas dos ocasiones nos queda el fresco recuerdo de un inquieto “de” y “en” la montaña, generando un estilo particular de ascenso, sintiéndose uno con la montaña de tal manera que “ella” no se diera cuenta que alguien la subía. Su personalidad llana, fresca, directa permitía conocer a un Mariano que, libres de ataduras y prejuicios había encontrado en esta actividad una particular manera de ser y de existir. Contagioso, dinámico, con su conversación permitía caminar -de alguna forma con él- por las montañas por donde había estado. En cierta forma, él traía la montaña y nos llevaba a la montaña. Gracias a esta forma comunicativa no sólo ilustraba sino que llevaba a quien lo escuchara. Por eso, el montañismo argentino pierde físicamente a un gran representante y referente. En alguna medida, quizás nos dejó la posta para continuar llevando la bandera argentina a las máximas alturas.”

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Mauricio Bernardo Bianchi, Andinautas y Club Andino San Luis:
“El milagro no ocurrió, tu cuerpo descansa en una lejana montaña pero tu espíritu sin dudas recorrerá muchísimas, tal como lo hiciste en esta vida terrena. Eso sí… seguirás marcando a quienes te conocimos y admiramos tu simpleza, honestidad, transparencia y humildad para compartir -vos que has sido un grande de esta actividad- con quienes simplemente nos apasiona y somos aficionados, la gran vocación por compartir, difundir y contar sobre tus andanzas sin creerte por eso que “eras más”… (algo que muchos que apenas subieron una loma o transitan siempre los mismos senderos deberían aprender). Vos fuiste grande y explicaste muchas veces que la montaña “es para todos”, cada uno en su medida y sus posibilidades, pero lejos de ser elitista (y eso que vos si integrabas una auténtica elite!) siempre tu mensaje fue que “todos disfruten” en la medida que puedan. Gracias Mariano no tanto por lo que hiciste en el montañismo sino porque no lo hiciste sólo para vos… tuviste la grandeza de compartirlo sin egoísmos, sin vedetismos y siempre con sonrisas, buena onda y mate de por medio, así de sencillo. Así pudimos conocerte los “Andinautas” y así te recordamos. Sin dudas el montañismo argentino te va a extrañar. Un abrazo de cumbre.”

Nicolás Unsain, Club Andino Córdoba:
“Durante sus charlas en el Club, Mariano no solo nos contaba los pormenores técnicos de las expediciones, que en alguien con su estilo de escalada tiene y muchos. Mariano también nos invitaba a conocer lo que le pasaba por dentro, sus pasiones, sus miedos, sus reacciones. La manera que tenía de transmitir sus experiencias se transformaron entonces en espacios de aprendizaje para todos nuestros socios. No sólo nos íbamos de sus charlas con información sobre un ascenso monumental; nos íbamos a casa “movilizados”. Muchos de nuestros socios ya han levantado la vista para poner su próximo objetivo un poco más alto. Estoy convencido que gracias a esas ganas de compartir, su corto paso por nuestras vidas ya han calado hondo en la próxima generación de alpinistas y tendrá una larga y extendida vigencia. Mariano seguirá entre nosotros gracias a todo esto y al invaluable material fílmico que sólo la generosidad de los grandes pudo haber generado y divulgado de la manera que él lo hizo. El Club Andino Córdoba, en representación de nuestros socios, hace llegar nuestro más sentido pésame a toda la familia de Mariano Galván y Alberto Zerain.”
Marcos Daniel Bustos, Club Andino Rio Cuarto:
“Mariano vino a Río Cuarto a dar charlas presentado sus ascensos en cuatro oportunidades. Nosotros hace tres años estábamos armando y fundando nuestro Club Andino Río Cuarto y el colaboró siempre. Dictó un par de cursos de hielo. En 2016 lo nombramos socio honorario del club. Mariano es un amigo personal mío y en muchísimas oportunidades pasaba por casa y se quedaba un par de días y siempre que se podía comíamos un asadito en el club. En 2016 llevó la bandera del Club al Dhalaugiri. Sin duda un amigo de la casa.”

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Ricardo Birn:
“Me han pedido escribir unas líneas sobre vos Mariano. ¡Tendría tanto para decir! Decidí hacerlo como si te tuviera al frente, como hace poco tiempo en las largas charlas en el campo base del Everest, en donde compartimos 45 días muy intensos. La primera expresión es GRACIAS no sólo por todo lo que me enseñaste del montañismo, sino también, por las vivencias fuera de ese ámbito, por tu amistad, por las largas charlas confesándonos nuestros sueños y las maneras de encararlos, respetando y aceptando los criterios que cada uno teníamos para transitar los caminos de la vida. En cada visita a Córdoba mi casa fue tu casa, y mi familia también aprendió a quererte. Recordaremos siempre con mucha ternura tus horas de juego con mi hijo Simón, el, pudo sacarte el niño que tenés adentro y que escondes detrás de esa imagen de rudo montañero. Si bien nuestra amistad comenzó hace pocos años, en el 2013 en Alaska cuando escalamos juntos el Denali, pero como se dice, convivir un día en la montaña es como hacerlo un año en fuera de ella, por eso durante estos años nos permitimos relacionarnos como si nos conociéramos de toda la vida. GRACIAS por ayudarme a planificar mi expedición al Everest y por ser el guía de todo el grupo que me acompaño hasta el campamento base. La idea de la muerte nunca paralizó tu manera de encarar cada desafío, priorizando la manera de vivir y no la cantidad de vida. Aunque esa posición hoy no nos permita realizar todos los planes que teníamos para hacer juntos, te banco igual que siempre. Quedarán pendientes para más adelante, cuando volvamos a reencontrarnos. ¡Hasta siempre amigo!”

Carola y Gonzalo Rivarola, Garmont:
“Mariano era ante todo un espíritu generoso. Generoso en su sonrisa franca y alegre, que le subía por la cara para perderse en su mirada. Generoso en su forma de querer a sus amigos, de estar a pesar de la distancia, de hacerse presente y hacerte sentir que apenas hacia un momento se había ido para volver con mil anécdotas de todo lo vivido, de todo lo alcanzado, de todo lo logrado. Sin vanagloriarse jamás, con esa actitud humilde como de quien agradece la gracia que se le otorga en cada cumbre. Nunca creyéndose distinto, mientras quienes lo veíamos teníamos tan claro que lo era. Generoso en la montaña con quienes lo necesitaban, siempre dispuesto a arriesgarse por otros como en tantos rescates. Generoso en transmitir esa pasión inmensa y contagiarla a quienes quisieran aprender y acercarse a vivir la montaña como él solo sabía, sin reparos, sin medida, de total entrega. Era su forma de honrar su oficio, del que estaba orgulloso. De su ser montañista y porteador. Generoso en su total desprendimiento. Sus posesiones eran unos cuantos petates que desparramaba religiosamente por toda nuestra casa antes, durante y después de cada expedición y lo poco que guardaba en su nueva casa. Esa casa que también lo tenía como todos nosotros, de paso. Su mundo interior era en contraposición infinitamente rico, compuesto de amaneceres infinitos, vivencias compartidas, era un mundo de filos y valles, de roca y de nieve, de espolones y glaciares. Su mundo era la montaña que nos lo devolvía de tanto en tanto para que lo disfrutáramos un ratito nomas. Hasta que un día nos lo reclamo para siempre. Lo que nos sostiene a todos de no caer en el abismo de la tristeza es el brillo de su mirada cada vez que nos contaba sus planes futuros o el último ascenso a la cumbre y esa infinita sonrisa que tan generosamente nos prodigaba en cada abrazo de bienvenida o despedida. Ese abrazo que ahora nos falta. ¡Cómo te vamos a extrañar! “

Ascenso al Gasherbrum
Ascenso al Gasherbrum

Allie Pepper, última compañera de escalada en Lhotse 2017
“Conozco a Mariano desde hace diez años, tanto en Argentina, guiando en Aconcagua, como en Himalaya. Tuve la suerte de tenerlo como compañero en Lhotse, esta última temporada de primavera en Nepal. Compartimos un viaje de cinco semanas con varios ascensos, incluyendo el Lobuche East, en un día perfecto con increíbles vistas de 360 grados. Siempre estábamos haciendo bromas y nos reíamos hasta llorar de la risa. También hubo momentos difíciles, porque yo enfermé durante doce días. En ese tiempo, nos hicimos amigos más cercanos y aprendimos mucho sobre cada uno de nosotros. Mariano fue uno de los escaladores más apasionados y motivados que he conocido. En una corta carrera, tuvo muchísimos logros, y no sólo fue una inspiración para mí, sino también para muchos. Su actitud positiva era contagiosa, le encantaban las aventuras en las montañas y le encantaba ayudar a otros a alcanzar sus sueños. Como amigo, quería ayudarme a alcanzar mi objetivo en Lhotse sin oxígeno suplementario, aunque él ya lo hubiese conseguido antes. Era generoso con su tiempo y su energía y, a su vez, tenía amigos en todo el mundo. Muy respetado entre la élite por su gran experiencia. Muchas personas le pedían consejos incluyendo a montañistas en carrera por 14x8000m. Mariano se extrañará mucho más de lo que las palabras puedan expresar. Continuará inspirando a la gente a vivir su vida al máximo y a perseguir sus sueños sin miedo, como él lo hizo.”

Fernanda Insua:
“En qué crees?” Me preguntaste. Creo en vos y en tu magia, te contesté. “Eso nos define”, me dijiste. “Cómo vivirías si supieses que en cada cosa que haces te va la vida? Las harías de diferente forma?” No elegiste el camino más fácil, el de la rutina; no te dejaste arrastrar por el flujo perverso de esta sociedad ni te abandonaste a la facilidad de la indecisión. Has hecho lo que otros nunca jamás nos hubiésemos atrevido a hacer o soñar y por tanto has conseguido lo que otros nunca tendrán, haz visto y sentido intensamente la belleza de los caminos andados bajo tus propios principios y te has vuelto sabio y reflexivo, una alma antigua en un cuerpo joven y fuerte.
Siempre admiraré tu nobleza, haciendo el bien y ayudando a otros sin más recompensa que la plenitud interior y la tranquilidad de haber dado lo mejor.
Siempre me inspirará tu corazón valiente y humilde, ese que te llevaba año tras año a llevarle flores a tu amada montaña, poniendo a prueba tus creencias, buscando nuevas preguntas y ensayando nuevas respuestas o simplemente intentando encontrar una paz que provenía de tu respetuosa contemplación e interacción con la naturaleza.
Siempre admiraré tu generosidad y tu voluntad extraordinarias, tu obsesión por los detalles (“en ellos se me va la vida y la de mis clientes”) y tu perseverancia infinita.
Sé que te veré en la sonrisa de un niño cualquiera y te sentiré en la brisa de una mañana cualquiera. Te oiré en la melodía de una canción cualquiera y te tocaré a través de un abrazo cualquiera. Porque estarás presente en todo lo cotidiano, en todo lo común, para volverlo extraordinariamente único e intenso… Gracias por haberme hecho partícipe de tu vida, un verdadero privilegio haber compartido tantos momentos inolvidables con un ser luminoso e inspirador. Que tu espíritu vague libre e indómito, que nos siga enseñando a ir más allá de nuestros límites, que nos obligue a arriesgar, que nos empuje más cerca de nuestros sueños y nos despierte a vivir una genuina libertad.

Al partir al Everest con Gonzalo Rivarola
Al partir al Everest con Gonzalo Rivarola

Marcos Ferrer, Andar Extremo:
“Lo voy a extrañar mucho… siempre cuando terminaba un expedición nos encontrábamos para una charla o para hacer una nota y nos reíamos muchos, un tipo con convicción que desde la simpleza y su pasión llego a hacer lo que hizo. Siempre me lo imagine en una mecedora de viejito contándoles sus historias a sus nietos, dejó una huella profunda en mucha gente. Es un ser libre, la libertad es así, hay que volar.”

Carlos Eduardo González, editor de Alpinismonline Magazine
Yo no tuve oportunidad de conocer a Mariano personalmente, pero si a través de su actividad en la montaña, desde hace tiempo. Gracias a una persona muy cercana a él, pude conocerlo más, acercarme, inclusive entrevistarlo a distancia, y durante estas últimas semanas vivir la tensión y preocupación generada por los acontecimientos, que solo despertaron en mi la necesidad de guardar silencio a través de este medio, como una forma de respeto.
Aparte de cumplir con la humilde misión de informar y llevar la montaña a todos quienes aman esta actividad y mucho más aún a quienes aún no tienen despierto este sentimiento, también suelo hacer otro tipo de composiciones. Va entonces aquí mi pequeño presente para Mariano, que yo sé que él va a recibir, esté donde esté, de la misma forma que recibe los mensajes de sus amigos, de su gente.

Aire

MICHEL GUILLEMOT, PARAPENTE. PRIMER ARGENTINO EN EL TOP TEN MUNDIAL

noviembre 29, 2017 — by Andar Extremo0

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Michel Guillemot vuela desde muy pequeño, y ha logrado ser el primer argentino en lograr un top ten en la historia. En una linda charla, nos cuenta cómo fue competir en el campeonato mundial de parapente en Monte Avena Italia.

Por Andar Extremo, entrevista a Michel Guiilemot
Fotos gentileza FAI

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Cómo te inicias en el mundo del parapente?
Vuelo desde los 11 años, ahora tengo 31. Nací en Tandil, provincia de Buenos Aires, y cuando era chico mi viejo se vino a vivir a La Cumbre, Córdoba. En uno de los viajes que lo vine a visitar, fui a Cuchi Corral que es la meca del parapente en Argentina. Está a unos 15 km del centro de la cumbre y forma parte del valle de Río Pinto. Fui como cualquier turista. Tenía 9 años en ese entonces, y vi unos parapentes volando, entonces lo volví loco a mi papá para que me llevara a un vuelo biplaza. Me llevaron, y desde ese momento no me importó nada más, sólo quería volar. Iba a la escuela mirando el cielo por la ventana del transporte a ver si estaba lindo para que, cuando saliera, alguien me llevara. Cuchi Corral tiene un desnivel de 400 metros y una altura de 1100 msnm. En ese lugar, se vuela hace como 30 años y se pude llegar a los 4000 metros de altura. Creo que a nivel mundial es el despegue más conocido de Argentina. A los 10 años hice el curso y a los 11 ya volaba solo. Fui la primera persona de tan pequeña en volar en parapente y uno de los más chicos del mundo.

Vuela mucha gente en Cuchi Corral?
Por día volarán 15 pilotos, y los fines de semana tenés 200 personas mirando. De hecho, las dos actividades turísticas que tiene la cumbre son el parapente y el golf

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Qué decían tus padres al verte volar tan pequeño?
Ellos me apoyaron desde el principio, principalmente mi madre que ya no está, falleció hace 3 años, y fue mi principal motor. Necesité desde un principio de su apoyo, primero para que me dejen hacer la actividad teniendo que hacer una autorización legal, firmada ante escribano, porque ningún instructor quería tomar esa responsabilidad, y segundo, por una cuestión económica. Terminé haciendo mi primer vuelo con Pablo Duich en Iquique, Chile, el 25 de julio de 1997 a las 9:15 de la mañana. Ahora, ya cumplí 20 años de vuelo. Inicié en un lugar que tiene condiciones inmejorables, se despega en unas dunas de arena con brisa de mar, bien laminara, uno de los mejores lugares del mundo para aprender. Aún hoy, después de tantos años, mi padre no va a los campeonatos porque le da miedo. Incluso ahora, que estoy entre los mejores 10 del mundo y gané muchísimos campeonatos argentinos me dice:- si fueras chico y te tuviera que dejar volar, no lo haría.

Qué pensaban tus compañeros del colegio al verte volar?
Era muy gracioso, porque en la escuela entraba a las 8 de la mañana y salía a las 5 de la tarde, y mientras que los nenes tomaban la merienda o jugaban con los jueguitos, yo iba al aeroclub a inflar el parapente o le pedía a mi papá que me llevara rápido a Cuchi Corral a ver si podía hacer algún vuelo. Lo pude empezar a compartir después. Cuando tenía 14 años llevé a mi primer pasajero que fue Hernán Vacola, y que era piloto de parapente. Era raro, yo escuchaba a la mayoría de los padres de mis amigos que decían que mis padres estaban locos, pero entendía que así como a algunos les gustaba jugar al fútbol o al tenis, a mí me gustaba volar. Este deporte me dio la posibilidad de conocer un montón de lugares en el mundo y buena gente, que es lo que te nutre también.

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“Si bien compito profesionalmente, para mí no deja de ser un juego, no me vuelvo loco por competir, lo disfruto, la esencia es aprender, compartir y pasarla bien”

Qué pasó por tu cabeza en el primer vuelo solo?
Fui a Iquique con mi mamá, y el instructor me dijo que vaya con mi equipo, que iba a ver cómo inflaba el parapente y, si estaba en condiciones, me hacía volar. Ya venía hacía un año haciendo el curso de parapente en la cumbre y aquí no se animaban a que vuele solo, por eso fue la decisión de ir a Chile. Cuando llegué, inflé el parapente tranquilo, ya que practicaba continuamente. Mientras tenía el parapente inflado, me tenía agarrado y de repente me dijo:- estás seguros que querés volar?. Yo le dije:- sí!. Me acompañó hasta el borde de la montaña, y salí. Desde allí me siguió por la radio, transmitiéndome tranquilidad. El primer vuelo es muy básico, es más que nada despegue y planeo recto hacia delante. En el aterrizaje me esperaba otro instructor que me iba guiando porque era difícil de calcular. Día tras día hice distintos vuelos y fue una sensación tremenda. Estaba volando solo, dependía de mí porque allí mis papás no me podían decir nada, ninguno sabía volar…me sentía muy independiente. Cuando aterrice en el primer vuelo, pensé cómo llegar lo más rápido al despegue, para hacerlo de nuevo.

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A partir de allí, cómo fuiste evolucionando en el deporte?
Para evolucionar tuve que juntar horas de vuelo y hacerlos firmar por un instructor. Cuando fui a Iquique, lugar en el que por las condiciones climáticas se puede volar todos los días, junté en 15 días más de 30 vuelos, necesarios para rendir la licencia que te acredita a ser piloto principiante. Seguí juntando más horas, y volando lo que más podía en Córdoba. A los 18 años, empecé a competir pero mucho no me gustaba, y me incliné hacia la acrobacia, y también competí. En acrobacia tenés que hacer un listado de pruebas y cada una de ellas tiene un coeficiente de dificultad. Hay un jurado de 5 personas que te ponen puntaje. Son 5 notas, la más alta y la más baja se sacan, y cuentan las del medio. Se hace siempre arriba de un espejo de agua por seguridad, pero no me convencía porque no lo veía tan seguro como creía, y le empecé a tomar el gustito por la modalidad que compito hoy: el Cross country. En ella, llegué a estar primero en el ranking argentino, con 21 años. Me alejé como medio año del vuelo, y después me dediqué seriamente a competir en copas del mundo y eventos nacionales. Acá, hay 4 fechas de campeonato argentino por año, ahora estoy primero.

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Cuáles son las maniobras que se hacen en las diferentes modalidades?

En acrobacia la maniobra más vistosa es el helicóptero: media ala vuela hacia adelante y la mitad hacia atrás, giramos en nuestro propio eje. Se hace looping, donde se pasa sobre el parapente. Hay una maniobra que se llama infinit y pasa el parapente desde atrás hacia adelante como saltando la soga, y pasa por arriba y por abajo. Los que se usan en acrobacia son parapentes más chicos que en Cross country, tienen mucha más carga alar, y anclajes reforzados que aguantan el doble, unos 200 kilos. En Orgaña, España, entrenan los mejores pilotos del mundo, es un lugar donde se sube muy rápido imagináte que tenés que recuperar rápido porque si subís 1000 con 5 maniobras descendés como 500 metros. Cross country, lo que hago ahora, son carreras en el aire. En el último mundial se juntaron más de 150 pilotos de 45 países diferentes. Hacés una reunión en el despegue, y allí te entrás al circuito. Vas con el GPS y te proveen de seguimiento satelital, así corroboran si cumpliste el circuito. El que lo completa más rápido, gana y tiene 1000 puntos, y el último tiene 100 puntos. Son circuitos de entre 60 y 100 km de distancia, a un promedio de vuelo de entre 30 y 40 km/h. Todos despegan a las 12 del mediodía, pero la carrera larga a la 13. Te dan 3 o 4 puntos de giro que tienen un radio de mil metros, hasta que llegás a un gol, que es una línea visible como de 200 metros en un descampado. Hay que tratar de completar la prueba en el menor tiempo posible y siempre teniendo en cuenta que al no tener motor, uno pierde mucho tiempo en subir. En un vuelo de estos capaz que agarrás 20 o 30 térmicas y subidos unos 2000 metros, y te alcanza para hacer unos 15 km, después tenés que subir de vuelta, donde encontrás las mejores térmicas para subir más rápido. Así avanzás más velozmente, y tratás de ganar. También existe mucha estrategia entre los equipos, es como el ciclismo de ruta, uno se escapa y se exige más, y el pelotón lo agarra de vuelta. Es lo mimos, capaz uno se escapa pero como el clima no es apto, baja mucho y el grupo lo alcanza hasta que faltan 10 km y el que mejor posicionado es el que busca ganar la prueba. El mundial dura varios días.

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Cómo es la estructura del mundial que corriste en Italia?
El mundial son 12 días de competencias, con 11 pruebas válidas y allí se juegan más cosas: el desgaste físico, la presión…no hay ningún piloto preparado para volar 4 o 5 horas por día sin parar durante tantas jornadas. Por eso es importante ir al gimnasio todos los días y salir a correr, hay que estar en forma. Aunque no es un deporte tan físico, con los días te empezás a cansar y perdés atención. Eso es peligroso.

Cuando volás, llevás raciones de comida e hidratación?
Comida no, sí llevo una bolsa hidrante de un litro y medio. Estoy sentado, y tengo muy poco desgaste físico,un poco de tensión abdominal porque voy medio recostado hacia atrás con los pies hacia delante, entonces hago un trabajo isométrico con las abdominales. Las manos van arriba del hombro, que capaz sufre un poco. En el vuelo, tomo un trago de agua cada media hora y una vez que aterrizo, como bien.


Cuándo comenzás a competir internacionalmente?

Fue medio en simultaneo con las competencias nacionales. Cuando vi que me gustó, conseguí puntuación para correr afuera. En ese momento no era como voy ahora, buscando un resultado, corría para ganar experiencia y aprender. Al principio no sabía mucho, de 120 pilotos entraba 70. A los 21 empecé a competir afuera, fue una pre copa del mundo en Portugal y luego una copa del mundo en Francia. Fui a un abierto de Chile y saqué un segundo puesto. Las copas del mundo son 5 fechas por año. Antes tenías que hacer todo el circuito y eran fechas en Europa y una en Brasil. Era muy costoso, son muchos días de competencia en cada una. Después cambió, pusieron las mismas fechas, y al final de la temporada hay una final. No necesitás ir a todas, sólo con que en alguna termines entre los primeros 30, te clasificás. Este año, la final se hace en Colombia en un lugar que se llama Roldanillo. Esta nueva modalidad nos permite a nosotros, que estamos lejos de Europa, ser más competitivos. Hay dos campeonatos: la Copa del Mundo PWC (Paradlagin Worl Cup) y el Mundial de Parapente que organiza la FAI, también un panamericano para nosotros, y un campeonato europeo. El de la FAI se hace cada dos años y el PWC se hace todos los años. Ahí está la elite del parapente. No es tan fácil llegar, únicamente fuimos a correr al mundial los primeros 4 del ranking argentino, entre unos 2500 pilotos. Que vuelan, aproximadamente hay 10000 entre parapente y paramotor. Fui con Martín Romero, Francisco Mantaras y Hernan Pitocco. El vuelo libre es lo más lindo y disfrutable, a mí me gusta competir, pero la esencial es justamente lo que te dice la palabra: volar para pasarla bien y compartir con amigos, que es lo más lindo que tiene este deporte.

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“solo fuimos a correr al mundial los primeros 4 del ranking argentino entre unos 2500 pilotos”

Quién costea los gastos de ir a un mundial?
Siempre me banqué los gastos. Al principio mis padres, luego yo. Ahora, gracias a la nueva comisión argentina de la Federación Argentina de Vuelo Libre, se ha conseguido mucho. Para este mundial, obtuvieron los pasajes a través de la indumentaria Mura, y también tuvimos apoyo de Córdoba Deporte y de nuestro club el ACAP (Asociación Cordobesa de Ala Delta y Parapente). Esta selección fue netamente cordobesa. Es un deporte amateur, hay pocos pilotos en el mundo que viven de la competencia.

Cuánto entrenas por día?
Entre gimnasio y aeróbico dos horas por día, y después con respecto a los vuelos, no soy de los pilotos que más vuela porque yo tengo una idea diferente a la mayoría. A mi volar por volar no me da nada, para mí es muy buen entrenamiento ir a un campeonato, sea alto o bajo el nivel. Levantarme un día lindo y volar por volar no me devuelve nada, porque nos sé si lo hice bien o no, no tengo con quien comparar. Si me junto con 3 o 4, y hacemos una prueba, así si me sirve. Vuelo muy poco en cuanto a horas. Cuando tengo ganas, voy y disfruto. Si tengo que probar algún equipo vuelo 2 o 3 horas, pero más que nada trabajo en la parte física y mental. Soy un convencido de que lo que te hace cambiar como piloto en la competición, es lo mental por eso veo más redituable ir a un psicólogo del deporte. También me ayuda mucho Martin Romero, uno de los compañeros de selección que fue deportista de alto rendimiento. Él corría carreras de aventura y ganó en varias oportunidades el tetra de Chapelco. Me da mucho resultado, gané las dos fechas del campeonato argentino, en el mundial terminé entre los mejores 10, gané el abierto argentino, y estoy primero en la liga… no me esperaba tener un año así.

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Cómo se define el puesto en un mundial al ser tantos días?
Se define todo el último día. Cuando empezó el campeonato en los primeros días, estaba entre los primeros 20. Me fue bien y llegue al puesto 15, después caí al puesto 25. Tuve una manga en un día de vuelo que terminé 4, me puse 7 y sólo quedaba un día de competencia. Hay un sistema que es difícil de explicar, pero es un descarte del 25%, o sea que de 12 días que volás, descartas el 25%, cuentan 9 días, y te sacan los 3 peores. En realidad no venía con vuelos malos. Al faltar un vuelo, había muchas posibilidades de quedar en el top ten a pesar de que estaban apretados los puntos. Quedé 9, pero podría haber quedado en lugar 5 o 20. Hubo mucha incertidumbre, tuvimos que espera hasta el final para los resultados. Un compañero había ojeado las listas y me vio pero no quiso decir nada porque no era oficial. Cuando lo dijeron, me largué a llora. Llamé a mi señora Yanina, que me banca en todas, a la familia, amigos… después de haberle dedicado a la actividad tantas horas, tantos años…Fue una sensación fuertísima

Cómo vive tu familia la actividad?
Mi mujer me apoya en todo. Tengo una nena de dos años y medio. Cuando fui al mundial estaba casi de 8 meses de embarazo, y yo compitiendo en Europa, en Italia. Ella me conoció volando en parapente y sabe que es mi pasión. Me respeta, me apoya y me alienta. Cuando me va mal, la primera persona que llamo es a ella y siempre me dice que sea positivo, que voy a mejorar… es una genia. Mi hija me extraña, pero todavía no se da cuenta de todo. Antes de irme, le hice el vuelo de bautismo y se quedó dormida. Tengo un arnés para niños, Nicole se tomó la mamadera y se durmió con el arnés puesto…aún no pudo volar, pero ya lo va hacer. Araceli nació hace muy poquito.

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Qué queda a futuro?
Vienen dos copas del mundo, una en Brasil y otra en Ecuador. Vamos a ver qué puedo hacer. Ya estoy clasificado, y pre inscripto en las dos. Quiero ganar una final en Colombia. Acá en el país quedan dos fechas: una en La Rioja y otra en Tucumán. Como ya gané las dos primeras, quiero ser campeón argentino. El año que viene tenemos el Panamericano con la selección argentina. Si bien compito profesionalmente, para mí el parapente no deja de ser un juego. No vivo del parapente, lo hago porque me gusta y mi prioridad es mi familia. No me vuelvo loco por competir, lo disfruto, la esencia es aprender, compartir y pasarla bien.

Qué haces para vivir?
Administro un geriátrico y una servicio de emergencias con mis suegros en Capilla del Monte. A ellos les agradezco porque me ayudan cuando tengo que viajar. Falto muchos días en las competencias, y se portan más que bien conmigo. También me gusta correr en auto, pero eso es otro hobby.

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Nunca intentaste a realizar algún récord de distancia?
No, me gusta competir. Tengo un amigo brasilero Rafael Saladini que tiene el récord de distancia 564 km en 11 horas y media de vuelo.

Agradecimientos
En primer lugar a mi mujer y a mis hijas, a mis viejos, a mis suegros, a la Federación Argentina de Vuelo Libre al club ACAP, a indumentaria Mura y CBAX y a vos por hacerme la nota.

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www.monteavena2017.org

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Carreras de aventura

XTREME RACE, Pasión por el Trail, Córdoba

noviembre 23, 2017 — by Andar Extremo0

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El sábado 19 de noviembre se corrió una de las carreras más lindas y técnicas de Córdoba: la XTREME RACE. Con una jornada de sol que permitió disfrutar hasta el último minuto del Valle de Punilla, y con el imponente Hotel & Spa Tres Pircas como sede, esta carrera en su cuarta edición demostró que crece con fuerza, brindando cada vez, más intensidad.

por Soledad Navarro

 

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A partir del viernes 17 de noviembre y con una organización minuciosa, se iniciaron las acreditaciones para Xtreme Race, evento deportivo por excelencia del Trail Running, que en esta ocasión sumó puntos ITRA para el Ultra Trail Ultra Mont Blanc.
Durante todo el día sábado en paralelo con el retiro de kits, y previo a la charla técnica, la jornada contó con charlas sobre nutrición y psicología deportiva, muerte súbita y RCP, entre otras, y para los más pequeños, una propuesta con cupo lleno: Xtreme Kids.
En sus modalidades de 15, 30 y 60 k, presentó senderos llenos de dificultades que requirieron de la sagacidad y preparación de los corredores. Granja Sierra Madre, Cerro La Banderita, Cerro Yapeyú, Dique San Juan, la imponente Estancia Alto San Pedro, entre otros, fueron los lugares por donde transitaron los amantes de Trail. Circuitos duros, tan extremos como inolvidables, dejaron sin aliento a más de un deportista y fueron el mejor bautismo para quienes decidieron iniciarse en la aventura.
Entre otros atletas destacados, se contó con la presencia de la atleta oriunda de Brasil y cordobesa por elección: Cilene Sophya Santos y de Lali Moratorio Bidegain, de Uruguay. Numerosos corredores de Paraguay y Chile, también se dieron cita el Xtreme Race, formando parte de una gran convocatoria de más de 2000 personas.

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Modalidades y podios
En la madrugada del domingo 19, y con linternas frontales iluminando el camino, dio inicio la carrera de 60k por la cara norte del Cerro La Banderita. Con un recorrido duro y extremadamente técnico, con arroyos, cascadas y subidas empinadas, obligó a dosificar energía y agua. Cañadones, sectores con piedras y terreno desparejo, coronó el terreno generando aún más exigencia y cuidado. El primer ascenso, el Meta Montaña, terminó de despertar a quienes se dieron cita a las 5 en el arco de largada. Luego, el Cerro Yapeyú y Los Tres Cóndores, llevaron al límite a quienes osaron la distancia.
Si bien esta distancia fue liderada inicialmente por el talentoso catamarqueño Fernando Reyes Quiroga, el podio fue para Daniel Simbrón que arremetió a partir de la mitad de la carrera, para llevarse un merecido primer premio, dejando a Quiroga en un cuarto lugar. Entre ellos, Martin Aimetta, obtuvo el segundo lugar y Javier Alonso, el tercero. En la categoría femenina, Laura Gordiola, Ingrid Taborda y María Florencia Tamburrino, formaron podio.
A las 8:30hs, hizo su largada el grupo de los 30k. Los corredores en este caso, transitaron un desnivel positivo de más de 2000 metros entre quebradas, estancias, un grupo de música que amenizaba el momento, y arroyitos que calmaban por momentos las piernas cansadas. La salida, fue en dirección sur hacia La Berna, dónde transitaron ripio en ascenso, hasta ingresar al cordón montañoso. Cerro Los Tres Cóndores, Quebrada de las Víboras y el arroyo Los Murciélagos, fueron algunos de los sitios que los vieron pasar.
Pablo Gasparini, Horacio Peñaloza y Román Fusaron, junto a María Soledad Sánchez Ruiz, Pamela Bocchio, María Belén Mercau, conformaron los podios en los 30 K y se hicieron acreedores de puntos ITRA.
Por último, una legión de runners aventureros fueron por 15K cuando el reloj marcó las 9 de la mañana. En dirección norte hacia el Hotel Estancia Alto San Pedro, comenzaron la travesía divisando en su recorrido, la Loma de Los Cardos, y el arroyo Los Murciélagos, entre otros paisajes inolvidables.
El podio masculino se conformó con José María Ergo, Cote Peña y Martín Giavarini; mientras el femenino estuvo ocupado por María Belén Sanchez Ruiz, Jesica Moyano y Carolina Gema Dilelio.

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Pisando Fuerte
Con 33 años y mucho sacrificio, Fernando Quiroga Reyes, volvió a hacer podio en el Trail argentino. La joven promesa catamarqueña, padre de 4 hijos que “desean ser como él”, se quedó con un cuarto lugar muy meritorio.

Es tu primera vez en una Xtreme Race, cómo te sentiste en esta carrera?
Esto para mí fue una experiencia nueva, para estos lugares nunca me había preparado. Fue bastante dura. Allá en mi provincia no tengo lugares así, con este terreno. Tenía pensado hacer los 60 K en 6 hrs y finalmente hice 7:30, fue bastante difícil para mí el cambio de terreno, las pendientes, los senderos, la verdad fue extrema. Pero estoy muy contento por los resultados. Lo bueno es que gano experiencia y me quiero preparar un poco mejor para el año que viene.

Cuánto hace que corrés?
Corro desde el 2015 porque no tuve la posibilidad de hacerlo en el 2014. Empecé en el Desert Trail en Fiambalá, corrí los 95k y salí octavo en la general. En ese momento, no tenía la ropa adecuada y con los años me fui acomodando un poquito más. En el 2016 salí 3° en la general, y 2° en mi categoría. Este año, se dio la oportunidad de llegar al primer lugar tanto ahí como en Yaboty. Este año fue muy positivo para el deporte que hago y que me gusta.

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Cuál va a ser tu próximo desafío?
Tengo pensado descansar y después seguir con la rutina. Nunca paro de entrenar. Siempre descanso unos días después de una carrera tan dura, pero retomo rápido para no perder la costumbre. Este año, esta carrera fue la última. El año que viene quiero hacer una carrera en Rio Negro de 90k: Vuriloche Ultra Trail, y Xtreme Race me sirve muchísimo, me ayuda desde la experiencia. Es similar el terreno, es una carrera muy técnica.

Si pudieras soñar sin pensar en costos y obstáculos, qué carrera desearías hacer?
La carrera que todo ultramaratonista desea: Mont Blanc. Ese es mi sueño, pero primero tengo que tomar experiencia.
Xtreme Kids
Como antes se mencióno, Xtreme Race tuvo una nueva propuesta: una carrera participativa para chicos, con 120 cupos que se agotaron rápidamente ante de la demanda de los niños. Entre ellos, se encontraban Teo y Luna, hijos de Paulo Quesada Pacheco y con una mamá del corazón, muy especial: Cilene Sophie Santos. Indudablemnente, el amor de los atletas por el Trail, se transmitió directamente hacia los pequeños, que no dudaron en ser parte de esta hermosa actividad.
“Teo y luna comenzaron a correr después de que yo llegué aquí, y comencé a trabajar con entrenamientos. Ellos ya participaron de dos pruebas aquí, pero ninguna era como Xtreme Kids, eran pruebas pequeñas con menos cantidad de gente. La primera vez, fue en Salsi donde vivimos. En ese caso, la prueba era hecha con un acompañante, así que Teo fue con Paulo y Luna conmigo, y entre ellos armaron una competencia para saber quién iba a ganar. El niño dio la sangre para ganar y salió en primer lugar. Luna, con su dulzura, sólo quería terminar, y quedó segunda conmigo en el general. La segunda carrera fue sin la compañía de los padres, y Teo siempre decía que quería salir fuerte y llegar primero. Ahí me di cuenta que debía poner sus pies nuevamente en tierra, y explicarle que no siempre salimos vencedores, sobre todo deseaba que él no se ilusionara así y después se frustre. En ese caso, ambos realizaron los 2km del evento y llegaron en primer lugar general.

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En casa ellos tienen muy claro como yo me preparo y entreno, saben de mi nivel competitivo, y para Huerta Grande ellos querían participar de una rutina de entrenamiento pero yo no lo permití, porque son muy pequeños y no quiero exigir eso en ese momento, no es buena tanta presión. Para compensar, los llevé a correr en el río para hacer un poco de subidas y bajadas y que sientan un poco de esfuerzo físico y poder hablarle de las emociones que pueden sentir. Pablo y yo apoyamos de corazón que hagan deporte, y cuando supieron que iban a participar, estuvieron muy felices. Teo termino la prueba primero y hasta ahora lo repite permanentemente. Fue una experiencia única para cada uno de ellos y lo más importante, tienen mucho afecto y saben que van a tener mi apoyo independiente de la colocación. Sin lugar a dudas, el deporte es lo mejor que podemos dejarle a nuestros hijos.” Cilene Sophya Santos.
Por último, es fundamental destacar el apoyo incondicional del Hotel & Spa Tres Pircas y su gerente Matías Montoto, sin quienes hubiera sido imposible realizar Xtreme Race, como también el acompañamiento de Estancia Hotel Alto San Pedro, Powerade, Coca Cola, El Práctico, Casa Irwo, Dole, Terepin, UTEDyC, ELVCOM, y de la Municipalidad de Huerta Grande que destacó el evento de “Interés Municipal”. Gustavo Ortiz y Pablo Ureta, responsables de una organización impecable, volvieron a brindar por cuarta vez, un momento único para el Trail Running argentino.

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Editorial

PROXIMAMENTE REVISTA ANDAR EXTREMO 48

noviembre 17, 2017 — by Andar Extremo0

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Entre el 14 y el 20 de Noviembre en los mejores comercios de actividades outdoor disfrutá de la Revista Andar Extremo. No se pierdan esta edición “6 Hards Xpeditions, 22 días de escalada en el Pico Sin Nombre, Brasil”; Aleksander Doba y su tercer cruce del océano en kayak a los 71 años; una entrevista alucinante a Socorristas de la Nieve, un trekking espectacular al Champaquí, “43 Cruces de los Andes en bici” con el paso Mayer segunda entrega, una entrevista a Vanina Darino la mejor Argentina en el Trail de Mont Blanc, “La Vida de Viaje” seguimos en la carretera austral. Una nota de la cobertura del Festival de Montaña de La Cordillera Blanca y la carrera Max Race General Belgrano. Esto y más en Andar Extremo 48.

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Mountain Bike

16 años Viajando en Bici, Pablo García terminó su proyecto Pedaleando el Globo

octubre 30, 2017 — by Andar Extremo0

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El domingo 27 de octubre a las 12 horas en el Obelisco de la ciudad de Buenos Aires la sirena de los bomberos y un centenar de ciclistas acompaño los últimos kilómetros que recorrió Pablo García de su interminable viaje por el mundo. Familiares, prensa y espectadores, emocionados le daban la bienvenida al ciclo viajero más importante que ha tenido nuestro país.

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En 2001 comenzó su gran travesía por el mundo, luego e vivir 5 años en Brasil, se vino pedaleando a Buenos Aires en 1999, organizó el viaje y salió a recorrer el mundo primero fue África, luego, Europa, Asia, Oceanía y terminó con América.
Con 167500 km pedaleados y un total de 105 países conocidos Pablo, “el embajador de los sueños” como se escuchó ayer en su gran llegada triunfal al Obelisco de Buenos Aires.

3

Con 85 kilos a cuestas, es lo que pesa su bici, Pablo puso fin a este gran proyecto que durante el transcurso de más de una década lo financió vendiendo fotos, con un libro de su autoría, y con un documental.
Con Andar extremo estuvimos en su llegada y estas fueron sus palabras..

4

Como sigue esto luego de 16 años de conocer el mundo?
Me gustaría seguir relacionado con la historia del viaje, tengo mucho material de video y me gustaría transmitir al pasión que le metí a todos estos años.

5

Te imaginabas este recibimiento?
En verdad no me emocione mucho, me hizo valor todo y afirmar que la muestra de esto es que se puede, que uno puede ir tan lejos como quiera, el ciclismo se está desgarronando cada vez más y tenemos muchísimos viajeros. Les agradezco a todos por el recibimiento.

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www.pedaleandoelglobo.com

Carreras de aventura

UTACCH La Mística Regresa, Córdoba

octubre 17, 2017 — by Andar Extremo0

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El 1 de julio se corrió una de las carreras de Trail Running con más convocatoria en los últimos tiempos. El Utra Trail Amanecer Comechingón, en Villa Yacanto de Calamuchita, registro más de 2300 corredores en la línea de largada, que desafiaron las distancias de 13, 22, 35, 50 y 75 Km. En la nota, Jorge Xavier, de Uruguay, y su experiencia en los 75 km. Nota en revista Andar Extremo n° 47

por Jorge Xavier, fotos Marcos Ferrer

1

Hace ya cuatro años, disputé los 60 Km de UTACCH en Yacanto, oportunidad en la que viajé junto a Rubito Beledo, Pablo Lapaz, Víctor Trillas, Alejandro “Highlander” Scuoteguazza, Carlos Douglas Hernández y Sebastián Paulós. En esa instancia, la encaré como parte del entrenamiento para la CCC en Mont Blanc que corrí en 2013. Recuerdo que fue mi carrera N° 254, y ahí completé 4066 kilómetros en competencias, 1430 de ellos en Trail (35% del total). Con mucha más experiencia, el pasado 1 de julio fue mi carrera N° 417 completando 7475 kilómetros, 3915 de ellos de Trail (ya el 52%), y la N° 52 de 42 kilómetros o más.
La web de UTACCH expresa que es una aventura, una experiencia única y mágica para cada corredor que decide transitar las tierras de los Comechingones, antiguos habitantes de las Sierras Grandes de Córdoba. La camiseta que lleva el lema: “La mística”, refleja cómo, sin dudas, se ha ido construyendo esa sensación, al extremo que se han agregado nuevas distancias que otorgan puntos ITRA (4 puntos a los 75 K y 3 a los 50 K), y se han incrementado notoriamente la cantidad de participantes (se registraron 2307 llegadas a la meta, un 60% de hombres y un 40% mujeres).
Es un recorrido precioso, agreste, duro, propio de las sierras cordobesas, bastante distinto a lo que normalmente encontramos en la zona patagónica del sur o en las sierras de Uruguay.

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El viaje y la previa
En esta ocasión, el viaje fue bastante distinto ya que organizamos la ida con tiempo. Junto a algunos de los “Hermanos de la Montaña” y de la vida: Martín Zanabria, Paola Nande, David Vega, Alejandra Isabella y Jorge Nin, Federico Sanguinetti y Eiko Senda, sus hijos, y el amigo argentino: Federico Sivila.
Tengo mucho para contar sobre las anécdotas del viaje, pero prefiero mantener la amistad… Les dejo solamente la del momento en que llegamos a Migraciones, en el Puente Fray Bentos – Puerto Unzué, donde Federico -excelente barítono- bajó el vidrio y le cantó al funcionario: “Fígaro, Fígaro, Fígaro, Fígaro…”, y a lo que acotó:-“acabamos de sacarlo ayer”. Sobre las discusiones en relación con la ruta, el GPS o el tiempo de detención en ruta por un pasajero que viajaba sin cinturón de seguridad, no cuento nada.
Nos alojamos en Santa Rosa de Calamuchita, a 30 Km de Yacanto, donde llegamos en la noche del jueves 20. El viernes lo dedicamos a retirar el kit (me correspondió el N° 3125) y preparar todo lo necesario para la carrera. Dado que largamos a las 5:00 AM, el despertador sonó a las 3:00 para desayunar rápidamente, gracias a la enorme gentileza de la gente del Hotel Gloria.

