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ACA IRI EL POST

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EL CIELO PUEDE ESPERAR, historia de un vuelo en parapente

octubre 29, 2018 — by Andar Extremo0

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Rodrigo Esmella tiene 36 años, nació en Capital Federal pero se crió en Capilla del Monte, Córdoba, desde que tenía 1 año. Es actor, bailarín y comediante. También se formó como Guía de Turismo Aventura y en 2005 empezó a hacer Parapente. En 2016 estuvo involucrado en un hecho de supervivencia donde tuvo que escaparle a la muerte en dos ocasiones. Nota de la revista Andar Extremo n° 51

Por Marcos Ferrer entrevista a Rodrigo Esmella, Fotos Rodrigo Esmella

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Siempre te gustó hacer deportes?
Sí, desde chico. Además, si te gusta, la geografía del lugar invita a hacer este tipo de actividades. Un día aparecés con unas botas o zapas de trekking, y hacés trekking. Otro día con una mochila, equipo de escalada y haces escalada. Y otro día, miras para arriba y ves parapentes volando… jajajaja! Así que hice el curso y empecé a volar.

Qué hecho sucedió en 2016 que marcó tu vida?
Estaba en Capilla del Monte, era domingo, domingo 21 de febrero. Me habían invitado a hacer un vuelo en parapente, la condición estaba buena, pero ese día estaba cansado y no tenía los ánimos fuertes. Unos días atrás había tenido una pelea fuerte con mi hermano, no nos estábamos hablando. Todo eso influía. Pero como el conocedor de la zona era yo, accedí a hacer la guiada hasta allá arriba. Para hacer algo de estas características la cabeza tiene que estar tranquila, uno tiene que estar relajado.

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Hicimos el despegue en el Cerro Uritorco, aproximadamente a las 15:45. Mi amigo despegó primero. Uno para despegar necesita que el viento esté de frente, la ladera que se usa para despegar tiene que estar enfrentada al viento. Generalmente el despegue es horizontal, corriendo hacia adelante, en contra del viento y en dirección hacia la bajada de la pendiente. Pero puede pasar, si la condición es potente, que en vez de salir hacia adelante, tu despegue sea vertical. Y eso pasó. Salí hacia arriba, esperando para poder avanzar e ir hacia adelante, empecé a derivar hacia la izquierda, seguido de una pequeña rotación hacia la derecha. Y es acá donde se pliega mi vela y caigo.
Tuve una plegada asimétrica del lado derecho, eso significa que una parte del ala se pliega y deja de volar, mientras que la otra mitad (izquierda) sigue volando, avanzando, generando una rotación sobre el eje.
Las plegadas pueden suceder, pero lo importante es tener altura para contar con un margen de tiempo para que la vela se abra de nuevo. Imaginate que son unos 27 m2 de tela anclados a tu cadera por medio de un arnés, y para que esa cantidad de tela vuelva a configurarse como ala requiere de un tiempo. Si estoy con altura suficiente, cuento con ese margen de tiempo. El problema fue que estaba a baja altura y llegué al piso antes que la vela vuelva a volar. Caí desde unos 20 mts, con el peso del cuerpo sobre la pierna izquierda y pegué fuerte.

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Cuando impacto contra la ladera, la pierna izquierda hace presión hacia arriba mientras el torso va hacia abajo. Esta presión me rompe la sínfisis del pubis, desplaza hacia arriba el lado izquierdo de la cadera, fractura el sacro de ese lado izquierdo, me fisura la quinta lumbar, y cuando caigo con los brazos hacia adelante para frenar el golpe, me saco el hombro izquierdo. Y todo ese aplastamiento en la zona del abdomen produce un hematoma retroperitoneal. Así, quedo tirado.

Qué paso a partir de allí?
Dos días antes había estado haciendo trekking con Julio Guevara, amigo de años y compañero de muchas salidas a las sierras, caminando, escalando, compartiendo guiadas con turistas, etc. Además, es el jefe de Bomberos Voluntarios de Capilla del Monte. Y en esa salida de trekking habíamos acordado que el domingo íbamos a ir a hacer escalada en roca. Un rato más tarde recibo un mensajito en el que me proponen hacer el vuelo y accedo.
Al día siguiente, estando ya arriba para el despegue, Julio me llama para coordinar la salida de la que habíamos hablado. No lo atiendo porque estaba preparando el equipo de vuelo. Cuando tuve todo listo lo llamé y le dije donde estaba. Así que, con un par de binoculares se dispuso a ver mi vuelo desde el patio de su casa. Estábamos a una distancia de unos 5 km, Julio en su casa y yo en la ladera del cerro, que se podía divisar desde el pueblo.

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A esa distancia no pudo ver con total claridad lo que pasó, pero mi vuelo había sido raro y de muy poca duración. Eso llamó la atención.
Cuando estoy en el piso me confundo y empiezo a llamar a Julio por el handy, handy que estaba en frecuencia con el otro piloto. Entonces me doy cuenta que no me va a responder. Quiero agarrar el teléfono para llamarlo y algo raro me pasa cuando muevo el brazo. Involuntariamente me rotaba el torso completo. Ahí me doy cuenta que tengo el hombro luxado, fuera de lugar.
Después de un par de maniobras netamente contorsionistas, jajaja, logré hacer el llamado para contarle lo que pasó. La respuesta fue: “ya salgo para el cuartel, llamo a los chicos y salimos para allá. Calculá una hora y media hasta que lleguemos”. Era lejos, yo estaba tirado en una ladera del cerro, a unos 1.500 msnm. Y la llegada a ese lugar no tenía un acceso fácil.

