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ACA IRI EL POST

Mountain Bike

Paso Roballos, Cruce de Los Andes en Bici

noviembre 16, 2018 — by Andar Extremo0

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Siguiendo a Nación Salvaje por el paso Roballos de la mano de Javier Rasetti y Marisol López en bici.

Texto Marisol López Fotos Javier Rasetti

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Dante me dijo que quiere ser ciclista, pero también rapero, futbolista, surfer, baterista y hippie. Él es mi pequeño sobrino, y a sus 7 años quiere ser casi todo lo que descubre. Menos las matemáticas y la escuela, todo le parece exageradamente extraordinario. El otro día se sacó la remera para mostrarme sus músculos diciendo:-“Tía, mira la fuerza que tengo”. Antes de poder agregarle alguna respuesta a mi sonrisa de tía enamorada, se quedó pensativo unos segundos y me largó una de sus preguntas: “cuando cruzan los desiertos y las montañas, ¿no se cansan?”. Se quedó observándome expectante, con los mismos ojos que yo alguna vez había mirado a mi papá cuando me sacaba caramelos de las orejas, y por unos segundos casi no logro aguantar la tentación de responderle segura y con firmeza que no, que nosotros nunca nos cansamos, para que me siga mirando así un ratito más, para mostrarle mis músculos y decirle lo fuerte que soy, pero no pude: “Sí Dantito, nos cansamos mucho. Pero por suerte la fuerza más grande que tenemos no está en los músculos y aunque no lo creas, es casi inagotable y vos también podes usarla. Se llama voluntad”

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Donde habita la nada
Me levanté los lentes de sol para frotarme los ojos porque la gotas de transpiración que bajaban desde la frente se mezclaban con la capa de tierra que me cubría el rostro haciéndome fruncir el ceño y achinar la mirada. Había frenado la bici de golpe en medio de la ruta con una urgencia que de no encontrarme rodeada por kilómetros de amplia y desértica estepa, quizás hubiera llamado la atención. No había pinchado ni tenía ningún problema grave, pero clavé los frenos con tanta determinación que hasta yo estuve por dudarlo. No siempre era así. Habitualmente las paradas eran el momento esperado, el pequeño objetivo: “Pedaleo hasta la sombra del cartel y paro a tomar agua”, o la gran llegada: “En el río tomamos unos mates”. Pero esta vez estaba cansada, y no era del tipo de cansancio físico que pueda medir o regular, era el amo y señor de todos los cansancios, el mental.

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Terminé de secarme la transpiración con la cabeza gacha y la vista clavada en aquel suelo de rocas y tierra suelta. Levantar la mirada en esos momentos era mucho más que un simple movimiento, significaba volver al camino interminable de sol, estepa y desierto. Necesitaba descansar del horizonte, reducir el mundo a unas cuantas piedras de formas y tamaños distintos, que unos segundos atrás habían sido enemigas del avance, pero de a poco se iban volviendo aliadas y cómplices del aquí y el ahora. Sólo algunos minutos fueron suficientes para ponerme en pausa. La roca pequeña me mostraba sus brillos, la más grande tomaba la forma de un caracol, y toda mi vida se recortaba por un instante en un simple pedazo de ripio. Cuando finalmente levanté la vista para retomar el mundo donde lo había dejado, Javi ya pedaleaba muy lejos, y su silueta pequeña e insignificante me recordó la infinitud que aún me esperaba por recorrer.
:-“Pero Sol para qué sufren? Qué ganas de pasarla mal, che”…
Volví a subirme a la bici para comenzar a pedalear muy lentamente.
:-“No sufrimos Dai, no te preocupes. Sufrir es perjudicial y nosotros últimamente no paramos de crecer y hacernos más fuertes”.
Mi hermana no terminaba de entendernos. Los moretones en las piernas y kilos de menos, los fideos con aceite y queso de rallar durante meses, los rostros arrugados por el sol, la mirada brillosa y agotada de las fotos. Pero yo, que a veces la conocía mejor que ella misma, sabía que probablemente era porque aún nunca se había puesto a caminar hacia algún imposible.
Pasaron varias horas debatiéndome entre el cansancio y el deseo, hasta que una ráfaga de viento llegó con fuerza para sacudirme y obligarme a que me afirme a todo lo que quedaba por delante: el manubrio y los sueños.

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-“Por ahí no hay nada…”
De a poco la luz del sol comenzó a debilitarse indicándonos el momento de buscar algún lugar donde armar la carpa reparados del viento, que para ese entonces soplaba cada vez con mayor intensidad. Javi me señaló un arbusto que podría ser de ayuda e inmediatamente bajamos de las bicis para analizar si era una buena opción y, apenas nos colocamos detrás de él, la sorpresa nos generó una carcajada de alivio. El viento desaparecía por completo, era un arbusto, pero tenía la coraza de un paredón.
-“Pero es estepa, no hay nada”
Armamos la carpa detrás de aquel protector arbusto que nos permitió disfrutar con calma de nuestra hora preferida, cuando el cielo jugaba a los colores y la luna se apresuraba a salir.
-“No hay nada de nada”
Cada vez que esa frase se repetía en distintas situaciones y personas, nosotros no podíamos evitar pensar cómo sería un lugar donde no hay nada. Lo imaginábamos como un abismo eterno, un agujero negro cubriéndolo todo, una ceguera blanca y espesa a lo largo de cientos de kilómetros. Nada=Ninguna cosa. Atardecía en la estepa y mientras calentábamos agua para el mate, un coirón travieso nos pinchaba con sus hojas punzantes y un grupo de choiques se asomaba tímidamente a lo lejos. Era un hábitat dura e incomprensible para los hombres que manejan la vida únicamente con la razón.

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La Cordillera
“Cuando ustedes me hablan de Los Andes, lo hacen como si fuera alguien, un ser vivo. Y yo lo creo hermoso y movilizante, pero aún no logro ver más que un cordón de montañas”
Subí agitada los últimos metros de una cuesta larga y, cuando finalmente llegué a la cima, las palabras de aquella charla con Miguel, nuestro gran amigo español, cobraron otro sentido. A mi espalda, bajo los rayos del sol del mediodía, se despedía la llanura inagotable de la estepa. Por delante, emergía imponente ella, una gran cadena de montañas que podía llegar a resultar hermosa como una obra de arte o la sonrisa pícara de un niño. Pero mientras la respiración se hacía más profunda y el corazón aminoraba lentamente su ritmo, entendí que así como no es lo mismo observar una obra de arte que crearla, o disfrutar de la sonrisa de un niño que hacerlo sonreír, tampoco podía resultar igual contemplar la Cordillera que vivirla.
Miguel me había soltado esas palabras buscando alguna explicación, con los ojos profundos de quien esconde una duda latente que aún no logra resolver. Pero no fue necesario hablar para que lo entienda, porque hacía tiempo que él también era de los que le escapan a las certezas. Había algo en esas montañas que yo nunca iba a ser capaz de responderle.

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Me quedé observándola un rato largo sobre la cima de la cuesta, inmóvil, como hipnotizada, y cuando Javi llegó a mi lado frenó de golpe. Se secó la transpiración y también la contempló sonriente, repitiendo una vez más ese momento que de a poco se había vuelto un ritual necesario, un tocar el timbre en casa ajena, un golpear de manos en la puerta, un permiso educado y respetuoso antes de entrar. Después de varios kilómetros de estepa, estábamos llegando a La Cordillera de los Andes.
Sabíamos perfectamente lo que venía de ahora en más, y aunque cada paso cordillerano tuviera su propia personalidad y carácter, el proceso era casi idéntico. La llanura se volvía cerros, el aire se corporizaba y todo lo que nos rodeaba cobraba tal espectáculo, que era difícil no observarlo atónitos desde la pequeñez de un insecto que habita un templo sagrado. Y así como de a poco habíamos aprendido a disfrutar de aquel primer sacudón sin que esa sensación de pequeñez nos vuelva torpes y tontos, evitando que el miedo a sabernos vulnerables nos genere frases tan humanas y ridículas como “hay que ganarle” o “sea como sea tenemos que llegar”, también éramos conscientes que lo que enseñaba la montaña no sólo era aplicable en sus geografías.

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Seguimos la ruta serpenteando entre cerros cubiertos por vegetación baja de tonos amarillos. Las subidas y bajadas se volvieron una constante, y el horizonte dejó de ser predecible. Si queríamos averiguar qué nos esperaba más adelante, no quedaba más opción que avanzar, así fue como a la vuelta de un cerro nos topamos con una laguna llena de flamencos rosados, con un río rodeado de árboles verdes y frondosos que nos permitieron descansar un rato del sol mientras paramos a almorzar, con más de 10 cóndores planeando justo sobre nuestras cabezas de cuellos estirados y ojos sin pestañear. También la noche fue llegando para cerrar el ciclo de otro día más en el Paso Roballos, y nos encontró sin sorpresas, comiendo frente al fuego detrás de otro arbusto insulso e insignificante con la coraza de un paredón. Y es ahora cuando me parece imprescindible aclarar que aunque este relato así como el paisaje fue cambiando de colores y matices a medida que avanzábamos, la banda sonora nunca dejó de repetirse, por eso la lectura de este texto debería ir acompañada de principio a fin por un sonido persistente e inalterable, entrándote de a ráfagas por las orejas, despeinándote los pelos. El viento nunca paró y nosotros ya no nos quejábamos. En un par de soplidos se había llevado la poca resistencia que nos quedaba, dejándonos un poco más dóciles, callados y pacientes.

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En la tarde del tercer día desde que salimos de Bajo Caracoles, llegamos a la frontera. Tres árboles torcidos, una pequeña construcción y la bandera argentina agitándose sin cesar en la punta de un mástil, era todo lo que representaba el puesto de frontera en medio de un amplio valle, donde el viento que bajaba de las montañas aprovechaba para tomar envión y seguir su camino atropellando lo que encontraba a su paso, que en esta oportunidad eran 4 gendarmes originarios del norte argentino cumpliendo con su trabajo muy lejos de casa. Nos dieron agua caliente para compartir unos mates, y mientras nos apretábamos para entrar detrás de la única pared que podía darnos reparo, nosotros aprovechamos para bajar material y liberar tarjetas de memoria y ellos, con la mirada melancólica del desarraigo, para protestar por lo bajo una vez más, por lo lindo de las tardes en familia durante el calor del verano, las guitarreadas, el acento, la añoranza al hogar. Para ellos éramos dos desconocidos que pasarían de largo como tantos otros, pero sin embargo no dejaban de hablar, porque también éramos la única posibilidad de ser escuchados de vez en cuando y en esas latitudes sólo eso ya era más que suficiente. A unos pocos kilómetros se encontraba el puesto de frontera chileno, y aunque era un tramo bastante corto, lo que nos tendría que haber demorado un rato se convirtió en horas. La razón de semejante tardanza no era extraña y mucho menos preocupante. Estaba la montaña, estábamos nosotros y los momentos, el momento de apurar la marcha, el de aguantar el cansancio, el momento de partir, el de enfocarse y, en este caso en especial, ese por el cual todos los demás cobraban sentido: el momento de arrancar en lo profundo y sin ninguna culpa un instante preciso de Cordillera y guardarlo para el resto de nuestros días. Porque justo aquella luz que dibujaba los cerros cuando un grupo de aves remontaban vuelo debajo de una laguna blanquecina donde habitan flamencos, quiso que así sea.

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Cuando finalmente llegamos al puesto de frontera chileno, el día comenzó a apagarse y el viento frío nos recordó que teníamos que buscar algún lugar donde pasar la noche. Esta vez no fue necesario recurrir a ningún arbusto, los carabineros nos ofrecieron un cuarto donde dormir calentitos y la carpa pudo tomarse un pequeño descanso. Nos despertamos temprano decididos, después de 4 días, a finalizar con el paso Roballos. Si bien al principio un gran valle de viento en contra nos hizo la marcha lenta, fue cuestión de algunos kilómetros para que la montaña despliegue su despedida. Atravesamos el Valle Chacabuco pedaleando rápido entre bajadas de ripio que nos impulsaban, sin mucho esfuerzo, hacia la próxima subida en una continua montaña rusa con la que además de divertirnos, descontamos kilómetros casi sin darnos cuenta. Hasta que ellos se cruzaron en el camino y nos obligaron a frenar. No era sorprendente verlos. Estábamos acostumbrados a que nos acompañen desde lejos, curiosos y siempre alertas. Lo que nos pareció extraño fue su comportamiento. Mientras avanzábamos despacio, nos miraban sin moverse, no corrían, no escapaban, era un grupo de guanacos como tantos otros con los que nos cruzábamos cotidianamente. No nos tenían miedo y eso, sin dudas, no era algo habitual. Seguimos pedaleando lento sin entender qué era lo que pasaba. Esperábamos la estampida, la huida en masa, el alerta de peligro, sin embargo la realidad nos demostraba algo muy distinto, ellos eran cada vez mas y no parecían advertir en nosotros ningún tipo de amenaza. Paramos y bajamos de las bicis para comprobar que la lógica se había dado vuelta por completo, porque los únicos tensos y nerviosos en todo aquel extenso valle éramos nosotros dos. Nos movíamos pausado y con calma, estábamos rodeados por cientos de guanacos que jugaban, pastaban y caminaban junto a nosotros, pero aún no lográbamos asimilar que, por primera vez en mucho tiempo, podíamos acercarnos sin sentirnos invasores. Pasó un rato largo hasta que decidimos continuar y no fue necesario hacer muchos metros para comprender que aquel encuentro no había sido un caso aislado, cruzábamos el Parque Nacional Patagonia y los guanacos reinaban libres aquellas tierras.

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Después de 4 días finalmente nos topamos con la carretera Austral en el punto exacto donde confluyen el río Baker y el Chacabuco. Y tal vez porque el agua pasaba esmeralda y a borbotones entre las montañas, o porque la luz del atardecer atino a salir en el instante exacto, Javi me miró como siempre con la sonrisa inevitable de lo vivido y yo pude sentir que también nosotros sin dudas, estábamos volviendo a ser un poquito más libres.

Tecnología

Probamos LA SPORTIVA Ultra Raptor

noviembre 12, 2018 — by Andar Extremo0

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En el marco de probar lo mejor para nuestros lectores, analizamos las zapatillas Ultra Raptor de la marca “La Sportiva” para la empresa Naka. Un modelo para darle batalla en carrera de larga distancia donde la experiencia de la marca Italiana de casi 90 años de edad pone la tecnología en estos “tanquecitos de guerra”. Nota dela revista Andar Extremo 51.

Prueba de Campo por Marcos Ferrer

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Como su nombre lo indica las “Ultra Raptor” son zapatillas “super rapaces” para atacar a las piedras de la superficie. Un calzado muy robusto, creado para largas distancias y para terrenos de trail rocosos. La primera sensación es de un calzado pesado y así lo es, su peso es de 375 gr. Con el correr de los kilómetros el pie se va acomodando y con su horma bastante ancha van dándole comodidad.
Kilómetro a kilómetro y esta es la virtud de este calzado, transmite seguridad, ya que el agarre es impresionante y deja un poco relegado la amortiguación y el peso. La suela “Frixion” prima el agarre antes que la durabilidad. Te olvidás del terreno y sus dificultades, esté seco o mojado, se aferra perfectamente. Al ser un material blando se agarra mucho pero, con el correr de los kilómetros, se va dañando. Para compensar ésto y fortalecer la suela la marca le hizo bajo una placa anti piedras o como lo llaman Impact Breake Sistem. Este sistema mantiene la torsión de la zapatilla y absorbe el impacto. Tiene un refuerzo para el agarre de talón que da mucha estabilidad. Por este motivo la amortiguación es bastante dura pero la placa que posee permite más agilidad en la parte frontal.

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Con el tema del upper es bastante resistente los costados y puntera (hemos visto pruebas de 1000 km y la tela se comporta más que bien), lo único que se desgasta rápido es la tela de arriba. La puntera tiene un refuerzo bien grueso para pegarle a lo que sea, los laterales son fuertes. El punto débil de las zapatillas es la tela enrejillada se marca y se corta con el transcurso de los kilómetros.
Tres puntos de detalles para tener en cuenta: tiene tacos bien abiertos cuando agarramos barro tiene un buen agarre, con un muy buen frenado y no se almacena tanto barro en la zapatilla. En la zona de la lengüeta tiene una especie de protección como si fuese una polaina para que no entre la tierra ni piedritas del camino. Y tercero la parte del talón tiene como un tipo de piel sintética para que con el correr de los kilómetros no moleste el roce.
Ultra raptor es un calzado para largas distancias con un drop de 8 mm un poco pesado, es recomendable para runners de 70 hasta los 90 kilos, es muy estable con una horma grande que permite comodidad.
En definitiva, un calzado fuerte para darle paliza por kilómetros y kilómetros, en superficies técnicas.

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Kayak

Freya Hoffmeister, circunnavega Norteamérica

noviembre 8, 2018 — by Andar Extremo0

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Ya lleva casi 300 días navegando las costas de Alaska, Canadá y Estados Unidos, salió el 24 de marzo de 2017 desde Naknek, Alaska. En estos momentos se encuentra en Oceanside en Estados Unidos cerca de la frontera con México remando aproximadamente 8.470 km.

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Como todos recordamos entre 2011 y 2014 circunnavegó Sudamérica, lo hizo en solitario y se convirtió la primera persona en darle la vuelta, paleo 27000 km y recorrió 13 países. En esa oportunidad llegó y salió de Buenos Aires.
Desde la revista Andar Extremo recordamos que en el n° 22, fue portada y afortunadamente la exhibe en su sitio web, así como también la nota de su paso por Argentina.
Freya es oriunda de la ciudad de Husum al norte de Alemania se metió en el mundo del kayak en el años 1997 cuando nació su hijo y solo remaba en aguas tranquilas porque lo llevaba en el tambucho trasero. Su primer gran viaje lo realizó con Greg Stamer, donde circunnavegó Islandia en 2007 en 33 días recorriendo 1620 kilómetros. El segundo desafío ya en solitario circunnavegó Nueva Zelanda en el mismo año, convirtiéndose en la primera mujer en dar la vuelta, y la 4 ª persona en hacerlo, una vez más en un tiempo récord de 70 días, recorriendo 2386 kilómetros. Su último desafío lo realizo en el año 2009, circunnavego Australia, en solitario travesía que realizó en 332 días, en un total de 13.790 kilómetros.

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www.freyahoffmeister.com

TecnologíaVideos

La Huella Films, Documentalistas Argentinos

noviembre 6, 2018 — by Andar Extremo0

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Facundo Gallo y Jorge Otamendi se decidieron a realizar documentales y, hace poco tiempo, se cumplió el sueño de sus vidas: fueron a filmar para National Geographic. La historia de sus comienzos y su camino como documentalistas. Revista Andar Extremo n° 50

por Marcos Ferrer, entrevista a Facundo Gallo y Jorge Otamendi, fotos Facundo Gallo y Jorge Otamendi

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Cómo empezaron en el mundo de los documentales?
Jorge: en mi caso arrancó de tanto ver documentales de naturaleza, era lo único que veía. Inicié sacando fotos y estuve como 15 años. Primero, como hobbie y después, como trabajo. Muchos de ellos involucraban naturaleza, pero la mayoría no, como nos pasa hoy con la filmación, pero a mí era lo que más me gustaba

Se acuerdan de los primeros trabajos?
Jorge: No eran laburos, eran mis viajes para sacar fotos de insectos que después me los metía literalmente en el orto. Fotografías que después de contemplar horas y horas, las guardaba. Creo que nunca vendí una foto de un insecto, pero me fascinaba. Eso se fue traduciendo en paisajes, y el día que empecé a colocar alguna foto de naturaleza me dediqué a la fotografía en sí, más por la comercial, yendo a algún evento y apuntando siempre a hacer documentales. El primer trabajo fue una carrera de aventuras en Misiones de A2 Racing.

Facu: Cuando era chico nos juntábamos con mi familia a ver los documentales “La Aventura del Hombre”. Desde ese momento supe que quería trabajar como fotógrafo. Siempre soñaba con National Geographic, y a medida que fui creciendo, me metí en el sistema. Estudié administración de empresas unos años y no iba ni para atrás ni para adelante. A los 22 estudié fotografía, hice la carrera, y desde el primer día que empecé decía que era fotógrafo de naturaleza …y sacaba en la ciudad. Fue mi sueño de muchos años poder llegar a donde estamos.

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Tienen en mente los primeros trabajos fotográficos?
Jorge: Siempre que viajaba decía que iba a haber una foto que valga ese viaje. Un yacaré comiendo una palometa…esa fue una foto que me marcó mucho cuando arranqué. Fue en los Esteros del Iberá y estuve tres días para hacer esa toma. Una de unos árboles llena de cuervos que me la tatué, también.

Facu: tengo una foto de dos caballos jugando en la montaña en el Chaltén. Un caballo blanco y un caballo negro, parados en dos patas, con el Fitz Roy de fondo, lleno de flores blancas el piso. Inconscientemente me fui acercando, me tiré en el piso… sabía que eran fotones. Cuando me levanté tenía doscientas o trescientas espinas. Como estaba de mochilero y tenía tiempo, me las fui sacando de a poco.

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Ya laburaban juntos?
Jorge: No!!! Hace 4 años que laburamos en conjunto.

A partir de ese momento, ¿Cómo se fueron adaptando ustedes y las familias a estos trabajos?
Jorge: Mi mujer me apoyó siempre. No es fácil viajar tanto. Hubo años que viajé mucho. El laburo para National Geographic fueron 20 días sin poder comunicarnos, sin hablar con mis hijos. Pero me acompañan un montón. A mi hijo lo llevé a laburar a Fiambalá con 6 años, a dormir en carpa. A mi hija, que ahora tiene 12, la llevé a los 6 a trabajar a Misiones. Son fanáticos de la naturaleza, muy parecidos a mí!!!

Facu: soy soltero, no tengo ese problema, pero a mi viejo que es escribano cuando le dije que quería trabajar de fotógrafo de naturaleza me dijo: – te vas a cagar de hambre, pero hacé lo que quieras. Te apoyo!!!. Me regaló mi primer cámara y también un lente. Al principio usé una cámara de él, una Cannon Reflex AE1, hace como unos 20 años. Luego, fue Cannon 10D, después una 5D, la 5D Mark II, la Mark III, y ahora tengo la 5D Mark IV.

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“Cada vez que me voy de la ciudad, es una alegría. Cuando me voy lejos de este quilombo, me conecto con el planeta”

Vos con qué equipo arrancaste?
Jorge: Arranqué con una Cannon AE1, luego con una RebelX. Yo no estudié fotografía. Tiraba como 15 fotos para lograr lo que quería y como era con rollo, anotaba la velocidad, la obturación diafragma… se hacía imposible. Tenías que estudiar antes. Cuando salió la digital, se pasó del estudio a la prueba y error. Si bien está bueno estudiar, te facilita mucho el poder sacar 2000 fotos de una.

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Cuándo se pasaron de la fotografía al documental?
Facu: Mi vieja me decía hace muchos años que tenía que estudiar cine, que tenía que filmar y yo le decía: “¿cómo voy a hacer dos cosas al mismo tiempo: fotos y filmación?”. Si la hubiese escuchado, habría arrancado antes una Maestría en Dirección de fotografía y tendría una base más fuerte. Estudio bastante día a día. Me compré la Cannon Mark III hace unos 5 años, y empecé a hacer videos. El clic me lo hizo ver un amigo Daniel Wagner. Trabajé mucho con él y aprendí de mis errores dando un giro de 180° en la fotografía. Luego, comencé a filmar

Jorge: Yo arranqué unos meses después de Facu. Todo lo que dijo él de Dani, yo lo digo de Facu, porque me pasaba el aprendizaje. Muy gracioso fue porque nosotros nos asociamos unos años atrás para trabajar como fotógrafos y yo le dije: -Facu, como artistas todo muy bien pero la parte administrativa no la maneja ninguno. Cuando pasamos a video necesitábamos contratar a alguien que nos ordene. Igual ahora estamos sin nadie jajaj (risas)

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Cuál fue el momento de su carrera hasta ahora?
Facu: Acá vamos a coincidir los dos: fue el sueño de nuestra vida trabajar para National Geographic, y lograr hacerlo fue tocar el cielo con las manos. Viajamos a Península Mitre y realmente fue uno de los mejores viajes, no por estar trabajando para esta empresa sino porque fue una cabalgata épica de tres días atravesando acantilados, playas, con unos paisajes cambiantes cada quince minutos, con un clima muy hostil. Nevaba, llovía, granizaba, salía el sol, salía el arco iris… días largos de 20 hrs, noches de 4. Mucho frío.

Jorge: Íbamos a buscar un barco hundido con arqueólogos de Estados Unidos y toda la bajada de línea de National Geographic. Aprobaron nuestro perfil desde Washington. Aprendimos un montón. Pensá que el equipo con el que fuimos era grandísimo: 20 caballos, 11 días sin bañarnos, tomando agua de lluvia, 13 días en una estancia con helicópteros que traían combustible, buceando. Alucinante.

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Cómo fue la previa?
Facu: Un amigo de Jorge tenía un conocido en NatGeo y nos pidió una reunión al ver nuestro Instagram. Fuimos y le dijimos que era nuestro sueño. Tienen un montón de canales, es una empresa muy grande.

Jorge: Flor, una amiga, nos acompañó. Estuvimos una hora mostrando nuestros trabajos, el de Estancia de Iberá, entre otros.

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Vieron el video final del documental o no salió todavía?
Jorge: Lo que pasaba con el laburo final dependía si se encontraba el barco o no. Era más noticia si se encontraba. Se encontraron un montón de cosas pero lo más importante eran unos cañones que estaban abajo del agua justo pegado a la costa. Las olas hacían imposible verlo. Trajeron un magnetómetro de Estados Unidos para detectar el hierro debajo del agua. Por debajo, detectaron por unos 70 metros todos los caños pero no se podían ver. Sí hallaron balas de cañón, piedras. El barco se llamaba Purísima Concepción de España, e iba con unas 300 personas. En esa época que se asesinaban a todos los indios, ellos sociabilizan con los aborígenes y los ayudan con árboles nativos para volver al Río de la Plata.

Facu: Dolores Elklin fue la arqueóloga que presentó el proyecto y nos tuvo en cuenta. Vino con nosotros y consiguió que National Geographic le dedique tiempo a esta expedición. Ella tenía la bitácora del barco, donde encalló donde reconstruyeron el barco. Con eso fue más fácil y al no poder encontrarlo, la historia que nosotros hicimos fue chiquita, fue una noticia de color y no un documental. El documental lo hacemos nosotros.

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Cuáles son los mejores momentos en su trabajo?
Facu: fogones en la selva, en el desierto, en la montaña, imágenes a la vía láctea, a las estrellas… son los mejores momentos.

Jorge: Cada vez que me voy de la ciudad es una alegría. Cuando me voy lejos de este quilombo, me conecto con el planeta.

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Buscar una buena imagen de animales es difícil?
Jorge: Nosotros hacemos caminatas y vamos viendo lo que se cruzan. Hay que dedicarle mucho tiempo, días o semanas y gratuitamente hoy no podemos, tenemos que trabajar. Lo que hacemos es ir a un trabajo, y quedamos unos días más juntando imágenes para intentar venderlo o material para hacer un documental para nosotros. Tenemos muchas ganas de que la gente vea lo que hacemos para que empiece a valorar la naturaleza, para que avancen, para que la cuiden, que conserven, que no ensucien, que evolucionen para el lado bueno.

Facu: Tendríamos que apoyarnos para poder ayudar a mejorar el medio ambiente y la sociedad en general. Siempre encontramos gente como nosotros y nos unimos. Nos gusta la gente apasionada que la pelee. Laburamos para National Geographic, YPF, presidencia, pero la vivimos peleando como todos.

Jorge: Cuando arrancamos con la filmación, un tiempo después nos comunicamos con nuestra competencia e hicimos un asado. Nos hicimos amigos. Armamos un grupo alucinante y compartimos trabajos. Ya no somos competencia.

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Qué trabajo hicieron últimamente?
Facu: Te cuento la historia que me pasó. Fuimos a filmar un comercial a Caviahue. Me subí a una montaña, me acosté en una piedra sagrada, y uno de los asistentes sacó un palo clavado de la piedra sagrada y lo dejó por allí. Terminé de sacar fotos del atardecer, y empecé a joder con el palo. Cuando arranqué a bajar me empecé a sentir mareado y al llegar a la base, vino una productora y me preguntó si estaba bien porque estaba pálido. Enseguida vomité y me recuperé un poco. Al rato digo me voy a hacer un time laps (secuencia de fotos de varias horas) de las estrellas saliendo por el horizonte. Puse dos cámaras, una saliendo de la vía láctea y otra cayendo vía láctea por el horizonte. Con dos asistentes puse una cámara para un lado y otra para el otro, con un intervalómetro que saca una fotos los primeros 20 segundos, saca la foto siguiente, chequeamos todo, y siguió automáticamente sacando. Al otro día temprano, fuimos vamos a sacar fotos al amanecer y previamente vamos a chequear las cámaras. Una seguía sacando, y cuando me acerqué a la otra, estaba apagada. No estaba sin batería, sino que la perilla en off. Recordaba perfecto el momento de control y protocolo de chequeo.
Llegamos abajo y Jorge no me creía la historia. Durante 11 minutos la cámara sacó fotos y luego algo la apagó. Lo más loco fue que llegué a Buenos Aires, le pedí las imágenes de la otra cámara a mi colega, que habíamos visto las fotos del cielo y jodiendo con el palo y cuando llegó, se le habían borrado todas. Algo dijo jodiste arriba ahora te jodiste abajo.

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“Tenemos muchas ganas de que la gente vea lo que hacemos para que empiece a valorar la naturaleza, para que avancen, para que la cuiden, que conserven, que no ensucien, que evolucionen para el lado bueno”

Agradecimientos
Facu: a mi familia, a mi vieja por apoyarme y a Jorge, mi gran amigo y compañero de aventuras en estos 4 años de trabajo

Jorge: A mi familia, a mis hijos, a mi mujer que es fundamental que acompañe la familia y a Facu que se banca frío y montañas.

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www.lahuellafilms.com

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PromocionesTecnología

Asics GECKO XT en AeroRunners

noviembre 6, 2018 — by Andar Extremo0

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La zapatilla de trail GECKO XT para hombre hace de tus carreras de trail una nueva experiencia con la potencia de la goma GeckoTrac. El nuevo diseño de la suela de la GECKO XT te da un agarre excepcional en las superficies resbaladizas, incluidas rocas, raíces de árboles y pendientes en bosques, y ha sido probado ampliamente por el Instituto de Ciencias del Deporte de la sede central de ASICS en Japón. Otra novedad de las GECKO XT es que incorporan la entresuela FlyteFoam, la primera de nuestras zapatillas de trail en contar con una entresuela de material superligero. FlyteFoam garantiza el aterrizaje suave en cada una de tus pisadas y saltos sin añadir peso a la zapatilla.

La GECKO XT es ideal para corredores con experiencia en carreras de media distancia así como para principiantes, ya que la combinación de la tecnología de mayor rendimiento ofrece el confort y la utilidad que necesitas para afrontar con confianza cualquier carrera de trail que tengas en mente.

Peso 290 g
Caída de talón de 6 mm
Primera zapatilla de trail de ASICS con FlyteFoam
Zapatilla con pronación neutra a ligera
Ideal para terrenos técnicos
Cómodo interior
Protección ligera
Tejido ultraligero
Excelente agarre en suelos húmedos con la nueva tecnología de ASICS: GeckoTrac
Distancias de trail medias
Placa dura en la puntera
Horma de espuma SpEVA 45
Plantilla EVA moldeada
Nueva horma de trail oblicua
Lengüeta con sujeción
Compartimento para cordones

precio de lista $3211 y $2890 efectivo o débito. compralas en AeroRunners Av. Córdoba n° 1360 C.A.B.A. Tel: 011 5811-1043

AireSupervivencia

EL CIELO PUEDE ESPERAR, historia de un vuelo en parapente

octubre 29, 2018 — by Andar Extremo0

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Rodrigo Esmella tiene 36 años, nació en Capital Federal pero se crió en Capilla del Monte, Córdoba, desde que tenía 1 año. Es actor, bailarín y comediante. También se formó como Guía de Turismo Aventura y en 2005 empezó a hacer Parapente. En 2016 estuvo involucrado en un hecho de supervivencia donde tuvo que escaparle a la muerte en dos ocasiones. Nota de la revista Andar Extremo n° 51

Por Marcos Ferrer entrevista a Rodrigo Esmella, Fotos Rodrigo Esmella

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Siempre te gustó hacer deportes?
Sí, desde chico. Además, si te gusta, la geografía del lugar invita a hacer este tipo de actividades. Un día aparecés con unas botas o zapas de trekking, y hacés trekking. Otro día con una mochila, equipo de escalada y haces escalada. Y otro día, miras para arriba y ves parapentes volando… jajajaja! Así que hice el curso y empecé a volar.

Qué hecho sucedió en 2016 que marcó tu vida?
Estaba en Capilla del Monte, era domingo, domingo 21 de febrero. Me habían invitado a hacer un vuelo en parapente, la condición estaba buena, pero ese día estaba cansado y no tenía los ánimos fuertes. Unos días atrás había tenido una pelea fuerte con mi hermano, no nos estábamos hablando. Todo eso influía. Pero como el conocedor de la zona era yo, accedí a hacer la guiada hasta allá arriba. Para hacer algo de estas características la cabeza tiene que estar tranquila, uno tiene que estar relajado.

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Hicimos el despegue en el Cerro Uritorco, aproximadamente a las 15:45. Mi amigo despegó primero. Uno para despegar necesita que el viento esté de frente, la ladera que se usa para despegar tiene que estar enfrentada al viento. Generalmente el despegue es horizontal, corriendo hacia adelante, en contra del viento y en dirección hacia la bajada de la pendiente. Pero puede pasar, si la condición es potente, que en vez de salir hacia adelante, tu despegue sea vertical. Y eso pasó. Salí hacia arriba, esperando para poder avanzar e ir hacia adelante, empecé a derivar hacia la izquierda, seguido de una pequeña rotación hacia la derecha. Y es acá donde se pliega mi vela y caigo.
Tuve una plegada asimétrica del lado derecho, eso significa que una parte del ala se pliega y deja de volar, mientras que la otra mitad (izquierda) sigue volando, avanzando, generando una rotación sobre el eje.
Las plegadas pueden suceder, pero lo importante es tener altura para contar con un margen de tiempo para que la vela se abra de nuevo. Imaginate que son unos 27 m2 de tela anclados a tu cadera por medio de un arnés, y para que esa cantidad de tela vuelva a configurarse como ala requiere de un tiempo. Si estoy con altura suficiente, cuento con ese margen de tiempo. El problema fue que estaba a baja altura y llegué al piso antes que la vela vuelva a volar. Caí desde unos 20 mts, con el peso del cuerpo sobre la pierna izquierda y pegué fuerte.

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Cuando impacto contra la ladera, la pierna izquierda hace presión hacia arriba mientras el torso va hacia abajo. Esta presión me rompe la sínfisis del pubis, desplaza hacia arriba el lado izquierdo de la cadera, fractura el sacro de ese lado izquierdo, me fisura la quinta lumbar, y cuando caigo con los brazos hacia adelante para frenar el golpe, me saco el hombro izquierdo. Y todo ese aplastamiento en la zona del abdomen produce un hematoma retroperitoneal. Así, quedo tirado.

Qué paso a partir de allí?
Dos días antes había estado haciendo trekking con Julio Guevara, amigo de años y compañero de muchas salidas a las sierras, caminando, escalando, compartiendo guiadas con turistas, etc. Además, es el jefe de Bomberos Voluntarios de Capilla del Monte. Y en esa salida de trekking habíamos acordado que el domingo íbamos a ir a hacer escalada en roca. Un rato más tarde recibo un mensajito en el que me proponen hacer el vuelo y accedo.
Al día siguiente, estando ya arriba para el despegue, Julio me llama para coordinar la salida de la que habíamos hablado. No lo atiendo porque estaba preparando el equipo de vuelo. Cuando tuve todo listo lo llamé y le dije donde estaba. Así que, con un par de binoculares se dispuso a ver mi vuelo desde el patio de su casa. Estábamos a una distancia de unos 5 km, Julio en su casa y yo en la ladera del cerro, que se podía divisar desde el pueblo.

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A esa distancia no pudo ver con total claridad lo que pasó, pero mi vuelo había sido raro y de muy poca duración. Eso llamó la atención.
Cuando estoy en el piso me confundo y empiezo a llamar a Julio por el handy, handy que estaba en frecuencia con el otro piloto. Entonces me doy cuenta que no me va a responder. Quiero agarrar el teléfono para llamarlo y algo raro me pasa cuando muevo el brazo. Involuntariamente me rotaba el torso completo. Ahí me doy cuenta que tengo el hombro luxado, fuera de lugar.
Después de un par de maniobras netamente contorsionistas, jajaja, logré hacer el llamado para contarle lo que pasó. La respuesta fue: “ya salgo para el cuartel, llamo a los chicos y salimos para allá. Calculá una hora y media hasta que lleguemos”. Era lejos, yo estaba tirado en una ladera del cerro, a unos 1.500 msnm. Y la llegada a ese lugar no tenía un acceso fácil.

Posición en la caída
Posición en la caída

En qué posición estabas?
Estaba entre acostado y sentado, con el terreno en declive, o sea, bien incómodo, jajaja… con el torso en inclinación ladera hacia abajo, haciendo fuerza porque me tenía que sostener, queriendo estar con la cabeza erguida. Una pierna afuera y la otra adentro del arnés (es un arnes en el que, durante el vuelo, llevas las piernas guardadas en una especie de saco o tubo de tela) y cuando movía la pierna izquierda, adentro, a la altura de la vejiga, sentía como si estuviese moviendo una bolsa de agua con un palo. Sin dudas, algo estaba suelto. En un momento siento en la zona abdominal como un derrame, caliente. Pensé que me había orinado, entonces abro el arnes esperando ver el pantalón mojado. Cuando lo vi seco, dije: “listo es una hemorragia interna y para cuando lleguen los chicos, palmé”. Fue muy loco ese momento, entender y experimentar emocionalmente la muerte y decir “esta es la última que hiciste”. Fue raro. No grité, no lloré, ni me desesperé. No tenía miedo. Sentí que ya no tenía nada. Experimente el desapego, un desapego total. Me pasaban imágenes por la cabeza. Me acuerdo una. La puerta de mi casa y mi mano agarrando el picaporte, abriéndola y mi vieja con el mate en el comedor. Y la volvía a cerrar. Esa cosa tan simple como abrir la puerta de tu casa, no lo iba a hacer más.
Ahí pienso en llamar a mi vieja. Espero que suene la sirena de los bomberos porque supuse que si la llamaba y después escuchaba la sirena, algo le iba a sonar raro. Dejé que suene como suele pasar a veces en el pueblo, y llamé.

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De allá arriba se veía todo Capilla del Monte, vista privilegiada. Y también se escuchaba todo.
La llamo queriendo disimular y a penas atiende me dice “Rodrigo estas bien?”… Las madres y esas malditas antenas parabólicas con las que se recibieron! “Nada” le dije, estamos guardando los equipos, en dos horas estoy por allá. Previamente, le había pedido a Julio que no le digan nada así no la preocupábamos, por lo menos hasta que tuviésemos resuelto el rescate.
En ese momento de espera, me entra un mensaje con un audio de la música de la película El Pianista. Esta escena fue prodigiosa. Fue dramáticamente bella, o bellamente dramática. El celular apoyado en el pecho, la música de la película sonando, mirando el Uritorco de frente, con las laderas yendo hacia la cima, el pajonal moviéndose en masa por las ráfagas de viento que iban pegando contra el cerro, y yo, quebrado física y emocionalmente. Sentía que estaba inmerso en un estado de una sensibilidad tan alta que me permitía percibir otras sutilezas. Una belleza y una paz indescriptible. No sentía dolor y estaba totalmente entregado a ese momento, admirándolo.
Creo que lo que nos asusta de la muerte es sólo experimentar el dolor, porque el pasaje de un plano a otro, intuí, debe ser Maravilloso.

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“Experimenté el desapego en su máxima expresión”

Y en lo mejor de la escena, se escucha el ruido del handy: “shhhhhhhhhh shhhhh, Neroo, Nero me tomá? Tamo subiendo con los choori, el asaado, la cooca y el ferneé!!! Ahí tamo viendo un trapo naranja (mi vela), tamo subiendo a las chapa!!!” No todos tienen el privilegio de ser rescatados por un equipo de Bomberos Cordobeses. Una experiencia “Picante Picante” y con mucho humor. Y del Bueno… jajaja! Los pibes venían a fondo. Varios de ellos, amigos.
Pasaba el tiempo y seguía vivo, despierto. Hasta que llegaron todos. Después, cuello ortopédico, camilla y llaman al helicóptero.

Te quedaste tranquilo allí?
Bajarme a pie era riesgoso por los tiempos. No sabíamos realmente en qué situación estaba y si era grave o no lo que tenía. Además, la zona era complicada, con un terreno de mucha pendiente y prácticamente sin senderos que faciliten la evacuación. Por eso deciden llamar a un helicóptero.
Me fueron sacando el equipo para poder pasarme a la camilla. En un momento me sacan el handy, que lo llevaba atado para que no se caiga en vuelo. Me lo había comprado hacía un par de meses, estaba nuevo. Cuando pasaron el handy por debajo de mí, desenroscando la vuelta que tenía el cordín que lo sostenía, veo que aparece sin la perilla del encendido. Le dije al bombero que me asistía, que cuando me corran de lugar, se fije si veía el botón y me respondió entre risas: “dejate de joder gringo, estas hecho mierda y estás buscando eso?”. Nunca se fijó y me quedó lo de la perilla en la cabeza.
Llegó el helicóptero y empezó a buscar un lugar para quedarse estacionario (hovering, “flotando”), porque la ladera inclinada no ofrecía un lugar llano para aterrizar. Cuando nos dieron el “ok” desde la aeronave, empezamos a trasladarnos hacia el Helicóptero que estaba a unos cuantos metros de distancia de nosotros. Me llevaban de espaldas, yo no podía verlo, pero obviamente lo sentía detrás de mí. Y en ese momento tuve un mal presentimiento, sentía que algo no estaba bien. Primero intentan subirme ingresándome desde la cabeza, pero el médico les pide que me den vuelta porque yo queda ubicado al revés y el no podía trabajar correctamente conmigo. Todo esto con la puerta de acceso a 1.60 m del suelo, y el helicóptero haciendo la maniobra de estabilización. Una escena vertiginosa, sentía la tensión del momento. Me dan vuelta, empiezan a ingresarme por las piernas y cuando me están empujando hacia adentro y todavía tenía medio torso afuera del helicóptero, el borde de la camilla del lado de los pies pega en algo que desestabiliza el Helicóptero. Primero, pierde sustentación y el patín que estaba en el aire baja hasta el piso. Después se va de trompa hacia adelante. En ese momento, la inclinación fue tal que yo, estando acostado, atado a la camilla y con un cuello ortopédico puesto logro ver por el parabrisa, la quebrada de la ladera en donde estábamos. Después se inclina hacia atrás, como si se fuera de cola, pero inclinado sobre el lado derecho. Acá las hélices tocan la ladera y colisionamos por completo. No explota porque el piloto corta antes el suministro de nafta, pero no el electro que mantiene la turbina prendida y es la que origina el primer foco de incendio, quemando el pajonal.

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Cuando todo queda quieto, veo al piloto tirado en un ángulo de la cabina y del otro lado al médico, lleno de vidrios encima. Me mira y me dice: “estás bien?” Le digo qué sí. Lo único que tenía era un corte muy chiquito en la cabeza.
Se escuchaban los gritos de los bomberos desde afuera: sáquenlos, sáquenlos!!!”. El piloto salió por adelante, no sé bien por donde y el médico por la puerta lateral que quedó mirando hacia arriba. Cuando saltó para salir, se fracturó el calcáneo (talón). Yo, adentro, todo atado sin poder moverme, con total conciencia de lo que estaba pasando, mirando todo pero sin reaccionar. Yo esperaba la explosión. Escuchaba en la turbina un ruido grave y el sonido del fuego ya quemando afuera. Me tironeaban de una pierna, la otra la tenía trabada, enganchada en un fierro. ¿La famosa escena en cámara lenta y en donde el audio de todo parece venir de lejos? Esa, la misma escena era la que estaba experimentando en ese momento. No recuerdo miedo, no recuerdo dolor, no recuerdo desesperación, estaba viendo todo, lo podía observar. Ahí pensé “sí no hacés algo, te quedas acá. Así que logro zafar el hombro del velcro que me lo sostenía a la camilla y alcanzo con la mano la botamanga del pantalón de la pierna trabada. Me desenganché y sentí que la camilla salió deslizada hacia afuera de un tirón y nos alejamos rápido del lugar. Tuvimos 12 minutos hasta la explosión. Se levantó un hongo negro que estaba siendo visto desde abajo del cerro por todo Capilla del Monte. Eran las seis y pico de la tarde.

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Se prendió fuego todo y el viento que soplaba derivó las llamas hacia la ladea que tenía el sendero de bajada. Entonces, el rescate fue a pié, con dos camillas, la mía y la del médico que no podía caminar, por una ladera sin sendero, muy empinada y que a medida que perdíamos altura la vegetación se ponía cada vez más cerrada y lo único que había para ir abriendo huella era dos bastones de trekking. En un momento, antes de empezar a bajar, aparece allá arriba mí hermano, Germán, con quien no me hablaba hacía días. Lo vi y me quebré, le pedí disculpas. Fue una bajada durísima, eterna, que empezó a las 19 h del domingo y que llegó a la ambulancia, que nos esperaba abajo, a las 7:30 de la mañana del día lunes. Germán me bajó junto a los bomberos y me dio agua toda la noche. Mientras tanto, más bomberos subían, dificultados para encontrarse con nosotros porque estábamos en un lugar sin sederos, con una vegetación muy cerrada y de noche, llevando agua, machetes, y lo necesario para poder bajarnos. Y otros bomberos subían a controlar el incendio.

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“No recuerdo miedo, no recuerdo dolor, no recuerdo desesperación, era un slow motion”

Derecho al hospital?
Sí, al Hospital San Roque en Córdoba Capital. Cuatro días en terapia intensiva y después en habitación común, esperando una operación.
Conocí a un equipo de profesionales impresionantes, con un corazón gigante. Gente maravillosa a los que les estoy enormemente agradecido, empezando por el Dr. Pablo Segura, la Dra. Lizi Sucaria y la Dra. Miriam Maldonado, seguidos de un equipazo que voy a nombrar: Lucho, Jesús, Santi, Normi, Estelita, Nori, Cari, Silvia, Vani, Marta, Sandra, Adrian, Andre, Sil, y Walter que todas las mañanas a las 6.30 venía a limpiar la habitación y nos quedábamos charlando.

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Cómo fue la recuperación?
Me dijeron que me tenían que operar. Tenía desplazado el pubis y tenían que volver a sujetarlo. Pablo, el traumatólogo, me dijo: “¿Imagino que vas a querer volver a hacer tus actividades de siempre, no? Entonces tengo que ponerte placas”. Y así fue, cinco días después de esa charla, un jueves, entré a quirófano por primera vez en mi vida. Me dieron de alta el sábado. Y el domingo me llamaron del hospital porque me tenían que internar de nuevo. En los análisis que me habían hecho aparecía un virus y tenían que atenderlo. El lunes estaba entrando de nuevo al Hospital. Estuve 15 días más y entre dos veces más a quirófano para hacer unos lavados en la herida.

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Después volví a mí casa y me fui recuperando. Habían pasado 2 meses y medio, y una semana antes de volverme a Buenos Aires quise subir de nuevo al lugar del accidente. Me acompañó Julio y su señora, le pregunté dónde estaba tirado exactamente. Fui hasta el lugar que me señaló, y después de llorar un buen rato, pedirle disculpas al lugar y a todos, y agradecer, me recosté con la misma posición con la que estaba ese día y puse mi mano por debajo de mí, entre la espalda y el piso, queriendo ubicar un lugar específico en el suelo. Después me corrí sin sacar la mano de ese lugar. Quedó apoyada sobre un montículo de pajonal. Con las dos manos abrí ese matorral, separándolo en dos partes y en el medio, con un poco de tierra encima, estaba el botón del handy.

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Mi agradecimiento especial al médico y al piloto del Helicóptero, a Julio Guevara y al Cuartel de Bomberos Voluntarios de Capilla del Monte, a todos los chicos del Hospital San Roque de Córdoba Capital y a mí hermano Germán.

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Carreras de aventura

TOTAL MAGNESIANO VITALIZANTE, APUESTA AL DEPORTE

octubre 24, 2018 — by Andar Extremo0

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CUANDO EL RUNNING TRASCIENDE AL AMBITO LABORAL
Hace unos meses atrás dos compañeros de trabajo amantes del running se unieron para armar un proyecto impensado en la empresa donde trabajan. Hoy ese proyecto se hizo realidad de la mano de Total Magnesiano. Con el aval de las gerencias, se formó un grupo de entrenamiento que todos los viernes sale a realizar actividad física guiado por un equipo de profesionales. El entusiasmo hizo cambiar el ambiente de trabajo, llevándolo a ser más armónico y eficiente, gracias a que se mantiene el buen humor y la salud de las personas que componen el grupo. Hoy son casi 30 los que optaron por cambiar la vida sedentaria y se unieron a este proyecto que crece semana tras semana. Involucra a todos los que quieran participar, desde aquellos que nunca hicieron actividad física hasta quienes hacen del deporte su forma de vida. Los planes son muchos para el grupo y los creadores del proyecto apuestan a que en el futuro esto tiene que ser una política de RRHH en todas las empresas que valoren a su gente: “mente sana en cuerpo sano en empresas innovadoras y altamente competitivas”.

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Mundial de Ultra Trail, NÉSTOR PEREYRA, en Castellón, España
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lNéstor Gabriel Pereyra, atleta Total Magnesiano Vitalizante corrió en Penyagolosa, el mundial de trail running en Castellón de La Plana, España. “El Rústico”, como le dicen sus amigos, es de Tandil y trabaja de albañil. En 2007 comenzó a competir en running y su carrera fue en constante ascenso. En una competencia llamada ADN en San Martín de Los Andes obtuvo la clasificación al mundial 2018. “Total Magnesiano Vitalizante” lo acompaña dándole fuerza y energía en cada paso.

ULTRA CHAMPAQUI, La Cumbrecita, Córdoba 3 de Noviembre
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El 3 de noviembre de 2018 en la Cumbrecita, Córdoba, se desarrollará esta carrera de Ultra Trail Run individual con cuatro distancias 10 km, 25km, 45km y 60k, Total Magnesiano Vitalizante estará presente en esta comepetencia que se desarrolla íntegramente en el cordón montañoso de las Altas Cumbres.
Unir La Cumbrecita con el Cerro Champaquí por estas antiguas sendas, es un desafío, sólo recomendado para quienes estén preparados física y mentalmente, ya que implica un duro desafío donde se deben superar importantes desniveles.
En su segunda edición y como novedad, Ultra Champaquí otorgará puntos ITRA (International Trail Running Association) para participar en UTMB 2019 , Francia. www.ultrasport.com.ar

CRUCE TANDILIA, UN CLÁSICO DE VERANO, en Tandil
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Como todos los años en la temporada estival se celebra en Tandil, “El Cruce Tandilia”, una competencia tradicional que ya cuenta con ocho ediciones organizadas por Charly Centineo y Marcelo Palahí. Alrededor de 2000 corredores de todo el país y de países vecinos, desafían esta prueba de dos días, ofrece diferentes distancias de 60 km, 42 km, 21 km y 10 km (única que se corre en un solo día). En los dos últimos años incluyeron una carrera de ascenso llamada “ Tandil Vertical” que se realizó un día antes del Cruce Tandilia. Este año la fecha de este trail running que se corre 100% en la sierras tandilenes fue el 6 y 7 de enero y por tercera vez consecutiva, “Total Magnesiano Vitalizante” estuvo presente como sponsor de esta prestigiosa competencia. Para los interesados ya se lanzaron las inscripciones para el 2019 que tendrá lugar entre el 11 y el 13 de enero. Una vez más “Total Magnesiano Vitalizante” acompañara a los corredores de ese nuevo desafío, para mayor información entra en el sitio web www.crucetandilia.com.ar

RUNNING TRIP, Mendoza
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La cuarta edición de Running Trip pasó por Potrerillos con más de 500 corredores La carrera se realizó en la mañana del Sábado de marzo en el corazón de la estancia El Salto, con el Cerro Negro y el arroyo El Alumbre como testigos de una jornada a puro sol. Afortunadamente “Total Magnesiano Vitalizante” acompaño como sponsor a Running Trip en tres ediciones con diferentes geografías. El espíritu del running volvió a sentirse y esta vez se palpitó en Potrerillos, Mendoza, lugar elegido para una nueva experiencia de estas carreras itinerante que busca unir las distintas geografías de la Argentina.

Trekking

De Tilcara a Calilegua, un sendero de cielo celeste

octubre 23, 2018 — by Andar Extremo0

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En los viajes es importante el lugar que se elige, pero mucho más el espíritu con el que se encaren los desafíos, y salir de la ciudad para no seguir haciendo lo mismo pero en otro formato, o en un paisaje diferente. Este es un viaje y un camino hacia el interior, donde habita el alma, quizás para poder descubrir lo que ella quiere decirnos… Nota en la revista Andar Extremo n° 51

Por Juan Martín Laborde texto y fotos

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Existe un cielo celeste que no se olvida, como un lienzo gigante que nos rodea a lo largo del recorrido y los días. El cielo del norte no tiene comparación, como también los cardones, las vestimentas coloridas y la música del lugar que nos reciben y marcan el inicio de nuestra experiencia en el pueblo de Tilcara. En pocas palabras, esta elección (gracias a la empresa Acampartrek) nos permitió conocer durante cinco días a través de nuestros pasos, distintos ambientes: quebrada, pastizales, bosques y selvas, partiendo desde la desértica “Quebrada de Humahuaca” patrimonio natural y cultural de la humanidad, hasta la impenetrable selva de montaña de la “Reserva de Biosfera de las Yungas”, ambos sitios declarados de esta manera por la UNESCO.
El itinerario, con varios días de recorrido a pie, tiene un grado de dificultad medio-alto debido al ascenso gradual al comienzo del trayecto, donde el mayor esfuerzo físico es la subida al paso de un abra de 4.200 msnm. Pero también nos permite sentir la calidez de la gente, aprender de su sencillez y disfrutar de su compañía, en el medio de un paisaje tan contrastante como increíble, donde un pasaje de la puna a la selva nos lleva entre caminos incrustados en las laderas, profundos e insondables valles, riscos y peñas y la selva, que se pierde en el horizonte donde los jotes, los tucanes y corzuelas, son protagonistas del Parque Nacional Calilegua.

La llegada a Tilcara
La recepción se realiza en Tilcara (2.461 msnm), pueblo muy atractivo que invita a quedarse, al igual que los importantes sitios arqueológicos como el Pucará que es recomendable conocer.
Los excursionistas se acomodaban en un hostel sumando mochilas y revisando equipo durante el día, hasta que Claudia junto a Esteban fueron los últimos en llegar y sumarse, pero los primeros en demostrar alegría y entrelazar al grupo como un todo, con su espontaneidad y amistad manifiesta.
La provincia de Jujuy, donde nos encontramos en esta ocasión, posee cuatro regiones: Puna, Quebrada, Valles y Yungas. Debido a las diferentes altitudes en las diversas regiones de la provincia, podemos encontrar diferentes microclimas, como ser desde la extensa aridez de la Quebrada de Humahuaca, hasta una nuboselva o selva subtropical andina. La provincia también cuenta con una abundante cantidad de yacimientos arqueológicos (1.500 sitios), como también un gran arraigo de las costumbres ancestrales en la población y en sus festividades.

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“El recorrer caminos, usados por los habitantes originarios hace centenares de años y por los locales hoy día, para unir pueblos perdidos en la puna y en la selva, define esta experiencia como única.”


Inicio del trekking a Corral Ventura

A la mañana siguiente de nuestra llegada, iniciamos el trayecto partiendo desde Tilcara en un vehículo que nos acercó al punto de encuentro con el baqueano y las mulas de carga en Cañada Seca (2.900 msnm). Una vez que el equipo está montado, comenzamos el trekking que asciende a 4.200 msnm sobre la serranía de Tilcara.
El ascenso lo hicimos por un sendero milenario que fue utilizado por los pobladores originarios, quienes intercambiaban productos procedentes de las dos regiones Puna y Selva. Fundamentalmente lo que buscaban los pobladores de la selva era la sal, por lo que la mayoría de las caravanas se trasladaban con el precioso cargamento que era comerciado por todo lo que producía la selva.
Los colores de la tierra eran realmente increíbles y se notaba en nuestras botas que iban cambiando de tonalidad a medida que avanzábamos. Era posible ver algunos poblados en las cercanías, como también la presencia de guanacos, vicuñas, llamas, cóndores y jotes.
Luego de algunas horas nos encontramos en una quebrada. Hacia adelante se veía un abra donde la altura en nuestro ascenso, ya se hacía notar en nuestra respiración que era cada vez más intensa. Cuando alcanzamos el abra, transitamos un puente natural de piedra que cruzaba un arroyo de agua helada, momento que nos inspiró a tomar un descanso y comer para recuperar energías. Al observar el horizonte mirando hacia Tilcara, podía divisarse a lo lejos el Nevado del Chañi.
Ese día, luego de 7 horas de caminata, pudimos llegar primero a Campo Laguna como el punto de mayor elevación. Desde allí, era posible ver las nubes debajo nuestro como un manto de algodón, y los picos más altos asomándose sobre ellas. Tiempo después continuamos por un camino de descenso hasta Corral Ventura que, con sus caseríos y corrales, era nuestro destino ese día.

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Descenso hacia Durazno
Al día siguiente realizamos un trekking de 5 horas hasta el Durazno. Caminamos por tierra colorada entre montes de alisos, y por momentos la senda serpentea los barrancos, con magníficas vistas panorámicas. Hemos dejado atrás la inmensa aridez de la puna para ingresar a los pastizales de neblina, cambiando de pronto toda nuestra visión y debiendo para ello, recorrer laderas y faldeos, contando con la presencia de jotes y cóndores que nos invitan a disfrutar de la inmensidad del paisaje. Poco a poco comenzamos a descender a las profundas quebradas y transitar junto a caudalosos ríos hasta el próximo campamento. Seguimos caminando y, sin embargo, la pendiente del sendero va tomando posesión de nosotros y ahora no vamos, sino que nos llevan; no andamos, sino que nos andan.
Durazno es un pequeño caserío con escuela rural, donde el grupo tiene la oportunidad de establecer el contacto con los habitantes locales, los chicos de la escuela o bien, salir a recorrer los alrededores de la región.

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Camino a Molulo
Al levantarnos y recibir el nuevo día, observamos el mejor amanecer de nuestras vidas. Por entre los cerros de Calilegua asoman los rayos de sol que iluminan el paisaje a nuestro alrededor. Iniciamos un trekking de 7 horas hasta el paraje Molulo, ubicado en el Valle Grande y rodeado de cerros de más de 4.000 msnm. El sendero comienza luego de cruzar el Río El Durazno y transcurre por un reducto de ambiente de Chaco Serrano que alterna bosquecitos de queñoa y pastizales de altura. Fue una larga caminata en la que se iban atravesando zonas de tierra mucho más colorada de lo habitual y pequeñas zonas de selva que anticipaba lo que sería la selva de Calilegua.
El grupo se va encauzando uno detrás del otro a medida que avanzamos, y nuestro silencio va dejando escuchar los sonidos de la naturaleza.
A quienes nos atrae el caminar por estos senderos interminables, no abandonamos el terreno de la palabra, sino que la usamos de otra manera, con otros tiempos, con otros objetivos, y en otras geografías del alma. En estas experiencias la palabra cobra un significado especial cuando la acompaña el silencio, un elemento que por lo general da cuenta del deseo de aire y espacio, y reencuentro con algunas cosas perdidas en la cotidianeidad de la ciudad.
La senda del relato y de nuestro camino continúa por los filos y con magníficas vistas panorámicas. Los árboles desaparecen y dejan lugar a los cerros, con sus laderas y sus profundos valles. Hacia la tarde llegamos a Molulo que es un pequeño poblado en medio de las Sierras Subandinas.
El recorrer caminos usados por los habitantes originarios hace centenares de años, y por los locales hoy en día para unir pueblos perdidos en la puna y en la selva, define esta experiencia como única.
Al llegar a Molulo pudimos disfrutar de un descanso, del silencio y un cielo repleto de estrellas a 3.200 msnm. Al momento de la cena, todos nos reunimos entusiasmados, con esa alegría que solamente produce un asado, algo que viene del fuego y lleva todo lo primitivo encima.
El siguiente día lo aprovechamos para el descanso y recorrer el lugar, donde habitan un grupo familias de ricas tradiciones que conforman la Comunidad Aborigen de Molulo.

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Nos adentramos al territorio de las yungas y la selva
El camino hacia San Lucas nos lleva aproximadamente unas 9 horas para llegar a un paraje enclavado en plena selva de montaña al que sólo se accede caminando o a caballo. El camino es un ancho sendero que transita el ecosistema que se denomina yunga en transición. Ahí es donde recorremos interminables precipicios, faldeos, y observamos imponentes paisajes con profundos valles y caseríos, rodeados de sus cultivos de terrazas y con corrales de cabras y ovejas. También caminamos por los distintos estratos de la selva de yungas, avistando en la inmensidad del departamento Valle Grande un espectáculo de naturaleza sin igual desde una altura de 2.600 msnm. Caminar varios días tiene su esfuerzo, pero también su recompensa, como apropiarse de la esencia del lugar.
El poblado de San Lucas está a 1.950 msnm. Si bien es pequeño, es el más grande encontrado hasta ahora. Sus casas se encuentran dispersas en el cerro con una vegetación exuberante.

Hablamos del parque
El parque nacional Calilegua es un área protegida, situada sobre las faldas orientales de la sierra de Calilegua, en el sudeste de la provincia de Jujuy en el noroeste de la República Argentina. Es el único parque de la selva de montaña del país, el de la selva de las yungas. Su creación fue en el año 1979.
Es una de las zonas núcleo de la reserva de la biosfera de las Yungas, junto al parque nacional Baritú, la reserva nacional El Nogalar de los Toldos, el parque provincial Laguna Pintascayo y el parque provincial Potrero de Yala.
El objetivo definitivo específico es “la protección de un área representativa de las Yungas y de un ecotono de la provincia biogeográfica chaqueña, y la conservación de especies endémicas a nivel nacional o mundial”. Sus 76.306 hectáreas lo convierten en el parque nacional más extenso del noroeste argentino. El nombre “Calilegua” se suele asociar a la lengua aimara y equivale a “Mirador de Piedra”.
La ecorregión que se encuentra presente es la de selva de las Yungas (o selva de montaña del noroeste argentino), caracterizándose por el clima cálido húmedo, con lluvias estivales de entre 900 y 1300 mm. La ecorregión se encuentra integrada con las sierras subandinas, cuyas alturas oscilan entre los 400 y los 3.000 msnm. De relieve montañoso, comprende una serie de fallas, cañadones y cordones montañosos muy abruptos, que descienden principalmente de las serranías de Calilegua.

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Flora
Posee un sector de la selva pedemontana que es un ambiente de transición entre dos ecosistemas contrastantes: el seco Bosque Chaqueño y las húmedas Yungas. De los ambientes que protege el Parque, la selva pedemontana ocupa sectores marginales en las áreas más bajas (550-700 msnm). Se encuentran especies como el cebil colorado, la tipa blanca y el lapacho rosado. En mayor altura, aparece la selva montana que en gran parte es una nuboselva, la cual ocupa la mayor superficie del Parque Calilegua. Se caracterizada por la presencia de laurel, ceibo, cedro colla y cebil blanco u horco cebil. En las laderas, por encima de los 1.500 o 1.600 msnm, se encuentra una franja de bosque montano, donde predominan los nogales, lapachos amarillos, pinos del cerro, alisos y saucos. A mayor altura, aparecen los bosques de queñoa o tabaquillo, cuyo porte y densidad va disminuyendo a medida que aumenta la altura, hasta llegar a bosques casi puros de alisos por encima de los 2.300 msnm. Éstos menguan a alturas superiores, dejando una cobertura vegetal similar a una pradera.

Fauna
El parque nacional presenta interesantes ejemplares de fauna autóctona. Algunas de las especies que encuentran su hábitat en el área protegida son endémicas o bien están globalmente amenazadas. Podemos encontrar especies de mamíferos como el yaguareté, puma, gato montés, jaguarundí, taruca, corzuela colorada, lobito de río, carpincho, pecarí de collar, zorro de monte, hurón mayor, coatí, mono caí y ardilla roja entre otros. También es un área de gran biodiversidad en aves como el águila poma, crestuda real, y coronada, la pava de monte alisera, el vencejo montañes y muchas otras especies de pájaros cantores.

El final hacia Peña Alta
El último día de trekking a Peña Alta nos lleva unas 5 horas. En este sendero que atraviesa el corazón de las Yungas, se realiza observación de fauna y reconocimiento de flora. Parte del recorrido continúa por las inmediaciones del Río San Lucas. La vegetación es tupida y el paisaje deslumbrante, con caminos de cornisa, paredes de más de 50 metros donde observamos cavernas, saltos de agua y la majestuosidad de la selva de yungas, enmarcada en los Macizos rocosos con distintos accidentes geográficos únicos en su tipo.
El recorrido termina en la confluencia del Río San Lucas y Valle Grande; para luego un traslado en vehículo a San Salvador de Jujuy que da final a esta experiencia a pie y permite caer en la cuenta de que este viaje no fue un recorrido por la línea más corta entre dos puntos, fue otras cosas: la apreciación de la distancia, de los detalles intermedios y la lenta modificación de las perspectivas de la naturaleza. La marcha y su tiempo propio, un tiempo vacío que permite inscribir en su interior cualquier cosa, hasta un relato.

Carreras de aventura

RUNNING TRIP, Tanti

octubre 22, 2018 — by Andar Extremo0

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Running Trip Mountain Edition pasó por Tanti, Córdoba, con más de 500 corredores que desafiaron circuitos de 5, 15 y 25km. Los participantes vivieron la experiencia en las sierras de la provincia mediterránea donde recorrieron la Reserva Natural Los Chorrillos. Nota en la revista Andar Extremo n° 51

por Matías Retamal, Viviana Chávez y Pablo Colombo
fotos Pablo Tolmasky, Chino Avalos, Verónica Burgos y Marcos Ferrer

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En la quinta edición, la carrera itinerante eligió un nuevo destino, buscando no sólo un recorrido atractivo sino también compartir un momento único. Corredores de todo el país, se hicieron presentes para ser parte de este evento que tuvo importante apoyo de marcas como Skechers, SOX, NOAF, Ultra Gym, entre otras. William Rodríguez y Roxana Flores se impusieron en la distancia larga, mientras que Nahuel Luengo y Viviana Chávez, en la corta.
El día anterior a la carrera, se realizó la entrega de kits en el Centro Cultural Tanti, donde además de recibir la remera oficial y su dorsal, todos los presentes pudieron presenciar el ciclo de charlas auspiciado por Total Magnesiano, a cargo de la psicóloga Sabina Rodríguez, la nutricionista y antropometrista Marisa Canda, y la exposición de los atletas de elite Viviana Chávez, Roxana Flores, los colombianos William Rodríguez y María Eugenia Rodríguez, y Sergio Pereyra, entre otros.

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Matías Retamal
¿Cómo que nunca corriste la Running Trip? Así fue como arrancó todo. Por el calendario de competencias que tenemos, no es posible participar de todos los eventos que uno quiere, y mis amigos me repetían esa frase. Es la carrera de la que hablaban, y la denominaban: fiesta del running.
Por supuesto que no dudé un minuto en dejar de lado todos los compromisos que tenía en mi plan para el fin de semana de 22 de julio, y me anoté en la tan ansiada carrera.
Cuando llegué a Tanti, entendí que no por nada el lugar tenía un significado tan particular en la lengua quechua y se denominaba “Lugar de Encuentro”. Me di cuenta que iba a vivir un acontecimiento muy bien planificado, liderado por una persona que es exigente, detallista, que no deja nada librado al azar, alguien que lo vive como un corredor más, y eso es lo que realmente lo hace grande.
Todo era como pensaba y me habían contado. Desde el minuto cero me encontré inmerso en un ambiente familiar, rodeado de buena gente, con energía positiva, viviendo y compartiendo momentos únicos con atletas, amigos y nuevos runners, que conocí durante mi estadía allí.
Era mi primera Running Trip, y como cuando todo es nuevo, empecé a sentir la adrenalina desde el día previo. Cuando fuimos a buscar los kits y participamos de las charlas en el auditorio, comprobé que estaba en un evento de alto nivel, donde asistían atletas elites nacionales e internacionales muy importantes del trail.

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Cuando llegó el tan ansiado domingo, me desperté temprano como siempre, para realizar mi rutina habitual previa … miraba el reloj y faltaba muy poco para la hora indicada.
Llegamos al lugar donde estaba emplazada la largada, y el marco era ideal, con un contexto soñado. Me di cuenta que estaba donde quería estar!
A minutos de iniciar, las sensaciones previas fueron increíbles. Cuando ingresé al corralito previo a la largada, se me erizó la piel. Miraba a mi alrededor y estaba rodeado de campeones con los cuales iba a compartir la carrera, y detrás de ellos, había una multitud de corredores fervorosos gritando. ¡La cuenta regresiva estaba en marcha!
Fue soñado! Me sentí muy cómodo y cuidado durante todo el trayecto. Sin dudas fue dura, de esas que tanto nos gustan a los que amamos el Trail. Un recorrido bien diagramado, terrenos muy técnicos donde para correrlos había que analizar cada paso al detalle. Las sensaciones fueron muchas y variadas. Tuve una mezcla de adrenalina, ansiedad y felicidad, sumado a las ganas de correr que tenía que eran enormes. Todo estaba dado para disfrutar del evento.
Desde el primer paso que di hasta que cruce el arco de llegada disfrute mucho, sin dudas fue una carrera totalmente diferente a todas las demás que participe en mi vida.

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Cuando comencé a correr me di cuenta que cada lugar donde transitaba tenía un tinte especial… en cada paso que daba, además de mirar el camino, contemplaba la naturaleza, y sonreía sabiendo que era un privilegiado y que muy pocos iban a tener la suerte de vivir esa hermosa experiencia.
Poder correr por las sierras cordobesas es algo que siempre me ha gustado, me siento cómodo en ese terreno. Si me preguntás qué fue lo que más me gustó, se me hace difícil decir sólo una parte, ya que el recorrido fue extraordinario. Hay pocas carreras que reúnen un circuito técnico, trabado y estratégico, en el cual podés correr en un terreno ondulado, pasar caminos angostos con cuestas y descensos marcados, atravesar diferentes ambientes, llegar a una cascada como la que se encuentra en Reserva Natural Los Chorrillos, transitar caminos rodeados de animales, y culminar cruzando un bosque de pinos. Eso fue lo que me atrapó, y eso es lo que hace mágico a la Running Trip.