3

La carrera
El clima estaba frío pero absolutamente despejado, lo que hacía presumir que íbamos a tener un día espectacular. Decidí largar con la remera segunda piel y la de carrera por encima, sin campera cortaviento, con calzas cortas y medias de compresión.
Después de las fotos de rigor, largamos a la hora indicada. Como era previsible, algunos salieron a ritmo fuerte, en tanto yo lo hice junto a Alejandra. Avanzamos más lentamente, con las linternas frontales encendidas y optamos por caminar en los tramos en subida, en tanto trotamos en los planos y bajadas. Después de 7.5 Km, llegamos al primer puesto de abastecimiento, en el denominado “cortafuego”, donde tomamos a la izquierda para ingresar a una zona con bastante desnivel, trillos de pasto y algo de barro. Cruzamos el primer arroyo, donde ya nos mojamos -el frío hacía que “dolieran” los pies- pero seguimos a ritmo sostenido.
En la zona de bajadas, Ale se quedaba un poquito atrás, pero enseguida me alcanzaba en cuanto enfrentábamos terreno plano. Allá por los 12 kilómetros, nos superaron los punteros de la distancia 50 Km, en una zona de larga subida (habían largado a las 6:00). Ya llegando al puesto del Negro Pereyra -Km 16- el sol asomaba por la sierra, pintando el horizonte con colores espectaculares.
Le comenté a una de las chicas del puesto, que tenía cara conocida:-. “Sí, soy una de las Pereyra, que siempre está en el puesto”, me respondió riendo. Comimos algo, disfrutamos de una sopa caliente y emprendimos el ascenso hacia el Cerro Agustín. En el recorrido, ya volvían los punteros de la distancia, y vimos bajar a nuestros compañeros. A falta de unos 2 kilómetros para llegar al punto más alto, cruzamos el arroyo donde en el año 2013 me esperaba Víctor Trillas. Seguimos avanzando para finalmente hacer cumbre donde alcanzamos casi 2300 msnm y unos 27 kilómetros de carrera, con un sol que brillaba fuerte haciendo muy placentera la mañana pese al frío invernal. En ese momento, decidimos parar para ingerir algún alimento y descansar un poco.

4

En la bajada, Ale insistió en que no la esperara pues en general iba más lenta que yo. Me fui adelante, para llegar nuevamente al PA (km. 30.5), donde estuve unos 10 minutos descansando, comiendo frutas y tomando un caldo caliente, mientras la esperaba. Conversé un ratito nuevamente con las chicas del PA, que aprovecharon para “tomarme el pelo” nuevamente. Me preguntaron si iba a seguir o abandonaba… cuando dije muy firmemente que seguía y les pregunté si se habían registrado abandonos, una de ellas me dijo: “Sí, aquí murió uno… perdón!, abandonó uno”. Dado que Ale no llegaba, decidí seguir pues temía por los cortes por tiempo. La misma chica me dijo- “Qué mal, le prometió que la esperaba y se va”. “Sí, tenés razón, la espero”, le respondí. “No, es una broma”, remató. Y cuando ya había hecho unos metros, me gritó: “allá viene”. Di vuelta, y las tres chicas, riéndose, me dijeron: “No, es mentira, no viene nadie…”.
A partir de allí, el terreno iba en leve descenso y fui intercalando posiciones con otros corredores. Alcancé el PA ubicado en el Km 42,5 en “Los Corrales”, con 9 hs 50 minutos de carrera, donde había un buen número de corredores alimentándose con el asado. Disfruté de una buena cantidad de gaseosa, comí algo y decidí seguir (con algo de culpa, ya que mi compañera no llegaba).
A partir de ese punto, los corredores nos distanciamos. Después de un largo recorrido, llegamos a una bifurcación donde los de 75 Km doblamos a la derecha para emprender un camino en leve subida hacia Capilla El Carmen, Km 51.5 Km. Hicimos una especie de “gota” de unos 5 kilómetros, para retornar por el mismo camino que habíamos realizado. Llegué nuevamente a la bifurcación, donde consulté al bombero que estaba allí ubicado sobre el eventual pasaje de Alejandra (haciendo referencia a la banderita uruguaya que llevaba en su mochila… pero después me enteré que la había perdido), y a partir de allí, encaramos rumbo a El Durazno. Aún podía trotar en zonas de bajada y planas, pero ya sentía el esfuerzo y una molestia en la planta de los pies, maldiciendo por haber llevado un calzado bastante “castigado”.

5

En el Km. 60.5 llegamos al Cruce de la Chaqueña, donde estaba el sexto PA. Después de tomar un poco de líquido y comer maníes y frutas, emprendimos una fuerte bajada hacia un camino de tierra. Empezaba a irse el sol, así que me coloqué la linterna frontal, y un poco más adelante la tuve que encender. El cruce de un arroyo, peligroso por lo profundo y la fuerza de la corriente, fue sencillo gracias a la excelente colaboración de los bomberos que allí se encontraban, que nos ayudaban a cruzar entre las enormes piedras.
Cuando salimos del camino de tierra para ingresar nuevamente a trillos de campo y un tramo en fuerte subida, me pegué a una pareja de jóvenes argentinos, y decidí seguir con ellos. Veía a lo lejos, tres corredores que se acercaban a buen ritmo, e incluso escuchaba sus voces. Mis compañeros ocasionales no veían señales -ni yo tampoco- así que les sugerí volver hasta la última marca y buscar el camino correcto. Nos alcanzaron los tres que venían más atrás, y cuando les dijimos -en la oscuridad de la noche- que no veíamos señales, identifiqué la voz de Alejandra. “¿Ale?”, le digo. “¡Jota!” me respondió. El reencuentro fue muy propicio para rápidamente ponernos al tanto de nuestros ritmos y “desventuras”, en particular el malestar estomacal de Ale durante gran parte del recorrido. Mis dos acompañantes, eran además compañeros de los dos que venían con Alejandra, así que decidimos seguir todos juntos.

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En la noche, divisamos a lo lejos el 7° PA -Puesto de Ortiz-, en una carpa iluminada y con fuego encendido, con música cordobesa que se escuchaba desde muy lejos, y una onda increíble. Después de una fuerte bajada, llegamos a ese puesto. Sentía el estómago bastante revuelto, así que no pude comer nada, pese a que había un asado espectacular. Descansamos un poquito e ingerí tres pedacitos de naranja, que me permitieron sentirme mejor. A partir de allí, nuevamente nos esperaba una subida pero ya en un terreno bastante más limpio y por caminos de tierra, divisando algunas casas de la zona cercana a Santa Rosa de Calamuchita.
Cuando culminó ese tramo, salimos a la carretera de tierra, donde nos indicaron que nos faltaban 2.5 kilómetros para la meta. Todos nos pusimos a trotar, y nuestros ocasionales compañeros se fueron adelante. Pese a que Alejandra estaba con más fuerzas que yo en ese tramo, me esperó -flor de aguante, me hizo- para llegar a la meta en 17 hs 20 minutos (posición 194, 24° en la categoría por edad entre 30 competidores), donde nos esperaban nuestros amigos. Objetivo conseguido, misión cumplida, dentro del tiempo límite de 19 horas.

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Después de una ducha caliente en el hotel, cenamos unos sándwiches de lomito, para irnos a descansar. El domingo a la mañana, disfrutamos de un excelente desayuno y comentamos sobre la carrera para luego emprender el retorno.
En lo personal, y pese a la ubicación en la carrera, debo considerarme satisfecho pues además de la distancia de 75 Km, la acumulación de carreras que traigo, el desnivel acumulado positivo (3500 metros, realmente exigentes), regulé el ritmo en la mayor parte de la carrera y culminé bastante entero, al extremo que durante el viaje de retorno prácticamente no sentí molestias.
A mis hermanos de la vida y compañeros de aventuras, un enorme ¡gracias! por un fin de semana espectacular. Siempre es un privilegio poder compartir desafíos disfrutando a pleno de la naturaleza y de los amigos.

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Lago Nahuel Huapi III, La Vida de Viaje

octubre 6, 2017 — by Andar Extremo0

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Andrés Calla y Jimena Sánchez nos comparten su última y tercer entrega de la experiencia en kayak por el lago Nahuel Huapi. Nota de la revista 46

El hombre animal
por Andrés Calla y Jimena Sánchez

1

El margen oeste del lago es la más agreste. El coihue, la lenga, el ñire y el arrayán son los verdaderos dueños de estas tierras. Todavía se pueden ver las casas de aquellos pobladores que viven desde mucho antes de la creación del Parque Nacional. Son hogares humildes, con techos y paredes de madera nativa, gallinas en corrales y algún que otro molino de viento que quedó relegado del tiempo.
Chequeamos el pronóstico y es poco alentador: en tres días se cae el cielo y se vuela todo. Pero ese mal clima no va a durar un día o dos, sino seis. Ergo: debemos llegar a Bahía López en tres días porque en la cuenta de comida, el saldo es negativo.
El Blest es el brazo del Nahuel Huapi que más promete. Es un lugar turístico visitado por miles de personas al año que lo navegan en catamaranes y barcos, y que conecta Argentina con Chile. Para nosotros es una garganta de 15 km de largo. Las condiciones ideales para remarlo de ida son dos: sin viento (tranquilidad absoluta, avanzaríamos a nuestro ritmo) o viento leve del este (un empujón de atrás, avanzaríamos un poquito más rápido)
A medida que nos vamos acercando a su boca todo se complica. Hacemos una parada en la isla Centinela para un segundo desayuno. En este islote de 250 metros de largo y 100 de ancho, descansan los restos de Pascasio Moreno, el explorador, geógrafo y político más importante de la década del 80 en Argentina. Mientras preparo avena con nueces, Andrés sale a fotografiar la isla. Llega hasta el extremo opuesto desde donde puede ver al profundo Blest y vuelve con un pronóstico extendido:
-Podés creer que está entrando viento del oeste…
-¿Cómo la ves?
-Y… está picado…
-No quiero pasar otra vez por lo de Dina Huapi. Si lo ves bien, vamos y si no, cruzamos a la playa de enfrente y nos quedamos.
-No, dale, comamos y sigamos.

2

Dos días atrás, remando con lago planchado, Andrés me confiesa que estaba algo aburrido, que él había ido a buscar aventura y que los días, hasta ahora, habían sido muy tranquilos. Poco viento en contra, poco viento a favor.
-Tené cuidado que la última vez que dijiste algo parecido te diste un palo con la bicicleta en San Luis.
Y agregó con tono mitad chiste, mitad en serio:
-Guarda con lo que decís porque acá no estás solo. Yo no vine a buscar más aventura que ésta, así que tené cuidado con las palabras que usás porque lo que pidas lo vamos a vivir los dos.
Al salir del reparo de la isla Centinela casi se nos vuela el alma. Estábamos en el lugar más complejo del lago, donde no debía soplar viento y donde las olas eran sinónimo de quilombo. Pero en lugar de desesperarme como aquella vez en Dina Huapi, me dije: vos podés, ¿vos querías aventura? ¡Acá la tenés!
Empezamos a remar con fuerza y constancia para no perder el ritmo, pero yo me quedé muy atrás. Andrés me saca mucha ventaja y el viento se pone peor… acá no la puedo cagar. Lee mi mente a distancia, y frena, saca su remolcador para ir juntos y cerca, otra vez.
Vamos avanzando a paso de babosa, frenando en pequeñas bahías para aflojar los músculos y la tensión, que sabe a agua dulce de glaciar. La realidad es que no sabemos con qué nos vamos a encontrar a medida que vamos avanzando.
¿Habrá un paredón? ¿Habrá una playa? ¿Habrá piedras? ¿Podremos parar? ¿Cómo pegarán las olas?
Lo que venía después no estaba en los planes: 2 km eternos de paredones de piedra y el catamarán que navega el brazo Blest, del lado de enfrente. Ahora no sólo tenemos olas de frente sino también del lado del paredón y del lado del catamarán.
3-O-L-A-S.
De diferente altura y dirección. Veo cómo la proa del kayak de Andrés sube dos metros y rebota en el agua, y él a veces no alcanza a verme, también por las olas. Debo estar atenta al cabo del remolque porque si se engancha con algo, corremos el riesgo de caernos al agua.
Y Andrés me pregunta cómo estoy, y no sé qué responderle.
Tengo miedo.
El paredón no termina más.
Y la playa no llega más.
Y todo pasa lento.

3

Y se me viene un recuerdo absurdo a la cabeza: la primera vez que hice kayak en México con mi papá. El mar estaba tranquilo y los dos remábamos en un kayak doble de plástico. Entrábamos al mar cortando la ola y lo estábamos haciendo bien, pero cuando quisimos doblar, vino una ola y nos dimos vuelta. De repente me encontré abajo del agua, con los ojos abiertos hacia la playa y el kayak como sombrero. Empecé a preocuparme: ¿dónde está papá? ¿Dónde está Papá? Y cuando salí a la superficie, lo vi y respiré profundo y…
¿¡Qué carajo hago pensando en eso!?
Vuelvo al Nahuel, y Andrés me pega otro grito:
-¿Cómo estás?
-Bien, ¡¡Pero quiero costa!!
-¡Yo También!
Y aparece una playa a la derecha, pero si entramos con esta ola seguro nos tumba. Entonces seguimos remando para que esa ola nos empuje de atrás. Y llegamos. Y me tiembla todo el esqueleto. Y a Andrés, después de tanto remolcarme, le duele el hombro derecho.
Bingo.
FOTOS
Nos quedamos en la costa a descansar, esperando que el caos se calme de una vez. Hace frío y hay muy poco sol, mala combinación. Andrés me confiesa que su decisión de salir de la isla Centinela no fue buena. Que nos deberíamos haber quedado, que nos arriesgamos sin sentido. Y le respondo: vos querías aventura. Casualidad o palabras que crean realidad.
Dos horas después, el lago se plancha. Maldito lago, maldito Eolo. Me acuerdo de Nahuelito, esa supuesta criatura acuática desconocida que, según la creencia popular, habita en esta inmensidad de origen glaciar. Al único ser al que hay que temerle en la Patagonia es al dios del viento que se encabrona y ralentiza a los seres humanos que buscan romper cadenas y sumergirse en lo desconocido.
Salimos.
Y el sol nos calma el pulso.
Y aparece Prefectura arriba de un gomón.
Y nos pregunta si estamos bien.
Y llegamos a la cascada del arroyo Blanco.
Y sentimos que todo el esfuerzo valió la pena.
Al otro día nos levantamos bien temprano. Son las 6 de la mañana y el sol aún no salió. Las botas de neoprene, las calzas, las remeras, están húmedas. Nos duelen los huesos cuando nos metemos en el agua y empezamos a remar. Hasta nos ponemos guantes, pero las manos tardan en entrar en calor y los pies… ni pensemos en los pies: son dos icebergs.
Llegamos a puerto Blest, un pequeño embarcadero anclado en una bahía de arena volcánica con los cerros Esperanza y Tres Hermanas, escoltándola. Es un paraíso en el corazón de la Cordillera de los Andes que esconde a la selva Valdiviana, uno de los lugares más lluviosos de Argentina (3 mil mm de precipitación anual). Cohiues y alerces gigantes, arbustos bajos y verdes, lianas y enredaderas son los tesoros que encuentran los aventureros que se animan a explorarla.
Puerto Blest sirvió de puerta de entrada al lago Nahuel Huapi desde Chile. Desde 1620 los militares usaron este paso en búsqueda de indígenas esclavos. Lo cruzaron misioneros, viajeros y colonos y fue un punto estratégico dentro de la Campaña del Desierto. Las huellas de la historia no sólo están en la tierra, también se ven en el agua.
No nos queremos demorar mucho más en salir. Vemos una ráfaga bien al fondo, entrando en el este y al rato, otra vez, viento en contra. Estamos cansados, el cuerpo está cansado. Ni bien salimos del brazo Blest, la cosa cambia. El lago nos guiña el ojo y se aquieta…se vuelve mudo. Con su mano derecha entramos en el último brazo de esta larga aventura.

4

El brazo Tristeza tiene cascadas, pero no vemos ni una. Abril no es un mes de agua y las pocas lluvias de verano no hicieron brotar ni siquiera un chorrillo. Quizás por eso se llama Tristeza…sus lágrimas tienen caída libre. Son 14 km tallados por la naturaleza. Es angosto, prístino, salvaje, y está enmarcado por los cerros López y Capilla. Ahí vamos nosotros, entre paladas de pensamientos. No queremos bajarnos del kayak ni que la travesía se termine pero el reloj anuncia que en 24 horas llegaremos al km 0 de esta larga aventura.
A la mañana siguiente ordenamos por última vez el equipo, tomamos el último mate sobre la costa, apoyamos por última vez las manos sobre el agua, y remamos por última vez las aguas del Nahuel. Nadie dijo que la salida iba a ser fácil. Faltaba una prueba más.
La entrada y salida del brazo en días de viento es complicada: se juntan los vientos de tres grandes regiones del lago y se suma la pared del cerro López donde esos mismos vientos rebotan. Las olas, también. Viniendo del sudoeste, los últimos mil metros pueden volverse tu peor enemigo, Sólo hay paredes de roca y nada más.
Ahí estamos nosotros con viento a favor, el que tanto pedía Andrés, pero en el peor lugar del lago. Encima de todo, con ola de atrás, esa que no te da tiempo a enderezar el kayak porque te mueve de un lado a otro, esa que en días rabiosos te puede desestabilizar y plaf!, al agua, esa que existe para una cosa: molestar.
No hay palabras para describir cómo se mueve el kayak. Dina Huapi no fue nada, menos lo fue Blest. Las olas son enormes, están más altas que nunca. El rebote en el paredón es abismal, no me da ni la velocidad de los brazos ni los movimientos del pie sobre los pedales del timón para lograr que al menos un segundo el kayak quede derecho. Andrés está cerca mío intentando seguir adelante pero creo que ninguno de los dos se esperaba ésto. La despedida del Nahuel es como él: violenta, desordenada y al límite.
Hay que llegar a esa punta, doblar y entrar en bahía López. Pero otra vez, como tantas veces, esa punta no llega. El paredón se hace eterno. El pulso cardíaco se acelera por demás por la ansiedad de llegar.

5

Pero llegamos.
Y gritamos de la alegría.
Porque lo hicimos. Y lo hicimos bien.
Y los ojos empiezan a brillar.
Y las lágrimas se entremezclan con el agua.
Y es en ese instante donde lo natural y lo humano, se hermanan.
Huapi, en idioma mapuche, significa isla, tierra aislada por ríos o quebradas. Nahuel quiere decir tigre, pero algunos dicen que en realidad significa “hombre transformado en tigre”. La raíz “na” remite a saber y “Nahual” al conocimiento de las cosas secretas de la naturaleza.
En el lago Nahuel Huapi fuimos testigos, aprendimos a observar la naturaleza y a oír sus mensajes ocultos. A veces, nos sentimos una pieza más de la Madre Tierra…y es que lo somos, pero casi siempre lo olvidamos. Nos sentimos como esos antiguos exploradores que leían el agua y las nubes para zarpar o arribar. Nos sentimos solos, como nunca antes. Nos sentimos héroes y humanos al mismo tiempo. Nos sentimos tan frágiles como el cristal. Tuvimos miedo. Reímos y lloramos de adrenalina. Peleamos con el agua y con nosotros mismos.
Después de 16 días, conquistamos nuestros límites. El sabor es dulce y frío como las aguas inmensas y cristalinas del cuarto lago más grande de Argentina.
Nahuel Huapi, ya sos parte de nuestra historia.

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Lago Nahuel Huapi II, La Vida de Viaje

octubre 6, 2017 — by Andar Extremo0

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Andrés Calla y Jimena Sánchez nos comparten su segunda entrega de la experiencia en kayak por el lago Nahuel Huapi. Nota en la revista n° 43

“El Enemigo Invisible”

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Solos en una isla, en una playa. En la oscuridad se escuchan aullidos, quizás de ciervos. Hace mucho frío y el lago está furioso y ciclotímico: de noche es una seda, de día las olas salpican su superficie. Estamos en la isla Victoria, en el corazón del Nahuel Huapi. No es una isla pura sino todo lo contrario: fue manoseada por quienes la habitaron, al contrario de lo que nos cuentan.
En 1903 llegó Aarón Anchorena, un aristócrata argentino que deslumbrado por la belleza del lugar, solicitó al Estado Nacional su usufructo. Al año siguiente y ya instalado como arrendatario, construyó una vivienda, un astillero en el puerto, muelles, abrió senderos destruyendo la vegetación nativa y limpió sectores del bosque para sembrar especies exóticas. Además impulsó la explotación ganadera y maderera, y después de una década, devolvió las tierras al Estado.

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Desde ese momento pasaron 15 años de permisionarios que aumentaron el número de cabezas de ganado, de talas y de incendios, lo que produjo una reducción del 50% del bosque andino-patagónico que cubría la isla. En 1924 se creó el Vivero Nacional (ubicado en el centro de la isla) con la intención de reforestarla con especies nativas y exóticas de todo el mundo. Sin embargo, “las de afuera” (el pino oregón, el pino ponderosa, el arce y la retama) empezaron a desplazar a las nativas. Hoy eso es un problema que las autoridades del Parque Nacional Nahuel Huapi están intentando resolver.
A pesar de la historia tan injusta que le tocó, es la isla más importante del lago. Y porque el clima así lo quiere, nos quedamos tres días en la playa Piedras Blancas. El primer día disfrutamos de estar con los pies sobre la tierra. El segundo no sabíamos si salir o no, porque los corderitos (olas) que estaban llegando del este venían jugando una carrera con una ráfaga de más o menos 40 km/h. Al final decidimos no salir, pero aprovechamos que los kayaks estaban vacíos para entrenarnos un poco en esta materia que nos estábamos llevando a marzo: remar con olas cuando el viento lo tenías de costado.
Mientras nos equipamos, llegó un velero. Se bajaron cinco hombres de unos 50 años, y mientras amarraban su embarcación, nos miraban. Bajamos los kayaks a la costa y ellos una heladerita. Nos ajustamos los chalecos y ellos sus mandíbulas para un asado. Agarramos los remos y ellos velocidad como manada de caballos.
-Chicos, no salgan, eh.
-No, gracias. Vamos a jugar un poco con los kayaks pero dentro de la bahía.
-Ah, menos mal. Estábamos preocupados. Este lago es muy puto.
“Este lago es muy puto”, era poesía pura…segunda vez que lo escuchamos. La primera vez la oímos salir de la boca de un chico de 16 años que intentaba convencernos de que el Nahuel no era moco de pavo, que no nos confiemos nunca de su calma porque la mayoría de las veces le precedía una tempestad. Y mientras las olas se iban poniendo más bravas, los hombres de 50 afilaban sus cuchillos sin mayores preocupaciones y nosotros… nos metíamos al agua a jugar, cerca de la orilla.

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Piedras Blancas era un paraíso. Y como en todo paraíso natural, no hay señal de celular. Pero uno de los hombres cincuentones nos avisó que teníamos que caminar hasta la cima que está en uno de los extremos de la bahía para poder dar señales de vida. Lo bautizamos como “el locutorio”, o el lugar donde mandábamos mensajes. Llamamos a Prefectura y cargamos los paneles solares cuando la luz del sol iluminaba los puntos altos de la isla.
De noche, y mientras cenábamos té con chocolate, nueces y almendras, reflexionamos sobre las sensaciones del viajar en kayak. Debe ser similar a lo que siente un escalador cuando está enfrente de una montaña: la estudia, la analiza, la respeta y la admira…seguro le tiene miedo, pero él quiere superar ese miedo, quiere superarse a él mismo.

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Me quedé pensando en lo que decía Andrés y quizás era cierto, sin embargo había algo que nos estábamos olvidando y que marcaba el ritmo de todas nuestras travesías y viajes, estamos dejando de lado al verdadero enemigo de toda esta trama, un enemigo invisible que nos hacía luchar y que nos desafiaba minuto a minuto, día tras día: el viento, ese buscarabia del cual no nos librábamos ni en tierra ni en agua, él era quien definía nuestro destino cortoplacista.
El tercer día salimos de paseo. Dejamos la playa para caminar por la isla y atravesamos el bosque para llegar al antiguo vivero. Bordeamos el lago y llegamos a playa del Toro, una playa de arena con pinturas rupestres que atestiguaban el paso de los pueblos originarios que habitaban este territorio insular. Tomamos mate en el muelle y regresamos a Piedras Blancas pensando que al día siguiente había que levantarse bien temprano para poder salir de la isla.
La alarma del celular sonó a las 7 de la mañana. Decidimos desayunar una manzana para cruzar el lago lo antes posible. Hay corderos en el este, pero son bajitos, indefensos. Mientras remábamos, le rogaba al Dios del agua que nos dejara llegar tranquilos, le suplicaba que no se vuelva a repetir lo de Dina Huapi. Y Andrés, sin preguntarme, sacaba el remolcador y lo enganchaba en la proa de mi kayak para avanzar juntos lo más cerca posible.

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Una hora después y ya en tierra, el lago se arremolinaba, se llenaba de corderos. Sentí que me estaba por bajar la presión. No sé si por el cagazo o porque me faltaba un desayuno en el estómago. Mientras Andrés preparaba avena con nueces y almendras, respiré profundo y le agradecí a la Madre Tierra el aventón.
Entramos en el brazo Huemul y como las ráfagas eran del este, el lago ni se movía. Lo navegamos tranquilos, con la atención puesta en el paisaje y no en las olas-zamba. A este brazo lo rodeaba la mítica 40, esa ruta vertebral que une al país de punta a punta y que conocíamos a pedal. Si alguien nos hubiese preguntado si imaginábamos verla desde el agua alguna vez, le hubiésemos respondido seguramente que no, que en nuestros planes sólo existía la posibilidad de viajar en bicicleta y nada más. Hoy sabemos que las cosas pueden cambiar como la dirección del viento. Quizás esa sea la gran lección del enemigo invisible: él es tan incierto como nosotros.

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Amanecimos cerca de la 40, preparamos el equipo y salimos. Parecía que el viento nos estaba tomando el pelo: esperó vernos en el agua para empezar a soplar. El lago fue un espejo durante la primera media hora de remada, pero después ese espejo se volvió una anécdota y lo peor de todo: lo teníamos en contra.
La proa subió en cámara lenta y cayó rápido y con fuerza. Tenía que cortar la ola si no, estábamos jodidos. El agua nos empapaba la cara. El ventilador cada vez soplaba con más y más fuerza y no quedaba otra que alejarnos de la costa porque la ola de ese lado pegaba de costado. Otra vez la adrenalina en la primera plana de nuestro diario de viaje.
Me di cuenta que tengo un temita con el tiempo mientras remo: una hora para mí son 20 minutos… 20 minutos eternos, pero minutos, no horas. El tiempo se estiraba y estiraba como chicle y todo pasaba lento, a velocidad de 7 km/h.
Cruzamos islas, pasamos cerca de casas tan grandes que me pregunté si en este punto de la Patagonia todas las familias eran numerosas o sus dueños competían entre sí para ver quién tenía la casa más grande, con más cuartos y mejor vista. Mis pensamientos tan superficiales se vieron interrumpidos por una lancha que salió de Bahía Mansa con cuatro amigos en dirección a nosotros. Me empezó a latir el corazón como si estuviese caminando en la avenida 9 de Julio con un camión a punto de atropellarme. No exagero. Le quise hacer señas con el remo, pero el viento no me permitía dejar de remar y cuando agarré más velocidad, el estúpido timonel esperó a tenernos a un metro de distancia para abrirse y desviarse. Ese timonel casi me mata de un paro cardíaco. Lo maldigo a los gritos y se me queda mirando. Ojalá haya escuchado algo de todo lo que le dije, especialmente la parte de sus músculos marcados y la lancha de papá.
Todo volvió a la normalidad cuando llegamos a bahía Mansa, pero como no había campings, debimos cruzar 100 metros a pie desde Bahía Mansa a Bahía Brava, porteando los kayaks. Le pregunté a Andrés:- ¿si les digo a esos chicos que nos ayuden? Pesan mucho los kayaks, amor. Y Andrés me respondió: no los molestemos, llevamos uno, descansamos, llevamos el otro y listo.
Al segundo siguiente, ellos mismos se acercaron:
-Perdón, una pregunta… ¿ustedes son Jime y Andrés?
-¡Hola! ¡Sí!
-¿Del blog: La Vida en Viaje?
-¡Sí! La Vida de Viaje.
-¡Yo los sigo! ¡Qué bueno verlos acá!

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Y entre charla y charla, aparecieron más amigos, todos con sus cascos y el pulso acelerado después de haber hecho el bosque de arrayanes en bici. Los seis nos ayudaron a cargar los botes. Gracias, gracias, gracias. Soy feliz.
Paramos en un camping por tres días sin deseos de irnos por la increíble ducha de agua caliente, ese chorro que nos usó de blanco perfecto, esa lluvia que nos recordaba que no todo era agua fría sino que también existía el agua caliente. Éramos los únicos en el camping y nos dimos el lujo de darnos una ducha de más de 10 minutos. Sepan entender: es una necesidad, cambia la temperatura corporal, cambian las ideas y nos urgía sacarnos el olor a neoprene que en este viaje se convirtió en nuestra segunda capa de piel.
Al otro día salimos a darle la vuelta a la península de Quetrihué en kayak. Ahí se escondía un tesoro: el bosque de arrayanes, algunos con más de 650 años de edad. Se trata de una especie nativa característica del bosque andino-patagónico cuyo tronco es frío y color canela. El vocablo “Quetrihué” significa en idioma mapuche “donde hay arrayán”.

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Son 12 km de ida sobre la margen oeste y 12 de regreso por el este. Paredones muchos, playas para parar pocas. El frío del bosque, los chucao cantando (esos pajaritos tan chiquitos que vuelan en el sur), el viento ausente. Después de los días agitados que tuvimos, esto se volvía un paseo. Llegamos al muelle que indicaba el ingreso al Parque Nacional Los Arrayanes. Estacionamos los kayaks, sacamos del tambucho una lata de atún, pan y mayonesa y nos sentamos en un banco de madera que estaba sobre la costa.
-Perdón, una pregunta… ¿ustedes son Jimey Andrés de La Vida en… La Vida de Viaje?
-¡Hola! ¡Sí!
-Quiero que sepan que por su culpa estoy acá.
Los tres largamos una carcajada y nos volvimos a presentar. Facundo estaba viajando desde Bariloche hasta San Martín de los Andes por primera vez en bicicleta y vino a pedalear al bosque de arrayanes. Nos sentamos, almorzamos y dimos una vuelta por las pasarelas que conectan el lugar. Nos despedimos, volvimos a los kayaks para regresar al camping y en Bahía Brava nos volvimos a encontrar con Facundo para tomar unos mates. En ese momento, unos chicos se acercaron:
-Perdón, una pregunta… ¿ustedes son Jime y Andrés de La Vida de Viaje?
-¡Hola! ¡Sí!
-Los seguimos por el blog, nosotros también viajamos pero en camioneta.

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Guillermina y Gonzalo del blog: Vuelta por el Universo www.vueltaporeluniverso.com se sentaron así con nosotros a merendar. Ellos estaban cumpliendo su sueño de viajar en La Fugitiva, una trafic modelo 94. Charlamos, tomamos mates, nos despedimos y volvimos al camping sabiendo lo que nos esperaba: la sagrada e incomparable ducha de agua caliente.
Los próximos dos días fueron libres: libres de kayak, de comer algo más que fideos, de dormir siesta… Llovía, y cuando llueve el lago es una seda. Llovía a cántaros, menos mal que no salimos. A la mañana siguiente, y después de patalear (porque andá a saber cuándo volveremos a disfrutar de una buena ducha de agua caliente), salimos en dirección a la isla Fray Menéndez que estaba justo enfrente del camping. La rodeamos y pensé: “no todo es lo que parece”, porque la cara oeste de la isla era tupida, llena de árboles y verde, pero la cara este de esta misma isla es gris, agrietada, un paredón. La explicación: la erosión del viento y del agua siempre es más fuerte en el oeste, y de ese lado el enemigo invisible se hace visible.
Era el día 12 de la travesía y el fondo transparente nos seguía sorprendiendo. Había vapor sobre el agua y seguían apareciendo islas: esta vez dos iguales y redondas. Entramos en el brazo Última Esperanza y nos preguntamos por qué habrá sido bautizado con ese nombre.
El bosque acá no es verde: es verdísimo. Es que el 4 de junio de 2011 el cielo de Villa La Angostura se tapó y la ceniza del volcán chileno Copahue lo cubrió todo (rutas, lagos, casas, senderos). Esa arenilla gris e invasiva parecía el fin del mundo. Sin embargo, desde ese día todo cambió. El pueblo se unió y en tiempo récord se recuperó. La naturaleza tomó la ceniza como abono y Villa La Angostura volvió a ser “el jardín de la Patagonia”.
Las playas en Última Esperanza están aún hoy cubiertas de ceniza, y cuando entramos en el brazo de al lado, el Rincón, remamos rodeados de piedras pómez del tamaño de carozos de aceitunas. Los remos parecían maracas: hacían tanto ruido que creímos que en cualquier momento se iban a rayar. Al agua la sentimos más densa, más espesa. Después recorrimos el brazo Machete y de ahora en adelante sólo nos quedaba volver. Empezamos a recorrer la margen oeste del lago, la menos intervenida por el hombre, y entramos en sus brazos más largos y complejos: el Blest y el Tristeza.
Dicen que lo mejor siempre queda para el final.

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Tecnología

Parka Marmot Exum Ridge Goretex

octubre 6, 2017 — by Andar Extremo0

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Seguimos con las pruebas de campo y esta vez le toca el turno a Marmot, marca desarrollada por David Huntley y Eric Reynolds en 1974. Una evaluación con pruebas exigentes, realizada por nuestra revista, y La Vida de Viaje, permitió un informe concreto y minucioso de la parka deportiva, transpirable, impermeable y rompeviento. Desde Andar Extremo junto a Andrés Calla (gran ciclo turista), les presentamos lo realizado.

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La parka Marmot es un rompeviento impermeable totalmente guerrero, increíble para realizar deportes con mucha movilidad. El testeo elegido para la prenda fue realizando en kayak (con lluvia durante un tiempo aproximado a las tres horas), en caminata en la sierras por 6 o 7 horas, y en una clase de spinning de una hora, con el objetivo de comprobar su transpirabilidad.
La remada en kayak fue una prueba dura por las condiciones climáticas adversas, y luego de varias horas de actividad, no sólo teníamos las prendas internas secas (gracias a las costuras 100 % selladas), sino que a eso se sumó un beneficio único para el deportista exigente: en ningún momento se sintió el viento. La transpirabilidad de Gore-tex Active, realmente brinda en esta parka, una comodidad óptima.
Diseñada para los movimientos rápidos, tiene un diseño pegado al cuerpo, con mangas que calzan a la perfección y cierre del velcro en los puños asimétricos que dan una movilidad increíble y más para una actividad como es el kayakismo.

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En la sierras, la prueba también fue exigida, ya que al comenzar el trekking la temperatura era inferior a los 4 grados. Tres características resaltaron desde un principio: los bolsillos resistentes al agua y con un cierre bien amplio y alto (por un lado hacen imposible la pérdida de objetos y por el otro son algo incómodos para el descanso de los brazos), el dobladillo con cordón elástico que no permite que pase el viento por debajo, y la capucha, compatible con casco con ala moldeable que termina de brindar una protección contra todo factor climático, fundamental para protegerse al máximo. Algo más que destacable: posee también una tecnología Angel Wing Movement™ que evita que se suba la campera por sobre la cintura al levantar los brazos.
Con un peso de 331 gramos, la prueba de transpirabilidad más dura fue hecha en un salón cerrado, en una hora de bicicleta fija. Allí, se detectó una confección increíblemente transpirable realizada con capa Gore-Tex Active, una tela tricapa, la más técnica a nivel evaporación de Gore. Lo bueno de este test, fue que luego de una hora, la campera seguía evaporando y la sensación en el cuerpo no era de agobio.
En síntesis, Marmot presenta una parka ideal para hacer deporte, muy cómoda, impermeable, respirable y con una capacidad de cortaviento más que útil para deportes de extrema exigencia.

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La vida de viaje y la Exum Ridge
¿Qué campera llevar cuando la idea es recorrer en bicicleta 1247 kilómetros por uno de los lugares
más lluviosos y fríos del mundo?
Hoy, después de usarla durante más de dos meses en la Patagonia chilena, la respuesta es la Exum Ridge Jacket de Marmot. Era la primera vez que iba a viajar con indumentaria de esta marca, y por más que las críticas fueran buenas, las dudas aparecían una y otra vez.
La primera impresión no fue de las mejores: su tela liviana y sus 300 gramos me hacían dudar sobre su impermeabilidad y su capacidad rompeviento. Todas esas inquietudes desaparecieron el primer día de viaje cuando una fuerte y fría lluvia patagónica la puso a prueba. Sé que no fue un amor a primera vista, ¡pero sí de primer uso!

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Con el paso de los días tuvimos la oportunidad de realizar diferentes trekkings, caminar sobre glaciares, pedalear con todos los climas y hasta remar varias veces en kayak, y la campera siempre cumplió con su función de tercera capa sin dejar de lado su excelente transpirabilidad. La Exum Ridge Jacket está pensada y diseñada para realizar actividades deportivas y esto se nota en todos los detalles: desde los bolsillos en el pecho, los puños con velcro y hasta la capucha que te permite usar todo tipo de cascos sin ningún problema.
La experiencia de uso fue muy buena por sus características y versatilidad. Y hoy es una campera que no pienso sacar de mi mochila sea donde sea que esté, en el medio de la Patagonia o en la mismísima ciudad de Buenos Aires.

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Mountain Bike

Paso Portezuelo de la Divisoria

octubre 4, 2017 — by Andar Extremo0

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En el proyecto 43 Cruces de Los Andes en bici entre Argentina y Chile, esta vez, Javier Rasetti y Marisol López, nos cuentan la experiencia del séptimo cruce Paso Portezuelo entre El Chaltén y Villa O’Higgins. Con ustedes, la emoción y la aventura en un recorrido inolvidable. Nota en la Revista Andar extremo n° 46

Por Marisol López fotos: Javier Rasetti

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Una pequeña senda de barro y raíces sube en medio del bosque. Un mosquito se posa en la frente pero las manos están ocupadas empujando, intentando ayudar al resto del cuerpo que, aunque parezca algo chico y flacucho, siempre saca fuerzas de algún rincón terriblemente testarudo y empecinado que me permite dar otro paso más. Y el mosquito? que pique nomás, ahora estoy ocupada.
Arriba me espera Javi que saca fotos y se ríe. “Vamos Sol, dale!!”, me dijo, y seguí empujando concentrada y contenta porque sé que mientras bajo la mirada, mientras los pies avanzan un poco más y la transpiración me cubre la cara, Javi me sigue mirando sonriente y seguro de que voy a llegar.
Se llama Paso Portezuelo de la Divisoria, pero pocos saben su nombre real dado que se lo conoce como el cruce O’Higgins. Une el pueblo del Chaltén en Argentina con el de Villa O’Higgins, en Chile, y para poder realizarlo hay que cruzar dos lagos y hacer un trekking de 8km por el bosque.
Eran pasadas las 12 del mediodía cuando salimos de El Chaltén rumbo al Lago del Desierto, y la balsa que nos cruzaba a la punta norte del lago salía a las 16.30hs. Teníamos 38 km de ripio por delante y cuatro horas para llegar. “Hay que pedalear, si pedaleamos llegamos… como vos quieras, Sol”. Sabía a qué se refería Javi cuando decía “Hay que pedalear”, con los ojos que saltaban del entusiasmo. Definitivamente, había que intentarlo. “Lleguemos a la balsa”, fue la única respuesta que se me ocurrió darle. A partir de ese momento, nos subimos a las bicis y como si con el hecho de decirlo se activaran los mecanismos de nuestros motorcitos internos, nos fuimos alejando mucho más rápido de lo que hubiéramos imaginado.

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Atrás quedaban 15 días que particularmente me marcaron profundo, en los que tuve la posibilidad de caminar aquellas montañas con mi papá después de un año de tener que nombrar la palabra cáncer más veces de lo que hubiéramos querido. Mientras un aparato de rayos, el cuerpo y el miedo a la pérdida, se transformaban en una de aquellas imágenes que congelaban el tiempo, mi papá se paraba firme y con las manos en los bolsillos por el frío, estiraba el cuello y sonreía como un nene, con una sonrisa eterna de ojos brillantes mirando un glaciar… yo me la guardaba bien adentro por el resto de mi vida.
Atrás también quedaba una casa que se iba levantando entre ladrillos, cemento, cal y todo el amor inabarcable de dos padres por su hija, de una pareja construyendo una vida juntos, de una nena dulce y hermosa soñando con una habitación del color de las jirafas, y de una amistad que me hace decir gracias en voz baja, mientras escribo.
Disfrutar de mi papá en uno de sus rincones del mundo favoritos, luego de un año difícil de estar peleando contra el cáncer, fue maravilloso.
Poder ser parte y testigo de un momento tan importante en la vida de Evan, mi gran amiga, mientras se hacía su casita en El Chaltén, también se habían convertido en parte de este viaje…de estos Andes en bici que no paran de movilizarnos y regalarnos oportunidades.

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Eran las 16.15 cuando llegamos al Lago del Desierto muy sonrientes y cansados, justo a tiempo para tomar la balsa. A partir de ahí, el cruce dejó de ser de dos para multiplicarse por 4. Con Jime y Andrés nos conocemos desde el 2014, la relación primero fue virtual pero, de a poco los caminos, elecciones y visión del mundo empezó a juntarnos, y para cuando nos dimos cuenta ya estábamos ideando viajes grupales. Ellos tenían su proyecto, nosotros el nuestro, y las rutas no coincidían hasta esa tarde en el Lago del Desierto, frente a la balsa que nos llevaría hacia la otra punta donde tendríamos días de risas y recuerdos juntos.
Para llegar a la punta norte, donde se encuentra el puesto de Gendarmería Argentina, se puede optar por dos alternativas: hacerlo en una balsa que demora 40 minutos o, rodear el lago a lo largo de un trekking de 12 km por el bosque. Nuestra primera reacción fue entusiasmarnos con el trekking y descartar la balsa pero apenas nos pusimos a averiguar un poco más, no hubo ninguna persona de las que lo habían recorrido caminando, que nos incentive a ir con las bicis. Según decían, era un sendero exigente con caminos angostos y saltos de agua que lo cruzaban, por lo que las bicis podían llegar a complicar demasiado el avance. Así que después de seguir insistiendo y averiguando un poco más, nos decidimos finalmente a tomar la balsa. Estábamos al principio de la temporada, aún no teníamos experiencia en bosque y aunque sabíamos que no era algo imposible de hacer, de a poco íbamos aprendiendo que la búsqueda del equilibrio trata también de humildad y de aprender a decir que no cuando las condiciones no nos acompañan.

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Por eso es tarde, subimos a la balsa pero, para ser totalmente sinceros, mientras tomábamos un chocolate caliente, cómodos y mirando por la ventana, no pudimos evitar ir con la vista clavada en la costa intentando descubrir por dónde iría el sendero, en qué parte subiría o se pondría intransitable. Era normal y no era la primera ni la última vez que nos pasaba, teníamos la eterna melancolía por lo desconocido.
Yo cortaba la zanahoria en una tablita chiquita y movediza, haciendo todo lo posible para que no termine en el suelo, pero mi esfuerzo al parecer no era suficiente, así que Jime la iba atajando en el aire y la ponía en el sartén. Cocinábamos a dos fuegos, en medio de lengas y ñires, charlando de a ratos, pero con la mirada ausente y las voces sin palabras durante otros, porque atardecía en la Punta norte del Lago del Desierto y cada uno se despedía del Fitz Roy a contraluz y en silencio.
Si hay algo que nos moviliza en esto de andar recorriendo y cruzando la cordillera 43 veces, es todo lo que podemos descubrir y aprender al mismo tiempo. Después de nuestra primera temporada de tres meses en los Andes del norte, sabíamos cómo desenvolvernos en altura, con tormentas eléctricas o aludes. Habíamos perdido el miedo al desierto, la falta de reparo y agua, lo inhóspito de sus distancias. Ahora estábamos en la otra punta del mapa y una vez más nos sentíamos unos novatos frente a una montaña distinta.

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Salimos esa mañana desde el puesto de Gendarmería hacia Candelario Mancilla, con entusiasmo y curiosidad por lo nuevo. Improvisamos un bikepacking casero porque teníamos varias horas de trekking por el bosque con subidas angostas y suponíamos que íbamos a tener que cargar la bici en más de una oportunidad. Vaciamos las alforjas traseras, las pusimos adentro del bolso estanco y cargamos las mochilas con el mayor peso, para que la bici quede más liviana y maniobrable.
El gendarme nos mostró la dirección y fue hacer algunos pasos para que el camino se vuelva una pequeña senda en subida de tierra y raíces. Alrededor nuestro, el bosque se cerró tapando todo el cielo. El mensaje parecía claro: entrábamos en su reino, un reino que nos cargaba de un sentimiento ambiguo e intenso. En aquel túnel de verdes y ramas, nos sentíamos protegidos, como si todo ese frondoso y húmedo bosque estuviera ahí para abrigarnos, repararnos del viento y la lluvia, ofrecernos arroyos de agua y, definitivamente, enamorarnos. Cada uno de los elementos que nos rodeaba era tan perfecto, que la ubicación en tiempo y espacio podían desaparecer, dejándonos hipnotizados y sonrientes.