Posición en la caída
Posición en la caída

En qué posición estabas?
Estaba entre acostado y sentado, con el terreno en declive, o sea, bien incómodo, jajaja… con el torso en inclinación ladera hacia abajo, haciendo fuerza porque me tenía que sostener, queriendo estar con la cabeza erguida. Una pierna afuera y la otra adentro del arnés (es un arnes en el que, durante el vuelo, llevas las piernas guardadas en una especie de saco o tubo de tela) y cuando movía la pierna izquierda, adentro, a la altura de la vejiga, sentía como si estuviese moviendo una bolsa de agua con un palo. Sin dudas, algo estaba suelto. En un momento siento en la zona abdominal como un derrame, caliente. Pensé que me había orinado, entonces abro el arnes esperando ver el pantalón mojado. Cuando lo vi seco, dije: “listo es una hemorragia interna y para cuando lleguen los chicos, palmé”. Fue muy loco ese momento, entender y experimentar emocionalmente la muerte y decir “esta es la última que hiciste”. Fue raro. No grité, no lloré, ni me desesperé. No tenía miedo. Sentí que ya no tenía nada. Experimente el desapego, un desapego total. Me pasaban imágenes por la cabeza. Me acuerdo una. La puerta de mi casa y mi mano agarrando el picaporte, abriéndola y mi vieja con el mate en el comedor. Y la volvía a cerrar. Esa cosa tan simple como abrir la puerta de tu casa, no lo iba a hacer más.
Ahí pienso en llamar a mi vieja. Espero que suene la sirena de los bomberos porque supuse que si la llamaba y después escuchaba la sirena, algo le iba a sonar raro. Dejé que suene como suele pasar a veces en el pueblo, y llamé.

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De allá arriba se veía todo Capilla del Monte, vista privilegiada. Y también se escuchaba todo.
La llamo queriendo disimular y a penas atiende me dice “Rodrigo estas bien?”… Las madres y esas malditas antenas parabólicas con las que se recibieron! “Nada” le dije, estamos guardando los equipos, en dos horas estoy por allá. Previamente, le había pedido a Julio que no le digan nada así no la preocupábamos, por lo menos hasta que tuviésemos resuelto el rescate.
En ese momento de espera, me entra un mensaje con un audio de la música de la película El Pianista. Esta escena fue prodigiosa. Fue dramáticamente bella, o bellamente dramática. El celular apoyado en el pecho, la música de la película sonando, mirando el Uritorco de frente, con las laderas yendo hacia la cima, el pajonal moviéndose en masa por las ráfagas de viento que iban pegando contra el cerro, y yo, quebrado física y emocionalmente. Sentía que estaba inmerso en un estado de una sensibilidad tan alta que me permitía percibir otras sutilezas. Una belleza y una paz indescriptible. No sentía dolor y estaba totalmente entregado a ese momento, admirándolo.
Creo que lo que nos asusta de la muerte es sólo experimentar el dolor, porque el pasaje de un plano a otro, intuí, debe ser Maravilloso.

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“Experimenté el desapego en su máxima expresión”

Y en lo mejor de la escena, se escucha el ruido del handy: “shhhhhhhhhh shhhhh, Neroo, Nero me tomá? Tamo subiendo con los choori, el asaado, la cooca y el ferneé!!! Ahí tamo viendo un trapo naranja (mi vela), tamo subiendo a las chapa!!!” No todos tienen el privilegio de ser rescatados por un equipo de Bomberos Cordobeses. Una experiencia “Picante Picante” y con mucho humor. Y del Bueno… jajaja! Los pibes venían a fondo. Varios de ellos, amigos.
Pasaba el tiempo y seguía vivo, despierto. Hasta que llegaron todos. Después, cuello ortopédico, camilla y llaman al helicóptero.

Te quedaste tranquilo allí?
Bajarme a pie era riesgoso por los tiempos. No sabíamos realmente en qué situación estaba y si era grave o no lo que tenía. Además, la zona era complicada, con un terreno de mucha pendiente y prácticamente sin senderos que faciliten la evacuación. Por eso deciden llamar a un helicóptero.
Me fueron sacando el equipo para poder pasarme a la camilla. En un momento me sacan el handy, que lo llevaba atado para que no se caiga en vuelo. Me lo había comprado hacía un par de meses, estaba nuevo. Cuando pasaron el handy por debajo de mí, desenroscando la vuelta que tenía el cordín que lo sostenía, veo que aparece sin la perilla del encendido. Le dije al bombero que me asistía, que cuando me corran de lugar, se fije si veía el botón y me respondió entre risas: “dejate de joder gringo, estas hecho mierda y estás buscando eso?”. Nunca se fijó y me quedó lo de la perilla en la cabeza.
Llegó el helicóptero y empezó a buscar un lugar para quedarse estacionario (hovering, “flotando”), porque la ladera inclinada no ofrecía un lugar llano para aterrizar. Cuando nos dieron el “ok” desde la aeronave, empezamos a trasladarnos hacia el Helicóptero que estaba a unos cuantos metros de distancia de nosotros. Me llevaban de espaldas, yo no podía verlo, pero obviamente lo sentía detrás de mí. Y en ese momento tuve un mal presentimiento, sentía que algo no estaba bien. Primero intentan subirme ingresándome desde la cabeza, pero el médico les pide que me den vuelta porque yo queda ubicado al revés y el no podía trabajar correctamente conmigo. Todo esto con la puerta de acceso a 1.60 m del suelo, y el helicóptero haciendo la maniobra de estabilización. Una escena vertiginosa, sentía la tensión del momento. Me dan vuelta, empiezan a ingresarme por las piernas y cuando me están empujando hacia adentro y todavía tenía medio torso afuera del helicóptero, el borde de la camilla del lado de los pies pega en algo que desestabiliza el Helicóptero. Primero, pierde sustentación y el patín que estaba en el aire baja hasta el piso. Después se va de trompa hacia adelante. En ese momento, la inclinación fue tal que yo, estando acostado, atado a la camilla y con un cuello ortopédico puesto logro ver por el parabrisa, la quebrada de la ladera en donde estábamos. Después se inclina hacia atrás, como si se fuera de cola, pero inclinado sobre el lado derecho. Acá las hélices tocan la ladera y colisionamos por completo. No explota porque el piloto corta antes el suministro de nafta, pero no el electro que mantiene la turbina prendida y es la que origina el primer foco de incendio, quemando el pajonal.