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Me llevo las mejores sensaciones. Fui la persona más feliz, disfruté cada metro recorrido, me sentí acompañado durante toda la carrera. Cada muestra de afecto, aliento y energía recibida en cada punto donde encontraba gente de la organización, daba más fuerzas para seguir y ganas de correr. Pude disfrutar a pleno, y viví momentos que nunca antes otra competencia me había dado. Siento que son esas cosas lindas que te llevas bien guardadas en el corazón.
¡La frutilla del postre fue cuando “Wini” me dijo si quería ser pacer de la carrera de niños, a lo que por supuesto dije Sí! Volví a mi infancia por un rato, pude ver en sus caras la misma felicidad que había sentido yo un rato antes previo a la largada. Fue algo hermoso ir en el recorrido juntos a sus papás, verlos felices durante ese kilómetro que recorrimos.
¡Ojalá pueda repetirlo en la próxima Runnig Trip!

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Viviana Chávez
Cuando Diego me invitó a Running Trip edición Tanti, me pareció una excelente idea. Primero porque era regresar a competir en un ambiente de gente que conozco, y después, porque justo la fecha coincidía con el día del amigo y me pareció ideal poder estar presente. Por eso no dudé en confirmarle, con un seguro “sí”.
Con respecto a la carrera, todo lo que imaginé paso. Todo lo que se vive estando ahí, es un conjunto de sensaciones que van desde el bienestar, alegría, buena onda, hasta el poder reencontrarme, después de mucho tiempo, con amigos, con gente que admiro. Siempre es bueno compartir en familia, con mi hijo y Fernando, que siempre está dispuesto acompañarme. Esta combinación es lo que hizo que esta experiencia fuera fantástica.
Por último, no quisiera dejar de resaltar el profesionalismo, la total entrega, la capacidad de organización, tanto de Diego como de su staff. Se percibe el gran crecimiento que hubo desde la primera edición hasta ésta y eso da placer verlo, sentirlo y vivirlo.

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Pablo Colombo
Me salgo del lugar de conductor de la Carrera, y te quiero hablar como un corredor apasionado por este deporte, como un amateur, como una persona que vive y siente lo que sucede en Running Trip desde su primera edición en Miramar.
Quien no lo vive, no lo siente. Te diría que Running Trip es un sentimiento intransferible, de esos difíciles de explicar, porque es mucho más que un evento deportivo, es mucho más que cientos de corredores que deciden vivir un nuevo desafío. Va más allá de una distancia o de un circuito, podría hablarte de especificaciones técnicas, pero va mucho más allá de una medalla.
Es lo que se vive, es lo que se siente, es una experiencia que te invita abrir los sentidos, donde todo sucede y convive de una manera muy especial, donde todos somos realmente iguales, donde la inclusión pisa fuerte, donde se cuida por igual al atleta elite, al amateur y a los chicos con capacidades diferentes.
Todos son protagonistas, ese es el espíritu de este “encuentro” de personas que aman y disfrutan de un deporte tan lindo como es el Trail. En definitiva, esa termina siendo una excusa perfecta porque, como te dije, Runnin Trip es mucho más que una carrera que va paseando por el país.

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La medalla más importante no es la que se lleva el corredor cuando cruza el arco de llegada. Trip transciende el mejor tiempo que puedas lograr en una distancia, el premio que vale es el que cada uno se lleva en el alma, esos recuerdos, esos momentos compartidos, es el abrazo de un corredor elite con un chico especial, es el himno cantado en lenguaje de señas, es Ramiro, nuestro atleta especial, esperándote en la llegada para saludarte, es bailar, es reír y también emocionarte, es compartir y entender que la vida es eso, que el podio más lindo son esos pequeños momentos donde cada uno tiene la gran oportunidad de disfrutarlos al máximo, resaltando esos valores que a veces perdemos. Muchas veces la vorágine del día a día nos hace vivir acelerados, pero cuando sos parte de una experiencia como ésta, volvés a sentir, volvés a vivir, y es inevitable bajar la guardia para valorar el poder estar ahí compartiendo mucho más que una carrera de Trail.
Estoy Feliz de ser parte de un evento con esta magnitud, con estos valores y con un STAFF que entiende y valora al corredor, sin olvidar que todos somos iguales.

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Kayak

Expedición Cordillera Darwin

octubre 19, 2018 — by Andar Extremo1

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Cinco kayakistas experimentados salieron en una expedición a recorrer la Cordillera Darwin, en el Parque Nacional Alberto de Agostini, en la parte suroeste de la isla Grande de Tierra del Fuego, Chile. Con tres kayaks simples y uno doble, Mariano Buenaventura, Marcelo Hostar, Martin Nye, Roberto Trinchero y Marcelo Zanotti, recorrieron en sus vehículos aproximadamente 2400 km desde Bariloche, hasta su lugar de partida en los fiordos. Nota de la Revista Andar Extremo n° 51

por Marcelo Holstar fotos Mariano Buenaventura

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Habían decidido recorrer el Norte de la Cordillera Darwin. De los fiordos ubicados de Oeste a Este, el Brooks, Marinelly y Parry, pensaron en el último, dado que lo consideraron el más interesante de los tres y el más protegido de los fuertes vientos del sector.
Con traje seco, remos de repuesto, bomba achique, teléfono satelital, spot, equipo de camping, kits de reparación general y comida termoestabilizada, partieron de El Seno del Almirantazgo, que se extiende de Oeste a Este por 90 km y posee un ancho de 9 km en promedio. Ingresaron desde Caleta María, pegado a la desembocadura del río Azopardo, que nace en el lago Fagnano.

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Era un viaje pospuesto por el grupo expedicionario que, si bien es distante de embarcar, significaba una travesía corta. Marcelo Holstar siempre había tenido la idea de hacer estos glaciares patagónicos, y por fin se daba el momento.
Pernoctaron en la cabaña de un lugareño y se levantaron de madrugada para aprovechar los vientos más calmos (forma de decir de los autóctonos).
Se dispusieron a cargar las provisiones para unos 10 días, e iniciaron el viaje 8:30. Remaron los 13 km que los separaba del ingreso al fiordo Parry, y unos 27 km hasta el campamento base, desde donde se parte habitualmente para todos los glaciares.

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El clima dentro del fiordo era bastante benigno, situación no muy usual, pero no faltó algún temporal. De ese modo, tuvieron la suerte de tener despejada la visual de la cordillera, lo que les permitió observar el monte Darwin al llegar, y en algunos pasajes de los demás días.
El recorrido diario estaba en función de la marea y el clima, dado que había hielo flotando y cubriendo la superficie del fiordo en los sectores próximos a los glaciares. Sabían que no podían adentrarse allí por el riesgo de quedar encerrados, pero a pesar de saberlo, habían llevado bolsas de vivac, comida y abrigo extra, por las dudas. Debido a las bajas temperaturas, se congelaba el mar junto al hielo y por ello iniciaban las salidas desde temprano hasta media tarde.

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En diferentes pasajes del viaje, se cruzaron con focas leopardo, toninas y petreles, que eran retratados por el fotógrafo principal de la expedición: Mariano Buenaventura. Una noche, un zorro de buen tamaño entró al campamento cuando dormían y les robo la leche, galletas, un vaso térmico con la cuchara y una botellita con azúcar.
El lugar era espectacular por la gran cantidad de glaciares y las vistas al cordón montañoso. Tenían intenciones de ir al fiordo Ainsword, pero no había pronóstico seguro y eran 25 km de remo contra viento sin protección.

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Previo a iniciar el retorno hacia Caleta Jackson por el seno del Almirantazgo, decidieron parar en Caleta Pescadores, ubicado a la salida del fiordo Parry. En ese sector, utilizado por los recolectores de Vieyras de enero a marzo, había una casilla de chapa y un sector del bosque abierto, lo que les permitió acampar. El día anterior, Mariano y Martín ya habían emprendido el regreso, por cuestiones de trabajo.
El resto del equipo debió quedarse un día más en el lugar porque el clima se había puesto áspero, situación de la que ya estaban prevenidos, gracias a la información anticipada que les había brindado un amigo chileno, Cristian Argel -conocedor de la zona-mediante mensaje satelital.
En la costa, recolectaron cholgas de gran tamaño y de buena calidad, con las que se dieron un festín los dos días que se quedaron en el lugar.

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Al salir al seno con la idea de visitar caleta Jackson y ver los elefantes marinos, sufrieron un gran temporal y en un momento tuvieron que hacer catamarán con los kayaks para poder sostenerse. Al llegar, fueron sorprendidos por el tamaño de esos ejemplares, pasando entre varios de ellos. Cerca de los animales, ingresaron al bosque e hicieron campamento, encontrándose lamentablemente con una cantidad grande de basura esparcida por el lugar. Sin dudarlo, fue informado a la CONAF (Corporación Nacional Forestal) para su intervención.

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Al salir hacia el destino final, Roberto se topó con una gran elefanta que emergió al lado del kayak, y se pegó el susto de su vida.
El regreso a Caleta María se completó sin problemas. Cargaron las camionetas y partieron contentos hacia sus casas, luego de disfrutar de un lugar espectacular.

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Carreras de aventura

UTACCH, La Mística Regresa

octubre 18, 2018 — by Andar Extremo0

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ULTRA TRAIL AMANECER COMECHINGON MOUNTAIN HARDWEAR Con una helada histórica en la Villa de Yacanto de Calamuchita, se corrió la séptima edición de la Utacch, Ultra Trail Amanecer Comechingón. Con más de 3500 corredores, esta competencia se consolida como una de las mejores del país. En la nota de la revista Andar Extremo n° 51, Gustavo Reyes y Facundo Nuñer cuentan su experiencia.

Por Gustavo Reyes y Facundo Nuñer, foto Lucas Bylo y Marcos Ferrer

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Un aluvión de remeras naranjas inundaba la sierra de los comechingones desde la última hora del día sábado 3 de julio. Una serpentina de luces anunciaba que una de las carreras con más mística de nuestro país, el Ultra Amanecer Comechingón, daba comienzo con récord de inscriptos. Sí, 3500 personas se animaron a desafiar las 6 distancias de este clásico que ya lleva 7 ediciones.
Villa Yacanto de Calamuchita, Córdoba, se llenó de familias, visitantes, atletas, artesanos, personas en la feria. Todo fue hermoso, un fin de semana a puro disfrute, charlas, clases de yoga, entrega de kits, mates, running teams de diversos puntos del país, música, músicos, tambores, ritmos, caballos, paisanos, comidas típicas, sol, hielo, neblina, hielo, luna, cielo repleto de estrellas, paisajes imponentes, risas, silencios, frío, día y noche, todo se vivió en esta edición de UTACCH.

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La carrera de 110 km que se largó a las 10 de la noche del sábado, ya anticipaba la dureza del clima. Desde las 20 hs estaba cayendo una de las heladas más duras del invierno serrano. Esta categoría llegaba al cerro Champaquí de 2884 msnm por el filo, se desplazaba luego hasta el avión, de allí cerro san Agustín con 2300 msnm, pasaban por el puesto Pereyra 1600 msnm, luego por el paraje el Durazno, y regresaban a Villa Yacanto de Calamuchita, epicentro del evento. Las distancias de 75 km, 50 km, 35 km, 22 km y 13 km, compartían parte del circuito de la distancia mayor, y fueron largando desde las 5 de la mañana del día domingo.
Mientras que los corredores entraban en calor con un gran fogón y el acompañamiento de tambores que hacían que el intenso frío se pase un poco, los termómetros marcaban una helada histórica de 15 grados bajos cero. Además de la crudeza característica que impone la sierra en cuanto al desnivel y al suelo, se le añadió la temperatura. Sumado a esto, los corredores de 110 km corrieron más de 10 horas de su competencia de noche.

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Fue un desafío duro y muy largo, y el último corredor tardó 28 hs 31 minutos. Los tres primeros de la general entraron juntos: Gustavo Reyes, el sanjuanino Facundo Nuñer y el cordobés Pablo Nadaléz. Entre las mujeres, Adriana Vargas se consolidó ganadora con 15 hs 45 minutos 46 segundos y Magui Nieto de Córdoba, fue la segunda con un tiempo de 16 hs 45 minutos 2 segundos. En tercer lugar, estuvo Eliana Marinero en 17 hs 33 min 25 seg.
Fue una jornada que se vivió llena de historias, repleta de mucha energía positiva unida con una sola finalidad: disfrutar, correr, vivir la montaña de principio a fin. De este modo, UTACCH se consolida entre las carreras de trail a nivel mundial, una competencia que año a año crece en todos sus aspectos y en esta edición fue notable la participación de corredores internacionales.
Mountain Race Logística, realizó su trabajo con mucha pasión. Fueron 30 horas continuas de labor. Es importante resaltar que siempre están en busca de nuevas aventuras para proponer y es por ello que en el 2019, en la 8° edición de UTACCH, tendrá nuevos circuitos y nuevas distancias! Gracias Coca Cola, Powerade, Bon Aqua, Altra Argentina, Camelbak Argentina, Egran, Mani King, Petzl Argentina, Black Rock, Terepin, Trevo, VO2 Max, Nutremax, Multiform y Sox.

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Gustavo Reyes
Vivir la montaña, disfrutar el entorno, superarte, conocer, aprender, viajes relámpagos, adaptarse, saber perder, respetar el triunfo, identificar personas que suman en tu vida, nunca dejar de disfrutar, seguir sumando amigos de aventuras. Gracias a todo eso, me siento ganador.
Fue un semestre netamente positivo, en donde todo resultó casi perfecto. Ahora sí vamos por UTMB Ultra Trail de Mont Blanc
La foto refleja la dulce sensación de haber disfrutado una carrera que me atrapó hace 7 años: UTACCH, organizada por Tania Díaz Slater y Rodrigo Reiretti. “La Chancha” el año pasado me dijo: – en 2018 hago los 110km. Desde ahí dije “Presente”, llegue como llegue voy a estar presente, le remarqué a la Negra (Tania).
Muchos cambios, muchos viajes, todo a las corridas literalmente, para después salir a trabajar de lo que me gusta, de lo que elegí como estilo de vida: ser corredor.
Armamos viaje con amigos, con un espectador de lujo, el enano Franco Paredes, tomando merecido descanso después de su mundial y torrencial.

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Tengo lindos recuerdos de Valdivia, pero no lo cambio por las sierras cordobesas. 110km, 10hs de noche, frío en las cumbres, sin viento, precaución con las linternas a llevar, elegir que nutrición, ¿desnivel? Ni idea, todas las montañas se suben y se bajan, ¿tiempos aproximados? Ni idea, la montaña te dirá que tiempo. Expectativas, pasarla bien.
Así comenzamos una nueva aventura desde la plaza de Villa Yacanto. 20km de camino hacia el primer sendero tomando distancia del pelotón y buscando un ritmo parejo y, a las 2hs de carrera conozcí un nuevo amigo de montaña: Facundo Nuñer, con el cual salimos a desafiar la fresca noche desde la base del Champaquí, el techo de Córdoba.
Luego de 5 hs de carrera, llegamos a los 43 km, punto más alto de competencia. Recarga rápida, algo calentito y a seguir hacia la segunda cumbre (la parte nueva de carrera), un recorrido hermoso sin sendero.
Premio a ese esfuerzo: una impresionante luna amarilla que reconforta tanta trepada.

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Pasamos cumbre de San Agustín (a los 70 km) y una aproximación lenta al amanecer.
Intentamos alejarnos de una lucecita que se hacía más grande cada vez y con Facundo dijimos “ya está no la vemos más”, pero en el km 80 nos dijo: continúen…
:-“Hola, soy de 110, ustedes son los primeros?♂Así apareció el tapado de toda carrera Pablo Nadalez, que nos alcanzó para compartir los últimos 30km que iban a ser duros, sobre todo ese último rulo del año anterior. Nos fuimos juntos preparando las piernas para el último desafío, ese rulo!
Pero la grata sorpresa fue llegar y ver el cartel que decía 110km y 50km a la izquierda. Zafamos el rulo, ahora sí para abajo en busca del asado del km 100.
Seguimos juntos con un paso decente y conociendo de a poco la vida de cada uno. 29, 31 y yo el viejo de las 4 décadas, Arjona trail. El llegar juntos fue un acuerdo tácito, ¿qué sentido tiene dejar de disfrutar esa travesía? Algunas veces llegar acompañado es ganar.

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Cerca del mediodía, el sol nos acompañó hasta la llegada, en donde todo un pueblo salió a alentar, y ahí estaba el chantapufi del micrófono, mi amigo Osky, dando su merecido relato a cada uno de los participantes. Final de carrera, los tres juntos, los tres contentos, los tres satisfechos, los tres sanos.
Un rato después, llego vertical Rodchas. Así se disfrutó la montaña, viendo a toda la banda cordobesa dejando el alma en cada puesto de abastecimiento.
Nos faltó el asado, pero en breve andaré trepando por las sierras.
Gracias a todos los que saludaron y alentaron por fuera y dentro de carrera. Mont blanc, voy a celebrar mis 40 con vos.

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Facundo Nuñer
Noche fría en Villa Yacanto. Ansiedad, nervios, incertidumbre y la búsqueda de buen resultado, me acompañaban por dentro. Levantaba la mirada en búsqueda de Gustavo Reyes, pero no logré identificarlo. Ojos húmedos llenos de alegría para enfrentar el desafío. Comenzó la cuenta regresiva y me despedí con una zancada moderada. Caminé en subida contactando grupos, pero sabía que el pelotón de punta me esperaba. km 15 contacté a Gustavo, y desde ahí no me separé de él. Pensé: “acá me quedo, quiero aprender, quiero crecer, quiero estar en la punta con este aventurero experimentado, tengo que aguantar”… no me separé más… fue un intercambio de historias inolvidables y fuimos sumando kms.
En el km 80 llegó Pablo Nadalez, humilde y sencillo, poniendo su respiración en nuestras espaldas. Venía muy bien. Se quedó con nosotros a compartir más relatos, más kilómetros, y aliviamos más lo poco que quedaba.
La gente que alentaba, la música se escuchaba, se acababa el recorrido… aparecían mis alumnos, mi familia, mi novia!!! Las lágrimas corrían y me dije: “lo logré, crecí, aprendí y encima con buen resultado!!”
Gracias bestias! Nos vemos en la próxima.

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www.amanecercomechingon.com.ar

Kayak

20° ENCUENTRO NACIONAL DE KAYAKISTAS DE TRAVESÍA

octubre 17, 2018 — by Andar Extremo0

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Del 6 al 9 de diciembre Travesía Dolores -Tordillo - Gral. Lavalle - San Clemente- Organiza CAND Centro de Actividades Náuticas Dolores

Se vienen los veinte años consecutivos del Encuentro Nacional de Kayakistas de Travesía y como es esperable del Capitán Alfredo Barragán, tendremos una juntada con muchísimas sorpresas. Este año tendrá en particular que remarán los 5 integrantes de la Expedición Atlantis (Alfredo Barragán, Jorge Iriberri, Horacio Giaccaglia, Daniel Sánchez Magariños y Félix Arrieta) y se emitirá nuevamente el ciclo de cortos de kayakismo de travesía por novena vez el festival nacional de audiovisuales “Libres del Sur”

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CRONOGRAMA

Será un encuentro deportivo, no competitivo, de confraternidad. Como todos los años desde 1999, reuniremos a más de cien kayakistas de travesía de todo el país, para navegar juntos desde Dolores hasta San Clemente de¡ Tuyú, por el Canal 9 y la Bahía de Samborombón: Son 100 km , en tres etapas.

Reservado para kayakistas, mayores de edad, de ambos sexos, con experiencia en largas travesías, capaces de sostener el Régimen de Navegación durante 8 hs. x día; y para kayaks de travesía, con estancos para carga interior y seca.
Régimen de navegación: Todos juntos, en flota, al alcance de la voz; con el gomón delante y otro gomón detrás; a 45 paladas firmes por minuto, aproximadamente; con paradas de 10 minutos toda 90 minutos (pis, comida aguo etc.).
Clínica de kayakismo. Durante los tres días de navegación, quienes lo deseen, recibirán enseñanzas de los mejores kayakistas del país, identificados para ello.
Seguridad: 2 gomones del CAND y 2 de PINA, todos con VHF, GPS, bengalas, botiquín, etc.
Clima. La travesía se suspenderá en caso de fuerte sudestada.
Prensa. Tendrá cobertura nacional y regional (Tv, radio, diarios y revistas). (Ha sido difundida por La Nación, Gente,Telam,TyC,América TV,Weekend, Andar Extremo, La Capital, Aventura, Radio Rivadavia, Radio del Plata, Continental, etc).
Costo. La inscripción “Plena” es de $ 1.000 c/u.- Incluye: jueves: Camping en Dolores, Cena Show de bienvenida. Viernes: gomones de seguridad, ten “Las Vívoras'”. Sábado: cena “Bajo las Estrellas”. Domingo: merienda, baño termal, ducha y cena en Termas Marinas; Diplomas y remeras; Transporte de regreso a Dolores, para remeros y kayaks. La inscripción “Primera Etapa” es de $ 500 c/u. Incluye :Jueves: Camping inicial y cena; Viernes: cena, diploma y remera.

Inscripciones: Deben efectuarse provisoriamente por e-mail, antes del 28-11-18, consignando: nombre y apellido, DNI, fecha de nacimiento; dirección, tel, e-mail; si pertenece a alguna entidad deportiva, kayak (tipo, color, nombre).Al arribar a Dolores, el 06-12, formalizarán la inscripción definitiva.
Por razones de organización rogamos realizar la Preinscripción

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Jueves 06 / 12: Dolores.
14:00. Arribo, concentración y campamento de los participantes en el lago Parque Náutico, del CAND.
Se llega por Ruta N’ 2, km. 208, y por Camino Fuerza Aérea , dos kms. al Oeste. El camping dispone de forestación, parrillas, electricidad agua potable y baño.- (Provisto por el CAND).
Feria Náutico. Quien lo desee, puede realizar la Exposición y Venta de sus productos. En las ediciones anteriores estuvieron presentes SDK, Nitres, Atlantikayaks, Meridien, Austral Design Kayaks, Weir, Fugate, Asiak,Tigre, MyG, Multiradio, etc.
20:00. 9° Festival Nacional de Audiovisuales sobre Kayakismo de Travesía. Premio “Libres del Sur”. En el Teatro Unione. 22:00. Acto y Cena de Bienvenida, provista por el CAND. – Con show artístico
– Homenaje a kayakistas destacados del año, etc.
-Sorteos, Regalos,

Viernes 07 / 12: Dolores – Ruta 11.
08:00. Desayuno y desarme de campamento.
10:00. Traslado hacia el punto de partida de la travesía; pasando en caravana por el centro de Dolores.- Distancia total: 10 km.
11:00. Concentración de kayaks en el punto de partida. Canal N° 9 y Camino al Parque Industrial (Estación de Hidráulica).
Alistamiento final.
12:30. PARTIDA de la Flota Nacional de Kayaks.
Debemos navegar 27 (veintisiete) km. por el Canal N’ 9, hasta su intersección con la Ruta Provincial N’ II. Habrá una parada de descanso frente a la Estancia “Las Redondas”. Tiempo total estimado, en condiciones normales: 5 (cinco) horas. Importante: Por razones operativas de seguridad quien no pueda sostener el régimen de navegación referido anteriormente deberá dejar la flota en la Ruta 11. De modo que al día siguiente no podrán ingresar a la Bahía de Samborombón.
17:30. Campamento, en Canal 9 y Ruta I I.
Armado de carpas, merienda, pesca, etc.
21:00. Asado Show y Baile “De la Escuelita Rural”. (Provisto por el Municipio de Tordillo). Sorteos

Sábado 08 / 12 : Ruta 11-Boca del Canal I
06:30. “Suave Despertar’.
Desayuno. Desarme de campamento. Alistamiento.
08:00. PARTIDA de la segunda etapa. Debemos navegar con rumbo NE, por el Canal 9, hasta su boca distante a 13 (trece) kms. Considerando las mareas, continuaremos navegando, por la Bahía de Samborombón, a vista de costa, con rumbo 130°, para recorrer otros 21 (veintiún) kms. hasta la boca del Canal 1.
Tiempo total estimado, en condiciones normales* 7 (siete) horas. 16:00. Campamento en la boca del Canal 1.
Armado de carpas, merienda, pesca, etc.
21:00. Asado “Bajo las Estrellat”.. No hay construcciones en el lugar. Nota: campamento y cena allí mismo.

Domingo 09 / 12 : Boca del Canal I- San Clemente del Tuyú.

06:30. “Suave Despertar—.
Desayuno. Desarme de campamento. Alistamiento.
08:00. PARTIDA de la tercera y última etapa. Debemos navegar por la Bahía de Samborombón, 19 (diecinueve) kms. con rumbo 109° huta la boca de la Ría Ajó; y luego otros 12 (doce) kms. con rumbo 80° hasta San Clemente. La costa es de cangrejal y no se tocará tierra en toda la travesía. Tiempo total estimado, en condiciones normales: 7/8 (siete/ocho hs.) I5:00. FIN DE LA TRAVESÍA (estimado). Arribo de la Flota Nacional de Kayaks a “Termas Marinas”, al pié del centenario faro. Acto de llegada. Baños Termales, Duchas calientes . Merienda. Carga de los kayaks en los transportes (Provistos por el CAND). Visita sin cargo al complejo Termas Marinas.
19:00. Cena ligera.
19:30. Ceremonia de Cierre. Entrega de Diplomas, remeras y recuerdos a todos los participantes; así como las medallas de la PNA. Sorteos; despedida.
20:30. Partida hacia Dolores de los transportes de deportistas y kayaks. (Colectivos y Camiones acondicionados con el “Dolores Kayaks System”, Provistos por el CAND).
22:30. Arribo estimado al Lago Parque Náutico de Dolores. Desconcentración general. Quienes lo deseen podrán permanecer allí en el camping, sin cargo, hasta el día siguiente.

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BASES DEL CERTAMEN PARA LA ENTREGA DE AUDIOVISUALES

01 – Podrán participar trabajos audiovisuales de cine, videos y/o fotografías; que tengan entre siete y catorce minutos de duración, incluidos los títulos.

02 – El tema debe ser el kayakismo de travesía, realizado por argentinos en cualquier lugar, o por extranjeros en territorio argentino.

03 – Las obras deben presentarse en formato DVD y en 2 ejemplares. Cada disco debe tener impreso el titulo de la obra. Y cada estuche debe tener: titulo, duración, nombre y apellido del autor, DNI, domicilio, teléfono e e-mail.
Debe acompañarse un disco con: foto de la obra en jpg, los datos personales y de la obra, y una sinopsis (máximo 10 renglones) en word. Debe acompañarse una nota al CAND solicitando la inscripción y aceptando las bases del certamen.

04 – Podrán participar todas las obras existentes, que nunca hayan llegado a la “Noche Final” del certamen.

05 – Todos competirán en categoría única.
06 – Las obras deben presentarse, personalmente o por correo, hasta el día 26 de noviembre de 2018, en la oficina del CAND de calle Belgrano 222, (7100) Dolores.

07 – El material entregado no podrá ser retirado del certamen. Nadie podrá utilizar el mismo o copias del mismo en usos que no tengan relación con la Noche Final del certamen.

08- Antes del 01 de diciembre de 2018, el jurado preseleccionará un máximo de cinco obras que se exhibirán en la Noche Final. Los trabajos restantes podrán ser retirados por los productores, hasta 90 días después de la preselección, en el mismo lugar de su presentación.
Es un certamen artístico, ideado y realizado por el C.A.N.D., Centro de Actividades Náuticas de Dolores, Prov. de Bs. Aires, Argentina.

Su objetivo es fomentar que los kayakistas documenten sus experiencias y elaboren trabajos audiovisuales para compartir las mismas con otros kayakistas y el público en general.

Debe ser un instrumento para la difusión y el crecimiento del kayakismo de travesía.

El Jurado debe considerar:
Calidad y belleza Foto / Cinematográfica. Fomento de la cultura del deporte.
Rescate del espíritu del kayakismo y el mundo de la aventura. Respeto del medio ambiente.
09 – La Noche Final se realizará el día 06 de diciembre de 2018, a las 20:00 hs., en el Teatro Unione de Dolores, como parte del 20° Encuentro Nacional de Kayakistas de Travesía. En caso de fuerza mayor o si lo considera conveniente el CAND podrá cambiar esta programación; debiendo informarlo a los participantes.
10- En la Noche Final, ante los integrantes de la Flota Nacional de Kayaks, el jurado y el público general, con acceso gratuito, se exhibirán las obras finalistas.

11- El jurado debe elegir la obra ganadora y las que ocupen el segundo y el tercer puesto. Para ello deberá considerar la calidad y belleza foto / cinematográfica, el fomento de la cultura del deporte, el rescate del espíritu del kayakismo y el mundo de la aventura, así como el respeto del medio ambiente.

12 – El CAND elige a los miembros del Jurado y puede modificarlo si lo cree conveniente. En este octavo festival está integrado por:

Alfredo Barragán (Presidente) Presidente del CAND, expedicionario y realizador cinematográfico. Jorge Iriberri. Expedicionario. Vicepresidente de CADEI.
Marcos Ferrer Director de la Revista “Andar Extremo”. Marcelo Ferro. Director de la Revista “Week End”. Guillermo Gallishaw. Director de la Revista “Ochentamundos”.

13-Los ganadores obtendrán los trofeos “Libres del Sur” e importantes regalos. Todos los finalistas recibirán sus correspondientes certificados.

14-Todo tema no contemplado en este reglamento será resuelto exclusivamente por el CAND

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AUTORIDADES
Un Comité de ocho miembros, del CAND y CADEI. Ellos son:
Capitán: DcAlfredo Barragán, Presidente del CAND Capitán Exp. Atlantis,Aconcagua, Kilimanjaro, Capitán Exp. Mar de las Antillas en Kayak 99. Cap. Exp. Finis Terra 2007, Capitán de la Flota Nacional de Kayaks 99/17.
Sub Capitán: Dc José Roch del CAND.
Sub Capitán: : Prof. Marcelo Laterrade, Escuela Náutica y Vicepresidente CAND.
Sub Capitán: Dr. Pablo Bidart, Secretario del CAND.
Sub Capitán: Prof. Guillermo Caprq del CAND.
Sub Capitán: Dr. Rafael Macchi, del CAND.
Sub Capitán: : Federico Falistaco, del CAND.
Sub Capitán: Cristian Urquijo, del CAND.

INFORMES E INSCRIPCIONES
C.A.N.D.: Belgrano 222 (7100) Dolores
Te¡/Fax: CAND / TURISM0: 02245-441925 (de 8 a 18 hs) E-mail: nauticodolores@gmaiLcom

Montañismo

Mujer Montaña llega a Chile

septiembre 27, 2018 — by Andar Extremo0

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El innovador proyecto latinoamericano de montaña y género se ha instalado en el continente como una nueva manera de pensar, sentir y hacer montaña. Este 2 de Octubre se presenta en Santiago de Chile para hablar sobre montañismo hecho por mujeres en América Latina y difundir el 5to Encuentro Internacional de montañismo, escalada y actividades afines que se desarrollará entre el 23 de Noviembre y el 12 de Diciembre en la Patagonia Chilena. La periodista, fotógrafa y montañista argentina Griselda Moreno, la destacada montañista chilena Patricia Soto y María Paz Valenzuela, la mujer que subió recientemente al Everest con el lema Alto el Cáncer, entre las presentes.

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Mujer Montaña, fundado por las montañistas y escaladoras Griselda Moreno (Argentina) y Denys Sanjinés (Bolivia), se ha convertido en una puerta de entrada para que mujeres de distintas edades, países y profesiones se acerquen a las actividades deportivas de montaña. La clave que ha permitido llevar este proyecto a diversos países latinoamericanos fue abordar la montaña más allá de lo deportivo, destacando su alcance espiritual: “trascender lo deportivo y entender al montañismo como un puente poético para despertar la montaña que cada persona lleva dentro” es de los pensamientos por los cuales Mujer Montaña ha encontrado tanto eco en el continente.

El proyecto apunta a promover y difundir la práctica de esta actividad en forma responsable, asumiendo que tenemos impacto en ecosistemas delicados, donde podemos ser incluso los primeros humanos en hacerse presente. Las actividades de montaña generan espacios de intercambio deportivo, social, cultural y medioambiental, tejiendo vínculos de respeto con nuestro entorno y nuestra especie, que bien pueden transformarse en herramientas educativas y transformadoras de conductas.

En Julio del 2013, Mujer Montaña llevó adelante el 1er encuentro internacional en Bolivia. Evento que, por su novedad, no se desarrollaba con muchas pretensiones. Se trataba de una prueba en un país donde el índice de montañistas y escaladoras mujeres locales es de los más bajos del mundo. Razones culturales y sociales acompañan esta estadística, razón por la cual también Mujer Montaña decidió nacer allí. Moreno y Sanjinés provenientes de dos realidades y experiencias distintas en el mundo de la montaña, sentían que había que promover este acercamiento a la montaña como una manera de fortalecer y transformar a las mujeres física, psicológica y espiritualmente para aportar al trabajo mundial por cambiar la histórica cultura de opresión y subordinación de las mujeres impuestas por la sociedad, al estigmatizar desde el principio de los tiempos, todas sus capacidades.

Al de Bolivia le siguieron otros encuentros internaciones anuales y programas en Argentina, Perú, Ecuador y México, todo ellos con gran repercusión y acogida. En estos se dictaron cursos, charlas y talleres de distintos temas en montaña y grados de dificultad, clínicas especializadas en aprendizajes de técnicas y maniobras, caminatas a favor de las luchas por proteger nuestra tierra y los derechos fundamentales para vivir. Le siguió a esa primera edición, un camino plagado de cosas por hacer y lugares por entrar.

A pesar de tener como foco a las mujeres, Mujer Montaña es un proyecto inclusivo. La integración es parte medular del alma que lo compone. Entender la complementariedad entre mujeres y hombres en los distintos aspectos de la vida, es visionar una sociedad basada en el respeto y admiración por el par, y una valiosa manera de hacerlo es compartir los espacios y actividades para que suceden los quiebres de mentalidad y la transformación ocurra.

Como proyecto internacional, Mujer Montaña se ha vinculado y hecho alianzas en el desarrollo de sus programas con al menos un centenar de instituciones, empresas, asociaciones y fundaciones, intentando que todas ellas estuvieran vinculadas, de alguna manera, al desarrollo de la cultura de la montaña y fomento de su práctica de manera sustentable. La concientización de una nueva educación para el medio ambiente a favor de los derechos humanos es otra de las lineas importantes que el proyecto busca desarrollar e inculcar entre quienes participan.

Lo anterior ha repercutido en que se haya nominado e incluido a Mujer Montaña como una iniciativa destacada en el campo de la educación y cultura de montaña en la plataforma de proyectos que la Federación Internacional de Montañismo y Escalada (UIAA) promueve a través de los Mountain Protection Award (MPA).

Chile se suma por primera vez

La presentación de Mujer Montaña en Chile será el 2 de Octubre a partir de las 19:30hs en el hall central del Mall Sport de Santiago de Chile. Estarán presente en esta ocasión: Griselda Moreno, periodista y fotógrafa Argentina especializada en montaña y fundadora de Mujer Montaña; Patricia Soto, primera chilena y sudamericana en la cumbre del Monte Everest y en completar el proyecto 7 cimas; mujeres montañistas chilenas de la década de los 80: representantes de la primera expedición femenina en la historia con cumbre en el Aconcagua, y quienes crearon y organizaron la primera confraternidad latinoamericana femenina de montaña; María Paz Valenzuela, la primera latinoamericana sobreviviente de cáncer de mama en subir el Everest.

El lanzamiento se cerrará con un conversatorio abierto entre las participantes y el público que enfrentará a generaciones en un diálogo profundo de lo que antes y hoy nos toca vivir como mujeres en el mundo de la montaña. La moderación de esta reunión estará a cargo de Christian Moscoso, miembro de Revista Escalando y Director Regional de la ONG AccesPanam en Chile.

5to Encuentro Internacional de Montañismo, Escalada y actividades a fines.

La 5ta edición de Mujer Montaña eligió como escenario la Patagonia Chilena. Y en la vastedad de esta región teñida de misticismos y maravillas, se escogió la Región de Aysén. Dos razones fundamentales movieron a esta elección, descubrir y difundir el potencial de su territorio en ámbitos de montañas, lagos y glaciares; y también, porque tristemente esta región recoge los datos de mayores índices de mujeres violentadas en Chile. Poder aportar el despertar de algunas de sus jóvenes mujeres a esta sumisión absurda a la cual se ven sometidas es parte de un compromiso como proyecto, como mujeres, como seres humanos.
El evento está dividió en dos etapas, las cuales reúnen distintas actividades, como senderismo, campismo, montañismo, técnicas de orientación, gps y cartografía, interpretación de flora y fauna, escalada en roca: largas vías, iniciación al kayak de lago, iniciación al sky de travesía, ecología de montaña: principios de No deje Rastro y primeros auxilios en zonas agrestes. Las alianzas con instituciones, organizaciones y empresas para desarrollar cada una de las propuestas han sido fundamentales, como por ejemplo Nols, Club de Escalada Aysén, el Gobierno Regional de Aysén, Conaf, Andesgear, Petzel, Makalu, Federación de Andinismo de Chile, entre muchos.

Contacto: mujermontania@gmail.com
Fan page: Mujer Montaña

Supervivencia

34 días A LA DERIVA, en el mar en una balsa

septiembre 26, 2018 — by Andar Extremo0

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En 1942, en plena segunda guerra mundial, tres aviadores por un error en el compás, se vieron obligados a amarisar. El bombardero Tony Pastula, el piloto Harold Dixon y el operador de radio Gene Aldrich, permanecieron 34 días sin agua y sin comida en un bote de 1 x 2 metros.

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El 14 de enero de 1942, los tres tripulantes: el Primer Oficial Mayor Harold Dixon, Gene D. Aldrich Operador de Radio y Anthony J. Pastula, bombardero, se encontraron solos y perdidos, luego de volar una misión antisubmarina extendida en su Douglas TBD Devastator, después de despegar del USS Enterprise (CV 6).
Un error del compás no sólo los había alejado de su hogar el Enterprise, sino que no tenían idea en qué área del Océano Pacífico se encontraban volando. Mantenían su mirada atenta para percibir una pequeña señal que los llevara de regreso, pero de pronto sucedió lo inevitable: el combustible se agotó y Dixon debió amerizar su avión en el mar.
Milagrosamente ninguno resultó herido y siguieron los pasos que habían realizado decenas de veces en sus entrenamientos.

National Naval Aviation Museum y la balsa real
National Naval Aviation Museum y la balsa real

El piloto se posó sobre una de las alas y recibió el bote salvavidas de sus compañeros, pero el cilindro de CO2 no funcionó y debieron inflar el bote a pulmón limpio. El avión se sumergió mucho antes de que ellos terminaran esa tarea. Los tres se encontraban en un bote de 1,2 por 2,4 metros, sin comida, agua y con unas pocas herramientas. En ese momento, ninguno de ellos se imaginó que pasarían los próximos 34 días en ese bote, al vaivén de las olas y bajo un inclemente Sol.
Su alimentación consistió en una que otra ave que se posó sobre el bote y que disparaban con su arma de dotación, alguna suerte en la pesca y algunos cocos que flotaban a su suerte. El agua que les permitió sobrevivir provino de las lluvias. Durante su octavo día, se despertaron rodeados de algunos tiburones. Inmediatamente Gene tomó su cuchillo y acertó en uno de ellos. Poco a poco fueron alimentándose del tiburón e inclusive de algunas sardinas que encontraron en su estómago. A partir del día 28, su suerte para hallar alimento cambió y estuvieron sin nada hasta el 19 de febrero.

Tony Pastula, Harold Dixon y Gene Aldrich cuando llegaron a tierra firme
Tony Pastula, Harold Dixon y Gene Aldrich cuando llegaron a tierra firme

Después de un viaje de alrededor 1.200 millas y casi 450 millas de distancia del lugar del accidente, los tres hombres llegaron a la costa del Atolón Pukapuka, gracias a los “amigables” vientos de un huracán que los había azotado por dos días y que les había arrebatado todas sus posesiones y su esperanza de sobrevivir. Ahím, fueron encontrados acurrucados por Teleuika Iotua, en una cabaña perteneciente a Lakulaku Tutala.
Se ha escrito una novela sobre su experiencia llamado The Raft por Robert Trumbull y en 2014 se filmó una película llamada “Against the Sun” en inlgés ,o “A la deriva” en español, que puede verse actualmente en Netflix.

2014 se filmó “Against the Sun” en inlgés ,o “A la deriva” primer producción de Angelina Jolie
2014 se filmó “Against the Sun” en inlgés ,o “A la deriva” primer producción de Angelina Jolie

ExploracionTrekking

MARTÍN ECHEGARAY DAVIES 23 CAPITALES PROVINCIALES

septiembre 25, 2018 — by Andar Extremo0

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23 Capitales Provinciales en 327 días, del 31 de octubre de 2017 al 22 de septiembre de 2018 recorriendo 9783 km.

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Martín Echegaray Davies de 62 años, de Trelew, ya cumplió la primera etapa del viaje que era pasar caminando por todas las capitales provinciales. Con su carro de 180 kg llamado “Carricatre Pilchero”, un viejo catre con ruedas de moto que él arrastra, piensa ir de Ushuaia a Alaska en 4 años para hacer el Récord Guinness de caminata.

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Tecnología

INOV 8 X-Talon 230

septiembre 19, 2018 — by Andar Extremo0

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Consideradas como una de las mejores zapatillas del 2018 la Inov 8 X-Talon 230 han sido renovadas y llevan a que este clásico de la firma para correr en montaña tengan como objetivo principal mejorar sus prestaciones tanto en la parte de la tracción, como en la protección. Dos aspectos importantísimos que valoran los corredores, esto les da más estabilidad y comodidad. Todo ello gracias a que las X-Talon 230 incorporan la entresuela PoweerFlow+ y la suela de caucho Sticky Grip, que le convierten en un modelo óptimo para todo tipo de terrenos de montaña. La X-Talon tienen un drop de 6mm y pesan como su nombre lo indica 230 gr.
La empresa británica nació en 2003 a manos de Wayne Edy, aunque con el paso de los años se han ido expandiendo, llegando a operar actualmente en más de 60 países repartidos por todo el mundo. Para Inov-8, es la relación que tienen los atletas con el medio ambiente lo que les hace diseñar productos para todo tipo de circunstancias climáticas y de entorno; ofrecen productos tanto para ir a la montaña, como para desarrollar actividades en el desierto o en la nieve o hielo. Sus productos están enfocados en el trail running, el running o el training, y van desde calzado, ropa y accesorios. Una empresa que además de tener mucha tecnología, le presta mucha atención a los diseños que son muy estéticos e innovadores.

Mountain BikeTecnología

CHARLY BIKES, TIENDA SPECIALIZED

septiembre 19, 2018 — by Andar Extremo0

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En Martínez la marca internacional Specialized y la bicicletería Charly Bike han inaugurado un nuevo local en Avenida del Libertador n° 14362. Andar Extremo estuvo presente en la apertura, su dueño Lucas Escobedo nos daba esta entrevista.

entrevista a Lucas Escobedo por Andar Extremo

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A qué apunta Specialized Argentina con un local exclusivo en Bs As?
Specialized es una marca internacional que ofrece el mejor producto y teníamos la necesidad de ofrecer una tienda autorizada que ofrezca un nivel de atención y servicio acorde al producto que comercializamos. Para que nuestros clientes puedan elegir el producto indicado, se necesita espacio, tiempo y comodidad.

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Qué gamas podemos encontrar?
En la nueva tienda Charly Bikes podemos encontrar todas las experiencias: Mountain Bike, Ruta, Urbano, Mujer, Niños, Gravel, etc. Desde rodado 20 hasta rodado 29, tanto en versiones de mujer como hombre. Contamos con más de 50 modelos diferentes para poder disfrutar la Experiencia Specialized.

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Qué servicio post tienen los clientes?
Contamos con un taller especializado para atender todas las necesidades de nuestros clientes. También ofrecemos un servicio rentado de retiro de bicicletas a domicilio para los clientes que viven en los alrededores de nuestra Tienda.

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Qué trayectoria tienen ustedes como dueños?
¡Nos encanta andar en bici! Impulsados por la pasión del ciclismo, desde 1999, Charly Bikes continúa siendo la misma empresa dinámica, formada por personas como vos. Corre por nuestras venas. El ciclismo está en nuestra sangre. Vivimos y respiramos ciclismo, y tenemos una verdadera pasión por traer los mejores productos y servicios a los mejores precios, en el tiempo de entrega más rápido posible. No importa el nivel (de novato a profesional) tenemos el equipamiento adecuado para que vivas la experiencia que deseas, de la mejor manera. Nuestro equipo de soporte está formado por 7 profesionales muy apasionados y capacitados no sólo para asesorar técnicamente, también para compartir vivencias Trabajamos juntos para hacer que la experiencia de compra sea lo más sencilla posible. El objetivo número uno es proporcionar la mejor calidad de atención al cliente. Nuestros valores fundamentales son: responder siempre mediante el mejor asesoramiento a la necesidad del cliente, sólo vender productos de calidad, vender al mejor precio posible, ser honesto acerca de la disponibilidad de productos y siempre estar ahí cuando nos necesiten. Nuestro trabajo es servir a la comunidad ciclista. Nuestra misión es ayudar a la gente a vivir la libertad, la independencia, la adrenalina, el disfrute de andar en bici.

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Editorial

RÉCORD MUNDIAL MARATÓN Eliud Kipchoge, 2:01:39 hs

septiembre 18, 2018 — by Andar Extremo0

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Eliud es de Kenia tiene 33 años nació en Kapsisiywa, distrito de Nandi, y el 16 de septiembre paso a la historia con el récord mundial en Maratón en la 45a. edición del Maratón de Berlín con un tiempo de 2:01:39 hs.
Con una marca nunca jamás alcanzada en una maratón, con un tiempo de 2:01:39, récord del mundo, superó así la anterior marca de su coterráneo en 2014, también en Berlín, Dennis Kimetto de 2:02:57 hs. Este año reunió a casi 45 mil corredores de 133 países y en más de medio siglo, ningún maratonista había bajado el récord por semejante diferencia (1m18s) como lo hizo Kipchoge.
Cabe destacar que a primeras horas de la madrugada del 6 de mayo de 2017, Kipchoge corrió la distancia del maratón en un tiempo de 2h00’25”, en el circuito de Monza, en Italia, en el marco de la “Breaking 2”, un experimento organizado por la firma Nike. La marca es la más baja registrada en la historia, si bien no es reconocida oficialmente por la IAAF debido a las ayudas que reciben los practicantes de la prueba.
“El espíritu transporta al cuerpo, la fuerza mental es la clave. Corro desconectado de mis pensamientos”, es el lema de Kipchoge quién a los 33 años con una altura de 1,70 metros y un peso de 59 kg se convirtió en el maratonista más rápido de la historia.

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Trekking

TRAVESÍA 5 LAGUNAS, BARILOCHE

septiembre 17, 2018 — by Andar Extremo0

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En el instante que comenzaron a planear su viaje, se enamoraron a la distancia de esos paisajes y su belleza indescriptible. Iván Gómez y Flor Del Negro en un trekking increíble en la zona de Bariloche. Nota de la revista Andar Extremo n° 50

por Iván Gómez y Flor Del Negro

Desde Colonia Suiza a Pampa Linda

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Llegamos a la ciudad de San Carlos de Bariloche el 16 de enero de 2018, con las mochilas cargadas de sueños. Estábamos ahí para hacer la Travesía de las 5 Lagunas y gracias a la vida, los pronósticos indicaban que el clima marcharía de lo mejor.
Al día siguiente, una vez registrados en Parques Nacionales, emprendimos la aventura junto a nuestro amigo Andy. Teníamos por delante más de 54 kilómetros que pensábamos disfrutar a pleno, deleitándonos ante la inmensidad de ese escenario.


Día 1: Colonia Suiza – Laguna Negra

Empieza la aventura, tenemos todo listo y una emoción que recorre nuestras venas. Iniciamos la travesía en Colonia Suiza por un sendero amplio que da ganas de caminar rapidito pero el peso de las mochilas nos obliga a avanzar más tranquilos. Disfrutamos del paisaje salido de un cuento.
Nos adentramos en un bosque de pinos, cohíues y ñires que se adueñaban del camino. Transitamos por el Valle del Arroyo Goye escuchando el agua correr. Después de cargar nuestras caramañolas en una zona donde varios expedicionarios deciden que será su zona de acampe, nosotros continuamos por el sendero que nos lleva hasta el llamado “maldito caracol”, una subida entretenida pero que, como su nombre lo indica, es un tanto exigente y para muchos detestable.
Una vez superado el caracol, vemos un espejo de agua oscura envuelto en cerros apenas nevados a 1650 metros de altura, la Laguna Negra está a nuestros pies, custodiada por montañas rocosas.
Buscamos un espacio para nuestra carpa y allí armamos campamento. Ansiosos nos acercamos a la laguna, los tres queremos tocar el agua y sentir su frescura. Después de compartir una ronda de mate y algo dulce, nos disponemos a preparar nuestra primera cena en la montaña coronada por una cantidad de estrellas difícil de apreciar en la gran ciudad.

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Día 2: Laguna Negra – Laguna CAB
Amanece con un sol radiante que nos invita a salir de la carpa y empezar a disfrutar lo que sería el segundo día. Luego de desayunar, desarmar nuestra casita y preparar las mochis, despedimos a nuestro amigo que baja a Colonia Suiza y comenzamos nuestra caminata. Rodeamos la Laguna Negra por la derecha, pasando unos cortitos pero entretenidos manchones de nieve y poco antes de subir al filo nos topamos con unas grandes piedras que para atravesarlas tenemos que usar unas cuerdas puestas con anterioridad. Pasado el obstáculo de la naturaleza, subimos al filo y por primera vez divisamos el Cerro Tronador. Es mágico, único y a cada instante que deja oírse, logra que el alma se llene de alegría. Escucharlo es maravilloso.
Después de sacar unas fotos y con la no tan grata bienvenida de los insoportables tábanos, comenzamos una bajada muy linda pero empinada dentro del bosque hasta llegar al Valle del Arroyo La Chata. Cruzamos el arroyo, reponemos energías y a darle para arriba que todavía nos queda la gran trepada hasta llegar a la Laguna CAB. Una vez allí y cuando pensamos que ya era hora de nuestro merecido descanso, nos dimos cuenta de que aún falta bordear la laguna porque la mejor zona de acampe estaba en el otro extremo de la misma. Así que con las crocs puestas y el agua refrescando nuestros piecitos rodeamos la laguna sin orilla y en menos de media hora estamos sentados en un tronco, con la carpa armada y tomando los tan esperados mates.

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Día 3: Laguna CAB – Laguna Cretón
El despertador suena temprano, tenemos por delante el día más largo de la expedición. Con el equipo listo y ansiosos por lo que vendrá, damos los primeros pasos sobre un mallín, uno de los tantos que cruzamos.
Con los pies mojados, comenzamos la subida al Cerro CAB. Desde la altura podemos observar de un lado la laguna y el claro que nos hospedó la noche anterior y del otro el Cerro Cristales, punto más alto de toda la travesía. Desde este filo, y sin perder altura transitamos un entretenido pedrero, el cual nos pone a prueba con variados manchones de nieve que exigen ser atravesados con sumo cuidado. Una vez superados, el camino se transforma en lajas grandes donde es mucho más seguro caminar.
Con la bienvenida de una familia de patos, nos adentramos en el Mallin de las Vueltas. Más adelante, atravesado el mallín Mate Dulce, comenzamos el ascenso al Cristales, donde realizamos un almuerzo express con la compañía de nuestros tan queridos tábanos. La subida resulta sencilla con algo de nieve.
Llegamos al filo cumbrero, felicidad total y una vista que te deja sin aliento, pero paciencia que todavía queda un pedrero con una bajada que asusta. De pronto nos vemos sumergidos en un océano de muchas, muchísimas piedras de todos los tamaños y colores imaginables. No se ven pircas, ni puntos rojos. La bajada se pone áspera y la desesperación sumada al cansancio nos complica el descenso. Bajamos como podemos, colgados de las piedras, sin distinguir donde pisamos, hasta otro mallín donde nos detenemos a observar lo que habíamos hecho. El desvío involuntario nos hizo dura la bajada, más de lo imaginado.
Repuestos del susto y con varios frutos secos en la boca, continuamos hasta la Laguna Cretón, donde nos encontramos con un espacio soñado. La laguna al fondo, en el medio piletones que invitan a refrescarse y al frente un valle de película. El paraíso existe ahí, en ese mismo lugar.

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Día 4: Laguna Cretón – Laguna Ilón
¡Cuarto día y dale que va! Empieza la subida, que hoy cuesta. Pero a medida que avanzamos nos encontramos con ella, la más imponente de todas: la Laguna Azul. Está alejada, prefiere que la apreciemos a lo lejos. Así que después de un par de fotos continuamos nuestro camino hasta la Laguna Jujuy que se distingue con una forma muy peculiar y rodeada de nieve.
Otra trepada más y llegamos al filo del Cerro Capitán desde donde se puede apreciar el Monte Tronador, es imponente no caben dudas. Ahora toca bajar, pero se siente bien el descenso. Para no perder la costumbre pasamos por uno más llamado el Mallín de Ricardo donde además de los habituales tábanos aparecen los mosquitos. Manotada va, manotada viene nos sumergimos en un bosque donde reina el silencio.
Vemos la Laguna, vemos la tan prometedora playita y sabemos que llegamos a la Laguna Ilón. Mochis al piso y carrera al agua. El Tronador nos observa, aprecia nuestra infinita alegría.
Mateada con amigos del camino y de a poco cae la noche que amenaza con unos relámpagos del otro lado de la montaña.

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Día 5: Laguna Ilón – Pampa Linda
Hoy amanecemos con una sutil nostalgia, es nuestro último día de travesía. Desarmamos campamento y a patear por el bosque. Tratamos de atesorar cada momento, deseamos que la aventura continúe, que dure unos días más.
El bosque queda atrás y nos topamos con una zona de mallines, que atravesamos rápidamente. Continuamos por un sendero de tierra y algunas piedras sueltas que da ganas de bajarlo corriendo si no fuera por las mochilas que pesan en nuestros hombros.
De golpe, nos sorprende un mirador extraordinario que nos muestra el Tronador en todo su esplendor. Sigue el sendero cuesta abajo y nos abrimos paso al Río Castaño Overa, que se presenta con una importante correntada y una respetada agua de deshielo. Nuevamente obstáculo de la naturaleza que pasamos en crocs y con los dientes apretados.
Se empiezan a escuchar sonidos y en un abrir y cerrar de ojos estamos en Pampa Linda donde pasamos nuestra última noche.
La travesía fue más allá de lo soñado. Fue inolvidable, sensacional, magnífica. No hay palabras que abarquen todo. Compartimos momentos hermosos, de tensión, de incertidumbre, nos reímos, nos divertimos y nos sorprendimos con los lugares que tiene nuestro país. Disfrutemos de lo simple y de lo maravilloso de la naturaleza.
¡Por más vacaciones disfrutando intensamente!

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Montañismo

Ascenso al Cerro Penitentes

septiembre 14, 2018 — by Andar Extremo0

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A veces todo lo que uno ha contado en los relatos, proviene de su propia vida o de lo que cree que ha vivido, y este es el caso de una incursión al Cerro Penitentes de 4.350 msnm. El mismo, está ubicado a 23 kilómetros de la frontera con Chile y al oeste de la ciudad de Mendoza, cerca de la ruta que va a Puente del Inca y al Parque Aconcagua. Estas características permiten que sea considerado un buen terreno para empezar a hacer ascensiones en altura o, como entrenamiento para el cerro Aconcagua, cuyo protagonismo eclipsa otros posibles destinos en los alrededores, de diversos grados de dificultad, dentro y fuera del Parque Provincial. Nota en la Revista Andar Extremo n° 50

Por Juan Martín Laborde fotos Pablo Pinchero

Llegando al filo cumbrero
Llegando al filo cumbrero

Historias del cerro
El cerro se encuentra en la Quebrada de Vargas y debe su nombre a las caprichosas formas creadas por la erosión del viento sobre las areniscas de sedimentos marinos que asemejan a monjes penitentes con sus capuchas.
Esta montaña fue elegida por los Incas, que construyeron en su cumbre un sitio ceremonial, vinculado a la momia encontrada en el espolón suroeste del Aconcagua. Con buen clima y desde su cumbre, es posible observar el imponente Cerro de 6.962 msnm, además de todas las montañas circundantes.

Traslado desde Mendoza, y aclimatación
El grupo se reunió en un hostel durante las horas de la mañana y luego, junto al guía de la empresa “Acampartrek,” emprendimos el traslado desde la ciudad de Mendoza a la zona de alta montaña. El tiempo de viaje duró unas 3 horas. Luego de recorrer la ruta 7, llegamos a Los Penitentes que se encuentra a 2.600 msnm al pie del centro de esquí, del cerro homónimo y del Cruz de Caña. Allí nos detuvimos y pasamos la noche en el Refugio de Montaña “Cruz de Caña”, donde continuamos con nuestra aclimatación.
La Quebrada de Vargas se abre en la margen derecha del río Cuevas, entre el centro de esquí Los Penitentes y la localidad de Puente del Inca. Se puede acceder a ella desde estos dos lugares ubicados sobre la Ruta Nacional Nº 7 a 172 kilómetros de la ciudad de Mendoza.

Aproximación al campamento base
Aproximación al campamento base

Inicio del trekking
Después del desayuno y junto a mis compañeros: Mamuno, Marcelo y Sebastián, nos trasladamos en vehículo hasta el ingreso de la Quebrada de Vargas para comenzar al trekking al campamento base, que se encontraba a 3.200 msnm.
Vale señalar, que la aproximación al mismo no tiene mayores dificultades y el ascenso a la cima puede hacerse aún si uno cuenta con pocos días. En tres días es lo usual o en dos, con un mayor esfuerzo y rapidez. Se accede al sendero a unos pocos kilómetros un poco más arriba del centro de esquí invernal cerca de una estación abandonada del tren que circulaba junto a la ruta, donde hay un precario puente colgante sobre el río Cuevas, donde se da inicio a la senda. El cruce de puente debe realizarse de a uno por vez.
Así, partiendo de 2.650 msnm nos fuimos adentrando en la Quebrada de Vargas, siguiendo siempre en dirección norte-sur junto al curso del arroyo Vargas. El uso de bastones facilitó la tarea con la mochila.
Al inicio, debimos superar una cuesta empinada y luego la pendiente de la senda se hizo más suave. Durante el recorrido por la quebrada, de paisaje agreste, observamos adelante e izquierda la pared noroeste del cerro Penitentes cada vez más cerca. Luego de dos horas llegamos a una amplia pampa verde, lugar indicado para descansar un poco y reponer energías. El sendero continuó por esta gran explanada siguiendo el curso del agua.
Más adelante, la quebrada se estrechó nuevamente y la huella se acercó y se alejó del curso de agua, hasta poder pasar un alambrado precario.

Cruce del arroyo Vargas
Cruce del arroyo Vargas

“Confieso que el tiempo en la montaña me hizo más feliz, y por momentos, anhelo prolongar esas vivencias”

Llegamos al campamento base
Después de unas horas de caminata sin pendientes abruptas, llegamos al lugar de acampe donde se observó el refugio de Grajales (construido por uno de sus arrieros), levantado varios años atrás. El refugio era una construcción muy pequeña de bloques de concreto en el que podían entrar unas dos o tres personas
Elegimos un lugar, dejamos nuestras mochilas y comenzamos con el armado de carpas. Luego, nos reunimos para compartir una merienda antes de la cena. Dormir en este sitio no sólo nos sirvió para un buen descanso previo a la ascensión al cerro, sino también muy especialmente para obtener la aclimatación necesaria de nuestro organismo.
La Quebrada de Vargas puede ser un interesante destino para recorrer y conocer si se cuenta con más días en el lugar, donde es posible seguir caminando adentrándose en ella, por un sendero que conduce a una bifurcación y siguiendo el curso natural de la quebrada se llega al Portezuelo Cerrata, a unos 3.700 msnm, camino obligado al valle del Río Blanco superior y los Portezuelos Alto y Bajo del Plomo. Hacia la derecha (oeste) se abre el brazo Laguna Seca. Este sí es un típico valle glaciar que, aunque termina cerrado por el mismo macizo de Los Gemelos, no permite el ascenso directo de estos cerros.
Luego de la cena, sólo restaba alzar la mirada y ver el cielo nocturno que se mostraba en todo su esplendor.

Cruce del puente de inicio del sendero
Cruce del puente de inicio del sendero

Intento a la cumbre
Nos levantamos relativamente temprano, ya que nos esperaba un día largo e intenso de intento a lo más alto del cerro.
El trekking del día anterior hasta el campamento base, nos había dejado detrás (al sur) de la montaña, que desde donde estábamos, mostraba una cara más accesible hacia la cumbre. Era necesario que llevemos suficiente cantidad de agua para casi todo el día, ya que no había cursos de agua durante el ascenso, así como también algo para comer y abrigo, porque cerca de cumbre, el viento de la cordillera se hacía presente.
Paso a paso, dejamos el campamento y nos alejamos del arroyo subiendo por una ladera de piedra y tierra, ganando altura. En un determinado momento, vimos en el horizonte el cerro Aconcagua, con su imponente cara sur y su cumbre frecuentemente escondida entre nubes.
El sendero se hacía largo, y por momentos debimos detenernos a recuperar el aliento mientras observábamos el paisaje.
Era una sensación difícil de expresar, pero poco a poco la intimidad de los cerros iba metiéndose en nuestras vidas. La aspereza de las rocas, la nieve, la marcha y el viento nos iba diciendo que era momento de ver hacia adentro, en nuestras emociones, sentimientos y desde nuestra propia vulnerabilidad.
Durante el ascenso pudimos ver un cerro, con un gran abanico cóncavo y un glaciar colgante llamado Gemelos. Bastante poco frecuentado, debe su nombre a las dos cumbres iguales.
Seguimos hacia arriba y con frecuencia íbamos callados, pero ese silencio era un decir. No era la “nada”, sino que era un “algo” difícil de descifrar. A veces, era un desierto y significaba desinterés, pero otras, sólo referenciaba el lugar donde el espíritu tomaba fuerzas para volver al ruedo, a fin de dar lo que se tuviera para ofrecer en el complejo mundo de las relaciones en grupo.
Al alcanzar el filo de la cumbre, pudimos observar el nevado Tolosa, el Cerro Plomo al oeste y cimas de Chile como el Juncal. Más al sur, los picos Bonito y Santi, el Tupungato y el Negro Pabellón.
A las cuatro horas del inicio, tocamos la cumbre y nos dimos un abrazo como gesto de una meta alcanzada.
A vece,s llegar a una cumbre es como estar parado frente a una verdad revelada. Y no se trata de una experiencia fuera de lo común, sino de algo simple, sencillo.
No era mi primera visita al cerro, pero noté que cuando mis amigos sentían asombro, yo volví a sentirlo como la primera vez.
La cumbre y toda el área circundante, era bastante amplia y relativamente llana, lo que permitía caminar por los alrededores y tener una amplia vista del paisaje. Pudimos observar entre otros, nuestro punto de partida del día anterior: la RN n° 7, las vías del ferrocarril, la villa Los Penitentes, y los cerros Banderita y Cruz de Caña.
Descenso y regreso a Mendoza
De allí sólo quedaba descender entre rocas sueltas y filosas que castigan nuestro calzado, con precaución para evitar lesiones. En algunos tramos los acarreos posibilitaban un descenso más rápido de entre dos o tres horas. Luego, aparecía la vegetación, una pendiente más suave, nuestro campamento, el arroyo y el descanso. Al día siguiente, desarmamos la carpa y emprendimos el regreso al refugio Cruz de Caña, y luego a Mendoza.
Nunca me había sentido como un maestro en las montañas, sino más bien, como un alumno que se iba haciendo más antiguo con cada visita a ellas. He notado que muchas de las salidas a los cerros cambiaron mi percepción del mundo cotidiano, algo que podría llama “efecto montaña”; me volvieron más apacible, más consciente del momento presente, más autosuficiente, más dispuesto a tomar desafíos y menos dispuesto a vivir con prisas. Confieso que el tiempo en la montaña me hizo más feliz, y por momentos, anhelo prolongar esas vivencias.

Cumbre del Cerro Penitentes 4350 msnm
Cumbre del Cerro Penitentes 4350 msnm

Carreras de aventuraEditorial

ELIJO CORRER, ENTREVISTA A ELISA FORTI

septiembre 7, 2018 — by Andar Extremo0

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Elisa Forti tiene 83 años, le dicen “la Nonna que corre”, y además de competir en carreras de Trail Running desde los 72 años, da charlas y acaba de sacar un libro con la historia de su vida.

por Marcos Ferrer, entrevista a Elisa Forti, fotos Lean Arló, Federico Cabello y Chino Avalos

83 años, trail runner

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Eli a los 83 años ya corriste un montón de carreras, vivís una vida a puro deporte y estás sacando un libro. Qué pensás?
No sé, creo que no merezco tanto. Mi único mérito es vivir el presente y recibo tanto reconocimiento… jaja (risas). Yo no pienso en el mañana. Demasiado lindo es vivir hoy para estar pensando en el mañana. No reniego sobre el pasado ni planifico sobre el futuro. Me levanto, pienso lo que voy a hacer en el día, y disfruto al máximo.

Te das cuenta lo que generaste en poco tiempo?
En la última carrera que corrí al lado de mis nietos, en mi ciudad natal, Como, en Italia al lado del lago, me asombraba de mí misma y no podía creer lo que había generado. Miraba a mis nietos tomados de la mano y me repetía: Elisa qué estás haciendo? Pudiste a los 83 años unir cuatro generaciones, ya que mis hijos estaban en la llegada, mis nietos corrían al lado mío y mis bisnietos hacían la corre caminata. Esta carrera fue la que más sentí de todas las corridas. Lo que sí, nunca voy a entender cómo generé tantas cosas en la gente en tan poco tiempo. Por ejemplo, el otro día estaba corriendo por acá, por Vicente López, y se frenó un auto. Pensé que había cruzado mal, pero el señor frenó, me miró, y me dijo: -sos Elisa!!! yo le digo: -sí!!! Y me responde: – Gracias a vos y tus ganas de correr salvaste la vida de mis padres. No le pregunté en ningún momento por qué le había salvado la vida, pero así me di cuenta de que generaba cosas positivas en la gente. Lo que pasa es que la vida te lleva… una cosa te lleva la otra. Este año me invitaron a muchísimas carreras casi todos los fines de semana. Me encanta, me miman mucho! Este año fui Ushuaia, me invitaron a Choele Choel, a San Juan, me invitan de todos lados.

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De qué trata el libro?
El libro trata de la historia de mi vida, de mis primeros momentos en Italia y cuando emigramos con mi familia a la Argentina. De la vida acá, y cómo me desarrollé en el deporte. Para mí, la vida siempre fue movimiento. Cuando iba con mis hijos chiquitos a Mar del Plata, llegábamos a la playa y antes de que jueguen a la paleta, hagan castillos con arena o lo que sea, yo me iba a caminar una hora con ellos. Después de ahí, podían hacer lo que quisieran. Cuando vivía allá, en Como, un lugar con montañas y ríos, estaba todo el día subiendo y bajando por piedras pero cuando llegamos a Buenos Aires teníamos que hacer actividades entonces buscamos un club con mi hermano. Conocimos River Plate y allí comencé a jugar al vóley. Seguí jugando al vóley hasta grande, incluso cuando ya tenía los tres chicos, les daba de comer a la noche, les ponía el pijama, y después me iba a entrenar. A veces hasta me lo llevaba al gimnasio conmigo. Y lo bueno es que mi marido aceptaba que yo haga deporte, el problema fue cuando nació mi hija que ya no tenía tanto tiempo, entonces ahí empecé a jugar el tenis. También hice natación y hasta llegué a jugar al fútbol en algún partido.

Cuándo arrancaste a correr?
Un día estaba con mi hija, que es kinesióloga, y una colega de ella me dice que se iba a Villa La Angostura a correr una carrera de aventura. Tanto insistí, que me llevaron, pero me dijeron que no iba correr. Les dije que quería ir igual. Así conocí el grupo de entrenamiento y me aceptaron como si fuese una vieja amiga. Y lo que más me gustó es que a diferencia de un deporte convencional que competís contra alguien, acá lo hacés con vos mismo, en contacto con la naturaleza.

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Cómo te influye el tema de la prensa?
Eso se fue dando de a poco. Hablando con mi hermano, él me decía que me desenvolvía muy bien y que era raro porque yo siempre había sido muy tímida. La verdad es que yo digo lo que siento.

Sentís la energía de la gente cuando llegás a la meta?
Sí, se siente la energía que emana de la gente. Eso me llena de ganas para enfrentar los sinsabores de la vida. Llegar a una carrera me hace sentir ganadora, me da fuerza para saltar los obstáculos del día a día. Cuando voy viendo el arco y sé que estoy finalizando yo siento esa algarabía que genero cuando me aproximo. Y enseguida las fotos, fotos, y fotos. Cómo te manejas con la indumentaria?
Yo corro con las zapatillas que me regala Columbia, que hace 4 años que me sponsorea con ropa. Hay gente que me pregunta qué indumentaria uso, pero yo no estoy pendiente de eso… yo corro y nada más. Generalmente me pongo lo que me dan. El otro día Nike me hizo unos regalos por el día de la mujer, me encantaron.

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“Me levanto, pienso lo que voy a hacer en el día, y disfruto al máximo”

Qué vas a correr este año?
No tenía nada, pero se me vinieron todas juntas. Tengo una en San Juan, el Raid de los Andes, la M 42 en Villa Ventana y el cruce Columbia en Diciembre.

Cómo fue la experiencia del Aconcagua?
Del Aconcagua prefiero no hablar, es una lástima que no pude llegar un poquito más. En Plaza de Mulas hay dos o tres alturas que estaban buenas para hacer.

Te gustaría ayudar a gente en una ONG o una Fundación?
Si me ofrecen, con todo gusto. A mí me han llevado a centro de jubilados, a colegios. Ir a dar charlas es hermoso, la gente escucha y se interesa. Y no sólo con el deporte uno puede generar cambios, puede ser con la música, pintando un cuadro, bailando, cualquier cosa qué te llene. Que tengas un motivo para empezar el día te da independencia y proyectos.