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“Podemos descubrir y aprender al mismo tiempo”

Si por alguna razón, la senda se perdía o el camino se dividía y no sabíamos por dónde continuar, aquel mundo que nos cobijaba, nos atraparía convirtiéndose en un laberinto. Tal vez por eso habíamos coincidido en tomarnos esos kilómetros con calma, no había por qué apurarnos. Nos encontrábamos en medio de todo lo que habíamos deseado y era nuestra responsabilidad ser conscientes y disfrutarlo.
Subimos con la transpiración pegada al cuerpo, lento y entre risas, porque alguno se quedaba trabado en las raíces y había que rescatarlo, porque mi frente era una roncha enorme de picaduras y porque los músculos, se cansaban de empujar..
Cruzamos un arroyo con cuidado y paciencia, después cruzamos dos, tres, cuatro arroyos más, y lo que había empezado con una revisión minuciosa de cuál sería la mejor forma de vadearlo, se volvió un desparramo de saltos improvisados.

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Jugar
Cuando éramos chicos, no había absolutamente nada que pueda ser más importante. Me recuerdo con mis hermanos comiendo a las apuradas o esperando con impaciencia que se pase la hora de la siesta con el único y fundamental objetivo que movía nuestra pequeña existencia: JUGAR.
Si a los 8 años nos hubieran puesto a los cuatro con nuestras bicis en medio de un bosque, estaba claro en qué hubiéramos ocupado el tiempo. Ahora éramos adultos y hacía rato habíamos decidido tomarnos las cosas importantes con responsabilidad. Teníamos tiempo y un bosque increíble…no había dudas sobre qué era lo que teníamos que hacer: VOLVER A TENER 8 AÑOS.
“huet..huet..huet…huet!!!”

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“Íbamos aprendiendo que la búsqueda del equilibrio trata también de humildad y de aprender a decir no, cuando las condiciones no acompañan”

Apenas lo escuchamos empezamos a buscar por todas partes hasta que apareció. Dio algunos saltitos, de una rama al barro, del barro a un tronco y se acercó a nosotros. huet..huet…siguió insistiendo. Era chiquito, con los ojos grandes y oscuros y no dejaba de repetir su nombre. Nos quedamos quietos para no asustarlo, porque sabíamos que usualmente permanecen escondidos, pero nuestra presencia parecía no importarle demasiado y hasta nos daba la sensación de que era él quien nos estaba observando a nosotros. Qué suerte la nuestra, nos habíamos encontrado con el Huet-Huet más curioso de la Patagonia y había decidido salir a presentarse:
“El Huet-Huet, es un ave de 22cm que habita el bosque andino-patagónico y la selva Valdiviana. Tiene patas bastante largas, adaptadas a la vida en el suelo. Es buen caminador, vuela poco y su coloración mimética lo protege de sus depredadores.”
Dejó que lo grabemos, le saquemos fotos y cuando creyó que ya había hecho lo suficiente, desapareció. Guardamos el equipo y seguimos avanzando felices, con el oído más atento y la sensación de que no sólo el Huet-huet nos estaba observando escondido desde algún rincón.

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Pasaron las horas, el hito no aparecía, y el camino seguía jugando a los obstáculos: por acá un árbol caído, por ahí un mallín con mucho barro. El:-“che no llegamos más!!”, de a poco empezó a tomar protagonismo hasta que a lo lejos vimos que el bosque se abría y la luz del sol entraba con fuerza. Llegamos al límite a las 4 de la tarde y a partir de ahí, la posibilidad de subirnos a las bicis.
La sensación de volver a deslizarnos con el vientito pegando en la cara fue extraordinaria, aunque no duró mucho tiempo. Un poco más adelante, Andrés nos esperaba a un costado del camino con uno de los pedales en la mano. Nos faltaban 14 km hasta Candelario Mancilla y tener que llegar caminando cuando podíamos pedalear, era la última opción en la que queríamos pensar. Se pusieron a buscar soluciones hasta que después de intentar y descartar todos los arreglos mecánicos posibles, Andrés la miró a Jime y le dijo -“Vamos a tener que remolcar mi bici con la tuya”. Pensamos que era un chiste, pero él no se reía -“Necesitamos una soga o algo con lo que podamos engancharlas”, agregó. Cuando nos dimos cuenta, estábamos camino a Candelario Mancilla con Javi y Andrés que habían descubierto en las bajadas y el remolque de bici, un nuevo entretenimiento.
En el instante que lo vimos, tuvimos que respirar profundo y contener el aire por unos segundos: el Lago O’Higgins era de uno de los turquesas más grandes e intensos que hayamos visto antes.
A partir de entonces, una bajada fuerte y larga nos llevó hasta Candelario Mancilla. Pasamos por el retén de carabineros, hicimos los papeles y preguntamos los horarios y días de la balsa que nos tenía que cruzar hasta Villa O’Higgins. “Mañana al mediodía tendría que venir la lancha chica, pero si el tiempo sigue así no creo que cruce, hay viento y el lago esta picado”, nos respondió el carabinero.

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José Candelario Mancilla Uribe fue el primer pionero que llegó a poblar la zona en el año 1927 y en su homenaje bautizaron el lugar con su nombre. “Era mi papá”, me dijo una anciana bajita, mientras se acercaba para ofrecerme un mate caliente y me señalaba una foto en blanco y negro que colgaba de la pared. La hija y los nietos de Candelario Mancilla son los únicos habitantes de esa zona. Desde que el cruce comenzó a ser transitado, encontraron en el turismo una herramienta más de subsistencia. Aman el lugar donde viven, me lo dijeron con una sonrisa grandota. Si hay algo que aprendí de la gente que vive en la montaña, es la capacidad que tienen de comunicarse con movimientos, gestos o un simple mate.
Al día siguiente la lancha no vino, y eso nos obligó a descansar y disfrutar sin culpas. Javi y Andrés se fueron a pescar mientras nosotras dormimos una larga y reparadora siestita.
Eran las 10 de la mañana y había dos opciones para llegar a Villa O’Higgins: cruzar el lago en una lancha pequeña y mucho más económica que salía al mediodía o, esperar hasta las 6 de la tarde a que la balsa grande vuelva de hacer la visita que ofrecían al glaciar O’Higgins y pagar varios chilenos más. Con Javi no teníamos mucho que pensar, queríamos llegar lo antes posible al pueblo para poder salir a pedalear hacia Mayer, próximo cruce que nos tocaba recorrer. Jime y Andrés estaban con muchas ganas de conocer el glaciar así que nos despedimos con la seguridad de que sería el comienzo de muchos viajes juntos.
Entramos a la lancha y el capitán gritó en voz alta a modo de advertencia:-“¿alguien se portó mal? Porque el lago está enojado. Va a ser un viaje movidito “, pero nadie le dio mucha importancia, al fin de cuentas era un lago, ni el rio, ni el océano…un simple lago de aguas hermosas y transparentes. ¿Qué podía salir mal?
“Quiero llegar…por favor, por favor, por favor…lo único que quiero es pisar tierra firme!” La lancha se levantaba en el aire y caía de punta, golpeando el agua con tanta intensidad que era imposible pensar que esas paredes de fibra pudieran soportarlo mucho más. Nos agarramos de donde podíamos, hicimos chistes ridículos para intentar suavizar el momento, pero la lancha se levantaba y caía una y otra vez provocando un estruendo espantoso.
:-“Ni loca voy a cruzar el Atlántico en velero!!!”, le grite a Javi
:-“¿Y cuándo ibas a cruzar el Atlántico en velero Sol?”
:-“Yo que sé, alguna vez en la vida”
Paaaffff!!! La popa de la lancha volvía a golpear con fuerza:-“Ni loca cruzo el Atlántico en velero Javi, ni loca!!”.
Después de tres infinitas horas, la lancha se acercó al muelle y pudimos bajar. Me saqué el chaleco salvavidas, pisé suelo con firmeza y miré el lago por última vez antes de salir a pedalear los últimos 8 kilómetros que nos separaban del pueblo “Gracias”, le dije por lo bajo para que sólo él pueda escucharme. El hermoso O´Higgins me había dado una anécdota más que recordar.
Qué lindo es pedalear…mis piernas giraban, subiendo y bajando un entretenido camino de ripio que bordeaba la montaña. Antes de llegar al pueblo cruzamos un puente en el que pudimos leer un cartel: “Rio Mayer”. Era el primer contacto con lo que estaba por venir y los dos pasamos despacio. Era ancho, oscuro, y las aguas pasaban con fuerza envolviendo todo el lugar con su sonido. Los poco que sabíamos sobre el Paso Mayer era que la dificultad más grande que se no podía presentar, podían ser los ríos que teníamos que vadear, sumado a que no había camino, ni senda marcada. Seguimos pedaleando hasta Villa O´Higgins con la imagen y el sonido de aquel río continuamente presente. Una sensación extraña nos presionaba el pecho… no era algo lógico, ni se podía explicar con palabras, pero se sentía claro e intenso en todo el cuerpo.
Mayer. Iba a ser una nueva e inolvidable historia…

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Carreras de aventura

Cilene Sophya Santos: un emblema de El Cruce Columbia

octubre 2, 2017 — by Andar Extremo0

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Cilene Sophya Santos, atleta brasileña y hoy, cordobesa por elección, nos cuenta su extensa e intensa trayectoria en una de las carreras de aventura más emblemáticas del país: El Cruce. En un relato cálido y lleno de emoción, nos adentramos en el corazón de una aventurera que habla de amistad, naturaleza y desafíos.

Por Soledad Navarro para Andar Extremo Web

Soy Sophya, brasileña de São Paulo, tengo 37 años y estoy formada en Educación Física, con especialización en entrenamiento deportivo. Argentina siempre fue mi ruta para competir, para visitar amigos y sobre todo, para mis vacaciones. Sentí por Argentina una amor a primera vista y, por su forma dulce y muy educada de hablar, los argentinos ganaron mi corazón. Además, es el país donde conquisté los mejores resultados como atleta en el deporte que más me gusta.
Después de algunos años de visitas constantes, este lugar se convirtió en mi hogar. Vivo en Córdoba desde hace un tiempo, con mi familia. Lo que me trajo a esta provincia fue una cuestión personal: mi actual esposo vivía en Costa Rica y siempre venía a visitar a sus hijos (que hoy también son mis hijos). Después de que nos conocimos, su ruta de viajes pasó a ser Costa Rica, Brasil y Argentina y, posteriormente, decidimos mudarse definitivamente aquí.
Siempre fui apasionada por el deporte. Al principio hice natación y luego pasé a dedicar mi vida a correr carreras, que es lo que hago actualmente. Competí en pruebas de 10km, en medias maratones e hice tres maratones. Con el tiempo, me presentaron algo más exigente pero en contacto permanente con la naturaleza y, a partir de ahí, inicié una jornada infinita, una relación interminable con las carreras de montaña que cada día me conquistan más y llenan mi corazón de felicidad.
Mario Mello, mi actual guía, y Cristina Carvalho (in memoriam), fueron los entrenadores que más me incentivaron y serán para siempre mis maestros. Cris me dijo una vez “existen muchos profesores, pero los maestros son pocos”. Hago mías las palabras de ella. Mario fue mi primer maestro, él me recibió cuando yo no conseguía siquiera trotar por una hora, y continuamente me decía que podía dar mucho más. Siempre me animó en todas las pruebas que deseaba hacer y, aunque en determinadas situaciones discrepaba, nunca me abandonó. Siempre me recibe con mucho cariño y con una sonrisa inmensa en la cara, y eso hace que esté eternamente agradecida a él por todo el apoyo que me dio y me da.

2012

2012 – El estreno en El Cruce
Conocí El Cruce a través de Cris Carvalho, que fue mi jefe, amiga del corazón y responsable de despertar en mí la pasión por las carreras de montaña. Fue una gran atleta brasileña, excelente en todos los deportes que practicaba. Era muy fuerte, segura de sí y transmitía todo lo que sentía, a las personas que estaban cerca de ella. Por sugerencia de ella, fui por primera vez a San Martín de Los Andes para cruzar la cordillera Argentina – Chile.
Cuando pasé a integrar la empresa Núcleo Aventura / Proyecto Mujer, por invitación de Cris, ya sabía mucho de su trayectoria como atleta. Estábamos en septiembre y me llamó para una primera reunión. Dijo que un amigo estaba buscando a una persona para formar pareja y correr El Cruce y me preguntó si me gustaría participar. Recuerdo que me dijo que veía en mí mucha fuerza y que tenía todas las condiciones para hacerlo. Al escucharla, no lo pensé dos veces, y acepté la invitación. A partir de eso, comenzaron los largos y doloridos entrenamientos para un desafío que yo desconocía. Pero la decisión estaba tomada.
En ese momento, mi pareja fue Decio Ribeiro, un experimentado atleta que ya había competido en pruebas de Ultra Trail como Mont Blanc, Desafío de los Volcanes, Marathon des Sables, además de El Cruce. Al iniciar, los entrenamientos de fuerza se volvieron cada vez más intensos y las carreras cada vez más dolorosas. Los sábados estaban dedicados a los entrenamientos largos y, siempre en la compañía de Decio, entrenaba en un lugar diferente de São Paulo. Fueron cuatro meses de mucha preparación hasta el gran día. No tenía mucha idea de cómo era la prueba, aunque ya me habían explicado cómo era la logística, el campamento y la estrategia durante la competición..
Nuestra primera parada fue San Martín de Los Andes. Cuando llegamos, la ciudad estaba tomada por las cenizas de un volcán de Chile, pero eso no logró sacarle brillo. El recorrido, de una belleza que yo no conocía, me impactó.
Desde mi primer paso por El Cruce hasta hoy, he vivido muchas historias lindas que me marcaron.. En el año 2012, la travesía de Puerto Fuy y la terrible subida del volcán Mocho-Choshuenco, cubierto de hielo, fueron inolvidables. En aquel momento, le comenté a mi compañero que aquello separaba a los hombres de los niños…fue una experiencia que jamás olvidaré.
En mi estreno, conquisté con mi doble el tercer lugar en la categoría mixta, y llenándome de orgullo, supe que ésto se convertiría en mi pasión eterna.

2013

2013 -En El Cruce con la campeona Cris Carvalho
Un año después de empezar a trabajar con Cris, me invitó a ser su pareja en El Cruce. Al principio me asusté y me quedé sin reacción, no tenía palabras para responder. Traigo a mi mente esa situación como si fuera hoy.
:-“¿estás segura que quieres correr conmigo?
:- ¡sí, quiero enseñarte a correr y competir como gente grande! ”
A partir de ese día comenzaron jornadas duras, con mucha responsabilidad de mi parte por saber que estaría corriendo con la mejor de todas las corredoras. Cris tenía pasión por los deportes pero, en su esencia, las pruebas de montaña eran lo que más le daba vida, por muchos motivos y, principalmente, por ponerla en contacto con la naturaleza.
Durante cuatro meses estuvimos unidas para realizar un gran objetivo. Con la experiencia que adquirí el año anterior y con todo su conocimiento y apoyo, me sentía más tranquila pero con un poco de angustia, porque tenía miedo de no poder seguir su ritmo.
El Cruce 2013 iniciaba en Chile. Llegamos a la ciudad por la mañana y el mismo día fuimos a retirar el kit. Había un hermoso día de sol y la ciudad estaba llena de atletas. Mi ansiedad era enorme. Recibimos el numeral 1…mi compañera siempre recibía ese número.
En el primer día de la prueba, la salida era a 30 minutos de Pucón y fuimos en autobús hasta el lugar. Durante el traslado, Cris me dijo que íbamos a soltar muy fuerte y mantener el ritmo por tres kilómetros, después establecería un ritmo hasta la llegada. Respondí que estaba todo bien, y así nos marchamos. Cerca de 500 metros después de la salida, había algunas personas en el trayecto. Era una pista muy estrecha, por donde pasaba sólo una persona a la vez. En ese momento, ella demostró su lado competitivo y fue gritando bien alto “permiso, permiso! Izquierda libre, estoy pasando “. La gente miraba hacia atrás asustada. Algunas decían “sale, sale que ahí vienen dos mujeres muy fuertes”.
Terminamos el primer día en primer lugar. Llegamos al campamento y todos la conocían… creo que toda la Argentina la conocía. Muchos atletas preguntaban quién era yo, y ella me presentaba y decía “mi doble se llama Sophya”. La gente me miraba y decía: “ella es alta, magra y más parece modelo que atleta”. Nos divertían los comentarios y dejaba que Cris los respondiera.
En el segundo día de prueba, sabíamos que la distancia era muy larga y que el recorrido era durísimo. Partimos con un sol de 40º C, como si fuera verano brasileño. Sufrimos mucho ese día.
Cris había recibido el diagnóstico de un cáncer unos meses antes del inicio de El Cruce. Junto con su equipo médico, concluyó que era posible cruzar la cordillera a un nivel competitivo. Sentía su cuerpo firme a pesar de la enfermedad, tenía raza, fuerza y era valiente como un toro.
Más o menos en el kilómetro 28 de la prueba, estábamos en medio de un área desierta, sin ningún árbol y bajo un sol que Cris llamó el brasileño. Ella disminuyó un poco el ritmo y dije: “Cris, controla la cabeza y volvemos a mantener el mismo ritmo de antes”. Recibió mi comentario como una ofensa y discutimos feo en la montaña. Minutos después, volvimos a correr y me mantuve callada. En el kilómetro 40, ella empezó a hablar de trabajo y otra vez disminuyó el ritmo. Yo quería decirle que podíamos hablar de todo, pero no podíamos reducir el ritmo. No pude callar y me dijo lo que pensaba. Entonces, otra vez, se quedó estresada, dejó de correr y dijo: “¿Crees que no estoy haciendo fuerza? ¿Crees que no estoy sufriendo? Entonces vaya usted y termine la prueba sola “. Respondí que estaba bien conversar, pero que no podíamos olvidarnos de mantenernos concentrados. A partir de ahí no hablé nada más y siguió comandando el ritmo. A la llegada, ella me dio un abrazo muy fuerte, dijo que estaba orgullosa de mi postura, y así volvimos a estar muy bien.
Durante todo el día en el campamento, mi compañera estaba más tranquila y comentó que el día siguiente sería el último, que la largada era en un lugar plano y el trayecto se mantendría así por dos kilómetros. Ella sostendría un ritmo de 3’50” por kilómetro y quería que yo estuviera a su lado.
La largada ocurrió a las 7h en una carretera de tierra plana y Cris clavó el ritmo programado. Cuando me di cuenta, estábamos corriendo al lado de los equipos masculinos que lideraban la prueba: Pablo Ureta y Ezequiel Morales, José Virginio e Iazaldir Feitosa (estos dos atletas brasileños). Después de dos kilómetros entramos en una pista y entonces pude volver a respirar más tranquila.
Ese día, pensando en todo lo vivido con Cris, la discusión y el liderazgo de los tres días, me emocioné mucho durante el recorrido. En cierto momento, ella lo percibió y me preguntó qué estaba pasando. Yo expliqué que no podía creer que estaba cruzando la Patagonia con ella. Para mí, fue un orgullo inmenso cerrar ese ciclo con una persona increíble y como campeona de El Cruce 2013 en la categoría team damas.

2014

2014 – La naturaleza muestra su fuerza
En 2014 llegué a Puerto Varas (Chile), uno de los lugares más hermosos del mundo, en compañía de la rubia más dulce y especial del planeta, una persona increíble, con un corazón gigante. Formamos el doble Brasil y Argentina.
Cuando empecé a prepararme para El Cruce 2014, no sabía con quién iba a correr, pero estaba segura de que estaría en la prueba. No conocía a ninguna atleta brasileña con disponibilidad para correr conmigo. Entonces, Cris Carvalho sugirió que invitara a la argentina Sofía Cantilo. En el primer contacto que hicimos, ella aceptó. Así, por primera vez en mi currículum deportivo, formaba pareja con una extranjera. Fue una experiencia muy linda compartir la competencia con una persona de quien yo no estaba cerca, pero que tenía la misma valentía y la misma voluntad de cruzar la cordillera con el corazón iluminado. ¡Y así fue!
Sofi y yo ajustamos los trabajos de velocidad, de fuerza y los entrenamientos largos. Si bien la había visto algunos momentos en El Cruce del año anterior, nos conocimos en sentido estricto, casi en la línea de largada.
Hay una leyenda que dice que en un año llueve y, al otro, hay sol. En el 2014, ocurrieron todos los desastres naturales juntos, pero nada opacó los maravillosos lugares por donde pasamos, no disminuyó la pasión de estar en un lugar tan especial.
Mi llegada a Chile fue dramática. En el aeropuerto, mi maleta fue revisada y en ella estaba toda la suplementación que necesitaba para la prueba. Uno de los suplementos llamó la atención de los policías porque no podían identificar lo que era. Entonces, usaron un perro para identificar si era droga ¡Qué tensión! Intentaba explicar que era atleta y que iba a cruzar la cordillera pero no le daban importancia a lo que decía. Afortunadamente, lograron confirmar que no llevaba droga. Luego de ese episodio, seguí hacia el hotel, arreglé mi maleta, y por la noche fui a cenar con Sofi, para ajustar cómo sería nuestro itinerario.
La carrera comenzó con mucha lluvia y temperatura baja. El recorrido era bastante complicado, sobre todo, con el agua que caía. Sin embargo, enfrentamos los contratiempos y pusimos nuestra fuerza en cada kilómetro.
En el segundo día, la largada que debía ocurrir a las 8h, fue retrasada debido a un problema con uno de los autobuses que transportaban a los atletas: el conductor no sabía exactamente el trayecto hasta el lugar de salida. Con ese y otros inconvenientes, la salida fue aplazada hasta las 11h. En ese momento, todos ya estábamos con ganas de almorzar,.cuando se anunció que no se realizaría el recorrido original, y que la distancia de aquel día sería menor porque el volcán que íbamos a subir estaba cubierto por mucha niebla. Así, para la seguridad de los atletas, se recorrería una distancia de 24 kilómetros.
Muchos optamos por vaciar un poco la bolsa de hidratación para correr más ligero, ya sería más corto, pero los 24 kilómetros anunciados fueron en realidad 33. Esto trajo un gran problema, pues no teníamos comida y agua para esa distancia. Cuando llegamos al final del recorrido, no había nada para comer y tan poco para beber, porque en el lugar había sido montado apenas un punto para la largada. Desde ese lugar hasta el campamento, fueron dos horas de traslado. Estábamos mojados y con hambre. Llegamos al campamento con lluvia y frío, y fuimos a cenar. Descansamos un poco y al día siguiente corrimos la última parte de la prueba.
En la salida del último día, de nuevo se produjeron retrasos y todos los atletas estábamos estresados. Sofi y yo empezamos a subir la base de un volcán. El día estaba con niebla y agua, así que nos apoyamos mucho para seguir fuertes hasta la llegada. El final del recorrido fue en una pista en medio del bosque y luego seguimos en autobús para el lugar de la llegada oficial y la premiación de la prueba. Esa vez, fuimos subcampeonas de la categoría team damas.
Ese mismo año, mi esposo Paulo Quesada también participó en El Cruce, y si bien aparecemos en algunas fotos juntos, sólo nos acercamos un año después. Él estaba junto al equipo de Marcelo Perotti, que era también entrenador de Sofi. Marcelo Perotti es un entrenador ejemplar y hoy, es un gran amigo aquí en Argentina. Durante toda la prueba, tuve mucho apoyo de él y de su grupo.
Mi reflexión sobre El Cruce 2014 es que dado que es imposible cambiar el clima, debe vivirse de la forma que él lo permite. Así es la montaña.

2015

2015 – Campeón en Cerro Catedral
En 2015 viví la emoción de cruzar por cuarta vez la cordillera. La salida de El Cruce se produjo en Cerro Catedral (San Carlos de Bariloche) y yo estaba al lado de mi amiga y gran atleta argentina, Roxana Del Cid.
Roxy aceptó mi invitación y juntas, alcanzamos una hermosa conquista! Es una mujer notable y tiene un nivel técnico equivalente al mío.
No tuvimos dificultades para alinear nuestra participación. Ella tenía experiencia en El Cruce y vivió en 2015 una situación parecida a la mía. Su doble, con el que iba a correr en la categoría mixta, tuvo que cancelar la participación en la prueba. Nuestros destinos se cruzaron y nos convertimos en compañeras.
En cuanto a planificación, le sugerí a Roxy una estrategia clara: correr fuerte siempre y todos los días, pues, en su compañía, quería ganar las tres etapas. También indiqué la importancia de, ante cualquier incomodidad, conversar, para que eso no se volviera negativo. Si ambas elevábamos mucho el nivel de esfuerzo sin comunicarnos, podríamos perder todo.
Una vez que salimos, ya estábamos conectadas desde nuestros corazones y un objetivo compartido: alcanzar la línea de llegada. El primer día el recorrido fue increíble, la belleza fue única y el nivel de dificultad y la altimetría fueron bastante elevados. Después de todo, estábamos en las montañas de la Patagonia. Ante ese escenario deslumbrante, por un momento pensé que estaba teniendo una alucinación: dos músicos tocaban un violín y una guitarra mientras los atletas vencía un bello e intenso inicio de prueba.
La llegada también fue bellísima. En un día soleado, al borde de un lago maravilloso y muy helado, Roxy y yo mantuvimos el liderazgo y conquistamos el primer lugar en la categoría team damas.
El segundo día fue el momento de exigencia de la mente, de la preparación como atleta. Físicamente ya estaba desgastada del esfuerzo en la etapa anterior. El recorrido del segundo día era más largo y también más fácil en relación al trayecto anterior. Hasta el kilómetro 22, hubo predominio de tramos muy característicos de montaña, con bastante balance (subidas y bajadas); después de eso, el recorrido era plano, en medio de una vegetación abierta, cerca de un río y, entonces, seguía por una carretera interminable. La llegada del segundo día proporcionó un aspecto esplendoroso. Alcanzamos otra victoria con la vista del grandioso Cerro Tronador y su pico iluminado por la nieve.
Después de un día y una noche de campamento a los pies del Cerro, El Cruce Columbia 2015 estaba llegando a su fin. El recorrido del tercer día era plano en su inicio y, tras la escalada de una montaña, se seguía un descenso muy largo para cruzar la frontera entre Chile y Argentina. Roxy y yo sellamos nuestros pasaportes y, entonces, alcanzamos la línea de llegada para consagrarnos campeonas.

2016

2016 – Montaña y amor
Cinco años después, volví a San Martín de Los Andes con una compañía muy especial: Paulo Quesada, mi esposo.
La idea de cruzar la cordillera juntos fue de él, lo había sugerido dos años antes, cuando él vivía en Buenos Aires y entrenaba con Perotti. En esa época, yo todavía vivía en São Paulo. Algunas veces, entrenábamos juntos, pero la mayor parte de la preparación, la realizábamos por separado. Cuando faltaba un mes para la prueba, por un problema personal, Pablo no pudo competir conmigo y entonces quedó el deseo de correr juntos, para otro momento.
En 2015, retomamos la idea de formar una pareja en El Cruce. En ese momento, yo estaba de mudanza a Argentina y Pablo ya estaba viviendo en Córdoba. Llegué allí el 30 de septiembre de 2015 y, el 5 de octubre, comenzamos nuestro trabajo para la carrera. En un primer momento, fue complicado. No estaba acostumbrada a correr siempre en la montaña y, en Córdoba, cualquier recorrido ya empieza así. Además, los entrenamientos fueron todos hechos con mi compañero de prueba, que me incentivaba siempre y sabía identificar mis fragilidades, ayudándome y respetando cada momento que yo vivía. Pablo sabía que, en algunas situaciones, no podía ir más allá de mi condición.
El camino hacia El Cruce siempre es muy especial, la prueba tiene una belleza única! En la Patagonia, siento que me abro a buenas energías, convivo con personas lindas y vuelvo a casa siempre con el deseo de regresar todos los años.
En el 2016, viví algo muy raro en mi vida: por momentos, sufrí mi cansancio. En esos momentos, recordé cómo fueron de duros los preparativos. A menudo, cuando llegaba a casa exhausta, mis hijos Teo (7 años) y Luna (9 años), un poco asustados por verme tan cansada, me abrazaban y decían “Sophy, tranquila! Falta poco, cuando termine vamos a celebrar juntos “. Estas palabras de apoyo vinieron varias veces en mis pensamientos y me dejaron más fuerte. El dolor que parecía eterno se hacía momentáneo. Salía de mí el cansancio y se convertía en fortaleza, deseando cruzar la cordillera con emoción para encontrar el mejor abrazo del mundo: el de Teo, Luna y Pablo, que hoy son mi familia.
En la Patagonia, sin duda, mi corazón vibra de forma diferente, más intenso. Se trata de un mundo donde los valores entre los seres humanos se fortalecen, desde la simplicidad de compartir una mesa con alguien que no se conoce o descansar en una carpa sin ninguna comodidad. No hay mejor o peor, todos comparten sus cosas por igual. Los chicos que trabajan son personas increíbles, dejan a sus familias durante muchos días y se encuentran con sonrisa en la cara, brillo en los ojos y corazón puro. Sebastián Tagle, su organizador, ya probó que sabe cómo emocionar a los atletas con cada visual que ofrece durante el recorrido, con la alegría proporcionada por otra etapa completada y, así, todas las emociones son vividas de forma única!
En la salida del último día, estaba conmovida y cansada del esfuerzo de los días anteriores. El recorrido de ese día fue bastante difícil. En los 50 metros después de la salida, ya comenzaba una subida de 5 kilómetros donde el cielo parecía ser el límite. Cerré los ojos por unos segundos y recordé a Teo y Luna. Ese mismo día, cuando pensé que lo peor ya había pasado, empezó otra subida durísima (Cerro Malo). Allí el viento llegaba a 100 km / hora y alcanzábamos 2100 metros de altitud. Era la última subida antes de la línea de llegada y parecía no terminar nunca. En ese momento, también me acordé de Cris Carvalho y de su orientación cuando hicimos El Cruce. Muchas veces ella me pidió que me concentrar en la respiración. Sentí a Cris acogiéndome con su abrazo y vi su sonrisa…ella permanecía hermosa y perfecta, como todas las montañas, y me sentí agradecida por haberla cruzado en mi camino. Luego pensé en Pablo, mi esposo y compañero, que estuvo en todas las situaciones, y vivió grandes emociones.Esta vez, junto a mi esposo, obtendríamos un segundo lugar y una experiencia única.

2017

2017 – Buscando ser cada vez más fuerte y siempre feliz
En 2017, volví a Cerro Catedral (San Carlos de Bariloche) más fuerte de corazón y de alma, para correr por primera vez en la categoría solo, pues así el destino quiso.
Entiendo que El Cruce es una prueba que se realiza en doble (y de esa forma deseo hacerla siempre), aún considerando toda la dificultad de encontrar una persona compatible con mi nivel de entrenamiento y que esté dispuesta a buscar el mismo objetivo como mi doble. Este año, quería correr de la misma forma que había hecho en 2015, en la categoría team damas. Pero no fue posible. Tuve que adaptarme a la realidad de la vida, así es como se hace en una prueba de montaña, ajustándose el esfuerzo durante el recorrido.
Por cuestiones relacionadas con compromisos de mi trabajo y también a la logística del viaje hacia San Carlos de Bariloche, decidí hacer la prueba en la categoría aficionado. El cambio de categoría no alteró, sin embargo, la fuerza, la voluntad y la pasión de correr. En cualquier categoría, mis entrenamientos, mi responsabilidad y mi compromiso son los mismos de siempre.
Hoy doy gracias de haber realizado la carrera de un modo distinto a lo que pensé inicialmente. Viví una experiencia de deporte, trabajo y amistad, que no imaginaba vivir. El Cruce 2017 fue un hito porque pude entrenar y acompañar al primer alumno de mi empresa Cilene Sophya Team: José Fernández. Viví momentos únicos de orgullo personal, profesional y de compañerismo.
Me gusta decir que siempre hay un loco buscando locura, y esta vez, fue Fernández, un argentino apasionado por las carreras y que pasó un año entero escuchándome hablar de El Cruce. De tanto oírme, resolvió participar. La experiencia que Fer sumó en su vida como atleta le dio más seguridad para el entrenamiento. y para cruzar la línea de llegada.
Una vez decidida su participación, vino la tarea de buscar una pareja. Fernández sugirió que mi esposo Paulo fuera su doble, en razón de la experiencia de él, y también para consagrar la amistad que existe entre los dos. Entonces, se inició una larga temporada de trabajo. Cada semana ellos eran más fuertes, y yo siempre los acompañaba para seguir también más fuerte en su compañía.
El 30 de diciembre, lamentablemente, mi esposo sufrió un accidente y se rompió una costilla. Sería imposible su recuperación en apenas un mes y su médico fue enfático en afirmar que la mejor opción sería abandonar la idea de hacer la prueba, pensando en primer lugar en su salud. Tomada esa decisión, Fernández, que ya estaba muy entusiasmado y con expectativas, se vio solo, sin su doble. De ese modo, al igual que yo, él decidió competir en la categoría aficionado.
Enfrentamos en coche, en compañía de su esposa, los 1600 kilómetros que separaban Córdoba y Bariloche para seguir hasta el lugar de salida de El Cruce. Fue un viaje inolvidable y en ningún momento tuve dudas de que El Cruce 2017 sería muy especial. Incluso con los cambios de última hora, tuve la oportunidad de estar en un lugar fantástico, con un amigo que admiro mucho. Cuando el gran día llegó, yo estaba lista, ansiosa como siempre, y con el corazón golpeando fuerte, como sucede en todas las largadas.
Cerro Catedral se convirtió en un grano de arena delante de tantos atletas que vibraban de felicidad por estar en una prueba de la magnitud de El Cruce. Fernández y yo despertamos a las 3, y luego de un café, tomamos un autobús que nos llevó, en un trayecto de una hora y media, hasta la línea de salida.
Pero como todo El Cruce es una aventura, finalmente no partimos de Chile, pues un incendio incontrolable alcanzaba la región. Fuimos notificados de que no haríamos el recorrido programado del lado chileno y saldríamos directamente de Argentina hasta el primer campamento. Definitivamente, nada sería capaz de detenerme, tenía muchas ganas de correr y de conectarme conmigo. Después de 30 kilómetros, llegué al campamento 1, esperé a Fernández, y almorzamos juntos. Fue un día hermoso, en un lugar especial. Los campamentos siempre son el mejor lugar de la prueba, en ellos es posible disfrutar de amigos, escuchar las historias de alegría y de sufrimiento de cada uno.
Al día siguiente, otra distancia aguardaba a los corredores. Sabía que sería el día más difícil de la prueba. Desperté y esperé a que mi compañero desayunara. Le dije que sería un día muy duro y que era importante que se concentre en el ritmo y en su respiración, sin embargo, estaba prohibido no disfrutar del paisaje.
Después de la salida, el recorrido seguía por un kilómetro a orillas del lago Mascardi. Después una pista llevaba los corredores hasta alta montaña. Empecé la carrera fuerte y concentrada, porque sabía que a partir del kilómetro 10 la altimetría sería bastante exigente. Al principio de la ascensión, cerca de mí estaban cinco muchachos que peleaban por una colocación. Entonces me junté a ellos para mantener el mismo ritmo. En ese momento, pensé mucho en mi alumno, pues sabía que él nunca había hecho algo similar. El visual compensaba el dolor y la fatiga. El lugar era de una belleza impactante.
Después de cruzar un camino que tenía más o menos siete kilómetros, enfrentamos un descenso muy técnico hasta el segundo campamento, que quedaba a las orillas del lago Gutiérrez. En cuanto llegué, entré al lago para refrescarme y luego fui a la línea de llegada con un suplemento de recuperación, y agua. Ayudé a mi alumno con su mochila, lo acompañé hasta la tienda y otra vez almorzamos juntos. En los entrenamientos, él siempre me decía que, si yo llegaba antes que él, tenía que lavar su camiseta. Era una broma para relajarnos, y debo decir que, si bien llegué antes los tres días, nunca lavé su camiseta!
El último campamento fue muy especial. Por la noche, después de la cena, la organización de El Cruce exhibió un vídeo de la etapa del día anterior. Sebastián Tagle agradeció a todos y escuchamos historias de personas que participaron desde su primera edición. La noche terminó en fiesta como nunca antes había ocurrido en toda la historia del evento.
El último día, la largada estaba programada para las 7:30 y, antes de ella, teníamos que presentar los equipamientos obligatorios, en la misma secuencia de llegada del día anterior. Estaba en la punta, y Fernández salió un poco después. Cuando me despedí de él, le dije que corría con el corazón feliz pues, a la llegada, su esposa Gabi, nuestra amiga Juli y yo, estaríamos esperandolo.
La llegada se produjo en Cerro Catedral, pasando por el lado trasero del área de las estaciones de esquí, incluso por donde corrí en 2015. No recordaba que era una vuelta difícil. Salí con los diez primeros atletas masculinos y seguí a ritmo fuerte. Cuando alcancé el punto más alto, el escenario era emocionante. ¡Estaba sola, concentrada y llena de ganas de cruzar la línea de llegada, consagrándome una vez más, campeona!

Luego de todos los años vividos, los compañeros, los paisajes, las sensaciones, siento que siempre vale la pena sacrificarme, superarme y, sobre todo, creer que no existe límite para los que anhelan intensamente un destino.

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Videos

Banff Mountain Films Festival, 3er Noche, Cortos Argentinos

septiembre 29, 2017 — by Andar Extremo0

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Con la revista Andar Extremo estuvimos el jueves 28 de Septiembre en la tercer Noche del Banff Mountain Films Festival, donde se presentaron los cortos Argentinos en el centro comercial DOT de Capital Federal.

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La Previa ya ameritaba lo que iba a ser una noche increíble, la Presentación del Libro de La Balsa Atlantis de la mano del Gran Capitán Barragán y del editor Rafael Jijena Sánchez, quienes presentaron una edición terrible de una calidad insuperable. Sumado a todo esto la romanticidad de las historias de Alfredo y su criterio de aventurero puro, un deleite para los oídos, el corazón y el alma.

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El ciclo de la 3er Noche abrió con un exquisito films, de una calidad de imagen y unos encuadres extraordinarios que describió la vida del artista fotográfico Eliseo Miciu y su pasión por la fauna patagónica y sus recovecos naturales. Un corto de Wild River Films. Una historia de vida atrapante, de este artista que describe, con muy buenas imágenes, los periplos que le lleva a sacar sus fotos, con las inclemencias del tiempo y la dura vida patagónica.
El segundo corto fue un popurrí de historias de tablas, llamado Nutram, mostraba la forma de vida de riders de snowboard, de surf y de Skate y su pasión por hacer su deporte en diferentes lugares, con buenas tomas de fueras de pista en snowboard.
El tercer corto, fue muy, muy lindo, los chicos de la Vida de Viaje y primer filme que describió la Carretera Austral. Muy atractivo y por momentos con toques cómicos, nos llevó la cabeza a esa libertad que te da viajar en bicicleta. Por momentos un video técnico, por momento paisajista, natural, muy bueno… Kilómetro a kilómetro te muestra los 1247 km de esta carretera con los condimentos: de cansancio, paisajes increíbles, rotura de bicis, mucha naturaleza. Un buen comienzo en el ámbito documental de Jimena Sánchez y Andrés Calla.

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Luego un break con unas ricas cervezas y el cuarto films llamado “El Mar y yo”, mostraba historias de vida de gente que practica surf, incluyendo a la familia Gil en Mar del Plata y su pasión por las olas. El agua, las ondas y la playa es muy buen motivador para un corto. Lo interesante… el surf adaptado, para chicos con discapacidades.
En pen último lugar un film bien editado con buen sonido, pero realmente le faltaba encanto. Contaba la historia de dos amigos que decidieron hacer 100 millas corriendo para desafiarse a sí mismos.

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Y el último de los cortos realmente muy gustoso, la historia y el ascenso al Manaslu en 2016 de Juan Pablo Sarjanovich, uno ocho mil que había intentado en el 2015 y a causa del mal clima tuvo que abandonar y al año siguiente volvió a darle pelea. Un video motivante y a su vez le hace honor a Mariano Galván quien en un momento está perdido y Juan Pablo lo cruza y le grita para orientarlo. Realmente un video con mucha carga emocional!

El Banff una experiencia imperdible para los amantes de la aventura!!!

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Montañismo

Expedición al Aconcagua en Solitario

septiembre 26, 2017 — by Andar Extremo0

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Este relato podría ser una historia más de las miles que existen y se cuentan, pero el autor la escribió en homenaje a Andar Extremo y su gente, por la amistad, el esfuerzo y dedicación en la divulgación de temas relacionados con las montañas y con aquellas personas que las visitan y caminan sus territorios. Nota en Revista Andar Extremo n° 46

Por Juan Martín Laborde

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Creo que la montaña es uno de los últimos territorios donde todo está comenzando o concluyendo y, en mi caso, cada salida es un inicio en el que el destino llama con fuerza. El Aconcagua (6962 msnm) estaba a unos días de viaje cuando empecé esta experiencia y al poco tiempo, ya me encontraba caminando sus territorios de tierra, piedra, nieve y hielo.
El cerro tiene en su propio nombre, un poder de seducción irresistible y en muchos casos representa uno de los lugares a donde queremos ir mientras el cuerpo responda. Es común que forme parte de una lista de aquellas cosas a realizar por los intrépidos, aventureros y amantes del ego. Se escucha mucho decir haber corrido una maratón de 42 kilómetros, saltar en paracaídas, hacer parapente y ahora, le sigue el Aconcagua. Creo que los eventos te ponen a prueba durante unos minutos u horas, pero una montaña como ésta tiene varios días para derrotarte o seducirte. Entendiendo que los obstáculos a vencer están en nosotros y no en el cerro.

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Inicio por la Quebrada del río Vacas.
Los hechos de esta historia iniciaron luego del permiso de ascenso y la compra de víveres en la ciudad de Mendoza. Pasé la noche en Penitentes (2580 msnm) y al día siguiente, el ingreso lo realicé por “Punta de Vacas” (2350 msnm) por donde se recorre la Quebrada del Río Vacas, pues era mi intención hacer un itinerario distinto y salir por la Quebrada del Río Horcones para conocer de esta manera otra vía de ascenso.
Desde el comienzo de la marcha, el clima reinante de lluvia no me sonrió pero como en todas las dificultades que aparecen, siempre existe un enigma de cuánto hay de real y cuánto de imaginado. Lo que es conocido y seguro, es que los problemas se llevan mejor con el ánimo positivo.
Después del ingreso y 4 horas más tarde, llegué al campamento “Refugio Pampa de Leñas” (2950 msnm) y al día siguiente , luego de 7 horas de marcha lo hice a “Casa de Piedra” (3250). Durante el trayecto de ida y llegando al campamento, miré hacia la izquierda en la “Quebrada de los Relinchos” y por algunos minutos se abrió una ventana entre las nubes donde era posible observar el cerro Aconcagua. Esta quebrada escarpada y estrecha, era la que me conduciría al día siguiente hacia “Plaza Argentina” (4200 msnm) a donde llegué al tercer día, después de 6 horas de marcha.
La desventaja manifiesta de esta ruta era el costo mayor del porteo en comparación con la ruta normal (“Horcones-Plaza de Mulas”), pero entre sus ventajas, poseía un paisaje más llamativo en vegetación y fauna. Además, los senderos eran menos transitados y el porteo de mulas se detenía a pasar la noche en los mismos campamentos de la marcha, por ende al final del día y de ser necesario, uno podía disponer del equipo que iba en los animales.
La lluvia que por momentos se detenía no era obstáculo para apreciar el paisaje. Mirar el entorno es algo simple y la vista siempre encuentra un camino, al contrario de lo que ocurre cuando la mirada es hacia dentro de uno mismo, donde no todos los laberintos tienen salida. Esto me llevó a los motivos de este viaje.
Decidí realizar este ascenso en solitario aún con el miedo a lo desconocido como un hueco negro, fascinante, que produce ese cambio químico que transforma nuestro cuerpo en intensidad y genera el deseo de narrar luego la historia. El hecho de ir solo fue porque creo que nos equivocamos al pensar que la dicha proviene únicamente o en su mayor parte, de las relaciones humanas. Pienso que la encontramos en todas y cada una de las cosas que podemos experimentar y que esperan que las tomemos o al menos que hagamos el gesto para alcanzarlas. En este intento de cumbre se resume en gran parte la necesidad de mi espíritu, en ese momento.