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Cuando todo queda quieto, veo al piloto tirado en un ángulo de la cabina y del otro lado al médico, lleno de vidrios encima. Me mira y me dice: “estás bien?” Le digo qué sí. Lo único que tenía era un corte muy chiquito en la cabeza.
Se escuchaban los gritos de los bomberos desde afuera: sáquenlos, sáquenlos!!!”. El piloto salió por adelante, no sé bien por donde y el médico por la puerta lateral que quedó mirando hacia arriba. Cuando saltó para salir, se fracturó el calcáneo (talón). Yo, adentro, todo atado sin poder moverme, con total conciencia de lo que estaba pasando, mirando todo pero sin reaccionar. Yo esperaba la explosión. Escuchaba en la turbina un ruido grave y el sonido del fuego ya quemando afuera. Me tironeaban de una pierna, la otra la tenía trabada, enganchada en un fierro. ¿La famosa escena en cámara lenta y en donde el audio de todo parece venir de lejos? Esa, la misma escena era la que estaba experimentando en ese momento. No recuerdo miedo, no recuerdo dolor, no recuerdo desesperación, estaba viendo todo, lo podía observar. Ahí pensé “sí no hacés algo, te quedas acá. Así que logro zafar el hombro del velcro que me lo sostenía a la camilla y alcanzo con la mano la botamanga del pantalón de la pierna trabada. Me desenganché y sentí que la camilla salió deslizada hacia afuera de un tirón y nos alejamos rápido del lugar. Tuvimos 12 minutos hasta la explosión. Se levantó un hongo negro que estaba siendo visto desde abajo del cerro por todo Capilla del Monte. Eran las seis y pico de la tarde.

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Se prendió fuego todo y el viento que soplaba derivó las llamas hacia la ladea que tenía el sendero de bajada. Entonces, el rescate fue a pié, con dos camillas, la mía y la del médico que no podía caminar, por una ladera sin sendero, muy empinada y que a medida que perdíamos altura la vegetación se ponía cada vez más cerrada y lo único que había para ir abriendo huella era dos bastones de trekking. En un momento, antes de empezar a bajar, aparece allá arriba mí hermano, Germán, con quien no me hablaba hacía días. Lo vi y me quebré, le pedí disculpas. Fue una bajada durísima, eterna, que empezó a las 19 h del domingo y que llegó a la ambulancia, que nos esperaba abajo, a las 7:30 de la mañana del día lunes. Germán me bajó junto a los bomberos y me dio agua toda la noche. Mientras tanto, más bomberos subían, dificultados para encontrarse con nosotros porque estábamos en un lugar sin sederos, con una vegetación muy cerrada y de noche, llevando agua, machetes, y lo necesario para poder bajarnos. Y otros bomberos subían a controlar el incendio.

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“No recuerdo miedo, no recuerdo dolor, no recuerdo desesperación, era un slow motion”

Derecho al hospital?
Sí, al Hospital San Roque en Córdoba Capital. Cuatro días en terapia intensiva y después en habitación común, esperando una operación.
Conocí a un equipo de profesionales impresionantes, con un corazón gigante. Gente maravillosa a los que les estoy enormemente agradecido, empezando por el Dr. Pablo Segura, la Dra. Lizi Sucaria y la Dra. Miriam Maldonado, seguidos de un equipazo que voy a nombrar: Lucho, Jesús, Santi, Normi, Estelita, Nori, Cari, Silvia, Vani, Marta, Sandra, Adrian, Andre, Sil, y Walter que todas las mañanas a las 6.30 venía a limpiar la habitación y nos quedábamos charlando.

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Cómo fue la recuperación?
Me dijeron que me tenían que operar. Tenía desplazado el pubis y tenían que volver a sujetarlo. Pablo, el traumatólogo, me dijo: “¿Imagino que vas a querer volver a hacer tus actividades de siempre, no? Entonces tengo que ponerte placas”. Y así fue, cinco días después de esa charla, un jueves, entré a quirófano por primera vez en mi vida. Me dieron de alta el sábado. Y el domingo me llamaron del hospital porque me tenían que internar de nuevo. En los análisis que me habían hecho aparecía un virus y tenían que atenderlo. El lunes estaba entrando de nuevo al Hospital. Estuve 15 días más y entre dos veces más a quirófano para hacer unos lavados en la herida.

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Después volví a mí casa y me fui recuperando. Habían pasado 2 meses y medio, y una semana antes de volverme a Buenos Aires quise subir de nuevo al lugar del accidente. Me acompañó Julio y su señora, le pregunté dónde estaba tirado exactamente. Fui hasta el lugar que me señaló, y después de llorar un buen rato, pedirle disculpas al lugar y a todos, y agradecer, me recosté con la misma posición con la que estaba ese día y puse mi mano por debajo de mí, entre la espalda y el piso, queriendo ubicar un lugar específico en el suelo. Después me corrí sin sacar la mano de ese lugar. Quedó apoyada sobre un montículo de pajonal. Con las dos manos abrí ese matorral, separándolo en dos partes y en el medio, con un poco de tierra encima, estaba el botón del handy.

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Mi agradecimiento especial al médico y al piloto del Helicóptero, a Julio Guevara y al Cuartel de Bomberos Voluntarios de Capilla del Monte, a todos los chicos del Hospital San Roque de Córdoba Capital y a mí hermano Germán.

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Supervivencia

34 días A LA DERIVA, en el mar en una balsa

septiembre 26, 2018 — by Andar Extremo0

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En 1942, en plena segunda guerra mundial, tres aviadores por un error en el compás, se vieron obligados a amarisar. El bombardero Tony Pastula, el piloto Harold Dixon y el operador de radio Gene Aldrich, permanecieron 34 días sin agua y sin comida en un bote de 1 x 2 metros.

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El 14 de enero de 1942, los tres tripulantes: el Primer Oficial Mayor Harold Dixon, Gene D. Aldrich Operador de Radio y Anthony J. Pastula, bombardero, se encontraron solos y perdidos, luego de volar una misión antisubmarina extendida en su Douglas TBD Devastator, después de despegar del USS Enterprise (CV 6).
Un error del compás no sólo los había alejado de su hogar el Enterprise, sino que no tenían idea en qué área del Océano Pacífico se encontraban volando. Mantenían su mirada atenta para percibir una pequeña señal que los llevara de regreso, pero de pronto sucedió lo inevitable: el combustible se agotó y Dixon debió amerizar su avión en el mar.
Milagrosamente ninguno resultó herido y siguieron los pasos que habían realizado decenas de veces en sus entrenamientos.