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Con los nietos compartís mucho?
Sí, con Lihuel y Nahuel corrí Cruces Columbia. Luego, con mis nietos que están en Italia, Azul y Juan Pablo, también en Como. Uno de ellos hizo una película con la carrera de Italia. Es muy bonita, muestra la carrera luego, parte de mi vida, parte de la carrera y así van intercalando imágenes.

Agradecimientos:
Hay una canción que dice “yo quiero tener un millón de amigos” y nunca pensé en tenerlos, pero me estoy dando cuenta que me estoy acercando. Realmente siento que tengo muchos amigos, lo siento sinceramente cuando se me acerca la gente y me abraza. Siento el cariño que me brindan. Quiero agradecer a mis hijos, a mis nietos, al Club de Corredores, al organizador de M42, a los creadores del libro Sol Navarro y Lean Arló.

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libro

Videos

LO QUE SE VIENE EN EL BANFF 2018

septiembre 4, 2018 — by Andar Extremo0

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El 4 de septiembre se realizó una rueda de prensa con lo algunos documentales para que tengamos una visión de lo que va a ser esta décimo octava edición del BANFF FILM FESTIVAL WOLRD TUR. Este año en el país serán 8 sedes: Bariloche, San Martín de Los Andes, Neuquén Buenos Aires (del 10 al 12 de septiembre), Comodoro Rivadavia (6 y 7 de octubre) Mendoza (23 al 25 de octubre), San Juan (2 y 3 de noviembre) y Calafate.

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Se seleccionaron este año 17 documentales extranjeros y 7 nacionales, entre la rueda de prensa pudimos ver “Johanna”, elegido como el mejor cortometraje de montaña, trata sobre buceo en apnea. Un documental de nuestro amigo Kilian Jornet sobre la ascensión a siete picos en noruega, un documental mu bueno de kayak en aguas blancas llamado “Why”, una historia de una cicloturista que elige como forma vida pedalear se llama “Pedal” este corto. Y luego vimos uno muy bueno de la historia de vida de un sherpa que desde niño porteaba, y muestra la realidad del pueblo nepalí donde estudiar y portear son desafíos para cumplir un sueño. Y el último documental de Loli Roberts sobre una kayakeada de 420 km en el río Santa Cruz en contra de las represas llamado “Pacto de río”.

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Entre tanto deslumbre audiovisual podemos tirar frases que captamos de los diferentes documentales “la tranquilidad y el pensamiento son fundamentales para poder sobrevivir” de Jhoanna metiéndose en apnea debajo de una laguna helada por un orificio de 50 cm. “me encanta sufrir haciendo esto” Killian Jornet, otra de Kilian para no vivir del pasado “siempre pienso que lo mejor lo voy a hacer al día siguiente”. Del documental de kayak en aguas blancas donde se tiran de cascadas de mucha altura “por qué? Es lo que me pregunto un segundo antes de que voy a caer en la cascada, Por qué hago esto?”. Del corto de la cicloturista “ la bici es cansadora, a veces me mata, pero me completa como ser” y otra es una calco que tenía pegada en la bici que decía: “ la tele es un asco, andá en bici”. De Apa Sherpa “la educación es la única elección” y la última del genio Loli Roberts “tengo una vida desprolija pero intensa y feliz”.
A no perdederse el Banff que este año promete y mucho.

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Montañismo

JULIAN WEICH SUMMIT ACONCAGUA

agosto 16, 2018 — by Andar Extremo0

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El 3 de marzo a las 19:15, Julián Weich y tres personas más: los guías Ulises Corvalán, Guillermo Fuentes y el rugbier Ezequiel Baraja, hicieron cumbre en Aconcagua, llegaron a los 6960 msnm, dentro de la expedición Summit 2018. En una charla con el conductor, nos relató cómo fue su experiencia. Nota de la revista Andar Extremo n° 50

Entrevista a Julian Weich por Andar Extremo, fotos Summit Aconcagua

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Cómo te iniciás en el deporte aventura?
Arranqué de chiquito, haciendo rugby. Luego hice buceo a los 14, yudo como 7 años, luego de grande, capoeira. Siempre me gustaron los deportes. Aprendí a esquiar y empecé con las carreras en el año 2000, cuando Sebastián Tagle me invitó a correr una Eco Peugeot. Me entrenó él mismo para ir a esta carrera en Cataratas, y fueron dos días de competencia. Así le empecé a tomar el gustito a todo lo que sean maratones y carreras de aventura. Más tarde, en el año 2008, me plantean hacer una expedición al Cerro Aconcagua para un programa de televisión. Yo había hecho el Cruce de los Andes, y surgió la propuesta para un documental. Se armó un equipo de 5 participantes que eran elegidos por algún motivo, y en el 2008 me faltaron 300 metros para llegar a la cumbre. Luego de muchos años, surgió esta posibilidad de hacerlo en beneficio de la Fundación Baccigalupo.

Habías hecho algo del 2008 hasta ahora?
No aventura, pero siempre algún deporte hice. En 2012, atravesé a caballo los Andes por donde cruzó San Martín. Cada vez que me tocó prepararme para la montaña, siempre lo hice con un plan de entrenamiento. A cada objetivo importante que se me presentó, ya sea una carrera, el cruce de los Andes, o lo que sea, siempre hubo un entrenamiento responsable.

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Quién fue la cabeza pensante de esta expedición?
La idea fue de Matías Gutiérrez Moyano que, al principio, tenía fundamentado promocionar el deporte como idea principal para que los chicos no sean tan sedentarios. Quería promover la vida sana. Nos acoplamos pensando en hacerlo a beneficio, y así fue como elegimos la fundación Baccigalupo, que promueve el deporte para los chicos con discapacidad. Empezamos a formar un grupo que incluyera deportistas y personas con discapacidades, y esto dio muy buenos resultados ya que juntamos 1.300.000 pesos. Finalmente, el grupo lo armó Matías que no pudo viajar porque se fracturó el tobillo, 15 días antes de la escalada, y vinieron: Fabricio Oberto, Paula Pareto, Silvio Velo (integrante de los murciélagos), Peter Czanyo, Elisa Forti, entre otros. El equipo que se armó fue muy bueno y quedamos ligado efectivamente.

Lo hacés por un fin social o te gusta la montaña?
Me encanta la vida sana, el campamento, la naturaleza… cuando lo hago a beneficio de otro, me cierra más hacerlo. Si hay un componente social, le veo más sentido. A mí me gusta hacerlo con un sentido social y no hacerlo porque me gusta ir al Aconcagua. Pero paradójicamente, cuando estás en la montaña no podés pensar en otra cosa más que en vos. Tenés que estar bien, tenes que agotar todos los recursos para mantenerte vivo, sano, y estar fuerte para continuar todos los días.

Cómo fue el itinerario?
Salimos de Penitentes, hicimos el primer campamento en Confluencia, Plaza de Mulas, un cerro que se llama Bonete, que tiene unos 5000 metros. Después Piedras Conway, que está a unos 4750 msnm, luego Plaza Canadá, porteamos y volvimos. El último campamento que hicimos fue Cólera, y a las 4 de la mañana salimos para la cumbre. Nos llevó como 15 días.

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Cómo fue el ataque a la cumbre?
Despertamos a las 4 de la mañana y a las 5 estábamos saliendo el torero, la nutricionista, Ezequiel Baraja “el espartano”, y yo, más cuatro guías. A las dos horas, el torero y la nutricionista abandonaron porque sólo le quedaban energías para bajar. Con Ezequiel veníamos no muy bien, pero pudimos seguir. En un momento él se descompuso, pero con la ayuda de los guías continuó. Al final hicimos cumbre nosotros y los dos guías Guillermo Fuentes y Ulises Corvalán. A las 19 h estábamos pisando la cumbre. Lo más loco, fue que me agarró ataxia a 300 metros de la cumbre, en el mismo lugar que la vez anterior. No fue tan grave, tenía un poco más de resto. Cuando perdía el equilibrio y me iba hacia un lado, pegaban un tirón de la cuerda, me acomodaba, y continuábamos. Llegué atado.

Qué sentiste en la cumbre?
La ataxia me hacía estar como borracho, no tenía mucha adrenalina. Estaba cansado y lo único que pensaba mi cabeza era cómo estar bien. Nadie me podía ayudar. El desafío ahí era poder estar parado y saber que después tenía que bajar. No salté de alegría, no abracé la cruz… lo único que tenía en la cabeza era bajar. Bajamos atados y fue lo más duro de todo porque tardamos 5 horas en llegar a Plaza de Mulas, de noche, con linternas en la frente y luna llena. Finalmente llegamos a las 12 de la noche al campamento totalmente destruidos y me tiré a dormir porque estaba sumamente agotado. Al otro día, más tranquilo, caminamos 28 kilómetros hasta Penitentes haciendo cálculos estimativos: uno camina como 112 kilómetros, haciendo los porteros y las cimas de prueba.

Qué te decía tu familia?
En el 2008 había tenido una mala experiencia, porque los sistemas de comunicación no eran tan buenos, y en el transcurso de la expedición no sabía nada mi mujer. Pero en este 2018 fue muy importante la empresa que nos llevó, en este caso fue Grajales, sumamente responsable, que continuamente brindaba su apoyo. Los servicios son excelentes, por ejemplo, hasta en Plaza de Mulas tuvimos estufa adentro de la carpa y wifi, e íbamos mandando a la familias los pormenores de la expedición. Es más, mi mujer tiene el audio del momento de cumbre.

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Cómo ves a las nuevas generaciones en cuanto a deportes y movimiento?
Me preocupa el sedentarismo. Mis hijos y los hijos ajenos, los jóvenes y los niños, están mucho tiempo expuestos a las pantallas y se perdió la cultura de subir al árbol, andar en bicicleta, en skate. No digo que no esté buena la tecnología, pero hay que mecharla con deporte. Nosotros cuando hicimos Aconcagua, uno de los fundamentos era promocionar el deporte, y en esa expedición, me crucé con un montón de personas que eligieron ser montañista porque habían visto el programa de expedición del 2008.

Por qué crees que creció tanto el deporte aventura?
Yo creo que creció por la necesidad de la gente, porque quiere estar bien. No alcanza conectar la televisión, el teléfono o la computadora, ahí tenés un entretenimiento provisorio y no te da felicidad. Hacer deporte en la naturaleza o correr una carrera, genera endorfinas, cosa que los medios electrónicos no generan.

Agradecimientos
Quiero agradecer a la empresa Grajales porque trabaja muy bien, con mucha dedicación y profesionalidad. Para hacer Aconcagua es importante conseguir un buen guía, una buena empresa, no escatimar en gastos. Más allá de llegar o no a la cumbre, la idea es no pasarla mal, ir tranquilo.

TOMA CONCIENCIA
Hace 4 años decidimos, con mi mujer y un grupo de amigos, juntar dinero para organizaciones no gubernamentales, sin la necesidad de hacer un evento. Creamos un agua llamada “Conciencia”, y el lema es “tomá conciencia”. Ahora la volvimos a lanzar, y estamos ayudando a 4 ONG: Techo, Ruta 40, Hospital de niños y Fundación Huésped.
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Mountain Bike

TRANSANDES CHALLENGE CHILE 2018

agosto 9, 2018 — by Andar Extremo0

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El Transandes Challenge 2018, se desarrolló del 17 al 21 de enero. Los riders tuvieron 5 etapas: 3 etapas en las cercanías de Huilo Huilo, la cuarta fue desde Huilo Huilo a Pucón y la última en Pucón. En total, fueron casi 300 km con más de 10000 metros de ascenso acumulado. En esta nota, la experiencia de María Laura Giuliani que entró en la posición 11 con un tiempo de 24 h 40 minutos, el relato de Catalina Salata la segunda de la general, y la voz del Team Mercerat. revista Andar Extremo n° 50

por María Laura Giuliani, Catalina Salata y Mauro Gervasini del Team Mercerat, fotos Marcelo Tucuna

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La naturaleza habla por sí misma…

Hay algo que los que hacemos carreras de aventura debemos agradecer, y es que logramos la conjunción de disfrutar la adrenalina de la competencia mientras nos deleitamos con los paisajes que vamos recorriendo, acompañados del latir de nuestro corazón, y del ocasional ruido de algún animal que nos cruza. Eso es vivir por un rato en el paraíso. Les comparto un relato de lo que vivimos durante 5 días de enero en Chile, en una competencia de MTB. Espero que después de terminar de leer este artículo, salgan corriendo a conseguir una bicicleta para entrenar y disfrutar el próximo año de este magnífico evento.
El epicentro de la competencia durante los 3 primeros días fue la Reserva de Huilo Huilo. Este lugar fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO y, en su inmensidad, podemos disfrutar de montañas nevadas, trepadas muy divertidas, descensos enérgicos, lagos, ríos y una innumerable variedad de flora y fauna autóctona. Allí nos esperaba con toda la hospitalidad y simpatía imaginable, el equipo de la organización que hasta el último día nos hicieron sentir estrellas del MTB. Siempre atentos a nuestros pedidos y necesidades.
El campamento estaba compuesto por una carpa comedor a un lado del lago en donde nos servían desayuno, almuerzo y cena. Los cocineros y mozos estaban a nuestra disposición con los más exquisitos platos y variedad de frutas y verduras…algún vinito y cerveza para los mas transgresores siempre había para apagar la sed…de los postres ni hablar, ¡sinfonía de gustos y colores! Al otro lado del lago un parque cerrado de bicicletas nos dejaba tranquilos de que nuestro móvil era mantenido bajo el mejor resguardo durante todo el tiempo que no estábamos en competencia. Los muchachos, a pesar de las bajas temperaturas por la noche, envueltos en bolsas de dormir, velaban en turnos por ellas. Un centro de atención complementaba el equipo que siempre atentos nos cargaban los celulares, los GPS, nos dieron el kit de inscripción y estaban para responder todas las inquietudes que en el stress de la llegada, eran muchas. Baños limpios en todo momento y un lavadero de bicicletas para dejar nuestro vehículo en condiciones tras la llegada de cada etapa, terminaban de completar el cuadro. Que más se puede pedir…era la versión tope de gama de una vida campamentista durante una semana.

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Llegada la noche previa al comienzo de la competencia, se realizó la inauguración del evento. Se entregaron menciones a algunos competidores que durante 10 años habían asistido, y nos deleitamos con bailes típicos que realizaron grupos de bailarines chilenos. Cena de por medio, nos fuimos rápido a nuestras carpas ya que se acababa el tiempo de hacer sociales y necesitábamos un buen descanso para empezar a transpirar la camiseta el día siguiente… A las 23 se apagaron los reflectores y el silencio reinó en todo el predio.
Al día siguiente a las 7 de la mañana, cual sonámbulos comenzaron a aparecer los competidores con toalla en mano rumbo al baño a intentar despertarse y luego desayunar. No había tiempo que perder y la ansiedad era mucha. A veces me pregunto cuál es la veta masoquista que tenemos en donde pagamos para sufrir, pero sistemáticamente lo seguimos haciendo…
Nos aprontamos en la largada y a la señal de “preparados, listos, yaaaaaaaa”, los competidores fuimos atravesando el inflable y nos metimos en carrera. Ese día fueron más de 50 km en donde conocimos Neltume y Remeco, dos pueblos cercanos a Huilo Huilo y luego de pasar tangente a la laguna Quilmio, nos sumergimos en un sueño para los que nos gustan los senderos…un “Bike Park” en descenso con rampas, peraltes y saltos que nos deleito por casi 10 km, ¡¡¡adrenalina pura, felicidad absoluta!!! Finalmente un rápido pasaje por Puerto Fuy y llegamos a la meta.
El clima cálido durante el día y algo frío durante la noche, nos acompaño toda la semana. Agradecíamos los cálidos rayos de sol en carrera y nuestras bolsas de dormir por la noche en la carpa…odiábamos a los roncadores compulsivos a los cuales señalábamos con el dedo por la mañana, aunque pocos se hacían cargo de los ruidos…recuerden para la próxima llevar tapones de oído de silicona jaja…

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La segunda etapa fue más corta pero más sufrida. No llegamos a hacer 50 km, pero en dos ocasiones dejamos nuestras piernas en situación crítica: una al inicio con una trepada no muy larga pero sí constante, y otra a mitad de camino, en donde se comenzó a trepar hacia el centro de Esquí del Volcán Mocho-Choshuenco. Fue durísimo ese tramo porque a medida que nos acercábamos a la cima la pendiente iba aumentando hasta el límite del calambre. Al llegar, respiramos felices pero nuestra fascinación fue absoluta en el descenso del camino del esquiador que por casi 7 kilómetros nos divirtió sorteando obstáculos hasta hacernos llegar a la meta en la reserva. Allí la rutina del lavado de la bici, que siempre es primero que nuestro baño, luego nosotros y finalmente el almuerzo. El resto del día a charlar y descansar, sin olvidar la elongación de todos nuestros músculos que nos tendrían que acompañar por varios días más. A las 19 horas se hacían las premiaciones de cada etapa, con los gritos de algarabía de cada grupo de amigos que veía que uno había obtenido la meta de alguno de los tres primeros puestos. De eso se trata esto, de compartir logros y disfrutarlos entre amigos. Luego la cena y a dormir temprano.

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De eso se trata… compartir logros y disfrutarlos entre amigos”

El tercer día ya estábamos algo cansados así que todo se hacía pero a ritmo más cansino…despacito va lejos dice el dicho. Ir al baño, tomar un buen desayuno, preparar la bicicleta, llenar las reservas de agua y geles y aprontarnos en la largada. Nuevamente fueron casi 50 km aunque con una trepada bastante dura a mitad de carrera que era recompensada con un descenso algo enérgico, pero en donde a pesar de tener que usar mucho los frenos, se agradecía está pendiente negativa. Ese día cruzamos el puente colgante del rio Fuy, se movía bastante y ni hablar de los graciosos que saltaban para ver nuestras caras de pánico. Por suerte todos llegamos vivos de esta etapa.
La cuarta etapa era la “Etapa Reina”. Más de 100 km con puntos de control en donde si no llegabas a horario, te sacaban de competencia. Había que concentrarse y no perder tiempo. Ese día el campamento se trasladaba a Pucón, por lo que previo a largar debíamos entregar los bolsos con todas nuestras pertenencias al camión que los transportaría a la meta. Nos sacaron de la reserva en forma controlada y nos llevaron pedaleando por la ruta unos kilómetros hasta que nos adentraron en el bosque. Allí, comenzó la toma del tiempo real. Fuimos primero bordeando el rio Neltume, más adelante el rio Cua-Cua y en un instante todo se empezó a poner más espeso. Los arboles más cerrados, el camino más estrecho, los rayos de sol pasaban menos, y así es cómo nos sumergimos en la ruta Transvolcanica.

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El parque nacional Villa Rica nos recibió con sus bellas e inmensas araucarias que nos rodeaban por todo el trayecto. Un deleite a nuestras retinas. Mucha subida y bajada, y mucha piedra volcánica que de tan livianas que eran, hacían fácilmente que perdiéramos el equilibrio. Había que tener mucho cuidado para no romper la bicicleta ni lastimarnos nosotros. El tiempo seguía corriendo y había que seguir pedaleando, y así llegamos a un ascenso muy exigente que nos hizo poner a prueba nuestro temple. Subir hasta el sector de Los Nevados, luego de haber hecho casi 90 exigentes kilómetros fue desgastante, pero nuestro espíritu fue más. Algunos paraban a sacar fotos para poder mostrar en donde habíamos estado. Otros, seguían en afán de llegar a la meta a descansar.
Comenzó un espectacular descenso por bosques que nos llevaría hasta la ruta que nos comunicaría con Pucón. En medio de este espectáculo que ya hacía que nuestro sufrimiento valiera la pena, de repente, el bosque se abrió y aparecimos en una playa de lava volcánica con el volcán Villa Rica de fondo y una catarata de deshielo que tuvimos que atravesar por un improvisado puente de madera. Ya estaba cumplida la meta del placer pleno…podíamos morir felices con la imagen de esa postal en nuestra retina. Hasta el más PRO sonreía para la foto. Ese día fueron 110 km lo que marco el Garmin…mucho para nuestro esqueleto exhausto. Sólo restó lavar rápido las bicis, bañarnos, comer y dormir temprano, casi no había energía para las charlas de copetín que solíamos tener luego de cenar, con ciclistas de otros países.

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Quinto y último día. Esta vez la largada era contra-reloj en función del tiempo que llevábamos acumulado en carrera, así que fue todo más descontracturado. Cada uno se fijaba su horario de largada y en función de eso era el horario de la alarma, el desayuno y la velocidad con que se preparaban las cosas. Había que ir hasta el centro de Pucón para largar que distaba 15 minutos del campamento. Nos fuimos poco a poco aprontando y un veedor nos marcaba el momento de salir. Gritaba el número de corredor, el apellido, y allí había que posicionarse para largar. Primero era una vuelta por el pueblo y luego, ir siguiendo en forma constante por la ruta hacia el volcán Villa Rica durante 15 km de ascenso. Era asfalto, pero el cansancio hacía que el ritmo de la mayoría fuera muy tranquilo, aunque parejo. Había que llegar sin romper. Los divertidos animadores de la competencia nos esperaban en varios lugares del trayecto con graciosas pistolitas de agua para mojarnos y, para los más osados que se prestaban al chiste, había latitas de cerveza para que tomaran como hidratación de competencia. Esto hizo más llevadera la subida, la cual, luego de llegar a la cima, se transformó en un divertido sendero de descenso con piedras para esquivar, pasto y arena volcánica. A esa altura creo que la inercia nos hizo llegar a la meta en donde cada grupo se iba esperando y se escuchaban los aplausos y gritos de felicidad. No faltaron también unos cuantos ojos húmedos, que dejaron escapar las lágrimas contenidas por tantos días…¿¿sufrimiento?? ¿¿emoción?? …sólo el que corrió sabe lo que se siente estar viviendo durante 5 días con sensaciones encontradas de felicidad y agotamiento, y la mayoría lejos de nuestras familias que nos hacen el soporte anímico.

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“La gente dice a menudo que la motivación no dura. Bueno, tampoco dura el baño, por eso recomiendan que se haga a diario”

Para después del mediodía ya todos los competidores habíamos llegado y vueltos al campamento. Ese día sí que las risas se escuchaban por doquier. El almuerzo fue desparramado por el parque en donde se veía a los ciclistas tirados al sol comiendo hamburguesas con cerveza y demás ingestas, que pre carrera están casi prohibidas…¡¡el placer de los Dioses!! Otros lavaban sus bicis mientras les decían piropos para agradecerles que nos acompañaran sin mayores inconvenientes. ¡¡¡Nosotros en competencia sin ellas no somos nada!!!
A las 19 horas comenzó la premiación y con ellas las fotos y los gritos de felicidad. Fue muy lindo ver como los que fueron competidores durante los cinco días previos, en el momento de la premiación se abrazaban como si fueran del mismo equipo. Dejar de lado la competencia para felicitar de corazón al adversario es algo que no en muchos deportes se ve con tanta honestidad como en el MTB.

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Pasado este ritual, giramos nuestras cabezas para la carpa-comedor en donde nos esperaba un fondo blanco de pisco, un sin fin de costillares y exquisita carne al asador que marcó el comienzo de una noche absolutamente inolvidable. Nos sentamos a cenar relajados y compartiendo charlas con ciclistas de todos lados. Pasó la cena, el postre, la torta y ¡¡¡se largó la pachanga!!! A partir de allí, la pista se llenó de bailarines que aunque nos habíamos quedado sin piernas pedaleando, la alegría del objetivo cumplido nos hizo recuperar la energía necesaria para danzar sin parar hasta muy entrada la noche. El cotillón fue la culminación de un evento magníficamente organizado, sin un detalle librado al azar…ésto es ponerle pasión al organizar una carrera, así como nosotros le ponemos la pasión equivalente para correrla.
Cuando algo nos apasiona, es muy fácil estar motivados. No debemos frustrarnos por el simple hecho de no animarnos a algo. Lo peor que puede pasar es que tardemos más en llegar a la meta, pero al final vamos a lograr nuestro objetivo y eso nos transformará es seres únicos y exitosos. Siempre vamos a estar mejor posicionados que los que no lo intentaron… Debemos analizar cada logro obtenido y así armar nuestra estrategia de éxito. Aprender de errores para no repetirlos, y aprender a conocernos a nosotros mismos. Reírnos y disfrutar las metas, ya que sólo nosotros, sabemos a veces lo que nos cuesta obtenerlas. El 90% del éxito se basa simplemente en insistir…
¡¡¡¡Ojalá hayan disfrutado este relato tanto como yo la carrera, y espero encontrarlos el próximo año en la manga de largada!!!!
Me despido con una frase que me resultó genial: “La gente dice a menudo que la motivación no dura. Bueno, tampoco dura el baño, por eso recomiendan que se haga a diario”

Mauro Gervasini, Team Mercerat, La esperé todo el año…
En el año 2017 se nos ocurrió ir a Chile a correr, nada más ni nada menos a una de las carreras en etapas más importantes de Sudamérica: “Transandes Challenge”. Al principio no conocíamos mucho, pero nos animamos…fuimos viendo videos, fotos, escuchando a otros corredores que habían ido años anteriores.
Yo sentía que se me llenaba el alma al escucharlos, sentía muchas cosas ansiedad, nervios, alegría, ame explotaba el cuerpo.
Al llegar a Chile y acreditarnos, sentimos una euforia tremenda. Estábamos rodeados de “Topes de Gama” y nosotros estábamos con ellos. Juntos íbamos a correr las 5 etapas…
En mi caso particular, la primera etapa la largué con mucha expectativa de ver qué era el Transandes. La primera etapa fue muy dura, de las más duras que había corrido en mi vida, y quedaban 4 de igual magnitud. Día a día me levantaba y eran las ganas lo que me hacía terminar cada jornada, porque físicamente me había deshidratado en la primera y pague las consecuencias en las 4 restantes. Aprendí mucho de esta carrera, de los corredores y de la geografía chilena.

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Me volví pensando en volver el año que viene, más concentrado, con un trabajo físico, asesorado por Pedro Billordo. Decidí volver, y en el 2018 ya nos sentíamos parte de ella. Este año llegué de otra manera, preparado física y mentalmente, con mejores sensaciones que en el año anterior, con más ganas, con menos miedos y con mucha energía positiva.
Largué la primera etapa, y me fue como esperaba que me fuera. Tuve muy buenas sensaciones y eso me hizo decidir encarar sin ningún miedo, dando todo en cada etapa pero con inteligencia, sabiendo que es la carrera más importante de Sudamérica. Eso tiene un riesgo si te sobrepasás de tus limites, cosa que 2017 ya me había pasado.
La segunda etapa decidí no achicarme y dar lo mismo que había dado en la primera. Todo esto tiene un trabajo de fondo, más la experiencia del anterior que me ayudaba a estar concentrado y saber lo que quería y lo que buscaba.
Así fueron todas las etapas, con las mismas ganas, las mismas fuerzas y con el encanto de estar corriendo en uno de los lugares más lindos, con toda la energía y con toda la camaradería de los corredores del todo el mundo.
Fue tanta la voracidad que la carrera parecía que duraba una sola etapa. Pasó muy rápido. Cada etapa tenía su encanto, cada etapa era un día distinto, por distintos paisajes recorriendo lugares increíbles, y así pasó el Transandes 2018.
Me volví lleno, me volví feliz, y me di cuenta de que superarse uno mismo, es cuestión de la mente de cada uno. Todo está en la mente. Poder se puede, es cuestión de proponérselo, lleva tiempo y a mí me llevará mucho tiempo mejorar, pero estamos en el buen camino, y eso me deja tranquilo. Es por eso, que ya estoy pensando en el Transandes 2019, para seguir aprendiendo y sumando experiencia…
Nunca te rindas…

Catalina Salata, Segunda en el Transandes, Motivación y ganas…
Al principio me costó entrar en el ritmo del Transandes Challenge. Miraba para atrás y adelante e iba sola, no sabía cuánto más adelante iba la puntera.
Las típicas incertidumbres de carrera me invadían: “voy bien?”, “en esta muralla ritmo constante, no lleves el ritmo del que va al lado”, “no me vendría mal el empujón de una dupla en esta subida”, “abastecimiento, ya, rapidito un plátano, una sandía, dos vasos de coca y seguir camino”, “la bajada… al fin! Ya pero sin matarse, rápido pero sin volverse loca”, son algunas de las miles de cosas que pasan por mi cabeza durante todas esas horas en las que estoy metida en la mitad de la selva patagónica, subiendo un murallón o bajando por esos maravillosos descensos llenos de grietas y raíces, gozando, porque sé que la rueda va a afirmarse como sea en ese maravilloso grip (el agarre que tienen los neumáticos con el suelo) sureño, bordeando un lago o un río, perdida entre las infinitas montañas.
Ya en el segundo y tercer día, fui conociendo a algunos corredores. Los veía todo el tiempo, iban siempre cerca, a un ritmo muy similar, compartiendo segundo a segundo cada segmento del camino, “sigue atrás de ellos, van a buen ritmo”, “aprieta aquí para llegar primero a la bajada”, “quedan sólo 2 kilómetros, ¡el último esfuerzo!”.

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El mejor momento: llegar a la meta…
No más esfuerzo, no más dolor (por hoy); frenar, bajarse de la bicicleta, respirar profundo y sentir el relajo y la felicidad inundar mi cabeza… el momento más gratificante que puede existir! De la meta, directo al punto de abastecimiento a enguatarme con esa tonelada de sandía helada y refrescante que no dejan de cortar para los corredores, realmente el mejor premio.
Partimos a la cabaña en bici, soltando, comentando con los amigos los tramos más duros y entretenidos del día.
Llego a la cabaña, dejo la bici en la sombra. Estoy empolvadísima. Mi casco y anteojos de sol, tatuados con polvo en la cara, sucia, transpirada entera, pero nada de esto me importa porque fue una experiencia espectacular.
Muero de hambre! Ninguna ducha puede superar a ese exquisito almuerzo que espera por mí. No sé cuál es el menú, pero sé que será el plato más rico del planeta!
Y así día a día: desayuno, preparar la bici, calentamiento, partida, meta, almuerzo, lavar la bici, descanso, charla técnica, comer, ¡dormir… el paraíso de los adictos al mountain bike!

La rutina se repite, pero las sensaciones van cambiando…
Las piernas van más cansadas en carrera, empieza a doler la espalda, el sillín de la bici es cada día más incómodo, el cuerpo te pide más comida, el sueño es más pesado en las noches y todas las mañanas cuesta más levantarse de la cama.
Lo que se mantiene firme: la motivación y las ganas. Cada día que pasa es un día menos de carrera y más en experiencias y vivencias inigualables.
Un nuevo circuito todos los días. Diferentes senderos, una subida más o menos empinada, un descenso diferente al anterior, un nuevo aprendizaje… no sabés lo que te depara el camino y lo único que quieres es descubrirlo, vivirlo y superarlo.
Fue una carrera en que mi cuerpo y mente acumularon y concentraron una infinidad de sensaciones y sentimientos: la emoción y el ahogo de la partida; el polvo cubriendo el cuerpo; el golpe de los pedales en las piernas al tener que bajarme y caminar; las heridas en los brazos causadas por las ramas y zarzamoras en el camino; pasar de respirar un calor insoportable a sentir una brisa en la mitad de una cuesta; pasar de estar enterrado en un bosque de pinos a un claro en el que levanté la mirada y pude ver el volcán Choshuenco, el lago Pirihueico o alguno de los tantos ríos de la zona.
Esa gota de transpiración que cosquillea y cae por la punta de la nariz; el sufrimiento en las subidas más difíciles, en los momentos en que ya dolían tanto las piernas que se me salían las lágrimas y ya quería llegar a la meta; adrenalina y éxtasis en las bajadas; alivio y felicidad en la meta; risas, copuchas, momentos con los amigos…

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Una suma de experiencias
Y así podría seguir describiendo todas estas cosas que estoy recordando en este momento, que me suman experiencia, que me ayudan a conocerme y que siento que me han enriquecido como persona. Creo que además de éstos, son varios los motivos que impulsan a los otros 300 corredores, provenientes de todos los continentes, a inscribirse, viajar a este lejano rincón en el sur de Chile y disfrutar de esta increíble aventura.
Es así como el Transandes Challenge fue un desafío netamente personal, un momento de reflexión, un momento para estar conmigo misma y que cumplió con mis expectativas con creces, sea cuál sea el resultado final en un papel (¡les cuento que quedé 3°! Pero mi alegría habría sido la misma al haber quedado última).

Posiciones
General Caballeros
1° Eyair Astudillo 15:16:11 hs
2° Marc Trayter 15:18:39 hs
3° Matthias Grick 15:33:15 hs
4° Miguel Angel Hidalgo 15:49:57 hs

General Damas
1° Kaysee Armstrong 19:00:20 hs
2° Catalina Salata 19:59:06 hs
3° Elizabeth Cabrera 23:16:03 hs

Team Caballeros
1° Benjamín Moya y José Pablo Ramirez 16:22:31. hs
2° Felipe Ojeda y Cristóbal Zamorano 16:51:24 hs
3° Ezequiel Cuevas y Funaro Pablo 17:27:33 hs

Team Mixtos
1° Mary Mcconneloug y Michael Broderick 18:32:15 hs
2° Giorgio Rossini y Sara Dangelo 18:48:05 hs
3° Daniel Roura y Clara Baquerizo 19:32:08 hs

Team Damas
1° Carolina Maldonado y Fátima Eynard 21:08:12 hs
2° Isabella Vincoletto y Suzan De Paula Zorzetto 24:02:30 hs

www.transandeschallenge.com

ExploracionTrekking

CAMINANDO de Ushuaia a Alaska, Martín Echegaray Davies

agosto 1, 2018 — by Andar Extremo0

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Martín Echegaray Davies tiene 62 años, es de Trelew, y está realizando una travesía nunca vista. Es caminante, y con un carro de 180 kg llamado “Carricatre Pilchero”, un viejo catre con ruedas de moto que él mismo arrastra, piensa ir de Ushuaia a Alaska en 4 años para hacer el Récord Guinness de caminata, pero previamente piensa tocar las 23 capitales provinciales. En su paso por Buenos Aires, Martín nos cuenta su historia. Nota de la revista Andar Extremo 50, actualmente está en San Juan, recorriendo 17 de las 23 capitales.

por Marcos Ferrer, Entrevista a Martín Echegaray Davies, fotos Marcos Ferrer

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Martín hace todos los días una distancia que ronda entre los 30 y 40 km. A Kuky, como le dicen los amigos, le gusta caminar. Padre de tres hijas, abuelo de 5 nietos, vive en Trelew con su mujer, pero su deseo hizo que arme un carro que mide 2 metros de largo (llega a 3 metros con el arnés), y unos 60 cm de ancho, y que el 31 de octubre de 2017 comenzara a caminar su historia, yendo a dedo hasta Ushuaia.
No piensen que tienen dinero o que usa tecnología. Kuky, se pone vaqueros, camisa, corbata y boina y, bien prolijo y con la fuerza de un percherón, se calza el carro a la cintura y sale a darle batalla a cada kilómetro que avanza. La gente lo ayuda en cada lugar que visita, dándole alojamiento y comida. Como hobbie, le saca fotos a todas las personas que comparten su camino.
Con 4207 kilómetros en su humanidad, mates de por medio, en una mañana soleada, Martín en un viaje por el tiempo, nos contó de dónde viene esta hermosa historia.

Trabajaste en el campo toda tu vida?
Comencé trabajando de jagüelero con mi viejo, pero tuve un accidente y comencé a hacer albañilería, electricidad, mecánica, computación. Hacía planos de obra civil, mecánica de motores nafteros, gasista plomero. En el tiempo que era jagüelero, arreglaba molinos y pozos muy profundos de unos 130 metros. Con el trabajo del campo uno va aprendiendo. En una época fui alambrador, y caminaba unos 40 kilómetros: limpiaba la zona, hacía los pozos, repartía los postes, alineaba varillas y luego les pasaba el alambre…estaba todo el tiempo caminando. De ahí fue un poco el gusto de caminar. Estuve toda mi vida trabajando a la intemperie, eso me fortaleció para hacer este raid, ya que si hay sol, lluvia, viento, o lo que sea, para mí, es lo mismo.

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Cuál fue tu primera caminata?
Fue un hobby de toda la vida. Estuve un año haciendo la casa de mi hija, y el lugar quedaba a 3 kilómetros y pico de mi casa. El recorrido lo hacía dos veces por día entre ida y vuelta a la mañana, comía, y hacía ida y vuelta a la tarde. Si me remonto en el tiempo, cuando mi hija chica tenía 10 años, dábamos una vuelta de 17 kilómetros en Trelew, todos los días.

El primer gran recorrido cuándo fue?
La primera vuelta la hice en 2015, de Punta Cuevas, Puerto Madryn, allí llegaron los galeses. Yo soy descendiente de galeses, de los primeros que llegaron en 1865 a las costas de la provincia de Chubut, por eso llevo en mi carro la bandera. Ese era un lugar donde existían seis refugios de madera metidos en la piedra, de ahí los primeros moradores fueron hasta Rawson vadeando el rio por unos 70,5 kilómetros. Este recorrido lo hice solo, con una mochila con comida y agua, en un día. Salí a las 5 de la mañana y terminé a las 12 de la noche. Luego, años más tarde quise repetir una travesía parecida de unos 150 kilómetros pero como tenía una mochila que pesaba 45 kilos, me hizo mal, me sentí débil y tuve que abandonar la travesía.

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Ahí decidiste hacer el carro para viajar?
Sí, hice un carro que era parecido al que llevo ahora pero con ruedas muchos más chiquitas. Así decidí hacer la travesía: “Tras las huellas de Fontana y sus Rifleros”. Fontana fue el primer gobernador que tuvo la provincia de Chubut, luego de 20 años de establecimiento de la colonia galesa. Cuando llegó Fontana, enviado por gobierno argentino, decidió salir a recorrer la provincia y buscar tierras para nuevos asentamientos porque el valle de Chubut quedaba chico. El recorrido lo realizó dando la vuelta al lugar, que no es por el camino actual, sino por uno que iba bordeando un río porque necesitaban tener agua para los caballos y para la gente. Llevaba 260 caballos y 30 hombres, 15 eran del gobierno. Llevaba investigadores, gente que sabía de topografía, fotógrafos militares, y los otros 15 eran galeses y no le daban fusiles sino rifles, de allí el nombre. Esto lo realizó entre el año 1885 y 1886. Este hombre caminó hasta llegar a Trevelin, pasó para Chile, volvió a entrar en terreno argentino y pasó por Futaleufú. Él lo recorrió por lugares inhóspitos y a campo traviesa. Se estima que recorrió 5000 kilómetros. Yo como fui por ruta, hice unos 2150 km.

Cómo fue el recorrido?
Rawson, Trelew, Gaiman, Dolavon, Veintiocho de Julio, Villegas, Paso de Indios, Las Plumas, Cerro del Cóndor, Paso del Sapo, Piedra Parada, Gualjaina, todo eso es costeando Río Chubut. Fontana continuó hacia otros lugares que no pude entrar, por eso yo volví para atrás por la antigua ruta 25 a la ruta 40 y fui hacia Tecka, pero antes pase por Trevelín. Él recorrió los lagos de Futaleufú y llegó hasta tierra chilena, pero en ese entonces no había división porque no había chilenos. Recién en el año 1985 empiezan a ir chilenos porque empiezan a hacer rutas. La vuelta la hice por Corcovado, Tecka, Gobernador Costa, allí se encuentra el Valle del Génova, mucho más grande que el Valle del Río Chubut. Todo este lugar se pobló con los galeses que luego llevó Fontana. En ese momento no existían los aborígenes, mucha gente se piensan que los galeses se mezclaron con ellos, pero no había. Sólo en la provincia de Chubut había 120 tehuelches porque a los demás los habían matado. Cuando pasó, encontró uno escondido con su familia: Martín Platero, que es muy famoso porque cuenta la historia que lo echaron por delante, lo utilizaron para que guíe al resto de la gente. Este aborigen conocía bien los lugares donde podían descansar, donde podían los animales tomar agua, etc. Martín los guió hasta el río Senguer. En realidad no se llama así el lugar, era una palabra aborigen que significaba atravesar, pero cuando le preguntaba al aborigen qué era ese lugar, él le decía senguer, que significaba atravesar el río. De allí fui al lago Fontana, lugar donde se hizo la bandera argentina el 1° de enero de 1886. Pasé por el río Mayo y los pantanos A Ayones, luego Sarmiento, al lado del lago Musters y el Lago Colhué Huapi, el río Chico, el río Senger y luego llegué al valle. Todo me demandó a mí, 26 días. Fontana, al hacer más recorrido, lo hizo en casi 4 meses.

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Era el mismo carro de ahora?
En vez de 4 ruedas tenía 3, un poco más chicas, y una era loca, y en vez de pesar 180 kilos pesaba 110 kilos. El carro de ahora, cuando salí de Lapataia, Ushuaia, tenía ruedas de bicicleta. Cuando llegué a Trelew tenía muchos problemas con las llantas, así que tuve que adaptarles unas ruedas de moto para que sea más fuerte.

Cómo surge el viaje Ushuaia- Alaska?
Cuando llegué del viaje de “Fontana y sus Rifleros”, mi idea era realizar un libro, pero averiguando en Guiness World Récords, para ver si me daban un reconocimiento, me explicaron que no podían hacerlo con alguien que hace la gesta de otra persona, que en realidad eso es un seguimiento. Me me puse a averiguar y leí “Memorias de un pobre diablo” qué es la historia de un tucumano que va caminando hasta Buenos Aires. Luego escuché la historia de “Gato y Mancha”, la de un hombre que se fue con un rifle y un perro caminando hasta Estados Unidos. Descubrí también un caminante, un tal George, que en el año 1985 con una mochila y un pequeño carrito, realizó la travesía de Ushuaia hasta Alaska. Este hombre había hecho unos 18000 kilómetros. Entonces me dije: voy a caminar de Ushuaia a Alaska, pero previamente voy a visitar las 23 capitales provinciales del país, una travesía que me estaría dando unos 25.000 km.

Cuánto llevás en el carro?
Todo lo que puede llevar una persona para vivir: bolsa de dormir, carpa, platos, jarros, pavas. Anafe no llevo porque estoy acostumbrado a hacer fuego. Luego me compré un calentador a gas, por las dudas que no pueda hacer fuego. Infladores, herramientas, alambre y goma, colchoneta y frazadas. En total, llevo tres mudas de ropa, guantes, mameluco térmico, un botiquín.

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Cuántas capitales provinciales ya visitaste?
Llevo recorridas 7 capitales de provincias. Arranqué en Lapataia, pasé por Ushuaia, Tolhuin (donde existe una panadería que te da asistencia completa: te dan de comer y alojamiento), Río Grande. Entré a Chile, pasé con el ferry boat, regresé a nuestro país, llegué a Río Gallegos, segunda capital. En Trelew cambié las ruedas, hice Rawson, la tercera. Volví a Trelew para seguir subiendo. Pasé por Madryn, Viedma, la cuarta capital. Hice Neuquén, quinta capital, luego la Pampa, sexta capital, y así llegue a La Plata, luego de cuatro meses y medio. En cada capital voy a Deporte, Turismo o Cultura, y me firman el cuaderno de bitácora.

Cuánto tiempo tenés pensado viajar para cumplir tu objetivo?
Por Argentina viajaré alrededor de 1 año y serán unos 3 años para llegar a Alaska.

Cómo es la relación con la gente en la ruta?
La gente pasa en los autos y toca bocina. Paran a saludarte, te dan agua, comida, es realmente muy cálida. Una vez me pasó que una señora me paró a las 10 de la mañana para invitarme a comer a su restaurante, estaba a 2 kilómetros. Formalmente le dije que no, porque era muy cerca y era muy temprano. Empecé a caminar esos kilómetros hasta el pueblo, y fue tanta la cantidad de gente que se paró a saludar que al final terminé llegando a las 13 h al restaurante. Había periodistas, televisión, sacaban fotos… fue increíble. Al final me quedé comiendo.

Cómo te manejas con la difusión?
Tengo un fan page en Facebook, a la que voy subiendo las fotos de las personas que me cruzo y pongo información del recorrido, videos. Martín E. Echegaray Davies o caminata a las 3 Américas.

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Mapa con el recorrido actual

El Velero Mimosa
Fue un barco en el que viajaron desde Liverpool en 1865 un grupo de 153 colonos galeses (56 adultos en pareja, 33 hombres solteros, 12 mujeres solteras, y 52 niños) a la Patagonia Argentina, en donde hasta entonces no había asentamientos poblacionales permanentes. El desembarco se produjo en el golfo Nuevo (en la zona de Puerto Madryn) y debido a la falta de agua, la colonia se fundó 50 kilómetros al sur, junto al Valle inferior del río Chubut dando origen a los primeros poblados de dicha provincia. Martín E Echegaray Davies es descendiente de Ivan Davies y Ann James tripulantes de este viaje.

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Montañismo

Matías Sergo, REY DEL ACONCAGUA

agosto 1, 2018 — by Andar Extremo1

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Matías Sergo tiene sólo 28 años y es de Maipú, Mendoza. El 25 de enero de este año, batió el récord 360° en el Aconcagua que hasta ese momento lo tenía el ecuatoriano Nicolás Miranda, bajándole 56 minutos a la marca anterior. Ésta no fue su única hazaña, ya que realizó 10 ascensos al Aconcagua en la temporada, y la mejor marca de “Argentina, cumbre, Argentina”, en 6 horas 33 minutos. Revista Andar Extremo n° 50

por Marcos Ferrer fotos Matías Sergo

Récord de ascensión 360° en 27 Horas 2 minutos 58 Segundos

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Cómo te iniciás en el mundo de la montaña?
Arranqué a los 12 años, gracias a un guía que se llama Andy Jons, amigo de mi papá. Empecé a hacer salidas a montañas bajas y me gustó tanto que me atreví a salir por mi cuenta. Luego, estuve en la escuela del CAM (Club Andino de Mendoza) y conocí a Popys y a Horacio Cuñetis, que fueron muy importantes para poder estar en Aconcagua. Incluso Horacio me recomendó a la empresa Inca para que entre de porteador al Aconcagua. Había estado dos años para hacerlo por mi cuenta y, luego de conocerlos y entrenar todo ese tiempo, lo hice. En realidad, yo venía abocado a mi trabajo de profesor de Educación Física y entrenador. El primer año fue increíble, pero como trabajaba, la primera vez que portee en la temporada 2011-2012 se hizo muy duro. Fue tan difícil que llegué a pensar que no era lo mío. Quería desistir, pero al llegar abajo me tranquilicé. Hoy, luego de 7 temporadas, me encanta, lo disfruto un montón. A partir de la mitad de esa primera etapa, me había adaptado muy bien a la altura y tenía buena velocidad, así que terminó siendo un excelente inicio. Desde allí no paré más, y año tras año fui experimentando diferentes entrenamientos así lograba estar de la mejor forma para poder conseguir algo en la montaña.

Habías pensado alguna vez en lograr un récord en la montaña o fue algo que se fue logrando de a poco, y por amor al deporte?
Fue resultado de esa primera temporada que me sentí tan bien, en ese momento pasó por la cabeza el récord. Se lo comenté a un compañero y el año pasado, luego de años de porteo, me decidí a intentarlo. El 360°, sobre todo, y el “Argentina, cumbre, Argentina”, que si bien hice 8,30 horas, no era un muy buen tiempo. En 2017 me dije: si voy a hacer récords que no sea uno, que sean tres.

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Cómo hiciste las 10 cumbres de esta temporada 1017/2018?
Las 10 cumbres las hice: una en diciembre y 9 entre enero, febrero y marzo. Cuatro en enero, cuatro en febrero y una en marzo.

Cómo te entrenás?
Tengo tres patas principales de entrenamiento aparte de la montaña: ando mucho en bici, hago gimnasio y corro a pie. Creo que hay músculos fundamentales que entrenar para las cuestas.

Matías rompiste la supremacía ecuatoriana de récords en el Aconcagua…
Sí, tal cual… Acá en Mendoza hay grandes deportistas que trabajan en la montaña, no sólo residentes, sino de otros lugares también. Lo ven más como un hobby que como un deporte en sí. Igualmente vi mucha gente motivada luego de mi récord, con ganas de entrenar y hacer cosas interesantes en Aconcagua y en otras montañas. Pero la verdad, es que estoy más que contento de que la marca esté acá. Batir un récord no tiene dimensión.

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“Batir un récord no tiene dimensión de alegría”

Tuviste varios intentos para llegar al 360° o fue uno solo?
Fue un solo intento pero tuve problemas al entrar al parque por el permiso, porque es uno especial. Sí había probado los tiempos en diferentes tramos, en otras oportunidades. Una de las cumbres que había hecho fue Horcones, y luego volví a subir antes de hacer el récord para fijarme unos tramo y chequear parte de la ruta. Allí terminé de cerrar, saqué cuentas, y los tiempos me daban. Decidí correr un poco los días, porque había mucho viento y el clima se ponía pesado. Tenía que subir el 21 y 22 de enero, y lo corrí al 24. Hice cumbre entre el 25 y el 26, a las 0:08 hs

Cómo fue el recorrido?
Salí de Penitentes, hice un tramo de ruta hasta Punta de Vacas e ingresé al parque por allí. Luego Leñas, Piedra, Plaza Argentina y Cumbre, en unas 17 h y media. Mulas, Horcones y Penitentes, en 10 h. Tuve un inconveniente cuando subí. Corrí hasta Leñas, el primer campamento después de Punta de Vacas, y me empezó a doler mucho atrás de la rodilla. En realidad creo que el dolor fue en el tendón semi membranoso, atrás de los posteriores. Eso me impidió seguir corriendo. Me molestó, me daba impotencia y bronca no poder correr en tramos corribles, y me limitó a pensar sólo en hacerlo, no en bajar el tiempo. En mi trabajo yo me muevo de los 4200 msnm a los 6000, y en estos tramos venía tardando una hora más de lo normal en cada etapa, y sumado me daba como unas 3 horas de más. A partir de ahí no quise mirar el reloj. Recién en la cumbre lo vi, y ahí me di cuenta que tenía chances para lograr el récord. Todo dependía de cómo anduviera la rodilla en la bajada. A los 20 metros de la cumbre, encontré a una guía que me dio un analgésico y, cuando llegó el gran acarreo y empecé a bajar, como era una superficie más blanda, se me empezó a ir el dolor. Me mentalicé que podía, y bajé lo más rápido que pude a Mulas, en unas dos horas, y de allí, 8 h para lograrlo.

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Cómo fue llegar a Penitentes?
Estaban: mi madre, mi hermana y mi pareja, y algunos compañeros que me ayudaron. Verdaderamente siempre tuve en la cabeza lograrlo. Estaba contento por un lado y a la vez embroncado por la pierna, porque estaba seguro que lo podía hacer en menor tiempo. Luego, empecé a disfrutar.

Cuál fue la logística con la indumentaria?
Fui de Penitentes a los campamentos base, o sea en Plaza Argentina, en zapatillas. Usé unas Asics muy tranquilas. En el caso de la indumentaria, fui con las cosas que tenía. Nadie me sponsoreó, y quería demostrar que lo podía hacer a pulmón. Desde Penitentes salí con las zapas y un chaleco de hidratación que llevaba 3 litros de líquido. Lo acompañé con semillas y barras de cereales hasta Plaza Argentina. Allí me quedé 45 minutos. En ese lugar había dejado una mochila de 30 litros donde estaban: las botas simples, los crampones, el pantalón de trekking raptor. Me cambié. Desde base a base no tenía asistencia, así que tenía que portear todo hasta los campamentos de altura. Renové el agua y la comida, llevando todo en la mochila. Desde Plaza de Mulas volví a ponerme las zapas, me saqué el abrigo, y volví al chaleco de hidratación. Para iluminarme, utilicé una Petzl que me prestaron, al igual que el chaleco.

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“Siempre creí que había deportistas locales que tenían la oportunidad de hacer estas cosas”

Tenés pensado algo para el futuro?
Voy a seguir entrenando. Creo que voy a hacer más actividades en la montaña. Me gustaría empezar a trabajar con triatletas o en ciclismo.

Conociste a alguno de los que batían récords en el Aconcagua, mientras porteabas?
A Nico Miranda, a Kilian…Cuando lo conocí a Jornet me desmotivé (risas). Yo quería hacer Horcones, Cumbre, Horcones, el que hizo récord él, y después se lo sacó Carl. Creo que el tiempo estaba en 17 h. Yo pensaba que lo podía hacer, y cuando lo hizo Kilian dije: -chau, ya no puedo!!! Admiro su preparación. Yo trabajo mucho y se me dificulta poder vivir para el entrenamiento. Siempre creí que hay deportistas locales que tienen la oportunidad de hacer estas cosas, y siempre vienen de afuera para intentarlo. Por ejemplo el record 360°, ninguna mujer lo había hecho, y vino Sanny una chica alemana. Hiciera el tiempo que hiciera, hacía récord. Acá hay chicas muy fuertes que lo pueden hacer, pero ella fue la primera y creo que lo hizo en 47 hs.

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Si te digo Mariano Galván, que me decís?
Mariano era un tipo fuera de serie, un animal… deportivamente descomunal. Muy pero muy fuerte, muy abocado a lo que hacía, pero tenía sus locuras. Él era el todo poderoso y se le escapaba respetar algunas cosas esenciales. No creo que no haya pensado en el peligro que conllevaba realizar montañas importantísimas, pero le faltaba un poco de humildad a la hora de tomar ciertas decisiones en la montaña. Creo que podía hacer lo que quisiera, si respetaba algunas cosas. Lamento mucho su pérdida… estaba para cosas muy grandes. La sucesión de logros hizo que le pierda un poco el respeto a la montaña, creyendo que él todo lo podía. A pesar de que tenía las condiciones, la montaña a veces te avisa…cuando no se puede no se puede. Mariano pasaba los límites y eso le pasó factura. Sin lugar a dudas, un gran deportista.

Te ves haciendo ochomiles?
Puede ser en un futuro, me encantaría, pero todavía no estoy preparado. Ahora deseo hacer cosas más deportivas. Lo veo lejos.

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Agradecimientos
A Norma Escudero, mi pareja, que estuvo incondicionalmente en cada una de las cumbres. A mi familia, a Iker que trabaja en Lanco, José Casas, Osvaldo Caravajal, Andrea González y Juan Alonso alias “el Topo”

Récords Aconcagua
2018 Sunny Stroeer (Alemania)
360° 47 horas y 30 minutos
2018 Matías Sergo (Argentina)
360° 27 horas y 2 minutos
2018 Daniela Sandoval (Ecuador)
20 horas 17 minutos Horcones Cumbre Horcones de Mulas a cumbre con la bajada a Mulas 14 hs 53 min)
2017 Nicolás Miranda (Ecuador)
360° 27 horas y 58 minutos
2016 Fernanda Maciel (Brasil)
22 horas 52 minutos Horcones Cumbre Horcones
2015 Karl Egloff (Ecuador)
11 horas 52 minutos Horcones Cumbre Horcones
2014 Kilian Jornet (España)
12 horas 49 minutos Horcones Cumbre Horcones
2011 Charly Galosi (Récord Argentino)
17 horas 00 minutos Horcones Cumbre Horcones
2010 Willie Venegas (Argentina)
360° en 32 horas 26 minutos
2007 Jorge Egocheaga (España)
13 horas 48 minutos Horcones Cumbre Horcones
2006 Jaime R. Quiroz (Perú)
14 horas 59 minutos Horcones Cumbre Horcones
2006 Holmes Pantoja Bayona (Perú)
20 horas 35 minutos Horcones Cumbre Horcones
2002 Maria Mackern (Argentina)
17 horas 30 minutos desde ruta 7 a la Cumbre
2000 Willie Benegas (Argentina)
23 horas Horcones Cumbre Horcones
2000 Jorge Egocheaga (España)
3 horas 42 minutos desde Plaza de Mulas hasta la cumbre (con la bajada a Mulas 4 horas 45 minutos)
2000 Bruno Bronod , Fabio Meraldi y Jean Pellisier (Italia) 3 horas 40 minutos desde Plaza de Mulas hasta la cumbre (con la bajada a Mulas 4 horas 52 minutos)
1997 Jurgen Straub (Francia)
12 horas 30 minutos Pared Sur a Cumbre
1995 Thierry Spichiger (Suiza) 26 horas Pared Sur a Cumbre
1992 Dos militares Franceses
4 horas 36 minutos desde Plaza de Mulas hasta la cumbre (con la bajada a Mulas 5 horas 57 minutos)
1991 Thomas Bubendorfer (Alemán)
16 horas 30 minutos Pared Sur a Cumbre (cuerdas)
1990 Daniel Alessio (Argentina)
6 horas 7 minutos Plaza de Mulas hasta la cumbre
1989 Marty Schmid (EEUU)
6 horas 13 minutos Plaza de Mulas hasta la cumbre
1989 Michel Dacher (Alemán)
6 horas 15 minutos Plaza de Mulas hasta la cumbre
1987 Lito Sánchez (Argentina)
6 horas 32 minutos Plaza de Mulas hasta la cumbre
1987 Alejandro Randis (Argentina)
8 Horas 7 minutos Plaza de Mulas hasta la cumbre

 

Face: Carlos Matías Sergo Pesoa

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Exploracion

A 34 Años de la Expedición Atlantis

julio 13, 2018 — by Andar Extremo0

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A 34 años de la “Expedición Atlantis 84”, una emblemática proeza argentina.

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El 12 de julio de 1984, cinco argentinos al mando de Alfredo Barragán concretaban la hazaña de cruzar el Océano Atlántico en una primitiva balsa de troncos a vela, sin timón. Habían partido el 22 de mayo, 52 días antes, del puerto de Santa Cruz de Tenerife, en las Islas Canarias, ante la mirada incrédula de autoridades e isleños. Junto a Barragán protagonizaban esta travesía marítima sin parangón Jorge Iriberri, Horacio Giaccaglia, Daniel Sánchez Magariños y Félix Arrieta.
Con el emocionado arribo al puerto de La Guayra, en Venezuela, culminaba una proeza ejemplar que había sorteado múltiples obstáculos en los cuatro años de preparación. Pero al fin, esa epopeya plagada de peligros colocaba a Barragán y sus hombres al nivel de exploradores legendarios como el capitán Richard Burton, descubridor en el siglo XIX de las fuentes del Nilo y de Thor Heyerdhal, el navegante de la Kon Tiki, quien atravesó el Pacífico desde las costas de América hasta la Polinesia.
No era este emprendimiento una mera obstinación de deportistas amantes de peligrosos desafíos a la naturaleza. Era la concreción épica de un objetivo que desafiaba también a la Historia y la Antropología; porque la embarcación utilizada para recorrer las 3.200 millas marinas, era una réplica de las utilizadas hace 3500 años por los africanos, que bien pudieron haber utilizado la Corriente de las Canarias para arribar a las costas del Golfo de México, 3.000 años antes que Colón descubriese América. Atlantis demostró la factibilidad de su hipótesis.
La hazaña de Expedición Atlantis se reflejó en todo el planeta. Su documental, estrenado en 1988 y doblada en seis idiomas, es la película argentina más vista en el mundo.
La expedición contó con el auspicio y avales de la Presidencia de la Nación; del Congreso Nacional; de la Cancillería, de la Armada y la Fuerza Aérea Argentina; de la Gobernación del Guayas, Ecuador; del Cabildo y Gobierno Autónomo de las Islas Canarias; de la Presidencia de Venezuela y del Comité Olímpico, entre muchos otros.
Alfredo Barragán, un abogado y deportista nacido y residente en la ciudad de Dolores, en la provincia de Buenos Aires, fundador y actual presidente del Centro de Actividades Deportivas, Exploración e Investigación (CADEI), que impulsó ésta y otras muchas expediciones coronadas por el éxito, resumió el logro de Atlantis de la siguiente manera: “Habíamos alcanzado un sueño. Pero durante esos 52 días estuvimos solos, nunca estuvimos tan desnudos y jamás fuimos tan poderosos. No había fuerza en la tierra que nos disuadiera de este sueño. Atlantis fue y es una invitación al hombre en creer en sí mismo. Es la prueba de que no hay imposibles si se lucha con convicción, planificación y perseverancia, en pos de un objetivo noble y bello”. Toda una definición de la emblemática proeza de Atlantis, la expedición deportivo científica argentina más trascendente; calificada como “una de las más bellas hazañas de todos los tiempos”.
La Expedición Atlantis está instalada en la historia y es tema de estudio en todo el mundo. Se ha bautizado con su nombre a plazas y colegios; y la balsa Atlantis es el elemento fundacional del “Museo de la Aventura”, ha crearse próximamente en la Ciudad de Dolores, donde nació el proyecto.
Alfredo Barragán (a. El Capitán) sigue viviendo en Dolores. Fiel al más puro amateurismo, rechaza toda oferta de sponsorización comercial. Continúa realizando expediciones tales como Aconcagua, Andes en Globo, Kilimanjaro, Mar de las Antillas en Kayaks y Antártica Finis Terra. Recientemente publicó su libro “Expedición Atlantis” y sigue brindando conferencias por el mundo, respaldado por los hechos, y enseñando su lema: “Que el hombre sepa que el hombre puede”.

ATLANTIS

Carreras de aventura

MAX RACE RESERVA EL DESTINO 2018

julio 3, 2018 — by Andar Extremo0

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Las cercanías del Río de La Plata deparan circuitos totalmente cambiantes año tras año en la Reserva El Destino Fundación Elsa Shaw de Pearson, al sur de Magdalena. Un circuito duro como pocos en la Provincia de Buenos Aires, que desafía a los competidores en diferentes modalidades: 12 o 21 km de trail run, un dua de 12 km de cross y 38 km de mountain bike y un tría de de 12 km de cross, 38 km de mountain bike y 6 de kayak. En la nota la primer experiencia de Ubaldo Argüello.

por Ubaldo Argüello, fotos Marcos Ferrer

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Debo confesar que por momentos durante el recorrido pensé que sería la última también, pero pasado el periplo por el barro y los arroyos, el río y la playa, esa idea se fue diluyendo para dejar la definitiva, volver el año próximo con las mismas ganas. Confieso también que hace poco menos de un año cambié una vida un tanto sedentaria por este nuevo mundo “runner” corriendo en mi ciudad natal La Plata, en Tandil y los sabidos y necesarios fondos de fin de semana.

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La experiencia de esta MAX no puede nunca para mi ser individual, ni ser separada de la vivencia comunitaria y colectiva de mi grupo de entrenamiento del Parque San Martín con mi gran profe Paula Sequeira, alma mater de un hermoso grupo humano que retroalimenta, estimula e impulsa a cada uno de sus participantes. En este contexto, la carrera termina siendo superlativa, antes de ella entrenando, acompañando y preparando la previa donde lo deportivo es una consecuencia del compartir.

3

Durante la carrera pasan varias cosas, comenzar junto a los compañeros, ir distanciándonos a medida que avanzamos, pensar, pensar mucho en cómo administrar esfuerzo frente a lo desconocido para luego dejar de hacerlo y disfrutar el lugar, la reserva El Destino con su bosque y aromas a eucalipto, los canales y el sonido del agua, incluso el barro con ese color gris arcilla tan característico. Todo esto cambia cuando las piernas comienzan a sentir el peso del terreno y de pronto se llega a la playa en el preciso momento en que el sol da brillo al agua y se ve una tropilla de caballos a lo lejos galopando en el río frente a nosotros. Ahí se respira hondo, pareciera que se recargan las pilas y sigue otra etapa, correr por la playa con sol y vistas largas al horizonte.

4

Todo va concluyendo cuando de la organización nos indican donde volver al camino del monte donde espera lo más duro, el famoso barro, los zanjones, los charcos, el suelo incierto y los tropezones, cuando las piernas empiezan a no responder. También están las risas, todo parece absurdo, por momentos gente grande volviendo a ser niño jugando en los charcos, se trata un poco de eso me parece, de jugar.

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Y aquí el final, donde los fotógrafos aparecen al costado del camino, en los canales y con el agua a la cintura, a lo lejos se escucha el punchi punchi sonando en la llegada. Eso estimula y saca algo que parecía no estaba en las piernas, el plus. Todo junto a los gritos, el aliento de los que nos esperan en la meta y nos ven desde lejos, a esos que queremos ver y queremos que estén, quienes son parte de todo este proceso. No es tan sencillo describirlo con palabras, por eso hay que vivirlo e invito q todos a que no se lo pierdan, vale mucho la pena, lo vale sobradamente.
Muchas gracias.-

6

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Carreras de aventura

Desafío Ansilta, San Juan

junio 25, 2018 — by Andar Extremo0

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La competencia de trail running que se convirtió en un clásico de la región de Cuyo se puso en marcha el sábado 26 de Mayo en el Dique Punta Negra y reunió a más de 2000 corredores las distancias de 65k, 46k, 30k, 16k, 10k y 4k. En la nota un relato de Adriana Hidalgo de su experiencia en los 65 km.

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Bajo la organización de Adventure Pro y con record de participantes, la Edición 2018 del Desafío Ansilta fue un nuevo y verdadero éxito. Es una de las competencias más lindas y exigentes del trail running con 6 distancias a elección del corredor, más una prueba de Kids para categorías menores e infantiles.
Este evento ha sido puntuado y avalado por la International Trail Running Asocciation (ITRA), ente internacional que regula este tipo de carreras de aventuras.-
La misma dio comienzo desde el Camping Cerro Blanco, Zonda, donde los miles de corredores emprendieron su recorrido circunscripto en la imponente geografía y naturaleza que San Juan ofrece.

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El circuito
Los 65K fueron muy duros no sólo por el importante desnivel acumulado que tuvieron, sino también porque ofrecieron tramos muy técnicos: no faltaron complejos senderos con piedra y segmentos con mucha arena y ripio que resultaron ser un suplicio para las piernas de los esforzados trail runners.
Los atletas largaron en el camping Cerro Blanco, a la postre también la meta. Luego debieron vérselas con otros accidentes geográficos, las trepadas de los cerros 7 Colores, Negro, América, María y Blanco.
Los runners pudieron maravillarse con las postales que ofreció el lago del embalse Dique Punta Negra y la ruda belleza de la cordillera sanjuanina que, este año, los recibió, a la madrugada con una atmósfera fría, y, más tarde, con un sol radiante y un ambiente muy templado por un Zonda en altura que hizo mella en su rendimiento.

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Franco Oro se adjudicó la séptima edición del Desafío Ansilta, en los 65Km. El integrante de la selección argentina de trail tuvo un andar demoledor y ninguno de sus competidores pudo hacer algo para oponerle resistencia, más allá de que en algún tramo de la carrera le hicieran compañía.
7 horas, 16 minutos y 23 segundos precisó el atleta para confirmar el excelente momento que atraviesa. Segundo terminó el bonaerense, sanjuanino por adopción, Facundo Nuñer (7:24:23). Completó el podio el también sanjuanino Ivan Basualdo (8:04:18).
En cuanto a las Damas, la ganadora inobjetable fue la cordobesa Magdalena Nieto, quien precisó de 9 horas 34 minutos y 22 segundos para traspasar la meta. Segunda fue la bonaerense, sanjuanina por adopción, Sonia Procopio (10:46:19). Completó el podio la catamarqueña Fany Gutiérrez (11:22:26).

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En los 46K, los tres primeros fueron los sanjuaninos Horacio Peñaloza (5:21:45), Fernando Ripalta (5:21.45) y David Peñaloza (5:38:35).
En Damas, el podio fue de la puntana Analía García (7:11:20), de la cordobesa Dolores Molina (7:40:50) y de la sanjuanina Johanna Ahumada Vargas (7:52:35).
En los 30K, los mejores varones fueron el sanjuanino Gastón Cambareri (3:25:12), el cordobés Gastón Isa (3:26:45) y el sanjuanino Agustín Rampinini (3:27:37).
Acá, las chicas más rápidas fueron las sanjuaninas María Sánchez Ruiz (4:01:41), Andrea Nazara (4:09:07) y Paola Cassab (4:11:03).

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En los 16K masculinos, el podio fue de los sanjuaninos Matías Espejo (1:07:45), Elías Muñoz (1:14:38) y Elías Fernández (1:15:18).Las chicas mejores clasificadas fueron las sanjuaninas Gisela Tobares (1:22:22), Belén Sánchez (1:24:39) y Micaela Palomo (1:33:24).
En los 10K, los varones que primero cruzaron la meta fueron los sanjuaninos Jairo Tejada (46:08), César Guajardo (47:07) y Walter Mercado (47:48). En esta distancia, la ganadora fue la mendocina Jimena Currelli (1:04:49), escoltada por las sanjuaninas Florencia Gallastegui (1:05:17) y Yanina Fernández (1:05:27).
En la promocional de 4K, el podio masculino estuvo compuesto por Daniel Villafañe, Jeremías Giorgi y Carlos Pastén; mientras que el femenino por Daiana Frías, María Agostina Victoria e Ingrid Lagarcha.

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Realto de Adriana Hidalgo
Sábado 26 de mayo, 4am…Camping del Cerro Blanco, corredores camuflados por el frio de la madrugada, con frontales ya encendidos, ansiosos, nerviosos, emocionados por lo que nos estaba por pasar.
Largamos…y el momento de encontrarme con mi espíritu, con ese dialogo interno, ese aprendizaje, esa oportunidad de conocerme aún más. Escuchaba el silencio de la noche, salpicado por los pasos sobre las piedras, míos y de los demás. Era una noche fresca, contorneada por estrellas con mucha luz. A medida que pasaban los kilómetros mi cuerpo se iba acomodando en ese espacio. Estaba impulsada por llegar a la sierra La Dehesa, que el año pasado me había sorprendido con nieve. Este año me recibió con un cielo claro oscuro, me mostro su vegetación rustica, y me dejo un sello en la rodilla derecha, el cual me hizo “padecer” los 45km que me quedaban por delante. A partir de ahí, y agradecida de eso, lo tome como un motivo para crecer y fortalecer aún más mi espíritu y mi pasión por la naturaleza y lo que tanto amo, correr. Pensaba en las caritas de mis sobrinos, en mis hermanos, en mis padres, en mis amigos, todo sentimiento se agudizaba.
Seguían los kms, y de repente el camino me regalo un amanecer con un sol fuerte, bravo, rojo, y a los pocos minutos el cielo se pintó de azul…se sentían aires frescos entre la sombra de los cañadones, oleadas más calentitas entre las piedras.
Seguía a paso doloroso, pero firme y ahí estaban mis amigos! Pato Gasquet, Martin Papalia, Jorge Amaya, Marcos Ferrer, Enzo Amato quien me acompaño unos metros antes de subir al Cerro Negro. Y vino el más temido, duro como su nombre, fuerte como sus piedras, intenso como su pendiente pero bello por su estilo. El Cerro Negro me regalo esta vez su templanza.
Y asi, atravesando los últimos kms de un rio seco, rocoso, arenoso, y todos los molestos “osos” para correr, mis pasos se aceleraban, mi sonrisa se dibujaba, y mis lágrimas empezaban a brillar.
Los últimos metros y sabia me esperaba lo mejor…llegar. Y ahí estaba mi amiga de la facultad Pato Macias, quien me recibió con la medalla y un cálido abrazo, ese que tanto necesitas.
Más allá de un podio, esos 65kms del Desafío Ansilta dejaron en mí una huella, una noche con las estrellas, otro sello de lucha, otro amanecer, templanza, un dialogo, esa unión de lazos y más Vida!