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Llegando a Plaza Argentina.
El campamento Plaza Argentina es un ambiente con menos visitantes, menos turístico, y el número de carpas es más reducido. No se encuentra esa ansiedad por la cumbre manifiesta en otros campamentos base.
En la mañana, la lluvia quedó atrás y mientras el clima me ofrecía una tregua me dispuse a realizar los controles médicos que eran solicitados antes de iniciar los porteos de comida y combustible a los campamentos de altura 1 (4900 msnm) y 2 o “Guanacos” (5850 msnm) y continuar con la aclimatación necesaria para el ascenso.
Luego de un día de descanso y el control del equipo que vino con las mulas, comencé el porteo a los campamentos más altos. La idea era llevar comida a ambos lugares en una jornada y por consiguiente decidí iniciar temprano con esa tarea.
En las primeras horas del día, en el campamento reinaba una quietud de piedra y lentamente me fui alejando. Hacía frío y luego de andar unos pasos apareció el silencio que golpeaba como una ola cargada que te baña, dejando impreso un tatuaje efímero. La montaña no sólo te cansa, también te trae pensamientos de gozo, delirio, tristeza o reflexión y en lo personal, el hecho de cómo dejaste las cosas de tu vida familiar, sentimental o laboral antes de empezar un ascenso, define los pensamientos y sensaciones que vendrán después. En definitiva, la montaña no es un lugar de redención.
Horas después de haber pateado piedras, el sol comenzó su recorrido visible y me encontró subiendo una ladera de suelo flojo que cansaba las piernas. El sol hacía todo más placentero en un cerro y hasta esa sensación de soledad se esfumaba por momentos. La luz daba de pleno en las laderas del cerro Ameghino y yo iba cruzando algunos arroyos de deshielo mientras miraba a los lejos algunos penitentes en fila como si fueran los únicos espectadores de mi marcha. La pendiente aumentó considerablemente y a medida que subía, se aceleraba mi respiración como consecuencia de la altura y el esfuerzo de llevar la pesada mochila. Pienso que en toda montaña hay un rasgo que acompaña su belleza, dificultad y desafío, y es la altitud que la define.

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Porteos a Campo 1 y Guanacos.
Llegué al Campo 1 cuando se hizo evidente que la pendiente disminuía. Observé diferentes sectores aptos para la instalación de una carpa como también algún curso de agua que permitiera la rehidratación y facilitara las tareas de cocina. Elegí un lugar donde pasaría la noche a mi retorno, y dejé parte de la carga que protegí con algunas piedras. Luego de descansar un rato inicié la marcha hacia el siguiente campamento que comenzaba con largas diagonales sobre los faldeos del cerro Ameghino hasta llegar al portezuelo (5200 msnm) que conectaba dicho cerro con el Aconcagua. El recorrido se hizo menos esforzado en relación a la pendiente y la vista se abrió hacia el oeste. Tiempo después llegué al “Campamento Guanacos” donde también encontré un curso de agua de deshielo y una amplia terraza para acampar. Descansé un largo rato antes de dejar el resto de la carga y emprendí el regreso a “Plaza Argentina”.
En la noche, después de la cena, preparé el equipo para el día siguiente considerando que empezaba un viaje de ida sin retorno. Miré las botas Ama Dablam nacionales que iba a llevar arriba y a la que les tenía una fe ciega y, por si acaso, un par de cubre botas que ayudarían con la nieve en la altura. Con el sol en alto, preparé unos mates como desayuno mientras desarmaba la carpa que acomodé en la mochila, y me puse a caminar. Saludé a lo lejos a nuevos conocidos y les dije con señas de manos que nos veíamos arriba, mientras recorría el laberinto de senderos que llevaban hacia la salida del campamento.

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Acampe en Campo 1, Guanacos y Plaza Cólera.
El “Campamento 1” (4900msnm) estaba casi vacío de carpas y la noche se hizo larga al punto que me fue difícil conciliar el sueño, quizás por la altura, incertidumbres del clima o algunas ráfagas de viento pasajero que mantenían mi vigilia mientras le daban vida a mi pequeño refugio moviendo su estructura como un juguete de tela.
En los siguientes días de acampe los comentarios eran que el clima no iba a mejorar sino por el contrario y en consecuencia tenía que evitar demoras innecesarias considerando que si la aclimatación estaba funcionando, debía utilizar ese lapso de clima aceptable para intentar la cumbre.
Durante el ascenso pasé una noche en el Campamento 2 o “Guanacos” (5850 msnm) y al otro día seguí hasta “Plaza Cólera” (5970 msnm). Observé que había estado nevando los días pasados, y supe que el día de cumbre sería definitivamente una jornada muy larga y de gran esfuerzo.

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Hacia la cumbre
Inicié la marcha a las cuatro de la mañana con un manto de medio metro de nieve blanda que dificultaba la trepada. Por suerte había gente más arriba que iba abriendo huella. La preocupación recaía en el calzado que llevaba puesto y me dije que si pasaba frío en los pies, me volvía.
Los efectos de la altitud se volvían definitivamente notables aún con buena aclimatación. Un ascenso en zigzag me llevó hasta “Refugio Independencia” (6380 msnm) donde descansé unos minutos antes de continuar camino.
Volví a hidratarme y al beber continuamente, sentí correr el líquido por todo el cuerpo como si fuera barro seco. Las fuerzas retornaban poco a poco y las ambiciones también. Minutos después pasé por el “Portezuelo del Viento” y comencé una travesía de extenso recorrido y poco desnivel donde el viento del oeste se hacía sentir. Luego siguió una trepada empinada hacia “La Cueva” (6650 msnm) y la base de “La Canaleta” donde tenía otro descanso antes de continuar.
El Aconcagua puede ser muchas cosas pero para cualquiera es un magnífico mirador, donde la mirada es libre hasta sus propios límites, donde nada se interpone entre los ojos y el infinito.
Los pasos eran cada vez más lentos hasta llegar al “Filo del Guanaco” a 6800 msnm y desde ese lugar en adelante me detuve varias veces a tomar un descanso, relajar las piernas y recuperar el aliento. Las horas se iban y el reloj tenía su ritmo pero en mi cuerpo había otro distinto a cada momento.
Llegué a la cumbre tras 9 horas de ascenso. Allí estaba la cruz y todo el lugar cubierto de nieve. Empezó a nevar. Adentro, la emoción llegó con lágrimas y hubiese deseado saber que lo que dije palabras atrás, lo que parecía tan fuerte, vino y se fue, porque luego de varios días ya extrañaba las relaciones humanas en especial mi hija y mi pareja.

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Hacia el final del viaje
El descenso fue lento al igual que el regreso al día siguiente por “Plaza de Mulas” (4300 msnm) hasta “Horcones (2950 msnm), donde terminaban mis pasos.
No considero a las montañas como depositarias de sueños aunque creo que se trata de establecer una conexión con algo más grande, eterno y que forma parte de nosotros cuando caminamos ese territorio. También debo considerar que toda esta narración es subjetiva, donde cada ascenso es una historia, una revelación personal, donde las contradicciones nunca nos abandonan pues al mismo tiempo subir montañas es algo complicado y sencillo, casi infantil, como los sueños.

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Exploracion

LA ATLANTIS Y SU LIBRO, Entrevista a Alfredo Barragán

septiembre 21, 2017 — by Andar Extremo0

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La expedición argentina más famosa del siglo XX, ya tiene su libro. El capitán Alfredo Barragán se encargó de llevar el proyecto editorial, denotando un gran profesionalismo en un proyecto por demás ambicioso que dio como resultado la alta calidad de su edición. Con ustedes, una interesante y emotiva entrevista que inicia con el enunciado del primer capítulo: “Serás lo quieras ser o no serás nada”. Nota en Revista Andar Extremo n° 46.

por Andar Extremo, entrevista a Alfredo Barragán
fotos Alfredo Barragán y Marcos Ferrer

Alfredo, hace 33 años de la Expedición Atlantis, qué fenómeno la hace inagotable?
Con ella pasa algo excepcional, sigue navegando, sigue viva… como dice en alguna parte del libro “no hay ni hubo un día desde aquel ´84, desde la travesía, que no aparezca alguien que no la sitúe en el centro de la mesa”. Hoy lo hace Andar Extremo, mañana es otro. Siempre es tema de conversación, reconocimientos, homenaje, comentario o nota periodística. También está presente en inauguraciones de colegios que llevan el nombre Atlantis o agrupaciones scout. Nos ha pasado que le han puesto así a un Gimnasio o plaza… no lo podemos creer, han pasado más de treinta años y no se duerme.

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La finalización del libro la escribiste antes de hacer la expedición, sólo le cambiaste la conjugación de un verbo…es como si cuando ideaste Atlantis en los ´80 ya hubieras sabidos que ibas a editar un libro…
No sé si fue en ese instante, pero en los primeros días de Atlantis, quedó conformada. Cuando decidí cruzar el océano en balsa le di el esquema que habitualmente le doy a las expediciones: había un objetivo deportivo, que era nuestra esencia, nuestra base, nuestro ser deportivo, y un objetivo científico, demostrar la factibilidad de migración africana precolombina, una migración de 1500 años antes de Cristo que explicaría indicios de su influencia en las culturas americanas de ese entonces como la cultura olmeca. También había un objetivo cultural: difundir la experiencia en beneficio del deporte, la ciencia y la cultura, como reza el artículo 1 de nuestro grupo del CADEI. Eso explica que desde el primer día que nos juntamos en Mar del Plata todo lo que pasaba era fotografiado y filmado. Y la gente dice: “-¿y ésto cuándo lo filmaron?”, y contestamos :-“Cuando ocurrió”. No entendían por qué fotografiábamos y filmábamos 4 años antes de la expedición. Por qué? porque iba a haber una película y un libro.

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Me imagino que a veces se te debe ir de la cabeza la balsa Atlantis luego de tantos años.
Nunca se me va de la cabeza, vivo con ella continuamente. En algún momento me distraigo con alguna otra cosa…pero el teléfono, la radio o en el mismo timbre de casa, siempre están sonando reclamándome por Atlantis, y me vuelven a la expedición. Primero decidí hacer la película, que era más urgente y más difícil que el libro. Me llevó 4 años y la estrené en el ´88. Fue muy exitosa aquí y en el mundo. Viajé con ella, la apoyé, la trabajé, la promocioné y la terminé en el ´89. En el ´90 tuve la propuesta para el hacer el libro con una importante editorial suiza. Escribí, lo envié por capítulos, lo aprobaron y lo ponderaron. Me sentí un escritor en serio porque era una editorial de primer nivel mundial. Le pusieron fecha de salida al público en cinco idiomas con cientos de miles de ejemplares en el ´93. Era principios del ´90 y llegaron malas noticias: quiebra la editorial que tenía los derechos y quedan atrapados en un juzgado en Suiza. Me recomendaron tomar contacto con el consulado así que lo hice y los derechos permanecieron atrapados allí por 14 años. No habían pagado por ellos, era un arreglo formal pero había que tener paciencia y así pasaron los años. En el 2005 me devolvieron los derechos y me llegó un paquete con los originales del contrato, las fotos y los croquis de los mapas. En ese año yo estaba organizando el viaje a la Antártida para la “Expedición Finisterra”, que finalmente hicimos en el 2007 y fue la primera tapa de Andar Extremo Revista. Fuimos 6 hombres equipados para realizar buceo, montañismo y kayakismo, y documentar todo en HD. Me demandó mucha elaboración, trabajo e inversión, y cuando volvimos había planes pendientes. En febrero de 2007 volvimos de la Antártida, y en diciembre de ese mismo año, fuimos al Domuyo. En 2009 dimos la vuelta al campo de hielo continental patagónico, en 2010 dimos la vuelta al Aconcagua por los 6000 msnm, entramos por Vacas, subimos y luego bajamos por Horcones, y teníamos sesenta y dos años de promedio. En el 2011 fuimos al paso superior del Fitz Roy, 2012 fuimos al campamento base del Everest con 65 años de promedio. En el 2013 subimos al Mont Blanc…me distraje…yo podía encontrar argumentos para decir por qué no hice el libro antes, pero la realidad es que me distraje, porque si me concentraba lo hacía. Pero bueno, hay clavos que son más difíciles de clavar que otros…el problema es cuando estás disperso con varios a la vez. Si yo me concentro en un clavo, lo clavo cualquiera que sea. En agosto de 2015, me arrancaron la venda dos almirantes amigos de la Armada, amigos de toda la vida. Ellos me invitaron a almorzar porque tenían una pregunta para hacerme, que era por qué no estaba hecho el libro de la balsa. La respuesta fue muy fácil, me distraje. A partir de ese momento, no hice otro cosa que el libro. Me retiré de la abogacía, ya no hice desarrollo turístico, y me metí de lleno en septiembre de 2015.

Monumento a la Expedición Atlantis, ubicado en Dolores .
Monumento a la Expedición Atlantis, ubicado en Dolores .

“Serás lo quieras ser o no serás nada”

Realmente es una edición muy lujosa y no se merecía otra presentación que no fuera en la Feria del Libro…
La Feria del Libro comenzó el 27 de abril, y estuve hasta el 14 de mayo en el estand de Instituto de Publicaciones Navales y en el estand de La Nación, a los que les agradecí públicamente. En el estand de Publicaciones Navales teníamos una pantalla Led donde pasábamos la película en alta definición. Es importante decir, que ella también va en el libro, dado que la han digitalizado con técnicas modernas. Es la película Argentina más vista de la televisión mundial. Estaba expuesto el libro y atrás tenías la película. La presentación se hizo el último día a última hora, 19:30, en el estand de La Nación, y se juntó muchísima gente. Estábamos los 5 tripulantes, la Armada, el resto de la gente del CADEI, familiares, kayakistas, montañistas, amigos, agrupaciones scout, colegios. Fue emotivo… el Almirante Recalde leyó el prólogo… fue muy emotivo. Todo se prolongó y terminó la feria a las diez de la noche. Eran once menos cuarto, había una cola de 70 personas esperando para que firmáramos el libro, y nosotros pedíamos por favor que no apaguen las luces porque había gente de Rosario, Bariloche y Mendoza esperando para llevarse el ejemplar.

Homenaje en Dolores en 2014 al cumplirse 30 años del cruce del océano en balsa.
Homenaje en Dolores en 2014 al cumplirse 30 años del cruce del océano en balsa.

Qué sensaciones tenés de cuando le dabas el libro firmado a la gente?
El primer asombrado fui yo, porque no sólo me quedé satisfecho. Para hacerlo, armé un equipo impresionante: una diseñadora de lujo, Verónica Álvarez Pesce, una mapista increíble, Soledad Rodríguez, y ni hablar de Triñanes, una imprenta excepcional. A la imprenta le plantee el desafío, ¡este es el libro que quiero!, les dije. Ahora es fácil decir eso cuando lo tenés en la mano…el asunto en ese momento era describirlo con palabras, no había una imagen que lo demostrase. Quería que la tapa dura tenga la tela de la vela de la Atlantis, que era la misma de la Fragata Libertad, y no tenían suficiente para toda la cantidad de libros que se imprimieron. Había que recrear la imagen, la textura y la sensualidad que ésto tiene… la toco sin mirar y estoy tocando la tela de la balsa. Ese desafío fue para la imprenta, me dijeron: -cómo vamos a hacer eso? y les dije:-cómo no se, pero estoy con la mejor imprenta del país, resuélvanlo. Tomaron el desafío y lo lograron. También quería que tenga la carta que me escribió Thor Heyerdahl, un noruego que en el año 1947 cruzó el Pacífico en la balsa Kon Tiki, la más famosa y legendaria a nivel mundial, que me inspiró desde chico. Las vueltas de la vida hicieron que un año después de la expedición, reciba una carta de Thor Heyerdahl que me llenó de orgullo y me hizo llorar como un niño. Se lo señalé a la imprenta, y le dije que quería la carta en el libro tal cual, así que hicieron una copia del sobre, de la carta, y le hice un bosquejo de cómo la quería. Así lo hicieron, impecable.

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Qué decía esa carta…
La carta felicitaba a la Expedición Atlantis por la legitimidad de la travesía que habíamos hecho… el asombro de él era que habíamos arribado sin timón a un puerto predeterminado, y nos felicitaba de una manera descomunal. También nos remarcaba ya en 1985, la importancia de que la balsa tenga su museo.

Qué más podés adelantar del libro..
Este libro lo escribí desde las tripas. Me encerré a contar la balsa, no sé si se la contaba a los demás o me la contaba a mí. Escribí cómo nacía la idea, cómo crecía, cuáles eran los problemas, los sentimientos, qué temores tenía, cómo se iban involucrando los personajes… Lo hice en el ´91, con diarios de viaje como ayuda. El que lea el libro va ir viviendo conmigo cómo nace todo, cuáles son los problemas que aparecen, cómo los encaro y cómo fracaso mil veces y al final lo consigo. Cuando digo todo en primera persona me confundo, porque la mayoría de cosas está hecha en equipo. No hago las cosas solo, no tengo intención de hacer cosas solo… no me interesa una cumbre solo. A veces digo en las conferencias: “pobre el que llega a una cumbre y no tiene con quien abrazarse”. Entonces, la mayoría está en plural, pero inevitablemente como escritor del libro y como Capitán de la Expedición, muchas veces escribí solo… está en primera persona pero siempre desde la intimidad. Lo que me tranquiliza es que di un examen tremendo y aprobé, porque no consulté a mis compañeros para hacerlo. Sí sabían que lo iba a hacer, siempre me dijeron:-”vos le dedicaste la vida a esto hacélo vos”. Hace un mes fui a Mar del Plata, nos juntamos a comer y les dije: acá está el libro… si les contara los comentarios de mis compañeros se darían cuenta por qué estamos tan hermanados. Nos conocemos tanto que de alguna manera, inconscientemente he podido interpretar lo que cada uno piensa y, seguramente, en el libro ha salido un balance de lo que todos piensan. Está en español y en inglés. Seleccionamos 170 fotos de 6500 de cámaras análogas con diapositivas, por suerte Pedro Bonta, con el mayor cuidado y amor, hizo personalmente el trabajo y cuidó cada detalle. La gente que participó lo hizo en forma muy profesional y se subió a su forma a la balsa porque fue más allá que su responsabilidad. Fue una emoción para ellos haber participado en esta nueva travesía. Está bueno, estoy muy asombrado y contento.

Carta de Thor Heyerdahl reproducida en el libro de la Atlantis.
Carta de Thor Heyerdahl reproducida en el libro de la Atlantis.

“Que el hombre sepa que el hombre puede”

Cuál es tu imagen preferida de libro?
Mi foto preferida es una que se ve una enorme onda de mar y atrás, la punta de la vela y la parte de arriba del mástil (página 264). Si bien no está muy en foco, lo bueno es que para sacarla, me dejaba ir tomado de la cuerda de vida hasta el final (unos 70 metros). Me enroscaba la cuerda en la mano, y tiraba todo el rollo con la otra mano…había que confiar en que cuando volviéramos a la civilización y reveláramos, haya alguna imagen como la gente. Otra que me gusta mucho es la de tierra a la vista en el amanecer del 12 de julio de 1984 (página 278). Uno de los gráficos espectaculares de Soledad, muestra la línea anunciada antes de partir y la línea de navegación. Nunca nos alejamos a más de 35 millas de la ruta elegida y arribamos exactamente al puerto anunciado de la Guaira. El libro termina con una foto en blanco y negro de la tripulación cuando tocamos tierra, y todo lo que queda de allí en más, hasta terminar el libro, lo cuento ahora 2017, montándose hoy con la vieja balsa, mostrando las 28 expediciones de CADEI, entre agradecimientos, y el monumento a la balsa en Mar del Plata.

Imagen preferida del Capitán Barragán
Imagen preferida del Capitán Barragán

Cómo está la balsa hoy y cómo es tu relación con ella?
Está en un galpón en Dolores, cerca de casa. Voy cada dos o tres meses a ver cómo está de salud: veo que no haya problemas de hongos o bacterias o algún bicharraco, y también para constatar que ningún chico malo se haya robado algo. Ir es muy emocionante. Está en un tinglado muy grande, un buen depósito. Cuando llego, abro la puerta y la veo allí, se me viene encima y la toco, la beso…es una “anciana venerable… le doy besos en la frente permanentemente”. No está para navegar, obviamente, pero tiene una belleza que va mucho más allá del físico.

Hoy la vieja Atlantis en Dolores.
Hoy la vieja Atlantis en Dolores.

Qué te queda de acá en más?
Para mí, seguir explorando deportivamente este lindo mundo y para la balsa, seguir generando cosas. Está pendiente el museo que tuvo un traspié hace 4 años, cuando un grupo supuestamente ambientalista, se opuso al proyecto. Estaban los fondos, el proyecto aprobado y licitado por la Provincia de Buenos Aires, y sólo había que reemplazar unos árboles que en realidad estaban muy enfermos. No habían razones. Creo que estaban fogoneados políticamente por grupos opositores a ese momento, pero la balsa nunca tuvo que ver con política. Se frustró ese proyecto, los fondos volvieron al Estado, sigue aprobado por Provincia y Nación, y por la Municipalidad de Dolores y se va hacer… en algún momentos se va hacer, porque es un proyecto felicísimo. No es sólo el museo de la balsa, también están las expediciones de CADEI, ella es el elemento fundacional. Se busca crear un ámbito de exploración, la historia universal de las exploraciones, rescatando el espíritu de los pioneros, corajudos, los emprendedores, que subieron montañas, cruzaron los mares, descubrieron los polos o fueron al espacio. Esa es la temática, un museo que no existe en el mundo. Existe el museo de la aeronáutica, el museo de la montaña, uno submarino… No existe de la exploración como concepto, esa es la idea, y nos hicimos esa idea para Argentina. No soy de abandonar mis objetivos, necesitamos que se alineen los planetas y el Estado esté en condiciones económicas de abordar el proyecto.

Reposa La Atlantis a la espera de su museo
Reposa La Atlantis a la espera de su museo

Qué dicen las nietas, cuando con la pipa les contás las aventuras de Atlantis?
Tengo dos nietas. La mayor, Anita, mi primer nieta, hasta ahora no había logrado ver toda la película, algo hacía que se levantara y se fuera… no era desinterés, no sé si era miedo o qué. Tengo una excelente relación con ella, la veo más de una vez por día, es extrañarla e ir a buscarla y compartir cosas. Ahora con 10 años, se empezó a interesar… claro, en la escuela estudian la balsa y entonces como es la nieta, le piden material. Ahora me pidió que vaya a contar la historia a la escuela. Y ni te digo en la presentación de la feria del libro que me veían firmando libros… sentían un orgullo terrible. La más chiquita, Lola, la más desfachatada, se ponía al lado mío y miraba la cámara. No me olvido, le estaba firmando el libro a un amigo kayakista y le digo :- has estado esperando mucho que te firme, no te molesta que además del Capitán te firmen las dos nietas del Capitán?. El tipo se largó a llorar y las dos nenas firmaron el libro con mi amigo abrazándolas.

Dónde se puede conseguir el libro?
El libro es muy bonito, pero tiene una consecuencia lamentable: es muy caro. Hacerlo fue carísimo y encontramos una forma de abaratarlo: en las librerías tiene un costo de 3000$ (te retienen un 50% del valor), pero si lo compran por la página está a mitad de precio. Acuérdense que viene de regalo con la película en formato full screen, tiene coloración toma por toma, el sonido filtrado y para ésto, le llevé los rollos de 35 mm de cine a Cinecolor. Ellos lo revisaron, estaba sano, se lo lavó, se digitalizó, y únicamente nos faltaba el sonido. Un día me llamó un señor y me dijo:-soy Ángel Guitelman, ingeniero jefe de sonido del Gran Rex, conozco la historia de toda la vida y siempre me quise involucrar con la Atlantis. Me dejás que te haga el sonido? y allí, este señor que le había hecho el sonido hasta a Paul McCarney, me hizo el sonido nuevo. En definitiva, hay un arreglo hecho con mercado pago y en la página www.expedicionatlantis.com, envían el correo y en días les habilitan la compra.

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www.expedicionatlantis.com

ExploracionMontañismo

Kilian Jornet, Animal del Everest

septiembre 18, 2017 — by Andar Extremo0

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En el término de 6 días, realizó dos ascensos a la cumbre, en 26 y 17 horas respectivamente desde el campo Base Avanzado, sin cuerdas ni oxígeno adicional. Nota en revista Andar Extremo n° 46

por Soledad Navarro, fotos Summits of my life

Qué somos capaces de hacer en 26 horas? Pensamos en subir al Everest alguna vez? y si nos proponemos hacerlo en ese tiempo y en una semana redoblar la apuesta y bajar a 17 horas? Para casi todos nosotros es una locura, pero para Kilian Jornet, es una realidad. El 21 y 27 de mayo, quedarán en otra página de la historia mundial del montañismo, cuyo protagonista es un aventurero de 29 años que ama el desafío extremo y no le teme a la altura y al reloj.

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Kilian volvió a sorprender al mundo con una hazaña increíble que lo puso en el centro de todas las miradas: el ascenso a 8848m, dos veces, en menos de 10 días con una disminución de 9 horas. El Everest fue testigo otra vez, de la animalidad del deportista de Cerdanya quien, insatisfecho con su visita a la montaña más alta del planeta, decidió repetirlo para cumplir su deseo y, sin proponérselo, silenciar polémicas.
Como tiene acostumbrados a sus seguidores, en soledad y sin oxígeno, coronó un proyecto que había comenzado hacía seis años: establecer récords de ascenso en las montañas icónicas. Todo comenzó en la cordillera del Mont Blanc y desde entonces ha escalado montañas en Europa, en América del Norte y América del Sur. De todas sus metas, sólo el intento al Elbrus quedó pendiente, por malas condiciones climáticas que lo ponían en un riesgo complejo.
“Cada uno tiene su locura y la ha de vivir. Se había de probar, tenía ganas, fue interesante para ver cómo recuperaba el cuerpo”, declaró a El món a RAC1. El ultranfondista explicó que con su doble ascensión demostró “las posibilidades de hacer montaña como hacemos en los Alpes, ascensos más cortos, y de no estar tanto tiempo en la montaña”.

Kilian Jornet llega a los 6800 msnm en su camino de ascenso al Everest
Kilian Jornet llega a los 6800 msnm en su camino de ascenso al Everest

Aclimatarse en buena compañía
En sus planificaciones, Jornet había decidido salir desde Rongbuk, a 6.500 metros del campo base avanzado, que sería su centro de operaciones. La idea desde allí, era explorar, evaluar las condiciones climáticas, y elegir la ruta ideal para su objetivo entre las que se encontraban el Corredor Hornbein o el Norton.
En abril viajó con su pareja Emelie Forsberg hacia el Himalaya, donde realizaron el ascenso exprés al Cho Oyu de 8.201 metros, sexta montaña más alta del mundo, como parte de la aclimatación para el Everest. Para la sueca, esquiadora y corredora de montaña, éste fue su primer ochomil, para Kilian la cota había sido alcanzada (pero no terminada por los riesgos de aludes) el verano anterior.
Más allá de que haya sido su segunda visita a Oyu, es importante destacar que salió a la una de la madrugada del campo 1 a 6.400 metros, alcanzó la cima a 8.201 metros a las 3 de la tarde, regresó a las 6 de la tarde, volviendo sin casi descanso al campo base. Carlos Suárez, escalador, alpinista, saltador base madrileño, y autor entre otros libros de “Morir por la cima”, señaló: “Son casi dos mil metros de desnivel desde el campo 1 hasta la cima para desde ella regresar al campo base que -creo recordar- dista 11 kilómetros del pie de la montaña… es una barbaridad. Es un máquina”
Kilian, convencido de su estrategia señaló: “ Este tipo de aclimatación exprés parece funcionar y el cuerpo se fatiga menos y por tanto llegamos más fuertes el día del reto”. Llegó el pasado día 10 de mayo al Campo Base del Everest, situado a 5.100 m. y escogió la cara Norte de la montaña, que es la menos habitual. Al día siguiente, subió hasta el campo base avanzado (6.400 m) para continuar con su adaptación.
El 14 de mayo, descansó antes de su último entrenamiento, donde subió y bajó desde 6.400 m hasta 8.400 m en un poco más de 9h. Su evaluación del terreno, le hizo darse cuenta la imposibilidad del ascenso por los corredores Norton o Holbeirn. El 17 de mayo, terminó el periodo de aclimatación y aguardó una ventana de buen tiempo para poder iniciar.

Kilian Jornet vuelve al Campamento tras su segunda cumbre al Everest
Kilian Jornet vuelve al Campamento tras su segunda cumbre al Everest

“Hay gente que se piensa que es un reto de locos, pero para mí la montaña es un espacio de libertad”
Kilian Jornet

Primer ascenso: los héroes también son humanos
El 21 de mayo comenzó su travesía y, si bien su planificación no pudo concretarse a la perfección en primera instancia porque no completó el descenso hasta el Campo Base del Everest, su ascenso se trató del más rápido… hasta ese momento.
A las 10 de la noche hora local (+5:45 GMT), inició su primer ascenso, desde allí hizo 15,2 km por la morrena del glaciar hasta llegar al Campo Base Avanzado (ABC, 6.400m). Tardó 4h35 en unir los dos puntos y llegó al ABC a las 2:35 de la madrugada. Descansó dos horas, y continuó la ascensión.
Salió del ABC, y realizó una subida de 8 horas para cruzar el campo 1 a 7.000m., y de allí ascendió al campo 2, distribuido entre 7.600 m y 7.800 m. Luego de una breve parada, intentó continuar a su ritmo normal pero un factor imprevisible lo demoró. Decidió entonces detenerse durante 15 minutos en el campo 3 (8.300 m) para descansar.”No me encontraba muy bien y avanzaba muy lentamente. A pesar de todo, me encontraba bien en altura y decidí continuar “, señaló.

Kilian hace una parada a los 7500 msnm en su camino hacia la cumbre
Kilian hace una parada a los 7500 msnm en su camino hacia la cumbre

El joven montañista hizo cumbre en el Everest a la medianoche, estableciendo un nuevo Fastest Known Time (FKT): 26 horas desde el Campo Base, en el antiguo monasterio de Rongbuk, por la vertiente Norte siguiendo la ruta tradicional. No fue un alud, falta de oxígeno o un problema climático el que detuvo al animal de montaña, sino un hecho que permite romper el mito de que nada lo detiene.
“Kilian tuvo problemas estomacales. Tenía que parar cada 10 minutos. Pasó 12 horas en la oscuridad sin oxígeno y bajo unas condiciones meteorológicas muy malas. No sabíamos dónde estaba y no lo podía ver desde el campamento base….” señaló su acompañante Sébastien Montaz, revelando la heroicidad de Jornet quien, a pesar de ello, no claudicó.
“Hasta 7.700 m me he encontrado muy bien y avanzaba según el planning previsto, pero a partir de ese punto me he empezado a encontrar mal, supongo que por un virus estomacal. Desde allí he avanzado muy lentamente y tenía que ir parando cada poco para irme recuperando. Finalmente, he hecho cumbre a medianoche”, dijo Jornet que debió finalizar en el campo base avanzado y no en el Campo Base del Everest.
Posteriormente, y disconforme con su brillante performance, una semana le bastó para recuperarse e intentarlo nuevamente cumpliendo su deseo. La preparación mental y física no alcanzó al principio para cumplir el objetivo del modo elegido, pero eso en lugar de bajar su espíritu aventurero, lo impulsó para redoblar la apuesta de la suerte. Indudablemente, y con más coraje que racionalidad, el montañista decidió volver a intentarlo.

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Fin de la envidia a las ovejas y a la polémica: segundo ascenso certificado
Sólo 6 días más tarde, el 27 de mayo, repetía la ascensión en 17 horas desde el CBA (6.500 m) sumando puntos a su propia leyenda.
“Tiene una genética espectacular, técnicamente domina todas las disciplinas. Cuando era niño le daba la cartera a algún compañero e intentaba llegar al instituto antes que el autobús. Esos juegos le han dotado de una gran adaptabilidad al medio. Creo que sentía envidia de las cabras. La montaña le ha elegido a él”, señaló César Canales, médico referente de la élite alpinista y corredor de montaña que realizó un artículo ¿Sistemas energéticos: Cómo consiguió Kilian hacer la Innominata con tan poca comida?. En su análisis, Canales afirmó que la clave era su fuerza mental.’. En ese momento, al igual que ahora, en algunos círculos de montaña se lo acusó de mentir. El doctor se puso en contacto con él, “le dije que si podía hacerle algunas preguntas y disponer de los datos de su Suunto, que recoge información de frecuencia cardíaca, altitud y velocidad”, y , de ese modo, perdió cualquier dejo de duda.

Partiendo en su segunda ascensión
Partiendo en su segunda ascensión

En esta ocasión, la Himalayan Database, organización con sede en Katmandú (Nepal) ha certificado oficialmente que Kilian Jornet hizo cima en el Everest. De esta forma se disipan todas las maliciosas habladurías que medios, sponsors y montañistas intentaron instalar.
“¡Estoy muy emocionado de haber podido hacer cumbre otra vez! Hoy me he encontrado bien aunque hacía mucho viento y me ha costado bastante avanzar. Hacer dos veces cumbre en el Everest en una semana y sin oxígeno creo que establece una nueva línea de posibilidades en alpinismo y estoy muy contento de haberlo podido llevar a cabo”, señalaba Jornet, lejos de las habladurías, sabiendo que desde el campo base avanzado (6.500 metros) hasta la cumbre por la cara norte, logró esta vez dos horas menos (19h15’) a la que consiguió en su primera ascensión.

La indumentaria usada por Kilian
La indumentaria usada por Kilian

Confíen en Kilian Jornet porque es a las montañas lo que la nieve, la roca y el hielo, parte fundamental del concepto”
Jorge Jiménez Ríos

Fast & Light…pero con dron
Bajo el lema: “Rápido y ligero”, el intrépido desafío fue realizado sin equipos pesados ni sherpas, pero con la confianza ciega brindada por una crianza en las montañas. Provisto por Salomon y Arc´teryx, con una lámpara frontal de sólo 300 lumens (seguro elegida por pesar nada más que 92 grs y su polivalencia en cuanto a baterías), una crema solar, y un reloj Suunto (con el que filmó su ascenso), se olvidó intencionalmente de cuerdas y tiendas, aceptando la compañía en el ascenso de Sébastien Montaz, famoso cámara y director de cine con quien está finalizando el proyecto Summits Of My Life (Cumbres de mi vida), relato audiovisual que comenzó hace 5 años, sobre su conquista del Everest.
“En ambos intentos la climatología fue realmente difícil. No esperábamos que hiciese viento pero la previsión falló. Había muchas nubes y un viento de cara de 60 km/h. Por esta razón le llevó a Kilian más tiempo del que habíamos planeado para alcanzar la cumbre”, señaló Montaz.

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El cineasta acompañó a Jornet por tercera vez en el año y ésta fue la primera ocasión en la que Kilian alcanzó la cima. “Llevé un dron que en teoría no podía volar a más de 5.000 m de altura, ¡pero lo hizo por encima de 7.000!”, señaló Montaz convencido que nada es azaroso.
“No lo sigo, nadie sigue a Kilian (risas)”, señaló el cámara cuando le consultaron si podía seguir a Killian a la altura y velocidad del deportista. “Siempre iba por delante suyo. Salía antes y calculaba un lugar donde pensaba que podría ser muy interesante para el reportaje. Intento no molestarle y él nunca se para a esperarme…”.
Con esta proeza realizó el último de los retos de Summits of my life, su proyecto personal en el que intentó establecer los récords de ascenso y descenso de algunas de las montañas más emblemáticas, y que culminó con el Everest. El trabajo de recopilación audiovisual va ligado a sus valores y cosmovisión de cómo entender la montaña purista y minimalista.
“Nuestra fuerza son nuestros pies, nuestras piernas, nuestro cuerpo y nuestra mente”, reza Jornet como filosofía de vida…Cuál será su próximo desafío?

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http://www.summitsofmylife.com

Carreras de aventura

Running Trip Mountain Edition, Los Molles, San Luis

septiembre 12, 2017 — by Andar Extremo0

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El 14 de mayo se llevó a cabo la Mountain edition de Running Trip, en las maravillosas tierras puntanas. Distancias de 25 k y 10 k, increíbles recorridos, presencias destacadas del Ultra Trail y la inmejorable organización hicieron de ésta, una verdadera fiesta del deporte. Para Andar Extremo, las voces de sus protagonistas. Contenido de la revista n° 46.

por Florencia Pollola, Santiago Petrera, Juan Pedro Sangiácomo y Sabina Rodríguez
fotos Pablo Tolmasky, Patricia Pérez Gasquet y Marcos Ferrer

Ezequiel Pauluzak un referente del trail running
Ezequiel Pauluzak un referente del trail running

El domingo 14 de mayo no fue simplemente otro paso transitado en la historia de Running Trip. Ese día se selló un pacto que comenzó el pasado mes de diciembre en Miramar, donde más de 600 corredores apostaron por una carrera que buscó ser mucho más que un par de kilómetros, una buena remera y una medalla. Este pacto tácito, firmado entre corredores y organizadores, vino a demostrar que se pueden realizar eventos sin descuidar a los participantes, teniendo en cuenta las condiciones de cada uno de ellos. Un claro ejemplo fue el espacio dedicado a los atletas con discapacidad que, más allá de participar en las distancias largas, contaron con 4 kilómetros especialmente diseñados para que pudieran disfrutar de un paisaje que, de otra manera, les hubiera sido inaccesible. Algo similar había sucedido en Miramar, donde tuvieron la chance de correr por el bosque y por la arena, junto al mar.
En esta segunda edición en Los Molles, San Luis, los atletas con discapacidad contaron además con el apoyo de los más de 500 corredores que participaron de las pruebas principales, esperaron a que todos completaran su recorrido, y los aplaudieron al llegar. La esencia de Running Trip es esa, cuidar a los atletas, a todos los atletas, sin importar si se trata de los corredores más rápidos o los más lentos, sin importar si poseen alguna dificultad para trasladarse o si cuentan con todas las facultades para hacerlo. En este marco, en la ceremonia previa a la competencia y tras entonar el himno nacional argentino, Ramiro Cattani, uno de los protagonistas de la prueba que tiene síndrome de down, junto con los atletas del seleccionado argentino de ultra Trail Franco Oro y Tania Díaz Slater, subieron al escenario representando los valores de esta prueba.

Ramiro Cattani abanderado de Running Trip
Ramiro Cattani abanderado de Running Trip

“La esencia de Running Trip es cuidar a los atletas, a todos los atletas, sin importar si se trata de los corredores más rápidos o los más lentos”

Running Trip Mountain Edition marcó el paso de esta carrera itinerante por las sierras puntanas y continuó así la idea de recorrer el país a través de una prueba competitiva y participativa en la que los atletas que ganaron se llevaron $32000 en efectivo. Con competidores de todo el país y de otros países como Colombia, Paraguay y Uruguay, los circuitos trazados para los 25k, 10k y 4k se corrieron por senderos cargados de verde, bosques típicos de la zona y arroyos que bajan de las sierras. En esta oportunidad, fueron el colombiano Jaime Hernández y la cordobesa Tania Díaz Slater quienes se quedaron con el primer puesto en los 25km.
“Buscamos que durante todo el recorrido, pudieran disfrutar de todo lo necesario para que, al cruzar la meta, la sonrisa fuera imposible de disimular”, contó Diego Winitzky, creador de la innovadora propuesta de carrera ambulante. “Nunca imaginé dejar por un rato mi pasión por la fotografía para volcarme con un grupo de amigos corredores a organizar una carrera. Hace dos años creí que se terminaba todo mi vínculo con la fotografía y el running, por una mal trago con una persona a la que hoy debo agradecerle que me haya cerrado las puertas de sus eventos”, añadió.
Diego se permitió soñar y creó este evento que, además de buscar la integración y el vínculo genuino entre corredores, logró generar una energía única entre un staff que intenta tener todo resuelto para quienes se predisponen a disfrutar de un fin de semana distinto.
El kit de la carrera, las marcas del recorrido, el trato ante cada consulta por emails o redes sociales, el recibimiento a los competidores que cruzan la meta, el vínculo entre compañeros de trabajo y el respeto por los colaboradores, hacen que Running Trip se diferencie en cada detalle.

Agua y piedras predominaron en Los Molles
Agua y piedras predominaron en Los Molles

Santiago Petrera, corredor de Ultra Trail
Como su nombre lo indica, Running Trip es mucho más que una carrera, es una experiencia donde se vive el Running en todas sus facetas: en el viaje, en la estadía y en la competición misma.
Arribamos a Los Molles, hermosa y pequeña localidad de la provincia de San Luis, el sábado por la mañana. Allí nos esperaba Diego junto a todo el staff, para darnos una cálida bienvenida. Como mencioné antes, Running Trip es una carrera que ofrece la posibilidad de contratar un Pack Full que incluye, además de la inscripción, los traslados, el hospedaje, y las comida, todo coordinado por grandes personas que conocemos del mundo del running. Todo esto, genera un clima especial, un ambiente donde el deporte y la camaradería son una constante. Durante todo el día, los corredores confluían en la acreditación, lugar donde retiraban su Kit, se sacaban la famosa foto pre carrera con su dorsal, y compartían una linda tarde de charlas y mates. Personas con historias inspiradoras nos emocionaron con sus vivencias y experiencias deportivas, seguidos por la charla técnica recién caída la noche. Luego la cena y a descansar.
Domingo bien temprano, en una fría mañana, nos dirigimos hacia la largada. Micros y muchos autos con corredores, acompañantes y gente de localidades aledañas llegaban al punto de partida para vivir la tan esperada carrera. Nos encontramos con muchos corredores de todos los niveles. Un Line Up de lujo en la Elite de los 25 Km: los mundialistas Franco Oro y Tania Díaz Slater,
Ezequiel Pauluzak, y los ganadores de Pacifik Trail Colombia Jaime Hernando López y María Eugenia Rodríguez.

Santiago Petrera y Josefina Aragonés
Santiago Petrera y Josefina Aragonés

Cuenta regresiva y carrera en marcha. Circuito para todos los gustos, con mucha trepada y desnivel positivo en los primeros kilómetros. Bajadas muy entretenidas, de esas en las que se puede apretar y y soltarse sin frenar, saltando troncos y piedras. Luego la parte más técnica de la carrera llegaría a la hora de hacer todo el coastering, donde los que sabían correr por las grandes piedras mojadas, sacaban diferencia, y otros intentábamos hacer lo mejor posible, sin matarnos. Una vez superada esta etapa, el circuito invitaba a correr plenamente hasta el final.
Grandes gestos se vieron, como cuando Jaime Hernando López, ganador de los 25 cedió el premio para que Ezequiel “Tati” Pauluzak, segundo en los 25 km, compita en la Pacifick Trail Sura.
Por el lado de las mujeres, el triunfo fue para la mundialista y corredora, Tania Díaz Slater.
Una carrera con todos los condimentos: grandes paisajes, excelente circuito, organización perfecta, cobertura audiovisual de lujo, corredores de primer nivel y un ambiente de alegría total. Calidez humana, competencia, talento y pasión resumen el espíritu del evento.
Ahora, a esperar más ediciones de ésta increíble experiencia llamada Running Trip.

Juan Pedro Sangiácomo y Sabina Rodríguez, corredores de Ultra Trail
En esta vuelta, volvimos a ratificar nuestra confianza hacia un gran evento que se destaca por el compromiso, la calidez humana, el ambiente de integración que unifica todas las capacidades, niveles, regiones del país, y la invitación de corredores de otros países, estamos haciendo referencia al Running Trip.
Hasta ahora se llevaron a cabo dos ediciones, primero fue la edición de playa, donde Miramar nos brindó un espacio de sol, arena y mar. Luego llegó la edición de montaña, en Los Molles (San Luis), donde lo primordial fue la belleza e imponencia de las sierras puntanas. En ambas ediciones los alojamientos destinados a ser sedes del evento fueron lugares de ensueño, ubicados en ambientes naturales, y con gran calidez humana. Al estar ubicados en el epicentro de cada evento, pudimos disfrutar en el día previo a la carrera, de una expo running, con música en vivo, puestos de artesanías, algunas exquisiteces, venta de ropa y accesorios para el corredor, además de una agenda de charlas de especialistas, experiencias de vida, y hasta un espacio infantil para que los más chicos también tengan su entretenimiento.
El primer Running Trip, la “Beach Edition”, fue una experiencia única y apasionante, y en esta oportunidad, la “Mountain Edition”, nuevamente estuvo excelente en cada detalle: desde las relaciones públicas, el recorrido de la carrera, los puestos de hidratación y asistencia médica, la dirección de fotografía, los coordinadores, la calidad de la alimentación, la conducción del evento, y la expo running del día previo a la carrera. Una de las cosas en las que se sigue destacando, es la organización. Sin duda, cada una de las partes se involucra al 100%, dejando todo lo que tiene para que no falte nada.