National Naval Aviation Museum y la balsa real
National Naval Aviation Museum y la balsa real

El piloto se posó sobre una de las alas y recibió el bote salvavidas de sus compañeros, pero el cilindro de CO2 no funcionó y debieron inflar el bote a pulmón limpio. El avión se sumergió mucho antes de que ellos terminaran esa tarea. Los tres se encontraban en un bote de 1,2 por 2,4 metros, sin comida, agua y con unas pocas herramientas. En ese momento, ninguno de ellos se imaginó que pasarían los próximos 34 días en ese bote, al vaivén de las olas y bajo un inclemente Sol.
Su alimentación consistió en una que otra ave que se posó sobre el bote y que disparaban con su arma de dotación, alguna suerte en la pesca y algunos cocos que flotaban a su suerte. El agua que les permitió sobrevivir provino de las lluvias. Durante su octavo día, se despertaron rodeados de algunos tiburones. Inmediatamente Gene tomó su cuchillo y acertó en uno de ellos. Poco a poco fueron alimentándose del tiburón e inclusive de algunas sardinas que encontraron en su estómago. A partir del día 28, su suerte para hallar alimento cambió y estuvieron sin nada hasta el 19 de febrero.

Tony Pastula, Harold Dixon y Gene Aldrich cuando llegaron a tierra firme
Tony Pastula, Harold Dixon y Gene Aldrich cuando llegaron a tierra firme

Después de un viaje de alrededor 1.200 millas y casi 450 millas de distancia del lugar del accidente, los tres hombres llegaron a la costa del Atolón Pukapuka, gracias a los “amigables” vientos de un huracán que los había azotado por dos días y que les había arrebatado todas sus posesiones y su esperanza de sobrevivir. Ahím, fueron encontrados acurrucados por Teleuika Iotua, en una cabaña perteneciente a Lakulaku Tutala.
Se ha escrito una novela sobre su experiencia llamado The Raft por Robert Trumbull y en 2014 se filmó una película llamada “Against the Sun” en inlgés ,o “A la deriva” en español, que puede verse actualmente en Netflix.

2014 se filmó “Against the Sun” en inlgés ,o “A la deriva” primer producción de Angelina Jolie
2014 se filmó “Against the Sun” en inlgés ,o “A la deriva” primer producción de Angelina Jolie

Supervivencia

SOCORRISTAS DE LA NIEVE, CERRO CHAPELCO

enero 30, 2018 — by Andar Extremo0

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En esta nota realizada a 1750 msnn, en el Cerro Chapelco, Juancho Ibañez nos trae las entrevistas al jefe de la patrulla de rescate del Cerro Chapelco, Miguel Righetti, y a Jorge Mena y su perro rescatista Neo. Desde San Martin de los Andes, Provincia del Neuquén, les contamos cómo se trabaja en búsqueda y rescate, en el sur Argentino. Nota en la revista n°48

Por Juancho Ibañez
Fotos, Guillermo Suarez

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Entrevista a Miguel Righetti

Miguel, cómo está conformado tu trabajo y cuántas personas tenés a cargo?
Tengo a cargo tres áreas: patrulla, servicio de pisado con máquinas pisapistas y fabricación de nieve con cañones. En total son veintidós patrulleros, siete maquinistas y dos cañoneros.

A qué se dedican los cañoneros?
Ellos manejan los cañones que son alimentados por reservorios de agua. Éstos funcionan a temperatura ambiente y húmeda (bulbo húmedo, bulbo seco). Cuando baja a -2 grados centígrados se puede fabricar nieve, y de ese modo, el Cerro Chapelco la tiene garantizada toda la temporada en la cota desde 1500 mts hacia abajo con la red de cañones.

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También están las máquinas?
Sí. Hay cinco máquinas modelo Pistenbully 300, de origen Alemán. La función de las mismas es pisar las pistas y dejarlas óptimas para el primer esquiador que suba. El trabajo se hace desde las 17:00 PM hasta las 2:00 AM. Al igual que los cañoneros, trabajan en la misma franja horaria, siempre que las condiciones climáticas lo permitan.

Cuál es el trabajo de los pisteros socorristas?
El personal está capacitado y habilitado para trabajar desde el socorrismo hasta la prevención de accidentes, sumado el balizaje tanto en las pistas como en fuera de ellas.

Tienen una especie de camilla pero con esquíes?
Se llama barqueta, es una camilla adaptada para bajar heridos de la montaña. Puede estar apoyada o no, eso depende de la situación del rescate.

Cómo empezaste esta actividad?
Nací acá. Esquío desde los cuatro años. Estuve en el Club Lacar tradicional de San Martín de los Andes. Fui instructor de esquí pero en 1992 opté por ir a la patrulla. Trabajé en Europa y en Andorra. En el 2002 quedé a cargo de los patrulleros en el Cerro Chapelco y en el 2010 ya era jefe de pistas, pisteros socorristas, maquinistas y cañoneros.
Miguel detiene la entrevista para tomar sus binoculares, porque hay un esquiador que se cayó en la pista llamada Del Filo que es de color roja. De inmediato da la orden y envía un grupo de pisteros socorristas al lugar. Ya resuelto el inconveniente, el esquiador fue trasladado a la base del cerro y Miguel da una recomendación imprescindible:
Es fundamental que las personas esquíen de acuerdo a su nivel, y que no olviden que están en la montaña y deben adaptarse a esa situación. Hay muchos que subestima las alturas. Es necesario que pregunten siempre al equipo de patrulla, cómo son las condiciones si van a esquiar fuera de pista. Ésta es la única forma de pasarla bien y disfrutar.

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Entrevista a Jorge Mena

Después de realizar esta nota, me dirigí a la cota 1600mts para encontrarme con Jorge Mena y su perro Neo.
Jorge, cuál es tu función?

Desde el 2007 soy pistero socorrista en el Cerro Chapelco, aunque crecí en el equipo de patrulleros porque mi padre lo era y aprendí a esquiar con ellos. Trabajo en invierno en Argentina y, en lo que sería el verano acá, me voy a trabajar a los Pirineos, Andorra.

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Dónde entrenaste a Neo y cuál es su función?
Neo es un Pastor Belga Malinois de 27 meses de edad. Esta raza es oriunda de la Ciudad de Malinas, Bélgica y hoy en día es la elegida por excelencia para uso militar, policial, de búsqueda y rescate. Se destacan por energía, fuerza, olfato y lealtad. Antes tuve un Border Collie que a nivel inteligencia son 11 puntos sobre 10. Neo está formado en el Principado de Andorra y lo titulé en los Alpes franceses a 3600mts de altura, en condiciones muy duras, específicamente para la búsqueda y rescate de víctimas de avalanchas. Puede trabajar en grandes áreas y entre escombros. El entrenamiento consiste en desde muy cachorros, educarlos para que asocien sus juguetes (herramienta de búsqueda) y en forma progresiva, eso lo trasladamos a cuerpos. Le realizamos búsquedas cada vez más lejanas, hasta llegar al punto de poner a la persona debajo de mucha nieve, donde el perro rastree su juguete y lo asocie al olor humano. De esta forma y después de mucho entrenamiento y sacrificio, se logra formarlo. Es importante que las personas que estén fuera de la pista, lleven ARVA (Aparato de rastreo en búsqueda de avalancha), que sirve tanto para emitir o buscar una señal, e indica dirección y metros. Hay que aclarar que en el Cerro Chapelco nunca se registran avalanchas ni hemos tenido situaciones parecidas porque los pisteros nos encargamos de cortar las placas de nieve para que no suceda. Por eso siempre digo, es mejor tenerlo a Neo y no usarlo, a tener que usarlo y no tenerlo.