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www.desafioansilta.com

Mountain BikeTecnología

POLO TORRES, Retül Fit Studio

junio 11, 2018 — by Andar Extremo0

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Retül Fit Studio es un sistema de biomecánica avanzado que permite a cualquier ciclista buscar comodidad, confort y velocidad a la hora de elegir una bicicleta. Estuvimos en La Plata con Matías Torres, dueño de la Bicicletería Polo Torres, que nos contó la evolución de estos estudios que desarrolla la marca Specialized. Revista Andar Extremo n° 50

Cómodos y Veloces

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Qué es el Retül?
Retül Fit Studio es un sistema de biomecánica aplicada al ciclismo que analiza al ciclista en tiempo real y en 3 dimensiones. Surge hace varios años en Estados Unidos cuando Andy Pruitt tuvo un accidente, perdió una pierna y empezó a estudiar la posición del ciclista, es así que se hizo atleta para olímpico y ganó muchas medallas. Luego, estudió medicina y desarrolló el sistema de biomecánica, que más tarde se expandió, y todos los deportistas quisieron hacerlo por las virtudes y las diferencias que notaban sobre la bicicleta, a través del tiempo. Lo hacen desde personas que recién empiezan a pedalear hasta súper profesionales que corren el Giro de Italia o el Tour de Francia. Está pensado para que lo haga todo el mundo, en la mayoría de lugares antes de comprar la bicicleta, para saber cuál conviene más y cuál es la mejor para tu postura.

2

La bicicleta en la que realizás el estudio, ¿qué es lo que evalúa?
Cuando uno se decide a usar una bici o a comprarla, vienen por talles, por ejemplo: si vos estas entre una bici 52 o 54 de ruta o una S o una M de mountain bike, lo que se puede hacer en esta bicicleta regulables llamada “move” es replicar la medida de ángulo de una bicicleta sea la talla que sea, de todas las marcas que existen, se saca el Stack y el Reach, largo y alto de la biciclet. Se replican las medidas, y así se emula una Specialized, una Cannondale o una Trek o cualquiera. Una vez que se replica la bici en la “move”, se hace el entallado de la misma y así se elige la correcta. Este sistema es de Specialized, la marca te provee unas reglas de cada modelo donde, de acuerdo al modelo, tomás la regla, donde está el stack y el reach y la acomodás. Te simula exactamente el modelo. Si tenés otra marca de bicicleta, buscas el año de fabricación en la página y a partir de eso sacás el stack y el reach y llegás a la simulación adecuada.

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Qué es el stack y el reach?
Stack es altura y el reach la longitud.

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¿Qué busca el cliente al hacerse este estudio?
El cliente en estos espacios busca comodidad o rendimiento. El atleta profesional busca tiempos, sumar kilómetros o tener su potencia un poco más arriba, y el cliente que la utiliza como hobbies a la bici, busca pedalear cómodo sin dolor. Si bien vienen a hacerse estudios un amplio segmento de hombres y mujeres, los que más utilizan más el servicio son hombres de 35 para arriba, que quieren: confort, comodidad y rendimiento.

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Tenés un seguimiento de las personas luego de hacerse el estudio?
Hay un contacto con el cliente siempre, queda registrado una vez terminado el estudio con todas sus mediciones y yo quedo registrado también como encargado de haberlo hecho. Hay clientes que hace 30 años pedalean y al hacer el Retül le subís el asiento 4 cm, les cambia el pedaleo, y se le van los dolores. Por suerte todas las devoluciones hasta ahora son buenas.

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Además de la postura, también analiza el pedaleo constante?
Sí, es un estudio en movimiento. Utilizamos un rodillo hidráulico que a medida que pasa el tiempo, toma temperatura y se endurece. Así podés observar la postura de pedaleo en continuo, y la exigencia es más alta. Una vez que ponés las medidas y las replicás con el “zinc”, una aparato dibuja la bici virtual en pantalla para ver los cambios. Desde esa evaluación, le proponés al cliente una cadencia de pedaleo. Cuando hacés la mejora y le liberás peso de la presión de la rodilla, se nota, pedalean más cómodos porque le variaste el ángulo de la postura sobre la bici.

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Cuánto vale el estudio?
El entallado sale aproximadamente $ 1500 que te saca el largo y la altura. El estudio completo de Fit, con mediciones, donde se ve la planta del pie, el largo de extremidades, el deportista se sube a la bici, y se ponen sensores en todo el cuerpo para corregir pedaleo, ronda los 4500$. Son como tres horas de trabajo en total.

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Hace cuánto realizás estos estudios?
Hace seis años. Con esta tecnología hace 7 meses y ahora en junio estoy viajando a Estados Unidos para hacer el tercer nivel de Fit. Creo que soy el único argentino que tiene el segundo nivel de Fit hecho. Estamos siempre capacitándonos para recibir lo mejor posible al cliente.

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El Retül es lo mismo que Fit?
Retül es una marca independiente, Specialized tenía el mejor procedimiento de biomecánica del mundo llamado Fit que tenía muchísimos años en el mercado. Cuando sale Retül, sale con unas herramientas muy buenas se funciona con Specialized y cambia en nombre de Body Geometric Fit por Retül Fit.

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Facebook Polo Torres

Montañismo

Elbrus, La montaña más alta de Europa

junio 6, 2018 — by Andar Extremo0

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En agosto del año pasado, junto a mi gran amigo Oscar Ancieta, nos dimos el gusto de ascender el monte Elbrus de una manera muy poco habitual: sin apoyo ruso y caminando desde Villa Cheget, distante a 6 kilómetros de la base de la misma montaña. Nota en revista Andar Extremo n° 49

por Sergio Vahnovan, texto y fotos

Superando en collado para comenzar a subir la cumbre este
Superando en collado para comenzar a subir la cumbre este

Elbrus es la montaña más alta de Europa con 5642msnm y es conocida fundamentalmente porque integra el selecto grupo “Seven Summit”. Si bien es bastante visitada porque no tiene grande exigencias técnicas en su ruta normal, muy poca gente intenta ascenderla íntegramente sin utilizar ningún medio de elevación.
En diciembre de 2016, después de varios años, nos reencontramos con Oscar, y entre posibles ideas de viajes mencionamos el Elbrus, pero no fue hasta junio de 2017 en que definimos viajar a Rusia e intentarlo con un estilo un poco más montañero que el que se acostumbra.

Comodoro en el Elbrus 4 1
Comodoro en el Elbrus 4 1

Nos unimos en Ezeiza, ya que él venía desde Mendoza y yo desde Comodoro Rivadavia, y en ese momento comenzó el periplo de vuelos y esperas entre los aeropuertos Charles de Gaulle, Sheremetyevo y finalmente en Mineralnye Vody, donde arribamos a las 3:30 hr de la mañana, después de casi 30 horas de viaje desde Buenos Aires. Tomamos un taxi hasta la villa Cheget, cercana de la montaña. Luego de aproximadamente 4 horas de recorrido llegamos al pueblo donde nos instalamos en un hotel y, sin perder tiempo ni relajarnos para no quedarnos dormidos, salimos en busca de los elementos que nos faltaban para comenzar el ascenso (combustible, azúcar y pan). Entre un corto recorrido por el lugar y la preparación de nuestras mochilas, el día pasó volando.

En la estación del teleférico Azau en 2300 msnm
En la estación del teleférico Azau en 2300 msnm

Con pocas horas de descanso y habiendo revisado el pronóstico, a las 6 de la mañana comenzamos a caminar desde Cheget hacia la montaña, con el objetivo de instalar nuestra carpa cerca de los 4000msnm. Como en el trayecto hacia Azau (la villa que se encuentra en la base del Elbrus), caminamos sobre la cinta asfáltica, un par de vehículos pararon ofreciéndonos acercarnos pero desistimos a dichas ofertas. Una vez que llegamos, comenzamos a desplazarnos por senderos de piedras sueltas y a medida que transcurría el tiempo íbamos superando las distintas estaciones de teleféricos y aerosillas.
En aproximadamente 3900msnm., nos adentramos en el glaciar y avanzamos hasta unos montículos rocosos que sobresalían en 4100msnm. Armamos nuestro campamento y ese día no quedó más que hidratarse, comer e intentar descansar, dado que el largo ascenso de 2200 metros de desnivel cargados, el cambio de horario y el viaje desde Argentina comenzaban a sentirse en el cuerpo.

Descendiendo 1
Descendiendo 1

Basados en el informe meteorológico, los siguientes 2 días correspondían a descanso, por lo que aprovechamos para pasear un poco y conocer algunos vecinos de campamento.
En las primeras horas del día 9 de agosto, el ruido de las máquinas de nieve que subían cargadas con gente, nos obligó a adelantar el horario de la salida a la cumbre. En el ascenso hasta los 4900 msnm. otras snowcats nos superaron. A partir de esa altitud, tuvimos que regular el ritmo porque los grupos que nos precedían impedían que los superáramos. Cuando atravesamos el collado que unía las dos cumbres de la montaña, pudimos sentir los primeros rayos del sol y apaciguar la sensación de frío que en la oscuridad nos había acompañado permanentemente.
Después llegó el tramo donde se encontraban instaladas unas cuerdas fijas y una planicie con muy suave pendiente que llevaba a la cumbre. Finalmente ahí estábamos, en lo más alto de Europa en un día casi ideal por la visibilidad que nos permitía contemplar el paisaje europeo hacia un lado, y el asiático para el otro. Hubo abrazos, felicitaciones y fotos hasta que decidimos emprender la bajada.

Desarmando el campamento para empezar a descender
Desarmando el campamento para empezar a descender

El descenso hasta la carpa fue muy relajado y con buena temperatura ambiente, aunque a partir de los 4800msnm la consistencia de la nieve comenzó a complicar un poco la marcha debido a que nos hundíamos y patinábamos.
Al día siguiente fuimos hasta la villa Cheget utilizando el mismo camino que cuando subimos. Esa bajada la realizamos con mucha precaución debido a la facilidad de resbalarse por las piedras sueltas, y el peso que llevábamos en las espaldas. La gente desde los teleféricos nos miraba y saludaba como si fuéramos superestrellas.

Avanzando sobre el glaciar-en 4000 msnm
Avanzando sobre el glaciar-en 4000 msnm

Los días en espera de regreso a casa, los pasamos entre recorridos por la zona del Elbrus y unas pocas horas en Moscú donde nos dimos la satisfacción de visitar la Plaza Roja, el Kremblin y la catedral de San Basilio.
Debo decir que todo fue muy gratificante. Compartir el viaje con Oscar, la interacción con la gente local que ayudó a encontrar soluciones a los inconvenientes que iban surgiendo, el saber que la investigación previa sobre los posibles caminos de ascenso y lugares donde instalar nuestra carpa fue fundamental y correcta, la preparación previa y el esfuerzo puesto, convirtieron a esta expedición en una historia digna de recordar.

En la cumbre del Elbrus
En la cumbre del Elbrus

mapa

Trekking

Un Año Nuevo de trekking por el Aconcagua

junio 6, 2018 — by Andar Extremo0

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Juan Martín Laborde y otra historia trekkinera en el techo de América, en Mendoza, en una fecha muy especial. Nota de la revista Andar Extremo n° 49

por Juan Martín Laborde texto y fotos

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Todo comenzó un mes de noviembre, cuando sonó el teléfono y al atender escuché una voz amiga preguntándome si quería realizar un trekking al Aconcagua y pasar allí Año Nuevo. Dudé al principio, y acepté luego de una serie de preguntas. La respuesta que me inspiró confianza fue breve: – “No te preocupes que ya está todo organizado”.
Una semana después, recibí un e-mail de la empresa “Acampartrek” con la fecha exacta en la que debía encontrarme en Mendoza y contactarme con el resto del grupo (12 integrantes) para dar comienzo a la aclimatación.

El equipo y entrenamiento
Desde ese día comencé a preparar todo: el equipo básico, el entrenamiento y la información sobre el Aconcagua.
En salidas de esta naturaleza, se necesita contar con elementos que uno no lleva en otras excursiones de trekking a baja altura o en un simple campamento al aire libre, y considero que una bolsa de dormir para –20 o –30 ºC, botas de trekking, campera de duvet, guantes, etc, requieren especial atención.
El entrenamiento físico para mejorar el rendimiento era de vital importancia, más aún cuando formaría parte de un grupo en donde todos debíamos ser autosuficientes y a la vez, cuidarnos entre sí. Indudablemente en ese contexto, no podía defraudar al resto por falta de una preparación adecuada. Una vez escuché que la mejor manera de prepararse físicamente para cargar una mochila y caminar la montaña era salir a correr para fortalecer las piernas y mejorar la capacidad cardiorrespiratoria, así que inicié la actividad.

Inicio del viaje
El día de partida llegó rápido y el ómnibus me dejó en la terminal, donde conocí al resto del grupo. Luego de pasar una mañana realizando permisos en la Secretaría de Turismo, nos trasladamos hasta Penitentes (2.580 msnm) para pasar la noche, aclimatarnos y conocernos.
Al día siguiente, nos trasladaron hasta la entrada del parque y antes de ingresar pasamos por la oficina de Guardaparques donde nos firmaron el permiso y nos dieron bolsas para desechos.

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Un paisaje protegido, perdido en los cerros
El Parque Provincial Aconcagua comprende aproximadamente 65.000 hectáreas de superficie. Fue declarado Área Natural Protegida y junto a varias otras, integra el Sistema de Áreas Naturales Protegidas de la provincia. Posee grandes glaciares que constituyen una reserva hídrica, además de importantes sitios arqueológicos. La característica sobresaliente es que allí se encuentra la montaña más alta de América: el cerro Aconcagua de 6.962 msnm.
El parque es un lugar que alberga residentes y fronteras, representa costos y beneficios, tiene amigos y a veces enemigos, y también posee un aura de perpetuidad ya que se trata de un sitio que la sociedad ha elegido proteger para siempre.

La senda a Confluencia

Luego de completar todo, emprendimos camino por la quebrada del río Horcones, desde el sur hacia el norte, a una altura de 2.950 msnm. En 3 horas estuvimos llegando al primer campamento Confluencia (3.400 msnm). El servicio que se ofrecía consistía en carpas con camas cuchetas, baños rudimentarios y comidas variadas que permitían olvidarse de llevar muchos elementos en la mochila.

3

Trekking a Plaza Francia y la imponente pared sur
Al día siguiente, realizamos una caminata siguiendo el curso del río y luego de algunas horas por la quebrada de Horcones inferior llegamos al campamento Plaza Francia (4.100 msnm) o mirador de la cara sur, donde fue posible conocer una de las paredes del Aconcagua, famosa por su desnivel de casi 3.000 m. Sus glaciares colgantes y seracs suelen originar grandes avalanchas haciendo muy peligroso y arriesgado el ascenso por esta vía.
Posteriormente, emprendimos el regreso al campamento y consultamos a los médicos para que nos midan la saturación de oxígeno en sangre, parámetro indispensable que indicaría si podríamos continuar con el ascenso.

Año nuevo entre los cerros
Cuando comenzó a oscurecer, las pocas luces del lugar se encendieron. La carpa comedor nos recibió con una cena de fin de año generosa en cantidad y variedad de platos. Nuestro grupo se destacó por estar predispuesto a pasarla bien y, a pesar de la caminata, no perdió el deseo de una charla entretenida con los desconocidos de carpas vecinas. Un recorrido nocturno orillando el campamento, nos permitió observar un cielo pleno de estrellas y sin fuegos artificiales.
Este Año Nuevo resultó ser extraño, una variante a aquello conocido desde niño. Inmerso en la montaña, lejos de la familia, con amigos nuevos y desconocidos por conocer, caí en la cuenta de que esta elección de estar lejos de casa no era ni mejor ni peor, sino diferente y enriquecedora.
Nos dispusimos a seguir hacia Plaza de Mulas (4.300 msnm) sabiendo que era un recorrido muy largo (de 7 a 10 hs) y con un importante desnivel de 1.000 metros.

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Ascenso hacia Plaza de mulas
Por la mañana, una senda nos condujo hacia una pendiente que debíamos descender para llegar al puente que cruza el río Horcones inferior. Una trepada más prolongada pero menos empinada que el descenso, nos permitió progresar sin problemas. Continuamos por un sector de antiguas morenas y bajo un sol radiante llegamos al primer hito del camino: “Piedra Grande” o “Piedra Colorada” (3.650 msnm). Ese sitio indicó el comienzo a lo que es “Playa Ancha” que, como su nombre lo indica, es una planicie a una cota de 3.600 a 3.800 msnm y una parte de la quebrada formada por material aluvional en forma de U (vestigio de que alguna vez hubo un glaciar erosionando esa zona), muy pedregosa y de 10 km de extensión. Durante este tramo se cruzaban cursos de agua de baja profundidad en diversos lugares y por momentos nos generó la sensación de ser infinito e interminable.
De a poco, se llegó al segundo hito llamado “Piedra Ibañez” (3.850msnm). En este trayecto se hizo posible observar las dos cumbres del Aconcagua (6.962 msnm cumbre norte y 6.930 msnm cumbre sur) a través de la Quebrada del Sargento Más, y tener una vista cercana del cerro Pirámide donde en 1985 se descubrió una momia de origen Inca.
Con cuidado, empezamos a subir por una serie de morenas que bajaban de las laderas del cerro, invadiendo el valle. Atravesamos unos canalones de descarga de material de la pared oeste y pudimos ascender rápido, comparado con el camino para llegar a un segundo lugar más o menos plano conocido como “Playa Chica”. Allí se podía ver al fondo de la quebrada de los cerros Cuerno y otros. Al final, se encontraba “Plaza Colombia” (4.070 msnm), una construcción militar destruida por avalanchas. La última parte de este largo día culminó al subir la “Cuesta Brava” y llegar al campamento Plaza de Mulas.
La cuesta final era de unos 100 metros de desnivel muy empinada y exigente, y nos permitió llegar a la ciudad de carpas en el medio de la nada, donde convergían centenares de montañistas. El resto de la tarde conocimos el intrincado laberinto de carpas, prestadores de servicios de montaña y descubrimos gente de varios rincones del mundo.

La experiencia de estar entre los cerros, y el regreso
En este pasar de los días y con gente de todos lados del mundo, había mucha ansiedad en el ambiente y el paisaje. Las nuevas experiencias y los idiomas se confundían y confluían en una palabra: Aconcagua.
El cansancio no se hizo esperar, al igual que la llegada del frío, así que nos dispusimos a comer, hidratarnos y dormir, para retornar al día siguiente, por la Quebrada Horcones hasta el punto de inicio de nuestro trekking donde terminaría nuestro andar por la montaña. En ese momento, nos tocaba acostarnos en las bolsas de dormir, temblando de a ratos, mientras la helada noche consolidaba su dominio y nos robaba el calor.
En las paredes de la carpa se formaba escarcha. Tomé un té para mantenerme caliente y, entre sorbos, escuché historias de vida que nunca había escuchado. Nos reímos de recuerdos o quizás de nosotros mismos. Afuera, las constelaciones del Año Nuevo se movían despacio sobre el espinazo de las montañas y, el Aconcagua, resplandeciente como un gigante bajo la luz de la luna, se elevaba en los cielos del sur.

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“Este Año Nuevo resultó ser extraño, una variante a aquello conocido desde niño. Inmerso en la montaña, lejos de la familia, con amigos nuevos y desconocidos por conocer, caí en la cuenta de que esta elección de estar lejos de casa no era ni mejor ni peor, sino diferente y enriquecedora”

www.acampartrek.com.ar

Agua

Vuelta a la Península Ibérica en Stand Up Paddle

mayo 22, 2018 — by Andar Extremo0

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El aventurero español salió el 7 de junio de Hondarribia, Guipúzcoa, y finalizó su travesía náutica en Portbou, Girona el 26 de octubre, tras recorrer más de 3100 kilómetros en 141 días, 22 de los cuales los pasó en tierra por las malas condiciones meteorológicas. Revista Andar extremo n° 49

por Antonio de la Rosa, textos y fotos

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Luego de 141 días en su tabla, Antonio de la Rosa convirtió en la primera persona en dar la vuelta a la Península Ibérica en paddle-surf. Su aventura de inició el 26 de Octubre de 2017 cuando llegó a Portbou (Gerona), y finalizó el 7 de junio de Fuentarrabía (Guipúzcoa).
Según contó, durante la travesía tuvo jornadas de más de 40 kilómetros de remo que en alguna ocasión llegaron hasta los 64 kilómetros. Sus días se dividieron en dos fases: una primera de 25 a 30 kilómetros, y otra después de comer y descansar, que en los últimos días se redujo por la disminución de horas de sol.
Recorrió las costas de Portugal y España en un reto en el que aseguró que “el que mandaba era el tiempo”, añadiendo seguidamente: “el problema eran los vientos frontales; en cambio cuando iban en tu misma dirección, mi cuerpo actuaba como una vela y me ayuda a avanzar veloz. Con los vientos laterales, me podía permitir remar de lado, aunque progresaba más lento”.

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“Cuando estaba en Torredembarra, cerca de Barcelona, surgieron fuera de todo pronóstico unos vientos desde la mar hacia tierra de hasta 180 kilómetros hora. Fue una experiencia aterradora, volaba todo alrededor. Tuve suerte de encontrarme en tierra, prefiero no imaginarme qué hubiera pasado si me hubiera sorprendido remando”, señaló.
De los casi 4 meses de travesía, sólo 20 jornadas no remó, por condiciones climatológicas inadecuadas. En ese tiempo, lejos de descansar, disputó competencias de paddle-surf. “Terminaba de remar, miraba el parte de vientos y al día siguiente afrontaba más de lo mismo, pero siempre con optimismo y ganas”, expresó.

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Deportista avezado, vivió complejos momentos que demostraron su afán de superación diario: su complicado paso por Estaca de Bares, el vértice más al Norte de Galicia; los acantilados de San Andrés de Teixido, casi 30 kilómetros en los que no había ningún entrante de tierra para parar; el robo de dos de sus tablas en Oporto; la confiscación de otra de ellas por la policía marítima portuguesa que más tarde pudo recuperar; su difícil paso por el estrecho de Gibraltar o por el concurrido Puerto de Algeciras.
“Los puertos daban respeto. Ahí toda precaución es poca. Yo y mi tabla éramos insignificantes ante la magnitud de los barcos que entran y salen constantemente. Te pones delante de ellos atento para comprobar su dirección, para tu dirigirte a la contraria. Y a cruzar dedos esperando que te hayan visto”, destacó.

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De esta expedición se llevó también el cariño de la gente de las zonas por las que paró, y de todos los amantes del paddle-surf que lo quisieron acompañar en algunos tramos, con sus tablas. Según dijo, las imágenes de los pueblos y ciudades costeras de la península serán imborrables de su mente.
Durante sus extenuantes jornadas sobre su tabla de paddle-surf hinchable de la marca SPS siempre lo acompañó: su bolsa estanca Sea to Summit (donde llevaba una multiherramienta Leatherman), su aparato de posición vía satelital para emergencias; un cordino; un frontal acuático y dinero.
Antonio ya está planificando nuevos desafíos: “volveré a Rovanieni para disputar Lapland Extreme Challenge, el desafío de superación humana más extremo de Finlandia. Este año no pude terminar los 900 kilómetros de recorrido a causa del congelamiento de tres de los dedos de mis pies, pero me veo con fuerzas para conseguirlo el próximo año. Además, estoy pensando en cruzar Europa en bici con mi pareja”, contó.

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Quién es Antonio de la Rosa
Antonio de la Rosa es un conocido aventurero español que se ha enfrentado a diversos desafíos. En 2014 ganó la prueba francesa de cruce del Océano Atlántico a remo y en solitario Rames Guyane. Ese mismo año, recorrió con esquís de fondo los 1.700 km de la prueba Iditarod en Alaska. En 2015 unió en paddle-surf por el río Tajo, Madrid con Lisboa; y en 2016 hizo parte de la costa de Groenlandia. El último reto fue su participación en la competición Lapland Extreme Challenge.

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www.antoniodelarosa.net

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Exploracion

LA FAMILIA ZAPP, VIAJEROS DE UN SUEÑO

mayo 21, 2018 — by Andar Extremo0

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Mítica, mágica y soñadora, podemos decir que la historia de la familia Zapp sigue escribiendo increíbles páginas. Con 4 hijos a bordo, nacidos en cuatro países distintos, Candelaria y Herman Zapp nos recibieron en su casa de Argentina, mientras tomaban un breve descanso. Una amena entrevista donde relatan una vida de aventuras, los proyectos que vendrán y el libro inacabable: “Atrapa tu sueño”. Nota en revista Andar Extremo n° 49

por Marcos Ferrer, fotos familia Zapp

18 años, 350.000 km y 85 países recorridos

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Los Zapp son la familia más viajera del planeta. Candela y Herman Zapp comenzaron su travesía hace 18 años, con el objetivo de hacer un recorrido desde Argentina hasta Alaska de una forma peculiar y poco vista: en un automóvil Graham Paige de 1928.
Tardaron tres años en atravesar de Sur a Norte el continente americano, y fue tiempo suficiente para ampliar la familia con Pampa, Tehue y Paloma, a los que se añadió después Wallaby.
Luego de recorrer América, viajaron por Oceanía, Asia, África, y actualmente están recorriendo Europa por partes. En estos momentos, en un breve descanso, ésto nos cuentan…

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En qué etapa están del viaje?
Estamos en la última, terminando de recorrer Europa. Nos faltan ya muy poquitos países. Después venimos para Guyana y de allí para casa, a terminar la vuelta al mundo. Al viejo continente entramos por Turquía, veníamos de África. Fuimos hasta lo más alto posible, que es el Mar Ártico, fuimos por Noruega hasta Tenerife (que fue lo más sur de España), luego Inglaterra, Escocia y ahora hicimos Bruselas y Bélgica. Falta casi nada para terminar.

Cuánto tiempo calculan que les queda para finalizar, y cómo evalúan luego de 18 años, esta aventura?
En un año y unos meses estamos de vuelta. Creo que es lo mejor que nos pasó en nuestras vidas. Nos arrepentimos de no haber empezado antes. Cuando nos casamos pospusimos el viaje como 4 años. La idea era salir a los dos años, pero estábamos con la casa, con miedos, y lo fuimos retrasando. Uno siempre piensa que no está preparado pero lo que sí está listo es el mundo para que uno lo viva. Lo descubrís luego. Uno no tiene que estar listo, te tenés que ir haciendo.

Están preparados para terminar con esta forma de vida?
Eso se verá cuando terminemos la vuelta al mundo. Hay que finalizar este sueño en el mejor momento, no hay que esperar a que no tengamos ganas de viajar o estemos cansados. La idea es terminar con ganas de seguir.

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“Les digo a mi hijos en cuanto a su futuro: hagan lo que yo menos quiero”

Sus cuatros hijos nacieron durante el recorrido y vivieron toda su vida así. Qué piensan de ésto?
La gente se piensa que por viajar continuamente son muy diferentes. Que se hayan criado de una manera distinta puede ser, pero son como cualquier niño. Ellos ven el mundo como un gran vecindario. No sienten algo lejano y peligroso, ven como barrios que van conociendo. Son muy libres. Son más humanistas que nacionalistas. Uno como padre se preocupa más que ellos, sin embargo nacieron y vivieron todas sus vidas así. Es como una gran casa el mundo. Cuando llegamos a África o a China, no nos preguntaron por qué la gente era de diferente color, lo vivieron como lo tendría que vivir el mundo entero. Por otra parte, se acostumbraron a tener lo indispensable. Imagináte que en cualquier cocina de cualquier casa entra dos veces más cosas de lo que podemos llevar en el auto. Nuestras cosas entran en una caja de plástico. Llevamos dos valijas para los 6 y ellos se dan cuenta que pueden vivir así o en una casa grande. Se adaptan a todo. Lo bueno es que les gustan ambas cosas, no es que ven a una como sacrificada y la otra no. Lo importante es saber que aunque somos viajeros y es lindo lo básico y simple, también nos gustan la comodidades pero podemos prescindir de ellas. Uno puede dejarlas y vivir muy bien igual.

Cómo es el vínculo con su familia en Argentina?
Extrañamos mucho la familia, más que la casa. Nuestro lugar es el auto, es donde nos sentimos más cómodos, pero en Argentina cuando nos tomamos vacaciones del viaje, nos sentimos como en un club. Siempre hay chicos en casa, familiares y muchos amigos. Se extraña pero uno tiene que elegir el camino. Nuestro destino es el camino. Cada 3 o 4 años nos damos un gusto dando una vueltita muy corta por casa, pero sabemos que hay que ir detrás de nuestro destino aunque nos separemos un poco de nuestra familia.

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Sin duda, son referentes en el mundo de los viajeros
Recibimos todos los días unos 20 emails de futuros viajeros, de viajeros y de personas que ya terminaron su viaje. Mucha gente inspirada por nuestro libro “Atrapa tu Sueño”. Ahí no mostramos lo que hacemos sino lo que se puede hacer. Explicamos que teníamos miedo, que no nos animábamos, que nos costó. La gente siente lo mismo. Hablar con nosotros les da esperanza, fe y confianza en sus propio proyectos. Ahora en Argentina, tenemos una familia de sevillanos con tres niños que en el paso por España nos alojaron y están por emprender un itinerario largo por Latinoamérica con una biblioteca móvil.

Se imaginan cómo van a ser sus hijos en el futuro?
Cuando era chiquito odiaba que me preguntaran qué iba a hacer de grande. Yo les diría: “hacé lo que yo menos quiero”. Deseo que sean soñadores, que vayan por su amor. Queremos que sepan no de lo que van a vivir, eso es fácil, sino para qué van a vivir. Si están convencidos que quieren hacer marcos de cuadros o viajar en bicicleta por el mundo, está bien. Lo importante es que sus vidas tengan un sentido y no tener que llegar a fin de mes con el sólo objetivo de pagar cuentas.

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Cómo siguen financiando el viaje?
Sólo con la venta del libro. Ya van 13 ediciones en español y 6 en inglés. Pensá que somos nosotros mismo los editores. Las charlas las damos sin costo. Con cada libro que vendemos avanzamos 5 km. Generalmente hacemos como hicimos siempre en el viaje: llegamos a una ciudad, al centro o a un lugar público, y nos ponemos a contar el viaje y a ofrecer el libro. A veces vendemos 5, otras diez y otras nada. En ocasiones nos corre la policía y otras se sacan fotos con nosotros…a veces las dos cosas…El día que llegamos a Amsterdam pusimos el auto arriba de la plaza. La gente se sacaba fotos, y de repente aparecieron dos policías en bicicleta y nos preguntaron si teníamos permiso para estar ahí. Les dijimos que no y dijeron que no podíamos hacerlo, y acto seguido pidieron sacarse una foto!

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Cómo se ven en un futuro?
Generando cosas y haciendo generar. Charlas y conferencias vamos a hacer siempre. Mucha gente nos conoce por internet o por el libro, pero la mayoría nos quiere ver. Vernos cara a cara es importante. Está bueno para mostrarles que no somos nada raro ni nada especial, que somos gente de barrio como cualquier hijo de vecino. Cuando arrancamos no pensamos en todo lo que surgió, como tener niños en el viaje, hacer un libro… todo fluyó. Acordáte que arrancamos los dos solos y se fue dando. No llegamos a ver la dimensión de nuestro viaje, a veces cuando vemos los videos sí. Nos llama la atención la gente que sigue la historia desde el principio. Nosotros, como lo vivimos de adentro, no nos damos cuenta de lo que vamos logrando. Cuando te dicen que empezaron por nosotros es muy gratificante. La idea es dar conferencias y habíamos pensado en tener un lugar para recibir gente de todo el mundo, pero falta… aún estamos en viaje.

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Carreras de aventura

Running Trip , Forest Edition

mayo 18, 2018 — by Andar Extremo0

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El sábado 25 de noviembre se realizó la tercera edición de Running Trip Skechers. Con cupo completo de 600 corredores, la carrera itinerante llegó a Pinamar para seguir escribiendo su propia historia. Nota en revista Andar Extremo n° 49

por Running Trip, Fernando Sánchez Sañudo, Juan Cruz Suárez y Mariel El Jaber
fotos Pablo Tolmasky, Mercedes López Echenique, Contanza Greco, María Laura Romagnino y Verónica Burgos

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El sábado 25 de noviembre se vivió una verdadera fiesta en Pinamar Norte, donde se unieron deporte y diversión, de la mano de deportistas de elite y amateurs reunidos con una misma meta: correr por senderos cargados de verde, arena y bosques típicos de la zona.
La carrera contó con la presencia del atleta olímpico Mariano Mastromarino, quien participó en una función no competitiva: acompañar a Octavio, un chico con parálisis cerebral que participó de los 4km destinados a los atletas con discapacidad. “Disfruté mucho de estar junto con Octavio. Estar atrás con él, me mostró cosas que los atletas de elite solemos perdernos por estamos concentrados en un objetivo”, señaló. Su alegría, sirvió para contagiar no sólo a los corredores sino también a las personas que se acercaron para vivir un fin de semana diferente.

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Luego de la entrega de premios le tocó el turno a los más chiquitos, quienes disfrutaron de la carrera de 1k y pudieron iniciarse en la misma disciplina que sus papás.
Para compartir un momento distendido y celebrar, se realizó un encuentro en la cervecería Pinta Pinamar, exclusiva para todos los deportistas y sus acompañantes.
La cuarta edición, que se llamará “Sun y wine” y tendrá como escenario las montañas de Potrerillos, Mendoza, será el próximo 31 de marzo. El evento contará con varias actividades diurnas y nocturnas para transitar el fin de semana de Semana Santa.

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Fernando Sánchez Sañudo
Tuve la oportunidad de correr dos ediciones de Running Trip y siempre sentí el mismo ambiente de buena onda, la misma energía positiva, desde el retiro de kit hasta el viaje de vuelta a Capital. Es por eso que quiero estar presente.
Llegué a correr los 21k en Pinamar bien preparado, con confianza. Salí a buen ritmo, decidido a buscar la punta. Imaginaba que se iba a poder correr bastante, pero el viento de los días previos hizo que los senderos estén con mucha arena suelta. Para el km 15 tuve que aflojar ya que el esfuerzo de correr en ese terreno, además del calor, me desgastó. Así y todo, pude mantenerme y asegurarme el 3er lugar en la general.
Me quedó un sabor un tanto agridulce en cuanto a mi rendimiento, pero estas carreras suelen ser impredecibles y hay que valorar lo obtenido. Al margen de lo que se sufrió, me encantó correr por los senderos, el bosque de pinos, los sube y baja del camino y alguna que otra duna.

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Juan Cruz Suárez
Mi carrera comenzó unas semanas antes, cuando decidí que sería una linda experiencia sumar algo distinto a mí calendario atlético, ya que principalmente me había concentrado toda la temporada en preparar eventos de pista y calle.
El objetivo fue apuntar a una distancia Intermedia, como fueron los 10 km. Dado que venía con muchas competencias encima y calculaba que el circuito podía llegar a ser complicado por la superficie del lugar, no quise arriesgar y fui a disfrutar una exigencia que me haría sentir cómodo.
Llegó el día esperado. Faltaba poco para largar y el sol se hacía sentir mucho, pero eso no le quitaba magia al evento sino que lo volvía más atractivo.
Cuenta regresiva y largó. Como es mi costumbre, salí tranquilo pero siempre atento a lo que propondría la punta. Los primeros metros se iniciaron con un poco de desnivel pero no era algo muy duro ya que el terreno estaba firme y permitía correr muy bien. Hicimos algunos metros más y empezó la dificultad: pequeñas lomas de arena suelta que fueron constantes durante el recorrido.

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Aproximadamente en el km 2, decidí seguir al líder y correr al ritmo que él propusiera. Fue letal por varios motivos: no estaba en una superficie que me beneficiara, el calor y la arena caliente se hacían sentir, y venía de correr una carrera rápida la semana anterior.
Bajé un cambio, me relajé, y empecé a correr mi carrera. Siempre defiendo mi lugar en los primeros puestos y en este caso, llegando al primer puesto de hidratación, tenía al 3ro cerca.
Seguí un poco más y aproximadamente en el km 7, tomé una mala opción: no supe interpretar un cartel y elegí mal un desvío. Vale aclarar que estaba todo perfectamente marcado y era difícil perderse pero a mí me pasó por despistado. No quedó otra que volver atrás y retomar.
Había perdido muchos puestos en mi lucha por el podio. Ya no me importaba, el objetivo era otro, terminar una carrera más sabiendo que había dado lo mejor.
Hice 500 metros y logré alcanzar al 3° puesto. Ahí me dije: ¡estamos de nuevo!. El circuito se estaba volviendo más fácil. Las lomas con arena no estaban y sólo había que buscar un ritmo y correr constante hasta el final.
Faltando 1 km, lo divisé a Diego en el cuatriciclo que pasaba al lado mío alentando y diciendo que faltaba poco. Llegando a los últimos 400 metros, vi la llegada. La gente alentaba, había un clima muy bueno, y sentí que no hacía falta esforzarme más. Tenía una ventaja considerable, entonces disfruté. Pasé por el arco, corté la cinta y cumplí.
Para los que disfrutan este tipo de eventos, se los recomiendo. Muy buena la organización, siempre atenta en todo momento. El circuito fue excelente y hubo un ambiente muy agradable. Gracias Running Trip, nos vemos en la próxima carrera!!!!!!

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Mariel El Jaber
Running Trip era mi última competencia del Calendario Total Magnesiano 2017. Cuando se aproximaba la fecha fue imposible no recordar lo que me costó la anterior, en los Molles, San Luis. Sabía que, en donde fuese, el circuito iba a ser duro, pero igual quería estar en esa largada con atletas de primer nivel. Largar entre ellos ya era “ganar” para mí.
Fui en el micro de la organización y entre mates, risas y charlas, se anticipaba el clima que se iba a vivir: una verdadera fiesta del Running.
La entrega de Kit fue genial. La previa fue inmejorable, tomando sol en el Hotel Playas con grandes presencias como la de Mariano Mastromarino.

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En esta edición, los bosques estaban alrededor y por encima, pero abajo había arena, arena y más arena blanda y suelta. El calor no aflojaba.
Corrí sin reloj. Estaba exhausta. Al preguntar a un compañero cuántos km llevábamos, calculando según mi esfuerzo cerca de 14k, me contestó que íbamos recién casi 10k. Ahí entendí que mi sufrimiento no iba a ceder.
Subidas y bajadas pequeñas y medianas, y más arena. De vez en cuando encontraba raíces donde debía asegurar la pisada. Así, hasta el final.
En la llegada pensé que el circuito no podía haber sido más duro. Al menos valió el esfuerzo, ya que pude conservar mi 3° puesto de General Damas en 21k y subir al podio con Florencia Borelli, una de las mejores atletas de Argentina.
Fue una bella carrera y un duro circuito, una combinación más que tentadora para volver.

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21km Caballeros
Cristian Hernández 1:39:45 hs
Nicolás Méndez 1:44:13 hs
Fernando Sánchez Sañudo 1:46:09 hs

21km Damas
Florencia Borelli 1:52:41 hs
Roxana Preussler 1:53:46 hs
Mariel El Jaber 2:05:53 hs

10k Caballeros
Matías Luero 00:41:02 hs
Héctor Gómez 00:43:25 hs
Juan Cruz Suárez 00:45:30 hs

10k Damas
María Luz Ramírez 00:59:47 hs
Natalia Meza 1:01:59 hs
Sonia Prieto 1:02:52 hs

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Tecnología

LAND ROVER NEW DISCOVERY

mayo 17, 2018 — by Andar Extremo0

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Estuvimos en Cardales con la Revista Andar Extremo probando en off road este gigante de Land Rover, la New Discovery, previamente la gente de Land Rover nos agasajó con un muy rico asado y luego de la presentación oficial nos fuimos al circuito.Probamos una diésel de 3000 cm3 de seis cilindros de 258 CV de potencia.
Realmente es increíble ver una camioneta tan grande con tanta tecnología y que se maneje tan agil en todo terreno, tiene un sistema de Avance que permite despreocuparse de todo lo que no sea mover el volante y el bloqueo de diferencial trasero.
Si bien han utilizado aluminio en el chasis como en la carrocería el peso supera las dos toneladas.
El cambio, de ocho relaciones, es automático y se controla mediante un dial que está en la consola. Las ruedas son mixtas con llantas de 20 pulgadas, resistente en el uso sobre piedras y con un agarre más que efectivo en tierra.
Como si fuera un video juego pero para situaciones reales la camioneta cuenta con sistema de control de avance electrónico que adapta el funcionamiento de la tracción integral al tipo de terreno por el que se circula. Se puede elegir entre diferentes modos: normal, automático, barro y césped, hielo y superficies deslizantes, arena y rocas.
Lo más alucinante es ver cómo puede variar la altura delo chasis en unos 14 cm, los recorridos de suspensión llegan hasta los 50 cm y los ángulos de avance llegan hasta 34 grados en el ataque y 30 grados en la salida y posee una altura libre al suelo de 28,3 cm. A la Discovery tiene una capacidad de vadeo de 90 cm.
Por ultimo podemos decir que esta gran camioneta tiene capacidad para 7 personas, todos los asientos se acomodan eléctricamente y se rebaten, pudiendo utilizarla para transportar volumen. Todo el lujo en climatización, sensores, cámaras y pantallas táctiles.
En síntesis un bicho de otro planeta!!!
Gracias a Land Rover Argentina por un día espectacular

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Mountain Bike

PABLO GARCÍA, PEDALEANDO EL GLOBO

mayo 8, 2018 — by Andar Extremo0

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Pablo García es uno de los ciclo viajeros que más kilómetros hizo en la historia, comenzó su viaje en 2001 y lo termino en diciembre de 2017, en una entrevista reciente en la ciudad de Mar del Plata, nos cuenta el viaje de su vida. Nota en Revista Andar Extremo nº 49

167.000km, 16 años, 106 países

Por Marcos Ferrer, Fotos Pablo García

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Era 28 de diciembre y en la costa hacía muchísimo calor. La cita: centro de Mar del Plata. Botella de vino en mano, dejé la camioneta en una cochera y me dirigí a la dirección donde Pablo estaba parando. Hacía menos de dos meses que había finalizado un viaje de 16 años ininterrumpidos, atravesando continentes y conociendo culturas, y mi ansiedad por entrevistarlo iba creciendo.
Llegué a la dirección y luego de unos minutos bajó del departamento. Preparó unos buenos fideos, abrimos el vino, de a poco fuimos entrando en sintonía y, sin darnos cuenta, comenzó la nota.

Cómo arrancás este viaje increíble?
Vivía en Brasil como aventurero y después de viajar un año, me había agarrado el fantasma de qué haría con mi vida teniendo 21 años. Ese tiempo había estado en el norte, vendiendo pulseras y así había logrado recorrer todo el litoral. Luego, me enganché con una chica 13 años más grande que yo. Estuvimos un tiempo y creo que esa relación me dio la fuerza para encarar el viaje. Tenía el mundo por delante y ella, con hijos y una vida organizada, me dejó. A partir de ahí me puse la meta de viajar. Empecé vendiendo remeras en la playa, trabajé alquilando departamentos y autos, y con dos argentinos pusimos una empresa de turismo. Terminé viviendo 4 años en Maceió. Comenzamos a ganar plata y paralelamente a pelearnos por ver quién trabajaba más o menos. En ese momento mis socios tenían 45 y 55 años y yo con 24 no quería complicarme. Aunque vivía frente al mar en mi departamento y tenía dos autos, pensé que si no me decidía a salir en ese momento, no lo haría nunca más.

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Cómo fueron los primeros pasos?
Estaba un poco decepcionado con el entorno, medio rebelde con la sociedad, y me crucé a un amigo argentino que me dijo:- vos tenés que tener un conocimiento espiritual. Antes de empezar, andá a conocer a unos monjes arriba de la montaña, en Car Baru. Sentí que era una herramienta que necesitaba para el viaje que iba a realizar y fui a conocerlos. Estaban en una comunidad que parecía fuera del mundo material: eran autosustentables, vivían completamente aislados. Al llegar, me señalaron que sería bienvenido si practicaba sus programas: levantarse a las 4 de la mañana, bañarse con agua fría o en el lago, ir al templo, cantar mantras y realizar lecturas del Bhagavad Gita. Ese libro, es lo único que mantuve desde el kilómetro cero hasta que terminé la travesía. Es una charla entre el Dios supremo Krishna y su primo Aryuna, su devoto, donde hablan de un cambio de era hacia otra llena de riña e hipocresía, donde nadie se pone de acuerdo. Realmente, un libro muy real en estos tiempos.

Con integrantes de tribu Turkana, Norte de Kenia 2003
Con integrantes de tribu Turkana, Norte de Kenia 2003

“Si uno está en paz con uno mismo, está bien con lo que lo rodea”

Te hiciste devoto en esa corta estadía?
Sí. Me quedé como diez días y cuando me fui me regalaron el libro y una especie de rosario, pidiéndome que cante un mantra todos los días para estar protegido. Me fui contento y entusiasmado y canté a diario hasta ahora. Esto se hizo compañero del pedaleo. Todas las mañanas me levanto y doy cuatro rondas, porque todo lo que me pasó: no tener accidentes, conseguir sponsor y dar con gente correcta, fue gracias al mantra que le dio impulso a mi recorrido.

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Tuviste contacto con templos Hare Krishna durante el viaje?
Fui visitando algunos, eso ha sido una forma de cargar energía. Luego de 15 años volví a esa comunidad y aún había algunos monjes de esa época. Fue muy emocionante. Soy un convencido de que para cualquier cosa que uno quiera encarar tienen que tener un acercamiento a la “providencia”. Sigo cantando mantras, hago media hora de meditación y creo que eso hace que las cosas sigan su rumbo ahora: preparar conferencias, escribir el libro, hacer documentales. Es la conexión que quiero mantener. En India hice una técnica budista de meditación Vipassana, que hasta el día de hoy se enseña en 70 países. Todo eso lo conservo.

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Cómo fue el viaje?
Arranqué en 1999 en Maceió hacia Buenos Aires. Conseguí un año y medio de sponsors. En 27 meses hice Sudáfrica, el Cairo, tomé un avión a Europa, puntualmente a Madrid, y pensé que podía conseguir buenos sponsor como en África. Me fue mal. Viví en Europa gracias a la venta de fotos y de unas muñequitas muy pequeñas de tela que compraba en Brasil. Recorrí treinta países vendiendo más de 10000 muñequitas. Hice norte de África, Medio Oriente, Cercano Oriente, los Balcanes, Turquía e Irán, Golfo Pérsico, Pakistán, India, Nepal y volé a Tailandia, porque por Birmania no se podía pedalear. Estuve dos años por el resto de Asia, Japón, Mongolia y Tíbet. Luego bajé al Sudeste Asiático, me fui Oceanía, de Nueva Zelanda a Polinesia, de allí a Hawái. De Hawái a California, donde estuve hasta el verano para poder recorrer, y me fui a Alaska volando. Hice México por las montañas rocosas, me fui en avión a Canadá y bajé por la costa este de EEUU hasta Miami volviendo al Distrito Federal. Atravesé Centroamérica y Colombia, donde estuve un mes vendiendo el documental. Junté dinero y compré 10 pasajes de avión y 7 de barco anticipados. Cruce las Antillas. Fui de isla en isla hasta terminar en Cuba, sin dinero. Todo lo que había juntado lo destiné a pasajes, pero sacaba el documental y lo vendía. De Cuba a Colombia, bajé por Ecuador, Perú, por el Amazonas al Atlántico y, de allí, a Maceió, completando la vuelta al mundo simbólicamente. Fui a Bolivia y luego entre a Argentina por Jujuy. Llegué a Ushuaia y tomé un avión a Bariloche. De allí fui al Bolsón porque desde ese punto quería terminar las provincias que no conocía del país. Subí hasta Formosa, crucé a Paraguay, hice Misiones y bajé a Buenos Aires hasta el Obelisco.

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Cómo fue tu aventura en números?
167.510 kilómetros y 106 países. Es uno de los viajes en bicicleta más largos del mundo, el record creo que lo tiene Heinz Stücke. Él empezó su viaje en 1962 y tuvo casi 50 años subido en la bicicleta y unos 500.000 kilómetros.

Qué pensás del mundo luego de estos años de cicloviajero?
El mundo no es tan maravilloso, está lleno de miserias. Se persigue el dinero como única forma de crecer y de tener poder. En el viaje vi muchas injusticias. Hay lugares y personas hermosas, pero las realidades me han hecho ser medio ermitaño. Si bien vendo y soy simpático, quiero estar solo. La esencia de la vida es encontrase a uno mismo. El conocimiento te llena. En Occidente la gente está vacía en vida espiritual. Necesitamos más espiritualidad, saber hacia dónde vamos para ser mejores personas, evolucionar como ser humano, encontrar la paz. Si uno está en paz con uno, está bien con lo que te rodea. Eso lo vez en Oriente. La esencia de Asia es el conocimiento espiritual. Nos consideramos los más avanzado, los mejores, y la realidad es otra. No vamos a mejorar si no entendemos eso.

En 1998 en Maceio, Brasil y en 2017 en Buenos Aires, Argentina
En 1998 en Maceio, Brasil y en 2017 en Buenos Aires, Argentina

Cuáles fueron algunas de las historias que más te impactaron?
En África viajé con la boca abierta. Llegué a tribus donde viven en cavernas debajo de árboles y usan arcos y flechas. Con ellos me fui a cazar pajaritos y ratones. En Tanzania me recomendaron ir a la tribu de los Hadzabe, en las afueras del Serengueti, en el Easy Lake. Ellos viven como hace 10000 años atrás. La persona que me hizo la sugerencia, tuvo la oportunidad de cazar con ellos una mona y cuando la abrieron tenía un feto. Sin remordimiento alguno, me contó que se lo comieron ni bien lo sacaron. Cuando fui a cazar llevaba las cámaras, y en un momento salieron todos corriendo. Como a 100 metros habían aparecido Guineas Fowls, unos pájaros parecidos a las perdices pero un poco más grandes. Les dispararon como diez flechas y pensé que nunca podrían llegarles, pero pude ver uno que caía. Fue la comida del día. Encendieron fuego con los palitos y comimos. Increíble, África fue increíble. Muchas tribus, muy diferentes. Asia es todo lo contrario. Los musulmanes son más hospitalarios. En ese lugar conseguí los mejores sponsors. Son muy curiosos de nuestra cultura.

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“Las banderitas en la bicicleta, fueron mi mejor sponsor, porque cualquier tribu reconocía el emblema de su país o el del país vecino”

Cómo fue llegar a una tribu en África?
No son amigables. Sos un marciano, un blanco. Hay racismo. Todos te piden plata. La bicicleta me diferenciaban y las banderitas fueron mi mejor sponsor porque cualquier tribu reconocía la de su país. Yo no me acercaba, ellos se acercaban a mí. Se ponían al lado e intimidaban. Sudáfrica fue el lugar más hostil que recorrí. Nunca les demostraba miedo aunque adentro estaba re cagado.

Cuáles fueron los peores momentos?
Ya en Brasil me habían tirado de la bici enfrente de Porto Alegre por la Free Way. Vi a un hombre a dos metros y me dije: éste me roba. Me tocó y volé por encima de la bici. Caí abajo, en un barranco al costado de la autopista. Me abrí la pierna y se me llenó todo de sangre. Miré atrás y venía solo. Solté la bici y lo encaré. Ahí cayeron dos más, uno con cuchillo. Esquivé cuchillazos y la bici de estar atrás mío, quedó adelante. Uno la levantó y se la llevó. Esto me pasó en el ´99. No me daba para hacer nada. Al final se cansaron y se fueron caminando y yo, detrás de ellos. Mi peor error fue entrar en Porto Alegre, un sábado a las 5 de la tarde. Yo seguí a dos y el tercero se llevó la bici. Cruzaron los tres carriles y se metieron en un zanjón. Yo los seguía gritando. La imagen era: en un carril un flaco con la bici, en el otro carril los dos flacos y en el tercero yo, con pelo largo, en calzas y sangrando. Los autos empezaron a parar. Cuando llegaron al zanjón, los otros dos flacos cruzaron la otra vía y dejaron solo al tercero con la bici que no podía sacarla por lo que pesaba. Finalmente, salió corriendo y la dejó. En ese momento, paró un viejo en un fusca y le pedí que me espere mientras agarraba la bici. Me acompañó escoltándome hasta la entrada. Por otro lado, en Colombia salí de Palmira y vi dos personas que me iban a encarar pero recordé que en México, sabiendo que entraba a Latinoamérica, había comprado un machete. Me paré y sabiendo que me iban a robar, les grité con eso en mano y zafé.

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Cuál fue la mejor historia?
Estaba entrando en Irán, haciendo 100 km o 120 km por día. En esa jornada había hecho 170 km sin poblaciones. Entonces pensé que sería un buen día para sociabilizar con una familia. Sólo sabía algunas palabras, entre ellas “sala maleco”, el saludo tradicional. Era de noche y a la distancia observé una fogata con varias personas alrededor. Pensé que sería una familia comiendo algo y dije: listo! Cocino al lado de ellos. Tomé un sendero de tierra muy oscuro porque no había luna, con tanta mala suerte que llegué por detrás y los sorprendí. Eran como diez, entre pastos altos, contando tocos de plata…llegué en el momento menos deseado. Saludé y en ese momento se dieron vuelta. Me rodearon gritándome en farsi (idioma local). Yo no comprendía nada, les repetía que venía de Turquía e iba hacia la ciudad de Tamis y le decía “adshala” (bicicleta en árabe), le decía Argentina, pero no me entendían nada. Me pusieron en una pared y se peleaban entre ellos, preguntaba si había alguien más, o yo entendía eso. Pasaron unos minutos de miedo y me fui a la bicicleta. Agarré la bandera de Irán y les decía “You” fuerte y preciso, y “Me” Argentina. Se los repetía a lo loco. En un momento dije “Maradona”, repetí ”Maradona”, y dos de ellos se miraron. Empezaron dos o tres a decir “Maradona number one”. En ese instante se fueron, trajeron agua, y uno me dijo con señas ándate que ese de allí te quiere cortar la cabeza. Me fui temblando, pedalee una hora más de noche, y llegué a un restaurante de tres hermanos. Muy asustado les conté y me dijeron que era una zona de tráfico de opio.

En África tenés alguna historia?´
Estaba atravesando el norte de Uganda con Gastón, un amigo camarógrafo, y llegamos a un campo de refugiados. Fuimos a buscar agua y le pedí que filme todo. Era otro mundo, eran miles, vivían allí agrupados y manejaban el lugar. Era un espacio difícil. Pensá que en el Congo los rebeldes secuestran a los chicos, violan mujeres, matan a los hombres y se llevan a los niños de 12 a 15 años. Una parte de esta zona imagináte que la tuvimos que hacer en camión por los peligros, hay mucho conflicto. El tema es que finalmente entramos y mi amigo me filmaba hasta que vinieron los líderes enojados diciendo:- quién es este blanco de mierda para entrar así!!!. En ese momentos saqué pecho, y le dije: -quién sos vos, yo estoy buscando agua. vengo dando la vuelta al mundo, mira las banderas!!! . Se me quedaron mirando como si fuere un marciano!!! Gastón apagó la cámara y con cuatro palabras en inglés ellos, y yo con cuatro palabras en dialecto, tuvimos que mediar. Querían sacarnos las cámaras pero al final salió todo bien. Muy loco había como 150 personas al lado. Por suerte salimos vivitos y coleando.

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Encontraron a los pigmeos?
Sí claro, más tarde. Nos encontramos con varias tribus. Los pigmeos reales son de 1, 5 metros para abajo. Había otros en Uganda que eran de hasta 1, 60 metros. Con estos últimos nos encontramos y empezamos a preguntarles de los Pigmeos reales y nos señalaron que esperemos que ya iban a venir. A la media hora apareció un grupo de niños jugando y nos dijeron: – allí están los pigmeos!!! Pensé que ahí sólo había nenes, pero entre medio, a la misma altura, asomó uno con bigotes. Increíble. Ellos viven en casas de hojas de palmeras y cocinaban bananas. Comimos con ellos y lo único que hacían era repetir: money, money money. Fumaban marihuana todo el día. El dinero que pedían lo usan para tabaco.

Es un problema mundial el de los excesos?
Sí hay muchas miserias, tanto los maorís en Nueva Zelanda como los aborígenes en África o Australia o los esquimales en Canadá, son todos grupos subvencionados por los gobiernos, con planes sociales y todos tienen el problema de perder la cultura y caer en el alcohol o en la droga. Antes esta gente era alguien, vivían de la caza, era un orgullo para ellos, ahora desde el momento que el estado les da dinero terminan mal. Mucha desconexión.

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Qué cosas buenas te pasaron en el viaje?
Podemos hablar del amor, del reconocimiento, los sponsor y el trato con los países musulmanes. Por ejemplo en la ciudad Bahrein, un reinado al lado de Arabia Saudita, el único acontecimiento del año es la carrera de fórmula uno y el segundo, fue mi paso por esos lares. Venía en avión de Kuwait porque no podía pedalear por ahí y quería hacer los países del Golfo. Contacté con un argentino, me junté a tomar un café y apareció de casualidad con la mujer de cónsul de Arabia Saudita que había querido venir a conocerme. La señora me gestionó la visa para entrar a Arabia en donde pude hacer 1000 km escoltado por la policía. Pero bueno, esa esa otra anécdota. Nos juntamos por segunda vez en la recepción del Hotel Marriott y charlando me propuso llamar al gerente de marketing de ahí y pedir sponsoreo. Ya había estado en los hoteles 5 estrellas en Líbano y en Siria, y me gustó la idea. Vino el gerente, armó una conferenciad de prensa y me dio sponsor por una semana de hotel. Vinieron 33 periodistas para la conferencia que la hice en un inglés quebrado, porque no tenía aún mucha fluidez con el idioma. De allí me contacté con el Marriott de Catar, con el de Arabia Saudita y con el de Emiratos árabes, y cada vez que pasaba me daban 10 días de hotel.

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Cómo fue el episodio de Arabia, donde estuviste con escoltas 1000 km?
“Cuando vayas a Catar buscá a Mohamed Altani de la familia real, es el presidente del comité olímpico de la Federación de ciclismo”, me decían. Recordé el nombre y pude pedalear con una visa de la Federación de Ciclismo y cientos de policías, durante 1000 km. Cada 30 km se relevaban y se pegaban un embole tremendo, así que en ese momento se me acercaban y me decían: – dale, dale!!. Venían atrás, y yo les decía que pasen adelante así por lo menos me paraban el viento. En una de las vueltas me pasó una 4 x4 gigante, se frenó y se pegó la vuelta. Bajó el vidrio y lo primero que me preguntó era de qué país venía. Cuando le dije Argentina, ya lo vincularon al fútbol y a Maradona. Me pidió que pare, me bajé de la bici y me dio una tarjeta que decía Mohamed Altani y me dijo:- conéctate conmigo cuando llegues a Catar. Al llegar, me recibió su secretario y me pidió que vaya al día siguiente porque estaban organizando una carrera a la que irían los atletas olímpicos. Al otro día, a las 7 de la mañana llegué. Me prestaron una bici y competí. Éramos 50 haciendo 13 km. Salieron a fondo y quedé último en la largada y me dije: -estoy dando la vuelta al mundo, no puede ser!. Así que salí a tope y quede séptimo en la general.

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La sensación más placentera?
El viento a favor! Los momentos placenteros son 1 cada 10 o 1 cada 50. Viajar en bici es duro: viento en contra, frío, mucho calor, nieve, lluvia, hambre… Me gusta la llanura, la vista hasta el horizonte. Eso y el camping seguro es lo más. Imagináte, en Kenia luego de un año y medio de viaje por África en la casa de un amigo, me despertaron a cachetazos para robarme con una linterna y dos machetes. Pensé que estaba en una pesadilla hasta que sentí un nuevo cachetazo. De ese día, nunca más dormí despatarrado, siempre en alerta. En la carpa escuchaba un ratón y agarraba el machete. Para relajarme tengo que estar en un camping o en el desierto. Estar en un lugar paradisiaco, con el cielo, las estrellas, el viento, cocinando… eso es el placer del viaje.

Cómo es tu vínculo con la naturaleza luego el viaje?
Estuve mucho tiempo en la calle, en la ruta y viviendo en la naturaleza. Ahora tengo la necesidad de un cable atierra y estar tranquilo en mi casa. Hoy mi pasión es revivir el viaje escribiendo el libro, preparando las conferencias, revisando las 400 hrs de video para un futuro documental. Sigo conectado con el viaje. Estoy en Mar del Plata, vendiendo postales y el documental en la calle. Si no genero plata no vivo. Quiero estar con las mismas energías para generar toda esa información. La naturaleza es maravillosa pero son contados los días, estas siempre en la lucha para comer, dormir, pedalear.

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Tuviste alguna sensación especial en el recorrido?
Tengo una historia que me la guardo para el libro, un encuentro, un milagro, una manifestación que me marco hasta el día de hoy.

Cuántas bicis usaste?
Usé tres. La primera se gastó, la segunda se jodió la rosca de la caja pedalera (cada trescientos kilómetros hay que ajustarla porque la misma fuerza del cuadro sacar la pieza y para que no se salga le puse líquido de freno y se clavó), y con la última, que me la dieron en Israel, hice 107.500 kilómetros.

Qué proyectos tenés ahora?
Tengo tres. El primero es dar conferencias. Me gustaría hacerlos en escuelas. Ya he recibido mucho, me toca dar. Me imagino dando charlas a jóvenes que salen del secundario…salen tan perdidos. Más que nada quiero transmitir que se puede soñar y materializar ese sueño con pasión y actitud. Se puede ir tan lejos como uno quiera. Luego, daría charlas en empresas. El segundo proyecto se está cumpliendo, estoy escribiendo el libro. El tercer proyecto es buscar una productora para un documental o que venda documentales al exterior. Y también me gustaría hacer cicloturismo como guía.

Qué le dirías hoy a aquel Pablo García que con 27 años estaba por salir a dar la vuelta al mundo?
Qué buena pregunta, nunca me la habían hecho… le diría que arranque con dos palabras: se puede.

La entrevista llegó a su fin. Automáticamente apagué el grabador y, Pablo muy emocionado, me dio un abrazo. Con sinceridad me dijo que le tenía mucho miedo cuando partió. Despacio me dirigí a buscar la camioneta. Arranqué, puse música y me fui despacio mirando el mar. Me llevo una historia llena de energía, una persona que aunque con muchos temores tuvo la fuerza de cumplir un sueño. Qué bueno que la gente sepa que sí, puede escribir su historia.

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AMOR VIAJERO
La historia con una tana, Clara Vicari es su nombre, fue muy fuerte. Venía de 5 años de viaje, estaba recorriendo Sicilia en Italia, yo tenía 32, ella tenía 26 años. Estaba saliendo de Europa hacia medio Oriente, entonces fui a un bar nos miramos intensamente, ella estaba con gente, me vio que me subí a la bici cuando salí de comer del lugar.
Al otro día me encontró vendiendo las muñequitas. Hubo onda y al tercer día me dijo llévame con vos. Uno siempre tiene ese sueño de viajar y encontrar un amor y viajar juntos. A mí me voló, encima me hablaba en tano, igual me fuí a Túnez a viajar con mi hermano que había ido de España. Estuve dos meses en Túnez con la idea de sacar la visa de Egipto e ir por Libia, y no la conseguí. Mi hermano se fue de nuevo a España y como no podía ir para Medio oriente por África me volví para Italia.
En Europa era invierno, un frío terrible y recibo un mail de Clara diciendo que vaya a Nápoles que estaba estudio allí y me quede con ella. Fueron dos meses de luna de miel.
Allí empezó a convencerse de viajar en bici y yo le llenaba la cabeza para que se viaje un año.
Hasta que le compre una bici, armaros todo y en el momento de arrancar no quiso, porque la la familia se oponía.
Amago dos o tres veces y dije: -tengo que seguir el viaje!!! Arranque a Grecia y a Turquía. Termino estos dos países y vuelvo a Italia por quinta vez y allí se vino conmigo y se quedó un año recorriendo. La familia me hizo la cruz.
Lo más lindo fue viajar juntos por los países musulmanes. Luego de cuatro años de muchas idas y vueltas, tenía en claro lo que quería de su vida, un novio en bici por el mundo lo le cerraba. Así que después de tanto juntos ,decidimos seguir cada uno con su proyecto.

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www.pedaleandoelglobo.com

Exploracion

LOS ZAPP y UN NUEVO DESAFÍO: CRUZAR EL ATLÁNTICO

mayo 7, 2018 — by Andar Extremo0

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Como ya sabemos los Zapp, son quizás, la familia mas viajera de todos los tiempos, que viajan con un automóvil Graham Paige de 1928. Están recorriendo hace 18 años el mundo y durante el viaje tuvieron a sus 4 hijos en diferentes partes del mundo, hoy se proponen un nuevo desafío. Luego de visitar 85 países y recorrer 350.000 km en los 5 continentes. Los problemas de los viajeros siempre fueron cruzar los grandes océanos, y que mejor forma de hacerlo en un barco a vela antiguo que transporte a toda la familia y el auto. El barco de madera a vela elegido es el “Tres Hombres” construido por Andrea, Jorne y Arjen que lo hicieron para demostrar que podían transportar carga de una manera más ecologíca. “Los sueños no tienen que tener razón” Acompañalos!!!

Proyecto CRUZANDO EL ATLÁNTICO

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Carreras de aventura

TIC TAC EFÍMERO, EL GRAN FLACO CRESTA

abril 24, 2018 — by Andar Extremo0

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La vida es efímera, y vos lo sabías, disfrutaste cada centímetro corrido, cada metro, cada kilómetro. Tu vida paso, corrías más que el tiempo, supiste aprovechar cada una de las miles de competencias que participaste. Es más te fuiste yendo a una carrera.

Cada consejo, cada aliento, cada palabra que brindaste van a acompañar a los miles de atletas, que de una y otra forma hiciste a o ayudaste a ser. Sabías que el deporte une, y pasaste medio siglo uniendo gente.

La sonrisa de tu cara quedara plasmada en la memoria de cada maratonista, de cada corredor de aventura y en cada persona que haya rondado alguna vez aquel bendito monumento del bosque platense.

Y cuando cada uno de nosotros, estemos en la largada de una competencia, irremediablemente miraremos hacia abajo buscando tu pantaloncito verde, buscando mejor dicho esa dupla de pantalones verdes, que ahora deben estar volando bien alto y ganando más carreras.

Seguí así flaco con esos ojos brillantes y esa sonrisa contagiosa, seguí empujándonos para correr, acompañamos desde donde sea, que algún día estaremos corriendo todos juntos. Tic Tac efímero, gracias flaco!!!

Gracias Miles de la revista Andar Extremo a Andrés Eduardo Cresta (28/2/1971 -22/4/2018)

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Mountain Bike

Andalucía Bike Race, Como nos vemos y como nos ven

marzo 23, 2018 — by Andar Extremo0

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María Laura Giuliani nos cuenta una muy interesante anécdota de una competencia de mountain bike en España. La Andalucía Bike Race que se llevó a cabo entre el 25 de febrero y el 2 de marzo donde los riders tienían que recorrer cerca de 400 km en 6 etapas.

por María Laura Giuliani

Epopeya de dos argentos que se fueron a correr al primer mundo y nunca perdieron el humor

Despegamos de Argentina sintiéndonos que íbamos a jugar con la camiseta del Barcelona, pero más tarde nos dimos cuenta que nunca dejamos de ser Sacachispas………y a mucha honra……

La ilusión de seguir corriendo la vara para adelante siempre ronda en nuestras cabezas, y es así como en febrero de este año, Pablo Luchessi y quien escribe, nos fuimos rumbo a España a participar de la Andalucía Bike Race, una de las carreras en Europa con mas convocatoria y con mayor nivel de participante……y nos dijimos, porque no nosotros??? No dudamos mucho y para allá salimos disparados.
Habíamos venido de correr el Transandes en Chile, y a razón de una fisura en el cuadro de la bicicleta de mi compañero, y una rotura de fusible en mi caso, estrenábamos bicicletas nuevas. En Chile habíamos tenido una excelente competencia por lugares más que hermosos y el entusiasmo se mantenía . Habían sido 6 días cálidos con una media de 25° C, sol a pleno, un grupo grande de amigos, y la calidez latinoamericana que siempre acompaña.
Llegamos al pueblo de Bailen sin mayores inconvenientes. El sueño se estaba haciendo realidad!!!! Descansamos felices ese día para reponernos de las 24 horas que habían pasado desde que salimos de Argentina
Al otro día luego de montar nuestras bicis la felicidad nos fue invadiendo ya que eran mas cómodas y agiles de lo que pensábamos, y así es como sin darnos cuenta salimos a rodar hacia un destino incierto, que nos fue llevando en un ritmo entusiasta hasta el pueblo de Linares en bajadas y subidas divertidas, que luego se transformaron en un recorrido en donde nos fuimos perdiendo y que cuando quisimos retornar el Garmin nos marco un vueltin de casi 60 km con una ganancia de desnivel de 1000 metros……..no era lo ideal pero en ese momento la felicidad era mucha.

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Primer día de carrera y nos sentíamos Schumagger con su Ferrari en el circuito de Niza……Largada contra reloj y comenzaban las categorías mas lentas, y dentro de cada categoría los primeros eran los que menos puntaje UCI tenían……..largue segunda….bueno pensé, ya habrá tiempo de demostrar lo que sabe uno……. Como estaba pronosticado me toco largar con lluvia que acompaño un rato y por suerte luego paro. Mas allá de un par de perdidas llegue a la meta en un tiempo decente y habiendo hecho todo el recorrido arriba de la bicicleta. Era bastante técnico por lo cual me sentí cómoda y segura. Ya mañana veremos como sigue este circo pensé. La gente parecía bastante seria y concentrada pero creí que era por ser el inicio de la competencia. Al llegar a la meta había mucha gente que alentaba y eso nos hacía sentir reconfortados. Nos esperaban con sándwiches de jamón y queso, higos, membrillos, una pata de jamón crudo y todas las exquisiteces que podíamos imaginar. Esto si era disfrutar la vida!!!!!!