Tania Díaz Slater ganadora de los 25 km
Tania Díaz Slater ganadora de los 25 km

Dentro de lo que fueron las charlas de la expo, además de ser orientadas a la capacitación en temas de nutrición y deporte, se brindó un espacio para conocer otras historias de vida. Una de ellas, fue la de Norma Ramos, quien a una semana de haber corrido el Raid del Norte se entusiasmó con la invitación y finalizó los 25km de Los Molles. Quizás para muchos no es algo de gran importancia haber hecho estas dos carreras en una semana, pero si le agregamos el hecho de que es una atleta con discapacidad, es algo impresionante!!! Su historia de vida es algo que no deben dejar de conocer, y el evento dio ese espacio de difusión.
También se destacaron la solidaridad e integración, como uno de los puntos fuertes. Es un evento al que podemos acceder todos, aún si te estás iniciando en las carreras de aventura tenés la posibilidad de correr los 4km participativos, distancia abierta también a personas con capacidades diferentes. Este es un hecho que distingue el evento de cualquier otro: “Que todos tengamos acceso a la diversidad del trail running es un desafío que esta organización emprende y enfrenta en cada evento”. Todos corremos esos primeros 4km, todos nos metemos en la arena y podemos sentir su dificultad, todos nos adentramos en la montaña, en las subidas y las bajadas que ella nos propone, chapoteando por algún que otro arroyo, sintiéndonos parte. Tanto los corredores que se están iniciando como las personas con alguna capacidad diferente, acompañados por atletas de élite y del propio staff de la organización, tienen la posibilidad de disfrutar de la naturaleza a flor de piel.
Otro de los ejes relevantes es el recorrido de la carrera, allí también se vislumbra el compromiso y la ética. En ambas ediciones se priorizó que todos podamos disfrutar de la naturaleza que nos rodeaba, pero sin dejar de darle una complejidad técnica al circuito, un balance que en ambas ediciones pudieron lograr y que confiamos que lo harán nuevamente.

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“Que todos tengamos acceso a la diversidad del trail running es un desafío que esta organización emprende y enfrenta en cada evento”

Volviendo a la parte técnica, si lo que buscabas era una distancia corta, tenías la posibilidad de correr 10 k, que fueron “picantes”, con altimetría como para que no bajen nunca las pulsaciones, si no, podías elegir pasear y deslumbrarte con el paisaje… esa era tu elección. Si te gustaba exigirte más, estaban los 25k, para corredores un poco más experimentados o que quieran proponerse ir un poco más lejos y aumentar su distancia. En este caso fue un recorrido “corrible”, pero con cuestas pronunciadas que si no las regulabas, te dejaban boqueando, y con bajadas pronunciadas que invitaban a volar. Hubo de todo: “coastering”, piedras, raíces, cruces de cursos de agua, algo de barro, árboles, zonas descampadas, tupidas, lentas, rápidas, senderos, calles, tranqueras… la verdad, un popurrí de elementos que se conjugaron en una hermosa carrera de aventura.
Por último, los más chiquitos también tienen su espacio, dado que antes de la premiación, tuvieron la oportunidad de realizar 1km para poder iniciarse en la misma disciplina que su papá y/o mamá, y llevarse su medalla finisher.
Todos los recorridos se caracterizaron por senderos cargados de verde, bosques típicos de la zona y asistencia al corredor. Al finalizar la carrera tenías la posibilidad de escuchar bandas en vivo o relajarte asistiendo a una clase de yoga.

Sabina
Sabía que me tenía que cuidar ya que a la semana siguiente corría los 50 de Indomit. Debía guardar energías, pero a esta fiesta del Trail no podía faltar, y es por eso que decidí correr desde otro lugar. La velocidad y la posición iban a quedar relegadas por el paseo y el disfrute de las subidas, y la adrenalina en las bajadas.
Esperando en el arco de largada, los nervios y la incertidumbre eran los protagonistas… ya estaba ese dolorcito en la panza que siempre me alerta de que empieza la carrera en breve… 3,2 1!! Despedida y a largar. Para mi gusto, empecé muy rápido en una bajada que invitaba a meterle pata. Luego, llegó el sendero y arranqué la subida, subí, subí, subí…Muy lindo el paisaje, el terreno, el sendero…. Un increíble lugar me rodeaba y me envolvía desde la vista, con los diferentes tonos de verde y marrón, y desde el olfato, con las diversas plantas que me rozaban a cada paso. En un instante, apareció mi ventaja en carrera, lo que ansío y disfruto siempre al máximo: la bajada… Ahí sí, ya no me pude contener, quería relajarme y bajar, sentir el aire en la cara, en el cuerpo. Las piernas iban rápido, la cabeza no paraba un segundo de pensar dónde poner un pie y el otro… Bajaba, tenía que bajar a mi ritmo…

Martín Sharples en acción
Martín Sharples en acción

Así sucedió la carrera, vislumbrando el paisaje, hablando y saludando corredores que venían de frente, entre ellos a Juan con quien nos dimos un beso relámpago. Seguí corriendo por caminos rurales, senderos más amplios, más angostos, más cerrados, más abiertos, pasto, ripio, hasta una larga bajada en la que me solté y llegué a un puesto de control donde marcaban el dorsal, km 15 aproximadamente… Allí, al verme frenar a cero me dijeron:
– ¿qué estás haciendo?
:- Mmm esperando a unos amigos
:- Negra vas novena…podés correr!!!
:-pero me quiero cuidar para la semana próxima
:-podés correr!
Y bueno, a partir de ahí fue otra carrera. Quedaban alrededor de 10km sólo tenía que mantener un ritmo estable y no frenarme más, por lo menos eso fue lo que negocie conmigo misma. Faltando unos kilómetros, y viendo el arco de llegada esta vez en subida, la adrenalina quiso que acelere, y aceleré.
Mi sonrisa de oreja a oreja me decía una vez más: pasaste un arco triunfal, quedando tercera en categoría, una sorpresa que realmente no esperaba… Maravillada con esta experiencia, volví a confirmar que en el próximo, estaré presente para disfrutar de esta verdadera fiesta del Trail running!!!!

Juan Pedro
Mi carrera comenzó meses antes, cuando decidimos con Rosario (nuestra entrenadora), correrla tranqui, ya que venían los 50k de INDOMIT con diferencia de una semana, y no quería llegar cansado, ni con molestias. Así fue que pensé en una carrera moderando el ritmo, corriendo por sensaciones y sin exigir.
Arco de largada, emoción a full, cuenta regresiva y largamos en bajada, algo que realmente me gusta, así que le metí con ganas, a un buen ritmo, intentando despegarme un poco de la masa de corredores, como para encarar el Trail con algo más de lugar… unos 400 metros y chau calle. Doblamos a la derecha, y el sendero, un circuito minuciosamente marcado y macheteado, como para que nadie se pierda ni se tenga que pelear mucho con ramas y arbustos… No sé si llegué a pasar 1km y arrancó la subida… Dura, y como no es mi fuerte, la caminé y me dediqué a contemplar los paisajes que ya empezaban a verse en los claros. Luego de subir por un rato, una bajada que invitaba a dejar todo…la mejor parte de la carrera para mí!! Por suerte estaba en una zona con pocos corredores, entonces queda lugar para bajar y bajar, sin tener que preocuparse por pasar a alguien. Salimos al “coastering”, donde si le pifiaba un paso, podía lastimarme feo. Sobre ese río me crucé con muchísima gente: fotógrafos, acompañantes, banderilleros, asistentes, todos con una palabra de aliento…

Juan Pedro Sangiacomo y Sabina Rodríguez
Juan Pedro Sangiacomo y Sabina Rodríguez

Se fue abriendo el camino, se hacía menos técnico y más abierto a correr. Me junté con un chico de Tandil que me dijo que venía medio cansado, así que fuimos tirando juntos… Íbamos pasando los kilómetros, puestos de hidratación, PCs, fotógrafos… y seguimos tirando con el tandilense, contándonos historias de Trail hasta pasar un PC: saludo, marca en el dorsal, alguna risa al paso y a seguir dándole gas!!! Venía medio cruzado, porque no podía hacer una de las cosas que me gusta hacer en carrera, que es filmar con la GoPro, porque la batería estaba muerta, así que un poco me sacó del disfrute y la buena onda de la carrera… qué mejor para sacarme la mufa que cruzarme a Sabi cerca del arroyo. Ella iba y yo volvía del retome, me dijo que le iba a meter un poco más porque venía 9°, así que un beso y a seguirle dando…
Una de las cosas lindas que tiene este mundo del Trail es cuando te venís cruzando con corredores que vienen por detrás, pero por el mismo sendero, en contramano… es muy gratificante el aliento que te dejan al paso. Por más que no estés realmente en la competencia, es algo que motiva siempre. Llegamos al último puesto de hidratación, recargué y salí al trote. Mi compañero de carrera encontró nuevamente su ritmo y se despegó un poco, así que solo nuevamente fui pasando por una zona no tan rápida como la anterior, virtualmente llana, con muchos senderos, árboles, arbustos, algunas molestas espinas, pero lindo para correr.
Faltando algunos kilómetros, salté un alambrado que me dejaba casi en los últimos 2 kilómetros de carrera… pasé un arroyo con poca agua, y al salir escuché:-“Te faltan 500 metros, ya estás, ánimo!!!”, me dijo. Con esas palabras entré al asfalto y a subir. Mucha gente caminando por el costado de la ruta alentaba a mi paso, aplaudían como si fuera el primero!!! tomé una curva y vi el arco, majestuoso, imponente, esperando inmóvil que yo vaya hacia él. Es mi objetivo… ahí voy!!! Banda de llegada sostenida por dos asistentes, la “corté”, y ahí estaba Diego, esperando a cada uno de los corredores con una sonrisa y un abrazo…
Todos tuvimos nuestro lugar en el evento y lo disfrutamos de una manera activa, sintiéndonos parte!!!
Gracias Running Trip!!!

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Carreras de aventura

TANIA DÍAZ SLATER: SU PARTICIPACIÓN EN EL MUNDIAL DE CARRERAS DE AVENTURA

septiembre 11, 2017 — by Andar Extremo0

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Un relato muy completo de la participación de Tania con el equipo español “Team 2 Columbia Vidaraid” Jon Ander Arambalza, Marco Rossini Menichelli Amselem y Urtzi Iglesias Mota, en el estado de Wyoming en Estados Unidos el que se llevó a cabo del 10 al 16 de agosto en la competencia “Cameco Cowboy Tough ” fecha mundial de ARWC

por Tania Díaz Slater

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El ARWC (Mundial de carreras de aventuras) comenzó el día 10 de agosto 2017 en Casper Wyoming Usa a las 5 am con la entrega de los mapas.
Una rápida mirada y subir al bus para un viaje de 5 hs donde se podría armar la ruta que haríamos en carrera y tener el panorama de lo que nos esperaría de este mundial en USA.
Llegamos a Jackson Hole donde sería el lugar de partida del mundial a las 13 hs, previamente comimos algo ligero para largar con energías y nos darían el tracker de la carrera junto al chip electrónico.
Leg 1 5km de prólogo donde debíamos buscar 5 balizas por senderos, 100% trail en la base del Cerro, centro de ski Jackson Hole, largada furiosa bien para arriba, donde nuestro compañero Jon Ander comenzó a sentir malestares estomacales, así bajamos la marcha y comenzamos a animarlo para que mejorase.
Continuaba Leg 2 con 12km de 100% paved Trail, una senda pavimentada que nos llevaba a la TA 1, lindo tramo para correr y hacer diferencia y así hicieron los equipos de punta marcando un ritmo bien rápido haciendo diferencia desde el minuto cero de largada.
En nuestro caso quedamos retrasados, comenzando con el trabajo de equipo #Teamwork, fundamental en estas carreras tan duras, “ a veces me ayudas vos, a veces te ayudo yo y todos juntos, trabajando en equipo, juntos repartiendo nuestras fuerzas, llegamos a la meta”. Ese sería nuestro lema para esta carrera que se nos presentó con el dilema de intentar que el malestar de nuestro compañero Jon Ander pase e intentar seguir en carrera y mejorar en el transcurso de las etapas que vendrían.

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Leg 3 Ta 1 transición de trail a packraft, inflar botes para realizar una etapa de 30km por el Snake River clase 1-2
Leg 4 TA transición del packraft a trekking, comenzamos un trekking de 62km donde debíamos llevar el bear spray, spray para osos (jamás vimos un oso en toda la carrera) y carpa. En este trekking seguimos ayudando a Jon Ander a mejorar su malestar estomacal con el problema que había poca agua en el recorrido, arrancamos estando muy atrás del pelotón de punta y lentamente comenzamos a avanzar a medida que pasaron las horas, sabiendo que cuando llegara la noche y con la bajada del sol, Jon Ander mejoraría, y así fué.
Fué un largo y lindo trekking con charlas interesantes, una madrugada bastante fresca y una notable mejoría de Jon Ander, gracias a Dios!
Jon Ander se mejoró y empezamos a remontar posiciones, lindo trekking de 62km por senderos entre colinas, pinares y praderas de flores silvestres color lila y blanco . Esa noche la luna se pintó de rojo.
En la mañana llegamos a la TA transición del trekking a mountain bike, empezamos el Leg 5, dia dos de carrera con 133km de mountain bike por una mezcla de caminos de tierra y ruta.
Rápida transición, comimos algo rápido y salimos en nuestra primera etapa de mountain bike con mucho ánimo los 4.
Paramos a comprar unos riquisimos sandwiches y marcar el CP, y continuar a toda marcha para avanzar lo más rápido posible en esta etapa de MTB.
Llegamos a la TA LEG 6, comenzaban 65km de trekking largo, había que dejar la bici con las zapas y casco, hicimos transición rápida donde nos dieron una hamburguesa y una Coca Cola y partimos con buen ánimo al trekking que sabíamos sería largo, elemento obligatorio spray para osos, que nunca vimos!
Es bueno comer algo sólido y una bebida que te activa! partimos contentos rumbo al segundo largo trekking de 65km el tiempo estimado es de entre 14 a 26 hs. Fué un largo trekking donde teníamos que buscar una antigua senda que cruzaba un bosque de pinos tirados, allí renegamos un rato, peludiamos entre todo ese montón de árboles caídos, renegamos bastante, Urtzi tuvo que orientar mucho, y lo envidié porque llevó pantalones largos. Me rayé todas las piernas por llevar shorts, me clavé todos lo pinos tirados en las piernas, me quedó el recuerdo de las rayones como un tatuaje, y me pasé toda la noche tratando de alcanzarlo entre todo ese bosque derrumbado por el viento, los años, o sabrá Dios qué!
Cuestión que buscábamos una senda entre todos esos troncos tirados que evidentemente no era esa y estaba más arriba, demoramos un poco más pero finalmente encontramos el pc y seguimos avanzando en carrera, ya ingresamos en una senda limpia, marcada y el orientador seguro (Urtzi) empieza a avanzar cada vez más rápido, está motivado, ubicado y nos lleva de las narices. Pasó la noche, está llegando el amanecer de la segunda noche, comenzando el tercer dia creo yo, y comienzo a sentir mucho sueño, Jon Ander se da cuenta y me dice ponte detrás de Urtzi y lo seguís, comenzamos a correr, comienza a aclarar y me despierto. La adrenalina, correr, me despierta.
Una senda de trail entre bosques muy entretenida me despierta, respiro profundo el aire fresco de la madrugada y ya me siento bien, me gusta esa hora del amanecer.

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Ingresamos en una senda eterna, por un bosque de pinos, cruzamos arroyos, cargo agua, me lavo la cara, me digo “Buen día”, intento charlar con el orientador del equipo que me lleva siempre rápido, le pregunto si leer el mapa lo distrae, lo mantiene despierto porque estoy aburrida, me imagino que él va leyendo el mapa como si fuera un libro que le cuenta dónde estamos, a dónde vamos, le pregunto qué está leyendo en ese mapa, sus palabras son cortas, no sé si es porque está cansado o porque es Vasco, nuevamente Dios sabrá, pocas son sus palabras.
Jon Ander y Marco vienen detrás, tampoco hablan mucho, esta senda se ha tornado bastante aburrida, pienso y busco algo para entretenerme, y pienso … esta senda en este bosque, en estas montañas, tan larga y eterna para qué es? y veo en un árbol un cartel pequeño: que dice “Continental scenic Trail”, claro qué bien, pensé, hacer una senda para que la gente conozca su país haciendo trekking, me gusta la idea, pienso..porque me estaba aburriendo, lo haría con mi hija caminando por este sendero, miraría qué pájaros hay, comería un picnic, tal vez armaríamos la carpa si nos cansamos, imaginé.
Y así el momento aburrido se me pasó y llegamos al CP, la senda se terminó y comenzó un camino ancho, rápido, pasamos una tranquera, que Urtzi abrió y se apretó un dedo, Auch! se sintió, me lastimé, uff pensé no, que esté bien, pensé. Te molesta para manejar la bici, para remar? no, se me va a pasar, y recordé que me había traído mi aceite de esencias 31 “Just” de hierbas que me dió mamá, que todo lo cura, y le dije, tomá ponte esto te cura.
Y así llegamos TA.
TA en uno de esos lugares típicos del lejano oeste, pasamos del largo trekking al mountain bike que será de 58km, creo que es una etapa crucial, donde hay que estar más fuerte que nunca.
Salimos Leg 7 58km de mtb, nos sorprende una tormenta pasajera, que nos refresca, arrancamos esta etapa con risas, charlas de pavadas que hacen el comienzo de esta etapa un momento divertido, me reí mucho, me sigo riendo ahora cuando recuerdo de lo que charlamos! Me gustó ese momento y disfruté esta bici. Colinas empinadas, bajadas técnicas, mucho mtb, ya dejamos de charlar y empezamos a concentrar nuestras fuerzas para poder trepar ya que las colinas se ponían ásperas, igual así, me gustó esa etapa, desafiante.

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Transición Leg 8, tenemos que hacer la cueva y cuerdas son 7km en total, muy linda la cueva que parece fuera de marmol, muy extraña, camino a ella aprovechamos a comer algo sólido como podemos, que nos devuelve las energías, el lugar es muy pintoresco.
Primero marcamos el CP de la cueva y luego vamos rumbo a las cuerdas, trepamos unas colinas y bajamos en rapel, me encantó, me divertí, disfruté esa etapa, la estoy pasando muy bien a esta altura, he comido, he bebido, y estoy haciendo lo que más me gusta en el mundo! Correr carreras de aventura.
Comenzamos la etapa más larga de bici LEG 9 264km de bici, donde nos agarra la tercera noche, cansancio, no sabemos si parar a dormir o seguir, paramos una hora, frío, hay que seguir, música, esto motiva, alucinante, avanzamos rápido y motivados con la música, me encanta, me da fuerzas, me activa, trepadas, bajadas, encontramos los CP, y pasa la noche rápidamente, me gusta esta etapa, también tiene sus desafíos de cómo sobrellevar el cansancio y al hombre enojado cuando está cansado, superar esas barreras positivamente y avanzar, me encanta, aprendo, aprendo a cada instante, de todo, me gusta.
Y seguimos en la mtb, comienza el amanecer y seguimos por caminos eternos, comenzamos a ver con la claridad que hay equipos que han dormido al costado del camino, nosotros avanzando, seguimos subiendo posiciones, marcamos un cp al amanecer donde cargamos mucha agua y comienza el camino con muchos “pianitos”, “serruchos”, llámalo como quieras, te rompe el cuerpo.
Y nuevamente me estoy aburriendo, entonces le pido a uno de mis compañeros que lo veo que también está aburrido, me cuente una historia, y así pasamos el momento de monotonía, y pasan los kilómetros, y la historia me gusta, me la imagino, me transporto a ese lugar y situación…
El sol ya está nuevamente en alto y se siente, llegamos a otro CP, el del “Pueblo Fantasma” me canté a mi misma por un buen rato la canción “Like a Ghost Town”, porque estuvimos allí, marcamos el CP, cargamos agua, y seguimos rumbo a la etapa de las Dunas, del desierto, que lo fué, que calor!! y allí pinché mi rueda delantera, que embole.

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Marco la infló y seguimos, le pusieron líquido en el service antes de viajar, se tiene que autosellar al instante, pero avanzo en ese camino del diablo, roto y con arena, del desierto y mi rueda delantera sigue pinchada, no por favor, ahora no, no es el momento..
Llegamos a otro CP en medio de ese lugar caluroso, arenoso, desierto y Jon Ander repara mi rueda delantera, coloca una cámara y me dice que rete a mi mecánico porque fué muy mezquino con el líquido, y tiene tanta razón.
Mientras Urtzi y Marco descansan un poco, es mediodía y en ese desierto hace mucho calor.
Seguimos por la dunas, un camino de arena, feo para andar en bici pero el orientador ha descansado y nos lleva como de costumbre de las narices, los varones lo siguen super motivados y fuertes y en bloque, los tres pedalean igual, esquivan todo igual, y yo los persigo como puedo!
Terminamos de bajar y llegamos a un oasis, un tipo de Estancia, hermosa, me emociono, caballos corriendo todo a nuestro alrededor, son hermosos, todos son bellos, raza Cuartos de milla, a todos me los hubiera traído a casa. Ese momento me lo guardo y me lo llevo para siempre. Caballos.
Sigo, estoy cansada, me pongo detrás del orientador que va firme y fuerte, su rueda me lleva y no me dejar aflojar.
Llegamos a la TA, ha sido un largo camino hasta acá.
Tengo que desarmar mi bike y meterla en la caja de la bici y viene una fuerte tormenta, como si fuera un pequeño tornado, todo se vuela, mi caja de la bici se está volando, meto la bici, me cambio rápido, meto todo como puedo, la cierro y la dejo en el camión.
Busco a mis compañeros que se han resguardado dentro de otro camión, preparo el equipo para la etapa que sigue LEG 10 23km de packraft y foot, remo y trekking.

3

Ya sabía que esta etapa sería dura.
Agradecí haber llegado a esta instancia de la carrera, marcamos un cp muy lindo que disfruté encontrar, había venados, pastizales y playitas de arena, y nos encaminamos al lago, empezamos a remar y una fuerte tormenta nos agarró.
No podíamos avanzar por el fuerte viento, y tuvimos que trekkinear en lugar de remar, sabiendo que esto nuevamente nos restaría alguna posición, pero no teníamos alternativa.
Llegamos al pc 29, lo marcamos,comenzamos el LEG 11 47km de remo y trekking, cruzamos la represa, inflamos los packraft y comenzamos a bajar primero por una sección sin casi agua del Fremont Canyon, pasar entre rocas, luego comenzaron los rápidos, un salto de clase lll que en esta etapa agradecí ir con Jon Ander porque la piloteó de primera y pasamos perfecto y la verdad fué divertida.
Luego salimos del Fremont Canyon, trekkineamos un largo rato por una ruta, corrimos, trekkineamos, una combinación de ambas y de un momento para el otro que venía genial, comencé a sentir el cansancio de otra noche sin dormir, me sentía como envenenada, y me concentré en mi respiración, intentar ingresar el aire fresco de la noche a mi organismo y salir de ese estado tan feo de intoxicación.
Nuevamente inflar los packraft para ingresar a remar en un pantano, me sentía tan mal, uff que feo, que batalla contra el sueño…
remamos el pantano, salimos otro trekking cortito e ingresamos a la última etapa de remo por un río.
En esta etapa luché contra el sueño, Jon Ander no me hablaba y en un momento dado con el ritmo del paleo, me dormí y cuando desperté descubrí que Jon Ander me había enseñado a remar como él quería que yo remara, pillo pensé me enseño a remar, mientras dormía, pero se lo agradecí, porque seguíamos avanzando, yo seguía luchando contra el sueño y comenzó a amanecer, con los primeros sonidos de la mañana, ambos comenzamos a dormirnos Jon Ander y yo, y en ese estado de ensoñación nos metimos por un brazo del río, mientras nuestros compañeros, Marco y Urtzi siguieron por el principal…

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Jon Ander grite! nos estamos metiendo por otro lado, despertó, giro el bote en contra de la corriente y me dijo, rema Tania, rema fuerte y así, remando en contra, salimos del brazo incorrecto y nuevamente retomamos el principal!
Remando fuerte con todas nuestras fuerzas para alcanzar a nuestros compañeros que seguramente rieron por nuestra “dormida” situación.
Que hermoso jardín chino, dijo Jon Ander, soñaba con un jardín chino, ese lugar lo era, muy hermoso por lo cierto, pero no era el lugar al que en esta ocasión debíamos ir.
Y así en un último tirón de risas, de lindos paisajes y de un hermoso amanecer del último día de carrera llegamos al final de la etapa de remo.
TA leg 12 dejamos los packraft, armamos las bicis y partimos rumbo a la última etapa del mundial de carreras de aventura, 54km de mountain bike rumbo a “The Casper Mountains”.
Me sentía bastante débil a esta altura, comí algo y me concentré en no dormirme, me ayudaron las subidas que eran bastante empinadas a esta altura de la carrera y me ayudaron mis compañeros, cada uno a su forma.
Última etapa de bici, rumbo a la meta 54km de empinadas subidas
CP 35 y 36
Finalmente llegamos a la meta luego de 95hs de carrera para completar los 750km de carrera en 8vo lugar del ARWS
La felicidad de la meta, la felicidad de terminar el mundial de carreras de aventura, absolutamente feliz! Sueño cumplido
Agradezco a mis compañeros Urzti Iglesias, Jon Ander Arambalza y Marco Rossini Menichelli Amselem por ser grandes compañeros, por cuidarme, tratarme bien y enseñarme tanto, fuí feliz junto a ustedes.

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Editorial

PRÓXIMAMENTE REVISTA ANDAR EXTREMO 47

septiembre 11, 2017 — by Andar Extremo0

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Entre el 12 y el 16 de Septiembre en los mejores comercios de actividades outdoor disfrutá de la Revista Andar Extremo. No se pierdan esta edición “una entrevista a Michel Guillemot, primer argentino dentro del top ten mundial”; Mariano Galván, una nota homenaje al gran montañista argentino ; un trekking espectacular al Machu Picchu, 43 Cruces de los Andes en bici con el paso Mayer, la Vida de Viaje y un viaje en la carretera austral. También las carreras del Utacch y Umpt. Esto y más en Andar Extremo 47.

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Promociones

MOMENTO ANDAR EXTREMO

agosto 9, 2017 — by Andar Extremo0

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Mandanos una foto de actividades outdoor con info de: A quién le sacaron, dónde fue, y quién la sacó. La imagen seleccionada se publicará en la revista y recibirá premios en indumentaria y artículos outdoor.

Requisitos
Ponerle me gusta a la fan page de Facebook Andar Extremo Compartir este posteo
Mandar la foto y los datos al mail andarextremo@gmail.com

Para la revista n° 47 las imágenes que lleguen antes del 20/8 si mandan luego entrarán para la n°48

Carreras de aventura

Tania Díaz Slater en el Mundial de Carreras de Aventura ARWC en la “Cameco Cowboy Tough”

agosto 2, 2017 — by Andar Extremo0

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Participará con un equipo español “Team 2 Columbia Vidaraid” el estado de Wyoming en Estados Unidos del 10 al 16 de agosto

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Esta competencia ofrece una aventura a través de paisajes muy diferentes, en un viaje a través de la historia norteamericana (desde los dinosaurios y los nativos americanos hasta los vaqueros del lejano oeste y los pueblos fantasmas). Son 6 días donde recorrerán 725 km en multi aventura, corriendo en la disciplinas de running, mtb y kayak. Esta aventura se llevará a cabo con los notables paisajes dentro del Parque Nacional Grand Teton, y en medio de la diversa gama de vida silvestre que posee este lugar. Bisontes, alces, ovejas de carnero, osos, antílopes, caballos salvajes, linces o perros de las praderas si tienen suerte los corredores podrán verlos en el trayecto.El curso de la competencia llevará a los corredores sobre montañas majestuosas, a través de auténticas ciudades fantasmas, hacia cañones dramáticos y remando por ríos alpinos. Desde la sección de escalada, los participantes podrán disfrutar de la vista por km y km, y también podrán explorar cuevas donde no se puede ver absolutamente nada. Se utilizarán las viejas carreteras usadas a través de la historia para el rastro de Oregon, el expreso Pony, y la fiebre del oro.
Tania la gran ganadora de este 2017, recuerden que viene triunfando en las mejores carreras de trail del país, competirá con el equipo español “Team 2 Columbia Vidaraid”.

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Mountain Bike

11000 KM EN BICICLETA DE NICARAGUA A SANTA ROSA

julio 21, 2017 — by Andar Extremo0

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UN LARGO CAMINO A CASA El martes 31 de enero Andres Peters llegó a su casa de Santa Rosa, luego de casi un año de pedaleo. Sin dinero, recorrió los 11000 kilómetros que lo separaban de su familia, viviendo una experiencia inolvidable.

Entrevista a Andres Peters

1

Qué te llevó a hacer este viaje?
Es una historia larga. Viajar siempre estuvo adentro mío, siempre lo soñé, pero este viaje surgió medio a los ponchazos después de un accidente que tuve en bicicleta cuando tenía 24 años. Siempre ponía excusas: el tiempo, el dinero… sentía que tenía que trabajar más para poder salir. A partir del accidente en el que me atropelló un auto y quedé inconsciente, cuando me desperté me pregunté: si no me despertaba, qué hubiese pasado?. Hasta allí llevaba 10 años de mecánico y eso me hacía viajar. Lo de la bicicleta fue algo que estaba buscando en mi vida, pero en ese momento creo que me agarró la crisis de los 30. Arranqué en Panamá, porque había hecho cursos de buceo y podía trabajar de guía. Caí en Bocas del Toro y al pisar el muelle me di cuenta que era hermoso pero ese no era mi lugar. En ese momento lo principal que aprendí fue a escucharme, y darle importancia a lo que me pasaba internamente… si uno no está bien con uno mismo no está bien en ningún sitio. Al seguir buscando rumbo, conocí una pareja de españoles que iban a Costa Rica y me fui con ellos hasta Punta Arenas. Llegué a San José a buscar trabajo y en ese momento pasé por una tienda de bicicletas y dije: y si me vuelvo en bici a mi lugar, a donde está mi familia?. De ese modo, sabía que iba a gastar poco y ver mucho. Entré y conocí a Teo, el vendedor, y a partir de ese momento comenzó mi viaje, acompañado por la amabilidad de la gente.

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Viajar en bicicleta, es la velocidad justa para conocer?
Cuando era más chico había hecho un viaje en moto desde Talca hasta el norte y sur de Perú, en un Honda CG 150 que de por sí no tenía mucha velocidad. En este viaje volví a pasar en bici por un tramo que realicé en moto y me llamó la atención, porque lo que había tardado un día, lo hice en 4 pero me di cuenta que antes no había conocido nada. Viajar sin dinero también me hizo aprender a ser más básico y a contactarme más con la gente. Compartí mucho con las personas de los lugares y con mochileros, a mí no me veían como un turista sino como un viajero y así me abrieron puertas de casas sin importarle quién era. La bici es mágica en ese sentido.

3

Cómo fueron los primeros momentos del viaje?
Fueron raros porque yo no tenía equipamiento, sólo una mochila de 80 litros a la que le saqué el alma de aluminio, la hice un acordeón y la acomodé en la parrilla. Después me fui comprando accesorios, pero la salida así fue toda una experiencia. Antes de empezar a bajar, fui de Costa Rica a Nicaragua, un país muy pobre que no está acostumbrado a ver ciclistas y por ende no hay herramientas, así que salí muy desorganizado. En Nicaragua llegué a Granada, donde un amigo me esperaba. Allí haríamos algún trabajo así ganaba dinero y bajaba tranquilo. Cuando llegué Nicaragua pasé la frontera y visité el primer pueblo llamado Rivas; en ese momento llegó un mensaje de este amigo diciendo que había un cambio de planes y se iba a República Dominicana con su mujer. Quedé allí sin nada. Pensé en vender la bici pero era tan pobre que hubiese sido imposible, así que me fui a una isla llamada Ometepe, formada por dos volcanes. Allí conocí un argentino que le decían el “Che” y me dio una mano muy grande haciéndome trabajar en su bar durante tres meses. A fines del 2015 se venían las fiestas y extrañaba mucho, y pensaba que no iba a volver más… estaba viviendo como un isleño. Un día al terminar de hablar con mi familia, volví muy triste y el “Che” me vio y sin dudarlo me confesó que tenía un dinero guardado por si el restaurant le iba mal, y me dijo:- andá a ver a tu familia. Vine a Santa Rosa, pasé las fiestas, junté dinero pintando casas, y volví en febrero de 2016 a Managua. Devolví el dinero, agarré la bici de la isla y encaré el regreso a Argentina. Bajé de Nicaragua a Costa Rica, trabajé con una familia juntando alimento balanceado para vacas y con eso me pagué el avión de Panamá a Cartagena, Colombia. De allí subí a las playas de la Costa Blanca y de allí comencé a descender haciendo Colombia, Ecuador, Perú, Chile hasta la Serena. Crucé paso de Aguas Negras a San Juan, Mendoza y la Pampa.

4

Cómo influyó el viaje en tu modo de pensar?
Traté de estar lo más consciente posible para vivir ese día a día del viaje, a pesar de que sabía que se iba a acabar. Cada momento era único y el hecho de sobrevivir y necesitar sólo la comida, me generó menos pretensiones en la vida. Me marcó mucho la gente, su apertura, el disfrute diario de viaje…vivir el presente es lo mejor.

Cómo fue llegar a tu casa?
Llegar a casa fue raro. Viví un año en carpa, a excepción de las veces que me prestaron departamentos o me dejaron dormir en casas…la verdad que llegar, bañarse todos los días y cocinar en casa es muy bueno. Tampoco caí que terminé el viaje recientemente. Necesito todavía andar descalzo, estar afuera, andar en bici… la verdad que se hace un estilo de vida diferente. Imagináte que pasé de juntar todo lo que se les caía a los camiones que llevaban verduras o frutas a tener una heladera llena de comida. Te acostumbrás a lo que el cuerpo te pide: agua y un plato de comida, todo lo demás no tiene el valor que se le dá en la ciudad. Uno lo sufre y lo disfruta.

5

Geográficamente qué es lo que más te gusto?
Me gustó mucho la montaña, la selva, el sur de Ecuador y el norte de Perú, el desierto de Atacama fue increíble, las noches y los cielos.

Te cambió la visión de la vida?
La bici te hace pensar mucho, es terapéutica. Necesitaba el cable a tierra consciente o inconscientemente, tenía que encontrarme conmigo mismo. Necesitaba respuestas a mis preguntas de la vida. Me di cuenta de que hay otra vida, que hay otra forma de vivir. Siempre tuve el sueño o la locura de viajar sin retorno, de recorrer, pero nunca me había animado. Salir sin tiempo no tiene precio.

6

Tenés proyectos a futuro?
Me gustaría trabajar con energías renovables con lo que sé de mecánica, pienso ayudar a viajeros y aportar lo que aprendí en el viaje, y tengo un viaje con un sobrino de 14 años que me sorprendió que a su edad quiera viajar y vivir una experiencia así.

Qué relación tenés con Alberto Torroba, uno de los viajeros en velero más sorprendentes a nivel mundial?
Alberto Torroba fue mi inspiración. A los 16 años miré una nota sobre su historia, en un medio local de Santa Rosa. Viajó hace 30 años, dio la vuelta al mundo en barcos que él mismo armó e incluso escribió un libro sobre su experiencia en altamar. Al ver que él era de mi misma ciudad me dije: por qué yo no puedo hacer un viaje así?. Un día, sentí su voz en mi taller, con su tono característico que me había quedado garbado desde el día que vi el video. Con 28 años, me presenté y las palabras que él me dijo sentí que me acompañarían para siempre. Yo estaba planificando el viaje y había estado un año y medio armando la moto y haciéndole reformas muy quisquillosas. Se la mostré a Alberto porque sabía que le gustaban las motos y en un momento me miró y dijo: -No te tiene que importar, lo que te tiene que importar es el viaje!!!. Al otro día vendí la moto y compré una más chica… pasó a un segundo plano el vehículo. También conocí a Luna Torroba, la hija, que es boxeadora nacida en Cali y tiene pariente allí en Colombia, que en el viaje pasé a visitar.

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Agradecimientos
A mi familia que me apoyó a pesar de hacer esta locura, a los que formaron parte del viaje y me dieron desde un vaso de agua hasta una cama.

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Montañismo

EXPEDICIÓN AL VOLCÁN ANTOFALLA

julio 20, 2017 — by Andar Extremo0

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El Club de Montaña Champaquí organizó una travesía al volcán Antofalla, entre los día 7 y 21 de enero de 2017. Los montañistas Christian Vitry, Emilio González Turu, Adrián Gandino , Sergio Cerutti, Martín Giraudo, Julieta Balza, Gerardo Casaldi, Javier Echenique, Gastón Vitry y Martin Giraudo, realizaron una aventura inolvidable en el “lugar donde muere el sol”, ascendiendo a 6461 m.s.n.m. de altura. En este relato, Adrián Gandino nos cuenta la expedición. Nota de la revista Andar Extremo n°45

Por Adrián Gandino

1

El volcán Antofalla es el tercero más alto entre los volcanes activos del planeta. Es un macizo imponente, conformado por tres cumbres alineadas de oeste a este, que invitan al desafío. Se localiza en el Departamento de Antofagasta de la Sierra, en Catamarca. La cumbre principal ofrece las vistas más maravillosas de la cordillera. El clima de la zona es el típico de la Puna: 100 mm anuales de precipitación, con gran amplitud térmica. Es difícil obtener agua potable. Sus vientos son fuertes y constantes, y los inviernos extremadamente fríos.
La expedición al volcán y sus cumbres realizada por montañistas cordobeses y salteños, es una muestra de la esencia del montañismo, fusión de: amistad, camaradería, respeto, exploración, autosuficiencia y sacrificio.
En estos tiempos donde el montañismo se lo concibe como una actividad más comercial que amateur, y donde hay circuitos casi cerrado de unas pocas montañas, es donde cobra perspectiva las ascensiones a lugares poco conocidos e incluso con cumbres vírgenes. En Argentina existe una cordillera de 4000 kilómetros, sin embargo éste no es un deporte popular y tiene relativamente pocos adeptos.
La expedición logró hacer 7 cumbres de las cuales 4 eran vírgenes y 2 superiores a 6.000 metros de altura, lo que produjo una enorme satisfacción.

2

El sábado 7 de enero cada integrante de la expedición viajó a Salta, dado que por la dispersión de los lugares de residencia, acordamos encontrarnos allí. El resto de la jornada se usó para ultimar detalles, estudiar mapas, revisar características de la ruta y hacer compras de alimentos. La amistad montañera se hizo presente y unas buenas empanadas con cerveza incluida, cerraron ese magnífico día.
El domingo, preparamos las camionetas. Contamos con 3 vehículos para realizar el complicado acercamiento al volcán. Dadas las distancias que cubrimos y lo difícil del terreno, tomamos todas las precauciones necesarias, entre ellas, alistar los bidones de combustible de reserva y los más de 100 litros de agua potable porque una de las mayores dificultades era la provisión de agua en el campo base. Realizamos un inventario final y se revisó el cronograma para los siguientes días.
Promediando la mañana, comenzamos esta gran aventura. Partimos, y el corazón empezó a disfrutar de los hermosos paisajes que brindaba esta magnífica provincia. El destino fue San Antonio de los Cobres, a 160 kms de Salta.
Subimos de manera constante hasta alcanzar el punto más alto con una altura máxima de 4.080 metros: Abra Blanca. Nos alojamos en el Polideportivo municipal, y fuimos bien recibidos por el gran amigo Jaime Soriano. Estuvimos a 3600 msnm. Al día siguiente, y luego de un buen desayuno, salimos hacia Tolar Grande, localidad a 210 km. Cruzamos Olacapato, Salar de Pocitos y el Desierto del Diablo. Visitamos “Ojos de Mar”, pequeñas lagunas de aguas turquesas en medio del Salar de Arizaro. A distancia, se divisó el Cerro Macón, y en el horizonte , el imponente Lllullaillaco de 6739 mts.

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Estuvimos en el corazón de la Puna Salteña, a 3500 mts de altura y nuestra intención fue realizar un correcto trabajo de aclimatación, subiendo de manera paulatina a fin de conseguir el estado físico para afrontar la altura del coloso andino. Nos alojamos en la hostería municipal y, por la noche, el cielo regaló millones de estrellas. Nos despertamos temprano. El buen ánimo reinó. Reaprovisionamos combustible y partimos hacia “Antofalla”.
Nos adentramos en el Salar de Arizaro y a los 90 km nos topamos con otra maravilla de la Puna: el Cono de Arita. Esta formación es una rareza que sobresale en este paisaje, con sus 200 m de altura. Transcurridos 75 km, enmarcados en entornos de ensueño, llegamos por fin a Antofalla, “…el pueblo donde muere el sol…”, al pie del volcán. Aproximadamente vivían 45 personas en comunión con el entorno y con sus cabras, llamas y ovejas. Poseía un puesto sanitario, comisaria y escuela, la cual funcionaba de septiembre a mayo debido al duro clima invernal. Gente amable, sencilla, de corazón. Dio gusto compartir momentos con ellos. Por la noche, paz infinita.

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Amaneció y salimos temprano. Buscamos un lugar para acampar cercano a las 4200 m. Estuvimos 3 días sobre los 3500 ms en promedio y fue preciso incrementar la altura para facilitar la aclimatación. Dejamos Antofalla y el camino subió de manera constante. El caserío fue quedando abajo, perdido en esa inmensidad.
A las 14 hs llegamos a un puesto de montaña abandonado, un caserío y pircas destruidas nos sirvió de resguardo para armar nuestro primer campamento de aproximación a “Pircas Caídas” a 4150 m. Armamos la carpa comedor, preparamos el almuerzo y luego, en grupos, se realizaron distintas caminatas a pequeños cerros cercanos con el objetivo de forzar el cuerpo a la altura. Al atardecer nos deleitamos con una interminable gama de colores que pintaban el cielo de fuego y nos empujaban a la reflexión.
A la mañana siguiente, levantamos campamento y un par de horas después, establecimos el campo de acercamiento N°2 “Arenal” a los 4650 m. El camino se volvió huella y exigió pericia y paciencia en el manejo para ganar altura. Salimos y se logró el primer ascenso al “Cerro Negro“ de 4905 ms. Fue una alegría muy grande para todos compartir una cumbre…fue un regalo que disfrutamos unidos en un abrazo. Dejamos los testimonios de rigor y bajamos. Qué lindo fue desandar el camino con amigos que te regaló la montaña.
El viernes 13 fue el último tramo de acercamiento, rumbo al campo base del volcán Antofalla. El trabajo realizado dio sus frutos. Tras algunas horas de marcha, llegamos al campamento base a 5070 m de altura, teniendo frente a nosotros el imponente volcán. Armamos la carpa domo, y bajamos el equipo, la comida y varios bidones de agua para abastecernos por un par de días. El clima acompañó agradable y sin viento. Mateamos. Por la tarde, recorrimos. Javier y Gerardo realizaron el segundo ascenso del “Colorado del Antofalla” de 5775 m rescatando de su cumbre el testimonio de Cristian, quién había realizado la primera ascensión. Adrián, Emilio y Martín lograron cumbre de 5450 ms.

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Este cerro no registraba ascensos conocidos ni testimonios presentes, tampoco ninguna apacheta cumbrera por lo que de común acuerdo se decidió “bautizar” al mismo como “Cumbre Gringo Cerutti” en homenaje al amigo y maestro Sergio Cerutti, por tantos años comunicando y enseñando el amor hacia las montañas. Todos los que participamos de esta expedición, fuimos acompañados en nuestros inicios por el “Cacique” Cerruti. El Gringo logró tener su montaña…Hacia el fin de la tarde, nubes prominentes se ubicaron en el horizonte. Algunas se acompañaron con descargas eléctricas. El atardecer nos sorprendió a todos con su paleta de colores naranjas y ocres. Aprovechamos la última luz para cocinar. Al otro día realizamos un porteo de equipo al campamento de altura y de esa forma reconocimos el acceso y las posibles rutas de ataque a las distintas cumbres.
Amaneció y el día se mostró perfecto. Preparamos el desayuno y tiempo después, las mochilas. El porteo lo intentamos hacer hasta los 5700 ms donde pensábamos que era ideal para un campo de altura, aunque no sabíamos si el lugar estaría muy expuesto a los vientos.
Ya cargados, salimos 7 personas. El Cacique Cerutti y Gerardo nos aguardaron en el campo base. Era fundamental para todo grupo, tener a alguien que vele por el resto, dispuesto a ayudar cuando sea necesario.