En Argentina, cuántas estaciones de esquí, además del Cerro Chapelco, tienen perros con esta certificación?
Con esta certificación llamada ANENA, que tiene 40 años de experiencia (Asociación Nacional de Estudio de la nieve y de las Avalancha) y es francesa, son sólo tres perros en Latinoamérica de los cuales uno está en Portillo Chile, el otro está en Penitente Mendoza, y Neo, acá en Chapelco. Hay otros equipos con perros, pero con otra certificación. Teniendo en cuenta lo que señalo, soy un agradecido a mis padres porque desde los 11 años sabía que quería tener un perro de rescate y me apoyaron en eso.

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MontañismoSupervivencia

Familiares y amigos de Mariano Gálvan organizando un rescate privado donde todos podemos colaborar

julio 5, 2017 — by Andar Extremo2

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NO desistir, enseñanza de Mariano Galván que vamos a aplicar

por María Soledad Navarro

Desde el sábado 24 de junio, Mariano Galván y Alberto Zerain están desaparecidos en la arista Mazeno del Nanga Parbat, a una altura de 6112 metros. En la zona se certifican los restos de un alud, pero ninguna señal de los montañistas, y eso parece suficiente para que el gobierno de Pakistán dé por terminada la búsqueda.
Muchas son las teorías que llevan a preguntarnos por qué, no habiendo indicios concretos, materiales y verídicos que muestren su fallecimiento no siguen al menos, desde su mirada, rastreando los cuerpos. Pueden desde un helicóptero que sobrevoló la zona dos veces dar por muerto a dos montañistas avezados que conocían la zona, que habían estudiado las opciones y habían barajado (entre otras cuestiones) la posibilidad de un alud? Ninguno de los dos es kamikaze en su actividad, aman la libertad y los desafíos desde la conciencia y el trabajo duro, y por eso critican duramente el “turismo de montaña”.
Por qué Pakistán abandonó la búsqueda? Desde ningún punto de vista, puede desoírse el rumor de que el no pago de una coima de 25000 dólares, sería el móvil del “abandono de persona” que estarían haciendo los centros oficiales de rescate. Si no fuera así, si la confianza en el gobierno pakistaní existiera y hubiera dado pruebas fehacientes y fidedignas de muertes y no de DESAPARICIÓN, la familia de Mariano Galván, no estaría moviéndose en la más absoluta soledad, sin el apoyo del Gobierno ni de los medios de comunicación. Incluso parte de la prensa prestigiosa que ocupa páginas sobre actividad de montaña lo despiden sin certezas, pero los despiden, y dan vuelta la hoja a nuevas noticias.
Mariano Galván es más que una noticia,enorgullece al montañismo de nuestro país. Es justo detener la búsqueda?
Mariano nunca se detiene ante las negativas, y así trabajó siempre, con principios que nos mueven a movilizar a la gente.
En la historia del mundo, y no sólo de los deportistas de aventura, hay numerosos relatos de personas que hoy cuentan en primera persona esos hechos. Dos de los más conocidos fueron la avalancha en el Everest, tras el terremoto de Nepal en 2015, donde 60 sobrevivientes pudieron relatar lo que ocurrió, y, octubre de 1972, el caso del avión de la Fuerza Aérea Uruguaya, que desapareció rumbo a Santiago de Chile, en medio de los Andes. Este último caso, con la aparición de 16 personas, luego de 72 días en condiciones extremas.
Lo único cierto es que el tiempo pasa, la temporada en Pakistán acaba y si no se resuelve de inmediato una búsqueda supervisada con profesionales confiables sólo quedará como un relato trágico, que mostró la pasividad de un gobierno que da por finalizada una búsqueda por aparentes motivos económicos. Es necesaria y urgente la habilitación de un rescate por tierra. Es necesaria y urgente la movilidad de las personas que aman el montañismo (y también aquellas que no) ante esta búsqueda no realizada. Es necesario y urgente el compromiso con Mariano Galván.
Mariano enseña a cada paso que da, sus principios deben movilizarnos a nodesistir.
Para colaborar en la búsqueda Banco Nación sucursal 1099, caja de ahorro 6470467217, Cbu: 0110647930064704672179 cuil: 27-13569504-7

Supervivencia

“EL MILAGRO DE LOS ANDES” Entrevista a Roberto Canessa 2002

abril 18, 2016 — by Andar Extremo0

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En Enero de 2002 el periódico Andares antecesor de Andar Extremo, a 29 años del Milagro de los Andes, entrevistó a Roberto Canessa. Dicha entrevista hoy se encuentra dentro del sitio oficial del "Milagro de Los Andes" como una de las 10 mejores entrevistas a los supervivientes

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Tapa Andares 2
Tapa Andares 2

¿Cómo ves hoy ha 29 años lo ocurrido en los Andes?
Bueno, me parece que le hubiese pasado a otra persona, cuando miro a mis hijos que tienen la edad que yo tenía cuando tuve el accidente. Me doy cuenta que es increíble que halla podido sobrevivir, me parece que fue un poco la inconsciencia de la edad lo que nos ayudó, la fe en Dios y la fuerza de uno mismo. Hoy a treinta años de ese hecho ya no me acuerdo de lo que sentía, me acuerdo de los hechos, pero evidentemente (por suerte) toda la carga de angustia y tristeza que implicó luchar hasta morir no la recuerdo.

¿Qué opinión te merecen el libro y la película Viven?
Son las personas que tuvieron la suerte de no estar en el accidente, así dan una idea de las cosas que le pueden pasar a los seres humanos y las situaciones límites que pueden existir. Son dos documentos que desde ángulos diferentes muestran lo que son las situaciones límites y los seres humanos enfrentados a la máxima adversidad.