Segundo día de competencia y la largada fue en pelotón. Allí se empezó a complicar porque al poco tiempo fui quedando sola……unos muy adelante, otros atrás, y los pocos que se cruzaban no intercambiaban ni media palabra. Algunos porque hablaban otro idioma, otros porque no les importaba y otros quizás porque no les sobraba aire, pero la conclusión es que a nadie le interesaba intercambiar comentarios ni siquiera para que el tiempo pasara mas rápido. Bueno seguí razonando, es el segundo día y les faltara acomodarse. En el medio de un sendero de cornisa, con un lago a 600 metros para abajo me caigo y me golpeo y cuando me trato de acomodar me doy cuenta que tenia atrás una fila de gente que en idiomas varios me apuraba, por lo cual me trate de correr para dejarlos pasar y allí me vuelvo a caer……creo que ahí me dijeron “move el c……..” hasta en japonés, así que arrastrándome hasta un árbol los deje pasar y me quede un rato juntando mis pedazos hasta que volví a tomar ritmo. En la meta un amable medico me dio un refrigerante y un antiinflamatorio por lo cual me sentí algo reconfortada. Ya ese día en la meta no había mucha gente esperando. La pata de jamón crudo también había desaparecido……..
El tercer día se largo de Andújar, otro pueblo cercano. Ya al llegar estaba garuando por lo cual salimos a calentar para no lesionar los músculos. Volvimos al rato al auto para dejar las camperas y nos aprontamos en la largada. En las situaciones de conflicto es donde aparece el espíritu de solidaridad y por lo cual supuse que ese día iba a conseguir un amigo de momento para hacer más llevadero el lluvioso recorrido……..pero la realidad me hizo seguir corriendo sola casi todo el trayecto……en un momento me ilusione con una chica que me alcanzo pero rápidamente se me fue el entusiasmo cuando me di cuenta que el español y el ucraniano no tenían muchas palabras en común…….. Sin mayores inconvenientes ese día llegue a la meta y nuevamente solo me esperaba el inflable…….Ahí me di cuenta que el primer día habíamos tenido la suerte de largar primeros y los últimos y mas rápidos llegaban casi al mismo horario que nosotros, por ello la multitud al inicio………como conclusión la soledad en la llegada fue una constante los días posteriores…

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Cuarto día, y el mal tiempo se había instalado. Ya la noche anterior nos habíamos trasladado a Córdoba para largar desde ese lugar. La lluvia y el frio iban poco a poco invadiendo el pueblo y con ella decaía la esperanza del pedaleo a buen ritmo. Largamos bajo una constante caída de agua en un suelo arcilloso en la subida llamada “Del Reventón”. Nunca mejor puesto un nombre!!!!! La gente que alentaba bajo los paraguas realmente nos daba algo de ánimo para no bajarnos de las bicis y tirarlas por la cornisa. Un largo trecho subiendo y luego senderos muy divertidos pero siempre bajo la lluvia que nunca nos abandono hasta el último minuto del último día de competencia. Subir, bajar, bosques, senderos y piedras pero todo en el medio de un chapoteo constante y sin intercambiar un sonido de voz. En un momento de tanto trabar y destrabar los pedales por el barro y las piedras me quedo con un pedal enganchado en la zapatilla……ya a esa altura quería llorar pero no hay cosa más triste que llorar sin un hombro amigo, así que decidí seguir pedaleando hasta el puesto de mecánica, en donde la gente de Shimano, unos genios totales, en 20 minutos me pusieron un pedal nuevo y me cambiaron una cala, lo cual me permitió llegar a la meta con pedales distintos pero sin mayores inconvenientes. Ese día si me sentí que había hecho unos amigos, aunque sea por solo 20 minutos…..
Quinto día salimos para Villaviciosa de Córdoba que es donde se largaba esa etapa. Los 60 km que nos llevo llegar en auto hasta allí fueron con lluvia torrencial y vientos de costado que nos movían el auto. Las ráfagas dijeron que eran de más de 70 km/hora. Cuando llegamos nos avisaron que esa etapa por seguridad de los ciclistas la suspendían. Nunca agradecimos tanto una decisión. Entre el cansancio, el frio y la soledad ya no sabíamos que hacer para motivarnos. Empezamos a observar más detenidamente al resto de los competidores y ahí comenzamos a entender que éramos sapos de otro pozo. Nos termino de caer la ficha de nuestra realidad. Todos llegaban con combis que los esperaban, otros seguían durmiendo porque eran avisados por teléfono de la suspensión de la competencia, y nosotros, los únicos dos argentos, mojados y muertos de frio habíamos estado más de media hora en ese pueblo intentando encontrar desde donde se largaba, porque ni el GPS nos andaba a esa altura……y allí al llegar nos conformaron con un sanguchito de jamón y queso y una botellita de gatorade……..no tendríamos camioneta ploteada, no tendríamos sponsors, pero nuestra actitud la íbamos a mantener 100% intacta……o casi……. ninguna clima adverso nos iba a doblegar.
Sexto día y la lluvia era cada vez peor. Salimos del alojamiento en bici ya solo con la esperanza de que la agonía llegue a su fin. No había forma de entrar en calor ni pedaleando rápido con la campera puesta. Llegamos a la largada y por la lluvia estaba demorada. Con la cantidad de liquido que habíamos tomado nos agarraron ganas de ir al baño. Con la pinta que teníamos chorreando agua del casco y de nuestras narices nadie nos dejaba pasar en ningún bar. En eso vemos uno lleno de ciclistas y allí pudimos entrar. Nos reconforto el calor del baño y pensamos tomar un café, hasta que nos dimos cuenta que no teníamos ni media moneda en nuestros bolsillos. Nos quedamos con cara de disimulo un rato adentro para seguir manteniendo el termostato en caliente hasta que próximos a la largada salimos y allí es donde caímos que nunca íbamos a parecer de las primeras ligas………mientras nosotros escurríamos agua, nos castañeteaban los dientes y la piel de gallina nos transformaba en la imagen de dos homeless tercermundistas, los PRO reales eran masajeados por sus preparadores físicos que hasta le daban calor con su aliento en las rodillas………estaba todo dicho. Ese día solo restaba terminar lo empezado…….

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Largamos bajo un aguacero tremendo que daba miedo. Las cubiertas derrapaban cuando el freno era usado en exceso……luego nuevamente el Reventón como para que no nos olvidemos de Andalucía, y el resto fue de un recorrido absolutamente hermoso de senderos……..si es que no lo hubiéramos tenido que hacer teniendo en cuenta que parecía la cuenca del Rio Amazonas y todos sus brazos juntos!!!!! Terrible las frenadas en las bajadas y la fuerza que había que hacer en las trepadas por las piedras. Cada arroyo que pasaba nos hacía notar que el agua era cada vez más alta hasta el último que lo pase con la bici en lo alto y el agua hasta las rodillas. Me atrevería a decir que mi amigo Pablito que venía unos minutos mas atrás fue tapado hasta en sus partes pudendas. Subidas y bajadas y esta vez absolutamente en soledad llegue a la meta…..y allí me esperaba más soledad aun y una sopa algo fría. La buena voluntad de la gente del puesto de llegada hizo que me reconfortara con unos sanguchitos de jamón y queso mientras me disponía a esperar la llegada de mi compañero de travesía. El viento huracanado hizo que tuvieran que desarmar el inflable y sacar los toldos, por lo que no había nada donde resguardarse de la lluvia. Se fue hasta la sopa que aunque fría estaba rica y el resguardo de los techos. Ya el frio me había comenzado a invadir y los observadores se iba a sus casas en busca de calor. La gente de la ambulancia, calculo que de la triste imagen que estaba dando durante mi espera, me había regalado una manta de polar roja y un papel laminado dorado impermeable para ponerme encima. Ya ni me molestaba esa imagen de mujer maravilla del subdesarrollo que estaba dando……me calentaba el cuerpo y eso era lo único que me importaba hasta que llegara mi compañero. La gente de Shimano me había dejado meterme en su camioneta por lo que entre mi improvisado atuendo, y el calor de los repuestos, la espera se me hizo corta y allí viendo llegar a mi amigo Pablo Luchessi la angustia se transformo en alegría y el frio en calor de felicidad por la meta cumplida……el objetivo había sido llegar enteros y sin ningún traspié y lo habíamos conseguido…….que importaba tener un team, un sponsor, un manager o una combi que hiciera el soporte…..nos teníamos a nosotros que a 14000 km de nuestro hogar, con unas bicis que habíamos probado el día anterior a la carrera, con un clima absolutamente adverso, y sin soporte mecánico, físico ni emocional, habíamos podido terminar la carrera. Con el equipo de Schumagger cualquiera corre…….con la soledad de un homeless pero el espíritu bien arriba pocos se hubieran animado así que brindo por este logro, que aunque los primeros días me la pase preguntando que hacia allí, los últimos agradecí haber participado, ya que hay pocos deportes en donde uno puede estar en los vestuarios de los grandes, y este del MTB definitivamente es uno de ellos.

Pasaron unos días y ya mas descansada me pregunto……. volvería a correrla?????….. y automáticamente me respondo…………………. ABSOLUTAMENTE!!!!!!

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Mountain Bike

Paso Mayer, Argentina – Chile, 2da parte

febrero 27, 2018 — by Andar Extremo0

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La experiencia de los 43 Cruces de Los Andes en Bici, esta vez el cruce Paso Mayer en su segunda entrega, por Nación Salvaje de la mano de Javier Rasetti y Marisol López, nota de la revista n° 48

por Marisol López
fotos Javier Rasetti

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Al otro lado del río
Después de bajar con cuidado una fuerte pendiente de piedras sueltas y caminar varios metros bordeando el río, llegamos hasta el extremo del puente y comprobamos que la impresión que nos había dado a la distancia no estaba errada. Su aspecto no nos inspiraba mucha confianza. Diciéndolo de una manera suave y sutil, teníamos terrible cagaz…susto, de tener que cruzar por aquel esqueleto frágil y oscilante de maderas y alambres.
Debíamos hacer varios viajes por el peso y lo angosto del puente pero antes de que podamos discutirlo, Javi tomó la delantera, se cargó dos bolsos en la espalda y empezó a cruzar despacio y con cuidado. Yo lo miraba expectante desde tierra firme. Cuando llegó al medio del puente, éste se inclinó de golpe hacia un costado y a mí se me cortó la respiración. Miré para abajo. El río pasaba con una fuerza aterradora. Volví a Javi que intentaba mantener el equilibrio. Fueron tan sólo un par de segundos que parecieron eternos, hasta que logró acomodarse y continuó caminando. Finalmente llegó al otro lado, dejó los bolsos y volvió a cruzar, pero esta vez apoyando todo su cuerpo y peso hacia el costado donde el puente estaba más firme, evitando que se incline demasiado.
Al llegar, después de darme mil recomendaciones y asegurarse de que lo había escuchado con atención, pude empezar. Lo hice despacio, concentrada y pisando las maderas que aparentaban un mejor estado. Aunque iba preparada, al pasar por el medio del puente, la pérdida del equilibrio sumado a la fuerte sensación de darme vuelta, me agarró de imprevisto y me dejó congelada en un vaivén estremecedor. De a poco intenté calmarme, respiré profundo y caminé lento hasta llegar a la otra orilla, en la que por órdenes inapelables de Javi, tuve que quedarme sin lugar a oposición.

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“Una vida que, sin lugar a dudas, no era ni más ni menos que la que algún día habíamos decidido vivir”

Fueron en total 7 viajes, 2 de ellos cruzando las bicicletas paradas sin poder aferrarse de ningún lado y haciendo de equilibrista sobre aquel puente inestable. Cuando por fin terminó y llegó sano y salvo a mi lado, se paró firme, relajó el ceño que mantenía fruncido y exclamó orgulloso:-“Viste Sol, pude hacerlo”. Él había superado mucho más que eso, había logrado vencer su miedo a la altura.
Por fin estábamos los dos del otro lado, y lo festejamos con un abrazo rápido, armandos nuevamente el equipo. Eran las 5.30 de la tarde, la noche nos pisaba los talones y una llovizna fuerte había empezado a caer. Teníamos dos posibilidades: tomar una huella de vehículo que iba bordenando el río o internarnos nuevamente en el bosque siguiendo alguno de los senderos. La duda fue breve, decidimos dejar las bicis para caminar más livianos y ágiles por la costa pedregosa e investigar hacia dónde llevaba la pisada.
Después de aproximadamente 4 km bajo el agua, el rastro concluyó en el mismo cauce ancho y con cientos de brazos del que habíamos partido a la mañana. Desde ese lugar podíamos distinguir con claridad lo cerca que estábamos técnicamente del puesto chileno, y lo contradictorio de la situación nos permitió entender que algunas veces las distancias no se pueden medir en kilómetros. A partir de ahí, la huella cruzaba varios arroyos y desaparecía en una llanura de pastos verdes y secos.
La tarde estaba cayendo. Hacía frío y estábamos completamente empapados. Dimos la vuelta y volvimos hasta donde habíamos dejado las bicis. Buscamos rápidamente un lugar donde armar la carpa, comimos algo caliente y nos fuimos a dormir agotados, con la expectativa y la curiosidad aún latentes, de lo que nos depararía el próximo día.

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La picadura
Después de dejar sonar varias veces el despertador, lo apagué y me quedé boca arriba mirando el techo de la carpa y disfrutando del calor de la bolsa de pluma. Javi al lado mío, hacía lo mismo pero a su manera, tapándose hasta la nariz y remoloneando placenteramente. Los dos sabíamos que eran los últimos minutos de comodidad y calidez, y teníamos que sacarles provecho. Después de un rato se hicieron la 8.30 de la mañana. Aún estábamos en algún sitio en medio de la Cordillera y no teníamos idea por dónde debíamos continuar. Tal vez por eso una fuerza inconsciente nos levantó de golpe para terminar con el ocio y encarar el segundo día del Paso Mayer. Fue justo en el momento de salir de la bolsa, cuando sentí un dolor fuerte en el brazo. Era agudo e intenso y se ubicaba en una zona pequeña y puntual. Al mirar, noté que me faltaba un pedacito de carne, parecía una picadura porque estaba roja y un poco hinchada, pero su tamaño me generaba algunas dudas. En el momento no le di importancia, pensé que sería alguna de esas arañas que solían picarme. Me bajé la manga de la camiseta y continué normalmente.

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Desayunamos rápido, armamos el equipo y nos pusimos en camino. No teníamos la certeza de que la huella que habíamos seguido bordeando el río fuera la dirección correcta, ya que lo último que habíamos comprobado es que terminaba en el cauce y desaparecía de golpe. Por eso, antes de decidir, nos propusimos investigar un poco más los senderos en el bosque para analizar las distintas posibilidades. Pero sucedió lo que esperábamos, todos aquellos senderos que deberían ser de animales, nos paseaban por el bosque atravesando Mallines sin llegar a ningún lugar concreto, así que la decisión fue evidente: nos arriesgaríamos a ir donde terminaba la huella.
Una vez más nos quitamos las botas, arremangamos los pantalones impermeables y comenzamos a cruzar arroyos. Un dolor fuerte me recordó que algo no estaba bien y cuando lo miré nuevamente las cosas empezaron a tomar otra dimensión. Tenía el brazo muy hinchado, estaba caliente y colorado, y una línea roja de una claridad estremecedora me subía hacia el hombro. Lo primero que pensé fue en Javi. Si a mí me pasaba algo o si tenía la terrible suerte de que algún bicho venenoso me hubiera picado, el que peor la iba a pasar sin dudas era él. Estábamos en algún lugar en la Cordillera sin saber hacia dónde ir. Yo tal vez me desvanecería, perdería la conciencia, sufriría algún dolor, pero él iba estar desesperado y necesitando ayuda, sin la más remota idea de dónde buscarla. Volví a bajarme la manga de la camiseta y decidí que no podía ser nada grave. Le avise a Javi por las dudas y sin preocuparlo, que una picadura me estaba molestando, pero que seguramente sería a causa de mi alergia.

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Después de atravesar más arroyos y caminar un rato largo, las opciones volvieron a dividirse: un rastro parecía tomar en dirección al bosque y el otro continuaba orillando. Dejamos las bicis y nos dividimos para averiguar qué había más adelante. Yo continué por el río y Javi por el bosque. Iba concentrada investigando el terreno cuando de repente todo a mi alrededor empezó a girar. Fue tan sólo un segundo en el que la peor posibilidad estaba a punto de suceder. Una tonta picadura, un detalle que no habíamos tenido en cuenta y el mundo que giraba sin detenerse. ¿Me iba a desvanecer? ¿Caería desplomada en aquel suelo de rocas hasta que me encuentre Javi?. Repetí en voz alta “Javi!” y dije “no, esto no va a pasar!!”.Respiré tan profundo como me lo permitieron los pulmones, mientras intentaba recuperar el equilibrio. El mareo se detuvo y volví a caminar rápido hacia donde habíamos dejado las bicis, con el miedo latente de que vuelva, de perder el horizonte y la realidad. Cuando llegué a las bicis Javi no había regresado. Volví a respirar para tranquilizarme.
Estudié la situación: ¿cómo estaba?, ¿qué sensaciones tenía?. Me parecía importante estar atenta a otros posibles síntomas que puedan alarmarme. Cuando él volvió contento porque había encontrado el camino que nos llevaría hasta el puesto de gendarmería, yo no tuve nada que decir. Me sentía bien, el mareo no había vuelto y la noticia de tener por fin un rumbo definitivo me dejaba mucho más tranquila. Tras algunos metros, el camino apareció perfectamente definido. No había dudas que era el correcto. Las emociones hicieron erupción en un grito que no pude contener: “jujuyyyyy!!!”, exclamé con los brazos en alto y la felicidad de estar por lograrlo. “Jujuyyyy!!!”, repetí con la misma intensidad fabricando una nueva onomatopeya con la que poder escribir nuestra historia.

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Algunos metros más adelante el camino definido dio paso a un sendero ancho y bien marcado. Volvimos al bosque y al ejercicio de cruzar arroyos, hasta que apareció un campo enorme de pastos bajos rodeado de montañas, y pudimos pedalear. La ansiedad distorsionaba los kilómetros y la distancia parecía cada vez mayor. El Paso Mayer nos daba la impresión de un punto suspensivo, sin final. Y entonces a lo lejos vimos el brillo de un cartel, atravesamos una tranquera y llegamos.
Antes de bajar hacia el puesto nos abrazamos, bailamos frente al cartel y nos volvimos a abrazar, porque era la mejor forma que encontrábamos de inmortalizar el momento.
Finalmente llegamos al puesto argentino, donde los gendarmes nos recibieron con la bondad a la que nos tienen acostumbrados, dándonos un lugar donde dormir, mates calientes, guiso de fideos y pastillas para la picadura. El brazo me preocupaba, estaba cada vez más hinchado y rojo y la herida se había agrandado supurando un líquido inquietante. El enfermero del puesto me tranquilizó diciéndome que era la picadura de un alacrán pero que no parecía nada grave. Me recomendó ir a ver un médico y me dio antibióticos por una posible infección.
Quedaba una larga distancia hasta tomar la ruta 40, y ellos ofrecieron acercarnos con el camión algunos kilómetros hasta una estancia donde tenían que ir a buscar carne. Yo quería llegar cuanto antes para que me vean el brazo, porque la simple acción de agarrar el manubrio y apretar el freno se me volvía dolor y dificultad.

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Al tercer día de Paso Mayer subimos las bicis al camión para bajarlas unos 50 km más adelante, donde el paisaje se volvió estepa y viento. Nos despedimos con el agradecimiento y los abrazos que parecen nunca ser suficientes, y empezamos a pedalear hacia nuestra querida ruta 40. El viento nos sorprendió por la espalda empujándonos con fuerza hasta el asfalto, sin mucho esfuerzo. Miramos hacia la Cordillera Tres años atrás en nuestro primer viaje, habíamos pedaleado por ese lugar. En aquel entonces apenas llegábamos a percibir la oportunidad de un nuevo destino, sonriendo felices e inquietos con la vista perdida en esas mismas montañas que nos acompañaban desde lejos. Transitamos nuevamente ese lugar y los recuerdos se nos atoraron en la garganta. La vida se había vuelto una moraleja perfecta, un cuento de posibilidades ilimitadas. Una vida que, sin lugar a dudas, no era ni más ni menos que la que algún día habíamos decidido vivir.

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Tecnología

Mochila Thule Crossover 32 L

febrero 27, 2018 — by Andar Extremo0

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Thule se fundó en Suecia en 1942, con la misión de ayudar a transportar lo que la gente desee de manera segura, fácil y con estilo. La empresa está situada en la ciudad de Malmo, y se especializó en productos de alta calidad como barras y soportes para autos, carritos para bebe, sillas de niño para bicis, trailers para bicicletas, mochilas, equipajes, alforjas y accesorios para todo tipo de necesidades. En esta ocasión, probamos una mochila muy versátil: la Crossover.

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De uso múltiple, podría entrar en la categoría urbana/outdoor, porque la estructura y el estilo son urbanos pero la tecnología, la disposición y accesorios, la hacen también una mochila para el aire libre, siendo ideal para para transportar elementos eléctricos y cámaras.
Tiene 4 habitáculos internos y 3 externos, para transportar portátiles, tablets, cámara de fotos y celulares, con la adecuada protección, ya sea por su ubicación o por su material: nylon dobby, resistente a los cortes y desgarros.
El primer compartimento junto a la espalda, es ideal para la Notebook, por la seguridad que brinda su acolchado. Entran portátiles de hasta 15 pulgadas. En el segundo, va el grueso del equipaje, indumentaria, cámara, etc. El tercer habitáculo es para objetos pequeños: cargadores, baterías, documentos. El último espacio interno, es un pequeño bolsillo indeformable llamado Zafezone, para gafas de sol y artículos frágiles, incluyendo un bolsillo para el teléfono. Es semi-rígido y, según el uso que se le quiera dar, se puede bloquear e igualmente desmontar para conseguir espacio adicional.

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Las asas de esta mochila facilitan su transporte, dado que tiene en la parte superior e inferior y permite una mejor maniobra en zonas poco accesibles. Es anatómica y cómoda, y posee un gancho de pecho para dar aún más seguridad. Las correas para los hombros en EVA perforado con cubierta de malla y panel acolchado con canales para el flujo de aire, son excelentes.
Detallas para mencionar: apliques fluor para la noche, cierres de una calidad increíble, manijas fuertes. El bolsillo safezone tiene el detalle del cierre con una traba de goma muy interesante.
En el exterior, tiene el bolsillo Shove-it Pocket™ con correas de ajuste, que ofrece espacio adicional externo para una campera, y dos bolsillos laterales más, para transportar botellas de agua o accesorios.
Es importante remarcar, que está realizada de una tela resistente al agua, y que sus mediadas son de 31.5 x 31 x 47 cm y su peso en bruto 1 kg.

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Carreras de aventura

MAX RACE General Belgrano: nuevo escenario, la misma intensidad

febrero 19, 2018 — by Andar Extremo0

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El domingo 27 de agosto de 2017 se llevó a cabo la primera edición de la Max Race General Belgrano, una carrera técnica que se desarrolló en cuatro modalidades: Cross 12 y 21 km, Dúa y Tría de aventura, luego de muchos días de lluvia. Dura, trabada y llena de barro, largó de la vieja estación de tren y entretuvo intensamente a sus corredores con la geografía de la cuenca del Río Salado. En la nota, Nadia Heinrich de Quilmes Way, nos cuenta su experiencia. Nota de la revista Andar Extremo n° 48

Relato Nadia Heinrich
Fotos marcos Ferrer

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Cuando nos despertamos se escuchaba el sonido de la lluvia, así que tratando de imaginar lo que nos esperaba y después de cargar todo en el auto, comenzamos el viaje. Al llegar a Belgrano, nos encontramos con el Quilmes Way y armamos un cuartel general. Luego de la entrada en calor y la charla técnica, se largó a toda furia. La punta de la carrera se alejó rápidamente y el barro se hizo esperar, pero llego cuando nos sumergimos hasta la cintura en el arroyo.

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Al entrar al circuito de XC, cambió el ritmo del running pero el suelo estaba resbaladizo y ya sufría en pensar cómo iba a ser transitarlo en bici. Al cruzar el rio, la carrera fue más cómoda pero el terreno estaba húmedo y pesado, por lo que las piernas se fueron desgastando. Al entrar en las vías, la vegetación se encargó de terminar con lo que quedaba. El cambio de escenario parecía no llegar más.

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Cerca de los 12 km apareció la ciudad y la tan ansiada transición. Parte del Quilmes Way nos alentaba y registraba fotográficamente nuestro arribo. Acomodada en la bicicleta, intenté recuperar tiempo hasta que entramos nuevamente al circuito de XC y Cross. El barro cubría la transmisión y dificultaba pasar los cambios. Finalmente y con mucho esfuerzo, salí al camino abierto para tratar de mejorar el ritmo.
El recorrido era exigente pero entretenido. Pude superar algunos competidores pero aún no tenía certeza de mi posición en la carrera, aunque estaba conforme con el ritmo que llevaba.

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Nuevamente me encontré transitando las vías pero esta vez en dos ruedas y, aunque se ponía difícil, sabía que estaba a poco del arco de llegada. Aceleré al dejar atrás la abundante vegetación, y entré a toda velocidad al parque cerrado donde nuevamente me animaban mis compañeros. Inmediatamente, salí corriendo a culminar mi primer Max Race en solitario, ya que había participado de otras ediciones pero en modalidad equipo.

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Una rápida desembarrada, y comenzó la entrega de premios. Gratamente sorprendida, me di cuenta que había quedado en el segundo puesto de la categoría y me vi compartiendo el escalón con mi compañero de aventuras, que también estaba segundo en la suya. Aún faltaba la clasificación general, que terminó siendo idéntica, redondeando un muy buen resultado en tan dura experiencia.

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Mountain Bike

ATACAMA CHALLENGER, Chile 2017

febrero 19, 2018 — by Andar Extremo1

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Por María Laura Giuliani

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Del 21 al 23 de abrilde 2017, durante 13 horas, 15 minutos y 5 segundos, cerré sistemáticamente los ojos con el anhelo ferviente de abrirlos y haberme reencarnado en un camello. En realidad, cuando me anoté en una carrera por el desierto (el más árido del mundo según la NASA), no lo asocié con arena, arena, más arena y tanta arena! El análisis limitado fue mío, igual agradecí la no reencarnación, porque en este momento sería complicado explicar el par de seductoras ondulaciones en mi espalda.
El primer día lo llamaron: “climb vertical”. Juro que ya me anoté en un curso acelerado de inglés para que la próxima vez que lea “climb” lo asocie con “trepada” y me remita al primer párrafo en donde decía desierto, o sea arena…….y al menos lo piense dos veces.
Tardé casi 4 horas en hacer 33 km en donde casi el 30% de la etapa, la tuve que caminar. En el km 19, en el puesto de hidratación, tuve que parar a llorar un rato para tranquilizarme y visitar el atrás de una piedra, hasta que me di cuenta que no me convenía, porque al perder líquido, corría riesgo de deshidratación ya que estábamos a casi 4000 metros de altura. Corté el trámite, sequé mis lágrimas, me tomé una pastilla de sales de rehidratación y seguí pedaleando desesperadamente a 7 km/hora, aproximadamente.
El segundo día prometía darme revancha, ya que tenía partes más técnicas en donde me defiendo mejor. Subidas, bajadas y obvio, más arena, hasta que sentí que la rueda trasera derrapaba y, con la mayor desazón, vi que había pinchado. Por suerte, me ayudaron en un puesto y me dije: vamos por más, pero a los 500 metros, la rueda nuevamente pedía aire. Absolutamente desesperanzada, me abalancé ante el primer pedaleante que osó pasar por el sendero y encarecidamente le pedí un inflador. Amablemente, un ciclista del país hermano, se ofreció a inflar y en ese momento, cual Mc Gyver en su apogeo, me acordé que tenía “LA GOTITA DE POXIPOL” en mi mochila!!!! Mientras mi amigo de momento echaba aire por dentro, yo por fuera sellaba con el preciado pegamento que milagrosamente tapó el agujero de la cubierta. Vamos, le dije a mi salvador y pedaleando con actitud, llegamos a la meta cumpliendo la etapa!!!!

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Para el segundo día, había intercambiado diálogo con la mitad de los participantes y hasta había recibido una propuesta de matrimonio de un simpático chileno!!!! El tercer día, sí que no tengo de que quejarme, porque fue un deleite para nuestras retinas!!! Pedalear por arena hacia arriba para llegar a una cornisa, en donde veíamos hacia abajo todo lo que habíamos pedaleado el día anterior, no tenía precio. Pasábamos de unas trepadas donde pensábamos que íbamos a tocar el sol, a unos descensos en donde no alcanzaban las pastillas de freno para no morir entre las piedras. Qué adrenalina!, qué placer! Es cierto cuando dicen que la adrenalina inhibe el miedo.
Cómo se puede pedalear y charlar al mismo tiempo, no lo sé, pero lo que sí se, es que cuando esto se transforme sólo en una competencia, abandono la bicicleta, ya que lo mejor que uno se lleva de estas competencia es la interacción con los que nos rodean. Las carreras pasan, los podios también, pero lo que para mí siempre va a quedar en el recuerdo, es la gente que me sigo encontrando en las carreras y me dice “hola Mari como estas tanto tiempo”, porque la conocí en Huilo Huilo, en Pucón, en el Trasmontaña, en el Pinto, en Tandil, o en tantas otras carreras a donde fui, disfrute y compartí…porque de eso se trata, de compartir momentos, y disfrutar experiencias.
Nunca hay que olvidar, que nuestros mejores logros aparecen cuando vencemos nuestros mayores miedos!!!!

Trekking

El Champaquí, la cumbre de Córdoba

febrero 8, 2018 — by Andar Extremo0

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El valle de Santa Rosa de Calamuchita es geográficamente muy grande y nos presenta varias opciones en circuitos de trekking, mountain bike y cabalgatas. Dentro de las experiencias que se pueden realizar a pie, encontramos la caminata hacia la cima del cerro Champaquí que, con sus 2.980 metros de altura, se visualiza desde lo lejos como una mole, ocupando el horizonte. Recorriendo sus senderos naturales, podemos apreciar la flora y fauna de un ecosistema único de nuestro país. Este cerro posee en su amplia cima, y un mirador excepcional para deleitarse con un paisaje en 360 grados. Nota en la revista Andar Extremo n° 48

Texto y fotos: Juan Martín Laborde

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La historia que cuentan las rocas.
El área de las Altas Cumbre o Sierras Grandes se originó de una enorme roca o batolito de Achala, que fue fracturado y elevado hace 10 millones de años como consecuencia de la compresión ejercida desde el Pacífico sobre la placa Sudamericana. Este movimiento fue produciendo de a poco los levantamientos que hoy forman las sierras de Córdoba, dejando pendientes suaves hacia el este y abruptas hacia el oeste, siendo algo que podemos apreciar del paisaje en derredor cuando nos encontramos en la cumbre del cerro Champaquí. El tipo de material dominante en toda la zona es el granito, conformado por minerales esenciales como el cuarzo, feldespato (potásico y calcosódico) y mica (blanca y negra).

Son muchos los caminos que conducen a la cumbre.
Este cerro representa, en la mayoría de aquellos que caminan por primera vez su entorno, un primer desafío importante de trekking. Es el punto de inicio de una pasión por las montañas que no se termina, como recorrer de un sendero a una cumbre que conecta con la siguiente, como un portal de vida que nos conduce a un destino que nos marca para toda la vida.
Una característica a tener en cuenta del Champaquí, es que no sólo es el punto más alto de las Sierras Grandes y de la provincia de Córdoba, sino que además, permite distintos recorridos para conocerlo.
Existen varias rutas de acceso: desde Villa Alpina en tres días de trekking, desde San Javier o Los Hornillos combinando cabalgata y trekking, y desde Los Linderos con un vehículo para luego hacer una corta caminata.
La partida desde la antigua Santa Rosa en el corazón del valle, también es un buen pretexto para recorrer un pueblo serrano cuya historia está asociada con la enorme obra de los jesuitas. Allí, en 1650, se fundó la estancia de Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, y un siglo después, cuando los jesuitas fueron expulsados de América (en 1767), esas tierras se subastaron y fueron pasando por distintas manos hasta sus actuales propietarios.
En la alternativa de realizarlo en vehículo desde el cerro Los Linderos, se pasa por Villa Yacanto, lugar que es explotado por el turismo desde hace pocos años y aún conserva intacta la tranquilidad pueblerina y la belleza del paisaje. De allí en adelante, el camino se abre paso entre bosques de álamos plateados y pinos elliottis, y se hace más angosto con subidas y bajadas. Desde allí al cerro Los Linderos, hay 42 kilómetros. Los primeros 35 en buen estado, aptos para cualquier tipo de vehículo, y los 10 últimos bastante rotos y complicados.
Si el trayecto elegido es de Santa Rosa de Calamuchita al puesto Tres Árboles, lo ideal es empezar a la mañana temprano. El itinerario de ida y vuelta puede hacerse en un día ya que en total son 75 km de camino de tierra y ripio en buen estado, más otros 10 muy difíciles, en los que se recomienda la 4×4 o la caminata.

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Un trekking que inicia desde Villa Alpina.
En esta oportunidad nos decidimos optar por un recorrido muy atractivo y que permite un contacto íntimo con la naturaleza y es el trekking al Champaquí que inicia desde Villa Alpina y retorna al mismo lugar con una duración de 3 días y permite dejar el vehículo en dicho lugar o sino en la localidad de Villa Gral. Belgrano para luego ser transportado en vehículos que provee en esta ocasión, la empresa Acampartrek (información al final de la nota) hasta el inicio de la marcha a pie con nuestras mochilas.
En este camino el primer tramo, es de unos 45 km y une Villa Gral. Belgrano con Villa Alpina, que es el último poblado antes del cerro lo realizamos en vehículo. Se trata de un paraje poblado de molles, talas, chañares y cocos, que guarda el encanto de la naturaleza virgen. Más cerca de las Sierras Grandes, el verde de la vegetación va desapareciendo y las piedras, pircas y hondonadas comienzan a dominar todo el paisaje.
A esa altura comienzan a verse con claridad el espejo del dique Los Molinos, el embalse de Río Tercero y hasta algunos cóndores que merodean cerca de la montaña.
Subir el cerro más alto de Córdoba es sin duda un desafío el deseo de hacer cumbre, y para eso se recomienda hacer noche en Villa Gral. Belgrano o en el albergue Villa Alpina para salir bien temprano con guía de la zona, calzado y ropa adecuada a experimentar climas sumamente cambiantes tanto en invierno como en verano. Es preciso llevar una mochila pequeña con una botella de agua, abrigo, alguna golosina, fruta o sándwich que aporte suficientes calorías para la caminata y un protector solar. Una vez en la cumbre, el sol puede estar muy fuerte y entonces también se recomienda llevar sombrero y anteojos de sol.

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Travesía hacia los pies del Champaquí.
La primera etapa a pie es de un duro ascenso entre pinares y a partir de ahí el paisaje se convierte en el típico paisaje de sierras cordobesas.
Caminar por la Pampa de Achala es una experiencia de íntimo contacto con la naturaleza donde a pesar del nombre “desierto de piedra” con que lo llaman algunos escritores, debido a la aparente desnudez del paisaje de esta planicie de altura, podremos descubrir varias especies de animales y vegetales donde algunos son endémicos o exclusivos de la región y le otorgan un alto valor para la conservación de la biodiversidad.
El tiempo transcurre entre charlas con compañeros de viaje y contemplación del paisaje, pues para llegar a la base del Champaquí son necesarias 7 u 8 horas dependiendo de la marcha del grupo de caminantes, con algunas paradas durante el trayecto para hidratarse y comer algo. En horas de la tarde ya llegamos a destino para luego hacer noche en los albergues que se encuentran en el lugar. Una merienda con pan casero y mate cocido son bienvenidos para sentir que el alma regresa al cuerpo y las horas antes de la cena son ideales para recorrer los alrededores y conocer las costumbres e idiosincrasia de los pobladores de ese lugar.

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Biodiversidad de una isla de piedra.
Debido a la conjugación e interacción de factores como la ubicación, topografía, clima y altitud de las sierras cordobesas permitió la influencia de ambientes vecinos con la llegada de especies patagónicas y de la región chaqueña confiriéndole condiciones ecológicas particulares y por su lejanía con ambientes similares, el ecosistema funciona como una verdadera “isla biogeográfica” debido al aislamiento al que fue sometido.

La fauna de la región.
Dentro de los animales que podemos observar los primeros que se hacen notar son las aves que nidifican en su mayoría en el suelo entre los pastizales de las pampas de altura o en los roquedales. Podemos encontrar el inambú o perdíz de la sierra, perdiz chica, remolineras, zorzal chiguanco, el gaucho cola blanca, chingolo, yal plomizo, pico de plata y la loica o pecho colorado grande de color rojo intenso, que se desplazan en pequeñas bandadas bajo la atenta mirada de un “vigilante”que les advierte de un peligro cercano con un fuerte silbido.
También podemos visualizar los carpinteros campestres, dormilonas, loros y durante la noche, los búhos y lechuzas se hacen presentes donde cazan roedores y otros pequeños animales.
Las rapaces como el águila mora, águila coronada, aguiluchos y halcones son las dueñas absolutas del cielo junto con los jotes y cóndores que actualmente, a estos últimos se los han agrupado taxonómicamente dentro del grupo de las cigüeñas y hasta algunos especialistas en aves las denominan cigüeñas negras de patas cortas.
Dentro de los mamíferos podemos citar al puma, gato montés y gato del pajonal de difícil observación ya que son animales desconfiados y precavidos. Mientras que la liebre europea, cuises, coipos y varias especies de ratones son más visibles a lo largo de una caminata por la región. También es posible observar al zorro colorado de Achala, zorro pampa, zorrinos y hurones en los densos pastizales donde cazan.
Las bajas temperaturas que caracterizan esta zona no son propicias para los animales poiquilotermos como los reptiles y anfibios y por ende es escasa su biodiversidad. El lagarto de Achala, la culebra listada, culebra verdinegra, y la falsa yarará resultan inofensivos para los humanos pero la yarará ñata que también está presente es un ofidio que conviene evitar y tomar precauciones al levantar o remover rocas de la zona pues estas son usadas como refugio. Dentro de los anfibios encontramos endemismos como el sapo de Achala, ranita de Achala y el escuercito de Achala productos del aislamiento geográfico de este ambiente.

La flora del lugar.
La vegetación predominante de las sierras son los pajonales altos de Festuca, Poa y Stipa y en menor abundancia encontramos bosques de tabaquillo procedente del norte de los Andes junto al maitén u orco-molle de origen andino-patagónico en el piso superior serrano en las quebradas y laderas pronunciadas. El tabaquillo o Polylepis australis posee una corteza en láminas característica que los hace inconfundible aún para personas con poca experiencia en árboles. Algunos la asocian con hojas de tabaco y de allí proviene su nombre (Polylepis = muchas escamas, australis = por su distribución austral). Al ser la única especie leñosa importante en esta región fue sometida a una intensa explotación. Su leña no es de buena calidad pero los serranos la utilizan en la cocina. Su humo deja en las ollas y paredes una sustancia negra gomosa que se parece al alquitrán. Las ramas sirven para teñir la lana de color beige, el tronco como bramadero (palo para atar los caballos) y como cabriadas en dormitorios y galerías. La combinación del uso doméstico, ramoneo del ganado e incendios provocados para perseguir al puma ha reducido notoriamente su abundancia y la necesidad de conservar esta especie por los beneficios escénicos y ecológicos que ofrece fue considerada para la conservación de estos ambientes con la creación de un parque nacional y reserva provincial que alberga los bosques más importantes. Otro esfuerzo de conservación es el proyecto de Reforestación de las Sierras Grandes que se propone detener los procesos de erosión hídrica mediante su plantación. Los bosques y pajonales tienen un alto valor como protectores del recurso hídrico ya que evitan la pérdida por escorrentía, evaporación directa y contribuyen a captar agua de la lluvia y la neblina y los suelos al ser profundos y poco compactos permiten una buena absorción del agua.

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“Este cerro representa, en la mayoría de aquellos que caminan por primera vez su entorno, un primer desafío importante de trekking. Es el punto de inicio de una pasión por las montañas que no se termina, como recorrer de un sendero a una cumbre que conecta con la siguiente, como un portal de vida que nos conduce a un destino que nos marca para toda la vida”

Camino a la cumbre.
Volviendo a la senda y a las palabras de nuestro relato, al día siguiente iniciamos el ascenso a la cumbre donde el gusto de la victoria hace sentir en lo más alto de córdoba con una vista extraordinaria al Valle de traslasierra.
Una vez arriba, la sensación es tan grandiosa como la vista panorámica que se abre a los pies del cerro. En la cima se siente que, efectivamente, el cielo está más cerca donde las nubes y los pájaros son los únicos testigos de lo que pasa allí. También podemos observar una cruz que resiste estoicamente los embates del viento, un banco alto que hace de mirador donde algunos que intentan vencer el vértigo se animan y una pequeña laguna en el centro de la cumbre.
Luego de las fotos de rigor emprendemos el descenso hasta el caserío de donde partimos y esperar el asado de despedida que nos brindaran en la cena.

Desandar el camino recorrido.
El regreso a Villa Alpina inicia temprano luego del desayuno y los saludos de agradecimiento a la gente del lugar. El descenso es tan suave que permite una vista más clara del camino recorrido durante el ascenso y la vista es amplia durante todo el trayecto. Cerca del mediodía llegamos a destino y luego de cargar las mochilas en el vehículo emprendemos la vuelta a Villa Gral. Belgrano dejando atrás un paisaje con caminos de tierra y piedra que nos conducirá en una próxima salida a caminar nuevamente un cerro que se hace extrañar y nos invita a ser habitado nuevamente.

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Carreras de aventura

Vanina Darino, la mejor argentina en el Trail de Mont Blanc 2017

febrero 6, 2018 — by Andar Extremo0

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Vanina Darino lejos de ser una atleta profesional, se considera una apasionada del deporte que además de trabajar y dedicarle tiempo a su familia, le gusta correr. En la competencia de Trail más prestigiosa del mundo, y acompañada de sus afectos, logró ser la mejor argentina en 100 km. En esta nota, nos cuenta de su experiencia única, y cómo llegó al icónico Mont Blanc. Nota en la revista n° 48

101 km (CCC) Courmayeur, Italia a Charmonix, Francia
Por Andar Extremo
fotos Vanina Darino

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Cuándo comenzás a correr?
Soy de Bolívar, y en la escuela teníamos atletismo. A los 12 años nos empezaron a hacer el Test de Cooper, y me fascinaba, así que mi papá me acompañaba en el auto, y yo corría en el campo una hora, netamente por placer. Cuando llegué a La Plata para estudiar, ya tenía a mi hija Brenda, y retomé recién en el año 1995. En ese momento practicaba 8 o 10 kilómetros. En el 2007 ingresé al grupo de Santiago Achucarro y allí inicié las competencias. En 2009 hice el Cruce Columbia y distancias de 27 km como Adventure Race. En 2011 empecé con las ultra, le señalé a mi profe que quería hacer 84 km de Patagonia Run y me dijo: –vos estas re loca, hiciste sólo maratones de calle y querés hacer un ultra en la montaña? Y bueno, me anoté, y gracias a Sebastián Pascuas que me dio mucha confianza, la corrí. Había tenido distenciones en la rodilla, periostitis tibial crónica y empecé con el gimnasio. Cuando llegué a lo de Seba, en 20 días desapareció todo, y me cambió el plan de entrenamiento. El crecimiento fue notable. Ese mismo año corrí los 100 km de Tilcara.

Te metiste de lleno en la actividad…
Sí, de lleno, pero siempre lo hice por hobby. Soy una aficionada total. Tengo trabajo, familia grande, y mis hijos son la prioridad. Hago el esfuerzo, busco el momento, pero no me desvío de mi vida. No puedo decir: me voy a entrenar el fin de semana a Tandil, o viajo tantas veces por año a la montaña o a la sierra. Tengo que acompañar a los chicos, que hacen deporte. Siempre estoy al lado de ellos los fines de semana. Entreno a conciencia dentro de mis tiempos y posibilidades. De martes a domingo corro y hago dos días de gimnasio. Mi objetivo no es ganar porque la cabeza me juega en contra. Me mato entrenando para ir a las carreras, dejar todo, y no sufrir. Me gusta disfrutar.

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Cómo fue ese primer ultra de 84 km en 2011?
Increíble. Fui mentalizada e hice mucha logística. Tenía todo pautado: cuándo comer, cuándo tomar, cuándo parar… fui demasiado pendiente del reloj. Eran muchas horas de noche y para mí era algo nuevo. Sabía que mi carrera empezaba a la mitad, a unas 6 horas y pico. La última parte fue un poco más fácil, aunque ya venía medio agotada. Cuando miré el GPS y vi 42 km, le empecé a dar con todo. Lo que nos pasa a los que entrenamos en el llano, es que tenemos la ventaja de correr mucho, y en subida pueden pasarme, pero en bajada el ritmo es buenísimo. Entré tercera en la categoría y cuarta en la general, y en Tilcara el mismo año, llegué primera. En ese evento no sabía cómo iba, eran 200 personas pero terminamos sólo 25. Estábamos a 4000 metros. La gente llegaba descompuesta. Recién en la llegada me enteré de la posición.

Cómo te hidratás y alimentás en carreras tan largas?
En general no como, me cae muy mal. En la mayoría de las carreras que participé, o hace exceso de calor o muchísimo frío y si como me descompongo, tengo que ir al baño todo el tiempo, y me genera deshidratación. En el 2012 fui a ver a Jorge Roi porque al entrenar 6 o 7 veces por semana, necesitaba suplementarme. Empecé a prepararme batidos proteicos con carbohidratos, aminoácidos, etc. Eso suplió la comida. Cuando tengo una carrera, según la altimetría o los kilómetros, preparo bolsitas que van en la mochila y dicen: tramo 1, tramo2, etc. Tienen sales, proteínas, hidratos, aminoácidos y vitaminas. Si no hay mucha amplitud térmica, puedo llegar a comer unas gomitas o un puñado de frutas secas, alimentos livianos. También puedo tomar alguna sopa.

Cómo llegas a participar en Mont Blanc?
En 2011 cuando corrí mi primer ultra trail, me dijeron que había una carrera épica en Mont Blanc y la empezamos a ver y sumar puntos. Sabíamos que era dura y mientras sumábamos, nos preparábamos. En el 2012, me faltaron dos puntos porque corrí carreras y no pude terminar ninguna, en una me apune y en la otra me cortaron en un Pc. Llegué con los puntos para 2015, pero un mes antes tuve una bacteria que se llama fiebre reumática y por riesgo cardíaco el médico me dijo:- no podés correr. Seguí sumando puntos, pero como no llegaba este año a los 160 km, hice 100 km.


Cómo viviste estar en la carrera de Trail más importante del mundo?

Te juro que lloré, porque una vez que llegué con los puntos tenía que salir sorteada. Imagináte que de 15000 corredores sólo iban a correr 2500. Únicamente de pensarlo me emociono. Fue muy importante el apoyo familiar. Brenda y Hernán, mis hijos, se anotaron en los 15 km, y el más chico, Matías, se anotó allá.

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Cómo es la organización en este tipo de carreras?
Yo ya había corrido un Trail en Canarias que también auspiciaba North Face, y es increíble. La organización está en todo, no sólo con los corredores sino también con los que acompañan. La gente desde acá te puede seguir y saber el minuto a minuto por las redes sociales. Es impecable. En Mont Blanc trasladaban a los acompañantes para que vean a los corredores. Hay unos micritos que todo el tiempo te van llevando. Este año agregaron videos y después te envían las imágenes de la largada y de los puestos.

Las largadas de las categorías eran en diferentes lugares?
Según la distancia. Si corrés 160 km (UTMB) iniciás en Chamonix y llegás a Chamonix, es la vuelta entera. Todas las carreras terminan ahí. Los 101 km (CCC) salís de Courmayeur, los 56 km (OCC) en Orciéres, los 119 km (TDS) también en Courmayeur y los 290 km (PTL) en Chamonix.

Cómo fue esa largada?
Te acomodan según los puntos ITRA que sumaste. Yo estaba en el primer bloque de atrás, con mi familia. Fue muy emocionante. En un momento me dejaron, la música empezó a sonar fuerte, y me movilizó saber lo que luché para ir…me pasaban mil cosas por la cabeza, no paraba de llorar. Me costó mucho estar allí. Una vez que salí del pueblo, a uno dos kilómetros, logré largar el aire y la angustia emotiva, y conecté con la carrera.

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En los puestos de abastecimiento tenías ropa de recambio?
Había un puesto al que podías mandar tu equipo a los 55 km. Yo recién me cambié en el kilómetro 70, porque venía muy mojada. Me puse pantalón obligatorio y buzo. Los elementos que había que llevar eran: campera rompeviento de 10000 columnas de agua, otra finita, pantalón impermeable, remera térmica manga larga, un botiquín con teyping y alimento. Yo corro con mochilas Ride Ligth y también llevo dos linterna con doble batería cada una, dos Petzl foto lumínicas. Tardé 21 hrs y al estar oscuro, lloviendo, me consumí las baterías enseguida. En el kilómetro 70 cuando me asistieron, venía de correr 15 km bajo el agua, congelada y a punto de hipotermia. La señora del puesto dejó pasar a toda mi familia. Los 4 me cambiaban, me daban de tomar en la boca, me hacían comer chocolate y queso, y lo toleré, no me di cuenta que comí. Matías me ponía la linterna… me sentía en boxes. Me enteré de todo por un video. Cuando lo miro, lloro.

Cómo fue ese encuentro con tu familia?
En el primer puesto que te podían ver era el km 55, luego en el 70, después en el 84 y en la llegada. Sabía que por la logística de la carrera, iba a llegar al km 55 entre las 19 y las 21 hrs pero llegué dos horas antes de lo planificado. Como me seguían por la aplicación, sabían cómo venía. En todos los puestos Matías me esperaba 2 km antes, y me acompañaba. Me tiraba posición, kilómetros, altimetría. Fue un asistente de lujo. Una vez que llegaban los demás, me ayudaban. Tomaba una sopa caliente, me acomodaba y salía rápido. Cuanto más rápido te acomodás, más tiempo ganás.

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Cómo te reaccionaba el cuerpo con tantos kilómetros?
Hasta el km 55 iba bárbara, a los 70 la pasé bien, después me empezó a molestar la espalda. Las piernas siempre bien pero del bastoneo me dolía hasta la piel.

Cuándo supiste que eras la primer argentina en llegar?
En el km 84 los chicos me lo dijeron, alguien desde Argentina se los había mandado por mensaje. Eso me motivó, pero como iba con lo último intentaba mantenerme. Cuando llegué, lo confirmé. Fue un alegrón total. Éramos 40, y entré tercera: 2 hombres y yo.

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Cómo fue la llegada?
Matías me esperó 4 km antes. Venía muy mal, haciendo arcadas, ya no me bancaba los batidos. Él me decía lo que me faltaban porque ya no me funcionaba ni el GPS. Venía caminando mucho. Cuando empezamos a entrar en el pueblo, me emocioné y arranqué a correr el último kilómetro. Aunque era de madrugada, había un montón de gente saludando a los corredores. La llegada fue terrible. Estaban mis hijos, mi esposo…no me salía ni llorar por el agotamiento. Fueron secuencias en mi cabeza. Después, en el hotel, me relajé y lloré como loca. Los mensajes, la gente acompañando, mi familia desde acá… todo muy emotivo.

Fue un punto de inflexión esta carrera?
Después de esta carrera empecé a bajar distancias. Me quiero sentir más relajada, no buscar ni puntos ni sorteo, acompañar a mis amigos o a mis hijos. Era mi máxima aspiración esta carrera. En mi casa empecé a correr, y ahora la mayoría del núcleo familiar corre, nunca lo voy a dejar de hacer. Te da bienestar, conexión, liberación, felicidad.

Qué zapatillas usás?
Compito con Salomon Slab Sense, entreno con Adidas Response Trail, en calle las Adidas Maraton 10 y las Asics Noosa

Agradecimientos
A mi familia que me banca, mis profes que me dan la seguridad: Santiago Achucarro y Sebastián Pascuas, a Jorge Roi por guiarme en la alimentación, a mis amigos de acá, a los de Bolívar, Bariloche, España y Francia, que están pendientes y son mi orgullo.

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“Nunca voy a dejar de correr, te da bienestar, conexión, liberación, felicidad”

Montañismo

RÉCORD FEMENINO EN EL ACONCAGUA, DANIELA SANDOVAL

enero 31, 2018 — by Andar Extremo0

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La ecuatoriana de tan solo 26 años marcó un tiempo increíble de 20 horas y 17 minutos, casi dos horas menos que el récord anterior de brasileña Fernanda Maciel. Esta nueva marca se suma a la supremacía ecuatoriana en récords en el techo de América. Recién bajada de la montaña una entrevista exclusiva de Andar Extremo.

por Marcos ferrer

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Desde Andar Extremo siempre seguimos a sus coterráneos Karl Egloff (récord de ascenso en velocidad por la ruta normal) y Nicolás Miranda, récord de ascenso en velocidad por la por la 360), con el récord de ayer su nombre pasará a la historia del montañismo, recién bajada del cerro y feliz por su logro nos dio una entrevista.

Cómo surgió la posibilidad de hacer un récord en el Aconcagua?
Yo fui siempre muy seguidora de Nicolás Miranda y de Karl Egloff, siempre fui corredora de carreras de aventura y en un ascenso en Ecuador al volcán Cayambe fue Nico que me vio y me entusiasmo. Luego fue en el Chimborazo, que íbamos en una cordada a 5000 metros, me solté empecé a correr y me tiro la idea de venir al Aconcagua. Y si Nico Miranda te dice que tenés las condiciones y que estas para intentarlo. Me ilusione mucho.

Cómo se fue gestando el récord?
A partir de allí, entrene duro para esto. Imagináte que yo vivo en Quito, rodeada de montañas, así que hace dos años nace el sueño del Aconcagua.
Ni bien llegue a este gigante la aclimatación fue caminar los 25 km de Horcones a Plaza de Mulas, dormimos en Mulas y de allí quisimos tirar cumbre y a 300 metros un temporal nos hizo descender.
Bajamos e intentamos hacer el récord a los dos días esto fue el domingo y nuevamente los vientos eran tan fuertes, soplaban a unos 100 km/h, que no nos dejaban avanzar casi en el mismo lugar a unos 300 metros de la cumbre en una travesía tuvimos que desistir y bajar.
Pero creo que todo esto nos dio un poco de conexión y me hizo tener en claro donde tenía que poner la cabeza.

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Esperas bajarle tanto tiempo el récord de Fernanda Maciel?
Fernanda en 2016 realizó el trayecto en 22 horas y 52 minutos, tenía pensado ponerle como top, de 18 a 19 horas. Pero el Aconcagua es una montaña muy dura y las 20 hs 17 minutos estuvieron más que bien.

Cómo fue el récord?
Venia de casi hacerlo dos días antes, pero el lunes y el martes a la madrugada luego en un día espectacular y una noche con luna llena las condiciones eran óptimas.
Salí de Horcones a la una de la mañana con una Lycra, un buzo, dos pares de medias, zapatillas, la Petzl Nao y un litro de agua luego de 4 hs 16 minutos llegaba a Plaza de Mulas donde me esperaba Nico, allí me puse las botas, el pantalón de plumas, la campera, el gorro y los guantes, comí algo rápido y salimos para arriba.
De Plaza de Mulas a Cumbre casi unas 8 horas llegue a cima 13:35 minutos del Martes 30 de Enero, de la cumbre a Plaza de Mulas en unas 2 horas 50 minutos. Comí en Mulas una media hora estaba cansada y demoré unas 4 horas a Horcones llegando pasadas las 9 de la noche.

Qué sentís de este logro solo a horas de haberlo realizado?
En realidad este record fue lo más grande que hice en mi vida, me hizo descubrir nuevas sensaciones, yo era muy corredora y me hizo ver la montaña como andinista. Creo que este aprendizaje de vida increíble me va a hacer programar mis nuevos logros que seguramente van a ser en montañas también.

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Supervivencia

SOCORRISTAS DE LA NIEVE, CERRO CHAPELCO

enero 30, 2018 — by Andar Extremo0

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En esta nota realizada a 1750 msnn, en el Cerro Chapelco, Juancho Ibañez nos trae las entrevistas al jefe de la patrulla de rescate del Cerro Chapelco, Miguel Righetti, y a Jorge Mena y su perro rescatista Neo. Desde San Martin de los Andes, Provincia del Neuquén, les contamos cómo se trabaja en búsqueda y rescate, en el sur Argentino. Nota en la revista n°48

Por Juancho Ibañez
Fotos, Guillermo Suarez

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Entrevista a Miguel Righetti

Miguel, cómo está conformado tu trabajo y cuántas personas tenés a cargo?
Tengo a cargo tres áreas: patrulla, servicio de pisado con máquinas pisapistas y fabricación de nieve con cañones. En total son veintidós patrulleros, siete maquinistas y dos cañoneros.

A qué se dedican los cañoneros?
Ellos manejan los cañones que son alimentados por reservorios de agua. Éstos funcionan a temperatura ambiente y húmeda (bulbo húmedo, bulbo seco). Cuando baja a -2 grados centígrados se puede fabricar nieve, y de ese modo, el Cerro Chapelco la tiene garantizada toda la temporada en la cota desde 1500 mts hacia abajo con la red de cañones.

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También están las máquinas?
Sí. Hay cinco máquinas modelo Pistenbully 300, de origen Alemán. La función de las mismas es pisar las pistas y dejarlas óptimas para el primer esquiador que suba. El trabajo se hace desde las 17:00 PM hasta las 2:00 AM. Al igual que los cañoneros, trabajan en la misma franja horaria, siempre que las condiciones climáticas lo permitan.

Cuál es el trabajo de los pisteros socorristas?
El personal está capacitado y habilitado para trabajar desde el socorrismo hasta la prevención de accidentes, sumado el balizaje tanto en las pistas como en fuera de ellas.

Tienen una especie de camilla pero con esquíes?
Se llama barqueta, es una camilla adaptada para bajar heridos de la montaña. Puede estar apoyada o no, eso depende de la situación del rescate.

Cómo empezaste esta actividad?
Nací acá. Esquío desde los cuatro años. Estuve en el Club Lacar tradicional de San Martín de los Andes. Fui instructor de esquí pero en 1992 opté por ir a la patrulla. Trabajé en Europa y en Andorra. En el 2002 quedé a cargo de los patrulleros en el Cerro Chapelco y en el 2010 ya era jefe de pistas, pisteros socorristas, maquinistas y cañoneros.
Miguel detiene la entrevista para tomar sus binoculares, porque hay un esquiador que se cayó en la pista llamada Del Filo que es de color roja. De inmediato da la orden y envía un grupo de pisteros socorristas al lugar. Ya resuelto el inconveniente, el esquiador fue trasladado a la base del cerro y Miguel da una recomendación imprescindible:
Es fundamental que las personas esquíen de acuerdo a su nivel, y que no olviden que están en la montaña y deben adaptarse a esa situación. Hay muchos que subestima las alturas. Es necesario que pregunten siempre al equipo de patrulla, cómo son las condiciones si van a esquiar fuera de pista. Ésta es la única forma de pasarla bien y disfrutar.

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Entrevista a Jorge Mena

Después de realizar esta nota, me dirigí a la cota 1600mts para encontrarme con Jorge Mena y su perro Neo.
Jorge, cuál es tu función?

Desde el 2007 soy pistero socorrista en el Cerro Chapelco, aunque crecí en el equipo de patrulleros porque mi padre lo era y aprendí a esquiar con ellos. Trabajo en invierno en Argentina y, en lo que sería el verano acá, me voy a trabajar a los Pirineos, Andorra.

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Dónde entrenaste a Neo y cuál es su función?
Neo es un Pastor Belga Malinois de 27 meses de edad. Esta raza es oriunda de la Ciudad de Malinas, Bélgica y hoy en día es la elegida por excelencia para uso militar, policial, de búsqueda y rescate. Se destacan por energía, fuerza, olfato y lealtad. Antes tuve un Border Collie que a nivel inteligencia son 11 puntos sobre 10. Neo está formado en el Principado de Andorra y lo titulé en los Alpes franceses a 3600mts de altura, en condiciones muy duras, específicamente para la búsqueda y rescate de víctimas de avalanchas. Puede trabajar en grandes áreas y entre escombros. El entrenamiento consiste en desde muy cachorros, educarlos para que asocien sus juguetes (herramienta de búsqueda) y en forma progresiva, eso lo trasladamos a cuerpos. Le realizamos búsquedas cada vez más lejanas, hasta llegar al punto de poner a la persona debajo de mucha nieve, donde el perro rastree su juguete y lo asocie al olor humano. De esta forma y después de mucho entrenamiento y sacrificio, se logra formarlo. Es importante que las personas que estén fuera de la pista, lleven ARVA (Aparato de rastreo en búsqueda de avalancha), que sirve tanto para emitir o buscar una señal, e indica dirección y metros. Hay que aclarar que en el Cerro Chapelco nunca se registran avalanchas ni hemos tenido situaciones parecidas porque los pisteros nos encargamos de cortar las placas de nieve para que no suceda. Por eso siempre digo, es mejor tenerlo a Neo y no usarlo, a tener que usarlo y no tenerlo.

En Argentina, cuántas estaciones de esquí, además del Cerro Chapelco, tienen perros con esta certificación?
Con esta certificación llamada ANENA, que tiene 40 años de experiencia (Asociación Nacional de Estudio de la nieve y de las Avalancha) y es francesa, son sólo tres perros en Latinoamérica de los cuales uno está en Portillo Chile, el otro está en Penitente Mendoza, y Neo, acá en Chapelco. Hay otros equipos con perros, pero con otra certificación. Teniendo en cuenta lo que señalo, soy un agradecido a mis padres porque desde los 11 años sabía que quería tener un perro de rescate y me apoyaron en eso.

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AguaKayak

Aleksander Doba, Tercer Cruce Transatlántico a los 71 años, en Kayak

enero 29, 2018 — by Andar Extremo1

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El kayakista oceánico Aleksander Doba, aventuró su cuerpo de 71 años por tercera vez y, con un nuevo kayak, atravesó el Atlántico en un viaje de 7700 kilómetros. Salió de Nueva York el 16 de mayo pensando finalizar en Lisboa pero los vientos decidieron otro final, empujándolo a Francia. Después de unos días a la deriva, finalmente llegó a Le Conquet el domingo 3 de septiembre. Nota en la revista n° 48

VIEJO LOBO DE MAR

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Agotado pero feliz logró completar su tercer transatlántico en kayak, en un lapso de 7 años. Uno se podría preguntar si existe un remero más intrépido en el mundo que elija por tercera vez estar solo durante 110 días surcando las aguas del Océano Atlántico. La lógica es obvia para “Olek” (así lo llaman a Aleksander Doba), no tiene ataduras y sí mucha convicción.
A poco de su llegada, el atleta polaco siempre optimista y decidido, que había ignorado todo tipo de sentido común y precaución, terminó su exitoso tercer cruce. Sólo tres remeros lograron este viaje en la historia: Franz Romer en 1928, Hannes Lindemann en 1956 y Peter Bray en 2001. Doba es el cuarto y único que cruzó tres veces el Atlántico.
El primer intento fue fallido. El 7 de mayo salió con su kayak de fibra de vidrio reforzado de 23 pies de largo (7 metros) y un metro de ancho, y con un bote insumergible de 750 kilos con carga (450 kg vacío) llamado “Olo”. Los percances comenzaron casi de inmediato: se encalló cerca de la costa de Sandy Hook e inmediatamente fue remolcado lejos de la tierra. En ese proceso, casi vuelcan el kayak. Durante los siguientes cuatro días, Doba avanzó cerca de 100 kilómetros hacia el este por su propia potencia antes de alejarse de la costa. Hizo un parate en tierra, comió bien y buscó equipo nuevo. Finalmente partió el 16 de mayo.

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“Mi cuerpo se ve un poco viejo, pero adentro mi corazón y mi mente son jóvenes”

En los últimos 37 años, el experimentado kayakista ha registrado 100.000 km en el agua, incluidas las circunnavegaciones del lago Baikal (1900 km) y el mar Báltico (4200 km). En su primer viaje transatlántico de 99 días en 2011, atravesó Dakar, Senegal, Acala, soportando semanas de tormentas. Durante su segundo intento de 167 días en el mar, hizo desde Lisboa hasta New Smyrna Beach, Florida, en 2014, y navegó en círculos dentro del Triángulo de las Bermudas. Luego tuvo que detenerse en una isla para reparar el bote. El kayakista, ingeniero químico retirado que saltó en paracaídas y voló planeadores antes de comenzar a navegar, nunca perdió el entusiasmo por cruzar el Atlántico.
El equipo en esa oportunidad no estuvo de acuerdo. El constructor de yates polaco Andrzej Arminski, quien construyó Olo con una quilla y una superestructura, temía que el kayak se rompiera en mares del norte. Caracterizó el tercer intento transatlántico como “suicida”. Consideraba que los difíciles vientos alisios que vuelan hacia el oeste a través del océano no le permitirían a Olek terminar la travesía. Sin embargo, ninguna de esas preocupaciones lo sorprendió.
Doba había probado este cruce transatlántico en 2016, he inmediatamente luego de la partida, una tormenta le dejó inutilizado los equipos electrónicos y debió ser rescatado.

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Su intento en 2017 a través del Atlántico fue una búsqueda de redención. En este viaje pasó por 4 grandes tormentas y rompió su timón que fue reparado con la ayuda de un barco. En una de las primeras que ocurrió en junio, trató de dormir a pesar de los vientos de 75 km/h y olas de 10 metros. Desafortunadamente su compartimento de dormir, hermético y estrecho (apodado “el ataúd”), carecía de la ventilación y lo obligaba a subir cada 15 minutos, abriendo la escotilla para tomar aire.
En otro caos climático, el aparejo de ancla de Olo había torcido gravemente algunos de los herrajes clave del timón. Doba manipuló el sistema de dirección para mantenerse cerca del rumbo, aunque hizo un progreso incoherente durante tres largas semanas. El 30 de junio estaba a más de 3200 km de Lisboa. Necesitaba ayuda pero un rescate era muy costoso. Por suerte, el capitán de un buque de carga con destino a América Central se apiadó de él, lo saco del mar, y su tripulación hizo la reparación. Varias horas después, y con una comida caliente, volvió al Atlántico. La asistencia causó que pierda toda esperanza de establecer un récord mundial Guinness para el viaje más largo sin ayuda en kayak o canoa.

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A principios de agosto también lo castigó el clima, con ráfagas de 100 km/h y los mares estaban blancos de tantas olas. A pesar de eso, se mantuvo positivo. Él siempre dice que es un 150% optimista y lo días malos un 100%.
La comida que utilizaba era iofilizada: estofado con verduras, pollo y pasta con salsa boloñesa. Su kayak estaba armado con desalinizadores y paneles solares, remaba desnudo cuando hacía mucho calor, entre 5 a 12 horas al día.
Al acercarse al continente Europeo, fue derivado hacia el noreste. El 3 de septiembre, después de navegar un tramo incierto del Canal de la Mancha, Olo aterrizó en la ciudad portuaria francesa de Le Conquet.

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No obtuvo el récord Guinness pero logró su objetivo de ir de continente a continente. Viajó un 25 por ciento más de lo que podría indicar la ruta. Ahora quiere pasar tiempo remando con miembros de su asociación local de kayak polaco, y contarles las historias del viejo lobo de mar a sus tres pequeños nietos, sabiendo que las grandes aventuras del abuelo Olek pueden continuar aún. “Me quedan 29 años antes de cumplir los 100”, dice Doba,”mi cuerpo se ve un poco viejo. Pero adentro mi corazón y mi mente son jóvenes”

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“Siempre soy un 150% optimista y los días malos, un 100%”

Tres Cruces del Atlántico en 7 años
2010 Dakar a Senegal en Acarau, Brasil.
2014 Lisboa, Portugal, a Port Canaveral, Florida
2017 Nueva jersey EEUU a Le Conquet Francia
Aleksander Doba fue galardonado con el premio National Geographic Aventurero del Año en 2015

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Fuente Andrew Tilin Outside Mag

Escalada

Escalada, 22 días en el Pico Sin Nombre, Brasil

enero 25, 2018 — by Andar Extremo0

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Fernanda Lupo y Marcio Bortolusso se lanzaron a una serie de seis aventuras inéditas y extremas que comprenden el marco del Proyecto 6 Hard Xpeditions. Sitios inhóspitos, diferentes deportes, conciencia ambiental y trabajo científico, son las cualidades de esta travesía. La primera expedición, escalada al Pico Sin Nombre, les demando 22 días en el mes de agosto en una zona impenetrable al sudeste del territorio Brasilero. Nota en la revista n° 48

6 HARD XPEDITIONS

por Marcio Bortolusso y Andar Extremo
entrevista a Marcio Bortolusso
fotos Fernanda Lupo, Marcio Bortolusso y Kelvyn Medeiros

Marcio, pionero en el fotoperiodismo de aventura, y Fernanda, alpinista experimentada, viven en el Archipiélago de Ilhabela. Desde allí partieron para realizar su primer desafío, una de las aventuras más intensas de sus vidas: la escalada de la imponente y hasta entonces virgen, cara suroeste del “Pico Sin Nombre”, una de las más impresionantes y aisladas montañas de la extensa Serra da Mantiqueira. Con largas laderas rocosas y con más de dos mil metros de altitud, la zona se encuentra sin vías de escalada.
A pesar de que su cumbre ya ha sido alcanzada años atrás por otros exploradores, a través de una exigente caminata por su cara menos empinada, esta montaña se mantiene como una de las últimas de Brasil con más de dos mil metros de altitud.
Después de un fallido intento de escalar en 2009, cuando fueron obligados a abandonar las pendientes del pico después de 11 días de fuertes lluvias y tormenta de rayos, la pareja esta vez contó con la valiosa ayuda de los escaladores Diego Moreira y Kelvyn Medeiros, Club de Escalada y Montañismo de Angra dos Reis. A pesar de eso, en la aproximación por la floresta, Fernanda tuvo una dislocación del hombro que la obligó a un descanso forzado pudiendo escalar recién los últimos días.

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Sólo para llegar a la pared de piedra y transportar los 170 kg de equipo, necesitaron 7 largos días. El camino cerrado por la vegetación fue complejo. En la etapa inicial, debieron abrir camino y luego transportar todos los vivieres a la base del cerro, escalando árboles para una mejor visión en la mata, arrastrándose sobre grietas, trepando por raíces en paredes con precipicio, y equilibrando mochilas en turnos que superaban las 12 horas diarias.
Bajo un riesgo constante durante el trabajo vertical, necesitarían fijar las protecciones de seguridad tan distantes que posibles caídas resultarían en vuelos de más de 40 metros y, para castigar aún más la motivación del grupo, llovió. El mal tiempo los obligó a bajar los cerca de 300 metros escalados y las varias horas de pista accidentada, para aguardar una nueva oportunidad, momento en que desafortunadamente Diego y Kelvyn necesitaban regresar a casa debido a otros compromisos y abandonaron la expedición.
Después de 13 días de descanso en el campamento base, milagrosamente el hombro de Fernanda se recuperó y, un poco desnutridos (llegaron a perder 5 kg cada uno), con cortes y hematomas en el cuerpo, decidieron invertir las ultimas energías en una intensa jornada que se extendió hasta completar 24 horas ininterrumpidas de escalada. Esfuerzo que valió la pena, ya que al atardecer sus ojos registraron la cumbre del majestuoso Pico Sin Nombre.