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El color de los cerros cambiaba a cada paso, los paisajes se alternaron en forma y tonalidad. Avanzamos por una quebrada bien marcada que ganaba altura de manera sostenida. Teníamos la esperanza de poder encontrar agua, alguna vertiente que nos sea útil para poder disponer de líquido en el campamento alto. A las 15hs llegamos a los 5700 ms y encontramos un buen lugar para acampar. Un tema no menor fue que no había agua para beber, ya que tenía azufre. Armamos un depósito, lo tapamos con piedras y regresamos al campo base. Llegamos al final de la tarde, cansados pero felices. El atardecer dio paso a un manto infinito de estrellas… millones de ellas nos atraparon en una noche, limpia, silenciosa, única. Un lujo para el espíritu y un recurso para el alma.
Poco tiempo después de que amaneciera, un calentador se prendió: el desayuno estaba en marcha. De a poco llegaron el resto de los compañeros para compartir una taza de café. Decidimos ir hacia el campamento Alto (5700 mts) y, al día siguiente a las cumbres del Antofalla.
Pasado el mediodía llegamos al campo de altura. Cubrimos 700 m de desnivel en poco más de 3 horas. Una vista única nos recompensó el esfuerzo! Nos dedicamos a disfrutar el paisaje, hidratar y dejar preparado el equipo. Pensamos que la partida sería a las 2:00 hs, dado que el clima comenzó a ponerse inestable en las primeras horas de la tarde.

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A las 18 hs se desató un temporal de nieve y tormenta, y nos sumergimos en las bolsas de dormir tratando de descansar. Apenas pasó la medianoche comenzamos a organizarnos. Nos cambiamos, calentamos agua… Minutos después compartimos una taza de mate cocido, luego té y algunas galletas. Frío y viento helado, pero el cielo despejado que nos auguró un hermoso día. A las 2:00 hs comenzamos el ascenso, la noche fue soñada. Alguna vez leí esta frase que en ese momento recordé: … “que dulce e íntimo orgullo se siente al dejar la comodidad y calidez de la bolsa de dormir para adentrarse en los dominios de la noche montañera…”
Los descansos se sucedieron a intervalos regulares. Sólo se escuchó el ruido de las botas, la respiración y algunas palabras de aliento. La noche sin luna nos envolvió, estábamos donde queríamos estar. Luego de varias horas de ascenso lento pero sin pausa, una suave luz asomaba en el horizonte. Remontamos la ladera siguiendo un filo imaginario que se dibujó contra unos roquedales. A pesar de ser un terreno inestable pudimos imprimir un ritmo y avanzar notoriamente. Amaneció. El sol tiñó las nubes de amarillos y rojos. Mucho viento. Fue ese momento donde el frío se sintió de verdad. No nos detuvimos, y así el cuerpo mantuvo el calor. Tomamos algo de líquido y comimos unos chocolates. Todo cobró vida lentamente, la cumbre se vislumbró cercana. Un par de horas después, el sol iluminó gran parte de la cordillera. Una pendiente inestable, sostenida y muy marcada remató sus líneas en ese punto mágico…
Nos agrupamos para hacer el asalto final y llegar todos juntos al morro cimero. El frío fue notable. El viento no calmó ni un minuto. Paso a paso, paciencia, esfuerzo compartido…levanté la vista y ya no vi piedras, la ladera había terminado, el cielo infinito fue lo único que nos envolvía. A las 08:30 hs, por fin coronamos la cumbre del volcán Antofalla a 6461 metros de altura. Con Emilio González Turú, Julieta Balza, Javier Echenique, Cristian Vitry, Gerardo Casaldi, Martin Giraudo y yo nos unimos en un abrazo interminable con emoción contenida…ya éramos viejos compañeros de tantas cumbres…

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Esta montaña tenía en su cumbre, ruinas de tiempos antiguos, una disposición de piedras en forma de círculo y en su centro un bloque con una roca alargada dispuesta verticalmente. Cristian con todo su conocimiento en la materia, después nos dio las explicaciones en detalle.
Tuvimos toda la cordillera para nosotros y nuestra vista se perdió en ese mar de cumbres lejanas y disfrutamos a manos llenas del mágico momento. Decenas de fotos, y nuestras anotaciones en los testimonios que dejamos en la cumbre pusieron punto final a la estadía en el remoto lugar de la puna.
Regresamos. La travesía integral comprendió el ascenso de las otras cumbres de ese nevado y, sin duda, el esfuerzo que quedó por delante fue mucho.
A las 10:30hs coronamos una nueva cumbre, siendo éste el primer ascenso registrado que bautizamos: “Peñas Coloradas “de 6320 mts. Bajando hacia el campamento de altura, nos detuvimos a compartir algunos alimentos. El sol iluminó toda la cordillera, el viento desapareció y el paisaje fue estremecedor. Gastón nos recibió en las carpas con mate, en tanto nosotros compartimos los momentos vividos.
Lo que restaba del día los dedicamos a descansar y planificar los ascensos. Restaban subir las cumbres Oeste (6334 mts) y Sur (6404 mts) para completar la travesía integral del volcán, es decir, pisar cada una de sus cumbres.
A las 4:00 hs, Gastón, Christian y Javier, salieron en su segundo intento para finalizar la travesía, y fue positivo. Los tres coronaron la cumbre Oeste y la bautizaron “Huamán”, dejaron el testimonio respectivo y las fotos de rigor. Descendieron, y luego Javier, en solitario, ascendió por primera vez la cumbre Sur. El extraordinario esfuerzo físico aportado tuvo su merecido premio. La travesía integral a las cumbres del Antofalla fue realizada.
Con este último hito, la expedición logró la séptima cumbre en 10 días. Una vez reunidos en el campo alto, desarmamos las carpas y comenzamos el descenso hacia el campo base y luego del abrazo interminable con el veterano Gringo Cerutti, se dio rienda suelta al festejo merecido. Restó el largo regreso a Salta por otra ruta. Las lluvias cortaron algunos lugares del camino antes recorrido, pero esa es otra historia para contar.

Cumbres
Cerro Negro 4905 mts, C°
Gringo Cerutti 5450 mts
C°Colorado de Antofalla 5777 mts
Vn.Antofalla– Cumbre Principal 6461 mts
Vn.Antofalla Cumbre Peñas Coloradas 6320 mts
Vn.Antofalla Cumbre Oeste o Huamán 6334 mts
Vn.Antofalla Cumbre Sur 6404 mts

Tecnología

Prueba de Campo, HI-TEC Lima

julio 12, 2017 — by Andar Extremo0

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Siguiendo con las pruebas de campo, en esta ocasión nos tocó probar las botas modelo Lima de la marca holandesa desarrollada por el inglés Frank van Wezel en 1974. Sin duda alguna, es una bota de trekking que cumple con todas las características fundamentales que tiene que tener un calzado para realizar actividades outdoor.

por Marcos Ferrer
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En un trekking de tres horas (aproximadamente unos 15 kilómetros), testeamos este producto con resultados más que buenos. La primera sensación es comodidad, es un calzado muy suave y cálido. Al caminarla, se nota rápidamente la conservación de la temperatura que logra, generado por la calidad de sus materiales que mantienen el pie caliente en condiciones de bajas temperaturas. Esta condición es primordial para realizar una actividad placentera.
Otro eje importante es su flexibilidad. Por lo general las botas de trekking y hiking son bastante rígidas, pero este modelo sin perder las condiciones de protección del pie, mantiene una muy buena elasticidad. A que nos referimos con ésto? caminando en senderos, por zonas de piedras o bien, por lugares donde hay espinas o ramas, protege 100 x 100 y mantiene una ductilidad considerable gracias a la capellada sintética de nobuk. Probada en condiciones de fricción, no sufre roturas, ya que está más reforzada en puntera y talón.

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También se destaca la suela de caucho, que ofrece un agarre seguro en distintas superficies, sea en piedras, barro, troncos, etc, y, en situaciones de piso seco o mojado, por sus tacos laterales anti derrape. La suela hi tec MDT es óptima para senderos en la sierra, campos tupidos y caminos montañosos, una tecnología multidireccional apta para la práctica de hiking.
Otra de las principales y muy importante cualidades de este calzado es que es wáter resist por su sistema dri tec , es un calzado resistente al agua, el transcurso del testeo, hemos metido el pie casi por completo en el agua unas 20 veces entre 5 segundos y tres minutos esas inmersiones, cuando llegamos de la prueba al sacarnos las botas nos dimos cuenta primero que las medias no estaban mojadas, y segundo que el calzado en general estaba seco en el interior, demostrando así que además de no permitir que entre el agua posee una excelente transpirabilidad. Otra de las características es que la lengüeta viene sellada hasta arriba de la bota permitiendo sumergir el pie más profundo sin temor a que entre el agua.

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L a media caña por otro lado tiene una excelente terminación en la parte superior que evita que entren piedra ramitas o pasto.
Si bien los cordones no son tubulares y tienen las cualidades estéticas de un cordón para este tipo de bota, no generan complicación y tienen una buena sujeción, en ningún momento las botas se desataron y eso que estaban atadas con nudos comunes. Lo bueno del cordón es que es entrelazado y todas las sujeciones son de acero inoxidable.

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Por último es un calzado con muy buen grip y y una amortiguación acorde como para meterle horas y horas de caminata, copia bien todos los suelos y nunca se nota incomodidad si pisamos una piedra, es más ni nos damos cuenta.
En resumen es un calzado excelente para trekking de un día, confiable y resistente al agua, un calzado para que podemos garantizar que nos va a mantener el pie protegido y cálido en toda nuestra salida.

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MontañismoSupervivencia

Familiares y amigos de Mariano Gálvan organizando un rescate privado donde todos podemos colaborar

julio 5, 2017 — by Andar Extremo2

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NO desistir, enseñanza de Mariano Galván que vamos a aplicar

por María Soledad Navarro

Desde el sábado 24 de junio, Mariano Galván y Alberto Zerain están desaparecidos en la arista Mazeno del Nanga Parbat, a una altura de 6112 metros. En la zona se certifican los restos de un alud, pero ninguna señal de los montañistas, y eso parece suficiente para que el gobierno de Pakistán dé por terminada la búsqueda.
Muchas son las teorías que llevan a preguntarnos por qué, no habiendo indicios concretos, materiales y verídicos que muestren su fallecimiento no siguen al menos, desde su mirada, rastreando los cuerpos. Pueden desde un helicóptero que sobrevoló la zona dos veces dar por muerto a dos montañistas avezados que conocían la zona, que habían estudiado las opciones y habían barajado (entre otras cuestiones) la posibilidad de un alud? Ninguno de los dos es kamikaze en su actividad, aman la libertad y los desafíos desde la conciencia y el trabajo duro, y por eso critican duramente el “turismo de montaña”.
Por qué Pakistán abandonó la búsqueda? Desde ningún punto de vista, puede desoírse el rumor de que el no pago de una coima de 25000 dólares, sería el móvil del “abandono de persona” que estarían haciendo los centros oficiales de rescate. Si no fuera así, si la confianza en el gobierno pakistaní existiera y hubiera dado pruebas fehacientes y fidedignas de muertes y no de DESAPARICIÓN, la familia de Mariano Galván, no estaría moviéndose en la más absoluta soledad, sin el apoyo del Gobierno ni de los medios de comunicación. Incluso parte de la prensa prestigiosa que ocupa páginas sobre actividad de montaña lo despiden sin certezas, pero los despiden, y dan vuelta la hoja a nuevas noticias.
Mariano Galván es más que una noticia,enorgullece al montañismo de nuestro país. Es justo detener la búsqueda?
Mariano nunca se detiene ante las negativas, y así trabajó siempre, con principios que nos mueven a movilizar a la gente.
En la historia del mundo, y no sólo de los deportistas de aventura, hay numerosos relatos de personas que hoy cuentan en primera persona esos hechos. Dos de los más conocidos fueron la avalancha en el Everest, tras el terremoto de Nepal en 2015, donde 60 sobrevivientes pudieron relatar lo que ocurrió, y, octubre de 1972, el caso del avión de la Fuerza Aérea Uruguaya, que desapareció rumbo a Santiago de Chile, en medio de los Andes. Este último caso, con la aparición de 16 personas, luego de 72 días en condiciones extremas.
Lo único cierto es que el tiempo pasa, la temporada en Pakistán acaba y si no se resuelve de inmediato una búsqueda supervisada con profesionales confiables sólo quedará como un relato trágico, que mostró la pasividad de un gobierno que da por finalizada una búsqueda por aparentes motivos económicos. Es necesaria y urgente la habilitación de un rescate por tierra. Es necesaria y urgente la movilidad de las personas que aman el montañismo (y también aquellas que no) ante esta búsqueda no realizada. Es necesario y urgente el compromiso con Mariano Galván.
Mariano enseña a cada paso que da, sus principios deben movilizarnos a nodesistir.
Para colaborar en la búsqueda Banco Nación sucursal 1099, caja de ahorro 6470467217, Cbu: 0110647930064704672179 cuil: 27-13569504-7

Editorial

PRÓXIMAMENTE REVISTA ANDAR EXTREMO 46

junio 29, 2017 — by Andar Extremo1

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Entre el 28 de Junio y el 7 de Julio en los mejores comercios de actividades outdoor disfrutá de la Revista Andar Extremo. No se pierdan esta edición “Running Trip” una carrera de aventura con todos los condimentos, la hazaña de Kilian Jornet en Everest, una entrevista a Alfredo Barragán del nuevo libro de la Atlantis, 43 Cruces de los Andes en bici, con el paso O’Higgins, la última entrega del Nahuel Huapi en Kayak. También una expedición en solitario al Aconcagua y las carreras del Origen y Max Race. Esto y más en Andar Extremo 46.

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Montañismo

LA SITUACIÓN DE MARIANO GALVÁN Y ALBERTO ZERAIN EN EL NAGNA PARBAT

junio 28, 2017 — by Andar Extremo2

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Martín Merino y su visión de la situación de dos montañistas de altísimo nivel

por Martín Merino
Algunos comentarios sobre la situación de Mariano Galvan en el Nanga Parbat:
Mariano, junto a Alberto Zerain emprendieron un complicado ascenso al Nanga Parbat (8126 msnm) en la cordillera del Karakórum en Pakistán, es la novena montaña más alta del mundo.
La ruta de ascenso elegida es conocida como la arista de los Mazenos. Esta ruta implica una importante distancia a recorrer en terreno complejo; con sucesiones de crestas; con una importante pérdida de altura previo a la acometida final a la cumbre.
En resumen… una ruta reservada para montañistas de élite.
Como factores negativos se sumaron la falta de firmeza de la nieve, y malas condiciones meteorológicas.
Partieron del campo base el Lunes 19 de Junio. Las malas condiciones meteorológicas los obligaron a pasar 3 días en carpa a 6100 msnm a la espera de mejoras.
El contacto por teléfono satelital se perdió el día Viernes 23 de Junio.
El spot satelital indicó una pérdida de altura de 250 metros, emitiendo señal hasta el Domingo 25 de Junio a 01.00 Hs. Se estima que se agotó la batería.
····
En estos momentos se están realizando operaciones de búsqueda y rescate en helicóptero, coordinadas por el ejército pakistaní (únicos con autorización para sobrevolar la zona). Cuentan con la participación de Alex Gavan un montañista rumano de élite. Pero estas operaciones se ven complicadas por burocracia y factores meteorológicos.
A quienes siguen las actualizaciones de las tareas búsqueda y rescate, les recomiendo informarse en:
Desnivel (www.desnivel.com)
Para evitar caer en exceso de ‘amarillismo’ o notas sin el debido conocimiento de causa.
Recuerden que hablamos de dos montañistas de altísimo nivel, muy capaces, que conforman uno de los equipos de cordada más fuertes en la actualidad.
Los problemas de comunicación son frecuentes en la zona. Así que tenemos que confiar en que se encuentren intentando descender por otra ruta; aguantando mientras tanto los embates del mal tiempo. Tienen capacidad probada para hacerlo. Su zona de confort daría escalofríos a cualquiera de nosotros!
FUERZA MUCHACHOS!!

Exploracion

Península Mitre, Patagonia Perdida

junio 22, 2017 — by Andar Extremo0

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30 días. 400 km. Tres amigos a pie, sin ayuda. En 30 días, Gabriel Wapinski, Germán Heigel Sunkowsky y Marcos Luvini recorrieron 400 kilómetros a pie, hacia el verdadero Confín de la Patagonia. Sin ayuda externa, cargando 35 kilos en cada mochila, y con todo lo necesario, realizaron una extravagante aventura. Nota en la Revista Andar Extremo n° 45

Por Matías Gabriel Wapinski, Germán Heigel Sunkowsky y Marcos Luvini

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La expedición
«Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito». ¿Quién no conoce este texto de Shackleton? Twain, Salgari, Perito Moreno, Defoe, Verne… todo huele más o menos a ese algo que nos circula por las venas cuando vemos un mapa. Aunque hacemos una excepción, nunca esperamos honor y reconocimiento.
La Península, el extremo sureste de la Patagonia, es una tierra prácticamente deshabitada. El lugar, es un recuerdo nostálgico de viejas y enormes estancias como Policarpo o Aguirre tanto, como de los verdaderos primeros pobladores, los “indios a canoa”, quienes recorrían cada palmo de su territorio. Costa plagada de naufragios…
La expedición comenzaría con el final de la Ruta A en la Estancia María Luisa, para terminar el recorrido integral de la Costa de la Península, en el destacamento de Prefectura de Moat donde comienza la Ruta J con destino a Ushuaia.

¿Cómo surgió?
No vamos a mentir. Si bien la idea ya había circulado entre amigos, los planes iban direccionados a la Alta Montaña en Catamarca y San Juan. Sin embargo, una serie de eventos que se dieron en diciembre sirvieron como empuje para preparar en un mes y medio todo lo necesario para afrontar el desafío que se había calado muy fuerte dentro: recorrer todo el perímetro de la Península sin ayuda externa, por nuestra cuenta, sin sponsors, sin GPS… a nuestra manera. El viaje nos revitalizaría. Sentíamos los tres, que nos estábamos estancando un poco en la ciudad. La falta de teléfono satelital, si bien no fue lo pensado, nos dio siempre la pauta de que la única forma de salir era cumpliendo con el desafío. No somos los primeros en recorrerla, hay grandes caminantes de la Península. Seguramente lo nuestro no tenga el típico mérito medido en números, puestos o estadísticas, sino en cómo realizamos nuestro proyecto.

¿Que requirió?
Ser tres personas y renunciar a cuatro trabajos. Invertir, soñar, activar en poco tiempo, cada uno cumpliendo una función determinada para hacer las cosas bien. Amigos desde los seis años, forjamos nuestra relación y el amor por la naturaleza en los scouts, escuela de vida para nosotros, de la cual ya nos despedimos dejándoles con esta expedición lo importante de animarse a seguir lo que llamamos el Woodcraft, el arte de vivir lo natural en toda su plenitud.

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¿Por qué “a nuestra manera”?
Hoy en día, la aventura, las expediciones, la naturaleza, se viven con un montón de visiones y filosofías. La nuestra es una mezcla del gran juego que significa la vida con el espíritu de servicio que requiere estar atento al plano social, y entender a la naturaleza como una forma “alpina” de vivirla. Así nos educaron. A los once años acampábamos diez días en el monte, cocinándonos y jugando. Con catorce años caminábamos quince días en las montañas de Lanín, Nahuel Huapí, Bolsón, El Turbio, cargando todo en nuestras mochilas y arreglándonos con lo que podíamos conseguir de equipo sin descuidar los principios más básicos de la montaña y el “Leave no Trace”. A los 18, llegábamos a Plaza de Mulas y al Cerro Bonete de la misma forma, cargando todo, acompañados por dirigentes que esperaban que rompamos los paradigmas de la sociedad cambiante o, quizás descubriendo los parajes más escondidos de la Puna Salteña. A los 20, ya pudimos planificar prácticamente solos el Cruce de los Andes para veinticinco jóvenes por Portillo de Piuquenes, de Chile a Argentina, consiguiendo hasta las mulas del ejército y otras cosas por medio de personas que nos brindaron su ayuda para cumplir esos sueños. Desde luego, todo esto, sin perder de vista que cada uno viajaba con su búsqueda personal. Cuando decimos a nuestra manera, nos referimos a que fuimos por nuestros medios, consiguiendo todo nosotros, sin GPS, teniendo en la dieta el pescado que deberíamos sacar y sumando a la expedición varios recorridos de los que no teníamos más referencia que un mapa. Reparamos en nuestros descansos, los puestos a los que arribábamos, anotamos la experiencia, consejos, observaciones sobre ese lugar tan especia… acertamos al creer que así se viviría de otra forma.

Qué necesitamos durante el viaje?
Unos 35 kilos en cada mochila, con comida adecuada para 35 días. De almuerzo: granola o arroz cocinado con arvejas deshidratadas. Sin meriendas salvo días contados. Kit de cocina, bote inflable para cruzar las mochilas en los ríos complicados, cuerda de 35m, botiquín con todo lo necesario (incluido hilo para coser heridas, inyectables, etc.), handies para comunicación, imágenes satelitales, brújula, tabla de mareas y kit de supervivencia y pesca.

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El recorrido
El inicio se dio el 22 de enero de 2017, luego de estar dos días en Ushuaia comprando las provisiones y consiguiendo transporte hasta María Luisa. Podemos dividir el recorrido en cuatro grandes etapas de siete días cada una aproximadamente.

1° ETAPA- Estancia María Luisa/ Estancia Policarpo
Primer día muy corto pero con espaldas acostumbrándose al peso. Clima complicado: mucho viento y lluvia todos los días. La primera semana se trató de eso, de adaptarse a las mareas, al viento, al horario de las lluvias, al peso, a las distancias. Todo era grande. Aunque esos siete primeros días tenían todavía algo: gente, gauchos que aún pueblan la península trabajando con el ganado, algún grupo a caballo, otros en cuatriciclo. Hasta la Estancia Policarpo, sería así.
Vivimos sin frenar demasiado, conociendo hermosas personas, playas y paisajes, teniendo noches de mucho cansancio, yéndonos a dormir cuando aún había luz… Tuvimos una primera pesca de trucha gracias a los consejos de Martín Imbert, Pacheco, el Chepan, en Río Bueno. Ellos sí son verdaderos gauchos de la Península.
Llegar a Policarpo fue hermoso. La turba era complicada, agotaba el tener que dar pasos largos. Cansó también evitar charcos y pozos inútilmente…al final del día siempre hay uno en el que caes. La península tiene una historia misteriosa y magnífica. Enormes estancias con cientos de empleados, producción lanar, factoría de lobos (siempre hay algo muy negativo en todo, es este caso ver las cifras bestiales de matanza de lobos), aserraderos, dragas de oro…
Estar en lugares como la Estancia, es realmente impactante y siempre deja en uno una nota de angustia. Recomendamos a quien lea este artículo que averigüe más de nuestra Tierra del Fuego y la Península Mitre. Parte de la historia de la Patria está en esos lugares tan alejados, quizás con unas páginas de los libros de Thomas Bridge…
Hasta acá la primera parte de la expedición. Camino marcado, personas, puestos en su mayoría en condiciones, si bien duro, no lo más difícil. Los ríos no fueron de gran dificultad. La dinámica se basaba en que uno probara los mejores cruces, en general cercanos a la desembocadura y en bajamar. El único gran reto lo tuvimos por un error al no chequear bien hasta el final en el Policarpo… terminó con alguien nadando con mochila los últimos metros, pero nada grave.

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2° ETAPA- Estancia Policarpo/ Bahía Buen Suceso
El 29 de enero comenzamos esta etapa luego de un día de descanso. No volveríamos a ver gente hasta llegar al puesto de la Armada, en Bahía Buen Suceso. Si algo podemos decir, es que alguna vez en la vida vale la pena conocer Bahía Thetis. El paisaje, el silencio, el mar, atrapan como muy pocos lugares que conocimos. La pesca de un róbalo dio la magia justa para un atardecer con arco iris y la panza más llena de lo que acostumbrábamos. Un descubrimiento de herraje de naufragio cerca del Cabo San Vicente, sumó a la mística propia de estos paros.
El rodeo de la Bahía era un poco extenso y decidimos cruzar el río en alta, por los horarios. Eso demandó por primera vez el uso del bote y nadar cada uno llevando su mochila. Agua fría, granizo y viento no ayudaban para seguir caminando. De allí al Faro San Diego y algo inolvidable: la Isla de los Estados envuelta en una neblina. Se agitaron nuestros corazones teniendo esa vista para nosotros.
La llegada a Buen Suceso, punto icónico en la expedición, se hizo desear. El deseo de abrir un nuevo camino no terminó bien por un bosque espesísimo, turba y castoreras que inundaban todo. Más allá de eso, llegamos al puesto antes de lo pensado. Caminamos a muy buen ritmo, ganando días que usábamos para descanso. Nunca nos levantamos más tarde de las 7 am y no frenábamos más de 20 minutos al mediodía. La anécdota de esa jornada fue que en Caleta Mauricio, una playa hermosísima en la que pescar fue un fracaso por el ataque de lobos marinos a las cucharitas que nos dejó sin alimento.
Una vez en el puesto de la armada, los ánimos volvieron a subir. Luego de quince días teníamos ducha caliente, la posibilidad de avisar a los familiares que estábamos bien, pan casero y calidez de parte de una guardia que no paró de agasajarnos por ese lapso de descanso… por suerte pudimos darles en retribución buenas historias y otro róbalo fresco para la cena.

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3° ETAPA- Bahía Buen Suceso/ Bahía Aguirre
A partir del 5 de febrero podríamos decir que comenzó la parte verdaderamente dura de la expedición. No más gente, caminos trajinados apenas por guanacos y baguales obstinados, mucha montaña, cansancio de quince días y 200 km de camino. Si bien parece poco recorrido para la cantidad de días, les aseguramos que para la geografía, el clima y las circunstancias de la Península, es mucho.
Nuestro primer gran desafío fueron los Montes Negros. Para comenzar con la seguidilla de innovación y según la información que teníamos, decidimos buscar sus filos e intentar en un día lo que se realiza en dos por la costa. Las primeras cuatro horas avanzamos 4 km por un bosque podrido, impenetrable y excesivamente empinado, y con el lema “persevera y triunfarás” , transitamos la quinta llegando a las lengas achaparradas y a los primeros caminos de guanacos en filos que veríamos. Les aseguramos a los interesados, que los guanacos son los grandes arquitectos y montañistas, exploradores y pioneros trazando líneas estéticas y perfectas filando entre cumbres, ladeando piedras complicadas, cubriéndose del viento… Luego de doce horas de pelearla, llegamos a Bahía Valentín no sin dejar de mojarnos los borcegos en la turba. Ahí supimos que los castores distorsionan el paisaje e inundan y cambian el recorrido de los arroyos produciendo desastres…

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El segundo desafío fue la naciente del río el 21 de febrero que, como la victoria de la travesía anterior, nos dio ánimos. Luego de un día de descanso y reparaciones en el puesto “Primer Valentino”, encaramos un filo secundario que corría por detrás del cordón de los conocidos Pirámide, Atocha y Campana. Otra vez luchando un par de horas contra el pastizal, la turba y la lenga, llegamos a los filos donde nos envolvió una tormenta pasajera con un viento tremendo y visibilidad de par de metros. Acampamos en la naciente del río después de caminar casi a ciegas. Al día siguiente pudimos bajar el valle caminando más de cinco kilómetros por el lecho del río en calzas y zapatillas de neoprene. El agua era fría, pero mucho más transitable que la turba, el barro y el bosque. En dos días logramos lo que tarda normalmente tres.
Realizamos en un día sumamente largo, el recorrido que nos llevó hasta la renombrada Estancia Aguirre en Puerto Español. Fue una jornada muy exigente por la presión psicológica de querer llegar ahí sanos y salvos, cumpliendo todo lo que nos habíamos propuesto, y así fue. Vale la pena decir que en nuestros días en Aguirre, conocimos las cuevas de Gardiner, el casco de la Estancia, y pudimos realmente vivir de la pesca.
La última tarde, fuimos con nuestra cañita a 200 m de la desembocadura y después de estar media hora sin ningún pique, con algo más de actitud, nos arremangamos los pantalones y con el agua por las rodillas, en veinte minutos sacamos dos róbalos de tres kilos y uno de kilo y medio. Se imaginará el lector la dicha y orgullo que nos daba el lograr la pesca…tenía un puro sentido de supervivencia. Si hay algo que se siente en la Península, es el hambre.

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4° ETAPA- Estancia Aguirre/ Destacamento de Moat
Creemos que definitivamente fue la etapa más dura de la expedición. Vale la pena quizás explicar que para los tres este viaje se trató de algo más que lo deportivo, el amor al arte, o la exploración inédita…. Se trató de tener un espacio y un medio para poder abordar tantos temas personales y cuestiones familiares, tantas preguntas y dudas que acechan a los jóvenes como nosotros, que con 24 años debemos saber qué queremos de nuestras vidas. Es complicado, y más cuando nos enseñan en la sociedad que la naturaleza es algo distinto a lo cotidiano.
Así que en esta clave se entiende lo duro del final, ya que todas las noches trataban mucho de charlas del… “cuando vuelva”, los proyectos, las conversaciones que le debemos a algún conocido y de querer avisarle a nuestras familias una cosa: el logro. Y así fue, aunque se hizo desear…
El tercer gran desafío fue el Filo de los Lucio López. Esta extensión de la cordillera de los Andes fue trajinada en algunas partes por los gauchos de la península y algunos exploradores, aunque en lo práctico teníamos referencia únicamente de un grupo de tres jóvenes (a dos conocimos en Río Bueno, Imbert y EL Chepan, nombrados anteriormente) quienes habían recorrido gran parte de sus filos. No teníamos ninguna certeza de poder realizarla completamente.

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Una vez más a fuerza de hacerse camino, entre canelo, michay, lengas y pastizales, llegamos a los filos. Durante dos días muy duros, recorrimos una cumbre tras otra. El cansancio, el viento excesivo, y la nube que nos cubrió totalmente el segundo día, hicieron muy dura la travesía pero no por eso dejamos de concretarla. Al instante estábamos cruzando en cinco minutos con el bote y a nado, la desembocadura del río López para llegar a un rancho viejo en la Bahía Sloguett.
Teniendo más de 300 kilómetros recorridos, el día 17 de febrero, estábamos dispuestos a realizar en un solo día el tramo de casi treinta kilómetros que une Bahía Sloguett con Moat. A la mañana nos esperaba una tormenta durísima, pero no nos achicamos. Nos pusimos todo lo impermeable que teníamos y salimos a caminar sin parar cinco horas y media hasta llegar a un lugar cerca del Faro San Pío. Empapados y a mitad de camino de Moat, encontramos un rancho perteneciente a un conocido gaucho de la península, y en él nos cobijamos de un viento que nos tiraba al piso. Tortas fritas y mate subieron el ánimo, pero la cosa empeoró hasta la noche.
Al día siguiente salimos “a cara de perro” a caminar bajo la lluvia, pero a la hora y media nos encontramos en la desembocadura de un río del que nadie advierte ni nombra por lo chico y fácil de cruzar, el río Vaca. El agua subida hasta el pecho, iba arrastrando troncos, árboles, piedras de la tormenta que castigaba hacía dos días. Algo extraordinario, a pesar de haber caminado sin parar, de haber superado todo, de haber salido bajo la lluvia y viento, un río inexistente nos estancaba a cinco horas. Nos reímos, lo entendimos luego de intentar cruzarlo y darnos cuenta el riesgo, y volvimos al rancho. Así tenía que ser. Aseguramos no achicarnos, simplemente reconocer los límites.
El último día de la península estuvo lleno de emociones. Cruzar el río que ya había cedido, caminar rapidísimo una distancia que en teoría llevaba tres horas entre Rancho Viejo y el Tambo en dos, llegar a la noche luego de una mala experiencia con un poblador ebrio de la zona…y eso que era la primera persona que veíamos luego de quince días… Al mal tiempo, buena cara. A las 20:00 hs estábamos siendo recibidos por la guardia de turno del Destacamento de Moat que nos abrió sus puertas con mate y galletitas, calefacción y ducha.

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El resto, fue sensación de un cansancio tremendo por la tensión de los últimos días pero la convicción y satisfacción de haber logrado las cosas a nuestra forma y en su totalidad. Ahora nos esperaba hacer dedo hasta la ciudad, ya que no teníamos transporte auspiciante de la expedición. Eeso sí, también nos esperaba recuperar los seis kilos promedio que cada uno había bajado…
Para amar algo debemos conocerlo, la península necesita amor y personas amantes de sus paisajes y biodiversidad, de su historia, dispuestas a recuperar sus puestos, mantener su pureza, velar por su seguridad. Quedamos a disposición de quienes estén interesados en saber más de este lugar tan especial y único de nuestra república. Recorrer Patria para nosotros, es una forma de hacer Patria.
No somos reconocidos deportistas de alto rendimiento, ni grandes competidores o locos de la guerra que buscan reconocimiento constantemente. Somos personas normales con el anhelo de pisar fuerte en lo que hacemos, rompiendo los paradigmas que día a día nos ofrecen en la cotidianeidad de estos tiempos. La expedición fue una forma de dar testimonio, de poder transmitir un poco a nuestro entorno, a nuestra querido Grupo Scout 137, a nuestra Tropa Araucanos, a nuestras familias, que lo que más se necesita es voluntad para lograr lo que queremos.

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Agradecimientos.
Queremos agradecer primero y antes que nada a Ignacio Amalvy Degreef, amante y caminante de la península, pionero del documental Latitud 55º Sur, quien sin esperar recompensa alguna, siempre estuvo a disposición para sacarnos las dudas en tan poco tiempo. A Sergio Anselmino, quien nos incentivó enseguida a descubrir los rincones menos visitados de estas tierras.
A la Familia Ercole Zapana, nuestros Anfitriones y colaboradores en una Ushuaia que se hizo hogar. A Daniel de MDA Ootdoor, que con sus consejos, mates y descuentos, nos dio el empuje para poder ir equipados de la mejor manera. A nuestras familias que tanta paciencia nos tienen.

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Tareas de Cada Integrante
Matías, nadador de rescate y técnico en emergencias médicas, encargado de las tablas de mareas y ser el primero en cruzar los ríos.
Germán, encargado de la Planificación por imágenes satelitales de los recorridos y del itinerario. Durante la expedición, el Chef Oficial.
Marcos, el que más experiencia tenía en larga distancia por haber hecho a los 20 años 900 km del camino de Santiago en invierno en solitario, y haber vivido en un Paraje de la Puna a 3500 msnm caminando mucho los cerros. Fue quien en general guiaba y manejaba la marcha.

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Exploracion

Alejandra Broglia, Cruce de Las Malvinas Nadando

junio 19, 2017 — by Andar Extremo0

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Alejandra Broglia vive actualmente en Río Gallegos, Santa Cruz. Tiene 49 años y desde que tiene uso de razón aprendió a nadar en su ciudad natal, Córdoba. Su vida está ligada al agua por completo: trabaja en la Secretaría de Deportes de Santa Cruz en el área de natación, da clases en la pileta municipal, actualmente trabaja en dos clubes y enseña natación. Los invitamos a conocerla a través de una entrevista realizada luego de su proeza de cruzar Las Malvinas nadando. Nota en la revista Andar Extremo n° 45

por Andar Extremo
Fotos Alejandra Broglia

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Cuándo comienza en tu vida el amor por el agua?
Nado desde los 5 años y a los 6 ya me federaron. Nade once años en la Federación Cordobesa de Natación en pileta y estuve en la selección nacional también. Luego le dediqué mi vida al agua y a la familia. Empecé a dar clases hace mucho, y 4 años atrás unos alumnos me tentaron para hacerlo en aguas abiertas. En realidad me convocaron para que los ayude a entrenar para cruzar a nado el estuario de Río Gallegos. Estuvimos un mes para cruzarlo y cuando terminó el entrenamiento, me terminé enganchando para cruzarlo yo. Me encantó pasar de la pileta al mar, al río.

Cómo fueron los primeros pasos en aguas abiertas?
Acá en Rio Gallegos tengo el rio a dos cuadras, pero no me gusta mucho nadar allí, dado que termina en estuarios. Es medio complicado porque tiene muchas corrientes y la influencia directa del mar, con 4 mareas diarias es básicamente un ingreso del mar en la desembocadura del rio. Mis amigos/alumnos querían eso y terminé nadando y probando cosas diferentes. Lo primero que hice fue ir a una laguna llamada “Laguna Azul”, del cráter de un volcán que queda a 50 km de Río Gallegos. Fuimos a probar un neopreno, porque por supuesto acá todas las aguas son frías, y me encantó… realmente me encantó. Habiendo hecho esa laguna y el estuario, elegí mi próximo paso que fue el Lago del Desierto. Hicimos todos los permisos y fue el primer cruce oficial que hice, en realidad, cruzamos por primera vez en la historia el Lago del Desierto que tiene 10 km de largo por anchos variables. El cruce que hicimos fue aproximadamente de un kilómetro de costa a costa.

Qué tipo de indumentaria usas para estas travesías?
Para el agua trajes húmedos, tienen una medida de 4 mm en la espalda y pecho, 3 mm en los brazos y piernas y 2 en las articulaciones. Sobrecargan mucho los hombros, por eso es necesario que te quede bien porque la carga es grande aunque sean livianos. Quedan al cuerpo, al nadar mucho tiempo se va complicado y tampoco podes usar uno muy finito porque te agarraría frío. Imagináte que en verano la temperatura es de 14° y en invierno unos 5° la misma temperatura que el agua del mar. Luego el equipo se completa con guantes y medias también de neoprene, doble gorro, tapones de silicona y antiparras.
Para afuera del agua ropa, la mayoría de abrigo porque siempre hace frío en estas latitudes. Camperas de abrigo, interiores térmicos y medias térmicas.

Cómo siguió la historia con las travesías en aguas abiertas?
El estrecho de Magallanes lo hice en enero de 2015, el 26 de enero exactamente y me costó muchísimo porque el mar estuvo muy bravo ese día. Éramos 5 desconocidos y tuvimos que hacer papeleríos y tratativas bastantes extensas para que permitieran cruzar el estrecho con la armada de Chile. Cuando nos dejaron, el mar estaba en condiciones estables y a los 10 minutos se puso muy bravo y las corrientes estaban en 28/2. Las embarcaciones que nos acompañaban se daban vuelta y tuvieron que dejarnos e irse al buque de la armada a dejar gente. Cuando nos fueron a buscar nos reconocieron por el torpedo naranja que llevaba. Un cruce que iba a tener 4,3 km termino siendo de 9,1 km en 2 horas 10 minutos. Había olas de un metro y medio, nos dividió a los 5… fue lo más difícil que hice.

Nadabas hasta allí en mar abierto?
Las veces que podía nadar era en la laguna del volcán o en el estuario, pero tampoco habían sido muchas porque prefectura para nadar ahí te piden las mismas cosas casi que para hacer un cruce: una embarcación de apoyo, certificado médico y demás cosas. En abril de 2015 hice el doble cruce de Canal de Beagle desde Isla Gable hasta Isla Navarino. En la segunda isla, el que estaba encargado de la embarcación hizo migraciones y nos estaban esperando dos oficiales Chilenos. Yo estaba en el agua pero previamente le dije que si el papelerío se hacía rápido volvía a Isla Gable y si tardaban mucho, cortábamos y vuelvía en barco. Por suerte, fueron rápidos y volví nadando a Argentina. Pensá que en este cruce tuve que hacer todos los papeles en Ushuaia de allí una hora y media en auto, luego la embarcación me siguió por otra hora y tuvimos que coordinar con los oficiales de Chile porque allí no hay población. Donde llegué, estaba a varios kilómetros, y los militares chilenos tuvieron que coordinar para ir hasta la costa y esperar. Estuvo muy ordenado. A comparación de Magallanes, este mar estuvo muy tranquilo, fue una caricia.

Vas comiendo e hidratándote mientras nadas?
Como mis travesías no son muy largas me acostumbré a no ingerir nada. Mi cuerpo se amolda a eso. No tardo más de dos horas, ni tampoco tomo agua más allá de lo que trago en el mar o en el rio sin querer, por supuesto. En Malvinas suponíamos que podíamos estar más de dos horas pero yo sabía que no iba a comer ni a tomar nada. Voy tan concentrada que no necesito ni líquido ni sólido que me ayude. Lo he hablado con mi nadador de rescate y mi guía, pero lo único que hago es comer una naranja antes de entrenar. A lo sumo en las travesías, desayuno un café con leche o unas galletas con dulce y nada más. En Malvinas antes del cruce, me desperté 5:30 y desayune eso.

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Ya eras reconocida por tus proezas?
Tengo una realidad que vivo en Santa Cruz, las noticias de aquí no llegan a Buenos Aires. Si bien cuando hice el cruce del Estrecho de Magallanes lo habían realizado sólo 20 personas, en el doble cruce del canal de Beagle fui la primera mujer, el cruce del lago del desierto fuimos los primeros, el año pasado hice dos lagos de la cordillera, uno era el Pueyrredón que lo crucé por la línea imaginaria de división de países (es un lago compartido con Chile). Me tire con el GPS donde cruza la línea imaginaria y se veía bien arriba el hito. La verdad es que estas cosas aquí se dan a conocer pero no tienen repercusión nacional, no llegan porque no tengo una estructura armada. Acá sí me reconocen y saben todo lo que hago, porque también hace 21 años que vivo y toda mi vida estuvo ligada a la natación. Pero ahora con Malvinas cambió todo, porque tuvo una repercusión exterior que no me la esperaba. La planifiqué como una travesía más, me llevó 10 meses, pero Malvinas tuvo ese extra que es el lugar, y a nivel nacional mi nombre comenzó a sonar.


La familia siempre te apoya?

Yo estoy en pareja y mis hijos ya son grandes: Santiago tiene 21 años y Carolina 25- Mi hijo vive en México y mi hija en Córdoba. Desde el principio de las travesías ellos ya estaban afuera y me decían:- “…qué locura vas a hacer ahora?…” Con el tiempo se dieron cuenta que estas locuras estaban muy bien planificadas, entonces las preguntas hoy en día son:- “…de dónde a dónde vas a ir?, cuánto tiempo vas a tardar?, cuánta temperatura va a tener el agua?…” Por suerte están al lado mío. Santiago me acompaño al Beagle y Carolina fue a Malvinas. Deseaba que por lo menos una vez cada uno vieran a su madre nadar y al llegar a la costa tenga esa felicitación de un ser cercano que es como el cierre de haber hecho un buen trabajo.

Aparte de los permisos habituales, tuviste que pedir permiso en Malvinas a los dueños de los campos que vos tocabas en el periplo?
Si, fue lo más complicado. Mis travesías son cruces, generalmente de una costa con la otra y lo común que te piden son seguros de vida que por lo general son caros, autorizaciones, permisos, deslindes de responsabilidades, medidas de seguridad, tenés que llevar embarcación que te acompañe un gomón de rescate, muchas cosas… En Malvinas había elegido cruzar el Estrecho San Carlos que queda bien al norte. Una vez que cumplí con todo, el 26 de diciembre me llegó un mensaje del gobierno de las islas que me decía que además de todo necesitaba por escrito la autorización de los de las tierras que yo iba a tocar de Gran Malvina y de Soledad. Imagináte la situación, una nadadora argentina teniendo que ponerse en contacto con dos desconocidos. Lo primero que hice fue pedirle el contacto al funcionario que era el jefe de seguridad y a los dos días me mandó los teléfonos de los dueños. Tuve que rebuscarme para conseguir el mail de estas personas para enviarle la historia y una carta formal pidiendo el permiso. Luego de las fiestas, el 8 de enero me contestaron de Soledad y me pidieron que les explique cómo iba a ser todo. Entre las exigencias no podía llevar ninguna bandera, ni yo ni la embarcación, ni podía hacer publicidad de ningún tipo. Me comprometí a lo que me pidieron y les expliqué que solamente iba a tocar tierra.