¿Creés que tu experiencia te llevó a acercarte más a la naturaleza?
Si totalmente, allá, éramos hombres de montaña, inclusive después cuando llegue a mi casa, pasaba un auto cerca y me asustaba porque en la montaña algo que se mueve es un alud o una piedra. Creo que nos transformamos en hombres muy básicos, y esa es la lucha del hombre con la naturaleza, la aprendes a querer a respetar y a convivir con ella. La noche en la montaña a pesar del frío era un espectáculo increíble la luna reflejada en la nieve, no me lo voy a olvidar!

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¿Hubo algún cambio en tus creencias religiosas después del accidente?
Y bueno yo creo que hay dos tipos de dios, uno el que te muestran en la escuela, que esta sentado en el cielo, y envía rayos a la gente que esta abajo. Otro es el que conocimos en los Andes que prácticamente convivíamos con él y le pedíamos su ayuda.
Te acercas mucho a la idea de la muerte, y pensás que estas de paso por la vida, la vida es un accidente y la única realidad es que te vas a morir, con esos parámetros es que aprendimos a que no nos importaba si nos tocaba morirnos porque estábamos en paz con nuestras almas y con dios , ese diálogo constante con dios que le sea difícil pero no imposible.
Vos estabas acá y veías ahí a tu amigo que hacia 10’ estaba vivo.

Cuál fue tu relación con la iglesia después de lo ocurrido?
Yo creo que la Iglesia es una gran organización que trata de ayudar a la gente solidarizándose con mucha gente que necesita consuelo de dios, creo que hay grandes sacerdotes que están aportándole a la gente, desgraciadamente lo que es noticias es la excepción. Es una institución que ha hecho muchísimo por el progreso del hombre y a veces se la desfigura se dice “yo creo en dios y no en la iglesia” pienso que es totalmente injusto y que todas las son generalizaciones son bastante injustas. Por ejemplo en la religión católica los curas tienen que renunciar a todo, creo que renunciar a tener familia es muy duro así que tengo un gran respeto por la iglesia.

Cómo te sentías físicamente al no tener casi alimentos?
A 3500 metros caminas 20 metros y te falta el aire, a demás caminas en la nieve y te vas hundiendo, en esos lugares no hay camino, ni trillo, ni nada, cada desplazamiento es por un terreno inhóspito e imprevisible avanzar era terriblemente difícil, o sea que físicamente no sabía si era que estaba cansado si era la montaña que era tan difícil avanzar.
En un momento caminábamos 33 pasos y parábamos porque eran 33 los orientales y pero pensábamos que igual eran 20 metros y como sabíamos que teníamos que cubrir más o menos 80 kilómetros que eran 100.000 pasos, entonces cada paso era un paso. Y así íbamos avanzando hacia nuestro objetivo.
“Tal vez mañana” fue lo que nos mantuvo vivos 72 días, “tal vez mañana” saldremos de acá, “tal vez mañana” llegaremos a la cima, “tal vez mañana” era nuestro móvil.

Canessa y Parrado junto a Catalán el arriero que los rescato
Canessa y Parrado junto a Catalán el arriero que los rescato

Se reúnen periódicamente con tus compañeros?
Todos los 21 de diciembre nos volvemos a reunir para estar juntos recordando la posibilidad que nos dio dios de seguir viviendo también recordando a los amigos que no están, hace poco nos reunimos para festejar el cumpleaños número 50 de Bobi Françua es una hermandad donde nos peleamos y discutimos pero siempre manteniendo un vínculo de pertenencia. Hermanados evidentemente por un experiencia terrible.

Como es tu relación actual con Nando parrado?
Mi relación con Nando es muy buena , vive a cuatro cuadras de casa,somos muy diferentes en la manera de actuar, el es un tipo tranquilo y pausado yo soy mas explosivo el es padrino de mi hijo y yo soy padrino de las hijas de él con Nando tengo mayor afinidad, nos entendemos mejor,

A lo largo de estos años como sobrellevaste la relación con los familiares de los fallecidos?
Muy bien, querían saber que había pasado con sus hijos, como habían pasado sus últimos momentos, que habían dicho, entonces que nosotros le hallamos podido contar lo que pasó para ellos fue una gran satisfacción y tuve el apoyo de la familia Nogueira, y cuando ganamos el campeonato eran los primeros que venían a abrazarme con otros nos conocíamos menos, era una relación mas distante, porque no nos conocíamos de antes, por en general, inclusive los sobrinos de mis amigos, de los que no volvieron , juegan en el equipo de rugby, nos conocemos todos del barrio, la verdad que nos han apoyado mucho.

Canessa con Catalán en 1997
Canessa con Catalán en 1997
Carta arrojada a Catalán de Parrado explicándole que venían de un avión perdido hacia 72 días
Carta arrojada a Catalán de Parrado explicándole que venían de un avión perdido hacia 72 días

Después de lo ocurrido tu actitud hacia la vida cambió de alguna forma?
Si empezás a darte cuenta que sos un boludo, que tenés todo para ser feliz y que te vivís quejándo que no te das cuenta de lo que tenés hasta que lo perdés, no tener en donde dormir, dormir arriba de la nieve tenerte que comer a los muertos, cuando en tu casa tenes un plato de comida caliente en tu casa hasta el agua, tenemos que derretir nieve durante una hora para poderte tomar un baso de agua, la mayoría de nosotros recibimos mas de lo que necesitamos y damos mas de lo que podemos, eso si que lo aprendí en la montaña, tener donde dormir, donde comer, bastante rico sos, en lugar de andar quejándote te falta esto te falta lo otro y que la fuerza está en uno mismo evidentemente en la montaña si nos sentábamos a esperar que nos fueran a rescatar nuestros padres nos hubieran muerto todos.


Cómo influyó tu experiencia en la educación de tus hijos?

A mis hijos les enseñé a respetar a gente con sus valores éticos y morales que no se deslumbren por las cualidades materiales que pueden tener las personas, sino por su hombría de bien, ser agradecidos en la vida, que estudien y que traten de progresar por sus propios medios, esa es la parte que mas me cuesta, tienen muchos amigos y se divierten demasiado yo creo que sus recuerdos, una de las cosas mas lindas que tengo, es una grabación cuando le preguntan a Ilario ( mi hijo) si está contento por tener a su papá vivo, el contesto que: contento no porque fue una tragedia pero que entiende a su papá sabe que lucho por su vida y la de sus amigos eso para mi vale mucho cuando caminó por los andes(cuando era chiquito) y le preguntaron si sabia que era tan difícil, el dice si yo sabia que era verdad porque me lo contó mi papá y nunca me miente a mi me parece importante esa imagen de padre, que tengan respeto por ellos mismos y por su familia y los demás es lo importante.