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“Ir más allá, buscar esa gratitud que te da hacer deportes en la naturaleza… cosas para contarle a los nietos hasta los últimos días”

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Entrevista de Andar Extremo

Cómo inician el primer desafío?
La escalada del Pico sin Nombre fue en la región sudeste de Brasil, entre Minas Gerais y Sao Paulo. Ahí está el cordón de la Mantiqueira que tiene muchísimos kilómetros. Como ciudad grande se encuentra Passa Quatro a unos 40 km, y nosotros nos dirigimos hacia la zona rural de Marmelópolis. Allí estuvimos en la casa de un campesino llamado Alfonso que nos dejó armar base, entre gallinas, cabras y chanchos. Preparamos los 200 kg de equipamiento, y empezamos a achicar el equipo. Llevamos menos chapas, menos cuerdas hasta llegar a unos 170 kilogramos.

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De allí a la pared, a qué distancia se encontraban?
En 2009, para causar el mínimo impacto, no abrimos un sendero en la selva. Este año, estuvimos los tres primeros días sin llevar equipo, sólo abriendo sendero y buscando aproximarnos a la pared. Esta región es sensible. Como está protegida no se puede hacer varias cosas. Es una lucha hacer la actividad en otros lugares que están rodeados por empresas mineras que rompen todo, entonces esta zona la defienden. Para que la gente haga escaldada tiene que haber uno que pase primero, así que con mucho cuidado íbamos abriendo la vegetación para hacer un pequeño pasaje. De tanto caminar se fue marcando. Estuvimos una semana para llegar a la base de la pared del Pico sin Nombre de los cuales: tres fueron en navegación, 2 de porteo de los 170 kg en mochilas y tachos de plástico y luego, dos más volviendo. Hacíamos de 12 a 15 hrs de actividad por jornada. El camino era accidentado. No estábamos lejos, a lo sumo 5km, pero había pendientes verticales con peñascos y vegetación. Esos 10km de ida y vuelta lo hacíamos en todo el día.

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Una vez que estuvieron en la base, cómo continuaron?
Esta cima la lograron hacer unos exploradores unos años atrás pero por otro camino menos técnico, ingresando por el Pico Dos Marins. La sierra de la Mantiqueira tiene tres picos importantes y el más visitado es éste, que tiene vías de escalada y una senda para caminar a la cumbre. Allí también abrimos vías. Por ese lado, es fácil acceder por un sendero al Pico sin nombre. Ahora fuimos por el valle, cruzando ríos, subiendo y bajando para llegar a la base. Fue difícil.

Qué largo tiene la pared de la ruta?
Tiene unos 400 metros de escalada y, a lo último, 200 metros más que vas con la cuerda pero caminás y escalás como en cuatro patas “A la francesa” se lo llama aquí, en Brasil.

Cuando Fernanda se rompió el hombro, estuvieron cerca de hacer cumbre con Diego y Kelvyn?
Faltaban 2 días, no tan cerca, a 100 metros, y se largó a llover mucho como tres jornadas. En 2009 con Fernanda habíamos abierto 150 metros. Ahora, cuando se lesionó, escalamos esa distancia y abrí otros 60 metros. Kelvyn hizo otros 60 metros, y Diego hizo la mitad de un tramo, 30 metros. Allí los chicos se tuvieron que ir y Fernanda se recuperó. Hicimos juntos los 3 tramos que quedaban hasta la cumbre.

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Cómo fue ese último tramo?
Estuvimos 24 horas continuas: escalamos, caminamos, hicimos cumbre, sacamos fotos, pero sin tiempo. No teníamos ni 5 minutos, al final tuvimos que cambiar las chapas oxidadas del 2009 en los últimos 150 metros de rapel. En total estuvimos 15 días en la pared.

Cuál era el objetivo de esta expedición?
Mi trabajo tiene dos frentes. Unos es el bienestar personal, ir más allá, buscar esa gratitud que te da hacer deportes en la naturaleza… cosas para contarle a los nietos, no arrepentirme y recordar hasta los últimos días, esta forma de vida que da sentido a todo. La segunda, poder dejarle algo a la sociedad, como desarrollar actividades en la región: ecoturismo, turismo sustentable. Te doy un ejemplo: una vez ascendimos la mayor ruta en Brasil en Piedra Riscada por 8 días, fue muy cansadora, una vía que a pesar de algunas tentativas aún se mantiene sin repeticiones. La medida entre las chapas de seguridad eran de 26 metros, con 9 de los 22 tramos, sin protecciones y podes llegar a caer vuelos de 60 metros, es como hacer una escalada libre sin cuerdas. Luego, estuvimos 15 días más en la región visitando campesinos, y en conjunto con autoridades y biólogos estuvimos haciendo un inventario de fauna y flora que contribuyo para hacer un “tombamiento” de la piedra como patrimonio natural todo esto un año después. “Tombamiento” es un término que se utiliza en Brasil, para generar la protección de áreas para la posteridad. Algo inédito para nuestro país y para ese lugar fue muy importante, porque se logró y hoy está protegido, y varios escaladores de todo el mundo van a Piedra Riscada. Entonces, se ven dos objetivos claros: el deportivo y la preservación del entorno para un turismo sustentable. La ciudad que está cerca, ya tiene más hoteles y paradores, donde albergan nuevos turistas locales y del mundo. En esta oportunidad fue muy importante porque la idea es valorizar esta zona de Pico Dos Marins, que es un objetivo que tengo desde hace más de 20 años. Deseo transformar esa región, en uno de los más importantes polos de escalada tradicional de Brasil junto con zonas importantes como Marumbi, cerca de Curitiba, y Tres Picos cerca de Salinas en Rio de Janeiro.

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Cómo fue la última escalada con Fernanda?
Fue fantástico hacer esta pared con mi compañera. Si bien vivimos momentos de tensión, cuando ella guiaba había tramos donde podría haber volado 24 metros, con la piedra rompiéndose en sus manos. Realmente estuvo muy bueno que se haya recuperado de su hombro porque no podríamos haber terminado la vía.

Qué fue lo más duro de esta expedición?
El peso y la distancia, transportar todo. Fue mortal a veces caminábamos solo 30 metros y teníamos que sentarnos. Nos cansábamos mucho. Después de los 22 días, cuando llegué a Ilhabela, teníamos como agujas clavadas en el hombro y eso luego se transformaban en cuchillos. No podíamos ni movernos, estuvimos como un mes con dolores. Otra de las cosas duras fue la temperatura, no hace frío como en la Patagonia pero es muy húmedo y te podés agarrar hipotermia. En invierno tenés – 10 y en verano 3 o 4 grados.

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6 Hards Xpeditions llevas dos travesías?
Hicimos esta escalada, nos preparamos un mes y luego, 40 días en ríos de Amazonia en kayak. Ese mes intermedio se pasó rápido. Tuvimos que terminar las imágenes, hacer textos, mostrar materiales a los sponsor, conseguir los kayaks rotomoldeados (porque no había en Brasil), preparar los equipos, obtener permisos. Fue una locura. Ahora se viene una expedición de buceo por cavernas que depende mucho de las condiciones del mar y de las cavidades submarinas. El mar tiene que estar muy tranquilo. Con espeleólogos, vamos a hacer un relevamiento nacional de cavernas. Debajo del agua se ve todo: las entradas a las cuevas, los posibles sitios arqueológicos, se pueden medir las profundidades. Es una expedición que estará muy buena. Pensá que hay entradas a cuevas que tienen sólo medio metro de agua arriba, entonces el mar tiene que estar súper tranquilo, porque es posible pasarla mal. Estamos haciendo más cursos de buceo profesional y luego, cuando comencemos la expedición, hay que hacer como los surfistas de olas grandes: esperara el momento. Y cuando esté terminando ésta, empezamos una expedición de canyoning y barranquismo. Luego, haremos ultramaratón por cientos de kilómetros y terminaremos con una travesía de Stand Paddle en unas islas.

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Tuvieron apoyo de marcas?
Los últimos 8 años estuvieron muy difíciles en Brasil y conseguir apoyo costó. Estuvimos realizando el proyecto por seis años y estuvimos un año entero en Sao Paulo en reuniones, golpeando puertas. Por suerte tuvimos el apoyo de importantes marcas, porque se dieron cuenta de la pasión que le ponemos.

Tienen pensado qué van hacer con el material de estas expediciones?
Ahora subimos todo al sitio web y entregamos material a muchos multimedios y para 2018, tenemos pensado hacer un documental tipo serie de tv y un ciclo de conferencias. Todo esto con el fin por supuesto de hacer algo más grande en 2019.

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www.6hardxpeditions.com

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Carreras de aventura

Ultra Machu Picchu Trail, Cusco, Perú

diciembre 15, 2017 — by Andar Extremo0

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El UMPT se realizó el 25 y 26 de marzo en Cusco, Perú, donde corredores de toda Sudamérica transitaron en este mítico e histórico lugar. Las opciones para enfrentar los caminos incaicos fueron de 15 km, 30 km, 70 km y 100 km. Roxana del Cid, participó en los 70 km y realizó el circuito en 9 hs 38 minutos consagrándose ganadora de la competencia. En una entrevista para Andar Extremo, nos cuenta su experiencia. Nota en la revista n° 47

Por Andar extremo entrevista a Roxana Del Cid
Fotos Patricia Pérez Gasquet

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Cómo fue correr un Trail en Machu Picchu?
Correr en otro país ya es importante como corredora, porque iba a representar a Argentina. A eso se sumó el tema del desnivel de la carrera, que se desarrolló arriba de los 4000 metros y hacía mucho más difícil el desafío. Es increíble la cultura incaica, milenaria y la carrera transcurría en el segundo camino del inca. El recibimiento de los diferentes corredores de Sudamérica género una comunión de energías. Correr en el templo sagrado como le dicen ellos, te transmite mucho respeto. Lo único que pensaba era llegar a la meta en las mejores condiciones, ya que estoy acostumbrada a correr 21 km. Fue una preparación nutricional, cardiología y física importante. Poder terminar el ultra primera, fue una felicidad.

Pensabas que ibas a tener ese nivel?
Venia de un enero y febrero en no muy buenas condiciones, recuperándome de una fatiga muscular, entonces tomé muy conservadora la carrera. Venía corriendo, cuidando las sensaciones, y esa fue un poco la estrategia de esta competencia viendo cómo iba a responder con el frio y el viento. Para mí era nuevo, lo tomé con calma y quería llegar. A medida que fue pasando vi que el cuerpo se adaptó, iba primera. En los puestos me iban diciendo que venía bien, y fueron pasando los kilómetros y esa sensación de que no querés que se termine. Faltándome 10 km me relajé y la disfruté mucho.

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Hizo frío?
Salimos con – 5 grados y tuvimos la charla técnica el día anterior con sol. La salida fue a 3900 metros y llovió desde la madrugada anterior. Los caminos se desmoronaron y tuvimos inconveniente para llegar por los senderos de montaña, a la largada.

Qué indumentaria llevaste?
Como no sabíamos bien el clima, llevé calza larga, abajo la corta, y pantalón impermeable. Bien abrigada: gorra, guantes, campera impermeable… por los menos para llegar a la cumbre de la carrera sin estar muy mojados.

Cada cuánto había hidratación y con qué te complementaste?
Hubo a los 5 km, después hice unos 15 km más, Sólo iba con la bolsa hidrante que llevé. Hubo dos puesto más hasta el 45 y después de allí, al km 70. Igual siempre llevo 2 litros más en una botella chica. Tomé sales isotónicas y 7 geles.

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Cuál fue tu primer carrera de aventura?

Fue en 2004 cuando se estaban terminando el circuito YPF, General Belgrano. Fue mi primer carrera. Entrenaba en Olimpo, un gimnasio de City Bell, un compañero me dijo si quería correr, y de allí no pare más.

Cuáles son tus tres zapatillas favoritas?
Brook modelo Canadá, Saucony Trail y Asics Fuji, las que probé aparte de Columbia y Salomon.

Cómo fue tu evolución en las carreras de allí hasta ahora?
Fue fuerte… no me imaginaba así, agradecida de correr. Siempre quise hacerlo, no tenía la posibilidad y me costó mucho… Fue mucho sacrifico, hoy en las redes se ve la sonrisa pero no el trasfondo. Misma la carrera de Perú, fue trabajar duro para poder hacerla. Por eso es muy gratificante sacar buenos resultados.

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Cuál es tu proyección a futuro?
Lo primero que se me viene a la mente es poder potenciar, y que las carreras lleguen a muchos niveles y nos sólo a un sector. Veo gente muy chica, que está bueno que se meta en el running, no únicamente por la meta o por un podio, sino que ésto tiene que ver con la familia, la unión de la gente. Correr lo puede hacer cualquiera, es ponerse zapatillas. Me gusta contagiar esta actividad. Después, me gusta hacer todo tipo de deporte, me gusta remar, me gusta la bici, la uso de medio de locomoción.

Cómo ves el nivel del Trail en Argentina?
Están creciendo masivamente las distancias de arriba de 70 km, están cada vez más fuertes. Hoy todo el mundo entrena a conciencia, planificar objetivos, proyectan carreras.

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Mountain Bike

La Carretera Austral, La Vida de Viaje, Primera Parte

diciembre 12, 2017 — by Andar Extremo0

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Andres Calla y Jimena Sánchez se aventuraron a los 1247 km de esta rica y bella carretera. El primer relato de una serie, donde nos cuentan el inicio de la travesía “Al Sur del Sur”. Nota en la revista n° 47

Por Jimena Sánchez y Andrés Calla
Texto y fotos

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Dejamos atrás el cruce de los Andes y el lago del Desierto. Estamos en Chile en el puerto de Candelario Mancilla, a punto de subir las bicicletas a un barco, mientras un marinero agarra una soga para sujetarlas en la proa. Entiendo el mensaje subliminal e imagino la batidora que se avecina, pero es la única forma de llegar al kilómetro 1250 de la Carretera Austral. Si bien ahí termina esta ruta escénica, para nosotros es el comienzo. En el fin está el principio de todo.
Definitivamente este barco es un zamba. En una tele pasan un documental del sur de Chile que dura casi todo el viaje —deben de ponerlo para que no pensemos en barcos a la deriva, Titanic, Leonardo Di Caprio y esas cosas—, pero casi todos nos quedamos dormidos al minuto 30. A esta altura, poner el cerebro y los sentidos en “modo avión/barco” debe ser un mecanismo de defensa para escaparnos de la realidad.
Arribamos al puerto, acomodamos las alforjas, nos sacamos la foto con el cartel de bienvenida “fin de la Carretera Austral” y estamos listos para salir hacia Villa O’Higgins, pero… nos falta un pedal. Sí, llegó el día de pedalear los primeros kilómetros de la Carretera Austral y la bici de Andrés está renga. El cruce a Chile desde el Lago del Desierto había dejado cicatrices en el equipo, e hicimos lo que se hace con este tipo de problemas en estas latitudes patagónicas: improvisar y tratar de resolver la situación. Sacamos la soga naranja flúor de su hamaca paraguaya —comentario de color por fuera de esta crónica: quiero que sepan que la usó solo dos veces en todo este viaje— y esta vez no me queda otra que dejarme remolcar. Hacemos 8 kilómetros y llegamos a la Villa casi a oscuras.
En la galería de El Mosco (camping donde nos quedamos dos días) hay más de cinco bicicletas estacionadas, cubiertas desgastadas colgadas de la pared, alguna que otra alforja usada y apilada en una de sus esquinas y un sinfín de portaequipajes rotos. Es como un cementerio de bicipartes: toda una señal de lo que está por venir. Santos —un brasileño que está arrancando su viaje por la Carretera—, Nelson —un chileno de unos 50 años que junto con su mujer acaban de terminarla— y un holandés —que no sabemos de dónde viene ni a dónde va pero con su corto español entendemos que está preocupado por su calentador que no funciona—, se convierten en nuestros consejeros para ver cómo solucionamos el gran dilema gran de la bici de Andrés.
El gabinete sesionaba en la cocina todas las opciones posibles desde la más simple hasta la más compleja, y cuando el silencio anticipaba un problema que no se iba a poder resolver, un chiste destrabó el enigma:
Nelson: —che, Holandés. Hoy dormí con tu bicicleta, no sea cosa que mañana cuando te despiertes le falte una parte jajaja.
Holandés: —jaja yo tengo que seguir pedaleando, ¡por qué no le das tu bicicleta que vos ya terminaste!
Silencio en la sala.
Japón se queda pensando. ¡Eureka! A desarmar la bici de Nelson.
Nelson gira la multitool asegurándose de que todos los tornillos queden en su lugar,mientras la palanca empieza a reconocer su nuevo cuerpo. Andrés se sube, da una vuelta manzana y nos da el visto bueno a todos. Tener este problema solucionado en un pueblo donde la bicicletería más cerca está a 234 kilómetros es todo un logro. Ahora sí estamos listos para empezar a rodar por la ruta escénica de la Patagonia chilena: la Carretera Austral.

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Los primeros kilómetros son una sucesión de momentos en estéreo: subidas de ripio cortas pero intensas. Árboles y plantas de cuatro verdes diferentes. Hojas del tamaño de orejas de elefantes. Puentes colgantes con tirantes de metal. Ríos sin nombre. Ríos con nombre. Una curva larguísima con un lago que tiene el mismo sonido que el mar. Mosquitos grandes como moscas. Montañas con glaciares colgantes. Piedras gigantes derrumbadas Colibríes que hacen con sus alas el mismo sonido que un flipbook. Flores rojas, amarillas y blancas en la banquina. Cinco cascadas en una misma montaña. Cascadas que salpican y pasan por debajo de la ruta. Pajaritos panzones y curiosos que se acercan sin miedo. Cortes abruptos en paredes de piedra y líneas que atestiguan el paso de los glaciares que ya no existen. Subidas de ripio eternas con caída libre a la mismísima nube. Viento que hace bailar a los árboles. Muchísima lluvia
Buscamos un refugio para protegernos de la cortina de agua que cae sin piedad sobre nosotros, cuando decidimos abortar la misión. Nos dijeron que está cerca del kilómetro 50, pero ya vamos 53 y nada. Estamos cansados y la ropa impermeable nos pesa, queremos sacar la carpa y armarla en cualquier lugar cuando vemos una arbolada a menos de un kilómetro. Si ahí llega a estar el refugio nos quedamos, y si no, también. Pedaleamos ya sin fuerzas y con el humor en su punto de ebullición, cuando nos damos cuenta de que no hay ningún refugio pero sí un puesto. Mientras los perros ladran nuestros pasos, se asoma por la ventana un hombre con boina negra y camisa marrón que nos hace señas para entrar. “El refugio está a un kilómetro sí, pero no debe de quedar leña seca, pueden pasar la noche acá”.
Entramos al puesto, está calentito. Colgamos la ropa en unos palos de madera que están por encima de la cocina económica mientras silba una de las tres pavas. “Yo sé lo que es pasar frío, a veces voy pa’ la montaña y paso días empapao”, nos cuenta Don Beta, el gaucho que cuida estas 40 hectáreas y las 150 vacas que están pastando a la redonda. Pierdo la cuenta de la cantidad de mates que nos tomamos mientras charlamos sobre su trabajo en el campo, los cicloturistas que ve pasar por la ventana en verano, sus días como cocinero, guardaparque y puestero; las “señoras” que hacen muchas cosas a la vez y que por eso se les pasan las tortas fritas, las internas con su socio, la radio que nunca enciende para no dar noticias de dónde está ni qué está haciendo, los sonidos para llamar a su caballo y a sus perros cuando sale a arrear vacas, cómo un puestero debe hacerse valer y no sé cuántos temas más hasta, que nos sirve un té y un plato de carne tierna con cebollita picada. Nos da su habitación para que descansemos y él se queda sentado en la silla desde donde nos contó la historia de su vida.

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Nos despertamos y sigue lloviendo, no paró en toda la noche. Parece que la nube está estacionada arriba del puesto de Beta sin querer moverse. A las 9 de la mañana y con mate en mano, limpia la mesa, agarra la harina, unos huevos y con las manos empieza a preparar la masa para unas tortas fritas. La deja leudar y una vez lista la estira con su palo de amasar improvisado —una botella de ron añejo—, la corta a ojo tirando diagonales con una simetría casi matemática, y sumerge cada torta en una olla. “Yo no las hago con aceite porque se te pegan los dedos, las señoras las hacen así pero quedan más sequitas con grasa de vaca”. Al rato están listas y no podemos resistirnos a la tentación de probarlas mientras conversamos sobre la tradición del mate en Chile. Con Beta dan ganas de quedarse charlando, pero al mediodía acomodamos el equipo, guardamos diez tortas fritas en una bolsa y nos despedimos del primer personaje de este viaje.
Los próximos 50 kilómetros caminamos y pedaleamos por igual, nuestro estado físico no está en su mejor momento. Las subidas son largas y empinadísimas y las pupilas aprovechan el paso lento para colgarse de las alas de los cóndores, del sonido de las cascadas y de los glaciares colgantes. Subimos no sé cuántos metros hasta que la lluvia empieza a apurar nuestros pasos. Cuando se larga el diluvio, decidimos frenar al costado de la ruta e improvisar un techo con el cubre de la carpa y los bastones de trekking. Tomamos un té caliente, comemos unos panes con miel y las tortas fritas de Beta y al rato, cuando para un poco, volvemos a andar. Le pido al cielo que pare de llover, pero no me escucha.
Al kilómetro 45 el GPS marca que faltan más kilómetros de los pensados para llegar a Puerto Bravo, desde donde sale la balsa para cruzar a Puerto Yungay, y hacemos el último esfuerzo del día con el estímulo de saber que la noche nos espera en un refugio. Después de más curvas, más subidas y más lluvia, llegamos. Un cicloviajero abre la puerta y nos saluda en inglés mientras apoya su ropa mojada sobre su bicicleta. Su novia está adentro, sentada en un banco y con la bolsa de dormir como acolchado. Mientras nos cambiamos y armamos un tender con unos sunchos, el chico agarra su guitarra y empieza a tocar unos acordes. Quien iba a pensar que íbamos a terminar el día con un acústico en primera fila.

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Al otro día nos levantamos temprano y mientras guardamos el equipo llega un micro con turistas que nos miran y nos sacan fotos como si fuésemos piezas de un museo. Llega la barcaza y empieza a chispear. La lluvia en estos pocos días fue tan intensa que Andrés y yo necesitamos un respiro. Ni bien llegamos a Puerto Yungay, el cielo esta vez parece que sí escucho nuestras plegarias porque no solo salió el sol sino que además hace calor. Los primeros diez kilómetros son en subida y siendo el tercer día de pedaleo consecutivo, las piernas responden con diferencia horaria. Caminamos más de lo que pedaleamos, alcanzamos el punto más alto y empezamos a bajar hasta la ruta que llega a Caleta Tortel.
Durante estos kilómetros tobogán nos terminamos de enamorar de la Carretera Austral. Hay una frase de Darwin que dice: “todo en este continente austral ha sido calculado a gran escala” y eso es exactamente lo que pasa acá: todo es exagerado, la tierra salvaje, las montañas escarpadas, el agua rebalsa y se filtra como ríos buscando el océano. De este tramo no sacamos ni una foto: hubiese sido como poner en pausa el final de una película que te atrapó durante toda la trama o frenar una montaña rusa en un rulo lleno de adrenalina. En la cabeza nos quedaron grabados:
los árboles altos como rascacielos
la velocidad en las curvas
las rocas y sus cascadas escondidas a la izquierda
el precipicio con troncos color ceniza a la derecha
la ruta que serpentea y dibuja una S perfecta
mi cara de “pedalear esta ruta fue una de las mejores decisiones de mi vida”
la cara de Andrés de “quiero volver a subir para volver a bajar”
nuestros ojos brillosos
nuestra sonrisa de alegría

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Los 20 kilómetros que siguen nos hacen saltar: hay mucho serruchito y piedras grandes como cascotes. Algunos autos nos pasan tan rápido que nos envuelven de polvo. La última subida se nos hace interminable hasta que llegamos al estacionamiento de Caleta Tortel: acá se dejan los autos, las camionetas, las motos y hasta las bicicletas porque no hay cemento ni calles ni veredas ni plazas. Hay pasarelas de ciprés y pérgolas como puntos de encuentro con vista a los fiordos chilenos.
“En este pueblo parece que la gente se esconde. Mientras la lluvia retumba en los techos de madera, por las pasarelas no se asoma ni un ojo. Lo recorremos con la mirada: es una geografía en eterna construcción. Al ciprés ya no le crecen más ramas porque su descendencia fue hecha pueblo. El avioncito de madera que sobresale de un techo, la cocina económica que se oxida en el muelle, el perro que olfatea el mallín, las chimeneas que forman nubes y las pérgolas que miran a los fiordos. Todo eso al mismo tiempo y en modo random. Los turistas salen a caminar por la tarde, los mercados aprovechan para ofrecer verduras, panes amasados, duchas de agua caliente y botellas de ron. Poquito a poco el sol le guiña el ojo a la luna y la noche se apaga. No hay luz artificial y hasta las estrellas se callan” (anotaciones en mi cuaderno de viaje, febrero 2017).
Continuará…

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Tecnología

INOV-8, IT’S BACK!

diciembre 12, 2017 — by Andar Extremo0

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Una de los mejores marcas de zapatillas todo terreno

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Inov 8 nació hace 14 años y a pesar de su relativa juventud, es ya un claro referente en el mundo del Trail Running. Su filosofía de calzado es clara, los responsables de la marca apuestan por una zapatilla ligera, más respetuosa con el movimiento del pie y que además favorezca una técnica de carrera natural.

No utilizan suelas populares en sus zapatillas como hacen la mayoría de los fabricantes, apuestan por suelas propias y ahí radica gran parte de su éxito. La durabilidad y las prestaciones de las suelas de esta marca británica está más que contrastada, especialmente en sus zapatillas más extremas de Trail Running. Fiabilidad, adherencia y agarre, durabilidad, perfil minimalista, gran variedad y excelente diseño
Fundada en 2003, Inov-8 es una de las marcas líderes mundiales de calzado, ropa y equipo. Operando en más de 60 países, diseña productos innovadores de alta calidad tanto para deportistas amantes del Trail como para el desarrollo de actividades fitness o training.
Los orígenes de la marca permanecen firmemente ligados a los fangosos y húmedos terrenos británicos, pero a lo largo de los años, la búsqueda de excelencia en el calzado de Trail Running, han optimizado y desarrollado nuevos productos para satisfacer las necesidades de los muchos terrenos que existen en todo el mundo.
Desde las cumbres montañosas de los Alpes hasta el desierto del Sahara y la Antártida, Inov 8 ha llegado a una sola verdad: la interacción de los atletas con el medio ambiente es el factor más importante en el diseño de productos.Teniendo esto muy en cuenta e impulsado por el deseo de ofrecer una innovación centrada en el atleta, la línea de productos abastece a todos los terrenos.
Actualmente bajo la propiedad de Descente, fabricante japonés de ropa deportiva con una historia de excelencia de 80 años, y con el fundador de Inov-8, Wayne Edy, todavía en el corazón de la innovación de productos, el futuro está lleno de emocionantes posibilidades.
La marca ofrece diferentes tipos de calzado de acuerdo al terreno a ser utilizado. Las categorías son Nieve, Fango o Arena, Piedra o Roca, Sendero. A su vez dentro de cada división de terreno ofrece un modelo categorizado como “Speed” para corredores más técnicos y rápidos que buscan un calzado liviano y con menor drop y otro modelo categorizado como “Endurance” con un nivel de amortiguación y protección del pie superior para corredores menos experimentados.-
El reconocimiento Internacional de Inov 8 está en la altísima calidad de las suelas debido a su grip (adherencia) y flexibilidad. INOV-8 ofrece los calzados más livianos del mercado para cada una de las categorías de terrenos. Con respecto a la Argentina, en esta primera etapa, Inov-8 se enfocará en el calzado de Trail Running.

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Los modelos a comercializar en Argentina en esta etapa son:
X-Talon 212; X-Talon 225; X-Claw 275; Trailtalon 250; Trailtalon 275; Roclite 290; Roclite 305; Roclite 305 GTX (Gore-tex); Roadtalon 240.

+info en www.inov-8.com
FB: www.facebook.com/inov8latam
www.facebook.com/INOV8run/
Distribuidor DEWIN Pro :
www.dewinpro.com Puntos de Venta.

Mountain Bike

Paso Mayer, 43 Cruces de Los Andes en Bici

diciembre 11, 2017 — by Andar Extremo0

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“Nación Salvaje” el nuevo nombre de los viajes que emprenden Javier Rasetti y Marisol López. En esta entrega, nos cuentan la primera parte de la experiencia del cruce Paso Mayer, un lugar raro, desolador y aventurero, por donde se lo mire. Nota en la revista n° 47

por Marisol López
fotos Javier Rasetti

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Voy a hablarles de un lugar que no existe, y lo haré despreocupadamente, sin calcular ventajas o desventajas literarias. Voy a contarles la historia de un paso donde el único camino posible es invisible al ojo humano, porque se va construyendo metro a metro a medida que se lo recorre. Voy a tomarme libertades necesarias, absurdas e incoherentes, como: la voz ronca y erudita de un bosque generando opiniones o la picadura mortal de una araña que se volvió alacrán. Voy a tener que hacerlo…tomarme el atrevimiento de pasearlos por un mundo que no existe. Al terminar, antes de posar mi dedo en el punto final que defina el relato, voy a buscar en el espacio en blanco, su mirada incrédula, expectante o acusadora, para asegurarles de frente y sin rodeos que yo, una vez estuve ahí.

El camino invisible
Mientras hablaba, levantó la mano y apuntó hacia uno y otro lado, completamente indiferente a nuestras miradas que atentas desde el otro lado del escritorio, seguían cada uno de sus movimientos, buscando en ellos alguna señal decisiva, tal vez el sonido de un martillo determinando una sentencia.
“El puesto de gendarmería está justo del otro lado, por ahí, en línea recta, pero la verdad es que yo nunca fui. La mayoría de los que vienen así como ustedes, intentan cruzar pero después se pierden y tienen que volver.”
Nunca le preguntamos su nombre, era el carabinero de turno la tarde en que llegamos al puesto Chileno del Paso Mayer y, su actitud desinteresada ante todas nuestras dudas e inquietudes sobre aquel camino misterioso, nos hizo comprender de inmediato que Mayer era un paso muy distinto a lo que estábamos acostumbrados. Aún no lográbamos deducir qué tipo de dificultades nos esperaban, pero la sensación era clara e intensa, sea cual sea, nos iba a correr los límites.
Al día siguiente, la mañana despertó nublada y fría. Aún entredormida estiré los brazos por fuera de la bolsa de pluma, y me llevé las manos a la cara. El tacto era áspero, pero eso no me resultó extraño. Acaricie mis labios paspados y subí un poco más hasta llegar a los ojos para frotarlos con fuerza – despertáte Sol, despertáte – repetí para mis adentros batiéndome a duelo con los sueños.
“¿Todavía seguís medio dormida, no?” – me pregunto Javi mientras estábamos parados en la entrada del puesto de carabineros con las bicis cargadas y dos mochilas grandes sobre la espalda. Recién cuando me hizo esa pregunta pude volver a la realidad. Aquella otra parte de mí, mecánica e inconsciente, me había hecho el favor de trasladarme hasta el lugar en donde me encontraba y entendí que ya era hora de hacerme cargo. Abrí grande los ojos y miré por primera vez, lo que no esperaba más adelante:
A lo ancho y largo de todo lo que nos rodeaba se extendía el colosal cause de un río que no era uno sino miles de pequeños y serpenteantes brazos de él. Quise decir algo pero el viento frío me seco la boca que aún permanecía entreabierta, y las palabras quedaron mudas. Estábamos frente a un camino invisible, trazado por ingenieros sencillos y anónimos, que habían ganado sus títulos a costa de pieles curtidas y arreo de animales.

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“Hay un puente de un baqueano. Van a tener que encontrarlo, el rio está muy crecido y ese puente es la única forma que tienen de cruzar.” Esa había sido la última información del carabinero antes de despedirnos, y aquellas palabras no cesaban de reproducirse en nuestras mentes, mientras la vista buscaba algún indicio, huella, minúscula pista, que nos permita descifrar la dirección que debían tomar los primeros pasos. Nada apareció y tuvimos que actuar: nos sacamos las botas y avanzamos descalzos, guiados por una capacidad que había pasado inadvertida a lo largo de nuestras vidas, pero que en ese momento se volvió una herramienta vital para poder continuar, la ilimitada capacidad de la intuición. Al principio, el caminar fue torpe y lento, el tacto frío del agua, la piedras hundiéndose en las plantas de los pies y la inquietante sensación de ir construyendo el camino en cada nueva huella que dejábamos, nos volvía precavidos e indecisos.
“Por acá, Sol, vamos por la izquierda, intentemos subir y agarrar por el bosque”, Javi me hablaba con el agua lodosa tapándole las piernas hasta las rodillas, mientras avanzaba concentrado, analizando el terreno, con la vista atenta en el presente inmediato y los obstáculos a atravesar, pero con la preocupación y la curiosidad intentando anticiparse a lo que vendría más adelante. Así fue como de a poco dejamos atrás el lecho del río para encaminarnos hacia un horizonte de Mallín, donde la marcha se tornó aún más lenta y difícil. La superficie tenía una apariencia de pastos verdes e indefensos, pero bastó con hacer algunos pocos metros para que el terreno se vuelva una especie de arena movediza de barro que nos succionaba con fuerza, transformando cada movimiento en una lucha agotadora.
Tiramos las bicis donde pudimos, y nos separamos en distintas direcciones con el objetivo de encontrar la manera de sortear el Mallín y descubrir alguna otra alternativa de itinerario posible. Y en ese momento fue cuando las líneas del mapa que íbamos trazando se detuvieron de golpe y enloquecieron, creando dibujos incomprensibles que daban vueltas sin sentido de un lado a otro, volviendo la cartografía de nuestro recorrido un disparate de líneas hacia ningún parte.
Después de varias idas y vueltas, trepé entre árboles por una lomada y encontré un rancho deshabitado del que salía una senda que subía en dirección al bosque. Corrí, corrí muy fuerte por ella, con la mirada ansiosa e inquieta de haberla encontrado, deseando profundamente que siga, que no se termine, que sea más que huella, que se vuelva la oportunidad que necesitábamos. Llegué agitada hasta toparme con el bosque donde la senda se volvía más fina y menos perceptible, volví sobre mis pasos y corrí nuevamente pero esta vez en dirección opuesta para buscar a Javi y mostrarle la posibilidad de que la líneas del mapa vuelvan a retomar su rumbo.
Fuimos a buscar las bicis, nos pusimos las botas, y tomamos el camino que finalmente nos internaría en el bosque.

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Relato de un bosque
La ilusión que nos conquistó el cuerpo cuando encontramos el sendero, se esfumó rápidamente apenas recorrer los primeros metros de aquel bosque. Estábamos envueltos en una espesura verde y frondosa. La luz del día se había vuelto tenue y selectiva, iluminando sólo los sectores que esa inmensa arboleda se lo permitía, y dejando todo el resto bajo sombra y humedad.
“Se terminó el camino Sol”, dijo Javi. No fueron palabra dichas a la ligera, antes de que se tome el derecho de pronunciarlas, habíamos realizado un rastrillaje exhaustivo del terreno, llegando una vez más a la única y repetida conclusión con la que habíamos partido y que al parecer nos estaba costando asimilar: en Mayer no hay camino.
Miramos el bosque inquietos, era hermoso y agresivo, me lo transmitían la forma de sus plantas silvestres, las ramas bajas tapando el paso, sus raíces deformes cubriendo todo el suelo. Era uno de esos bosques que inspiran respeto, un rebelde, un ermitaño, un salvaje. “Quizás nos ayude” – le dije a Javi con la mirada hacia arriba apuntando a la copa de un árbol, mientras internamente un deseo ridículo se apoderaba de mis ideas. Ojalá, ojalá pudiera saber de qué forma nos está viendo el a nosotros ahora:
Primero apareció el hombre. Venía algo transpirado y con la mirada alerta. Llegó hasta el tronco de un árbol para apoyar su bici, volvió sobre sus pasos y dio un grito fuerte que me agarró algo desprevenido:-” ¡¡¡Sooool!! “. Al otro lado, abriéndose entre ramas y árboles, una voz de mujer le respondió de inmediato -” Sí, acá Javi… ya voy, ya voy!” . Ambos se movían muy despacio, controlando cada paso que daban como si algo crucial pudiera definirse en ello. Mientras caminaban, no apartaban su mirada de mí, estudiándome minuciosamente de arriba a abajo y de uno a otro lado, con sus ojos grande y abiertos. Por alguna razón yo los ponía nerviosos, era evidente, me tenían un respeto inesperado que hasta llegaba a resultarme algo exagerado y gracioso. Se detuvieron y charlaron. Intenté descubrir qué edad tendrían, parecían jóvenes, pero algunas arrugas en su frente y al costado de los ojos no me dejaban definirlo con exactitud. Los había visto de todas las formas: gordos, altos, musculosos, de edades y colores, pero ninguno de esos factores me parecía relevante. Siempre me habían generado ese inevitable sentimiento de compasión. No debería ser fácil tener la responsabilidad de una vida tan corta… 80 o 90 años con suerte. Por eso, intentaba no juzgarlos, aunque no lograra entender la dualidad de sus actos y esa continua contradicción que los caracterizaba y los hacía llamarse humanos. Tenían miedo, un miedo atroz que los volvía vulnerables y tontos, que los apartaba de las cosas simples y reales para llenarlos de trivialidades innecesarias. Yo creo que le temían a la muerte, a sentirse débiles o vulnerables, por eso necesitaban la arrogancia, llamar la atención sin importar el costo, gritarle al mundo de lo que son capaces haciendo un esfuerzo desmedido por mantener posturas que sólo ellos llegaban a comprender. Yo los veía como pequeños brotes, con apenas unos cuantos siglos en el planeta, creciendo muy lentamente. Unos pequeños y complejos brotes a los que les faltaba más experiencia para lograr entender el lugar que ocupan y, a los que les quedaba un largo camino para llegar a sentirse en paz.

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“¿Y si seguimos por acá, parece que hay una huella marcada después del río? Qué pensás vos?”, le decía a Javi relajada, queriendo ocultar los nervios que se acumulaban en el estómago. Eran las 3 de la tarde y ya habían pasado más de 6 horas desde que habíamos salido del puesto de Carabineros. El avance se hacía cada vez más complejo.
Apoyamos las bicis prestando mucha atención al lugar exacto donde las dejábamos y nos fuimos a buscar opción que nos permita continuar. Después de cruzar varios ríos, seguimos algunas huellas de animales esperando que puedan aportarnos una dirección más concreta del rumbo, pero tampoco funcionó. Estábamos perdidos, dábamos vueltas sin sentido, seguíamos insistiendo, yendo y viniendo de uno a otro lado, pero el tiempo pasaba sin encontrar soluciones. La preocupación se incrementaba y el puente parecía una fantasía inalcanzable. Llegamos hasta un nuevo río y mientras yo me sacaba las botas para cruzar, Javi dio tres saltos rápidos y llegó al otro lado.
“Voy a ver más adelante. Ya vuelvo”, me gritó y se alejó corriendo.
Apenas lo vi desaparecer empecé a desatarme los cordones con mayor prisa. No me gustaba la idea de separarnos demasiado, perderse en ese lugar era mucho más probable de lo que estábamos acostumbrados y teníamos que tener cuidado de no confiarnos más de la cuenta. Javi no lo vio así. Terminé de cruzar el río, lo espere un rato largo y no apareció. Intenté calmarme, convencerme de que llegaría en cualquier momento y aguardé un rato más. Después de 40 minutos, él seguía sin volver. Me puse a gritar pero nadie me respondió, sólo se escuchaba el sonido del río y las ramas de los árboles sacudiéndose por el viento. Un escalofrío penetrante me recorrió el cuerpo erizándome la piel. Caminé hacia donde lo había visto alejarse y seguí la dirección que me pareció más probable. Grité más alto, tomé el silbato de la mochila y lo soplé con fuerza, y seguí gritando:- “Javiii…”. El sonido del bosque me resultó aterrador, no sabía qué hacer. Mi cabeza no dejaba de sacar hipótesis: Y si se perdió?, y si esta lastimado?. Tenía miedo, un miedo distinto al habitual porque era mucho más real y concreto. Intenté recordar exactamente sus últimas palabras: “Ya vuelvo”.

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Nuestro destino podía llegar a cambiar a partir de esa frase. Estaba enojada con él, hablaba sola y en voz alta “cuando vuelva lo mato, cómo me va a hacer esto”: El sonido de mi voz se percibía pequeño e insignificante. ¿Y si no vuelve?, y si realmente le pasó algo? Corrí, corrí hacia ningún lado y grité en un aullido desesperado “Javiiiiii…”
Del otro lado, finalmente apareció su voz:-“Sol, acá estoy”, venía apurado y sonriente. Se acercó y con los ojos brillantes y una sonrisa amplia me informó:-“Encontré el puente”. Yo no sabía si pegarle, abrazarlo hasta que anochezca o dejarme desvanecer para que comprenda el susto que me había hecho pasar. :-“Perdón. ¿Estabas preocupada no?, pero lo encontré, encontré el puente Sol”. Tardé unos minutos en terminar de ahuyentar los fantasmas que me habían gobernado el cuerpo y finalmente lo abrace, feliz de tenerlo conmigo y de que haya podido encontrar el puente.
Mientras regresábamos rápido a buscar nuestras bicis, Javi no dejó de hablar:-“Tuve la seguridad de que lo iba a encontrar, no me preguntés por qué, pero lo sabía, y cuando lo vi no lo podía creer. Igual, mirá que está lejos y hay que atravesar un bosque achaparrado bastante inaccesible para las bicicletas. Pero está ahí, de alguna forma tenemos que llegar…”
A partir de que tomamos las bicis y conseguimos retomar el rumbo hacia el puente, los pasos modificaron su actitud y se volvieron firmes y decididos, bajando y subiendo montañas por rocas y pedregales, atravesando bosques achaparrados, bajos e impenetrables, sin que el cansancio o los obstáculos pudieran resultar un limitante. Íbamos movilizados por el motor más grande que puede darte cualquier aventura que emprendas, la posibilidad de alcanzar el objetivo, la arrolladora emoción de volverla realidad.

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Javi iba por delante abriendo paso. Hizo los últimos metros de bosque hasta llegar a un precipicio, paró de golpe y señaló hacia el rio sin poder disimular el entusiasmo:- “¿Lo ves? Ahí está, llegamos al puente, Sol!!”. Con el cuerpo cubierto de pinches y moretones, me acerqué ansiosa para poder mirarlo por primera vez. Estaba lejos y apenas lo llegaba a distinguir. Tenía el aspecto de un hilo frágil y enclenque, flotando en la inmensidad de la naturaleza. Era el único vestigio del hombre en El Paso Mayer y resistía colgado, meciéndose de un lado al otro, los embates del viento. Fueron apenas unos pocos minutos los que permanecimos parados observándolo, pero fueron los suficientes para que los latidos atenúen su marcha y la inquietud que nos había llevado a las corridas hasta aquel lugar le de paso a la emoción.
“Llegamos Javi! Por fin llegamos!!!”

*continúa en revista 48

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Trekking

Machu Picchu, un trekking al pasado hacia la ciudad de los Incas

diciembre 6, 2017 — by Andar Extremo0

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Los incas, llamados los “romanos de América”, sobresalieron por su arquitectura de líneas trapezoidales, metalurgia con soldadura, red de caminos y unificación lingüística con el quechua. También lo hicieron por su concepción de Estado socialista con la propiedad común de la tierra (aunque la sociedad no era igualitaria) y por el concepto de propiedad privada originada en las recompensas dadas como méritos de guerra. El Estado tenía una estructura piramidal, cuyo vértice lo ocupaba el Inca, hijo del Sol y jefe político, religioso y militar a la vez. Con disciplina y gran sentido de organización, crearon el mayor Imperio y estructura política, antes de la llegada de los conquistadores europeos. Nota en la revista n° 47

Por Tiziana Laborde y Juan Martín Laborde
Fotos Juan Martín Laborde

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El Camino de Salkantay una senda alternativa a Machu Picchu
El trekking a Machu Picchu por el camino de Salkantay empezó al llegar a Cusco, donde pudimos observar restos de los incas mezclados con construcciones de la conquista española. Una salida por los alrededores, nos permitió ver ruinas en excelente estado de preservación como también caminos escalonados, típicos de la cultura.
Salkantay es considerado como una ruta alternativa a Machu Picchu, después del Camino del Inca. Este trekking de 5 días caminando a los pies del Nevado de Salkantay de 6.271 msnm (en quechua “Montaña Salvaje”), es una travesía diferente a la ruta tradicional, y permite apreciar la transformación de paisajes andinos atravesando riachuelos, vegetación de selva tropical, caseríos y tierras de cultivo artesanal hasta legar al Santuario de Machu Picchu.

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Comenzamos a caminar
El trekking se inició desde el poblado, a tres horas de Cuzco. A la mañana, después de un traslado en bus privado hacia Mollepata (2.950 msnm), arribamos para desayunar mientras los arrieros cargaban el equipo en los caballos. Durante el primer día, fue posible recoger vistas panorámicas del majestuoso nevado Salkantay y el Río Apurímac. Pasamos por algunos asentamientos de comunidades andinas y tradicionales como Cruz Pata y Challacancha, donde paramos para el almuerzo, y continuamos caminando por las aldeas de Soraypampa a 3.850 m.s.n.m, donde se levantaba el primer campamento. Luego de una merienda, fue posible realizar una corta caminata a una pequeña laguna de aguas cristalino-turquesas coronada por uno de los glaciares de la cordillera del Vilcabamba y al regreso, pudimos disfrutar de una reparadora cena.
A pesar del frío que nos obligó a ponernos las camperas de duvet, el cielo nocturno en Soraypampa estaba repleto de estrellas y, una vez más, la naturaleza era la gran protagonista.

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Hacia el abra
El segundo día de trekking se inició bien temprano con un entorno aún a oscuras. Los preparativos para la caminata fueron rápidos y lentamente ascendimos desde Salkantay Pampa, a 4.200 m.s.n.m. hacia el Abra, lugar en el que muy pocos andinistas lograron llegar a su cima. Este cerro es famoso por sus constantes e impredecibles avalanchas que han cobrado vidas de varios escaladores.
La pendiente de la marcha se hizo cada vez más inclinada y en algunos casos, fue posible montar a caballo para realizar el agotador ascenso hasta llegar al Abra del Salkantay. Un cartel y las apachetas (piedras agrupadas como marcadores) colocadas por los viajeros, nos indicaron que estábamos a 4.549 m.s.n.m.
Miramos a nuestro alrededor y los glaciares y seracs de hielo que colgaban de los cerros nos parecían cercanos. A unos pasos pudimos llegar a pisar la nieve. También apreciamos otra cara del nevado Tucarhuay, donde disfrutamos de la vista que nos regalaba el Pumasillo a 6.100 m.s.n.m., junto a otras montañas de la cordillera del Vilcabamba.
En ese lugar el viento se hacía constante. Al refugio de grandes rocas dispersas en los alrededores y con el calor del sol, nuestro guía, Elio, compartió una ceremonia ancestral contándonos una historia de hace muchos años, perdida en el tiempo, relatando sobre esas tierras cuando eran parte de un gran imperio.

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La historia nos cuenta
A la llegada de los españoles (año 1532), el Imperio de los incas representaba el punto final de 4000 años de una cultura en desarrollo; proceso que fue paulatino en el que, a excepción de la metalurgia, las técnicas básicas se poseyeron desde la prehistoria. Los orígenes de la civilización se iniciaron en la misma historia del Altiplano (cultura Chanapata que dará origen años después a Tiahuanaco) desde el año 1000, era de las Conquistas Cíclicas con imperios prehistóricos, conseguidos al amparo de una religión de Estado que culminó con la creación del Imperio, hecho más impresionante de toda América indígena con su fundador Manco Capac (año 1200) y Viracocha (1438-1463).
La tradición relata la existencia de trece reyes en sucesión, donde los siete últimos llevaron adelante la conquista del Imperio. La dominación política fue acompañada por la cultural, imponiéndose la lengua quechua, el culto al sol y las costumbres incaicas. Con el fin de controlar los bienes y servicios de sus súbditos, se desplegó un gran aparato gubernamental. La tierra pertenecía al Estado, quien la distribuía lo mismo que al agua, según las necesidades. Se hacía de ella tres lotes: para el templo, para el Estado y para los concesionarios. El lote del templo debía abastecer a los sacerdotes y personas del templo, y las familias de agricultores debían cultivarlo en primer lugar. Luego trabajaban la tierra del Estado y, por último, la que se les había asignado como propia. Los graneros públicos proporcionaban grano a los enfermos y a los que habían tenido malas cosechas. El Estado facilitaba productos de otras zonas lejanas, de modo que el agricultor pudiera hacer uso de lo que no cultivaba directamente. El interés por el bienestar del pueblo, fue considerado como muestra de la benevolencia del socialismo incaico, si bien no significaba que el campesino tuviera un alto nivel de vida.
El Imperio utilizó su potencial humano en grandes obras que incluían además, servicios de correos en las carreteras (chasquis), servicio personal a los nobles, al ejército y a las minas.
Para la seguridad de los chasquis, se estableció una excelente red de carreteras con puentes colgantes. Masas de peones cuidaban de repararlas y existían en ellas postas de refresco para los correos que caminaban con sus quipus y órdenes verbales. Las carreteras eran además, medios de transporte y de guerra. Las comunicaciones por el lago Titicaca, se realizaban con balsas capaces de soportar grandes cargamentos.
La expansión del Imperio fue hasta la muerte de Huaina Capac en 1527, donde comenzó una guerra civil entre sus hijos Huascar y Atahualpa, que utilizaría sagazmente Pizarro en la conquista.

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Descenso a la selva
El trekking continuó en bajada, y con un paisaje que lentamente se iba enriqueciendo de vegetación a cada paso. Pudimos observar cómo los nevados de Vilcabamba nos mostraban una cara diferente a medida que avanzábamos en la ruta.
Dejamos atrás la imponente presencia del nevado Tucarhuay, siguiendo una senda que se dirigía hacia un bosque donde las orquídeas, helechos, mariposas, frondosos árboles y las caídas de agua que se cruzaban por los senderos naturales, nos presentaban una selva. El paisaje cada vez más verde, se apropiaba de las montañas.
El cruce del río Santa Teresa anunciaba la llegada a nuestro próximo destino, Collpapampa, donde la altitud era menor y respirábamos más profundo. Dejamos atrás los nevados, y el bosque nos recibió. Era hora de descansar después de una caminata muy extensa, y la noticia de las cercanas termas calientes de Santa Teresa, era una para el cuerpo.
Al día siguiente, nos adentramos en el bosque hasta tomar el Camino del Inca, que nos conducía en un lento ascenso al complejo de Llactapata. Nos sorprendió una lluvia que por momentos, se hizo intensa. Luego de dos horas, el sol se dejó ver entre las nubes que se disiparon y, en la parte más alta del cerro, logramos divisar el Huayna Picchu y la ciudadela. También pudimos ver lo que llaman “la espalda del complejo inca”, otra mirada y otro camino para llegar a nuestro gran destino final: Machu Picchu.
Continuamos el descenso hasta llegar a la hidroeléctrica. Dejamos atrás los senderos recorridos para caminar durante dos horas y media, rodeados de montañas, ríos y bosque a la vera de las vías del tren por un sendero que conducía al pintoresco pueblo de Aguas Calientes.

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Llegada a Aguas Calientes y visita a Machu Picchu
En Aguas Calientes la actividad empezó muy temprano y, luego del desayuno, nos dirigimos a conocer Machu Picchu. Como su nombre lo indica en la lengua quechua, Machu Picchu (Montaña Vieja) es el nombre que se da a un antiguo poblado andino construido antes del siglo XV en el promontorio rocoso que une las montañas Machu Picchu y Huayna Picchu en la vertiente oriental de la cordillera central. Se encuentra al sur del Perú y a 2490 msnm de altitud de su plaza principal. Su nombre original habría sido Llaqtapata, y era una parte de una región de gran movimiento económico en tiempos de Pachacútec, integrado a la red de caminos del Imperio. Usando estas vías se puede, hasta hoy, acceder a otros complejos cercanos que revisten de gran interés. Al norte, por las bifurcaciones del camino de Huayna Picchu, se puede llegar al llamado Templo de la Luna o a la cima de la montaña donde existen construcciones incaicas. Al oeste, está el camino que lleva a Intipata y pasa por el famoso “puente removible”. Otro camino, por el que ascendió Agustín Lizárraga, lleva hasta el río y a San Miguel.
Al sur, se encuentra la ruta más conocida y principal de todas, que es la ruta de trekking más popular del Perú. El camino inca a Machu Picchu es un recorrido de entre tres y cuatro días que atraviesa lo que, a fines del siglo XV, fue la principal ruta de acceso, y que empezaba en el complejo de Llactapata, pasaba por los centros ceremoniales de Sayacmarca, Phuyupatamarca y Wiñay Wayna, terminando en el tambo de Intipunku o ingreso a los dominios de Machu Picchu.

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Caminando por las ruinas
Elio, nuestro guía, nos condujo a un mirador apartado, y comenzó su relato sobre el lugar:
“Según documentos de mediados del siglo XVI, Machu Picchu habría sido una de las residencias de descanso donde las construcciones y el evidente carácter ceremonial de la principal vía de acceso a la llaqta dan cuenta de su origen anterior a Pachacutec y a su presumible utilización como santuario religioso. Ambos usos, el de palacio y el de santuario, no habrían sido incompatibles. Los andenes (terrazas de cultivo), de Machu Picchu lucen como grandes escalones construidos sobre la ladera. Son estructuras formadas por un muro de piedra y un relleno de diferentes capas de material (piedras grandes, piedras menores, cascajo, arcilla y tierra de cultivo) que facilitan el drenaje, evitando que el agua se acumule en ellos (debido a la gran pluviosidad de la zona) y se desmorone su estructura. Una ciudad de piedra construida en lo alto de un “istmo” entre dos montañas y dos fallas geológicas, en una región sometida a constantes terremotos y copiosas lluvias todo el año, supone un reto para cualquier constructor: evitar que todo el complejo se desmorone. Según Alfredo Valencia y Keneth Wright “el secreto de la longevidad de Machu Picchu es su sistema de drenaje”. En efecto, el suelo de sus áreas no techadas, está provisto de un sistema de drenaje que consiste en capas de grava (piedras trituradas) y rocas, para evitar la acumulación del agua de lluvias. Los 129 canales de drenaje se extienden por toda el área urbana, diseñados para evitar salpicaduras y erosión, desembocando en su mayor parte en el “foso” que separa el área urbana de la agrícola, que era en realidad el desagüe principal de la ciudad. Se calcula que el sesenta por ciento del esfuerzo constructivo de Machu Picchu estuvo en hacer las cimentaciones sobre terrazas rellenadas con cascajo para un buen drenaje de las aguas sobrantes.”

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Redescubriendo Machu Picchu
Hiram Bingham, un profesor estadounidense de historia interesado en encontrar los últimos reductos incaicos de Vilcabamba oyó sobre Lizárraga a partir de sus contactos con los hacendados locales. Fue así como llegó a Machu Picchu el 24 de julio de 1911 guiado por otro arrendatario de tierras, Melchor Arteaga, y acompañado por un sargento de la guardia civil peruana de apellido Carrasco. Encontraron a dos familias de campesinos viviendo allí: los Recharte y los Álvarez, quienes usaban los andenes del sur de las ruinas para cultivar, y bebían el agua de un canal incaico que aún funcionaba y que traía agua de un manantial. Pablo Recharte, uno de los niños de Machu Picchu, guió a Bingham hacia la “zona urbana” cubierta por la maleza. Si bien es claro que Bingham no descubrió Machu Picchu en el sentido estricto de la palabra (nadie lo hizo dado que nunca se “perdió” realmente), es indudable que tuvo el mérito de ser la primera persona en reconocer la importancia de las ruinas, estudiándolas con un equipo multidisciplinario y divulgando sus hallazgos. El reconocimiento es importante, pese a que los criterios arqueológicos empleados no fueran los más adecuados desde la perspectiva actual y, pese también, a la polémica sobre la más que irregular salida del país del material arqueológico excavado (al menos unas 46.332 piezas), que recién en marzo de 2011 comenzó a ser devueltas al Perú.

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En el presente
Machu Picchu es considerada al mismo tiempo una obra maestra de la arquitectura y la ingeniería. Sus peculiares características arquitectónicas y paisajísticas, y el velo de misterio que ha tejido a su alrededor buena parte de la literatura publicada sobre el sitio, lo han convertido en uno de los destinos turísticos más populares del planeta. Actualmente, se encuentra en la Lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1983, como parte de todo un conjunto cultural y ecológico conocido bajo la denominación Santuario histórico de Machu Picchu. El 7 de julio de 2007 fue declarada como una de las siete maravillas del mundo moderno en una ceremonia realizada en Lisboa (Portugal), que contó con la participación de cien millones de votantes en el mundo entero.
Hay que considerar que este trekking y Machu Picchu, están destinados a interactuar con sus visitantes en un proceso que ocurre a medida que desandamos el camino e incorporamos la idiosincrasia de aquella cultura que, por momentos, podemos ver intacta al costado de una senda, o en algún rincón de las calles empedradas de Cuzco. Nos preguntamos si ésto también está destinado a desaparecer… no se sabe si viviremos lo suficiente para ser testigos de su destino, pero tarde o temprano esperamos poder aprender del pasado y de su relación de respeto hacia la naturaleza, que nos permita hacer de este planeta un mejor lugar donde convivir con el resto de sus integrantes.

Nota: los datos históricos sobre Machu Picchu no provienen de la memoria de los autores sino que fue necesario consultar varios textos sobre el tema para una mejor descripción.

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Exploracion

SOÑAR OIR VIVIR, el comienzo de un viaje interminable

diciembre 4, 2017 — by Andar Extremo0

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El destino de una familia que se animó a vivir en un Motorhome de 1978, en donde la idea primaria es recorrer desde Ushuaia hasta Alaska.

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Nacho es un tipo alegre, siempre positive vibrations, montañista, y ex dueño de una pequeña tienda de montaña llamada “Matna” en Capital federal, pero un sueño desde siempre le rondo por la cabeza, otro tipo de vida era posible. Sus ídolos la “Familia Zapp” fueron el motor de su propia historia. Y porque no vivir viajando!!!???. Y si!!!, son una familia que decidió cumplir su sueño!! El sueño de andar por el tiempo que el universo lo desee!!!
Pero en el medio de idealizar ese sueño, Nacho y Gisela tuvieron a Jazmín, una hermosa beba que para que pueda tener todos los sentidos que esta vida nos da y pueda disfrutar al máximo, tenían que hacerle un implante coclear.
Años y años de idas y vueltas, notas en los medios y la lucha de dos padres guerreros que querían lo mejor para su hija. Y al fin, luego de varios años Jazmín tuvo sus implantes y pudo escuchar.
Esto profundizo más el proyecto Soñar Oír Vivir. “Soñar y Vivir” depende de ellos y Oír de la tecnología de implantes cocleares con la cual Jazmín puede escuchar.
El miércoles 6 de diciembre parte esta nave de energía positiva hacia el mundo, repasemos los integrantes: “Jazmín” su hija de 3 añitos y medio, el hijo cuadrúpedo “Marley”, Mamá “Gisela” y Papá “Nacho”!!!
Pura Vidaaaaaaa! , chicos como dice Nacho, el universo conspirará a su favor, esperemos pronto noticias de ese viaje alucinante que seguramente ustedes van a ser el motor de futuras historias.

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Montañismo

MARIANO GALVÁN POR SIEMPRE

diciembre 4, 2017 — by Andar Extremo0

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LA GRAN CUMBRE DE TODAS LAS CUMBRES El más puro montañista, el hacedor de 7 ochomiles, el tipo simple que hizo historia, un homenaje al gran escalador argentino.

Por Carlos Eduardo González
fotos  Alejandra Melideo y Mariano Galván

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Mariano Galván y Alberto Zerain sufrieron un accidente el 24 de junio rumbo a la cima del Nagna Parbat, por la arista Mazeno, donde un alud mostraba en el dispositivo de rastreo un descenso de 200 metros. Desde ese día, y luego de diferentes avistajes del área en helicóptero y una patrulla de rescate mandada por los familiares de Mariano, aún no se tienen noticias de los montañistas. Aquí, un homenaje de Alpinismo On Line y la palabra de muchos seres que conocieron a este genio de las montañas.

Las voces se apagan sobre la montaña desnuda. Se apagan las luces, se enciende el silencio, al compás de un viento condescendiente. Un viento que baja, medita y se eleva entre aristas y espolones, entre grietas y pendientes. Un viento que transmite toda la fuerza y conocimiento de dos espíritus, a la esencia de la montaña.
Luego, un instante, un momento miserable donde caen las palabras, las risas, llantos y suspiros del momento anterior. Ese instante que dicta la montaña, donde ya no hay nada más que hacer, sólo someterse a su voluntad y ver cuáles son sus planes.
Esas dos siluetas que discurren entre sombras un poquito más abajo de la arista. Dos siluetas que desandan el camino hacia la gloria, la que está mucho más alta que la simple cumbre de una montaña. La gran cumbre de todas las cumbres.
Y a ambos lados, pared. Una pared fría y cómplice que no admite ningún tipo de reclamo más que sus propias exigencias, que no entiende de afectos y cordadas, de sueños ni de ideas extravagantes. Una pared que convierte un simple sendero a un objetivo, en un camino hacia la eternidad.

Ascenso al Manaslu
Ascenso al Manaslu

Mariano nació un 17 de marzo de 1980 en la ciudad de Trelew. Vivió toda su niñez y juventud en su ciudad, donde cursó sus estudios secundarios en la Escuela Nacional de Educación Técnica (ENET N°1), recibiéndose de Técnico electro-mecánico. También fue técnico universitario en electro medicina de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, en Olavarría. Todos estos conocimientos le dieron la posibilidad de desarrollar su trabajo y poder dedicar su esfuerzo en pos de su gran pasión: la montaña.
En este sentido, se convirtió en guía de Alta Montaña en la Escuela Provincial Valentín Ugarte de guías de trekking y de alta montaña de Mendoza, cuna de grandes montañistas argentinos. También realizó varios cursos como el de rescate en Zonas Agrestes en mayo de 2010, que lo convirtió en Rescatista líder, o el de Rescate en ambientes verticales, en 2009, y en zonas agrestes, primeros auxilios, RCP, buceo y vuelo en parapente.
Sus comienzos no fueron precisamente en la montaña. Entre 1998 y 2004 realizó diversas tareas relacionadas a la carrera que había estudiado en las provincias de Chubut y Santa Cruz efectuando diversas reparaciones e instalaciones eléctricas, de equipos médicos, computadoras y luminarias de altura, su primer vínculo con esta palabra que tanto y tanto guardaría relación por el resto de su vida.
Ya dentro de la actividad de montaña, entre 2005 y 2006 realizó trabajos de trekking con rapel, Canopy para Argentina Rafting en Potrerillos. En el verano de 2005/06, comenzó sus trabajos de porteador para Aconcagua Experience de Eduardo Soler y un año después se unió a Fernando Grajales en la misma tarea.

Ascenso al Broad Peak
Ascenso al Broad Peak

“Lo más importante son los principios que mueven tus pies

El invierno de 2007 lo sorprendió realizando tareas en el Ski Rentall del centro de Ski La Hoya. Esquel, y al verano siguiente trabajando como asistente de guía de montaña para la empresa Aymara. Fue recepcionista en las Leñas para el Hotel Acuario y realizó Transfer entre los hoteles, para Virgo. También fue porteador y asistente de guía de montaña para Aconcagua. Instructor de ski de niños de 3 a 11 años en el centro La Hoya, para la empresa Frontera Sur.
Llega la temporada 2009/10 y realizó guiadas, asistencia y porteos para ALESA. en Aconcagua. Para ese invierno, fue ayudante de pistero socorrista en el centro de ski Valdelen, en Rio Turbio, dictando además clases de ski a niños en el centro de ski La Hoya en Esquel. En verano, trabajó como guía de montaña y porteador para Aventuras Patagónicas y un año después nuevamente para Aymará, tras lo cual se trasladó a Alaska, para desempeñarse como Guia de Montaña. Desde entonces hasta este mismo año, trabajó para Aymará y Alpine Ascents International.
En abril de 2015 realizó el rescate del cuerpo del andinista indio Malli Mastan Babu, en el Nevado Tres Cruces.
Pero fue el Aconcagua la más querida. Era su montaña. El mismo nos dijo en una entrevista que tuvimos el año pasado: “Aconcagua es mi primer amor y la mejor escuela con la que he podido pensar”.Fueron veinticuatro cumbres. Diez por la normal, una por filo sureste, una de las más complejas. Dos por Glaciar de los Polacos desde el campo base Plaza Argentina. Una nueva ruta, Los Porters, compleja. El broche de oro: escalada en solitario de la Pared sur, convirtiéndose en el primer sudamericano en lograrlo en solitario y en 34 horas.

Ascenso al Broad Peak
Ascenso al Broad Peak

También tenemos El Plata, Vallecitos, Mirador, Pirámide, Ameghino por normal y sur (d+), Ibáñez, Cuerno, Rincón, Platita, Cerro Negro, Lomas amarillas, Canal de Thomy, Lanin, Yanapacha (Perú), Pissis, Chani, Denali y sus grandes logros de Himalaya: Island Peak, Lobuche, Everest, Lhotse, Gasherbrums (ambos), Broad Peak, Dhaulagiri, Manaslu e intentos al Cho Oyu y K2.
Y luego, la historia conocida en su relación con la montaña desnuda. Esa montaña tan bella, tan hermosa y atrapante que desvela al montañista, lo atrae, lo incita a caer en sus dominios. Un dominio extravagante que lo envuelve en un sopor muy particular hasta que te atrapa. Y una vez que esto sucede, te sometes inexorablemente a su voluntad.

Cuantas historias de conquista ha tejido a lo largo de los tiempos el Nanga Parbat.
Un lienzo de Rudolf Schlagintweit allá por 1854 dejó ver la existencia de la montaña, que para aquellos tiempos, ni se pensaba siquiera en ese nombre. Rudolf era oriundo de Munich, y llevó la existencia del Nanga Parbat a los ojos de Europa. Tres años después de esto, Rudolf moría asesinado en Kashgar, dando comienzo de esta forma a la maldición del Nanga Parbat.
No fue hasta 1895, en que el británico Albert Frederick Mummery se lanzó en busca de la montaña. En aquella oportunidad, logró llegar hasta los 7000 metros sobre la vertiente del Diamir. Eso fue lo último que hizo Mummery, ya que desapareció junto con dos sherpas, tras un alud.

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El Nanga Parbat es cierto, goza de una tradición nefasta al momento de su conquista. No es nada nuevo, estos dos casos, los primeros que enumeramos, forman parte de una larga lista de desavenencias en el ochomil más cruel, si se quiere. Pero bueno, ella no tiene la culpa, ella no invita a nadie, son los mismos aventureros los que son cautivados por ese “no sé sabe qué” atractivo que solo fluye en cada uno de nosotros con el simple hecho de mirarla. ¿Quién no se vio cautivado por su figura? No es nada nuevo eso.
Pero bien, muchas historias pasaron, muchos dejaron sus vidas en ella, hasta que un señor muy chiquitito, el 3 de Julio de 1953 a las 19.10 pisaba por primera vez su cumbre y dejaba boquiabierto a todo el mundo del montañismo de aquél entonces, que no era el de ahora, por supuesto. Su logro se fue fortaleciendo con los años. Tiempo de Hermann.
Y se siguieron tejiendo historias, de las buenas y de las no tanto, con predominio de estas últimas. Hasta fue escenario de un atentado hace tan sólo cuatro años, algo increíble para el mundo de la escalada.
Todo esto que acabamos de contar enaltece la epopeya de Mariano Galván y Alberto Zerain. Ellos tenían muy claro donde estaban yendo y mucho más aún en lo que se refiere a su peligrosidad. Y Mariano, en especial, tenía muy claro que la aclimatación constituía una pieza fundamental en todo esto y que era una montaña con mucho riesgo de avalancha.

Ascenso al Gasherbrum
Ascenso al Gasherbrum

“Un tipo simple y libre que desde su pasión hizo historia”

Palabras

Leo Ljungberg, Jujuy Andino Club de Montaña:
“En el 2016 pude compartir unas horas con Mariano, ya que dio una charla en Jujuy, en esas horas hablamos de la vida.. de cumplir sueños.. me contó anécdotas de la madre y de cómo lo esperaba su sobrina.. la verdad un gusto conocerlo así.. en la simpleza del ser humano.. para mí un ídolo..”

Jorge López, CAM Salta:
“Mariano visitó el CAM-Salta en dos ocasiones, la segunda en Junio 2016. De lo vivido en estas dos ocasiones nos queda el fresco recuerdo de un inquieto “de” y “en” la montaña, generando un estilo particular de ascenso, sintiéndose uno con la montaña de tal manera que “ella” no se diera cuenta que alguien la subía. Su personalidad llana, fresca, directa permitía conocer a un Mariano que, libres de ataduras y prejuicios había encontrado en esta actividad una particular manera de ser y de existir. Contagioso, dinámico, con su conversación permitía caminar -de alguna forma con él- por las montañas por donde había estado. En cierta forma, él traía la montaña y nos llevaba a la montaña. Gracias a esta forma comunicativa no sólo ilustraba sino que llevaba a quien lo escuchara. Por eso, el montañismo argentino pierde físicamente a un gran representante y referente. En alguna medida, quizás nos dejó la posta para continuar llevando la bandera argentina a las máximas alturas.”

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Mauricio Bernardo Bianchi, Andinautas y Club Andino San Luis:
“El milagro no ocurrió, tu cuerpo descansa en una lejana montaña pero tu espíritu sin dudas recorrerá muchísimas, tal como lo hiciste en esta vida terrena. Eso sí… seguirás marcando a quienes te conocimos y admiramos tu simpleza, honestidad, transparencia y humildad para compartir -vos que has sido un grande de esta actividad- con quienes simplemente nos apasiona y somos aficionados, la gran vocación por compartir, difundir y contar sobre tus andanzas sin creerte por eso que “eras más”… (algo que muchos que apenas subieron una loma o transitan siempre los mismos senderos deberían aprender). Vos fuiste grande y explicaste muchas veces que la montaña “es para todos”, cada uno en su medida y sus posibilidades, pero lejos de ser elitista (y eso que vos si integrabas una auténtica elite!) siempre tu mensaje fue que “todos disfruten” en la medida que puedan. Gracias Mariano no tanto por lo que hiciste en el montañismo sino porque no lo hiciste sólo para vos… tuviste la grandeza de compartirlo sin egoísmos, sin vedetismos y siempre con sonrisas, buena onda y mate de por medio, así de sencillo. Así pudimos conocerte los “Andinautas” y así te recordamos. Sin dudas el montañismo argentino te va a extrañar. Un abrazo de cumbre.”