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“Intento abrir caminos y mentes me gusta innovar”

Cómo fue el momento en el que empezaste el cruce?
Un par de horas antes, comencé a concentrarme, empecé a pensar en el traje, en mis cosas. En el gomón, antes de tirarme, si me miras la cara parezco ida. Me concentro tanto que antes de tirarme ya estoy hace rato con la cabeza dentro del agua. No escucho indicaciones ni nada. Me concentro en que el equipo esté bien, en que las antiparras y tapones estén bien puestos. Media hora antes soy un ente, ya me fui del mundo y estoy pensando en otra cosa. Igual Malvinas fue diferente, porque en la mayoría de los cruces acostumbro a tirarme desde la costa y aquí tenía que empezar a nadar tirándome de un gomón. Desde la costa, me meto y empiezo de a poco a sentir el agua, me preparo… estoy unos segundos. Siempre le pido permiso a la naturaleza, tengo un pequeño ritual interior. Después me meto y nado. Esta vez fue tirarme en la profundidad, a un mar desconocido. Fue raro. En este caso, quedé a 200 metros de la piedra del acantilado que tenía que tocar porque no había costa, y me dejaron a esa distancia porque estaba lleno de algas que se llaman cachiyuyo y llegan a medir hasta 15 metros de longitud. Si se metían debajo de la hélices de los barcos, las rompían. En las imágenes satelitales las habíamos visto, sabíamos que estaban, entonces mi guía me dijo:- te tirás, las sorteás como puedas, llegás a la piedra, levantás la mano, esperás unos segundos y cuando toque el silbato empezás a nadar. Fueron doscientos metros rarísimos, medio gatear y andar entre las algas. Desde arriba se veían muy profundas, danzaban entre las aguas. Pasaba por arriba y no me distraje porque había pingüinos. Fui hasta la piedra, escuché la señal y de nuevo los 200 que encima con el neoprene se te enredan. Una vez que salí de allí agarre la “estoa”, que es una calma entre una marea alta y una baja que duró 20 minutos. Fue un lujo, volaba en el agua.

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Cómo fue la travesía en sí?
Me sentí cómoda desde el principio, no sabía con qué me iba a encontrar luego de esa estoa. Ese día el mar tuvo una temperatura más elevada de la que esperábamos, pensábamos que iba a tener 8° y tuvo 11,8°. No tuve que concentrarme con el frío, ya que no los sentía. Me concentre en mi guía, que desde el bote me iba dirigiendo. Él es como mis ojos, lo llevo porque desde allí abajo yo no veo la costa, me tiro y nado. No sé si me lleva una corriente, si voy para un lado o al otro, lo único que veo es una línea en el horizonte. Entonces, para enderezarme me grita. El nado fue tranquilo, aunque tuve momentos con escarcea y olas, y alguna corriente que me llevó. Vi cada vez más cerca el acantilado. Tenía que llegar a una playita llamada Fanning Head y sacarme una foto, pero la corriente me derivó 1300 metros más abajo. Lo único que hice fue tocar la piedra y apoyarme, ya que la corriente estaba fuerte y bamboleaba mucho. Atrás escuchaba los gritos de felicidad de Carolina y Cristian. Fueron muy emotivos esos últimos metros.

Qué hiciste cuando llegaste?
Sonreí, metí la cabeza debajo del agua, miré el fondo, di gracias y levanté la mano para indicar que terminé. Me sentí súper feliz, quería llegar a la embarcación y abrazarme con los chicos. Lo hice. Generalmente dimensiono el logro días después.

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Te sentís parte de un todo cuando realizas estas travesías?
Siempre digo que pido permiso porque ese no es mi ámbito, es un medio que tiene otro ecosistema. Soy muy respetuosa y por eso pido permiso, a pesar de que el agua es mi mundo. Mi ritual interior augura respeto mutuo y soy muy agradecida a la naturaleza. Antes de cada travesía, me interiorizo de los lugares que voy a tocar, su flora, su fauna, qué tipo de costa tiene… por eso cuando toco la piedra y llego a Malvinas lo primero que hago es agradecer.

Qué pensás en el agua?
La mayoría del tiempo voy concentrada en las brazadas y la respiración, el ritmo que llevo sin importar las condiciones del mar. Pienso en mis hijos en mi familia, en la gente que me dice que va a estar pensando en mí, o voy a estar rezando. Pienso mucho en los que me dan su energía, y también en Dios.

Por qué elegiste Malvinas?
Fue como un proceso natural. Después de hacer Magallanes y Canal de Beagle, en los mares australes no quedaba mucho por hacer. A mí me gusta a hacer cruces. Malvinas era lo que venía, encima no lo había hecho nadie, una vez había intentado María Inés Mato pero no lo pudo conseguir porque la agarro una corriente y no pudo.

Qué energía tiene Malvinas como lugar?
Me sorprendido mirarlas desde el aire, se ven completas, es increíble. Desde tierra es muy parecido a Santa Cruz. La vegetación es similar, la gente te trata muy bien, como un turista más. Me sentí muy cómoda desde el primer momento y más luego del segundo día de hacer la travesía con éxito, desde allí tuvo otro color el viaje y me relaje.

Que proyecto hay a futuro?
Tengo planes, pero necesito sponsor para seguir. Hago todo a pulmón y quiero hacer cosas distintas. Me gusta innovar, no necesito estar nadando 24 hs. No hago cosas épicas sino travesías posibles, pero le encuentro la vuelta para que sean en lugares increíbles donde nunca nadie estuvo o pocos han tenido la posibilidad de estar. Voy por ese rumbo. Malvinas se llevó todo mi esfuerzo en lo físico, mental y económico, y estaría bueno contar con un apoyo. En Argentina hay para hacer cosas muy buenas.

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“No hago cosas épicas sino travesías posibles pero
le encuentro la vuelta para que sean en lugares increíbles
donde nunca nadie estuvo o pocos han tenido la posibilidad de estar”

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Carreras de aventuraMountain Bike

Trans Andes Challenge, Chile

junio 9, 2017 — by Andar Extremo0

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Entre el 23 y el 27 de enero, se corrió la novena edición de la épica carrera de mountain bike en la Patagonia chilena. Con 5 etapas de 323 km en total y un desnivel acumulado de 11325 metros, se desarrolló íntegramente en las cercanías de Huilo Huilo y tuvo la participación de más de 282 personas de 30 países. En esta nota, los relatos de Fabián Pellegrini, corredor del Team Mercerat y enviado de la revista Andar Extremo, y Gonzalo Trotta, Team Leader de Toto Training, quien trajo un onceavo puesto en la general y primer lugar en su categoría .

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Siendo una de las 10 carreras más importantes a nivel mundial, el Transandes presentó varios cambios en su novena edición mostrando un crecimiento indiscutido y celebrado por el mundo del ciclismo. Uno de ellos fue la inauguración del Transandes Enduro, donde durante 3 días los endureros pudieron comprobar la calidad de la organización y las condiciones que existen en la Reserva Huilo Huilo para la práctica de esta disciplina del MTB.
También fueron notables las modificaciones en el formato de competencia: se acortó la prueba de 6 a 5 días, mantuvieron toda la competencia en un único campamento, y habilitaron el Pack Self Support.
El poder realizar todo en un lugar, facilitó la logística y permitió entregar un servicio de mejor calidad. A su vez, se encontraron senderos nuevos e increíbles para realizar una travesía con calidad internacional, como la que hubo. Las etapas más cortas con mayor cantidad de caminos y altimetrías, hicieron que los tiempos empleados se mantuvieran como en las ediciones anteriores.
Por otra parte, el haber habilitado el Pack Self Support (cuyo costo de inscripción era mucho menor), permitió al competidor la autogestión en su alimentación, servicio técnico y alojamiento. Tanto los hoteles y cabañas de Huilo Huilo, como los distintos alojamientos de Neltume y Puerto Fuy, estuvieron repletos de competidores haciendo uso de los servicios, siendo éste un aporte concreto para la economía local.

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El gran ganador de este año fue Russell Finsterwald, quien triunfó en la clasificación general. Eyair Astudillo fue el segundo puesto, y Walter Martínez estuvo en tercera ubicación. Pedro Avilés y Nicolás Delich ganaron en equipos. Kaysee Armstrong mostró enormes progresos respecto al 2016, adjudicándose el triunfo entre las mujeres, y Mary McConneloug y Michael Broderick, se consagraron como vencedores en equipos mixtos. Chichi García, Claus Plaut y Carlos Cardemil, fueron los únicos competidores que participaron en cada una de las 9 ediciones de Transandes.
El mejor argentino posicionado fue Francisco Voto, quien quedó en un quinto lugar, décimo primero ingresó el platense Gonzalo Trotta y, en la decimosegunda posición, Ezequiel Cuevas. Entre las mujeres, la mejor argentina fue Valeria Iriarte que corrió en Team mixtos.

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Fabián Pellegrini: amistad, senderos y mountain bike
Todo comenzó cuando mi amigo Gabriel Gómez me convenció en julio del año pasado de correr una carrera: la famosa Transandes Challenge. A partir de ahí, fueron seis meses dedicados a preparar la logística del viaje, entrenar, asesorarnos con el Dr. Pedro Billordo (cardiólogo, deportólogo y corredor de carreras de larga distancia) acerca de cómo debíamos alimentarnos, hidratarnos y descansar durante la competencia, para que el desafío no fuera una tortura.
El domingo 22 de enero llegamos a Huillo Huillo, reserva natural en medio de la montaña poseedora de una vegetación y fauna increíbles. Ese sería el centro de operaciones del evento. Nos acreditamos, escuchamos la charla técnica y fuimos a la cabaña donde íbamos a hospedarnos, para preparar las bicis, el equipamiento, cenar lo que nos preparaba nuestra cocinera nutricionista Laura, esposa de Gabriel, e irnos a dormir.

1° Etapa: 75km, 2200 metros de ascenso acumulado
Largamos a las 9.30 hs. Había más de 300 corredores en menos de trescientos metros. El circuito cruzaba por un sendero ancho dentro de un bosque de la reserva, que prácticamente la mayoría (salvo los pro) lo tuvo que hacer caminando porque por la pendiente y el tipo de suelo era muy difícil de pedalear.
Cuando pudimos subirnos a la bici para empezar, habíamos recorrido 2 km y escuché que Gaby me gritó:-“pará, que corté la cadena!” Arrancamos, no sé cómo… debe ser ese instinto que aparece en momentos así. En tiempo record pusimos un cierre rápido que llevaba Gabriel en la mochila.

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Seguimos, sabiendo que había que recuperar tiempo perdido pero sin matarnos, porque recién empezábamos. Subidas interminables por lugares maravillosos, bajadas muy rápidas por caminos difíciles y otras muy técnicas por senderos inimaginables, se acumularon para completar las 5 horas 35 minutos que nos llevó la etapa.
Al terminar, nos dimos cuenta que la rueda trasera de la bici de Gabriel estaba muy frenada, porque se había doblado el disco de freno. Era por eso que sentía que algo rozaba desde los primeros kilómetros.
Mi bici tenía el fusible torcido, producto de una caída que tuve antes de largar la etapa mientras precalentaba y que casi me deja afuera de la competencia. Eso hizo que durante la carrera la transmisión no trabajara, y la cadena se me saliera no menos de 30 veces. Fue un primer día hermoso por la experiencia, recorrido y dureza, pero para el olvido por los problemas técnicos.
Nos alimentamos e hidratamos en el puesto de llegada y, sin perder tiempo, nos fuimos a la cabaña. Dejamos las bicis y caminamos cien metros para ir al río y poner las piernas bajo el agua. Almorzamos y más tarde pusimos a punto las bicis para el día siguiente. Fuimos a la charla técnica y entrega de premios a las 19hs, volvíamos a la cabaña a cenar y nos acostamos a dormir. Esta rutina se repetía todos los días de la competencia.

2° Etapa: 2200 metros de ascenso acumulado, 55km
Amaneció fresco y nublado, no hacía el calor del día anterior. Los primeros treinta y pico de kilómetros, fueron en ascenso por caminos anchos, senderos y bosques. Gran parte del recorrido se hizo a velocidades muy lentas, sobre todo al final de la trepada donde la pendiente aumentó significativamente. Como para completar, nos empezó a acompañar una llovizna fría que hizo más duros los últimos kilómetros. A partir de ahí, inició el esperado descenso por senderos indescriptibles entre la exuberante vegetación selvática de la reserva de Huillo Huillo, caminos de cornisa, bajadas muy técnicas que no permitían darse el lujo de distraerse ni un segundo. Fueron 15 km de descenso permanente, imposible de explicar con palabras, sobre todo para los que no tenemos frecuentemente acceso a ese tipo de geografía. Terminado este tramo, quedaban unos pocos kilómetros más y después de 4 horas y 11 minutos, finalizamos la segunda etapa.

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3° Etapa: 2330 metros de ascenso acumulado,52km
Según los organizadores, esta jornada fue la más dura, y no mentían. Después de 15 km de subida casi permanente, llegamos al primer puesto de hidratación. En todas la etapas había dos puestos en el recorrido, con variedades de frutas, geles, barritas, papas, chocolates, caramelos, confites sabor café (que eran mis preferidos), gaseosas, agua, y todo lo necesario para reponer energía. Dos kilómetros después, le hice señas a Gabriel porque estábamos pasando al equipo norteamericano que venía tercero, y con el ritmo que traíamos nos alejábamos de ellos cada vez más.
Aún restaban 25 km de subida según marcaba la hoja de ruta, así que decidimos mantener ese esfuerzo mientras durara la trepada, para sacar una buena ventaja que nos permitiera sostener el descenso. En el kilómetro 35 pasamos por el segundo puesto de hidratación pero no paramos… me quedé con la ganas de los confites pero venir terceros era mucho más emocionante. Siguió una bajada de poquitos kilómetros por calles anchas y, de nuevo a trepar. La pendiente fue aumentando y aumentando hasta tener que hacer el último tramo caminando por un sendero casi vertical. Si caminar era difícil, con la bicicleta a cuestas y después de 40 km de subida permanente, había que poner mucho más que el físico para no desistir en el intento. No se terminaba más, y el equipo norteamericano no aparecía, eso nos motivaba a continuar metiendo garra. Siguió una subida pedaleable, mucho menos dura, pero con las piernas pidiendo clemencia en la bajada de caminos muy rápidos y técnicos. Hicimos lo mejor posible, y eso nos permitió seguir terceros. Sólo quedaban 2 km en falso llano. Apretamos los dientes y llegamos a la meta. Nos fundimos en un abrazo con Gabriel, se nos cayeron un montón de lágrimas de emoción. 4 horas, 22 minutos: podio. Valió la pena el esfuerzo.

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4° y 5° Etapa: 2000 metros acumulados 50km
Por las altas temperaturas la organización decidió suspender la contra reloj (cuarta etapa), y a las 9.30 largamos la quinta etapa. Eliminaron una dificultad que aparecía a los 5 km, y empezó el día con una interminable subida que nos llevó hasta el mirador, donde estaba el teleférico de la reserva. Casi al final de esta trepada, nuevamente hubo que caminar porque la pendiente no permitía pedalear. Un poco más corta que la del día anterior, pero aún causante de ganas de llorar, empezaba a odiar a los trazadores del circuito. Llegando a la cima, dejé la bici y volví unos metros corriendo para ayudar a Gabriel a cargar la bici y ganar tiempo. Llegué hasta donde estaba, agarré su bici y empecé a subir de nuevo caminado mientras mi compañero engañaba al cansancio viendo como una iguana verde (que nunca vi), cruzaba el camino. De ahí en más, fue un corto trayecto de falso llano y nuevamente el descenso por senderos muy técnicos y divertidos que nos llevaron a la fuerza a mejorar la técnica. 4 horas 15 minutos, etapa terminada.

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6° etapa: 39km, 1800 metros de ascenso acumulado
La última etapa era la más piadosa según el racebook, aún no sabemos por qué. Volvimos a subir por unos senderos muy angostos que no permitían el paso de más de una bici por vez, luego hicimos una pequeña pausa para cruzar por un puente colgante en el que no podían transitar más de cinco corredores por vez. Más subida hasta el kilómetros 27, y empezó un falso llano que duró hasta los últimos 5 km, donde llegó nuevamente la bajada y otra vez senderos super técnicos. Descendimos 700 metros en 5 kilómetros. Aprendías o aprendías. Así llegamos a la meta y final del Transandes 2017. Nos dimos un fuerte abrazo con Gabriel y otra vez se soltaron muchas lágrimas de emoción. Fue una carrera que superó ampliamente nuestras expectativas. Fue el evento y la experiencia más maravillosa que hemos vivido en el mountain bike, tanto por los lugares donde corrimos, como por la prolijidad de la organización. Como le dije al director del evento:-“simplemente muchas gracias…”

Gonzalo Trotta: años de entrenamiento, conducta y confianza
Corro hace más de 9 años y compito hace 4. Trabajo desde hace 7 años como entrenador y corro para una marca que se llama Top Mega. Llegué al Transandes por alumnos que ya tenían decidido ir y me motivaron para atreverme a mi primera competencia internacional. Cuando me inicié tenía muchos sueños que los fui poniendo como metas y a medida que se iban concretando, todos tenían que ver con la constancia.

Cómo viviste el Transandes?
La decisión de ir no se planteó con mucho tiempo de anterioridad. Unos amigos que iban a ir me incitaron a que los acompañe y me convencieron. Cuando me embarqué en los entrenamientos y la planificación, sabiendo lo que era la carrera, había que entrenar muchísimo. Fue una experiencia espectacular ya que nunca había corrido una carrera de etapas y la exigencia no era sólo física sino también psicológica

Habías corrido alguna otra carrera internacional de esta relevancia?
No, fue la primera vez. A nivel nacional sí he corrido carreras de Rally o Rally Maratón  de hasta 120 km pero nunca una carrera de etapas de tantos días como la Transandes.

Cómo te preparaste?
Estaba terminando la temporada y ni siquiera tuve tiempo de hacer un parate, opté por seguir con la planificación, con volumen importante de horas de entrenamiento para llegar de la mejor forma. En cuanto a la parte física, empecé una pretemporada con la progresión en el gimnasio, haciendo mucho trabajo de fuerza de distinto tipo y después fui incrementando el volumen de pedaleada. También me ordené en la vida cotidiana y laboral para hacer dobles y triples turnos.

Cuántas horas te llevaba esa preparación?
Diariamente eran entre 3 y 5 horas las que llegué a entrenar, sumando muchos kilómetros de fondo, para mejorar capacidad aeróbica. También, dentro de la preparación, tuve muy presente la importancia de la alimentación y suplementación. Ahí me contacté con el Dr. Pedro Billordo y él nos enseñó los períodos y momentos de la suplementación: el antes, durante y después, para poder rendir mejor y retrasar la fatiga.

Tuviste muchas modificaciones en la alimentación?
Si bien uno tenía algo de idea, la corrección fue más en las cantidades y el momento. En una competencia es importante, en una carrera de etapas es  fundamental.

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Con qué tipo de bicicleta competiste en el Transandes?
La bicicleta que usé es con la que corro normalmente, la ajusté a la perfección con una transmisión nueva para que no haya fallas. El requerimiento mínimo es una multiplicación para montaña con una corona chica y piñones grandes con el objetivo de poder trepar porque los ascensos son de una inclinación grande y muy largos. También debía tener  suspensión para poder amortiguar pozos, piedras y raíces que habría en el camino

Y el camino estuvo complicado…fueron etapas muy duras? Qué sentiste?
Mucha adrenalina, emoción, ganas, miedo, especulación acerca de lo que te espera…si bien uno se imaginaba lo que era el terreno, no sabía cómo iba a responder a la adversidad. La primera etapa fue una de las más largas y no era tan técnica, pero para nosotros que somos del llano, fue intensa. Dentro de los conocimientos que uno tenía de técnica y manejo, intenté ir lo más rápido posible. En la segunda etapa había más descenso, era más técnico…estaba trabado. Si bien estaba preparado, arranqué a administrar las fuerzas para mantenerlas hasta el final del evento. La tercera etapa fue especial porque cumplí años, y fue realmente la más difícil. Faltando un tercio de carrera nos encontramos con una subida imposible donde hubo que caminar entre 500 y 1000 ms a paso de hombre. Tras el desgaste que llevaba acumulado, me encontré con eso y fue matador. Terminé muy cansado pero con la felicidad que también había ganado esa etapa.

Con qué te motivaste en ese momento en el que no dabas más?
Con el recuerdo del esfuerzo y las horas que le dediqué, con los saludos y el aliento de la gente de acá, de la familia, de mi novia, de mis amigos…eso siempre es un motor que me impulsa, me da fuerzas.

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Cómo continuó el recorrido?
Variaba altimetría, terrenos, temperatura. Al llegar a la quinta etapa, los organizadores debieron cortarla. Iba a ser una contra reloj pero el clima, entre otros factores, obligó a modificarla. En ese momento, me pasaron todos los percances: se me rompió un fusible y tuve que cambiarlo  que no es fácil de hacer y menos en la montaña, después el corte de la cadena… si bien sabía que había sacado una buena diferencia al segundo, me corrían todas las dudas. Puse la mente en frío y me asombré de cómo la bici me fue respondiendo.

Cómo vivenciaste la última etapa y cómo quedaste en la tabla de posiciones?
Estaba agotado pero sabía que la diferencia que le había hecho al segundo, me permitía cuidar al máximo la bicicleta, y aún así, por el desgaste que sufrió, pasó lo que pasó con la rotura. La categoría la gané, la verdad que nunca lo había imaginado, más en una primera vez. No pensé que iba a salir así, me imaginaba que iba teniendo suerte, o que no le estaba yendo tan bien a los demás porque al largarnos a todos juntos no sabés quien es de tu categoría. Recién en la tercera etapa empezás a identificar a tus rivales, te vas haciendo conocido con la gente de acá y de otras nacionalidades. Sentí mucha satisfacción porque toda la preparación, el esfuerzo y sacrificio valieron la pena. Caer en la noción de que no sólo representás a tu ciudad sino que también a tu país, te llena de emoción y orgullo. En la general quedé 11…contento, feliz. La clave son los años de entrenamiento, de conducta y de constancia. La virtud más importante es ser constante, hacer las cosas bien y seguir haciéndolas bien. Cuando me pongo a pensar en frío la competencia que hice, lo dura que fue, y los competidores a los que me enfrenté,  siento mucho orgullo. Nadie hace magia, ni es de un día para el otro…todo es sacrificio, esfuerzo y tiempo. Hay que seguir, seguir, y seguir…

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Montañismo

Nanga Parbat, Mariano Galván encara con Alberto Zerain su octavo ochomil

junio 9, 2017 — by Andar Extremo0

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Mariano Galván intentará ascender junto a Alberto Zerain (que viene de hacer cima en el Annapurna) el Nanga Parbat (8.125 msnm). El 11 de junio partirán hacia Pakistán con la intención de escalar la novena montaña más alta del mundo, por la Arista Mazeno, una de las rutas más duras para el ascenso hasta su cumbre.
El Nanga Parbat es el octavo ochomil que Mariano encarará con el español Alberto Zerain con quien ya ascendió al Dhaulagiri (8.167 metros) en 2016 y con quien formó equipo posteriormente en el Manaslu (8.163 metros), en el otoño de ese mismo año. Ambos son muy fuertes y rápidos y, juntos, forman un gran equipo.
Mariano Galván expreso hoy “Nuevamente me preparo para mi siguiente desafío. Lo que si les quería comentar, que no es mi estilo hacer grandes publicidades acerca de lo que puedo llegar a hacer o no, así como tampoco me interesa ser el primer argentino es escalar tal o cual pico, ese no es lo que me mueve ni mucho menos. El Nanga Parbat es una montaña que hay que respetar y ver que se puede hacer en ella de acuerdo a las condiciones que presente. Lo mejor es estudiarla por todos los flancos y ver cuál es la mejor estrategia para subir. Por lo que las opciones van desde la ruta normal, hasta la Arista Mazeno, pasando por otras cosas en el medio.
Nuevamente encaro este proyecto como lo vengo haciendo hace ya seis años, con la ayuda de familiares, amigos, conocidos y el 100 % financiado por mi bolsillo. Sin la ayuda de gobiernos, ni secretarias de deportes, empresas, etc que me brinden apoyo económico. Quizás algún día apoyen a los DEPORTISTAS que escalamos montañas, mientras tanto… no voy a esperar sentado”

La arista Mazeno: una de las más largas y técnicas a la cima de un ochomil
Con la elección de la arista Mazeno, Alberto ha vuelto a demostrar que lo suyo no es una mera colección de ochomiles. Se trata de una de las vías más largas y más técnicas entre todas las que alcanzan la cumbre de un ochomil. Discurre por la complicada cresta que separa las vertientes de Diamir y Rupal, tiene una longitud superior a los once kilómetros y está jalonada de picos de siete mil metros (ocho cumbres en total). La complicada orografía de la arista hace que sea necesario llevar mucho material y su longitud obliga a pasar muchísimo tiempo en altura. Se trata de una ruta muy comprometida, pues a medida que el alpinista se interna en ella, la retirada se hace más y más complicada. En la Mazeno, un descenso de emergencia está descartado; para bajarse hay que escalar, literalmente, en sentido contrario.
Teóricamente, se puede completar la arista sin hacer cima en el Nanga, pues la vía termina a 6.940 metros, en un collado anterior a la cumbre principal. Los últimos 1.200 metros hasta la cumbre son comunes con la vía Schell.

Ascendida por primera vez en 2012 y no cuenta con ninguna repetición
Fue intentada por primera vez en 1979 por una expedición francesa. Doug Scott la intentó dos veces, Lorethan, Kurtyka y Troillet una vez cada uno, todos ellos sin éxito (aunque los sietemiles que la jalonan fueron cayendo). Los primeros en completar la arista propiamente dicha fueron los americanos Doug Chabot y Steve Swenson en 2004, pero tuvieron que retirarse por la ruta Schell desde el collado Mazeno, por lo que no alcanzaron la cima del Nanga Parbat. A partir de entonces, completar la arista y hacer cima en el Nanga se consideró el “premio gordo” del Himalaya/Karakorum.
Alberto Zerain y Txingu Arrieta lo intentaron en 2011 abriendo una nueva entrada a la arista, pero se volvieron de manos vacías. Finalmente, al año siguiente, los veteranos escoceses Sandy Allan (que ya estuvo en el intento de Scott en el 92) y Rick Allen completaron la cresta y ascendieron desde el collado a la cima por la vía Schell. Fueron, en total, más de dos semanas de actividad. Cinco años después, la ruta todavía espera la primera repetición.

Fuente Revista Desnivel

Tecnología

PROBAMOS LAS BUSHIDO DE LA SPORTIVA

mayo 24, 2017 — by Andar Extremo1

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En el marco de realizar “Pruebas de Campo” para nuestros lectores, analizamos las zapatillas Bushido de la marca Italiana “La Sportiva” para la empresa Naka. Una marca de casi 90 años de edad con muchísima experiencia en deportes outdoor que ingreso al país para ofrecer productos de calidad al corredor de trail running.

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Como su nombre lo indica las “Bushido”  son para guerrearlas en el camino del running, en realidad quiere decir “camino del guerrero”. Una zapatilla de excelencia para corredores de trail running. La primera sensación de esta majestuosidad italiana es el calce perfecto, como un guante, los primeras pisadas denotan comodidad, protección y liviandad (al tenerlas puestas pesa menos de lo que aparenta visualmente).
Al comenzar la prueba notamos que es un calzado que transmite el equilibrio perfecto entre estabilidad, amortiguación y peso, un calzado de calidad absoluta. Genera un impacto suave al echarle el peso del cuerpo y un despegue aguerrido. En ningún momento sentimos que sea un calzado rígido, es más, la sensación del grip contra la superficie es de suavidad, tal vez el drop medio de solo 6 mm hace que tengamos una mayor percepción cuando la superficie es irregular.
El agarre de la suela es poderoso, está marca tiene un sistema llamado Impact Brake Sistem que lo diseñaron para reducir el impacto del terreno gracias a la inclinación que tienen los tacos en la suela. Y probándolas se nota ese agarre, tanto en tierra, en la piedra y también en asfalto.

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Las Bushido tienen detalles en la suela que nos llamaron la atención:  en la parte que apoya la planta del pie posee unos agujeros que al generar presión en la actividad las zapatillas se  abren generando más superficie de apoyo, tanto en el centro, como en los tacos exteriores que  a su vez están diseñados para que no derrapen. Luego viene la placa rígida del STB Control, que es una placa plástica que está por fuera de la zapa para controlar la torsión en suelos inestables y por último posee un sistema para ponerle clavos de acero para la nieve.
En cuanto al agarre en diferentes climas, cuando está la superficie seca, la sensación es máxima. Cuando encaramos con el metatarso se aferra bien al suelo al entrar y continúa la misma sensación al despegar el talón. Con terreno mojado o húmedo el agarre sigue siendo bueno, algún poco de inestabilidad en la piedra mojada cuando despegamos el talón, pero el agarre es bueno en general.
Los cordones tubulares se sujetan súper bien, no tuvimos problemas. Es un calzado con gran transpirabilidad y bien fresco, pero poco impermeable.

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La única sensación rara es que al ser unas zapatillas bajas parece que uno está absolutamente en contacto con el suelo, las piedras se sienten bastante. El sistema de la lengüeta es alto, con una tela tipo neoprene, para proteger que no se introduzca ninguna piedra.
Si bien Bushido es un calzado de media distancia, si observamos en muchos foros podemos ver que la han usado para ultra maratones y trails largos y es un producto que resiste bien, siempre en personas de menos de 80 kilos aproximadamente.
En definitiva un calzado un poco costoso pero altamente recomendable, más vale gastar una sola vez y saber que tenemos lo mejor para nuestros pies.

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Carreras de aventuraTecnología

DIEGO WINITZKY, FOTÓGRAFO DE AVENTURA

mayo 22, 2017 — by Andar Extremo0

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Diego Winitzky nació en Flores hace 45 años y actualmente vive en capital. En 1999 tenía una empresa de computación, pero se cansó de la rutina y decidió buscar nuevos horizontes mezclando su pasión por el deporte y su gusto por las imágenes. En 2012 comenzó a sacar fotos. Cinco años después, no sólo se convirtió en un referente de las carreras de aventura sino que incursionó exitosamente en la organización de ellas. En la entrevista, Diego nos cuenta su recorrido. Nota en la Revista Andar extremo n° 45

1por Andar Extremo, entrevista a Diego Winitzky, fotos gentileza de Diego Winitzky

Cómo te introducís en el mundo de la fotografía?
Fue una decisión fuerte, fue querer cambiar el rumbo. Trabajaba encerrado entre cuatro paredes y con el tiempo me di cuenta que no me gustaba eso para mi vida. Empecé a estudiar fotografía y tenía unas compañeras de entrenamiento que tenían la Guía Lap. Ellas me invitaron a sacar fotos de calle para publicar en esa revista. Se fue dando de a poco hasta que en un momento dejé la empresa que tenía y me dediqué de lleno a las fotos.

Eras corredor o es reciente el running en tu vida?
Comencé a correr en 2009. Venía de 33 años de yudo y empecé a entrenar con Marcelo Perotti. En ese momento ya había emperezado a estudiar fotografía y, con el gusto por viajar, se me juntaron las tres pasiones.

Cuándo te involucrás de lleno en los deportes de aventura?
En 2014 me metí de lleno en fotografiar carreras de aventura. Hoy por hoy es el 90% de lo que hago. En 2015 y 2016 tuve la cobertura de 36 carreras cada año, fueron casi todos los fines de semana distribuidas en ocho países diferentes.

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Hacés un entrenamiento especial para cubrir las carreras de aventura? porque por lo general los circuitos son de difícil accesos…
El equipo completo pesa unos 15 kilos, con lentes flashes, baterías, más raciones de marcha. La verdad es que siempre hice deporte y si sumo la concentración, los objetivos, el entrenamiento diario teniendo en cuenta que a veces por semana hago doble turno, el gimnasio…todo eso hace que me mantenga en forma.

Se necesita un “ojo especial” para sacar en deporte aventura o es entrenamiento que se mejora con la experiencia?
El ojo está en cada uno. Lo podés afinar un poco pero para mí, nacés con esa cualidad. Te tiene que gustar lo que estas fotografiando, te tenés que meter en esa película, e involucrarte en las situaciones, en una carrera tenés que saber quién va a estar, si hay una historia fuerte… es muy pasional la foto. Después, se completa con el estudio del recorrido, qué puntos son buenos fotográficamente. Es un trabajo, se toma con responsabilidad. Sí, tenés que haber estudiado y por supuesto, saber las técnicas.

Analizás los circuitos con anticipación?
Generalmente voy a marcar con la organización, es la mejor forma de ver los lugares con frialdad y saber qué punto es el más bueno.

Por el crecimiento profesional, te pesa el nombre de Diego Winitzky a la hora de sacar fotos en un carrera?
Nooo, me encanta (risas)… Hoy me siento super seguro. En la carrera que me toque, con el clima que me toque. Me encanta trabajar con presión, me gusta que la gente tenga expectativa del material. Son desafíos que van desde una carrera chica hasta, por ejemplo, la copa del mundo en Zegama (norte de España) donde voy a estar en mayo.

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“Te tiene que gustar lo que estas fotografiando, te tenés que meter en esa película, e involucrarte en las situaciones,las historias fuertes…”

Te apoya alguna marca?
Por suerte estoy bien acompañado desde hace años por la empresa Sox, Noaf. Hoy Scat me da la ropa para los entrenamientos. Todo esto ayuda mucho. Las zapatilla son de Altra y cuando vamos a cubrir, la empresa de comunicaciones Elvcom nos sponsorea con handys permitiendo un trabajo mucho más profesional y seguro.

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Qué es Running Trip?
Running Trip surgió con el deseo de generar un espacio de encuentro que incluya desde los deportistas con discapacidad hasta atletas olímpicos que representan nuestro país… un sueño que durante dos años fue tomando forma. Al trabajar con muchas organizaciones, vi lo bueno y lo malo. Durante los viajes fui creándolo y armé un staff de gente con buena energía. El primero lo hicimos en 2016 en Miramar y reunimos 650 corredores. Este año en San Luis, repetiremos las mismas distancias: 4 km, 10 km y 25 km. Lo lindo de los 4 km es que los atletas con discapacidad son guiados por los atletas olímpicos o referentes del trail. Los 10 km y 25 km ya son competitivos con premios en efectivo. En realidad pensamos en todo, por ejemplo un atleta con discapacidad necesita salir de la urbe, ir a la naturaleza, ver colores, paisajes… siempre soñé con eso y me di cuenta que se puede hacer. Los hicimos recorrer en el bosque en Miramar y ahora la propuesta es rodear una laguna y ascender una montaña en los Molles de San Luis el 13 y 14 de mayo. Chicos en silla con autismo, con síndrome de down, chicos con parálisis cerebral… es lindo hacerlos vivir lo que vive una atleta sin esos impedimentos. Y al atleta que corre desde siempre, lo agasajamos, le damos un buen kit, actividades para hacer, charlas, capacitaciones. El atleta elite necesita dinero en efectivo, te lo dicen ellos: -yo no como zapatillas, no como medallas, necesito dinero… Entonces, más allá de que se lleven zapatillas, medallas e indumentaria de sponsor, le damos premios en efectivo.

En Running Trip sacás fotos o estás solamente en la organización?
No saco fotos. Me pasó en Miramar que en la llegada corrí a buscar la cámara y se me iban las manos. En ese momento estaba sacando Pablo Pérez, un fotógrafo del equipo, entré en razón y le di mi cámara. Me dediqué 100% a la organización. Tengo un equipo de fotógrafos de primera línea, fueron diez a al evento.

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Qué foto te gusta sacar más?
Lo que más me gusta es paisaje con corredor. Me cuesta sacar solamente paisaje. Ves a la persona, sabés que va a tener una expresión, y le sacás primeros planos. Yo laburo con dos cámaras, Cannon 5 D y con los lentes 16 -35 mm y 70 – 200 mm. Primero saco paisaje y después cierro el cuadro para buscarle el sentimiento a la foto, expresión de la cara del corredor. También me gusta abrir el cuadro para ver dónde está corriendo

Sacás muchas fotos por carrera?
No, no. Los fotógrafos usualmente sacan 2000 o 3000 y yo capaz que ando en 600 fotografías por carrera. Busco momentos, en realidad. A veces, no te niego, saco ráfagas… eso suele pasar en la llegada del primero, o por si se movió la foto o cerró los ojos, para tener varias y poder elegir cuando necesitás para prensa.

Tenés una foto preferida?
Por suerte todavía no tengo una preferida y no la quiero tener, no quiero ese techo. Siempre estoy en la búsqueda, haciendo cursos, componiendo. Me pasa que retocando fotos me pega muy fuerte la historia y hasta me he largado a llorar al recordarla. Una que me gusta mucho es “Qué Viva México” una fotografía que gano un premio en Europa.

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“Qué Viva México”

Cómo ves a Diego Winitzky en un futuro: fotógrafo u organizador de carreras?
Me veo como organizador de carreras, apunto a marcar una tendencia. Como fotógrafo quiero quedarme con algunos eventos deportivos, pero no ir a 36 carreras por año.

Cuáles son las carreras más importantes que vas a cubrir este año?
Zegama en España, Valtellina Wine Trail Italia, la UTMX de México, Pacific Trail en Colombia,.. Acá en el país me gustan las carreras diferentes. En La Rioja hay unas carreras chicas que me gustan, y en Córdoba como la Champa, Utacch…

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Agradecimientos
Gracias a vos, a la gente que sigue mis trabajos, a los corredores, a las organizadores que me contratan, a mi familia que me apoya el 100%… hasta me apoyó el cambio de vida que quise hacer.

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Carreras de aventura

MAX RACE RESERVA EL DESTINO 2017

mayo 18, 2017 — by Andar Extremo0

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La Reserva espera serena todos los años a miles de corredores que con fuertes pisadas diluyen en una Max Race los más fuertes sentimientos de amor al deporte en la naturaleza y en esta ocasión Ivana Gambin se animó. Y certificó con sus palabras que si todos se animaran una vez en su vida a vivirla nunca más serían los mismos, la Max el cuerpo con todos sus sentidos.

Por Ivana Gambin

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Cuando sonó el despertador a las 06:30 hs ya estaba despierta, típico en un día de carrera, lo que no es típico es hacer por vigésima vez el recuento mental de las cosas a llevar. Mirando el auto cargado repaso nuevamente todo: Kayak, remo, chaleco, carro, Bici, casco, zapatos, guantes, geles, agua, mochila de hidratación, dorsal, etc.

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Intente tomar una café, costo. “ El Pela” ese compañero incondicional me regalo un abrazo con un “cuidáte y pasála lindo”.. Seguido por un ..”apuráte que son 07:30 hs”. Programe el Gps y Salí para encontrarme con ella, si La Max es “ELLA”, esa que la sentiste nombrar o te la contaron, la que si tenés el gusto de conocerla te enamora o la dejas pasar. Un amigo me endulzo con solo contarla, fue una experiencia intransferible en lo físico y lo emocional, ese 23 de octubre de 2016 la pasión y locura hizo que sucumba y vuelva por más. Por más y a lo MAX!!!.. Un mes después de la carrera compre Bici, nos fuimos amigando porque el objetivo estaba marcado y los años de Spinning tenían que dar sus frutos. El Kayak fue el segundo reto, domesticar la relación en el agua llevo varios días, pero se lograba. Así me encontré este 23 de Abril, varios meses de entrenamiento, de golpes y raspaduras, de madrugar y perseverar iban a ponerse a prueba. La paciencia de Pablo Vivas, mi profe y amigo fueron los pilares de este día, pero él no iba a estar en la Reserva, si Pablo y Mariano, ellos iban por la Tria parejas, y eso ayudo espiritualmente.

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En la ruta se veían kayak, bicis, remeras celestes y negras, la Max esperaba, llegando a la reserva la adrenalina subía. Estaciono el auto, desato el kayak y pido ayuda para bajarlo, con mi carro lo llevo a la zona del parque cerrado y lo entrego acariciándolo como buscando complicidad entre ambos. Regreso por ella, mi Bici la que me enamoro a primera vista y formaba parte de esta trilogía. Ya estaba todo ordenado, todo listo, solo quedaba esperar la largada. Leonel y Marcos dan la charla técnica, la euforia quema. Por fin el conteo y ya largamos, esos segundos son mágicos, somos un montón de locos por la Max. Los senderos, nos quedaban chicos, estábamos con hambre, cada uno con su dorsal 12 km, 21 km, Dua, Tria.. Los miraba y me emocionaba, si todos se animaran una vez en su vida a vivir esto nunca más serian los mismos. Mis piernas estaban fuertes, mis brazos acompañaban levantando las ramas y mis ojos atentos a todo, esto es la Max el cuerpo con todos sus sentidos.

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No tardo el llegar el agua, el barro, y la risa se hizo eco, bordeando en arroyito comenzaron los senderos angostos con obstáculos a la orden del día, pero la camaradería nunca falta puesto que al grito de “Tronco” y “Espinas” alertaban de lo que se venía. Superado ese tramo llego el pantano, obligando a hacerse amigo de las cortaderas para poder sacar las piernas hundidas en el fango, con suerte sacabas pies con zapatillas, más de uno le pidió al barro se las devuelva, y otros hicimos la locura de pasar entre las cortaderas para ganar ventaja. Fue duro, las rodillas lo reclamaban, la zona costera nos regalo la primera impresión de lo que venía. Dejamos el barro y llego el pasto, los cardos y mas espinas, escucho mi nombre y fue un regalo, seguimos cruzando otro arroyo, no tan profundo pero alto para trepar nuevamente, sigue el pasto y los senderos angostos, ya se asemejan a los primeros, no daban tregua, las piernas se sentían, el barro seco en las zapatillas pesaba.

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Se escucha música a lo lejos, algunos acompañantes en los caminos esperando a los suyos, y se hizo el claro..”a la izquierda 21, dúa y tria”..Siiiiii!!!!, llego el momento de pasar la posta, cambiar zapatos, cargar mochila y casco, subir a la bici y rodar, duro solo unos minutos la gloria, cruzando el puentecito de madera a la voz de “deja la bici a tu derecha, cuál es tu kayak?”..se venía la peor parte, ahí estaba EL con el remo y mi chaleco, en la orilla expectante para salir, lo tomo de la rienda delantera y entro al rio, los gemelos se agarrotaron de tal forma que no tengo registro si el agua estaba fría, era lacerante el dolor del lado derecho, no podía hacer nada de todo lo técnico practicado, la fuerza solo seria del mis brazos, dependía todo de ellos. Remar para adelantar, para estabilizar, para guiar era una epopeya, tenía que ir por la primer pulsera azul, pasaba el tiempo y costaba cada vez más, ir por la segunda pulsera era la clave de seguir o…nada, seguir con una sonrisa de oreja a oreja y disfrutar del rio enojado, del calambre y el fotógrafo que te saca fotos y vos con el pelo a lo Moni Argento. Con la segunda pulsera solo restaba llegar y rodar, la mejor y la ultima parte.

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Dejo el kayak, intento rodar y un badén me dice hasta acá, no había playa el agua alta, la costa trabada por juncos y maleza sin opción caminar con Bici a cuestas. Una vez terminada la zona costera llega fiesta. Calle de tierra, pasto, alambrado, mas pasto, otro alambrado, una terrible tranquera y…la calle, tierra seca, arcilla floja y serruchos condimentaban el final. No había mucho para pensar, cuello en boca para evitar la tierra de los autos que pasaban y rodar hasta la próxima pulsera. Algunos volvían, lucían orgullosos su conquista. Después de un giro a la izquierda en el campo el terreno cambio por huella de autos, lado derecho para quienes íbamos e izquierdo para quienes volvían, para poder pasar no había opción, pasto alto y la tome. Con pulsera verde en mano derecha y dos celestes en la izquierda emprendía el regreso, quedaba solo la cuarta parte, para terminar y coronar todos los meses de entrenamiento. Tirando cambios, esquivando un perro testarudo, autos que ahogaban con la tierra que levantaban veo la arboleda, las palpitaciones se elevaron y mi andar también, fue totalmente involuntario; la tranquera con la cinta naranja te daba la bienvenida, al cruzarla sabia que quedaba nada, no registro esa parte en mi memoria, solo recuerdo muchas cintas naranjas y hojas secas.

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Las lágrimas me nublaban los ojos, sin darme cuenta llegue otra vez al claro, otra vez la gente, otra vez el parque cerrado, pare en seco y una corredora me dijo que deje la bici y corra al arco, estaba dormida, extasiada. Deje la bici y corrí, escuchaba alientos, no podía tragar del nudo en la garganta, el arco rojo me decía que todo ese esfuerzo tenía su fruto. Cuando lo cruce sentí mezcla de alivio y felicidad que con un abrazo termine de cerrar. Fui por mi medalla finisher, me la había ganado con 5 horas de pasión y entrega, donde transforme la fuerza interior que me dieron los años con crudeza, en una fuerza totalmente reciclada en aventura y coraje para disfrutar.
La premiación ya había comenzado con los 12 km..21…dua…Llego la tria y mis compañeros, esos que me adoptaron hace poco más de mes y medio ganaban el primer lugar en su categoría, feliz por su logro inmortalizaba el momento para contarle a Naty, la cuarta pata de esta mesa dominguera.