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Con periodistas al ser rescatados
Con periodistas al ser rescatados

Supervivencia

Rescatado en altamar

marzo 3, 2016 — by Andar Extremo0

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El Vasco Jorge Iza naufragó en solitario en el Atlántico y fue rescatado por un carguero hace un mes. Aquí la nota de un soñador que asegura que el fracaso es no intentar las cosas en la vida.

Jorge intentaste salir a hacer un viaje como el de Vito Dumas?

Fui a cumplir un sueño que tenía dentro de mí hacía mucho tiempo, y que por las situaciones de la vida por responsabilidades o trabajo lo fui postergando. Desde el año 84 lo tenía en la cabeza, pero con firmeza empecé a esculpir ese sueño hace unos 20 años atrás. Cuando me jubilé encaré el viaje.

Cómo fue la elección del barco?

Tuve 2: primero tuve un Spray 26, lento y pesado, y hace tres años pensando en este viaje compré un Orión de 34 pies (10,3 metros), un barco pesado y fuerte, pero hasta ese momento pensaba que era el ideal para hacer una vuelta al mundo. Uno de fibra que navegaba bien. Entonces empecé a acondicionar este barco.

Qué te llevó en la vida a hacer este viaje?

La vida me llevó en el 74 a embarcarme en un barco griego como aprendiz de oficial. Salimos de Génova a Estados Unidos. Allí conocí el agua, y cuando estuvimos en Miami, conocí los veleros. Me volví loco, es un mundo. Al pasar el tiempo, un amigo me invitó a hacer un curso de timonel y allí me metí de lleno. Vos tenés el sueño pero yo sostengo que podés mentirle a cualquiera pero no podes mentirte a vos mismo, tenés que demostrarte que podés hacerlo. Mi primer susto en la náutica fue cuando tenía el Spray y encaré en solitario Montevideo, cuando salí del canal y apagué el motor, fueron 10 minutos trágicos pero si no superaba eso tenía que volver y vender el barco.

Trágicos y mágicos, porque andar sin motor debe ser…

Sí, era un límite que tenía que pasar. Si no podía vencer eso, todo el sueño que tenía no podía ser. Después de esos 10 minutos me sentía el rey del agua. Hice Mar del Plata pero con tripulación, con el barco que acabo de perder. Fui a Brasil con una de mis hijas, a Angra dos Rey. Nada que ver la navegación en solitario porque en algún momento al barco lo dejás solo. Sí o sí tenés que dormir, y ajustás las velas para navegar despacio y va solito, pero tenés que estar continuamente pendiente, atento a todo, hasta cuando dormís. En ese viaje a Brasil capeamos una tormenta importante, con olas de 6 metros,  duró por lo menos 12 horas y el barco se comportó bien, lo superamos. Ahí me convencí de viajar, me sentí que ya estaba listo. Me jubilé y  me preparé para el sueño de mi vida.

Cómo iba a ser este viaje?

Quería hacer el viaje que hizo Vito Dumas por lo “40 Bramadores” sin escalas, que es de acá hasta Nueva Zelanda vas por el paralelo 40, de ahí bajás al Cabo de Hornos  y por el paralelo 57. El paralelo 40 pasa en Argentina por Bahía Blanca. Yo pensaba no parar, llevaba agua y comida para 10 meses.

Que llevabas de comida para una travesía así?

Comida en latas de todo: atún, sardinas, jurel etc… Arroz y fideos. Mucha fruta seca: 30 kg de pasa de uvas, 10 kilos de higo, 5 kg de ciruela. También aceitunas. Llevaba una olla a presión para economizar el gas y preparar de a tres comidas. Si racionaba podía pasar un año y medio con lo que tenía

Cómo preparaste el barco?

Quería salir en agosto pero no llegué a tiempo porque quería llegar en verano a Cabo de Hornos. Salí el 12 de septiembre de 2015. El barco lo compré en Noviembre del 2014 y le hice timón nuevo, lo reforcé al doble con tres bujes porque había dos cosas que no me podían pasar: desarbolar el palo mayor que se caiga el palo), o romper el timón. Pinté todo el barco y lo modifiqué todo en el interior. Me hice un corralito para cuando rolaba el barco no me caiga. Otro problema que intuía, era que la cubierta cuando se empezara a mover haría agua, entonces tenía que poner todo en bolsas. Después de la primera tormenta entraba agua por todos lados y tenía que sacar por día, con tormenta, más de 10 baldes y esponjas pero eso me mantenía activo. Esto era parte de lo que me podía pasar y no me iba a modificar el viaje. Hice revisar la Jarcia Firme que se cambia cada 10 años o 40000 millas y tenía 8 años, así que cambie el stay de proa, un cable fundamental que enrolla una vela. Entonces estaba tranquilo ya tenía los problemas resueltos.

Cómo fue la salida?

Fue en el club Regatas de La Plata, muy emotiva. Es una sensación rara en la gente: ves caras que parece que es la última vez en la vida que te van a ver y hay gente que te anima y te da mucha energía. Cuando salí al principio bien, y enseguida me quedé sin viento en el río. Entonces tuve que fondear y llegando a Punta del Este, otra me quedé sin viento pero esta vez no pude fondear porque había mucha profundidad. Puse el barco a la capa (atás el timón a una banda y acuartelás la vela de proa) y ahí si hay viento quedás a 2 nudos de velocidad o si no, quedas planchando y te lleva el viento para donde quiere. Yo seguí durmiendo tranquilo.

Cuál fue la primera sorpresa que tuviste?