Nicolás Unsain, Club Andino Córdoba:
“Durante sus charlas en el Club, Mariano no solo nos contaba los pormenores técnicos de las expediciones, que en alguien con su estilo de escalada tiene y muchos. Mariano también nos invitaba a conocer lo que le pasaba por dentro, sus pasiones, sus miedos, sus reacciones. La manera que tenía de transmitir sus experiencias se transformaron entonces en espacios de aprendizaje para todos nuestros socios. No sólo nos íbamos de sus charlas con información sobre un ascenso monumental; nos íbamos a casa “movilizados”. Muchos de nuestros socios ya han levantado la vista para poner su próximo objetivo un poco más alto. Estoy convencido que gracias a esas ganas de compartir, su corto paso por nuestras vidas ya han calado hondo en la próxima generación de alpinistas y tendrá una larga y extendida vigencia. Mariano seguirá entre nosotros gracias a todo esto y al invaluable material fílmico que sólo la generosidad de los grandes pudo haber generado y divulgado de la manera que él lo hizo. El Club Andino Córdoba, en representación de nuestros socios, hace llegar nuestro más sentido pésame a toda la familia de Mariano Galván y Alberto Zerain.”
Marcos Daniel Bustos, Club Andino Rio Cuarto:
“Mariano vino a Río Cuarto a dar charlas presentado sus ascensos en cuatro oportunidades. Nosotros hace tres años estábamos armando y fundando nuestro Club Andino Río Cuarto y el colaboró siempre. Dictó un par de cursos de hielo. En 2016 lo nombramos socio honorario del club. Mariano es un amigo personal mío y en muchísimas oportunidades pasaba por casa y se quedaba un par de días y siempre que se podía comíamos un asadito en el club. En 2016 llevó la bandera del Club al Dhalaugiri. Sin duda un amigo de la casa.”

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Ricardo Birn:
“Me han pedido escribir unas líneas sobre vos Mariano. ¡Tendría tanto para decir! Decidí hacerlo como si te tuviera al frente, como hace poco tiempo en las largas charlas en el campo base del Everest, en donde compartimos 45 días muy intensos. La primera expresión es GRACIAS no sólo por todo lo que me enseñaste del montañismo, sino también, por las vivencias fuera de ese ámbito, por tu amistad, por las largas charlas confesándonos nuestros sueños y las maneras de encararlos, respetando y aceptando los criterios que cada uno teníamos para transitar los caminos de la vida. En cada visita a Córdoba mi casa fue tu casa, y mi familia también aprendió a quererte. Recordaremos siempre con mucha ternura tus horas de juego con mi hijo Simón, el, pudo sacarte el niño que tenés adentro y que escondes detrás de esa imagen de rudo montañero. Si bien nuestra amistad comenzó hace pocos años, en el 2013 en Alaska cuando escalamos juntos el Denali, pero como se dice, convivir un día en la montaña es como hacerlo un año en fuera de ella, por eso durante estos años nos permitimos relacionarnos como si nos conociéramos de toda la vida. GRACIAS por ayudarme a planificar mi expedición al Everest y por ser el guía de todo el grupo que me acompaño hasta el campamento base. La idea de la muerte nunca paralizó tu manera de encarar cada desafío, priorizando la manera de vivir y no la cantidad de vida. Aunque esa posición hoy no nos permita realizar todos los planes que teníamos para hacer juntos, te banco igual que siempre. Quedarán pendientes para más adelante, cuando volvamos a reencontrarnos. ¡Hasta siempre amigo!”

Carola y Gonzalo Rivarola, Garmont:
“Mariano era ante todo un espíritu generoso. Generoso en su sonrisa franca y alegre, que le subía por la cara para perderse en su mirada. Generoso en su forma de querer a sus amigos, de estar a pesar de la distancia, de hacerse presente y hacerte sentir que apenas hacia un momento se había ido para volver con mil anécdotas de todo lo vivido, de todo lo alcanzado, de todo lo logrado. Sin vanagloriarse jamás, con esa actitud humilde como de quien agradece la gracia que se le otorga en cada cumbre. Nunca creyéndose distinto, mientras quienes lo veíamos teníamos tan claro que lo era. Generoso en la montaña con quienes lo necesitaban, siempre dispuesto a arriesgarse por otros como en tantos rescates. Generoso en transmitir esa pasión inmensa y contagiarla a quienes quisieran aprender y acercarse a vivir la montaña como él solo sabía, sin reparos, sin medida, de total entrega. Era su forma de honrar su oficio, del que estaba orgulloso. De su ser montañista y porteador. Generoso en su total desprendimiento. Sus posesiones eran unos cuantos petates que desparramaba religiosamente por toda nuestra casa antes, durante y después de cada expedición y lo poco que guardaba en su nueva casa. Esa casa que también lo tenía como todos nosotros, de paso. Su mundo interior era en contraposición infinitamente rico, compuesto de amaneceres infinitos, vivencias compartidas, era un mundo de filos y valles, de roca y de nieve, de espolones y glaciares. Su mundo era la montaña que nos lo devolvía de tanto en tanto para que lo disfrutáramos un ratito nomas. Hasta que un día nos lo reclamo para siempre. Lo que nos sostiene a todos de no caer en el abismo de la tristeza es el brillo de su mirada cada vez que nos contaba sus planes futuros o el último ascenso a la cumbre y esa infinita sonrisa que tan generosamente nos prodigaba en cada abrazo de bienvenida o despedida. Ese abrazo que ahora nos falta. ¡Cómo te vamos a extrañar! “

Ascenso al Gasherbrum
Ascenso al Gasherbrum

Allie Pepper, última compañera de escalada en Lhotse 2017
“Conozco a Mariano desde hace diez años, tanto en Argentina, guiando en Aconcagua, como en Himalaya. Tuve la suerte de tenerlo como compañero en Lhotse, esta última temporada de primavera en Nepal. Compartimos un viaje de cinco semanas con varios ascensos, incluyendo el Lobuche East, en un día perfecto con increíbles vistas de 360 grados. Siempre estábamos haciendo bromas y nos reíamos hasta llorar de la risa. También hubo momentos difíciles, porque yo enfermé durante doce días. En ese tiempo, nos hicimos amigos más cercanos y aprendimos mucho sobre cada uno de nosotros. Mariano fue uno de los escaladores más apasionados y motivados que he conocido. En una corta carrera, tuvo muchísimos logros, y no sólo fue una inspiración para mí, sino también para muchos. Su actitud positiva era contagiosa, le encantaban las aventuras en las montañas y le encantaba ayudar a otros a alcanzar sus sueños. Como amigo, quería ayudarme a alcanzar mi objetivo en Lhotse sin oxígeno suplementario, aunque él ya lo hubiese conseguido antes. Era generoso con su tiempo y su energía y, a su vez, tenía amigos en todo el mundo. Muy respetado entre la élite por su gran experiencia. Muchas personas le pedían consejos incluyendo a montañistas en carrera por 14x8000m. Mariano se extrañará mucho más de lo que las palabras puedan expresar. Continuará inspirando a la gente a vivir su vida al máximo y a perseguir sus sueños sin miedo, como él lo hizo.”

Fernanda Insua:
“En qué crees?” Me preguntaste. Creo en vos y en tu magia, te contesté. “Eso nos define”, me dijiste. “Cómo vivirías si supieses que en cada cosa que haces te va la vida? Las harías de diferente forma?” No elegiste el camino más fácil, el de la rutina; no te dejaste arrastrar por el flujo perverso de esta sociedad ni te abandonaste a la facilidad de la indecisión. Has hecho lo que otros nunca jamás nos hubiésemos atrevido a hacer o soñar y por tanto has conseguido lo que otros nunca tendrán, haz visto y sentido intensamente la belleza de los caminos andados bajo tus propios principios y te has vuelto sabio y reflexivo, una alma antigua en un cuerpo joven y fuerte.
Siempre admiraré tu nobleza, haciendo el bien y ayudando a otros sin más recompensa que la plenitud interior y la tranquilidad de haber dado lo mejor.
Siempre me inspirará tu corazón valiente y humilde, ese que te llevaba año tras año a llevarle flores a tu amada montaña, poniendo a prueba tus creencias, buscando nuevas preguntas y ensayando nuevas respuestas o simplemente intentando encontrar una paz que provenía de tu respetuosa contemplación e interacción con la naturaleza.
Siempre admiraré tu generosidad y tu voluntad extraordinarias, tu obsesión por los detalles (“en ellos se me va la vida y la de mis clientes”) y tu perseverancia infinita.
Sé que te veré en la sonrisa de un niño cualquiera y te sentiré en la brisa de una mañana cualquiera. Te oiré en la melodía de una canción cualquiera y te tocaré a través de un abrazo cualquiera. Porque estarás presente en todo lo cotidiano, en todo lo común, para volverlo extraordinariamente único e intenso… Gracias por haberme hecho partícipe de tu vida, un verdadero privilegio haber compartido tantos momentos inolvidables con un ser luminoso e inspirador. Que tu espíritu vague libre e indómito, que nos siga enseñando a ir más allá de nuestros límites, que nos obligue a arriesgar, que nos empuje más cerca de nuestros sueños y nos despierte a vivir una genuina libertad.

Al partir al Everest con Gonzalo Rivarola
Al partir al Everest con Gonzalo Rivarola

Marcos Ferrer, Andar Extremo:
“Lo voy a extrañar mucho… siempre cuando terminaba un expedición nos encontrábamos para una charla o para hacer una nota y nos reíamos muchos, un tipo con convicción que desde la simpleza y su pasión llego a hacer lo que hizo. Siempre me lo imagine en una mecedora de viejito contándoles sus historias a sus nietos, dejó una huella profunda en mucha gente. Es un ser libre, la libertad es así, hay que volar.”

Carlos Eduardo González, editor de Alpinismonline Magazine
Yo no tuve oportunidad de conocer a Mariano personalmente, pero si a través de su actividad en la montaña, desde hace tiempo. Gracias a una persona muy cercana a él, pude conocerlo más, acercarme, inclusive entrevistarlo a distancia, y durante estas últimas semanas vivir la tensión y preocupación generada por los acontecimientos, que solo despertaron en mi la necesidad de guardar silencio a través de este medio, como una forma de respeto.
Aparte de cumplir con la humilde misión de informar y llevar la montaña a todos quienes aman esta actividad y mucho más aún a quienes aún no tienen despierto este sentimiento, también suelo hacer otro tipo de composiciones. Va entonces aquí mi pequeño presente para Mariano, que yo sé que él va a recibir, esté donde esté, de la misma forma que recibe los mensajes de sus amigos, de su gente.

Aire

MICHEL GUILLEMOT, PARAPENTE. PRIMER ARGENTINO EN EL TOP TEN MUNDIAL

noviembre 29, 2017 — by Andar Extremo0

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Michel Guillemot vuela desde muy pequeño, y ha logrado ser el primer argentino en lograr un top ten en la historia. En una linda charla, nos cuenta cómo fue competir en el campeonato mundial de parapente en Monte Avena Italia.

Por Andar Extremo, entrevista a Michel Guiilemot
Fotos gentileza FAI

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Cómo te inicias en el mundo del parapente?
Vuelo desde los 11 años, ahora tengo 31. Nací en Tandil, provincia de Buenos Aires, y cuando era chico mi viejo se vino a vivir a La Cumbre, Córdoba. En uno de los viajes que lo vine a visitar, fui a Cuchi Corral que es la meca del parapente en Argentina. Está a unos 15 km del centro de la cumbre y forma parte del valle de Río Pinto. Fui como cualquier turista. Tenía 9 años en ese entonces, y vi unos parapentes volando, entonces lo volví loco a mi papá para que me llevara a un vuelo biplaza. Me llevaron, y desde ese momento no me importó nada más, sólo quería volar. Iba a la escuela mirando el cielo por la ventana del transporte a ver si estaba lindo para que, cuando saliera, alguien me llevara. Cuchi Corral tiene un desnivel de 400 metros y una altura de 1100 msnm. En ese lugar, se vuela hace como 30 años y se pude llegar a los 4000 metros de altura. Creo que a nivel mundial es el despegue más conocido de Argentina. A los 10 años hice el curso y a los 11 ya volaba solo. Fui la primera persona de tan pequeña en volar en parapente y uno de los más chicos del mundo.

Vuela mucha gente en Cuchi Corral?
Por día volarán 15 pilotos, y los fines de semana tenés 200 personas mirando. De hecho, las dos actividades turísticas que tiene la cumbre son el parapente y el golf

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Qué decían tus padres al verte volar tan pequeño?
Ellos me apoyaron desde el principio, principalmente mi madre que ya no está, falleció hace 3 años, y fue mi principal motor. Necesité desde un principio de su apoyo, primero para que me dejen hacer la actividad teniendo que hacer una autorización legal, firmada ante escribano, porque ningún instructor quería tomar esa responsabilidad, y segundo, por una cuestión económica. Terminé haciendo mi primer vuelo con Pablo Duich en Iquique, Chile, el 25 de julio de 1997 a las 9:15 de la mañana. Ahora, ya cumplí 20 años de vuelo. Inicié en un lugar que tiene condiciones inmejorables, se despega en unas dunas de arena con brisa de mar, bien laminara, uno de los mejores lugares del mundo para aprender. Aún hoy, después de tantos años, mi padre no va a los campeonatos porque le da miedo. Incluso ahora, que estoy entre los mejores 10 del mundo y gané muchísimos campeonatos argentinos me dice:- si fueras chico y te tuviera que dejar volar, no lo haría.

Qué pensaban tus compañeros del colegio al verte volar?
Era muy gracioso, porque en la escuela entraba a las 8 de la mañana y salía a las 5 de la tarde, y mientras que los nenes tomaban la merienda o jugaban con los jueguitos, yo iba al aeroclub a inflar el parapente o le pedía a mi papá que me llevara rápido a Cuchi Corral a ver si podía hacer algún vuelo. Lo pude empezar a compartir después. Cuando tenía 14 años llevé a mi primer pasajero que fue Hernán Vacola, y que era piloto de parapente. Era raro, yo escuchaba a la mayoría de los padres de mis amigos que decían que mis padres estaban locos, pero entendía que así como a algunos les gustaba jugar al fútbol o al tenis, a mí me gustaba volar. Este deporte me dio la posibilidad de conocer un montón de lugares en el mundo y buena gente, que es lo que te nutre también.

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“Si bien compito profesionalmente, para mí no deja de ser un juego, no me vuelvo loco por competir, lo disfruto, la esencia es aprender, compartir y pasarla bien”

Qué pasó por tu cabeza en el primer vuelo solo?
Fui a Iquique con mi mamá, y el instructor me dijo que vaya con mi equipo, que iba a ver cómo inflaba el parapente y, si estaba en condiciones, me hacía volar. Ya venía hacía un año haciendo el curso de parapente en la cumbre y aquí no se animaban a que vuele solo, por eso fue la decisión de ir a Chile. Cuando llegué, inflé el parapente tranquilo, ya que practicaba continuamente. Mientras tenía el parapente inflado, me tenía agarrado y de repente me dijo:- estás seguros que querés volar?. Yo le dije:- sí!. Me acompañó hasta el borde de la montaña, y salí. Desde allí me siguió por la radio, transmitiéndome tranquilidad. El primer vuelo es muy básico, es más que nada despegue y planeo recto hacia delante. En el aterrizaje me esperaba otro instructor que me iba guiando porque era difícil de calcular. Día tras día hice distintos vuelos y fue una sensación tremenda. Estaba volando solo, dependía de mí porque allí mis papás no me podían decir nada, ninguno sabía volar…me sentía muy independiente. Cuando aterrice en el primer vuelo, pensé cómo llegar lo más rápido al despegue, para hacerlo de nuevo.

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A partir de allí, cómo fuiste evolucionando en el deporte?
Para evolucionar tuve que juntar horas de vuelo y hacerlos firmar por un instructor. Cuando fui a Iquique, lugar en el que por las condiciones climáticas se puede volar todos los días, junté en 15 días más de 30 vuelos, necesarios para rendir la licencia que te acredita a ser piloto principiante. Seguí juntando más horas, y volando lo que más podía en Córdoba. A los 18 años, empecé a competir pero mucho no me gustaba, y me incliné hacia la acrobacia, y también competí. En acrobacia tenés que hacer un listado de pruebas y cada una de ellas tiene un coeficiente de dificultad. Hay un jurado de 5 personas que te ponen puntaje. Son 5 notas, la más alta y la más baja se sacan, y cuentan las del medio. Se hace siempre arriba de un espejo de agua por seguridad, pero no me convencía porque no lo veía tan seguro como creía, y le empecé a tomar el gustito por la modalidad que compito hoy: el Cross country. En ella, llegué a estar primero en el ranking argentino, con 21 años. Me alejé como medio año del vuelo, y después me dediqué seriamente a competir en copas del mundo y eventos nacionales. Acá, hay 4 fechas de campeonato argentino por año, ahora estoy primero.

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Cuáles son las maniobras que se hacen en las diferentes modalidades?

En acrobacia la maniobra más vistosa es el helicóptero: media ala vuela hacia adelante y la mitad hacia atrás, giramos en nuestro propio eje. Se hace looping, donde se pasa sobre el parapente. Hay una maniobra que se llama infinit y pasa el parapente desde atrás hacia adelante como saltando la soga, y pasa por arriba y por abajo. Los que se usan en acrobacia son parapentes más chicos que en Cross country, tienen mucha más carga alar, y anclajes reforzados que aguantan el doble, unos 200 kilos. En Orgaña, España, entrenan los mejores pilotos del mundo, es un lugar donde se sube muy rápido imagináte que tenés que recuperar rápido porque si subís 1000 con 5 maniobras descendés como 500 metros. Cross country, lo que hago ahora, son carreras en el aire. En el último mundial se juntaron más de 150 pilotos de 45 países diferentes. Hacés una reunión en el despegue, y allí te entrás al circuito. Vas con el GPS y te proveen de seguimiento satelital, así corroboran si cumpliste el circuito. El que lo completa más rápido, gana y tiene 1000 puntos, y el último tiene 100 puntos. Son circuitos de entre 60 y 100 km de distancia, a un promedio de vuelo de entre 30 y 40 km/h. Todos despegan a las 12 del mediodía, pero la carrera larga a la 13. Te dan 3 o 4 puntos de giro que tienen un radio de mil metros, hasta que llegás a un gol, que es una línea visible como de 200 metros en un descampado. Hay que tratar de completar la prueba en el menor tiempo posible y siempre teniendo en cuenta que al no tener motor, uno pierde mucho tiempo en subir. En un vuelo de estos capaz que agarrás 20 o 30 térmicas y subidos unos 2000 metros, y te alcanza para hacer unos 15 km, después tenés que subir de vuelta, donde encontrás las mejores térmicas para subir más rápido. Así avanzás más velozmente, y tratás de ganar. También existe mucha estrategia entre los equipos, es como el ciclismo de ruta, uno se escapa y se exige más, y el pelotón lo agarra de vuelta. Es lo mimos, capaz uno se escapa pero como el clima no es apto, baja mucho y el grupo lo alcanza hasta que faltan 10 km y el que mejor posicionado es el que busca ganar la prueba. El mundial dura varios días.

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Cómo es la estructura del mundial que corriste en Italia?
El mundial son 12 días de competencias, con 11 pruebas válidas y allí se juegan más cosas: el desgaste físico, la presión…no hay ningún piloto preparado para volar 4 o 5 horas por día sin parar durante tantas jornadas. Por eso es importante ir al gimnasio todos los días y salir a correr, hay que estar en forma. Aunque no es un deporte tan físico, con los días te empezás a cansar y perdés atención. Eso es peligroso.

Cuando volás, llevás raciones de comida e hidratación?
Comida no, sí llevo una bolsa hidrante de un litro y medio. Estoy sentado, y tengo muy poco desgaste físico,un poco de tensión abdominal porque voy medio recostado hacia atrás con los pies hacia delante, entonces hago un trabajo isométrico con las abdominales. Las manos van arriba del hombro, que capaz sufre un poco. En el vuelo, tomo un trago de agua cada media hora y una vez que aterrizo, como bien.


Cuándo comenzás a competir internacionalmente?

Fue medio en simultaneo con las competencias nacionales. Cuando vi que me gustó, conseguí puntuación para correr afuera. En ese momento no era como voy ahora, buscando un resultado, corría para ganar experiencia y aprender. Al principio no sabía mucho, de 120 pilotos entraba 70. A los 21 empecé a competir afuera, fue una pre copa del mundo en Portugal y luego una copa del mundo en Francia. Fui a un abierto de Chile y saqué un segundo puesto. Las copas del mundo son 5 fechas por año. Antes tenías que hacer todo el circuito y eran fechas en Europa y una en Brasil. Era muy costoso, son muchos días de competencia en cada una. Después cambió, pusieron las mismas fechas, y al final de la temporada hay una final. No necesitás ir a todas, sólo con que en alguna termines entre los primeros 30, te clasificás. Este año, la final se hace en Colombia en un lugar que se llama Roldanillo. Esta nueva modalidad nos permite a nosotros, que estamos lejos de Europa, ser más competitivos. Hay dos campeonatos: la Copa del Mundo PWC (Paradlagin Worl Cup) y el Mundial de Parapente que organiza la FAI, también un panamericano para nosotros, y un campeonato europeo. El de la FAI se hace cada dos años y el PWC se hace todos los años. Ahí está la elite del parapente. No es tan fácil llegar, únicamente fuimos a correr al mundial los primeros 4 del ranking argentino, entre unos 2500 pilotos. Que vuelan, aproximadamente hay 10000 entre parapente y paramotor. Fui con Martín Romero, Francisco Mantaras y Hernan Pitocco. El vuelo libre es lo más lindo y disfrutable, a mí me gusta competir, pero la esencial es justamente lo que te dice la palabra: volar para pasarla bien y compartir con amigos, que es lo más lindo que tiene este deporte.

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“solo fuimos a correr al mundial los primeros 4 del ranking argentino entre unos 2500 pilotos”

Quién costea los gastos de ir a un mundial?
Siempre me banqué los gastos. Al principio mis padres, luego yo. Ahora, gracias a la nueva comisión argentina de la Federación Argentina de Vuelo Libre, se ha conseguido mucho. Para este mundial, obtuvieron los pasajes a través de la indumentaria Mura, y también tuvimos apoyo de Córdoba Deporte y de nuestro club el ACAP (Asociación Cordobesa de Ala Delta y Parapente). Esta selección fue netamente cordobesa. Es un deporte amateur, hay pocos pilotos en el mundo que viven de la competencia.

Cuánto entrenas por día?
Entre gimnasio y aeróbico dos horas por día, y después con respecto a los vuelos, no soy de los pilotos que más vuela porque yo tengo una idea diferente a la mayoría. A mi volar por volar no me da nada, para mí es muy buen entrenamiento ir a un campeonato, sea alto o bajo el nivel. Levantarme un día lindo y volar por volar no me devuelve nada, porque nos sé si lo hice bien o no, no tengo con quien comparar. Si me junto con 3 o 4, y hacemos una prueba, así si me sirve. Vuelo muy poco en cuanto a horas. Cuando tengo ganas, voy y disfruto. Si tengo que probar algún equipo vuelo 2 o 3 horas, pero más que nada trabajo en la parte física y mental. Soy un convencido de que lo que te hace cambiar como piloto en la competición, es lo mental por eso veo más redituable ir a un psicólogo del deporte. También me ayuda mucho Martin Romero, uno de los compañeros de selección que fue deportista de alto rendimiento. Él corría carreras de aventura y ganó en varias oportunidades el tetra de Chapelco. Me da mucho resultado, gané las dos fechas del campeonato argentino, en el mundial terminé entre los mejores 10, gané el abierto argentino, y estoy primero en la liga… no me esperaba tener un año así.

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Cómo se define el puesto en un mundial al ser tantos días?
Se define todo el último día. Cuando empezó el campeonato en los primeros días, estaba entre los primeros 20. Me fue bien y llegue al puesto 15, después caí al puesto 25. Tuve una manga en un día de vuelo que terminé 4, me puse 7 y sólo quedaba un día de competencia. Hay un sistema que es difícil de explicar, pero es un descarte del 25%, o sea que de 12 días que volás, descartas el 25%, cuentan 9 días, y te sacan los 3 peores. En realidad no venía con vuelos malos. Al faltar un vuelo, había muchas posibilidades de quedar en el top ten a pesar de que estaban apretados los puntos. Quedé 9, pero podría haber quedado en lugar 5 o 20. Hubo mucha incertidumbre, tuvimos que espera hasta el final para los resultados. Un compañero había ojeado las listas y me vio pero no quiso decir nada porque no era oficial. Cuando lo dijeron, me largué a llora. Llamé a mi señora Yanina, que me banca en todas, a la familia, amigos… después de haberle dedicado a la actividad tantas horas, tantos años…Fue una sensación fuertísima

Cómo vive tu familia la actividad?
Mi mujer me apoya en todo. Tengo una nena de dos años y medio. Cuando fui al mundial estaba casi de 8 meses de embarazo, y yo compitiendo en Europa, en Italia. Ella me conoció volando en parapente y sabe que es mi pasión. Me respeta, me apoya y me alienta. Cuando me va mal, la primera persona que llamo es a ella y siempre me dice que sea positivo, que voy a mejorar… es una genia. Mi hija me extraña, pero todavía no se da cuenta de todo. Antes de irme, le hice el vuelo de bautismo y se quedó dormida. Tengo un arnés para niños, Nicole se tomó la mamadera y se durmió con el arnés puesto…aún no pudo volar, pero ya lo va hacer. Araceli nació hace muy poquito.

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Qué queda a futuro?
Vienen dos copas del mundo, una en Brasil y otra en Ecuador. Vamos a ver qué puedo hacer. Ya estoy clasificado, y pre inscripto en las dos. Quiero ganar una final en Colombia. Acá en el país quedan dos fechas: una en La Rioja y otra en Tucumán. Como ya gané las dos primeras, quiero ser campeón argentino. El año que viene tenemos el Panamericano con la selección argentina. Si bien compito profesionalmente, para mí el parapente no deja de ser un juego. No vivo del parapente, lo hago porque me gusta y mi prioridad es mi familia. No me vuelvo loco por competir, lo disfruto, la esencia es aprender, compartir y pasarla bien.

Qué haces para vivir?
Administro un geriátrico y una servicio de emergencias con mis suegros en Capilla del Monte. A ellos les agradezco porque me ayudan cuando tengo que viajar. Falto muchos días en las competencias, y se portan más que bien conmigo. También me gusta correr en auto, pero eso es otro hobby.

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Nunca intentaste a realizar algún récord de distancia?
No, me gusta competir. Tengo un amigo brasilero Rafael Saladini que tiene el récord de distancia 564 km en 11 horas y media de vuelo.

Agradecimientos
En primer lugar a mi mujer y a mis hijas, a mis viejos, a mis suegros, a la Federación Argentina de Vuelo Libre al club ACAP, a indumentaria Mura y CBAX y a vos por hacerme la nota.

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www.monteavena2017.org

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Carreras de aventura

XTREME RACE, Pasión por el Trail, Córdoba

noviembre 23, 2017 — by Andar Extremo0

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El sábado 19 de noviembre se corrió una de las carreras más lindas y técnicas de Córdoba: la XTREME RACE. Con una jornada de sol que permitió disfrutar hasta el último minuto del Valle de Punilla, y con el imponente Hotel & Spa Tres Pircas como sede, esta carrera en su cuarta edición demostró que crece con fuerza, brindando cada vez, más intensidad.

por Soledad Navarro

 

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A partir del viernes 17 de noviembre y con una organización minuciosa, se iniciaron las acreditaciones para Xtreme Race, evento deportivo por excelencia del Trail Running, que en esta ocasión sumó puntos ITRA para el Ultra Trail Ultra Mont Blanc.
Durante todo el día sábado en paralelo con el retiro de kits, y previo a la charla técnica, la jornada contó con charlas sobre nutrición y psicología deportiva, muerte súbita y RCP, entre otras, y para los más pequeños, una propuesta con cupo lleno: Xtreme Kids.
En sus modalidades de 15, 30 y 60 k, presentó senderos llenos de dificultades que requirieron de la sagacidad y preparación de los corredores. Granja Sierra Madre, Cerro La Banderita, Cerro Yapeyú, Dique San Juan, la imponente Estancia Alto San Pedro, entre otros, fueron los lugares por donde transitaron los amantes de Trail. Circuitos duros, tan extremos como inolvidables, dejaron sin aliento a más de un deportista y fueron el mejor bautismo para quienes decidieron iniciarse en la aventura.
Entre otros atletas destacados, se contó con la presencia de la atleta oriunda de Brasil y cordobesa por elección: Cilene Sophya Santos y de Lali Moratorio Bidegain, de Uruguay. Numerosos corredores de Paraguay y Chile, también se dieron cita el Xtreme Race, formando parte de una gran convocatoria de más de 2000 personas.

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Modalidades y podios
En la madrugada del domingo 19, y con linternas frontales iluminando el camino, dio inicio la carrera de 60k por la cara norte del Cerro La Banderita. Con un recorrido duro y extremadamente técnico, con arroyos, cascadas y subidas empinadas, obligó a dosificar energía y agua. Cañadones, sectores con piedras y terreno desparejo, coronó el terreno generando aún más exigencia y cuidado. El primer ascenso, el Meta Montaña, terminó de despertar a quienes se dieron cita a las 5 en el arco de largada. Luego, el Cerro Yapeyú y Los Tres Cóndores, llevaron al límite a quienes osaron la distancia.
Si bien esta distancia fue liderada inicialmente por el talentoso catamarqueño Fernando Reyes Quiroga, el podio fue para Daniel Simbrón que arremetió a partir de la mitad de la carrera, para llevarse un merecido primer premio, dejando a Quiroga en un cuarto lugar. Entre ellos, Martin Aimetta, obtuvo el segundo lugar y Javier Alonso, el tercero. En la categoría femenina, Laura Gordiola, Ingrid Taborda y María Florencia Tamburrino, formaron podio.
A las 8:30hs, hizo su largada el grupo de los 30k. Los corredores en este caso, transitaron un desnivel positivo de más de 2000 metros entre quebradas, estancias, un grupo de música que amenizaba el momento, y arroyitos que calmaban por momentos las piernas cansadas. La salida, fue en dirección sur hacia La Berna, dónde transitaron ripio en ascenso, hasta ingresar al cordón montañoso. Cerro Los Tres Cóndores, Quebrada de las Víboras y el arroyo Los Murciélagos, fueron algunos de los sitios que los vieron pasar.
Pablo Gasparini, Horacio Peñaloza y Román Fusaron, junto a María Soledad Sánchez Ruiz, Pamela Bocchio, María Belén Mercau, conformaron los podios en los 30 K y se hicieron acreedores de puntos ITRA.
Por último, una legión de runners aventureros fueron por 15K cuando el reloj marcó las 9 de la mañana. En dirección norte hacia el Hotel Estancia Alto San Pedro, comenzaron la travesía divisando en su recorrido, la Loma de Los Cardos, y el arroyo Los Murciélagos, entre otros paisajes inolvidables.
El podio masculino se conformó con José María Ergo, Cote Peña y Martín Giavarini; mientras el femenino estuvo ocupado por María Belén Sanchez Ruiz, Jesica Moyano y Carolina Gema Dilelio.

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Pisando Fuerte
Con 33 años y mucho sacrificio, Fernando Quiroga Reyes, volvió a hacer podio en el Trail argentino. La joven promesa catamarqueña, padre de 4 hijos que “desean ser como él”, se quedó con un cuarto lugar muy meritorio.

Es tu primera vez en una Xtreme Race, cómo te sentiste en esta carrera?
Esto para mí fue una experiencia nueva, para estos lugares nunca me había preparado. Fue bastante dura. Allá en mi provincia no tengo lugares así, con este terreno. Tenía pensado hacer los 60 K en 6 hrs y finalmente hice 7:30, fue bastante difícil para mí el cambio de terreno, las pendientes, los senderos, la verdad fue extrema. Pero estoy muy contento por los resultados. Lo bueno es que gano experiencia y me quiero preparar un poco mejor para el año que viene.

Cuánto hace que corrés?
Corro desde el 2015 porque no tuve la posibilidad de hacerlo en el 2014. Empecé en el Desert Trail en Fiambalá, corrí los 95k y salí octavo en la general. En ese momento, no tenía la ropa adecuada y con los años me fui acomodando un poquito más. En el 2016 salí 3° en la general, y 2° en mi categoría. Este año, se dio la oportunidad de llegar al primer lugar tanto ahí como en Yaboty. Este año fue muy positivo para el deporte que hago y que me gusta.

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Cuál va a ser tu próximo desafío?
Tengo pensado descansar y después seguir con la rutina. Nunca paro de entrenar. Siempre descanso unos días después de una carrera tan dura, pero retomo rápido para no perder la costumbre. Este año, esta carrera fue la última. El año que viene quiero hacer una carrera en Rio Negro de 90k: Vuriloche Ultra Trail, y Xtreme Race me sirve muchísimo, me ayuda desde la experiencia. Es similar el terreno, es una carrera muy técnica.

Si pudieras soñar sin pensar en costos y obstáculos, qué carrera desearías hacer?
La carrera que todo ultramaratonista desea: Mont Blanc. Ese es mi sueño, pero primero tengo que tomar experiencia.
Xtreme Kids
Como antes se mencióno, Xtreme Race tuvo una nueva propuesta: una carrera participativa para chicos, con 120 cupos que se agotaron rápidamente ante de la demanda de los niños. Entre ellos, se encontraban Teo y Luna, hijos de Paulo Quesada Pacheco y con una mamá del corazón, muy especial: Cilene Sophie Santos. Indudablemnente, el amor de los atletas por el Trail, se transmitió directamente hacia los pequeños, que no dudaron en ser parte de esta hermosa actividad.
“Teo y luna comenzaron a correr después de que yo llegué aquí, y comencé a trabajar con entrenamientos. Ellos ya participaron de dos pruebas aquí, pero ninguna era como Xtreme Kids, eran pruebas pequeñas con menos cantidad de gente. La primera vez, fue en Salsi donde vivimos. En ese caso, la prueba era hecha con un acompañante, así que Teo fue con Paulo y Luna conmigo, y entre ellos armaron una competencia para saber quién iba a ganar. El niño dio la sangre para ganar y salió en primer lugar. Luna, con su dulzura, sólo quería terminar, y quedó segunda conmigo en el general. La segunda carrera fue sin la compañía de los padres, y Teo siempre decía que quería salir fuerte y llegar primero. Ahí me di cuenta que debía poner sus pies nuevamente en tierra, y explicarle que no siempre salimos vencedores, sobre todo deseaba que él no se ilusionara así y después se frustre. En ese caso, ambos realizaron los 2km del evento y llegaron en primer lugar general.

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En casa ellos tienen muy claro como yo me preparo y entreno, saben de mi nivel competitivo, y para Huerta Grande ellos querían participar de una rutina de entrenamiento pero yo no lo permití, porque son muy pequeños y no quiero exigir eso en ese momento, no es buena tanta presión. Para compensar, los llevé a correr en el río para hacer un poco de subidas y bajadas y que sientan un poco de esfuerzo físico y poder hablarle de las emociones que pueden sentir. Pablo y yo apoyamos de corazón que hagan deporte, y cuando supieron que iban a participar, estuvieron muy felices. Teo termino la prueba primero y hasta ahora lo repite permanentemente. Fue una experiencia única para cada uno de ellos y lo más importante, tienen mucho afecto y saben que van a tener mi apoyo independiente de la colocación. Sin lugar a dudas, el deporte es lo mejor que podemos dejarle a nuestros hijos.” Cilene Sophya Santos.
Por último, es fundamental destacar el apoyo incondicional del Hotel & Spa Tres Pircas y su gerente Matías Montoto, sin quienes hubiera sido imposible realizar Xtreme Race, como también el acompañamiento de Estancia Hotel Alto San Pedro, Powerade, Coca Cola, El Práctico, Casa Irwo, Dole, Terepin, UTEDyC, ELVCOM, y de la Municipalidad de Huerta Grande que destacó el evento de “Interés Municipal”. Gustavo Ortiz y Pablo Ureta, responsables de una organización impecable, volvieron a brindar por cuarta vez, un momento único para el Trail Running argentino.

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Editorial

PROXIMAMENTE REVISTA ANDAR EXTREMO 48

noviembre 17, 2017 — by Andar Extremo0

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Entre el 14 y el 20 de Noviembre en los mejores comercios de actividades outdoor disfrutá de la Revista Andar Extremo. No se pierdan esta edición “6 Hards Xpeditions, 22 días de escalada en el Pico Sin Nombre, Brasil”; Aleksander Doba y su tercer cruce del océano en kayak a los 71 años; una entrevista alucinante a Socorristas de la Nieve, un trekking espectacular al Champaquí, “43 Cruces de los Andes en bici” con el paso Mayer segunda entrega, una entrevista a Vanina Darino la mejor Argentina en el Trail de Mont Blanc, “La Vida de Viaje” seguimos en la carretera austral. Una nota de la cobertura del Festival de Montaña de La Cordillera Blanca y la carrera Max Race General Belgrano. Esto y más en Andar Extremo 48.

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Mountain Bike

16 años Viajando en Bici, Pablo García terminó su proyecto Pedaleando el Globo

octubre 30, 2017 — by Andar Extremo0

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El domingo 27 de octubre a las 12 horas en el Obelisco de la ciudad de Buenos Aires la sirena de los bomberos y un centenar de ciclistas acompaño los últimos kilómetros que recorrió Pablo García de su interminable viaje por el mundo. Familiares, prensa y espectadores, emocionados le daban la bienvenida al ciclo viajero más importante que ha tenido nuestro país.

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En 2001 comenzó su gran travesía por el mundo, luego e vivir 5 años en Brasil, se vino pedaleando a Buenos Aires en 1999, organizó el viaje y salió a recorrer el mundo primero fue África, luego, Europa, Asia, Oceanía y terminó con América.
Con 167500 km pedaleados y un total de 105 países conocidos Pablo, “el embajador de los sueños” como se escuchó ayer en su gran llegada triunfal al Obelisco de Buenos Aires.

3

Con 85 kilos a cuestas, es lo que pesa su bici, Pablo puso fin a este gran proyecto que durante el transcurso de más de una década lo financió vendiendo fotos, con un libro de su autoría, y con un documental.
Con Andar extremo estuvimos en su llegada y estas fueron sus palabras..

4

Como sigue esto luego de 16 años de conocer el mundo?
Me gustaría seguir relacionado con la historia del viaje, tengo mucho material de video y me gustaría transmitir al pasión que le metí a todos estos años.

5

Te imaginabas este recibimiento?
En verdad no me emocione mucho, me hizo valor todo y afirmar que la muestra de esto es que se puede, que uno puede ir tan lejos como quiera, el ciclismo se está desgarronando cada vez más y tenemos muchísimos viajeros. Les agradezco a todos por el recibimiento.

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www.pedaleandoelglobo.com

Carreras de aventura

UTACCH La Mística Regresa, Córdoba

octubre 17, 2017 — by Andar Extremo0

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El 1 de julio se corrió una de las carreras de Trail Running con más convocatoria en los últimos tiempos. El Utra Trail Amanecer Comechingón, en Villa Yacanto de Calamuchita, registro más de 2300 corredores en la línea de largada, que desafiaron las distancias de 13, 22, 35, 50 y 75 Km. En la nota, Jorge Xavier, de Uruguay, y su experiencia en los 75 km. Nota en revista Andar Extremo n° 47

por Jorge Xavier, fotos Marcos Ferrer

1

Hace ya cuatro años, disputé los 60 Km de UTACCH en Yacanto, oportunidad en la que viajé junto a Rubito Beledo, Pablo Lapaz, Víctor Trillas, Alejandro “Highlander” Scuoteguazza, Carlos Douglas Hernández y Sebastián Paulós. En esa instancia, la encaré como parte del entrenamiento para la CCC en Mont Blanc que corrí en 2013. Recuerdo que fue mi carrera N° 254, y ahí completé 4066 kilómetros en competencias, 1430 de ellos en Trail (35% del total). Con mucha más experiencia, el pasado 1 de julio fue mi carrera N° 417 completando 7475 kilómetros, 3915 de ellos de Trail (ya el 52%), y la N° 52 de 42 kilómetros o más.
La web de UTACCH expresa que es una aventura, una experiencia única y mágica para cada corredor que decide transitar las tierras de los Comechingones, antiguos habitantes de las Sierras Grandes de Córdoba. La camiseta que lleva el lema: “La mística”, refleja cómo, sin dudas, se ha ido construyendo esa sensación, al extremo que se han agregado nuevas distancias que otorgan puntos ITRA (4 puntos a los 75 K y 3 a los 50 K), y se han incrementado notoriamente la cantidad de participantes (se registraron 2307 llegadas a la meta, un 60% de hombres y un 40% mujeres).
Es un recorrido precioso, agreste, duro, propio de las sierras cordobesas, bastante distinto a lo que normalmente encontramos en la zona patagónica del sur o en las sierras de Uruguay.

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El viaje y la previa
En esta ocasión, el viaje fue bastante distinto ya que organizamos la ida con tiempo. Junto a algunos de los “Hermanos de la Montaña” y de la vida: Martín Zanabria, Paola Nande, David Vega, Alejandra Isabella y Jorge Nin, Federico Sanguinetti y Eiko Senda, sus hijos, y el amigo argentino: Federico Sivila.
Tengo mucho para contar sobre las anécdotas del viaje, pero prefiero mantener la amistad… Les dejo solamente la del momento en que llegamos a Migraciones, en el Puente Fray Bentos – Puerto Unzué, donde Federico -excelente barítono- bajó el vidrio y le cantó al funcionario: “Fígaro, Fígaro, Fígaro, Fígaro…”, y a lo que acotó:-“acabamos de sacarlo ayer”. Sobre las discusiones en relación con la ruta, el GPS o el tiempo de detención en ruta por un pasajero que viajaba sin cinturón de seguridad, no cuento nada.
Nos alojamos en Santa Rosa de Calamuchita, a 30 Km de Yacanto, donde llegamos en la noche del jueves 20. El viernes lo dedicamos a retirar el kit (me correspondió el N° 3125) y preparar todo lo necesario para la carrera. Dado que largamos a las 5:00 AM, el despertador sonó a las 3:00 para desayunar rápidamente, gracias a la enorme gentileza de la gente del Hotel Gloria.

3

La carrera
El clima estaba frío pero absolutamente despejado, lo que hacía presumir que íbamos a tener un día espectacular. Decidí largar con la remera segunda piel y la de carrera por encima, sin campera cortaviento, con calzas cortas y medias de compresión.
Después de las fotos de rigor, largamos a la hora indicada. Como era previsible, algunos salieron a ritmo fuerte, en tanto yo lo hice junto a Alejandra. Avanzamos más lentamente, con las linternas frontales encendidas y optamos por caminar en los tramos en subida, en tanto trotamos en los planos y bajadas. Después de 7.5 Km, llegamos al primer puesto de abastecimiento, en el denominado “cortafuego”, donde tomamos a la izquierda para ingresar a una zona con bastante desnivel, trillos de pasto y algo de barro. Cruzamos el primer arroyo, donde ya nos mojamos -el frío hacía que “dolieran” los pies- pero seguimos a ritmo sostenido.
En la zona de bajadas, Ale se quedaba un poquito atrás, pero enseguida me alcanzaba en cuanto enfrentábamos terreno plano. Allá por los 12 kilómetros, nos superaron los punteros de la distancia 50 Km, en una zona de larga subida (habían largado a las 6:00). Ya llegando al puesto del Negro Pereyra -Km 16- el sol asomaba por la sierra, pintando el horizonte con colores espectaculares.
Le comenté a una de las chicas del puesto, que tenía cara conocida:-. “Sí, soy una de las Pereyra, que siempre está en el puesto”, me respondió riendo. Comimos algo, disfrutamos de una sopa caliente y emprendimos el ascenso hacia el Cerro Agustín. En el recorrido, ya volvían los punteros de la distancia, y vimos bajar a nuestros compañeros. A falta de unos 2 kilómetros para llegar al punto más alto, cruzamos el arroyo donde en el año 2013 me esperaba Víctor Trillas. Seguimos avanzando para finalmente hacer cumbre donde alcanzamos casi 2300 msnm y unos 27 kilómetros de carrera, con un sol que brillaba fuerte haciendo muy placentera la mañana pese al frío invernal. En ese momento, decidimos parar para ingerir algún alimento y descansar un poco.

4

En la bajada, Ale insistió en que no la esperara pues en general iba más lenta que yo. Me fui adelante, para llegar nuevamente al PA (km. 30.5), donde estuve unos 10 minutos descansando, comiendo frutas y tomando un caldo caliente, mientras la esperaba. Conversé un ratito nuevamente con las chicas del PA, que aprovecharon para “tomarme el pelo” nuevamente. Me preguntaron si iba a seguir o abandonaba… cuando dije muy firmemente que seguía y les pregunté si se habían registrado abandonos, una de ellas me dijo: “Sí, aquí murió uno… perdón!, abandonó uno”. Dado que Ale no llegaba, decidí seguir pues temía por los cortes por tiempo. La misma chica me dijo- “Qué mal, le prometió que la esperaba y se va”. “Sí, tenés razón, la espero”, le respondí. “No, es una broma”, remató. Y cuando ya había hecho unos metros, me gritó: “allá viene”. Di vuelta, y las tres chicas, riéndose, me dijeron: “No, es mentira, no viene nadie…”.
A partir de allí, el terreno iba en leve descenso y fui intercalando posiciones con otros corredores. Alcancé el PA ubicado en el Km 42,5 en “Los Corrales”, con 9 hs 50 minutos de carrera, donde había un buen número de corredores alimentándose con el asado. Disfruté de una buena cantidad de gaseosa, comí algo y decidí seguir (con algo de culpa, ya que mi compañera no llegaba).
A partir de ese punto, los corredores nos distanciamos. Después de un largo recorrido, llegamos a una bifurcación donde los de 75 Km doblamos a la derecha para emprender un camino en leve subida hacia Capilla El Carmen, Km 51.5 Km. Hicimos una especie de “gota” de unos 5 kilómetros, para retornar por el mismo camino que habíamos realizado. Llegué nuevamente a la bifurcación, donde consulté al bombero que estaba allí ubicado sobre el eventual pasaje de Alejandra (haciendo referencia a la banderita uruguaya que llevaba en su mochila… pero después me enteré que la había perdido), y a partir de allí, encaramos rumbo a El Durazno. Aún podía trotar en zonas de bajada y planas, pero ya sentía el esfuerzo y una molestia en la planta de los pies, maldiciendo por haber llevado un calzado bastante “castigado”.

5

En el Km. 60.5 llegamos al Cruce de la Chaqueña, donde estaba el sexto PA. Después de tomar un poco de líquido y comer maníes y frutas, emprendimos una fuerte bajada hacia un camino de tierra. Empezaba a irse el sol, así que me coloqué la linterna frontal, y un poco más adelante la tuve que encender. El cruce de un arroyo, peligroso por lo profundo y la fuerza de la corriente, fue sencillo gracias a la excelente colaboración de los bomberos que allí se encontraban, que nos ayudaban a cruzar entre las enormes piedras.
Cuando salimos del camino de tierra para ingresar nuevamente a trillos de campo y un tramo en fuerte subida, me pegué a una pareja de jóvenes argentinos, y decidí seguir con ellos. Veía a lo lejos, tres corredores que se acercaban a buen ritmo, e incluso escuchaba sus voces. Mis compañeros ocasionales no veían señales -ni yo tampoco- así que les sugerí volver hasta la última marca y buscar el camino correcto. Nos alcanzaron los tres que venían más atrás, y cuando les dijimos -en la oscuridad de la noche- que no veíamos señales, identifiqué la voz de Alejandra. “¿Ale?”, le digo. “¡Jota!” me respondió. El reencuentro fue muy propicio para rápidamente ponernos al tanto de nuestros ritmos y “desventuras”, en particular el malestar estomacal de Ale durante gran parte del recorrido. Mis dos acompañantes, eran además compañeros de los dos que venían con Alejandra, así que decidimos seguir todos juntos.

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En la noche, divisamos a lo lejos el 7° PA -Puesto de Ortiz-, en una carpa iluminada y con fuego encendido, con música cordobesa que se escuchaba desde muy lejos, y una onda increíble. Después de una fuerte bajada, llegamos a ese puesto. Sentía el estómago bastante revuelto, así que no pude comer nada, pese a que había un asado espectacular. Descansamos un poquito e ingerí tres pedacitos de naranja, que me permitieron sentirme mejor. A partir de allí, nuevamente nos esperaba una subida pero ya en un terreno bastante más limpio y por caminos de tierra, divisando algunas casas de la zona cercana a Santa Rosa de Calamuchita.
Cuando culminó ese tramo, salimos a la carretera de tierra, donde nos indicaron que nos faltaban 2.5 kilómetros para la meta. Todos nos pusimos a trotar, y nuestros ocasionales compañeros se fueron adelante. Pese a que Alejandra estaba con más fuerzas que yo en ese tramo, me esperó -flor de aguante, me hizo- para llegar a la meta en 17 hs 20 minutos (posición 194, 24° en la categoría por edad entre 30 competidores), donde nos esperaban nuestros amigos. Objetivo conseguido, misión cumplida, dentro del tiempo límite de 19 horas.

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Después de una ducha caliente en el hotel, cenamos unos sándwiches de lomito, para irnos a descansar. El domingo a la mañana, disfrutamos de un excelente desayuno y comentamos sobre la carrera para luego emprender el retorno.
En lo personal, y pese a la ubicación en la carrera, debo considerarme satisfecho pues además de la distancia de 75 Km, la acumulación de carreras que traigo, el desnivel acumulado positivo (3500 metros, realmente exigentes), regulé el ritmo en la mayor parte de la carrera y culminé bastante entero, al extremo que durante el viaje de retorno prácticamente no sentí molestias.
A mis hermanos de la vida y compañeros de aventuras, un enorme ¡gracias! por un fin de semana espectacular. Siempre es un privilegio poder compartir desafíos disfrutando a pleno de la naturaleza y de los amigos.

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Lago Nahuel Huapi III, La Vida de Viaje

octubre 6, 2017 — by Andar Extremo0

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Andrés Calla y Jimena Sánchez nos comparten su última y tercer entrega de la experiencia en kayak por el lago Nahuel Huapi. Nota de la revista 46

El hombre animal
por Andrés Calla y Jimena Sánchez

1

El margen oeste del lago es la más agreste. El coihue, la lenga, el ñire y el arrayán son los verdaderos dueños de estas tierras. Todavía se pueden ver las casas de aquellos pobladores que viven desde mucho antes de la creación del Parque Nacional. Son hogares humildes, con techos y paredes de madera nativa, gallinas en corrales y algún que otro molino de viento que quedó relegado del tiempo.
Chequeamos el pronóstico y es poco alentador: en tres días se cae el cielo y se vuela todo. Pero ese mal clima no va a durar un día o dos, sino seis. Ergo: debemos llegar a Bahía López en tres días porque en la cuenta de comida, el saldo es negativo.
El Blest es el brazo del Nahuel Huapi que más promete. Es un lugar turístico visitado por miles de personas al año que lo navegan en catamaranes y barcos, y que conecta Argentina con Chile. Para nosotros es una garganta de 15 km de largo. Las condiciones ideales para remarlo de ida son dos: sin viento (tranquilidad absoluta, avanzaríamos a nuestro ritmo) o viento leve del este (un empujón de atrás, avanzaríamos un poquito más rápido)
A medida que nos vamos acercando a su boca todo se complica. Hacemos una parada en la isla Centinela para un segundo desayuno. En este islote de 250 metros de largo y 100 de ancho, descansan los restos de Pascasio Moreno, el explorador, geógrafo y político más importante de la década del 80 en Argentina. Mientras preparo avena con nueces, Andrés sale a fotografiar la isla. Llega hasta el extremo opuesto desde donde puede ver al profundo Blest y vuelve con un pronóstico extendido:
-Podés creer que está entrando viento del oeste…
-¿Cómo la ves?
-Y… está picado…
-No quiero pasar otra vez por lo de Dina Huapi. Si lo ves bien, vamos y si no, cruzamos a la playa de enfrente y nos quedamos.
-No, dale, comamos y sigamos.

2

Dos días atrás, remando con lago planchado, Andrés me confiesa que estaba algo aburrido, que él había ido a buscar aventura y que los días, hasta ahora, habían sido muy tranquilos. Poco viento en contra, poco viento a favor.
-Tené cuidado que la última vez que dijiste algo parecido te diste un palo con la bicicleta en San Luis.
Y agregó con tono mitad chiste, mitad en serio:
-Guarda con lo que decís porque acá no estás solo. Yo no vine a buscar más aventura que ésta, así que tené cuidado con las palabras que usás porque lo que pidas lo vamos a vivir los dos.
Al salir del reparo de la isla Centinela casi se nos vuela el alma. Estábamos en el lugar más complejo del lago, donde no debía soplar viento y donde las olas eran sinónimo de quilombo. Pero en lugar de desesperarme como aquella vez en Dina Huapi, me dije: vos podés, ¿vos querías aventura? ¡Acá la tenés!
Empezamos a remar con fuerza y constancia para no perder el ritmo, pero yo me quedé muy atrás. Andrés me saca mucha ventaja y el viento se pone peor… acá no la puedo cagar. Lee mi mente a distancia, y frena, saca su remolcador para ir juntos y cerca, otra vez.
Vamos avanzando a paso de babosa, frenando en pequeñas bahías para aflojar los músculos y la tensión, que sabe a agua dulce de glaciar. La realidad es que no sabemos con qué nos vamos a encontrar a medida que vamos avanzando.
¿Habrá un paredón? ¿Habrá una playa? ¿Habrá piedras? ¿Podremos parar? ¿Cómo pegarán las olas?
Lo que venía después no estaba en los planes: 2 km eternos de paredones de piedra y el catamarán que navega el brazo Blest, del lado de enfrente. Ahora no sólo tenemos olas de frente sino también del lado del paredón y del lado del catamarán.
3-O-L-A-S.
De diferente altura y dirección. Veo cómo la proa del kayak de Andrés sube dos metros y rebota en el agua, y él a veces no alcanza a verme, también por las olas. Debo estar atenta al cabo del remolque porque si se engancha con algo, corremos el riesgo de caernos al agua.
Y Andrés me pregunta cómo estoy, y no sé qué responderle.
Tengo miedo.
El paredón no termina más.
Y la playa no llega más.
Y todo pasa lento.

3

Y se me viene un recuerdo absurdo a la cabeza: la primera vez que hice kayak en México con mi papá. El mar estaba tranquilo y los dos remábamos en un kayak doble de plástico. Entrábamos al mar cortando la ola y lo estábamos haciendo bien, pero cuando quisimos doblar, vino una ola y nos dimos vuelta. De repente me encontré abajo del agua, con los ojos abiertos hacia la playa y el kayak como sombrero. Empecé a preocuparme: ¿dónde está papá? ¿Dónde está Papá? Y cuando salí a la superficie, lo vi y respiré profundo y…
¿¡Qué carajo hago pensando en eso!?
Vuelvo al Nahuel, y Andrés me pega otro grito:
-¿Cómo estás?
-Bien, ¡¡Pero quiero costa!!
-¡Yo También!
Y aparece una playa a la derecha, pero si entramos con esta ola seguro nos tumba. Entonces seguimos remando para que esa ola nos empuje de atrás. Y llegamos. Y me tiembla todo el esqueleto. Y a Andrés, después de tanto remolcarme, le duele el hombro derecho.
Bingo.
FOTOS
Nos quedamos en la costa a descansar, esperando que el caos se calme de una vez. Hace frío y hay muy poco sol, mala combinación. Andrés me confiesa que su decisión de salir de la isla Centinela no fue buena. Que nos deberíamos haber quedado, que nos arriesgamos sin sentido. Y le respondo: vos querías aventura. Casualidad o palabras que crean realidad.
Dos horas después, el lago se plancha. Maldito lago, maldito Eolo. Me acuerdo de Nahuelito, esa supuesta criatura acuática desconocida que, según la creencia popular, habita en esta inmensidad de origen glaciar. Al único ser al que hay que temerle en la Patagonia es al dios del viento que se encabrona y ralentiza a los seres humanos que buscan romper cadenas y sumergirse en lo desconocido.
Salimos.
Y el sol nos calma el pulso.
Y aparece Prefectura arriba de un gomón.
Y nos pregunta si estamos bien.
Y llegamos a la cascada del arroyo Blanco.
Y sentimos que todo el esfuerzo valió la pena.
Al otro día nos levantamos bien temprano. Son las 6 de la mañana y el sol aún no salió. Las botas de neoprene, las calzas, las remeras, están húmedas. Nos duelen los huesos cuando nos metemos en el agua y empezamos a remar. Hasta nos ponemos guantes, pero las manos tardan en entrar en calor y los pies… ni pensemos en los pies: son dos icebergs.
Llegamos a puerto Blest, un pequeño embarcadero anclado en una bahía de arena volcánica con los cerros Esperanza y Tres Hermanas, escoltándola. Es un paraíso en el corazón de la Cordillera de los Andes que esconde a la selva Valdiviana, uno de los lugares más lluviosos de Argentina (3 mil mm de precipitación anual). Cohiues y alerces gigantes, arbustos bajos y verdes, lianas y enredaderas son los tesoros que encuentran los aventureros que se animan a explorarla.
Puerto Blest sirvió de puerta de entrada al lago Nahuel Huapi desde Chile. Desde 1620 los militares usaron este paso en búsqueda de indígenas esclavos. Lo cruzaron misioneros, viajeros y colonos y fue un punto estratégico dentro de la Campaña del Desierto. Las huellas de la historia no sólo están en la tierra, también se ven en el agua.
No nos queremos demorar mucho más en salir. Vemos una ráfaga bien al fondo, entrando en el este y al rato, otra vez, viento en contra. Estamos cansados, el cuerpo está cansado. Ni bien salimos del brazo Blest, la cosa cambia. El lago nos guiña el ojo y se aquieta…se vuelve mudo. Con su mano derecha entramos en el último brazo de esta larga aventura.

4

El brazo Tristeza tiene cascadas, pero no vemos ni una. Abril no es un mes de agua y las pocas lluvias de verano no hicieron brotar ni siquiera un chorrillo. Quizás por eso se llama Tristeza…sus lágrimas tienen caída libre. Son 14 km tallados por la naturaleza. Es angosto, prístino, salvaje, y está enmarcado por los cerros López y Capilla. Ahí vamos nosotros, entre paladas de pensamientos. No queremos bajarnos del kayak ni que la travesía se termine pero el reloj anuncia que en 24 horas llegaremos al km 0 de esta larga aventura.
A la mañana siguiente ordenamos por última vez el equipo, tomamos el último mate sobre la costa, apoyamos por última vez las manos sobre el agua, y remamos por última vez las aguas del Nahuel. Nadie dijo que la salida iba a ser fácil. Faltaba una prueba más.
La entrada y salida del brazo en días de viento es complicada: se juntan los vientos de tres grandes regiones del lago y se suma la pared del cerro López donde esos mismos vientos rebotan. Las olas, también. Viniendo del sudoeste, los últimos mil metros pueden volverse tu peor enemigo, Sólo hay paredes de roca y nada más.
Ahí estamos nosotros con viento a favor, el que tanto pedía Andrés, pero en el peor lugar del lago. Encima de todo, con ola de atrás, esa que no te da tiempo a enderezar el kayak porque te mueve de un lado a otro, esa que en días rabiosos te puede desestabilizar y plaf!, al agua, esa que existe para una cosa: molestar.
No hay palabras para describir cómo se mueve el kayak. Dina Huapi no fue nada, menos lo fue Blest. Las olas son enormes, están más altas que nunca. El rebote en el paredón es abismal, no me da ni la velocidad de los brazos ni los movimientos del pie sobre los pedales del timón para lograr que al menos un segundo el kayak quede derecho. Andrés está cerca mío intentando seguir adelante pero creo que ninguno de los dos se esperaba ésto. La despedida del Nahuel es como él: violenta, desordenada y al límite.
Hay que llegar a esa punta, doblar y entrar en bahía López. Pero otra vez, como tantas veces, esa punta no llega. El paredón se hace eterno. El pulso cardíaco se acelera por demás por la ansiedad de llegar.

5

Pero llegamos.
Y gritamos de la alegría.
Porque lo hicimos. Y lo hicimos bien.
Y los ojos empiezan a brillar.
Y las lágrimas se entremezclan con el agua.
Y es en ese instante donde lo natural y lo humano, se hermanan.
Huapi, en idioma mapuche, significa isla, tierra aislada por ríos o quebradas. Nahuel quiere decir tigre, pero algunos dicen que en realidad significa “hombre transformado en tigre”. La raíz “na” remite a saber y “Nahual” al conocimiento de las cosas secretas de la naturaleza.
En el lago Nahuel Huapi fuimos testigos, aprendimos a observar la naturaleza y a oír sus mensajes ocultos. A veces, nos sentimos una pieza más de la Madre Tierra…y es que lo somos, pero casi siempre lo olvidamos. Nos sentimos como esos antiguos exploradores que leían el agua y las nubes para zarpar o arribar. Nos sentimos solos, como nunca antes. Nos sentimos héroes y humanos al mismo tiempo. Nos sentimos tan frágiles como el cristal. Tuvimos miedo. Reímos y lloramos de adrenalina. Peleamos con el agua y con nosotros mismos.
Después de 16 días, conquistamos nuestros límites. El sabor es dulce y frío como las aguas inmensas y cristalinas del cuarto lago más grande de Argentina.
Nahuel Huapi, ya sos parte de nuestra historia.

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Lago Nahuel Huapi II, La Vida de Viaje

octubre 6, 2017 — by Andar Extremo0

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Andrés Calla y Jimena Sánchez nos comparten su segunda entrega de la experiencia en kayak por el lago Nahuel Huapi. Nota en la revista n° 43

“El Enemigo Invisible”

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Solos en una isla, en una playa. En la oscuridad se escuchan aullidos, quizás de ciervos. Hace mucho frío y el lago está furioso y ciclotímico: de noche es una seda, de día las olas salpican su superficie. Estamos en la isla Victoria, en el corazón del Nahuel Huapi. No es una isla pura sino todo lo contrario: fue manoseada por quienes la habitaron, al contrario de lo que nos cuentan.
En 1903 llegó Aarón Anchorena, un aristócrata argentino que deslumbrado por la belleza del lugar, solicitó al Estado Nacional su usufructo. Al año siguiente y ya instalado como arrendatario, construyó una vivienda, un astillero en el puerto, muelles, abrió senderos destruyendo la vegetación nativa y limpió sectores del bosque para sembrar especies exóticas. Además impulsó la explotación ganadera y maderera, y después de una década, devolvió las tierras al Estado.

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Desde ese momento pasaron 15 años de permisionarios que aumentaron el número de cabezas de ganado, de talas y de incendios, lo que produjo una reducción del 50% del bosque andino-patagónico que cubría la isla. En 1924 se creó el Vivero Nacional (ubicado en el centro de la isla) con la intención de reforestarla con especies nativas y exóticas de todo el mundo. Sin embargo, “las de afuera” (el pino oregón, el pino ponderosa, el arce y la retama) empezaron a desplazar a las nativas. Hoy eso es un problema que las autoridades del Parque Nacional Nahuel Huapi están intentando resolver.
A pesar de la historia tan injusta que le tocó, es la isla más importante del lago. Y porque el clima así lo quiere, nos quedamos tres días en la playa Piedras Blancas. El primer día disfrutamos de estar con los pies sobre la tierra. El segundo no sabíamos si salir o no, porque los corderitos (olas) que estaban llegando del este venían jugando una carrera con una ráfaga de más o menos 40 km/h. Al final decidimos no salir, pero aprovechamos que los kayaks estaban vacíos para entrenarnos un poco en esta materia que nos estábamos llevando a marzo: remar con olas cuando el viento lo tenías de costado.
Mientras nos equipamos, llegó un velero. Se bajaron cinco hombres de unos 50 años, y mientras amarraban su embarcación, nos miraban. Bajamos los kayaks a la costa y ellos una heladerita. Nos ajustamos los chalecos y ellos sus mandíbulas para un asado. Agarramos los remos y ellos velocidad como manada de caballos.
-Chicos, no salgan, eh.
-No, gracias. Vamos a jugar un poco con los kayaks pero dentro de la bahía.
-Ah, menos mal. Estábamos preocupados. Este lago es muy puto.
“Este lago es muy puto”, era poesía pura…segunda vez que lo escuchamos. La primera vez la oímos salir de la boca de un chico de 16 años que intentaba convencernos de que el Nahuel no era moco de pavo, que no nos confiemos nunca de su calma porque la mayoría de las veces le precedía una tempestad. Y mientras las olas se iban poniendo más bravas, los hombres de 50 afilaban sus cuchillos sin mayores preocupaciones y nosotros… nos metíamos al agua a jugar, cerca de la orilla.

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Piedras Blancas era un paraíso. Y como en todo paraíso natural, no hay señal de celular. Pero uno de los hombres cincuentones nos avisó que teníamos que caminar hasta la cima que está en uno de los extremos de la bahía para poder dar señales de vida. Lo bautizamos como “el locutorio”, o el lugar donde mandábamos mensajes. Llamamos a Prefectura y cargamos los paneles solares cuando la luz del sol iluminaba los puntos altos de la isla.
De noche, y mientras cenábamos té con chocolate, nueces y almendras, reflexionamos sobre las sensaciones del viajar en kayak. Debe ser similar a lo que siente un escalador cuando está enfrente de una montaña: la estudia, la analiza, la respeta y la admira…seguro le tiene miedo, pero él quiere superar ese miedo, quiere superarse a él mismo.

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Me quedé pensando en lo que decía Andrés y quizás era cierto, sin embargo había algo que nos estábamos olvidando y que marcaba el ritmo de todas nuestras travesías y viajes, estamos dejando de lado al verdadero enemigo de toda esta trama, un enemigo invisible que nos hacía luchar y que nos desafiaba minuto a minuto, día tras día: el viento, ese buscarabia del cual no nos librábamos ni en tierra ni en agua, él era quien definía nuestro destino cortoplacista.
El tercer día salimos de paseo. Dejamos la playa para caminar por la isla y atravesamos el bosque para llegar al antiguo vivero. Bordeamos el lago y llegamos a playa del Toro, una playa de arena con pinturas rupestres que atestiguaban el paso de los pueblos originarios que habitaban este territorio insular. Tomamos mate en el muelle y regresamos a Piedras Blancas pensando que al día siguiente había que levantarse bien temprano para poder salir de la isla.
La alarma del celular sonó a las 7 de la mañana. Decidimos desayunar una manzana para cruzar el lago lo antes posible. Hay corderos en el este, pero son bajitos, indefensos. Mientras remábamos, le rogaba al Dios del agua que nos dejara llegar tranquilos, le suplicaba que no se vuelva a repetir lo de Dina Huapi. Y Andrés, sin preguntarme, sacaba el remolcador y lo enganchaba en la proa de mi kayak para avanzar juntos lo más cerca posible.

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Una hora después y ya en tierra, el lago se arremolinaba, se llenaba de corderos. Sentí que me estaba por bajar la presión. No sé si por el cagazo o porque me faltaba un desayuno en el estómago. Mientras Andrés preparaba avena con nueces y almendras, respiré profundo y le agradecí a la Madre Tierra el aventón.
Entramos en el brazo Huemul y como las ráfagas eran del este, el lago ni se movía. Lo navegamos tranquilos, con la atención puesta en el paisaje y no en las olas-zamba. A este brazo lo rodeaba la mítica 40, esa ruta vertebral que une al país de punta a punta y que conocíamos a pedal. Si alguien nos hubiese preguntado si imaginábamos verla desde el agua alguna vez, le hubiésemos respondido seguramente que no, que en nuestros planes sólo existía la posibilidad de viajar en bicicleta y nada más. Hoy sabemos que las cosas pueden cambiar como la dirección del viento. Quizás esa sea la gran lección del enemigo invisible: él es tan incierto como nosotros.

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Amanecimos cerca de la 40, preparamos el equipo y salimos. Parecía que el viento nos estaba tomando el pelo: esperó vernos en el agua para empezar a soplar. El lago fue un espejo durante la primera media hora de remada, pero después ese espejo se volvió una anécdota y lo peor de todo: lo teníamos en contra.
La proa subió en cámara lenta y cayó rápido y con fuerza. Tenía que cortar la ola si no, estábamos jodidos. El agua nos empapaba la cara. El ventilador cada vez soplaba con más y más fuerza y no quedaba otra que alejarnos de la costa porque la ola de ese lado pegaba de costado. Otra vez la adrenalina en la primera plana de nuestro diario de viaje.
Me di cuenta que tengo un temita con el tiempo mientras remo: una hora para mí son 20 minutos… 20 minutos eternos, pero minutos, no horas. El tiempo se estiraba y estiraba como chicle y todo pasaba lento, a velocidad de 7 km/h.
Cruzamos islas, pasamos cerca de casas tan grandes que me pregunté si en este punto de la Patagonia todas las familias eran numerosas o sus dueños competían entre sí para ver quién tenía la casa más grande, con más cuartos y mejor vista. Mis pensamientos tan superficiales se vieron interrumpidos por una lancha que salió de Bahía Mansa con cuatro amigos en dirección a nosotros. Me empezó a latir el corazón como si estuviese caminando en la avenida 9 de Julio con un camión a punto de atropellarme. No exagero. Le quise hacer señas con el remo, pero el viento no me permitía dejar de remar y cuando agarré más velocidad, el estúpido timonel esperó a tenernos a un metro de distancia para abrirse y desviarse. Ese timonel casi me mata de un paro cardíaco. Lo maldigo a los gritos y se me queda mirando. Ojalá haya escuchado algo de todo lo que le dije, especialmente la parte de sus músculos marcados y la lancha de papá.
Todo volvió a la normalidad cuando llegamos a bahía Mansa, pero como no había campings, debimos cruzar 100 metros a pie desde Bahía Mansa a Bahía Brava, porteando los kayaks. Le pregunté a Andrés:- ¿si les digo a esos chicos que nos ayuden? Pesan mucho los kayaks, amor. Y Andrés me respondió: no los molestemos, llevamos uno, descansamos, llevamos el otro y listo.
Al segundo siguiente, ellos mismos se acercaron:
-Perdón, una pregunta… ¿ustedes son Jime y Andrés?
-¡Hola! ¡Sí!
-¿Del blog: La Vida en Viaje?
-¡Sí! La Vida de Viaje.
-¡Yo los sigo! ¡Qué bueno verlos acá!