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Ya no quedaba mucho y viene categoría damas, cuando mi nombre escuche no cabía en mi cabeza, pero el corazón estaba repleto, voy a bajar y no me dejan, otra vez mi nombre, ganaba la general de tria individual de damas, una Madera de la Max en mi casa!!! Cargo todo mi equipaje y emprendo un regreso orgulloso, ni bien tengo señal llamo a casa y con altavoz Marty, Cata y Agos festejan que mama cumplió su reto y con un primer lugar. Otra Max Race, quedaba atrás…” que será lo que una mujer común de 43 años, esposa, madre, trabajadora y amante de la naturaleza ve en esta carrera que solo había pasado hora y media y pensaba en la próxima?
Sera que además de mujer, madre, esposa y todo lo demás, SOY UNA FELIZ CORREDORA DE “LA MAX “

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AguaKayak

Rock Gardening, ILHABELA, BRASIL

mayo 8, 2017 — by Andar Extremo0

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Bajo el nombre de Rock Gardening se esconde una de las modalidades más extremas del kayakismo, que se desarrolla entre rocas y grandes olas, desafiando la bravura del mar. En este caso, Márcio Bortolusso, Fernanda Lupo y Evaldo Plado se enfrentaron a una de las mas grandes tormentas del sudoeste de Brasil y la costa de Los Naufragios, en Ilhabela, fue testigos de los vientos de más de 100 km/h. Nota en la Revista Andar Extremo n° 44

Por Márcio Bortolusso

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Un ciclón extra tropical y un fuerte frente frío, produjo una de las tormentas más destructivas de las últimas décadas del sur y el sudeste de Brasil, que castigó a 1300 km de costa con vientos de más de 100 km/h y formaciones de olas de hasta 5 metros de frente en algunas áreas.
Paradójicamente, si bien se lamentaron las pérdidas y daños causados, lo que para muchos creó el caos, para otros fue la salvación. Así, mientras que el Cuerpo de Bomberos y Defensa Civil asistían cientos de necesidades como casas enterradas, árboles y estructuras públicas caídas, deslizamientos de tierra, inundaciones con autos arrastrados, rutas intransitables, barcos paralizados, ciudades sin energía eléctrica y teléfono cortados, con la atleta-documentalista Fernanda Lupo, decidimos hacer frente a esta tormenta histórica en búsqueda de nuevos avances en la víspera de una expedición atrevida que había llevado cinco años de preparativos.

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Para darle vida a este entrenamiento y hacer algo más que salir a “remar durante una tormenta”, tomamos la oportunidad de celebrar una sesión de “Rock Gardening” en la Costa de los Naufragios. Este sitio es una de las áreas más críticas para la navegación a lo largo de la costa brasileña, y está ubicada al sur del Archipiélago de Ilhabela, área constantemente golpeada por frentes fríos poderosos.
El modo Rock Gardening remite al descenso de ríos y rápidos pero en Kayak de Agua Blanca en este caso, utilizamos kayak de Mar (como lo llamamos el deporte en Brasil). La emoción fue crear desafíos a través de las olas en un “jardín de rocas” en el mar, cruzando pasajes estrechos o punzante en bloques afilados y piedras cubiertas brevemente por espuma. Esta es una de las modalidades más extremas y menos conocida de Piragüismo que, por desgracia, significa para mucho: raros practicantes y mayor riesgo. Después de un par de llamadas y abandonos, finalmente “secuestramos” al kayakista Evaldo Plado quien aceptó superar sus límites y reforzó la seguridad de nuestro equipo.
Sin tener cuenta los preparativos detallados, específicos y exigentes para una expedición, tal vez alguno pueda juzgar nuestras decisiones, pero como remero olímpico necesito enfocarme para lograr el nivel de los Juegos Olímpicos. Nosotros tenemos que entrenar numerosas técnicas, a veces en condiciones muy duras, y prepararnos para los peores escenarios. Lo que puede parecer una locura, es el resultado de años de entrenamiento, el uso de un buen equipo (dispositivos satelitales, prendas con tecnología Gore-tex, etc.), estudios que van desde la meteorología a la supervivencia al aire libre (o de la Medicina a la navegación cartográfica) y el dominio de diversas técnicas específicas (salvamento marítimo, etc.). Después de todo, abrir un mapa y soñar con nuevos retos es lo más fácil del juego.
Entre las paredes de la costa de los Naufragios

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De acuerdo con la Escala de Beaufort un “temporal duro” tiene velocidad entre 89 y 102 km/h. Ese día, los meteorólogos habían informado ráfagas de 103,7 km/h en el área protegida de Ilhabela (oficialmente 95 km/h por el CPTEC / INPE), pero ya estábamos en el lado mar del archipiélago más expuesto a lo duro del Cuadrante Sur y, probablemente, el viento superaba estas marcas generando un destructivo temporal grado 11 en una escala que va hasta el 12 (“temporal huracanado”).
Un espectáculo inolvidable mezcló diversión y tensión bajo un clima patagónico: enormes olas que explotaban en las rocas como dinamita, formaban cortinas de 10 metros de altura bajo un sonido capaz de preocupar a cualquier marinero… el mar parecía tomado por miles de osos polares furiosos, y el frío era extremadamente penetrante que obligó a remar con interiores térmicos debajo del neoprene.
Como grandes paredes de agua salada que se enfrentan en un sueño quijotesco, mientras las series más grandes llegaban en unos diez segundos, repetimos acciones para no golpear el fondo rocoso o ser lanzado contra la costa. Memorización de las piedras de la zona, remar con “casi” todas las fuerzas (reservando algo para una contingencia), penetrar en la pared de agua llenando los pulmones, emerger del torbellino equilibrando con el “apoyo” de remo, proteger las costillas de las rocas cercanas y recomenzar de nuevo esta secuencia hasta que pase lo peor de cinco o seis olas que venían cada tres a cinco minutos.

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Golpe, porrazo y bofetada en la cara fue el menú del día, sin tiempo para descansar o reposicionarnos, o buscar lugares seguros antes de ser tragados y arrastrados por una nueva masa de espuma.
Me sentía con sensación de pesadez y sin coordinación, con la impresión de que los compartimientos de carga estaban con agua. No podía girar el kayak, si me daba vuelta podía perder subir a la ola. Estaba agotado, con el pecho prendido fuego y sin energía ni para salir. Por suerte, la tormenta alcanzó su pico máximo y comenzó a decrecer, ahí simplemente quedó volver a tierra firme.

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Bajo la fina línea entre la seguridad y los riesgos reales, sin duda, fue una experiencia que nunca nos olvidaremos. La peligrosa aventura, exigió la mayor parte de nuestros conocimientos y nos enseñó y fortaleció más que un centenar de entrenamientos bajo el cielo azul.
Damos las gracias al anfitrión Neptuno por la fiesta memorable y a las marcas Gore-tex y Windstopper por la gran colaboración en estos últimos 10 años. Ellas fueron fundamentales para el logro de nuestros grandes sueños.
Con la certeza de que a menudo los peores días son los mejores, grandes aventuras para todos!
Para ver un video con las pocas imágenes que grabamos este día épico: video

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Carreras de aventura

El Origen 2017

mayo 8, 2017 — by Andar Extremo0

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Catriel Sarry del Quilmes Way nos cuenta su experiencia, en el Origen Powerade 2017 en Villa La Angostura. Una carrera que se disputó en tres días entre el 2 y el 5 de marzo, donde los participantes se aventuraron a 50 o 100 km solos o en Duplas.

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El Origen , una carrera que llamó nuestra atención por sus recorridos y paisajes y por el desafío que implicaba correrla, mi primer carrera de montaña en su sexta edición, montada en tres etapas en el sur Argentino, un terreno totalmente ajeno para mi.
Según comentarios de colegas y amigos, fue la edición mas dura, con todos sus condimentos, mucho frío , sol , trepadas infinitas y descensos sinuosos, cruces de arroyos, filos, valles, coastering y paisajes increíbles de cadenas montañosas y volcanes.
Varios meses transite junto a mis alumnos y amigos de Quilmes Way entrenando duro, semana tras semana, preparando y ultimando los detalles para esta primera experiencia en montaña para muchos.
Hasta que llegó el día, mas de 30 Ways nos subíamos al avión con destino a Bariloche.
Luego del viaje y de acomodarnos en nuestro hostel, llego la esperada charla técnica, en la cual nos enteramos de lo que ya temíamos que iba a pasar, íbamos a largar bajo la lluvia.
Y así fue..El jueves 2 de marzo nos encontramos todos en el Mercado de Villa la Angostura, bajo una lluvia al principio un poco tímida que con el paso del tiempo iba acelerando su ritmo hasta dejarnos totalmente mojados. Se podía de ver en las caras de todos, esa cuota de ansiedad y de duda que se genera siempre antes que empiece la cuenta regresiva.

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Tantos kilos en la mochila se hacían pesados, la cinta en los pies, la doble media, los bastones, suplementos, comida e indumentaria obligatoria que no sabia bien si iba a utilizar.Me esperaban algo parecido a treinta y pico de kilómetros, calculando tiempos, cargando el Garmin y especulando a que ritmo salir, largamos todos en una cuesta eterna que me ahogo un poco hasta encontrar el punto justo.
A diferencia de años anteriores, donde los participantes recorrían los tres días diferentes lugares de Villa la Angostura, en esta oportunidad los diferentes senderos y caminos nos llevaron el primer día de carrera hasta Villa Traful,pasando por el arroyo Colorado hasta la cumbre del Cerro Bayo, con vistas del Lago Nahuel Huapi, la Península de Quetrihue y el Tronador.

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Bajo un cielo un poco nublado, empezamos a trepar, trotar, correr, en un paisaje soñado que te tentaba a darte vuelta y contemplarlo. Siguiendo las cintas naranjas y en menos de los esperado me encontraba en el puesto de hidratación que me dio fuerza para continuar el recorrido, sabiendo que ya había transitado la parte mas dificultosa del primer día. Me fui motivando conectando algunos corredores de adelante, todo venía perfecto. Con los pies helados, cruzando arroyos y ríos me entusiasme entre los senderos y descensos que baje a paso firme. Faltando poco para terminar comenzaron los calambres y con ellos la preocupación.. todavía me faltaban 2 días..Llegando al imponente lago Traful por su playa de arena me abalancé sobre el arco preguntándome inmediatamente de donde iba a sacar la fuerza necesaria para correr los dos días siguientes. Fue un shot de energía y una grata sorpresa saber que estaba entre los tres mejores de mi categoría.
El resto de la jornada transcurrió entre mates y anécdotas esperando al resto de nuestros amigos y compañeros que llegaban cansados pero con una sonrisa impagable en la cara.

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El clima no era el esperado, y junto al cansancio acumulado en las piernas no era una buena combinación. Aun así estábamos listos para acomodarnos en el refugio de Villa traful y prepararnos para conocer que nos esperaba el día dos.
Al día siguiente se sentía el cansancio en las piernas,y mucho, el dolor casi me inmovilizaba, sabia que nos esperaban 15km. La distancia sonaba accesible aunque la altimetría era la mas dura de los tres días. Amanecimos con un día a pleno sol y una temperatura muy agradable. Nuevamente junto a mis compañeros comenzamos a hacer el ritual de preparación, todo el mundo concentrado para no olvidar nada, contando el tiempo para desayunar y emprender camino hacia el camping donde nos esperaba la largada del segundo día. Nos habían advertido que este seria un día puramente de montaña donde se sentiría la esencia real de la carrera, y sin dudarlo así fue.
Comenzamos a trepar por el bosque, y de inmediato me di cuenta que iba a ser un día de mucha cabeza porque físico no había nada! por senderos angostos que nos llevaban en fila india, paso a paso estuvimos subiendo 4,5 kilómetros hasta que los arboles empezaron a desaparecer y las rocas dominaron el paisaje. Llegando a la cumbre del Cerro Negro, con la ayuda de una soga en los últimos metros, la vista era indescriptible y aunque no detuve el paso miraba de reojo los volcanes Lanín, Osorno y Puyehue, majestuosos e imponentes se grababan en mis retinas mientras avanzaba.

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Con mucho dolor en los cuadriceps llego el peor momento de mi carrera, comencé el descenso por un acarreo muy empinado y extenso, enterrando los talones una y otra vez hasta llegar al esperando puesto de hidratación. Unos kilómetros más y la llegada en la Plaza de Villa Traful. Una etapa corta, en la que no me sentí para nada cómodo, y que me dejo preocupado para lo que me esperaba el día siguiente. Aun así, por suerte pude mantener mi puesto en la categoría aunque perdí varios en la general.
Con la ayuda de mis compañeros y con las piernas entumecidas bajamos a la playa para poder relajarnos en el lago y esperar que esto ayude para calmar el dolor y poder correr la última etapa. Tirados al sol, disfrutando del almuerzo, y descansando un poco fueron llegando los últimos, con los ojos al borde del llanto algunos, mas enteros otros.
Todos preparados, caminamos acalambrados, chuecos, riéndonos unos de otros hasta llegar a la escuela donde se realizaba la cena. En la charla técnica revivimos el día mirando fotos y vídeos que nos emocionaron y nos dieron aun mas ganas de largar el ultimo día y cumplir las metas que nos propusimos desde el momento en que nos anotamos.

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Nos fuimos a dormir con el equipo listo, el bolso armado ya que el día 3 nos encontraría yendo nuevamente a Villa la Angostura. Nos esperaban 38 km, de los mas duros, nuevamente subiendo al filo de la montaña, con el cuerpo fundido pero con toda las ganas.
Largamos del Hotel Alto Traful , en otra hermosa jornada de sol. No tuvimos tiempo ni de entrar en calor, justos nos acomodamos bajo el arco, preparados para los primeros 8 kilómetros que teníamos que recorrer antes de comenzar la trepada.
Fue mi mejor día. Me sentí mas cómodo, ganando terreno a pesar de los dolores que me impedían ir a un ritmo mayor, sabia que era a todo o nada, el ultimo esfuerzo. Entre una zancada y la otra, velozmente complete la primera parte, y empece a ascender y correr sintiéndome cada vez mejor y mas confiado. Sabia que era mi día, mi momento para poder recuperar tiempo y por ahí lograr alcanzar al que estaba posicionado adelante mio.

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Nuevamente 12 o 13 cruces de arroyos por la huella andina hasta llegar al filo, a la esperada cumbre del Cerro Buol a unos 1804 metros de altura,subí con muchas ganas, fui trotando por los filos, esquivando las piedras, con una imponente vista al lago Correntoso, el Nahuel Huapi y todos los picos hacia Chile. Y así, fuimos bajando kilómetro a kilómetro por el Cajón Negro hacia la cascada del Inacayal.
Un descenso muy pronunciado que me generaba dolor por todas partes, sin mirar el reloj continuaba pensando lo poco que faltaba. Luego, el mirador Belvedere, lugar que simbolizaba la última hidratación, con picada incluida, pero que ni me detuve a disfrutar ya que estaba a pocos kilómetros de la llegada. Luego, una bajada hacia la ruta, el coastering infinito por el Nahuel Huapi y finalmente la meta. Se escuchaba la música a 500 metros en una ultima trepada, y al fin pude ver el arco, la carrera había terminado . Fue sin dudar mi mejor día y aunque pude descontarle mucho tiempo al segundo de mi categoría, finalmente no alcanzo y finalice tercero , aun así muy contento, tranquilo siempre de haber dejado todo. En lo personal, aunque sufrí en muchos momentos, Que seria de los logros si no costaran tanto? No tendrían ese sabor especial que tienen y que te motivan siempre a más.

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Y en cuanto a lo grupal, más que feliz, todos mis alumnos lograron terminar la carrera con excelentes tiempos y con ganas de repetirla!
Es una carrera 100% recomendable, por sus paisajes, por la organización que es 11 puntos en todos los sentidos pero sobre todo en la contención que te brindan.. en cada puesto cada llegada te alentaban y te hacían sentir cuidado..
Sin dudarlo el año que viene vamos a volver a estar ahí, esta vez seguramente muchos más.

Mountain Bike

PASO SOCOMPA, 43 Cruces de Los Andes en bici

mayo 8, 2017 — by Andar Extremo0

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En esta nota aventurera, Javier Rasetti y Marisol López nos cuentan su sexto cruce cordillerano y la experiencia Socompa de 3876 msnm que une la región de Antofagasta en Chile con la provincia de Salta en Argentina. Nota en la Revista Andar Extremo n° 44

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13 años camino a un carta
Era enero del 2003 y estábamos enamorados, en esa etapa del enamoramiento donde si te preguntan cómo te llamás, tenés que pensarlo un rato para lograr responder. Nos habíamos conocido hacía sólo 3 meses y aquella sensación magnífica que nos recorría cada partícula del cuerpo era lo único que podía importar. En ese preciso momento, llegó el primer viaje que, sin saberlo, empezaría a marcarnos.
Él se iba por primera vez al norte argentino de mochilero con un amigo, y aunque los cuerpos eran un éxtasis de primavera, galaxias, y planetas chocando, con nuestros escasos 19 años sabíamos que para que todo eso realmente perdure teníamos que hacer las cosas bien. Por eso Javi me dijo:- “me voy”, y yo sonriéndole y conteniendo el vértigo le contesté:-“claro que sí”.
Cuando después de varios días volvió despeinado, contento y lleno de experiencias nuevas, me dio una carta que había escrito durante un viaje de 5 días en el tren de carga del ramal C14 con destino a Socompa. Ahora, recordando, es el momento donde la garganta se hace nudo y la vista se empaña, porque fue la carta más linda que alguna vez me hicieron. Empezaba con un “… Princesa…”, dulce y tierno, y seguía con una descripción de los lugares increíbles que estaba descubriendo, de los pequeños pueblos perdidos en la puna y la gente hermosa que conocía a lo largo del recorrido. Me hablaba de atardeceres en el desierto, de noches infinitamente estrelladas en los techos de un vagón, de las sensaciones nuevas e inexplicables que ese viaje le estaba dando, me decía que todo a su alrededor hacía que me recuerde continuamente porque era tan mágico y hermoso como yo, y por último casi como prediciendo el futuro ponía:- “Ahora mientras escribo con agua en los ojos en medio de algún lugar perdido en la montaña, sólo sé que la próxima vez que vuelva tiene que ser con vos…”.
Se lo conoce como el tren de las nubes porque nació así, como su nombre, increíble como historia de cuentos. En el año 1921 se construyeron vías a lo largo de 570 km de cordillera que subían hasta los 4475 metros de altura, donde la única tecnología disponible eran: pico, pala, carretillas, barreta y dinamita… no era algo lógico, pero el Ingeniero Maury junto a cientos de obreros y trabajadores viales lo creyeron real. Por eso Socompa nunca va a poder ser un simple paso fronterizo, una estación de tren abandonada o un nombre al pasar, porque al igual que los salares, desiertos rojos y montañas milenarias que lo rodean, siempre va a tener la fuerza de lo inconquistable.
Habíamos dicho 43 cruces, pero los dos sabíamos cuál había sido siempre el único que verdaderamente importaba. Tal vez por eso lo dejamos para lo último de esa temporada, aunque tendría que haber sido el tercer paso que nos tocaba. Tal vez por eso estábamos llenos de miedos y dudas que nos paralizaban y, seguramente por eso, cuando terminamos el cruce Libertadores en Mendoza y estábamos a más de 1200 km de Salta, manejamos durante un día entero sin dormir para de una vez por todas dejarnos de dar vueltas y animarnos a concretarlo.

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Pero, como los miedos, nervios y expectativas que uno se genera con las cosas importantes no vienen solos… todo empezó mal. Estaba preocupada por un dolor de rodilla que tenía hacía varios días y, en Socompa, las distancias sin ningún tipo de contacto con la civilización eran grandes. Si a eso le sumaba el pésimo estado de un camino que sólo era utilizado por alguna que otra camioneta 4×4 minera, cuatriciclo o moto, más los famosos vientos del oeste y la inestabilidad del clima, lo que podía ser una simple fatiga de rodilla, se convertía en un enorme peso y responsabilidad. Si decidía salir pedaleando a Socompa sea como fuere, tenía que llegar.
Después de cargar agua y saludar al único poblador que se veía por el pueblo, salimos de Salar de Pocitos. El primer objetivo era Tolar Grande, un lugar con mucha carga emotiva para los dos. Conocíamos esa parte del camino porque no era la primera vez que andábamos por esa zona y la sensación de estar haciéndolo en bici era maravillosa. Teníamos que cruzar el Desierto del Diablo, donde una llanura rojo Marte se mezclaba con formaciones increíbles, y hasta ahí decidimos llegar ese día. Acampamos en medio de aquel lugar sacado de una película de ficción, para poder disfrutarlo como lo habíamos imaginado. Entonces, algo pasó, y fuera de todo lo que podíamos prever no era la rodilla.
Primero fue un dolor fuerte en el estómago, después vómitos y diarrea. Estábamos totalmente aclimatados y una vez más, el confiarnos nos había jugado en contra. La noche anterior habíamos comido frituras y todo tipo de alimentos pesados en San Antonio de los Cobres. Me sentía muy mal. Javi me miraba asustado, me daba agua, me preguntaba cómo estaba y yo no podía más de vómitos y bronca. Durante toda esa tarde y esa noche no paré de entrar y salir de la carpa. Tomé Reliverán y litros de agua para mantenerme hidratada, pero la vomitaba una y otra vez. A la mañana siguiente estaba mejor, pero el cuerpo no quería saber nada. Las alternativas no eran muchas: volver atrás, pedalear, caminar o arrastrarme hasta Pocitos donde el camino no tenía mucho desnivel, convencer al cabeza dura de mi coequiper para que continuara, y abandonar definitivamente, o intentar llegar hasta Tolar Grande como sea, con subidas, altura y todo lo que eso significaba… ver cómo me sentía, descansar y entonces sí tranquilizar a Javi para que si fuera necesario, lo pueda hacer él solo. No lo pensé mucho más, y cuando Javi me preguntó cómo me sentía, le dije que mucho mejor- Agarre la bici, repetí para mis adentros firme y decidida:- “Tolar Grande” y empecé a pedalear. La actuación de mujer indestructible me duró sólo hasta la primer subida, entonces Javi inmediatamente se dio cuenta que estaba débil y me retó un largo rato, pero después lo entendió y la marcha se volvió lenta pero hacia adelante. Dejé de exigirme, caminé cuando fue necesario, disfruté del paisaje, me guardé cada rinconcito de esa inmensidad y para cuando nos dimos cuenta, ya estábamos entrando a Tolar.

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Charlamos mucho y discutimos posibilidades, hasta que Javi habló claro y sin lugar a cuestionamientos:- “esto lo empezamos juntos y lo terminamos juntos, sin vos no voy a ningún lado”. La decisión final fue 1 día de descanso en el queridísimo refugio de montaña de Tolar Grande que, durante varios años nos había dado hermosos amigos y recuerdos. Lo que pasó fue lo que tenía que pasar, a la mañana siguiente hablamos por última vez con nuestras familias, les avisamos que íbamos a estar varios días sin dar señales y salimos con las narices rojas de frío rumbo a Socompa.
Habían pasado 13 años desde esa carta que inició todo y ahora, cruzábamos el Desierto de Arizaro pedaleando despacio, envueltos del silencio más lindo e intenso que pueda recordar. Las vías del tren nos acompañaban a un costado del camino y yo tragaba saliva, imaginaba a ese chico de 19 años, despeinado, con los pies colgando del vagón del tren y la mirada perdida en ese horizonte infinito, y me imaginaba también a mí con 19 años a kilómetros de distancia insensatamente enamorada, extrañándolo y preguntándome dónde y cómo estaría.
Lloraba suave, disfrutando las lágrimas. La vida me parecía tremendamente perfecta. Cuando Javi se acercó a hablarme no fue necesario decirnos nada, él también tenía la mirada brillosa y profunda, de esas que sólo se logran cuando lo que te atraviesa es mucho más que tus propios pensamientos.

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Caipe, Chuculaqui y la entrada a un nuevo mundo
El camino era una recta larguísima rodeada de 1600 kilómetros cuadrados de salar y más adelante, al final de aquella huella, un gran paredón de montañas se levantaba imponente como señalando la puerta de entrada a un nuevo mundo.
Cada kilómetro que avanzábamos sin viento en contra era un enorme “Gracias!!!” seguido inmediatamente de un nervioso pedido: “Por favor que dure!!”. Cruzar aquel enorme desierto de sal sin una de sus principales dificultades, era extrañamente tranquilizador.
El camino recto giró y dejó de ser tan recto, el salar fue quedando atrás y las piernas tuvieron que tomar protagonismo. Una subida larga y difícil nos llevaría hasta la estación Caipe. La podíamos distinguir a lo lejos, muy muy arriba entre las montañas, como pequeños puntos que significaban llegada, descanso y hogar. Un viejo cartel señalaba la dirección a tomar para llegar a la estación. Abandonamos el camino de ripio suelto y nos desviamos por una entrada de asfalto que insistía con seguir subiendo. Cuando terminamos de subir un poco más y otro poco, aparecieron nuevamente las vías del tren y apareció Caipe.

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Las construcciones estaban completamente arrasadas por el tiempo, había varias casas, una iglesia y finalmente la estación, que recorrimos entre pisos que crujían y objetos oxidados. Era un lugar triste y maravilloso, tenía el romanticismo y la lucha del hombre por conquistar imposibles… pero también la fuerza inabarcable de todo aquello que lo rodeaba. Abajo, el Salar de Arizaro se apoderaba del horizonte entero, las luces se volvían rosas y celestes, las edificaciones dejaban de ser ruinas para camuflarse en el paisaje y nosotros, mientras tanto, armábamos la carpa, tomábamos mate, preparábamos la cena, con movimientos mecánicos e irracionales… sin duda, también esa tarde quisimos abandonar el cuerpo para volvernos nubes, atardecer y montaña.

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“Yo ahora era libre, podía hacer lo que se me antojara…Matarme si quería…Pero eso era algo ridículo…
Y yo…Yo tenía necesidad de hacer algo hermosamente serio, bellamente serio: adorar a la vida.”
Roberto Arlt

En Tolar Grande, Lorenzo, uno de los baqueanos de la zona, nos había recomendado salirnos de la ruta y agarrar directamente por las vías del tren porque el camino era todo arena y subida, y las vías estaban más firmes y sin tanto desnivel. Por eso, al día siguiente en vez de bajar nuevamente a la ruta nos subimos a las bicis y abandonamos Caipe hacia Chuculaqui, la próxima estación que nos esperaba por las antiguas y legendarias vías del ramal C14.
Estábamos felices y si había algo que faltaba para completar ese viaje, era poder llegar pedaleando por las vías del tren. La ilusión duró apenas unos 200 metros, porque el camino firme quedó sepultado bajo piedras de todo tipo y tamaño. A partir de ese momento nos bajamos de las bicis, empezamos a empujar y no dejamos de hacerlo durante largas y agotadoras horas. Las ruedas se trababan una y otra vez entre las piedras. Las bicis cargadas parecían aumentar su peso y tamaño con cada nuevo paso. La ruta de arena por la que tendríamos que haber agarrado se alejaba cada vez más, dejándonos como única opción aquel suelo de rocas imposibles y el avance era tan desquiciadamente lento que la cabeza empezaba a fallar. Protestábamos con la vista clavada en el suelo, porque apenas levantar la mirada el camino se volvía una enorme e insoportable inquietud. La mejor opción era continuar arrastrando los pies, empujar un poco más y repetir para adentro “chuculaqui, chuculaqui, chuculaqui..” como si por cada vez que la nombráramos la tuviéramos más cerca.
Apenas pudimos, dejamos las vías y tomamos la ruta, pero Lorenzo no se había equivocado y ahora las ruedas de las bicis se enterraban en la arena y la lucha era exactamente la misma sólo que con un elemento natural distinto. Cuando doblamos una curva y apareció la calma de la montaña, se vio completamente interrumpida por dos ciclistas exhaustos que gritaban y saltaban sin reparos: -“Chu-cu-laqui, chu-cu-laqui, chu-cu-laqui!!!”…esta vez era cantado y a lo barrabrava.

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Chuculaqui para la ya desaparecida lengua kunza o diaguita atacameña significaba: MUY LUCHADOR…recién ahora puedo entender por qué al nombrarla una y otra vez como si fuera un hechizo, nos ayudaba a seguir. Con su nombre milenario y su camino inalcanzable, nos mostró límites y fuerzas que aún desconocíamos…las ilimitadas fuerzas de la voluntad.
En Tolar Grande, Lorenzo, uno de los baqueanos de la zona, nos había recomendado salirnos de la ruta y agarrar directamente por las vías del tren porque el camino era todo arena y subida, y las vías estaban más firmes y sin tanto desnivel. Por eso, al día siguiente en vez de bajar nuevamente a la ruta nos subimos a las bicis y abandonamos Caipe hacia Chuculaqui, la próxima estación que nos esperaba por las antiguas y legendarias vías del ramal C14.
Estábamos felices y si había algo que faltaba para completar ese viaje, era poder llegar pedaleando por las vías del tren. La ilusión duró apenas unos 200 metros, porque el camino firme quedó sepultado bajo piedras de todo tipo y tamaño. A partir de ese momento nos bajamos de las bicis, empezamos a empujar y no dejamos de hacerlo durante largas y agotadoras horas. Las ruedas se trababan una y otra vez entre las piedras. Las bicis cargadas parecían aumentar su peso y tamaño con cada nuevo paso. La ruta de arena por la que tendríamos que haber agarrado se alejaba cada vez más, dejándonos como única opción aquel suelo de rocas imposibles y el avance era tan desquiciadamente lento que la cabeza empezaba a fallar. Protestábamos con la vista clavada en el suelo, porque apenas levantar la mirada el camino se volvía una enorme e insoportable inquietud. La mejor opción era continuar arrastrando los pies, empujar un poco más y repetir para adentro “chuculaqui, chuculaqui, chuculaqui..” como si por cada vez que la nombráramos la tuviéramos más cerca.
Apenas pudimos, dejamos las vías y tomamos la ruta, pero Lorenzo no se había equivocado y ahora las ruedas de las bicis se enterraban en la arena y la lucha era exactamente la misma sólo que con un elemento natural distinto. Cuando doblamos una curva y apareció la calma de la montaña, se vio completamente interrumpida por dos ciclistas exhaustos que gritaban y saltaban sin reparos: -“Chu-cu-laqui, chu-cu-laqui, chu-cu-laqui!!!”…esta vez era cantado y a lo barrabrava.
Chuculaqui para la ya desaparecida lengua kunza o diaguita atacameña significaba: MUY LUCHADOR…recién ahora puedo entender por qué al nombrarla una y otra vez como si fuera un hechizo, nos ayudaba a seguir. Con su nombre milenario y su camino inalcanzable, nos mostró límites y fuerzas que aún desconocíamos…las ilimitadas fuerzas de la voluntad.

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Donde vive lo absoluto
Hay un lugar donde el silencio es tan extraordinario que podés escucharlo, donde se levantan montañas tan fascinantes y majestuosas que la vista no logra apartarse de ellas y uno olvida hacia dónde va y de dónde viene. Hay un lugar que existe por sí mismo, independientemente de cualquier comparación o relación con cosas concretas…donde vive lo absoluto.
Salimos de Chuculaqui con los cuerpos cansados, pero sin que eso importe demasiado. La mañana estaba hermosa, no había viento y eso ya estaba dejando de ser un golpe de suerte para convertirse en un premio merecido al chico de 19 años y su carta de amor, al tiempo esperado y compartido, a los obstáculos y distracciones superadas, al creer ilógico y desgastante de utopías inalcanzables, al no haber olvidado el camino.
No había viento, porque Javi con los ojos aguados y el corazón entero puesto en un trazo 13 años atrás, lo había pedido. El recorrido que ese día nos llevó hasta Socompa, lamentablemente dejó de ser un relato posible. Podría contarles de caminos serpenteantes que subían y bajaban montañas eternas en medio de uno de los paisajes más colosales y asombrosos que se pueden llegar a imaginar, intentar describir el sonido del silencio, el aire espeso entrando a los pulmones, la aridez de la piel curtida por el sol y el frío, mostrarles la imagen de lo que éramos, de lo que sentíamos: sólo un pequeño y diminuto punto en lo absoluto… aún así, nada de lo que escriba o muestre lograría la descripción exacta de lo que se vive, cuando es tan profundo e intransferible.
Llegamos a Socompa y nos esperaba Gendarmería y Carabineros, con la humildad y la generosidad a la que nos tienen acostumbrados. Éramos las primeras personas que los visitaban ese año así que nos obligaron a quedarnos un día más, para poder comer pan casero y compartir historias. La mañana que nos fuimos y cruzamos a Chile, nos entregaron un papel escrito a mano con nuestros nombres y tres palabras que nunca más nos iba a sonar de la misma forma: “Paso Portezuelo Socompa”

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Uniendo el principio con el fin
Dos días más tarde, después de bajadas que nunca bajaron, de volver nuevamente a las vías del tren (pero del otro lado de la Cordillera), nos encontramos con un valle de formaciones volcánicas maravilloso que nunca hubiéramos descubierto por la ruta normal. Después de arrastrar los pies por más y más arena, abandonados de toda paciencia, llegamos.
En enero, San Pedro de Atacama había sido el objetivo inicial, el primer lugar al que llegar, el principio de la temporada. Ya estábamos a finales de marzo y el círculo cerraba sin que lo hubiéramos planeado. Nuevamente llegábamos al lugar, pero esta vez para ponerle un fin. Era un fin momentáneo y necesario. La satisfacción de lograr los 7 Cruces del norte, la alegría incomparable de tener Socompa, los 11 kilos menos de Javi y los 5 míos, el desgaste de dos cuerpos que querían estar justo así: cansados, usados…felizmente agotados de sentirse vivos.

mapa

AguaKayak

Expedición Bioceánica

abril 26, 2017 — by Andar Extremo0

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Del Pacífico al Atlántico en kayak, Cruce del campo de hielo patagónico: “Un alumno y dos maestros”. El relato de este cruce comenzó con el primer viaje a Puerto Edén de Leonardo Proverbio (Cuny) y Sergio Camacho Villalobos en septiembre de 1999. En ese momento Cuny tenía 19 años y Sergio 28. El segundo viaje en el que se logró cruzar, fue hecho por Cuny y Roberto Trinchero en septiembre de 2016. Nota en La revista Andar Extremo n° 44

Por Leonardo Proverbio

Relato del primer viaje
Una de las mayores habilidades del ser humano es la de intercambiar mucha información a través de comunicarse de modos diferentes: hablándose, escribiéndose y mostrando fotos, como en este caso. Lo cierto, es que vivir el mundo real por nosotros mismos, siempre supera cualquier película que imaginemos.
Si querés escalar una montaña, transformar esa fantasía en realidad es la clave, intentarlo es el mayor aprendizaje para saber cómo hacerlo mejor. Gracias a las enseñanzas y voluntad de otros, logramos que sea posible.
La historia comienza con Sergio y un delirio de “algo en kayak” que había visto en un programa de TV español llamado “Al Filo de lo Imposible”. Me dijo que íbamos a cruzar en kayak por el campo de hielo patagónico, que a mí me llevaría un pescador chileno hasta la base de un bosque y ahí nos encontraríamos…sin preguntar mucho dije:- Vamos.
Casi 20 años atrás, las pasarelas de Puerto Edén eran iguales a las de ahora: calles del pueblo, sin autos, sólo barcos de madera pintados de amarillo.
En nuestra estadía acompañamos a Juan Bilbo en sus trabajos: bucear para encontrar mariscos, pescar róbalos, poner trampas de centollas y cortar leña. Comimos chogas en todas sus formas (ya que era lo que más se comía) y un día en el que fuimos a pescar, juntamos de todo para un curanto a la olla.
Una vez que Sergio estuvo sobre el puente de los pescadores, cargó el kayak para luego en la orilla comenzar su remada de 120 km hacia adentro del fiordo Exmouth, lugar donde nos encontraríamos para armar el campamento con nylon y quedarnos 1 mes esperando para cruzar a Chaltén. Sin un pronóstico climático, entrar a esas zonas era una aventura que podía durar varios días dependiendo de los antojos del viento.

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Con el Capitán Juan Bilbo, partimos a encontrarnos con el Gallego en algún lugar de los Fiordos (que luego resultarían ser mucho más grandes de los que esperábamos y al estar nublado encontrar un pequeño kayak era una aguja en un pajar). Llegamos a las cercanías del Glaciar Pío XI donde el oleaje y los témpanos nos obligaron a retroceder… ahí aprendí que en el mar y la montaña saber esperar es tan importante como ir rápido. Finalmente encontramos a Sergio para volver a Edén, donde subimos al cerro Panchote y conocimos a los últimos Kawésqar que en su infancia habían vivido sin el hombre blanco.
En la primera expedición no había mapas ni teléfonos satelitales, GPS, bengalas o pronósticos climáticos. Nuestra experiencia como deportistas tenía grandes bases físicas y motivacionales pero sin duda, no era la mejor forma de tomar decisiones. El salvajismo era la base de todo, y a lo largo de los años pude saber que esa visión de la montaña era la clave. La fuerza estaba y está en la motivación del espíritu, sabiendo que la montaña debía sentirse como un hogar.
Este viaje fue una gran experiencia en la cual aprendí que estas expediciones no son de montañismo sino de aventura, no hay manual o técnica que te enseñe a subir por vegetación cerrada, caerte en un pozo de selva, prender fuego cuando llueve, vivaquear en un agujero del bosque todos mojados, atar con alambre…también supe que no debía apurarme, porque el simple hecho de estar en este lugar era parte de los que considerábamos ser felices. Saber contemplar la naturaleza en cada momento, no pretender que todo sea ya y ahora, dejar que la naturaleza tome su curso y seguir sus tiempos es la clave para no tener un accidente ya sea dentro de los fiordos, la selva, el bosque, glaciares, campo de hielo, lagunas, ríos y lagos. Cada espacio tiene su tiempo, su clima, su forma, su momento… el no contemplar la naturaleza y dejarnos llevar por nuestros profundos pensamientos nos llevaría a malas decisiones. Aprendí también que estos lugares no son hostiles, no son enemigos, sería imposible lograr este cruce sin que la mente esté en paz y armonía con el entorno por el que avanzamos.

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2° Expedición 2016
Objetivo: cruzar del Pacífico al Atlántico a través del campo de hielo

No sabía nada de kayak, había realizado el curso de rescate en ríos de aguas blancas y guía de rafting, así que 2 meses antes de la expedición, Marcelo Hostar comenzó a enseñarme a remar hasta que finalmente avanzamos a buen ritmo y a eso sumamos conocimiento en papeleo y logística.
Comenzamos en Puerto Edén, remamos por el pacífico 120 km hasta el interior del Fiordo Exmouth y mediante varios porteros subimos las cargas y el kayak hasta el plateau glaciar del campo de hielo. Pasamos por el Paso Moreno a 1750 mts, luego bajamos por el Paso Marconi, refugio Fraile, Chaltén y retomamos la navegación pasando por el Lago Viedma, el Río La Leona, Lago Argentino y el río Santa Cruz hasta el Atlántico.

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LOS FIORDOS DE CHILE:
Usamos un kayak doble y dentro de él teníamos alimento para un mes, 6 litros de solvente, carpa grande, bolsas de dormir, ropa de montaña, equipos de ski de travesía, equipos de transito glaciar, palas, serrucho y tantas cosas llegando a casi 100 kilos de carga al inicio del viaje al que se sumaban los 160 kilos de 2 personas… iniciamos con 260 kilos, dudando si el kayak avanzaría o se hundiría.
Luego de verificar todos los papeles y permisos pertinentes, descansamos una noche en un hostel de Edén y muy temprano comenzamos a remar.
Los 120 km los realizamos en 2 días pero en el medio quedamos parados 2 días más cuando nos vimos obligados a dar la vuelta para retornar al campamento.
Atravesamos olas de 2 mts con rebotes en las paredes laterales con 30 o 40 nudos de viento, maniobras tan delicadas que una buena o mala remada marcan la diferencia. Roberto Trinchero era quien dirigía el timón del kayak, él determinaba los giros y yo escuchaba lo que me decía, remaba hacia adelante o algo lateral y cada tanto algún manotazo casi instintivo.
Pasamos por el Glaciar Pío XI lo cual nos llenó de motivación y esperanza al ver la zona glaciar, además de ser este punto una zona de témpanos y baja profundidad. Sin contratiempos pasamos dentro del fiordo Exmouth llegando tarde, cansados y con frío, para decidir el armado del campamento. A la madrugada, cuando subió la marea, tuvimos que desarmar la carpa y armar un campamento en el bosque que por suerte quedó bien montado y lo usamos durante un par de días más.

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LAS SELVA, EL BOSQUE Y LA TUNDRA:
Con una mochila para los 2 y lo necesario para una jornada de trekking, dejamos el Pacífico y comenzamos a caminar hasta subir al campo de hielo para hacer un reconocimiento de por dónde y cómo subir el kayak. Algo perdidos fuimos avanzando hacia arriba hasta llegar a superficies de roca y nieve, donde reconocimos la mejor entrada al campo de hielo sin necesidad de atravesar fuertes pendientes o terrenos llenos de grietas. En la bajada, cansados por la larga jornada de remo, el cambio de carpa, la madrugada y la caminata, nos perdimos a 600 mts de la carpa muy cerca de la costa. En la oscuridad, con la potente linterna, sólo veíamos acantilados de selva así que nos vimos obligados a vivaquear sin bolsas de dormir. Nos metimos pasto seco bajo la ropa, prendimos fuego y pasamos la noche. Al otro día caminamos 20 minutos y llegamos a la carpa. Cansados, comimos y dormimos todo el día.
Con nuevas fuerzas retomamos los porteos usando sistemas de poleas o arrastre a lo bruto para ir lentamente subiendo el kayak por etapas. Entre los ascensos, subíamos mochilas con lo menos necesario como remos, chalecos, cubre cockpit, grampones, piquetas, combustible, comida para el hielo. Dejamos algunos nylon atados como marcas para no perdernos, que luego quitamos para no dejar basura. Fuimos afortunados ya que el invierno seco no trajo lluvias fuertes en la selva, pero esta falta de precipitaciones haría más difícil el tramo final.

ROCA Y NIEVE:
Logramos dejar el kayak en la nieve para llegar a la zona de terreno plano del campo de hielo. Aún era necesario ascender una canaleta de 400 mts y 40-50° de nieve, luego bajar un corto tramo y, entre grietas, ganar pendiente hasta donde fuera posible comenzar el arrastre del kayak.
Desarmamos el campamento junto al mar y subimos definitivamente al terreno de montaña más expuesto al viento. Armamos un refuerzo de rocas alrededor de la carpa, y comenzamos a recibir los pronósticos climáticos provenientes de el Paso Mariano Moreno. Subimos primero un porteo de mochilas, luego el kayak que dejamos marcado y anclado para que no lo vuele el viento o lo tape la nieve. Así, a la espera de la racha como si fuera un pegue al Fitz, el viento nos dejó una ventana. Un día bueno, uno malo, y 2 buenos. Muy temprano, como siempre, desarmamos la carpa, nos disfrazamos de montañistas y llegamos al kayak que previamente habíamos encerado con 500 grs de parafina para facilitar su deslizamiento.

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EL CAMPO DE HIELO Y EL PASO MARCONI
Casi con las primeras luces dejamos un rato de sufrir tanto y rodeados de cientos de montañas nos dimos cuenta que el kayak realmente deslizaba. Habíamos aprendido que nada iba a ser fácil…todo en la Patagonia es más grande o está más lejos de lo que imaginás, pero era posible. Si fue posible subir todo por la selva, era posible cruzar el campo de hielo.
El primer día fuimos en dirección NE 30 km, viendo nuevas e inexploradas montañas hasta llegar a la base del cerro Kolliker, donde con serrucho y pala preparamos la carpa. Con rapidez y organización, con buena nieve, en 1 hs fue posible tener la carpa lista con casi 1,80 mts de altura de bloques de nieve.
El día siguiente fue nublado, ventoso y cayeron 20 cm de nieve. Estábamos cansados y nos fue útil comer, tomar y descansar la espalda.
El tercer día en el campo de hielo creímos que iba a ser más sencillo pero ascender los 450 mts de desnivel hasta el Paso Moreno y llegar hasta las rocas a la derecha de la entrada del Paso Marconi nos llevó varias horas. Armamos la carpa casi a las 20 hs. En el medio de este itinerario vi por detrás de una línea de nieve las cumbres del Fitz y el Torre apenas asomando, ese fue el momento en el que sentí por primera vez saber más o menos donde estábamos…fue como una sensación de estar salvados.
Ya casi sin comida, desayunamos polenta con chocolino y comenzamos la bajada hacia el Glaciar Marconi. Una vez en la zona más estrecha, realizamos 2 rappeles de 60 mts hasta dejar el kayak en terreno plano y lejos de la caída de bloques de hielo. Armamos una mochila de porteo y salimos en botas de goma para Chaltén ya que sólo nos quedaba una bolsita de liofilizado que comimos al terminar el sen