A los nueve días de navegar, me levanté y estaba cortada la burda que es un cable de acero inoxidable que en la punta tiene un aparejo donde vos ajustás el cabo sintético.  Se había cortado el cable de acero. Imaginé que cuando cambiaron la jarcia dejaron la burda. Lo reemplacé por una escota, un cabo sintético que estira  solamente un 1% y funcionó, tuve que subir al palo que mide 12 metros. Yo subí casi 9. A los dos días se corta el de la otra banda. El problema es que tuve que subir de nuevo. En navegación eso mueve mucho y se te acelera el corazón. Estaba a unas 500 millas de acá. Tuve mucha mala suerte: quería ir para el este y el viento venía del este, me iba para el norte, para el sur… avanzaba poco. Al mes de estar navegando, iba con 20 nudos, con una vela chica (trinquetilla) y al irme a dormir sentí que el barco navegaba mal, salí y vi la vela bañándose en el mar. Se había cortado el arraigo donde está el stay que tienen un cáncamo (una argolla de metal) que se había desoldado y estaba abierta. Se había cortado la driza que es el cabo sintético que levanta la vela. La recogí y me dije “la jarcia está mala, me vuelvo, reparo todo en Argentina y el año que viene lo intento de nuevo”. Esa era la idea pero parecía que alguien estaba jugando conmigo. Viré 180° y el viento también. Avanzaba poco y por ahí se me corta un obenque bajo y se rompe la banda. Lo reparo como puedo pero se quejaba la madera. Puse el barco a barlovento para que no sufra el palo y trabajé de la otra banda y volvía de 4 nudos. Estaba a 1300 millas de Montevideo, que era el punto más cercano. No me quedaba otra, no me importaba si tardaba 3 o 5 meses. Me agarraron dos o tres tormentas que avanzaban 80 millas y retrocedía 60. Y en un momento se rompió el otro obenque bajo de la otra banda y allí dije “esto llega a su fin”.

Cómo te sentías ante tanta adversidad?

Por suerte tenía un aparato que se llama Tracking por un sistema que se llama Iridium manda dos mensajes mínimos por día, entonces una vez que llega la señal a tierra, mi hija y mi sobrina veían mi navegación y me preguntan qué estaba pasando. Con el apuro del viaje este aparato había llegado muy sobre la marcha y no pude saber cómo podía escribir mensajes, sólo enviaba los que estaban seteados. En clave le empecé a comunicar que me volvía.

Cómo fue la rotura definitiva del palo?

Fue una tormenta como de tres días, en ese lapso las olas golpearon el barco y lo hacían girar 90 grados pero estaba tranquilo. El primer día de tormenta el palo aguantó pero sentía desde adentro como se cortaban los tornillos. Encima la corriente me llevaba para el lado de África. Si se caía el palo perdía el barco porque no se puede remolcar. Y después de cayó. Me subí con una cadena y en la primera cruceta le puse una gruesísima, pero no aguantó. Había olas de 7 metros y vientos de 40 nudos. A las 10 de la mañana del segundo día de tormenta empezó a crujir, sentía como cuando talan un árbol y sabía que se venía abajo. Tenía que ser rápido y cortar todos los cabos porque cuando se cae si no lo separás rápido del casco se puede agujerear y es peor. Se hunde el barco. Apreté enseguida el botón rojo del tracking y pedí ayuda. Estaba a la deriva y solamente tenía combustible para 300 millas y estaba a 1300 de Montevideo. Lo guardé igual como reserva por si pasaba algún mercante.  Si bien estaba en el paralelo 40, sabía que en el paralelo 35 pasaban los mercantes. El servicio internacional de rescate me informó que venía un petrolero de 250 metros de Punta Arenas al Congo que pasaba cerca de donde estaba. Llamó al capitán y como código moral accedió al rescate y me avisaron que el buque “Dubai Glamour” iba a pasar al otro día al mediodía. Lo vi venir al día siguiente como por una autopista, porque el tracking mío estaba programado para enviar cada 10 minutos la posición y ya sabían dónde estaba. A los 10 minutos me vieron y me hicieron sonar la sonar la sirena comenzando el rescate.

Qué pensabas de tu barco en ese preciso momento?

Ya había hecho el duelo anticipado con el correr de las tormentas, ya sabía cuál era el fin. Se me iba la ropa técnica, las herramientas… se perdía todo. Preparé un bolso marinero pensando que venía un barco de la Armada Argentina pero cuando lo vi venir a mercante que al principio pasó mil metros de largo y siguió, dio la vuelta y volvió, mi hija me mandó un mensaje y me indicó que me suba a ése porque no había opción b. Allí achiqué todo, sólo puse el documento, el pasaporte, la tablet, el tracking y unos dólares que tenía. Me puse el traje de agua, me até el bolsito y me dispuse a subir los 15 metros que tenía el buque. Con olas de 7 metros en una escala de gato no se puede llevar mucho. El barco no se podía acercar porque me aplastaba, como yo tenía combustible me dirigí hacia el barco. Ellos no tenían nada preparado, sólo esperar a que pase la tormenta para rescatarme. Detener esa mole un día es una fortuna. Así que dije: yo voy hacia el barco. Me tiraron un cabo finito con una bocha y con eso no podía. Di tres vueltas al barco, vi una escalera. Allí me acerqué a un metro, salté y dejé el barco a la deriva. Y desde la escala, miraba y se veía que le di un golpe de timón porque el barco da un giro y lo chocó al buque. Se levantó cayó y no lo vi más. Creo que se hundió porque al caer el palo rompió el techo de la cabina y tenía un agujero. Si no se hundió con el golpe, seguro tarde o tempranos e iba a hundir.

Cómo te recibieron?

Ni bien subí me abrazaron, eran oficiales hindúes y marinos filipinos. Un trato espectacular. De allí navegó el buque al Congo y no me dejaron bajar porque no tenía visa. Dentro del barco el capitán decía que era un héroe. Los filipinos que hablaban castellano me cocinaban, me invitaban a fiestas… Realmente increíble. Me llevaron a Trinidad y Tobago, estuve un mes embarcado compartiendo momentos. Incluso el capitán mandó a la Armada Argentina una carta por mi actitud en el viaje. Cuando bajé el capitán me acompañó hasta la explanada. Muy emocionante! Y allí tomé el avión al otro día.

Qué te dejo esto?

Me quedó que esto puede ser el principio de algo. Antes creía que podía hacer ese viaje, ahora sé que puedo, porque en las situaciones más adversas, la moral no se cayó, en ningún momento me arrepentí de estar ahí. Me viene la imagen de todo lo que perdí, lo más triste es perder el barco y las herramientas. Pero una vez viendo una película, una mujer grande le decía a un chico “el único fracaso es no haberlo intentado”, y me quedó esa frase. No logré lo quería, pero no fracasé….lo intenté.