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Y entre charla y charla, aparecieron más amigos, todos con sus cascos y el pulso acelerado después de haber hecho el bosque de arrayanes en bici. Los seis nos ayudaron a cargar los botes. Gracias, gracias, gracias. Soy feliz.
Paramos en un camping por tres días sin deseos de irnos por la increíble ducha de agua caliente, ese chorro que nos usó de blanco perfecto, esa lluvia que nos recordaba que no todo era agua fría sino que también existía el agua caliente. Éramos los únicos en el camping y nos dimos el lujo de darnos una ducha de más de 10 minutos. Sepan entender: es una necesidad, cambia la temperatura corporal, cambian las ideas y nos urgía sacarnos el olor a neoprene que en este viaje se convirtió en nuestra segunda capa de piel.
Al otro día salimos a darle la vuelta a la península de Quetrihué en kayak. Ahí se escondía un tesoro: el bosque de arrayanes, algunos con más de 650 años de edad. Se trata de una especie nativa característica del bosque andino-patagónico cuyo tronco es frío y color canela. El vocablo “Quetrihué” significa en idioma mapuche “donde hay arrayán”.

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Son 12 km de ida sobre la margen oeste y 12 de regreso por el este. Paredones muchos, playas para parar pocas. El frío del bosque, los chucao cantando (esos pajaritos tan chiquitos que vuelan en el sur), el viento ausente. Después de los días agitados que tuvimos, esto se volvía un paseo. Llegamos al muelle que indicaba el ingreso al Parque Nacional Los Arrayanes. Estacionamos los kayaks, sacamos del tambucho una lata de atún, pan y mayonesa y nos sentamos en un banco de madera que estaba sobre la costa.
-Perdón, una pregunta… ¿ustedes son Jimey Andrés de La Vida en… La Vida de Viaje?
-¡Hola! ¡Sí!
-Quiero que sepan que por su culpa estoy acá.
Los tres largamos una carcajada y nos volvimos a presentar. Facundo estaba viajando desde Bariloche hasta San Martín de los Andes por primera vez en bicicleta y vino a pedalear al bosque de arrayanes. Nos sentamos, almorzamos y dimos una vuelta por las pasarelas que conectan el lugar. Nos despedimos, volvimos a los kayaks para regresar al camping y en Bahía Brava nos volvimos a encontrar con Facundo para tomar unos mates. En ese momento, unos chicos se acercaron:
-Perdón, una pregunta… ¿ustedes son Jime y Andrés de La Vida de Viaje?
-¡Hola! ¡Sí!
-Los seguimos por el blog, nosotros también viajamos pero en camioneta.

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Guillermina y Gonzalo del blog: Vuelta por el Universo www.vueltaporeluniverso.com se sentaron así con nosotros a merendar. Ellos estaban cumpliendo su sueño de viajar en La Fugitiva, una trafic modelo 94. Charlamos, tomamos mates, nos despedimos y volvimos al camping sabiendo lo que nos esperaba: la sagrada e incomparable ducha de agua caliente.
Los próximos dos días fueron libres: libres de kayak, de comer algo más que fideos, de dormir siesta… Llovía, y cuando llueve el lago es una seda. Llovía a cántaros, menos mal que no salimos. A la mañana siguiente, y después de patalear (porque andá a saber cuándo volveremos a disfrutar de una buena ducha de agua caliente), salimos en dirección a la isla Fray Menéndez que estaba justo enfrente del camping. La rodeamos y pensé: “no todo es lo que parece”, porque la cara oeste de la isla era tupida, llena de árboles y verde, pero la cara este de esta misma isla es gris, agrietada, un paredón. La explicación: la erosión del viento y del agua siempre es más fuerte en el oeste, y de ese lado el enemigo invisible se hace visible.
Era el día 12 de la travesía y el fondo transparente nos seguía sorprendiendo. Había vapor sobre el agua y seguían apareciendo islas: esta vez dos iguales y redondas. Entramos en el brazo Última Esperanza y nos preguntamos por qué habrá sido bautizado con ese nombre.
El bosque acá no es verde: es verdísimo. Es que el 4 de junio de 2011 el cielo de Villa La Angostura se tapó y la ceniza del volcán chileno Copahue lo cubrió todo (rutas, lagos, casas, senderos). Esa arenilla gris e invasiva parecía el fin del mundo. Sin embargo, desde ese día todo cambió. El pueblo se unió y en tiempo récord se recuperó. La naturaleza tomó la ceniza como abono y Villa La Angostura volvió a ser “el jardín de la Patagonia”.
Las playas en Última Esperanza están aún hoy cubiertas de ceniza, y cuando entramos en el brazo de al lado, el Rincón, remamos rodeados de piedras pómez del tamaño de carozos de aceitunas. Los remos parecían maracas: hacían tanto ruido que creímos que en cualquier momento se iban a rayar. Al agua la sentimos más densa, más espesa. Después recorrimos el brazo Machete y de ahora en adelante sólo nos quedaba volver. Empezamos a recorrer la margen oeste del lago, la menos intervenida por el hombre, y entramos en sus brazos más largos y complejos: el Blest y el Tristeza.
Dicen que lo mejor siempre queda para el final.

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Tecnología

Parka Marmot Exum Ridge Goretex

octubre 6, 2017 — by Andar Extremo0

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Seguimos con las pruebas de campo y esta vez le toca el turno a Marmot, marca desarrollada por David Huntley y Eric Reynolds en 1974. Una evaluación con pruebas exigentes, realizada por nuestra revista, y La Vida de Viaje, permitió un informe concreto y minucioso de la parka deportiva, transpirable, impermeable y rompeviento. Desde Andar Extremo junto a Andrés Calla (gran ciclo turista), les presentamos lo realizado.

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La parka Marmot es un rompeviento impermeable totalmente guerrero, increíble para realizar deportes con mucha movilidad. El testeo elegido para la prenda fue realizando en kayak (con lluvia durante un tiempo aproximado a las tres horas), en caminata en la sierras por 6 o 7 horas, y en una clase de spinning de una hora, con el objetivo de comprobar su transpirabilidad.
La remada en kayak fue una prueba dura por las condiciones climáticas adversas, y luego de varias horas de actividad, no sólo teníamos las prendas internas secas (gracias a las costuras 100 % selladas), sino que a eso se sumó un beneficio único para el deportista exigente: en ningún momento se sintió el viento. La transpirabilidad de Gore-tex Active, realmente brinda en esta parka, una comodidad óptima.
Diseñada para los movimientos rápidos, tiene un diseño pegado al cuerpo, con mangas que calzan a la perfección y cierre del velcro en los puños asimétricos que dan una movilidad increíble y más para una actividad como es el kayakismo.

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En la sierras, la prueba también fue exigida, ya que al comenzar el trekking la temperatura era inferior a los 4 grados. Tres características resaltaron desde un principio: los bolsillos resistentes al agua y con un cierre bien amplio y alto (por un lado hacen imposible la pérdida de objetos y por el otro son algo incómodos para el descanso de los brazos), el dobladillo con cordón elástico que no permite que pase el viento por debajo, y la capucha, compatible con casco con ala moldeable que termina de brindar una protección contra todo factor climático, fundamental para protegerse al máximo. Algo más que destacable: posee también una tecnología Angel Wing Movement™ que evita que se suba la campera por sobre la cintura al levantar los brazos.
Con un peso de 331 gramos, la prueba de transpirabilidad más dura fue hecha en un salón cerrado, en una hora de bicicleta fija. Allí, se detectó una confección increíblemente transpirable realizada con capa Gore-Tex Active, una tela tricapa, la más técnica a nivel evaporación de Gore. Lo bueno de este test, fue que luego de una hora, la campera seguía evaporando y la sensación en el cuerpo no era de agobio.
En síntesis, Marmot presenta una parka ideal para hacer deporte, muy cómoda, impermeable, respirable y con una capacidad de cortaviento más que útil para deportes de extrema exigencia.

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La vida de viaje y la Exum Ridge
¿Qué campera llevar cuando la idea es recorrer en bicicleta 1247 kilómetros por uno de los lugares
más lluviosos y fríos del mundo?
Hoy, después de usarla durante más de dos meses en la Patagonia chilena, la respuesta es la Exum Ridge Jacket de Marmot. Era la primera vez que iba a viajar con indumentaria de esta marca, y por más que las críticas fueran buenas, las dudas aparecían una y otra vez.
La primera impresión no fue de las mejores: su tela liviana y sus 300 gramos me hacían dudar sobre su impermeabilidad y su capacidad rompeviento. Todas esas inquietudes desaparecieron el primer día de viaje cuando una fuerte y fría lluvia patagónica la puso a prueba. Sé que no fue un amor a primera vista, ¡pero sí de primer uso!

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Con el paso de los días tuvimos la oportunidad de realizar diferentes trekkings, caminar sobre glaciares, pedalear con todos los climas y hasta remar varias veces en kayak, y la campera siempre cumplió con su función de tercera capa sin dejar de lado su excelente transpirabilidad. La Exum Ridge Jacket está pensada y diseñada para realizar actividades deportivas y esto se nota en todos los detalles: desde los bolsillos en el pecho, los puños con velcro y hasta la capucha que te permite usar todo tipo de cascos sin ningún problema.
La experiencia de uso fue muy buena por sus características y versatilidad. Y hoy es una campera que no pienso sacar de mi mochila sea donde sea que esté, en el medio de la Patagonia o en la mismísima ciudad de Buenos Aires.

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Mountain Bike

Paso Portezuelo de la Divisoria

octubre 4, 2017 — by Andar Extremo0

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En el proyecto 43 Cruces de Los Andes en bici entre Argentina y Chile, esta vez, Javier Rasetti y Marisol López, nos cuentan la experiencia del séptimo cruce Paso Portezuelo entre El Chaltén y Villa O’Higgins. Con ustedes, la emoción y la aventura en un recorrido inolvidable. Nota en la Revista Andar extremo n° 46

Por Marisol López fotos: Javier Rasetti

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Una pequeña senda de barro y raíces sube en medio del bosque. Un mosquito se posa en la frente pero las manos están ocupadas empujando, intentando ayudar al resto del cuerpo que, aunque parezca algo chico y flacucho, siempre saca fuerzas de algún rincón terriblemente testarudo y empecinado que me permite dar otro paso más. Y el mosquito? que pique nomás, ahora estoy ocupada.
Arriba me espera Javi que saca fotos y se ríe. “Vamos Sol, dale!!”, me dijo, y seguí empujando concentrada y contenta porque sé que mientras bajo la mirada, mientras los pies avanzan un poco más y la transpiración me cubre la cara, Javi me sigue mirando sonriente y seguro de que voy a llegar.
Se llama Paso Portezuelo de la Divisoria, pero pocos saben su nombre real dado que se lo conoce como el cruce O’Higgins. Une el pueblo del Chaltén en Argentina con el de Villa O’Higgins, en Chile, y para poder realizarlo hay que cruzar dos lagos y hacer un trekking de 8km por el bosque.
Eran pasadas las 12 del mediodía cuando salimos de El Chaltén rumbo al Lago del Desierto, y la balsa que nos cruzaba a la punta norte del lago salía a las 16.30hs. Teníamos 38 km de ripio por delante y cuatro horas para llegar. “Hay que pedalear, si pedaleamos llegamos… como vos quieras, Sol”. Sabía a qué se refería Javi cuando decía “Hay que pedalear”, con los ojos que saltaban del entusiasmo. Definitivamente, había que intentarlo. “Lleguemos a la balsa”, fue la única respuesta que se me ocurrió darle. A partir de ese momento, nos subimos a las bicis y como si con el hecho de decirlo se activaran los mecanismos de nuestros motorcitos internos, nos fuimos alejando mucho más rápido de lo que hubiéramos imaginado.

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Atrás quedaban 15 días que particularmente me marcaron profundo, en los que tuve la posibilidad de caminar aquellas montañas con mi papá después de un año de tener que nombrar la palabra cáncer más veces de lo que hubiéramos querido. Mientras un aparato de rayos, el cuerpo y el miedo a la pérdida, se transformaban en una de aquellas imágenes que congelaban el tiempo, mi papá se paraba firme y con las manos en los bolsillos por el frío, estiraba el cuello y sonreía como un nene, con una sonrisa eterna de ojos brillantes mirando un glaciar… yo me la guardaba bien adentro por el resto de mi vida.
Atrás también quedaba una casa que se iba levantando entre ladrillos, cemento, cal y todo el amor inabarcable de dos padres por su hija, de una pareja construyendo una vida juntos, de una nena dulce y hermosa soñando con una habitación del color de las jirafas, y de una amistad que me hace decir gracias en voz baja, mientras escribo.
Disfrutar de mi papá en uno de sus rincones del mundo favoritos, luego de un año difícil de estar peleando contra el cáncer, fue maravilloso.
Poder ser parte y testigo de un momento tan importante en la vida de Evan, mi gran amiga, mientras se hacía su casita en El Chaltén, también se habían convertido en parte de este viaje…de estos Andes en bici que no paran de movilizarnos y regalarnos oportunidades.

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Eran las 16.15 cuando llegamos al Lago del Desierto muy sonrientes y cansados, justo a tiempo para tomar la balsa. A partir de ahí, el cruce dejó de ser de dos para multiplicarse por 4. Con Jime y Andrés nos conocemos desde el 2014, la relación primero fue virtual pero, de a poco los caminos, elecciones y visión del mundo empezó a juntarnos, y para cuando nos dimos cuenta ya estábamos ideando viajes grupales. Ellos tenían su proyecto, nosotros el nuestro, y las rutas no coincidían hasta esa tarde en el Lago del Desierto, frente a la balsa que nos llevaría hacia la otra punta donde tendríamos días de risas y recuerdos juntos.
Para llegar a la punta norte, donde se encuentra el puesto de Gendarmería Argentina, se puede optar por dos alternativas: hacerlo en una balsa que demora 40 minutos o, rodear el lago a lo largo de un trekking de 12 km por el bosque. Nuestra primera reacción fue entusiasmarnos con el trekking y descartar la balsa pero apenas nos pusimos a averiguar un poco más, no hubo ninguna persona de las que lo habían recorrido caminando, que nos incentive a ir con las bicis. Según decían, era un sendero exigente con caminos angostos y saltos de agua que lo cruzaban, por lo que las bicis podían llegar a complicar demasiado el avance. Así que después de seguir insistiendo y averiguando un poco más, nos decidimos finalmente a tomar la balsa. Estábamos al principio de la temporada, aún no teníamos experiencia en bosque y aunque sabíamos que no era algo imposible de hacer, de a poco íbamos aprendiendo que la búsqueda del equilibrio trata también de humildad y de aprender a decir que no cuando las condiciones no nos acompañan.

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Por eso es tarde, subimos a la balsa pero, para ser totalmente sinceros, mientras tomábamos un chocolate caliente, cómodos y mirando por la ventana, no pudimos evitar ir con la vista clavada en la costa intentando descubrir por dónde iría el sendero, en qué parte subiría o se pondría intransitable. Era normal y no era la primera ni la última vez que nos pasaba, teníamos la eterna melancolía por lo desconocido.
Yo cortaba la zanahoria en una tablita chiquita y movediza, haciendo todo lo posible para que no termine en el suelo, pero mi esfuerzo al parecer no era suficiente, así que Jime la iba atajando en el aire y la ponía en el sartén. Cocinábamos a dos fuegos, en medio de lengas y ñires, charlando de a ratos, pero con la mirada ausente y las voces sin palabras durante otros, porque atardecía en la Punta norte del Lago del Desierto y cada uno se despedía del Fitz Roy a contraluz y en silencio.
Si hay algo que nos moviliza en esto de andar recorriendo y cruzando la cordillera 43 veces, es todo lo que podemos descubrir y aprender al mismo tiempo. Después de nuestra primera temporada de tres meses en los Andes del norte, sabíamos cómo desenvolvernos en altura, con tormentas eléctricas o aludes. Habíamos perdido el miedo al desierto, la falta de reparo y agua, lo inhóspito de sus distancias. Ahora estábamos en la otra punta del mapa y una vez más nos sentíamos unos novatos frente a una montaña distinta.

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Salimos esa mañana desde el puesto de Gendarmería hacia Candelario Mancilla, con entusiasmo y curiosidad por lo nuevo. Improvisamos un bikepacking casero porque teníamos varias horas de trekking por el bosque con subidas angostas y suponíamos que íbamos a tener que cargar la bici en más de una oportunidad. Vaciamos las alforjas traseras, las pusimos adentro del bolso estanco y cargamos las mochilas con el mayor peso, para que la bici quede más liviana y maniobrable.
El gendarme nos mostró la dirección y fue hacer algunos pasos para que el camino se vuelva una pequeña senda en subida de tierra y raíces. Alrededor nuestro, el bosque se cerró tapando todo el cielo. El mensaje parecía claro: entrábamos en su reino, un reino que nos cargaba de un sentimiento ambiguo e intenso. En aquel túnel de verdes y ramas, nos sentíamos protegidos, como si todo ese frondoso y húmedo bosque estuviera ahí para abrigarnos, repararnos del viento y la lluvia, ofrecernos arroyos de agua y, definitivamente, enamorarnos. Cada uno de los elementos que nos rodeaba era tan perfecto, que la ubicación en tiempo y espacio podían desaparecer, dejándonos hipnotizados y sonrientes.

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“Podemos descubrir y aprender al mismo tiempo”

Si por alguna razón, la senda se perdía o el camino se dividía y no sabíamos por dónde continuar, aquel mundo que nos cobijaba, nos atraparía convirtiéndose en un laberinto. Tal vez por eso habíamos coincidido en tomarnos esos kilómetros con calma, no había por qué apurarnos. Nos encontrábamos en medio de todo lo que habíamos deseado y era nuestra responsabilidad ser conscientes y disfrutarlo.
Subimos con la transpiración pegada al cuerpo, lento y entre risas, porque alguno se quedaba trabado en las raíces y había que rescatarlo, porque mi frente era una roncha enorme de picaduras y porque los músculos, se cansaban de empujar..
Cruzamos un arroyo con cuidado y paciencia, después cruzamos dos, tres, cuatro arroyos más, y lo que había empezado con una revisión minuciosa de cuál sería la mejor forma de vadearlo, se volvió un desparramo de saltos improvisados.

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Jugar
Cuando éramos chicos, no había absolutamente nada que pueda ser más importante. Me recuerdo con mis hermanos comiendo a las apuradas o esperando con impaciencia que se pase la hora de la siesta con el único y fundamental objetivo que movía nuestra pequeña existencia: JUGAR.
Si a los 8 años nos hubieran puesto a los cuatro con nuestras bicis en medio de un bosque, estaba claro en qué hubiéramos ocupado el tiempo. Ahora éramos adultos y hacía rato habíamos decidido tomarnos las cosas importantes con responsabilidad. Teníamos tiempo y un bosque increíble…no había dudas sobre qué era lo que teníamos que hacer: VOLVER A TENER 8 AÑOS.
“huet..huet..huet…huet!!!”

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“Íbamos aprendiendo que la búsqueda del equilibrio trata también de humildad y de aprender a decir no, cuando las condiciones no acompañan”

Apenas lo escuchamos empezamos a buscar por todas partes hasta que apareció. Dio algunos saltitos, de una rama al barro, del barro a un tronco y se acercó a nosotros. huet..huet…siguió insistiendo. Era chiquito, con los ojos grandes y oscuros y no dejaba de repetir su nombre. Nos quedamos quietos para no asustarlo, porque sabíamos que usualmente permanecen escondidos, pero nuestra presencia parecía no importarle demasiado y hasta nos daba la sensación de que era él quien nos estaba observando a nosotros. Qué suerte la nuestra, nos habíamos encontrado con el Huet-Huet más curioso de la Patagonia y había decidido salir a presentarse:
“El Huet-Huet, es un ave de 22cm que habita el bosque andino-patagónico y la selva Valdiviana. Tiene patas bastante largas, adaptadas a la vida en el suelo. Es buen caminador, vuela poco y su coloración mimética lo protege de sus depredadores.”
Dejó que lo grabemos, le saquemos fotos y cuando creyó que ya había hecho lo suficiente, desapareció. Guardamos el equipo y seguimos avanzando felices, con el oído más atento y la sensación de que no sólo el Huet-huet nos estaba observando escondido desde algún rincón.

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Pasaron las horas, el hito no aparecía, y el camino seguía jugando a los obstáculos: por acá un árbol caído, por ahí un mallín con mucho barro. El:-“che no llegamos más!!”, de a poco empezó a tomar protagonismo hasta que a lo lejos vimos que el bosque se abría y la luz del sol entraba con fuerza. Llegamos al límite a las 4 de la tarde y a partir de ahí, la posibilidad de subirnos a las bicis.
La sensación de volver a deslizarnos con el vientito pegando en la cara fue extraordinaria, aunque no duró mucho tiempo. Un poco más adelante, Andrés nos esperaba a un costado del camino con uno de los pedales en la mano. Nos faltaban 14 km hasta Candelario Mancilla y tener que llegar caminando cuando podíamos pedalear, era la última opción en la que queríamos pensar. Se pusieron a buscar soluciones hasta que después de intentar y descartar todos los arreglos mecánicos posibles, Andrés la miró a Jime y le dijo -“Vamos a tener que remolcar mi bici con la tuya”. Pensamos que era un chiste, pero él no se reía -“Necesitamos una soga o algo con lo que podamos engancharlas”, agregó. Cuando nos dimos cuenta, estábamos camino a Candelario Mancilla con Javi y Andrés que habían descubierto en las bajadas y el remolque de bici, un nuevo entretenimiento.
En el instante que lo vimos, tuvimos que respirar profundo y contener el aire por unos segundos: el Lago O’Higgins era de uno de los turquesas más grandes e intensos que hayamos visto antes.
A partir de entonces, una bajada fuerte y larga nos llevó hasta Candelario Mancilla. Pasamos por el retén de carabineros, hicimos los papeles y preguntamos los horarios y días de la balsa que nos tenía que cruzar hasta Villa O’Higgins. “Mañana al mediodía tendría que venir la lancha chica, pero si el tiempo sigue así no creo que cruce, hay viento y el lago esta picado”, nos respondió el carabinero.

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José Candelario Mancilla Uribe fue el primer pionero que llegó a poblar la zona en el año 1927 y en su homenaje bautizaron el lugar con su nombre. “Era mi papá”, me dijo una anciana bajita, mientras se acercaba para ofrecerme un mate caliente y me señalaba una foto en blanco y negro que colgaba de la pared. La hija y los nietos de Candelario Mancilla son los únicos habitantes de esa zona. Desde que el cruce comenzó a ser transitado, encontraron en el turismo una herramienta más de subsistencia. Aman el lugar donde viven, me lo dijeron con una sonrisa grandota. Si hay algo que aprendí de la gente que vive en la montaña, es la capacidad que tienen de comunicarse con movimientos, gestos o un simple mate.
Al día siguiente la lancha no vino, y eso nos obligó a descansar y disfrutar sin culpas. Javi y Andrés se fueron a pescar mientras nosotras dormimos una larga y reparadora siestita.
Eran las 10 de la mañana y había dos opciones para llegar a Villa O’Higgins: cruzar el lago en una lancha pequeña y mucho más económica que salía al mediodía o, esperar hasta las 6 de la tarde a que la balsa grande vuelva de hacer la visita que ofrecían al glaciar O’Higgins y pagar varios chilenos más. Con Javi no teníamos mucho que pensar, queríamos llegar lo antes posible al pueblo para poder salir a pedalear hacia Mayer, próximo cruce que nos tocaba recorrer. Jime y Andrés estaban con muchas ganas de conocer el glaciar así que nos despedimos con la seguridad de que sería el comienzo de muchos viajes juntos.
Entramos a la lancha y el capitán gritó en voz alta a modo de advertencia:-“¿alguien se portó mal? Porque el lago está enojado. Va a ser un viaje movidito “, pero nadie le dio mucha importancia, al fin de cuentas era un lago, ni el rio, ni el océano…un simple lago de aguas hermosas y transparentes. ¿Qué podía salir mal?
“Quiero llegar…por favor, por favor, por favor…lo único que quiero es pisar tierra firme!” La lancha se levantaba en el aire y caía de punta, golpeando el agua con tanta intensidad que era imposible pensar que esas paredes de fibra pudieran soportarlo mucho más. Nos agarramos de donde podíamos, hicimos chistes ridículos para intentar suavizar el momento, pero la lancha se levantaba y caía una y otra vez provocando un estruendo espantoso.
:-“Ni loca voy a cruzar el Atlántico en velero!!!”, le grite a Javi
:-“¿Y cuándo ibas a cruzar el Atlántico en velero Sol?”
:-“Yo que sé, alguna vez en la vida”
Paaaffff!!! La popa de la lancha volvía a golpear con fuerza:-“Ni loca cruzo el Atlántico en velero Javi, ni loca!!”.
Después de tres infinitas horas, la lancha se acercó al muelle y pudimos bajar. Me saqué el chaleco salvavidas, pisé suelo con firmeza y miré el lago por última vez antes de salir a pedalear los últimos 8 kilómetros que nos separaban del pueblo “Gracias”, le dije por lo bajo para que sólo él pueda escucharme. El hermoso O´Higgins me había dado una anécdota más que recordar.
Qué lindo es pedalear…mis piernas giraban, subiendo y bajando un entretenido camino de ripio que bordeaba la montaña. Antes de llegar al pueblo cruzamos un puente en el que pudimos leer un cartel: “Rio Mayer”. Era el primer contacto con lo que estaba por venir y los dos pasamos despacio. Era ancho, oscuro, y las aguas pasaban con fuerza envolviendo todo el lugar con su sonido. Los poco que sabíamos sobre el Paso Mayer era que la dificultad más grande que se no podía presentar, podían ser los ríos que teníamos que vadear, sumado a que no había camino, ni senda marcada. Seguimos pedaleando hasta Villa O´Higgins con la imagen y el sonido de aquel río continuamente presente. Una sensación extraña nos presionaba el pecho… no era algo lógico, ni se podía explicar con palabras, pero se sentía claro e intenso en todo el cuerpo.
Mayer. Iba a ser una nueva e inolvidable historia…

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Carreras de aventura

Cilene Sophya Santos: un emblema de El Cruce Columbia

octubre 2, 2017 — by Andar Extremo0

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Cilene Sophya Santos, atleta brasileña y hoy, cordobesa por elección, nos cuenta su extensa e intensa trayectoria en una de las carreras de aventura más emblemáticas del país: El Cruce. En un relato cálido y lleno de emoción, nos adentramos en el corazón de una aventurera que habla de amistad, naturaleza y desafíos.

Por Soledad Navarro para Andar Extremo Web

Soy Sophya, brasileña de São Paulo, tengo 37 años y estoy formada en Educación Física, con especialización en entrenamiento deportivo. Argentina siempre fue mi ruta para competir, para visitar amigos y sobre todo, para mis vacaciones. Sentí por Argentina una amor a primera vista y, por su forma dulce y muy educada de hablar, los argentinos ganaron mi corazón. Además, es el país donde conquisté los mejores resultados como atleta en el deporte que más me gusta.
Después de algunos años de visitas constantes, este lugar se convirtió en mi hogar. Vivo en Córdoba desde hace un tiempo, con mi familia. Lo que me trajo a esta provincia fue una cuestión personal: mi actual esposo vivía en Costa Rica y siempre venía a visitar a sus hijos (que hoy también son mis hijos). Después de que nos conocimos, su ruta de viajes pasó a ser Costa Rica, Brasil y Argentina y, posteriormente, decidimos mudarse definitivamente aquí.
Siempre fui apasionada por el deporte. Al principio hice natación y luego pasé a dedicar mi vida a correr carreras, que es lo que hago actualmente. Competí en pruebas de 10km, en medias maratones e hice tres maratones. Con el tiempo, me presentaron algo más exigente pero en contacto permanente con la naturaleza y, a partir de ahí, inicié una jornada infinita, una relación interminable con las carreras de montaña que cada día me conquistan más y llenan mi corazón de felicidad.
Mario Mello, mi actual guía, y Cristina Carvalho (in memoriam), fueron los entrenadores que más me incentivaron y serán para siempre mis maestros. Cris me dijo una vez “existen muchos profesores, pero los maestros son pocos”. Hago mías las palabras de ella. Mario fue mi primer maestro, él me recibió cuando yo no conseguía siquiera trotar por una hora, y continuamente me decía que podía dar mucho más. Siempre me animó en todas las pruebas que deseaba hacer y, aunque en determinadas situaciones discrepaba, nunca me abandonó. Siempre me recibe con mucho cariño y con una sonrisa inmensa en la cara, y eso hace que esté eternamente agradecida a él por todo el apoyo que me dio y me da.

2012

2012 – El estreno en El Cruce
Conocí El Cruce a través de Cris Carvalho, que fue mi jefe, amiga del corazón y responsable de despertar en mí la pasión por las carreras de montaña. Fue una gran atleta brasileña, excelente en todos los deportes que practicaba. Era muy fuerte, segura de sí y transmitía todo lo que sentía, a las personas que estaban cerca de ella. Por sugerencia de ella, fui por primera vez a San Martín de Los Andes para cruzar la cordillera Argentina – Chile.
Cuando pasé a integrar la empresa Núcleo Aventura / Proyecto Mujer, por invitación de Cris, ya sabía mucho de su trayectoria como atleta. Estábamos en septiembre y me llamó para una primera reunión. Dijo que un amigo estaba buscando a una persona para formar pareja y correr El Cruce y me preguntó si me gustaría participar. Recuerdo que me dijo que veía en mí mucha fuerza y que tenía todas las condiciones para hacerlo. Al escucharla, no lo pensé dos veces, y acepté la invitación. A partir de eso, comenzaron los largos y doloridos entrenamientos para un desafío que yo desconocía. Pero la decisión estaba tomada.
En ese momento, mi pareja fue Decio Ribeiro, un experimentado atleta que ya había competido en pruebas de Ultra Trail como Mont Blanc, Desafío de los Volcanes, Marathon des Sables, además de El Cruce. Al iniciar, los entrenamientos de fuerza se volvieron cada vez más intensos y las carreras cada vez más dolorosas. Los sábados estaban dedicados a los entrenamientos largos y, siempre en la compañía de Decio, entrenaba en un lugar diferente de São Paulo. Fueron cuatro meses de mucha preparación hasta el gran día. No tenía mucha idea de cómo era la prueba, aunque ya me habían explicado cómo era la logística, el campamento y la estrategia durante la competición..
Nuestra primera parada fue San Martín de Los Andes. Cuando llegamos, la ciudad estaba tomada por las cenizas de un volcán de Chile, pero eso no logró sacarle brillo. El recorrido, de una belleza que yo no conocía, me impactó.
Desde mi primer paso por El Cruce hasta hoy, he vivido muchas historias lindas que me marcaron.. En el año 2012, la travesía de Puerto Fuy y la terrible subida del volcán Mocho-Choshuenco, cubierto de hielo, fueron inolvidables. En aquel momento, le comenté a mi compañero que aquello separaba a los hombres de los niños…fue una experiencia que jamás olvidaré.
En mi estreno, conquisté con mi doble el tercer lugar en la categoría mixta, y llenándome de orgullo, supe que ésto se convertiría en mi pasión eterna.

2013

2013 -En El Cruce con la campeona Cris Carvalho
Un año después de empezar a trabajar con Cris, me invitó a ser su pareja en El Cruce. Al principio me asusté y me quedé sin reacción, no tenía palabras para responder. Traigo a mi mente esa situación como si fuera hoy.
:-“¿estás segura que quieres correr conmigo?
:- ¡sí, quiero enseñarte a correr y competir como gente grande! ”
A partir de ese día comenzaron jornadas duras, con mucha responsabilidad de mi parte por saber que estaría corriendo con la mejor de todas las corredoras. Cris tenía pasión por los deportes pero, en su esencia, las pruebas de montaña eran lo que más le daba vida, por muchos motivos y, principalmente, por ponerla en contacto con la naturaleza.
Durante cuatro meses estuvimos unidas para realizar un gran objetivo. Con la experiencia que adquirí el año anterior y con todo su conocimiento y apoyo, me sentía más tranquila pero con un poco de angustia, porque tenía miedo de no poder seguir su ritmo.
El Cruce 2013 iniciaba en Chile. Llegamos a la ciudad por la mañana y el mismo día fuimos a retirar el kit. Había un hermoso día de sol y la ciudad estaba llena de atletas. Mi ansiedad era enorme. Recibimos el numeral 1…mi compañera siempre recibía ese número.
En el primer día de la prueba, la salida era a 30 minutos de Pucón y fuimos en autobús hasta el lugar. Durante el traslado, Cris me dijo que íbamos a soltar muy fuerte y mantener el ritmo por tres kilómetros, después establecería un ritmo hasta la llegada. Respondí que estaba todo bien, y así nos marchamos. Cerca de 500 metros después de la salida, había algunas personas en el trayecto. Era una pista muy estrecha, por donde pasaba sólo una persona a la vez. En ese momento, ella demostró su lado competitivo y fue gritando bien alto “permiso, permiso! Izquierda libre, estoy pasando “. La gente miraba hacia atrás asustada. Algunas decían “sale, sale que ahí vienen dos mujeres muy fuertes”.
Terminamos el primer día en primer lugar. Llegamos al campamento y todos la conocían… creo que toda la Argentina la conocía. Muchos atletas preguntaban quién era yo, y ella me presentaba y decía “mi doble se llama Sophya”. La gente me miraba y decía: “ella es alta, magra y más parece modelo que atleta”. Nos divertían los comentarios y dejaba que Cris los respondiera.
En el segundo día de prueba, sabíamos que la distancia era muy larga y que el recorrido era durísimo. Partimos con un sol de 40º C, como si fuera verano brasileño. Sufrimos mucho ese día.
Cris había recibido el diagnóstico de un cáncer unos meses antes del inicio de El Cruce. Junto con su equipo médico, concluyó que era posible cruzar la cordillera a un nivel competitivo. Sentía su cuerpo firme a pesar de la enfermedad, tenía raza, fuerza y era valiente como un toro.
Más o menos en el kilómetro 28 de la prueba, estábamos en medio de un área desierta, sin ningún árbol y bajo un sol que Cris llamó el brasileño. Ella disminuyó un poco el ritmo y dije: “Cris, controla la cabeza y volvemos a mantener el mismo ritmo de antes”. Recibió mi comentario como una ofensa y discutimos feo en la montaña. Minutos después, volvimos a correr y me mantuve callada. En el kilómetro 40, ella empezó a hablar de trabajo y otra vez disminuyó el ritmo. Yo quería decirle que podíamos hablar de todo, pero no podíamos reducir el ritmo. No pude callar y me dijo lo que pensaba. Entonces, otra vez, se quedó estresada, dejó de correr y dijo: “¿Crees que no estoy haciendo fuerza? ¿Crees que no estoy sufriendo? Entonces vaya usted y termine la prueba sola “. Respondí que estaba bien conversar, pero que no podíamos olvidarnos de mantenernos concentrados. A partir de ahí no hablé nada más y siguió comandando el ritmo. A la llegada, ella me dio un abrazo muy fuerte, dijo que estaba orgullosa de mi postura, y así volvimos a estar muy bien.
Durante todo el día en el campamento, mi compañera estaba más tranquila y comentó que el día siguiente sería el último, que la largada era en un lugar plano y el trayecto se mantendría así por dos kilómetros. Ella sostendría un ritmo de 3’50” por kilómetro y quería que yo estuviera a su lado.
La largada ocurrió a las 7h en una carretera de tierra plana y Cris clavó el ritmo programado. Cuando me di cuenta, estábamos corriendo al lado de los equipos masculinos que lideraban la prueba: Pablo Ureta y Ezequiel Morales, José Virginio e Iazaldir Feitosa (estos dos atletas brasileños). Después de dos kilómetros entramos en una pista y entonces pude volver a respirar más tranquila.
Ese día, pensando en todo lo vivido con Cris, la discusión y el liderazgo de los tres días, me emocioné mucho durante el recorrido. En cierto momento, ella lo percibió y me preguntó qué estaba pasando. Yo expliqué que no podía creer que estaba cruzando la Patagonia con ella. Para mí, fue un orgullo inmenso cerrar ese ciclo con una persona increíble y como campeona de El Cruce 2013 en la categoría team damas.

2014

2014 – La naturaleza muestra su fuerza
En 2014 llegué a Puerto Varas (Chile), uno de los lugares más hermosos del mundo, en compañía de la rubia más dulce y especial del planeta, una persona increíble, con un corazón gigante. Formamos el doble Brasil y Argentina.
Cuando empecé a prepararme para El Cruce 2014, no sabía con quién iba a correr, pero estaba segura de que estaría en la prueba. No conocía a ninguna atleta brasileña con disponibilidad para correr conmigo. Entonces, Cris Carvalho sugirió que invitara a la argentina Sofía Cantilo. En el primer contacto que hicimos, ella aceptó. Así, por primera vez en mi currículum deportivo, formaba pareja con una extranjera. Fue una experiencia muy linda compartir la competencia con una persona de quien yo no estaba cerca, pero que tenía la misma valentía y la misma voluntad de cruzar la cordillera con el corazón iluminado. ¡Y así fue!
Sofi y yo ajustamos los trabajos de velocidad, de fuerza y los entrenamientos largos. Si bien la había visto algunos momentos en El Cruce del año anterior, nos conocimos en sentido estricto, casi en la línea de largada.
Hay una leyenda que dice que en un año llueve y, al otro, hay sol. En el 2014, ocurrieron todos los desastres naturales juntos, pero nada opacó los maravillosos lugares por donde pasamos, no disminuyó la pasión de estar en un lugar tan especial.
Mi llegada a Chile fue dramática. En el aeropuerto, mi maleta fue revisada y en ella estaba toda la suplementación que necesitaba para la prueba. Uno de los suplementos llamó la atención de los policías porque no podían identificar lo que era. Entonces, usaron un perro para identificar si era droga ¡Qué tensión! Intentaba explicar que era atleta y que iba a cruzar la cordillera pero no le daban importancia a lo que decía. Afortunadamente, lograron confirmar que no llevaba droga. Luego de ese episodio, seguí hacia el hotel, arreglé mi maleta, y por la noche fui a cenar con Sofi, para ajustar cómo sería nuestro itinerario.
La carrera comenzó con mucha lluvia y temperatura baja. El recorrido era bastante complicado, sobre todo, con el agua que caía. Sin embargo, enfrentamos los contratiempos y pusimos nuestra fuerza en cada kilómetro.
En el segundo día, la largada que debía ocurrir a las 8h, fue retrasada debido a un problema con uno de los autobuses que transportaban a los atletas: el conductor no sabía exactamente el trayecto hasta el lugar de salida. Con ese y otros inconvenientes, la salida fue aplazada hasta las 11h. En ese momento, todos ya estábamos con ganas de almorzar,.cuando se anunció que no se realizaría el recorrido original, y que la distancia de aquel día sería menor porque el volcán que íbamos a subir estaba cubierto por mucha niebla. Así, para la seguridad de los atletas, se recorrería una distancia de 24 kilómetros.
Muchos optamos por vaciar un poco la bolsa de hidratación para correr más ligero, ya sería más corto, pero los 24 kilómetros anunciados fueron en realidad 33. Esto trajo un gran problema, pues no teníamos comida y agua para esa distancia. Cuando llegamos al final del recorrido, no había nada para comer y tan poco para beber, porque en el lugar había sido montado apenas un punto para la largada. Desde ese lugar hasta el campamento, fueron dos horas de traslado. Estábamos mojados y con hambre. Llegamos al campamento con lluvia y frío, y fuimos a cenar. Descansamos un poco y al día siguiente corrimos la última parte de la prueba.
En la salida del último día, de nuevo se produjeron retrasos y todos los atletas estábamos estresados. Sofi y yo empezamos a subir la base de un volcán. El día estaba con niebla y agua, así que nos apoyamos mucho para seguir fuertes hasta la llegada. El final del recorrido fue en una pista en medio del bosque y luego seguimos en autobús para el lugar de la llegada oficial y la premiación de la prueba. Esa vez, fuimos subcampeonas de la categoría team damas.
Ese mismo año, mi esposo Paulo Quesada también participó en El Cruce, y si bien aparecemos en algunas fotos juntos, sólo nos acercamos un año después. Él estaba junto al equipo de Marcelo Perotti, que era también entrenador de Sofi. Marcelo Perotti es un entrenador ejemplar y hoy, es un gran amigo aquí en Argentina. Durante toda la prueba, tuve mucho apoyo de él y de su grupo.
Mi reflexión sobre El Cruce 2014 es que dado que es imposible cambiar el clima, debe vivirse de la forma que él lo permite. Así es la montaña.

2015

2015 – Campeón en Cerro Catedral
En 2015 viví la emoción de cruzar por cuarta vez la cordillera. La salida de El Cruce se produjo en Cerro Catedral (San Carlos de Bariloche) y yo estaba al lado de mi amiga y gran atleta argentina, Roxana Del Cid.
Roxy aceptó mi invitación y juntas, alcanzamos una hermosa conquista! Es una mujer notable y tiene un nivel técnico equivalente al mío.
No tuvimos dificultades para alinear nuestra participación. Ella tenía experiencia en El Cruce y vivió en 2015 una situación parecida a la mía. Su doble, con el que iba a correr en la categoría mixta, tuvo que cancelar la participación en la prueba. Nuestros destinos se cruzaron y nos convertimos en compañeras.
En cuanto a planificación, le sugerí a Roxy una estrategia clara: correr fuerte siempre y todos los días, pues, en su compañía, quería ganar las tres etapas. También indiqué la importancia de, ante cualquier incomodidad, conversar, para que eso no se volviera negativo. Si ambas elevábamos mucho el nivel de esfuerzo sin comunicarnos, podríamos perder todo.
Una vez que salimos, ya estábamos conectadas desde nuestros corazones y un objetivo compartido: alcanzar la línea de llegada. El primer día el recorrido fue increíble, la belleza fue única y el nivel de dificultad y la altimetría fueron bastante elevados. Después de todo, estábamos en las montañas de la Patagonia. Ante ese escenario deslumbrante, por un momento pensé que estaba teniendo una alucinación: dos músicos tocaban un violín y una guitarra mientras los atletas vencía un bello e intenso inicio de prueba.
La llegada también fue bellísima. En un día soleado, al borde de un lago maravilloso y muy helado, Roxy y yo mantuvimos el liderazgo y conquistamos el primer lugar en la categoría team damas.
El segundo día fue el momento de exigencia de la mente, de la preparación como atleta. Físicamente ya estaba desgastada del esfuerzo en la etapa anterior. El recorrido del segundo día era más largo y también más fácil en relación al trayecto anterior. Hasta el kilómetro 22, hubo predominio de tramos muy característicos de montaña, con bastante balance (subidas y bajadas); después de eso, el recorrido era plano, en medio de una vegetación abierta, cerca de un río y, entonces, seguía por una carretera interminable. La llegada del segundo día proporcionó un aspecto esplendoroso. Alcanzamos otra victoria con la vista del grandioso Cerro Tronador y su pico iluminado por la nieve.
Después de un día y una noche de campamento a los pies del Cerro, El Cruce Columbia 2015 estaba llegando a su fin. El recorrido del tercer día era plano en su inicio y, tras la escalada de una montaña, se seguía un descenso muy largo para cruzar la frontera entre Chile y Argentina. Roxy y yo sellamos nuestros pasaportes y, entonces, alcanzamos la línea de llegada para consagrarnos campeonas.

2016

2016 – Montaña y amor
Cinco años después, volví a San Martín de Los Andes con una compañía muy especial: Paulo Quesada, mi esposo.
La idea de cruzar la cordillera juntos fue de él, lo había sugerido dos años antes, cuando él vivía en Buenos Aires y entrenaba con Perotti. En esa época, yo todavía vivía en São Paulo. Algunas veces, entrenábamos juntos, pero la mayor parte de la preparación, la realizábamos por separado. Cuando faltaba un mes para la prueba, por un problema personal, Pablo no pudo competir conmigo y entonces quedó el deseo de correr juntos, para otro momento.
En 2015, retomamos la idea de formar una pareja en El Cruce. En ese momento, yo estaba de mudanza a Argentina y Pablo ya estaba viviendo en Córdoba. Llegué allí el 30 de septiembre de 2015 y, el 5 de octubre, comenzamos nuestro trabajo para la carrera. En un primer momento, fue complicado. No estaba acostumbrada a correr siempre en la montaña y, en Córdoba, cualquier recorrido ya empieza así. Además, los entrenamientos fueron todos hechos con mi compañero de prueba, que me incentivaba siempre y sabía identificar mis fragilidades, ayudándome y respetando cada momento que yo vivía. Pablo sabía que, en algunas situaciones, no podía ir más allá de mi condición.
El camino hacia El Cruce siempre es muy especial, la prueba tiene una belleza única! En la Patagonia, siento que me abro a buenas energías, convivo con personas lindas y vuelvo a casa siempre con el deseo de regresar todos los años.
En el 2016, viví algo muy raro en mi vida: por momentos, sufrí mi cansancio. En esos momentos, recordé cómo fueron de duros los preparativos. A menudo, cuando llegaba a casa exhausta, mis hijos Teo (7 años) y Luna (9 años), un poco asustados por verme tan cansada, me abrazaban y decían “Sophy, tranquila! Falta poco, cuando termine vamos a celebrar juntos “. Estas palabras de apoyo vinieron varias veces en mis pensamientos y me dejaron más fuerte. El dolor que parecía eterno se hacía momentáneo. Salía de mí el cansancio y se convertía en fortaleza, deseando cruzar la cordillera con emoción para encontrar el mejor abrazo del mundo: el de Teo, Luna y Pablo, que hoy son mi familia.
En la Patagonia, sin duda, mi corazón vibra de forma diferente, más intenso. Se trata de un mundo donde los valores entre los seres humanos se fortalecen, desde la simplicidad de compartir una mesa con alguien que no se conoce o descansar en una carpa sin ninguna comodidad. No hay mejor o peor, todos comparten sus cosas por igual. Los chicos que trabajan son personas increíbles, dejan a sus familias durante muchos días y se encuentran con sonrisa en la cara, brillo en los ojos y corazón puro. Sebastián Tagle, su organizador, ya probó que sabe cómo emocionar a los atletas con cada visual que ofrece durante el recorrido, con la alegría proporcionada por otra etapa completada y, así, todas las emociones son vividas de forma única!
En la salida del último día, estaba conmovida y cansada del esfuerzo de los días anteriores. El recorrido de ese día fue bastante difícil. En los 50 metros después de la salida, ya comenzaba una subida de 5 kilómetros donde el cielo parecía ser el límite. Cerré los ojos por unos segundos y recordé a Teo y Luna. Ese mismo día, cuando pensé que lo peor ya había pasado, empezó otra subida durísima (Cerro Malo). Allí el viento llegaba a 100 km / hora y alcanzábamos 2100 metros de altitud. Era la última subida antes de la línea de llegada y parecía no terminar nunca. En ese momento, también me acordé de Cris Carvalho y de su orientación cuando hicimos El Cruce. Muchas veces ella me pidió que me concentrar en la respiración. Sentí a Cris acogiéndome con su abrazo y vi su sonrisa…ella permanecía hermosa y perfecta, como todas las montañas, y me sentí agradecida por haberla cruzado en mi camino. Luego pensé en Pablo, mi esposo y compañero, que estuvo en todas las situaciones, y vivió grandes emociones.Esta vez, junto a mi esposo, obtendríamos un segundo lugar y una experiencia única.

2017

2017 – Buscando ser cada vez más fuerte y siempre feliz
En 2017, volví a Cerro Catedral (San Carlos de Bariloche) más fuerte de corazón y de alma, para correr por primera vez en la categoría solo, pues así el destino quiso.
Entiendo que El Cruce es una prueba que se realiza en doble (y de esa forma deseo hacerla siempre), aún considerando toda la dificultad de encontrar una persona compatible con mi nivel de entrenamiento y que esté dispuesta a buscar el mismo objetivo como mi doble. Este año, quería correr de la misma forma que había hecho en 2015, en la categoría team damas. Pero no fue posible. Tuve que adaptarme a la realidad de la vida, así es como se hace en una prueba de montaña, ajustándose el esfuerzo durante el recorrido.
Por cuestiones relacionadas con compromisos de mi trabajo y también a la logística del viaje hacia San Carlos de Bariloche, decidí hacer la prueba en la categoría aficionado. El cambio de categoría no alteró, sin embargo, la fuerza, la voluntad y la pasión de correr. En cualquier categoría, mis entrenamientos, mi responsabilidad y mi compromiso son los mismos de siempre.
Hoy doy gracias de haber realizado la carrera de un modo distinto a lo que pensé inicialmente. Viví una experiencia de deporte, trabajo y amistad, que no imaginaba vivir. El Cruce 2017 fue un hito porque pude entrenar y acompañar al primer alumno de mi empresa Cilene Sophya Team: José Fernández. Viví momentos únicos de orgullo personal, profesional y de compañerismo.
Me gusta decir que siempre hay un loco buscando locura, y esta vez, fue Fernández, un argentino apasionado por las carreras y que pasó un año entero escuchándome hablar de El Cruce. De tanto oírme, resolvió participar. La experiencia que Fer sumó en su vida como atleta le dio más seguridad para el entrenamiento. y para cruzar la línea de llegada.
Una vez decidida su participación, vino la tarea de buscar una pareja. Fernández sugirió que mi esposo Paulo fuera su doble, en razón de la experiencia de él, y también para consagrar la amistad que existe entre los dos. Entonces, se inició una larga temporada de trabajo. Cada semana ellos eran más fuertes, y yo siempre los acompañaba para seguir también más fuerte en su compañía.
El 30 de diciembre, lamentablemente, mi esposo sufrió un accidente y se rompió una costilla. Sería imposible su recuperación en apenas un mes y su médico fue enfático en afirmar que la mejor opción sería abandonar la idea de hacer la prueba, pensando en primer lugar en su salud. Tomada esa decisión, Fernández, que ya estaba muy entusiasmado y con expectativas, se vio solo, sin su doble. De ese modo, al igual que yo, él decidió competir en la categoría aficionado.
Enfrentamos en coche, en compañía de su esposa, los 1600 kilómetros que separaban Córdoba y Bariloche para seguir hasta el lugar de salida de El Cruce. Fue un viaje inolvidable y en ningún momento tuve dudas de que El Cruce 2017 sería muy especial. Incluso con los cambios de última hora, tuve la oportunidad de estar en un lugar fantástico, con un amigo que admiro mucho. Cuando el gran día llegó, yo estaba lista, ansiosa como siempre, y con el corazón golpeando fuerte, como sucede en todas las largadas.
Cerro Catedral se convirtió en un grano de arena delante de tantos atletas que vibraban de felicidad por estar en una prueba de la magnitud de El Cruce. Fernández y yo despertamos a las 3, y luego de un café, tomamos un autobús que nos llevó, en un trayecto de una hora y media, hasta la línea de salida.
Pero como todo El Cruce es una aventura, finalmente no partimos de Chile, pues un incendio incontrolable alcanzaba la región. Fuimos notificados de que no haríamos el recorrido programado del lado chileno y saldríamos directamente de Argentina hasta el primer campamento. Definitivamente, nada sería capaz de detenerme, tenía muchas ganas de correr y de conectarme conmigo. Después de 30 kilómetros, llegué al campamento 1, esperé a Fernández, y almorzamos juntos. Fue un día hermoso, en un lugar especial. Los campamentos siempre son el mejor lugar de la prueba, en ellos es posible disfrutar de amigos, escuchar las historias de alegría y de sufrimiento de cada uno.
Al día siguiente, otra distancia aguardaba a los corredores. Sabía que sería el día más difícil de la prueba. Desperté y esperé a que mi compañero desayunara. Le dije que sería un día muy duro y que era importante que se concentre en el ritmo y en su respiración, sin embargo, estaba prohibido no disfrutar del paisaje.
Después de la salida, el recorrido seguía por un kilómetro a orillas del lago Mascardi. Después una pista llevaba los corredores hasta alta montaña. Empecé la carrera fuerte y concentrada, porque sabía que a partir del kilómetro 10 la altimetría sería bastante exigente. Al principio de la ascensión, cerca de mí estaban cinco muchachos que peleaban por una colocación. Entonces me junté a ellos para mantener el mismo ritmo. En ese momento, pensé mucho en mi alumno, pues sabía que él nunca había hecho algo similar. El visual compensaba el dolor y la fatiga. El lugar era de una belleza impactante.
Después de cruzar un camino que tenía más o menos siete kilómetros, enfrentamos un descenso muy técnico hasta el segundo campamento, que quedaba a las orillas del lago Gutiérrez. En cuanto llegué, entré al lago para refrescarme y luego fui a la línea de llegada con un suplemento de recuperación, y agua. Ayudé a mi alumno con su mochila, lo acompañé hasta la tienda y otra vez almorzamos juntos. En los entrenamientos, él siempre me decía que, si yo llegaba antes que él, tenía que lavar su camiseta. Era una broma para relajarnos, y debo decir que, si bien llegué antes los tres días, nunca lavé su camiseta!
El último campamento fue muy especial. Por la noche, después de la cena, la organización de El Cruce exhibió un vídeo de la etapa del día anterior. Sebastián Tagle agradeció a todos y escuchamos historias de personas que participaron desde su primera edición. La noche terminó en fiesta como nunca antes había ocurrido en toda la historia del evento.
El último día, la largada estaba programada para las 7:30 y, antes de ella, teníamos que presentar los equipamientos obligatorios, en la misma secuencia de llegada del día anterior. Estaba en la punta, y Fernández salió un poco después. Cuando me despedí de él, le dije que corría con el corazón feliz pues, a la llegada, su esposa Gabi, nuestra amiga Juli y yo, estaríamos esperandolo.
La llegada se produjo en Cerro Catedral, pasando por el lado trasero del área de las estaciones de esquí, incluso por donde corrí en 2015. No recordaba que era una vuelta difícil. Salí con los diez primeros atletas masculinos y seguí a ritmo fuerte. Cuando alcancé el punto más alto, el escenario era emocionante. ¡Estaba sola, concentrada y llena de ganas de cruzar la línea de llegada, consagrándome una vez más, campeona!

Luego de todos los años vividos, los compañeros, los paisajes, las sensaciones, siento que siempre vale la pena sacrificarme, superarme y, sobre todo, creer que no existe límite para los que anhelan intensamente un destino.

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Videos

Banff Mountain Films Festival, 3er Noche, Cortos Argentinos

septiembre 29, 2017 — by Andar Extremo0

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Con la revista Andar Extremo estuvimos el jueves 28 de Septiembre en la tercer Noche del Banff Mountain Films Festival, donde se presentaron los cortos Argentinos en el centro comercial DOT de Capital Federal.

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La Previa ya ameritaba lo que iba a ser una noche increíble, la Presentación del Libro de La Balsa Atlantis de la mano del Gran Capitán Barragán y del editor Rafael Jijena Sánchez, quienes presentaron una edición terrible de una calidad insuperable. Sumado a todo esto la romanticidad de las historias de Alfredo y su criterio de aventurero puro, un deleite para los oídos, el corazón y el alma.

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El ciclo de la 3er Noche abrió con un exquisito films, de una calidad de imagen y unos encuadres extraordinarios que describió la vida del artista fotográfico Eliseo Miciu y su pasión por la fauna patagónica y sus recovecos naturales. Un corto de Wild River Films. Una historia de vida atrapante, de este artista que describe, con muy buenas imágenes, los periplos que le lleva a sacar sus fotos, con las inclemencias del tiempo y la dura vida patagónica.
El segundo corto fue un popurrí de historias de tablas, llamado Nutram, mostraba la forma de vida de riders de snowboard, de surf y de Skate y su pasión por hacer su deporte en diferentes lugares, con buenas tomas de fueras de pista en snowboard.
El tercer corto, fue muy, muy lindo, los chicos de la Vida de Viaje y primer filme que describió la Carretera Austral. Muy atractivo y por momentos con toques cómicos, nos llevó la cabeza a esa libertad que te da viajar en bicicleta. Por momentos un video técnico, por momento paisajista, natural, muy bueno… Kilómetro a kilómetro te muestra los 1247 km de esta carretera con los condimentos: de cansancio, paisajes increíbles, rotura de bicis, mucha naturaleza. Un buen comienzo en el ámbito documental de Jimena Sánchez y Andrés Calla.

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Luego un break con unas ricas cervezas y el cuarto films llamado “El Mar y yo”, mostraba historias de vida de gente que practica surf, incluyendo a la familia Gil en Mar del Plata y su pasión por las olas. El agua, las ondas y la playa es muy buen motivador para un corto. Lo interesante… el surf adaptado, para chicos con discapacidades.
En pen último lugar un film bien editado con buen sonido, pero realmente le faltaba encanto. Contaba la historia de dos amigos que decidieron hacer 100 millas corriendo para desafiarse a sí mismos.

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Y el último de los cortos realmente muy gustoso, la historia y el ascenso al Manaslu en 2016 de Juan Pablo Sarjanovich, uno ocho mil que había intentado en el 2015 y a causa del mal clima tuvo que abandonar y al año siguiente volvió a darle pelea. Un video motivante y a su vez le hace honor a Mariano Galván quien en un momento está perdido y Juan Pablo lo cruza y le grita para orientarlo. Realmente un video con mucha carga emocional!

El Banff una experiencia imperdible para los amantes de la aventura!!!

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Montañismo

Expedición al Aconcagua en Solitario

septiembre 26, 2017 — by Andar Extremo0

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Este relato podría ser una historia más de las miles que existen y se cuentan, pero el autor la escribió en homenaje a Andar Extremo y su gente, por la amistad, el esfuerzo y dedicación en la divulgación de temas relacionados con las montañas y con aquellas personas que las visitan y caminan sus territorios. Nota en Revista Andar Extremo n° 46

Por Juan Martín Laborde

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Creo que la montaña es uno de los últimos territorios donde todo está comenzando o concluyendo y, en mi caso, cada salida es un inicio en el que el destino llama con fuerza. El Aconcagua (6962 msnm) estaba a unos días de viaje cuando empecé esta experiencia y al poco tiempo, ya me encontraba caminando sus territorios de tierra, piedra, nieve y hielo.
El cerro tiene en su propio nombre, un poder de seducción irresistible y en muchos casos representa uno de los lugares a donde queremos ir mientras el cuerpo responda. Es común que forme parte de una lista de aquellas cosas a realizar por los intrépidos, aventureros y amantes del ego. Se escucha mucho decir haber corrido una maratón de 42 kilómetros, saltar en paracaídas, hacer parapente y ahora, le sigue el Aconcagua. Creo que los eventos te ponen a prueba durante unos minutos u horas, pero una montaña como ésta tiene varios días para derrotarte o seducirte. Entendiendo que los obstáculos a vencer están en nosotros y no en el cerro.

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Inicio por la Quebrada del río Vacas.
Los hechos de esta historia iniciaron luego del permiso de ascenso y la compra de víveres en la ciudad de Mendoza. Pasé la noche en Penitentes (2580 msnm) y al día siguiente, el ingreso lo realicé por “Punta de Vacas” (2350 msnm) por donde se recorre la Quebrada del Río Vacas, pues era mi intención hacer un itinerario distinto y salir por la Quebrada del Río Horcones para conocer de esta manera otra vía de ascenso.
Desde el comienzo de la marcha, el clima reinante de lluvia no me sonrió pero como en todas las dificultades que aparecen, siempre existe un enigma de cuánto hay de real y cuánto de imaginado. Lo que es conocido y seguro, es que los problemas se llevan mejor con el ánimo positivo.
Después del ingreso y 4 horas más tarde, llegué al campamento “Refugio Pampa de Leñas” (2950 msnm) y al día siguiente , luego de 7 horas de marcha lo hice a “Casa de Piedra” (3250). Durante el trayecto de ida y llegando al campamento, miré hacia la izquierda en la “Quebrada de los Relinchos” y por algunos minutos se abrió una ventana entre las nubes donde era posible observar el cerro Aconcagua. Esta quebrada escarpada y estrecha, era la que me conduciría al día siguiente hacia “Plaza Argentina” (4200 msnm) a donde llegué al tercer día, después de 6 horas de marcha.
La desventaja manifiesta de esta ruta era el costo mayor del porteo en comparación con la ruta normal (“Horcones-Plaza de Mulas”), pero entre sus ventajas, poseía un paisaje más llamativo en vegetación y fauna. Además, los senderos eran menos transitados y el porteo de mulas se detenía a pasar la noche en los mismos campamentos de la marcha, por ende al final del día y de ser necesario, uno podía disponer del equipo que iba en los animales.
La lluvia que por momentos se detenía no era obstáculo para apreciar el paisaje. Mirar el entorno es algo simple y la vista siempre encuentra un camino, al contrario de lo que ocurre cuando la mirada es hacia dentro de uno mismo, donde no todos los laberintos tienen salida. Esto me llevó a los motivos de este viaje.
Decidí realizar este ascenso en solitario aún con el miedo a lo desconocido como un hueco negro, fascinante, que produce ese cambio químico que transforma nuestro cuerpo en intensidad y genera el deseo de narrar luego la historia. El hecho de ir solo fue porque creo que nos equivocamos al pensar que la dicha proviene únicamente o en su mayor parte, de las relaciones humanas. Pienso que la encontramos en todas y cada una de las cosas que podemos experimentar y que esperan que las tomemos o al menos que hagamos el gesto para alcanzarlas. En este intento de cumbre se resume en gran parte la necesidad de mi espíritu, en ese momento.

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Llegando a Plaza Argentina.
El campamento Plaza Argentina es un ambiente con menos visitantes, menos turístico, y el número de carpas es más reducido. No se encuentra esa ansiedad por la cumbre manifiesta en otros campamentos base.
En la mañana, la lluvia quedó atrás y mientras el clima me ofrecía una tregua me dispuse a realizar los controles médicos que eran solicitados antes de iniciar los porteos de comida y combustible a los campamentos de altura 1 (4900 msnm) y 2 o “Guanacos” (5850 msnm) y continuar con la aclimatación necesaria para el ascenso.
Luego de un día de descanso y el control del equipo que vino con las mulas, comencé el porteo a los campamentos más altos. La idea era llevar comida a ambos lugares en una jornada y por consiguiente decidí iniciar temprano con esa tarea.
En las primeras horas del día, en el campamento reinaba una quietud de piedra y lentamente me fui alejando. Hacía frío y luego de andar unos pasos apareció el silencio que golpeaba como una ola cargada que te baña, dejando impreso un tatuaje efímero. La montaña no sólo te cansa, también te trae pensamientos de gozo, delirio, tristeza o reflexión y en lo personal, el hecho de cómo dejaste las cosas de tu vida familiar, sentimental o laboral antes de empezar un ascenso, define los pensamientos y sensaciones que vendrán después. En definitiva, la montaña no es un lugar de redención.
Horas después de haber pateado piedras, el sol comenzó su recorrido visible y me encontró subiendo una ladera de suelo flojo que cansaba las piernas. El sol hacía todo más placentero en un cerro y hasta esa sensación de soledad se esfumaba por momentos. La luz daba de pleno en las laderas del cerro Ameghino y yo iba cruzando algunos arroyos de deshielo mientras miraba a los lejos algunos penitentes en fila como si fueran los únicos espectadores de mi marcha. La pendiente aumentó considerablemente y a medida que subía, se aceleraba mi respiración como consecuencia de la altura y el esfuerzo de llevar la pesada mochila. Pienso que en toda montaña hay un rasgo que acompaña su belleza, dificultad y desafío, y es la altitud que la define.

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Porteos a Campo 1 y Guanacos.
Llegué al Campo 1 cuando se hizo evidente que la pendiente disminuía. Observé diferentes sectores aptos para la instalación de una carpa como también algún curso de agua que permitiera la rehidratación y facilitara las tareas de cocina. Elegí un lugar donde pasaría la noche a mi retorno, y dejé parte de la carga que protegí con algunas piedras. Luego de descansar un rato inicié la marcha hacia el siguiente campamento que comenzaba con largas diagonales sobre los faldeos del cerro Ameghino hasta llegar al portezuelo (5200 msnm) que conectaba dicho cerro con el Aconcagua. El recorrido se hizo menos esforzado en relación a la pendiente y la vista se abrió hacia el oeste. Tiempo después llegué al “Campamento Guanacos” donde también encontré un curso de agua de deshielo y una amplia terraza para acampar. Descansé un largo rato antes de dejar el resto de la carga y emprendí el regreso a “Plaza Argentina”.
En la noche, después de la cena, preparé el equipo para el día siguiente considerando que empezaba un viaje de ida sin retorno. Miré las botas Ama Dablam nacionales que iba a llevar arriba y a la que les tenía una fe ciega y, por si acaso, un par de cubre botas que ayudarían con la nieve en la altura. Con el sol en alto, preparé unos mates como desayuno mientras desarmaba la carpa que acomodé en la mochila, y me puse a caminar. Saludé a lo lejos a nuevos conocidos y les dije con señas de manos que nos veíamos arriba, mientras recorría el laberinto de senderos que llevaban hacia la salida del campamento.

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Acampe en Campo 1, Guanacos y Plaza Cólera.
El “Campamento 1” (4900msnm) estaba casi vacío de carpas y la noche se hizo larga al punto que me fue difícil conciliar el sueño, quizás por la altura, incertidumbres del clima o algunas ráfagas de viento pasajero que mantenían mi vigilia mientras le daban vida a mi pequeño refugio moviendo su estructura como un juguete de tela.
En los siguientes días de acampe los comentarios eran que el clima no iba a mejorar sino por el contrario y en consecuencia tenía que evitar demoras innecesarias considerando que si la aclimatación estaba funcionando, debía utilizar ese lapso de clima aceptable para intentar la cumbre.
Durante el ascenso pasé una noche en el Campamento 2 o “Guanacos” (5850 msnm) y al otro día seguí hasta “Plaza Cólera” (5970 msnm). Observé que había estado nevando los días pasados, y supe que el día de cumbre sería definitivamente una jornada muy larga y de gran esfuerzo.

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Hacia la cumbre
Inicié la marcha a las cuatro de la mañana con un manto de medio metro de nieve blanda que dificultaba la trepada. Por suerte había gente más arriba que iba abriendo huella. La preocupación recaía en el calzado que llevaba puesto y me dije que si pasaba frío en los pies, me volvía.
Los efectos de la altitud se volvían definitivamente notables aún con buena aclimatación. Un ascenso en zigzag me llevó hasta “Refugio Independencia” (6380 msnm) donde descansé unos minutos antes de continuar camino.
Volví a hidratarme y al beber continuamente, sentí correr el líquido por todo el cuerpo como si fuera barro seco. Las fuerzas retornaban poco a poco y las ambiciones también. Minutos después pasé por el “Portezuelo del Viento” y comencé una travesía de extenso recorrido y poco desnivel donde el viento del oeste se hacía sentir. Luego siguió una trepada empinada hacia “La Cueva” (6650 msnm) y la base de “La Canaleta” donde tenía otro descanso antes de continuar.
El Aconcagua puede ser muchas cosas pero para cualquiera es un magnífico mirador, donde la mirada es libre hasta sus propios límites, donde nada se interpone entre los ojos y el infinito.
Los pasos eran cada vez más lentos hasta llegar al “Filo del Guanaco” a 6800 msnm y desde ese lugar en adelante me detuve varias veces a tomar un descanso, relajar las piernas y recuperar el aliento. Las horas se iban y el reloj tenía su ritmo pero en mi cuerpo había otro distinto a cada momento.
Llegué a la cumbre tras 9 horas de ascenso. Allí estaba la cruz y todo el lugar cubierto de nieve. Empezó a nevar. Adentro, la emoción llegó con lágrimas y hubiese deseado saber que lo que dije palabras atrás, lo que parecía tan fuerte, vino y se fue, porque luego de varios días ya extrañaba las relaciones humanas en especial mi hija y mi pareja.

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Hacia el final del viaje
El descenso fue lento al igual que el regreso al día siguiente por “Plaza de Mulas” (4300 msnm) hasta “Horcones (2950 msnm), donde terminaban mis pasos.
No considero a las montañas como depositarias de sueños aunque creo que se trata de establecer una conexión con algo más grande, eterno y que forma parte de nosotros cuando caminamos ese territorio. También debo considerar que toda esta narración es subjetiva, donde cada ascenso es una historia, una revelación personal, donde las contradicciones nunca nos abandonan pues al mismo tiempo subir montañas es algo complicado y sencillo, casi infantil, como los sueños.

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mapa

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Exploracion

LA ATLANTIS Y SU LIBRO, Entrevista a Alfredo Barragán

septiembre 21, 2017 — by Andar Extremo0

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La expedición argentina más famosa del siglo XX, ya tiene su libro. El capitán Alfredo Barragán se encargó de llevar el proyecto editorial, denotando un gran profesionalismo en un proyecto por demás ambicioso que dio como resultado la alta calidad de su edición. Con ustedes, una interesante y emotiva entrevista que inicia con el enunciado del primer capítulo: “Serás lo quieras ser o no serás nada”. Nota en Revista Andar Extremo n° 46.

por Andar Extremo, entrevista a Alfredo Barragán
fotos Alfredo Barragán y Marcos Ferrer

Alfredo, hace 33 años de la Expedición Atlantis, qué fenómeno la hace inagotable?
Con ella pasa algo excepcional, sigue navegando, sigue viva… como dice en alguna parte del libro “no hay ni hubo un día desde aquel ´84, desde la travesía, que no aparezca alguien que no la sitúe en el centro de la mesa”. Hoy lo hace Andar Extremo, mañana es otro. Siempre es tema de conversación, reconocimientos, homenaje, comentario o nota periodística. También está presente en inauguraciones de colegios que llevan el nombre Atlantis o agrupaciones scout. Nos ha pasado que le han puesto así a un Gimnasio o plaza… no lo podemos creer, han pasado más de treinta años y no se duerme.

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La finalización del libro la escribiste antes de hacer la expedición, sólo le cambiaste la conjugación de un verbo…es como si cuando ideaste Atlantis en los ´80 ya hubieras sabidos que ibas a editar un libro…
No sé si fue en ese instante, pero en los primeros días de Atlantis, quedó conformada. Cuando decidí cruzar el océano en balsa le di el esquema que habitualmente le doy a las expediciones: había un objetivo deportivo, que era nuestra esencia, nuestra base, nuestro ser deportivo, y un objetivo científico, demostrar la factibilidad de migración africana precolombina, una migración de 1500 años antes de Cristo que explicaría indicios de su influencia en las culturas americanas de ese entonces como la cultura olmeca. También había un objetivo cultural: difundir la experiencia en beneficio del deporte, la ciencia y la cultura, como reza el artículo 1 de nuestro grupo del CADEI. Eso explica que desde el primer día que nos juntamos en Mar del Plata todo lo que pasaba era fotografiado y filmado. Y la gente dice: “-¿y ésto cuándo lo filmaron?”, y contestamos :-“Cuando ocurrió”. No entendían por qué fotografiábamos y filmábamos 4 años antes de la expedición. Por qué? porque iba a haber una película y un libro.