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EL CIELO PUEDE ESPERAR, historia de un vuelo en parapente

octubre 29, 2018 — by Andar Extremo0

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Rodrigo Esmella tiene 36 años, nació en Capital Federal pero se crió en Capilla del Monte, Córdoba, desde que tenía 1 año. Es actor, bailarín y comediante. También se formó como Guía de Turismo Aventura y en 2005 empezó a hacer Parapente. En 2016 estuvo involucrado en un hecho de supervivencia donde tuvo que escaparle a la muerte en dos ocasiones. Nota de la revista Andar Extremo n° 51

Por Marcos Ferrer entrevista a Rodrigo Esmella, Fotos Rodrigo Esmella

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Siempre te gustó hacer deportes?
Sí, desde chico. Además, si te gusta, la geografía del lugar invita a hacer este tipo de actividades. Un día aparecés con unas botas o zapas de trekking, y hacés trekking. Otro día con una mochila, equipo de escalada y haces escalada. Y otro día, miras para arriba y ves parapentes volando… jajajaja! Así que hice el curso y empecé a volar.

Qué hecho sucedió en 2016 que marcó tu vida?
Estaba en Capilla del Monte, era domingo, domingo 21 de febrero. Me habían invitado a hacer un vuelo en parapente, la condición estaba buena, pero ese día estaba cansado y no tenía los ánimos fuertes. Unos días atrás había tenido una pelea fuerte con mi hermano, no nos estábamos hablando. Todo eso influía. Pero como el conocedor de la zona era yo, accedí a hacer la guiada hasta allá arriba. Para hacer algo de estas características la cabeza tiene que estar tranquila, uno tiene que estar relajado.

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Hicimos el despegue en el Cerro Uritorco, aproximadamente a las 15:45. Mi amigo despegó primero. Uno para despegar necesita que el viento esté de frente, la ladera que se usa para despegar tiene que estar enfrentada al viento. Generalmente el despegue es horizontal, corriendo hacia adelante, en contra del viento y en dirección hacia la bajada de la pendiente. Pero puede pasar, si la condición es potente, que en vez de salir hacia adelante, tu despegue sea vertical. Y eso pasó. Salí hacia arriba, esperando para poder avanzar e ir hacia adelante, empecé a derivar hacia la izquierda, seguido de una pequeña rotación hacia la derecha. Y es acá donde se pliega mi vela y caigo.
Tuve una plegada asimétrica del lado derecho, eso significa que una parte del ala se pliega y deja de volar, mientras que la otra mitad (izquierda) sigue volando, avanzando, generando una rotación sobre el eje.
Las plegadas pueden suceder, pero lo importante es tener altura para contar con un margen de tiempo para que la vela se abra de nuevo. Imaginate que son unos 27 m2 de tela anclados a tu cadera por medio de un arnés, y para que esa cantidad de tela vuelva a configurarse como ala requiere de un tiempo. Si estoy con altura suficiente, cuento con ese margen de tiempo. El problema fue que estaba a baja altura y llegué al piso antes que la vela vuelva a volar. Caí desde unos 20 mts, con el peso del cuerpo sobre la pierna izquierda y pegué fuerte.

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Cuando impacto contra la ladera, la pierna izquierda hace presión hacia arriba mientras el torso va hacia abajo. Esta presión me rompe la sínfisis del pubis, desplaza hacia arriba el lado izquierdo de la cadera, fractura el sacro de ese lado izquierdo, me fisura la quinta lumbar, y cuando caigo con los brazos hacia adelante para frenar el golpe, me saco el hombro izquierdo. Y todo ese aplastamiento en la zona del abdomen produce un hematoma retroperitoneal. Así, quedo tirado.

Qué paso a partir de allí?
Dos días antes había estado haciendo trekking con Julio Guevara, amigo de años y compañero de muchas salidas a las sierras, caminando, escalando, compartiendo guiadas con turistas, etc. Además, es el jefe de Bomberos Voluntarios de Capilla del Monte. Y en esa salida de trekking habíamos acordado que el domingo íbamos a ir a hacer escalada en roca. Un rato más tarde recibo un mensajito en el que me proponen hacer el vuelo y accedo.
Al día siguiente, estando ya arriba para el despegue, Julio me llama para coordinar la salida de la que habíamos hablado. No lo atiendo porque estaba preparando el equipo de vuelo. Cuando tuve todo listo lo llamé y le dije donde estaba. Así que, con un par de binoculares se dispuso a ver mi vuelo desde el patio de su casa. Estábamos a una distancia de unos 5 km, Julio en su casa y yo en la ladera del cerro, que se podía divisar desde el pueblo.

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A esa distancia no pudo ver con total claridad lo que pasó, pero mi vuelo había sido raro y de muy poca duración. Eso llamó la atención.
Cuando estoy en el piso me confundo y empiezo a llamar a Julio por el handy, handy que estaba en frecuencia con el otro piloto. Entonces me doy cuenta que no me va a responder. Quiero agarrar el teléfono para llamarlo y algo raro me pasa cuando muevo el brazo. Involuntariamente me rotaba el torso completo. Ahí me doy cuenta que tengo el hombro luxado, fuera de lugar.
Después de un par de maniobras netamente contorsionistas, jajaja, logré hacer el llamado para contarle lo que pasó. La respuesta fue: “ya salgo para el cuartel, llamo a los chicos y salimos para allá. Calculá una hora y media hasta que lleguemos”. Era lejos, yo estaba tirado en una ladera del cerro, a unos 1.500 msnm. Y la llegada a ese lugar no tenía un acceso fácil.

Posición en la caída
Posición en la caída

En qué posición estabas?
Estaba entre acostado y sentado, con el terreno en declive, o sea, bien incómodo, jajaja… con el torso en inclinación ladera hacia abajo, haciendo fuerza porque me tenía que sostener, queriendo estar con la cabeza erguida. Una pierna afuera y la otra adentro del arnés (es un arnes en el que, durante el vuelo, llevas las piernas guardadas en una especie de saco o tubo de tela) y cuando movía la pierna izquierda, adentro, a la altura de la vejiga, sentía como si estuviese moviendo una bolsa de agua con un palo. Sin dudas, algo estaba suelto. En un momento siento en la zona abdominal como un derrame, caliente. Pensé que me había orinado, entonces abro el arnes esperando ver el pantalón mojado. Cuando lo vi seco, dije: “listo es una hemorragia interna y para cuando lleguen los chicos, palmé”. Fue muy loco ese momento, entender y experimentar emocionalmente la muerte y decir “esta es la última que hiciste”. Fue raro. No grité, no lloré, ni me desesperé. No tenía miedo. Sentí que ya no tenía nada. Experimente el desapego, un desapego total. Me pasaban imágenes por la cabeza. Me acuerdo una. La puerta de mi casa y mi mano agarrando el picaporte, abriéndola y mi vieja con el mate en el comedor. Y la volvía a cerrar. Esa cosa tan simple como abrir la puerta de tu casa, no lo iba a hacer más.
Ahí pienso en llamar a mi vieja. Espero que suene la sirena de los bomberos porque supuse que si la llamaba y después escuchaba la sirena, algo le iba a sonar raro. Dejé que suene como suele pasar a veces en el pueblo, y llamé.

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De allá arriba se veía todo Capilla del Monte, vista privilegiada. Y también se escuchaba todo.
La llamo queriendo disimular y a penas atiende me dice “Rodrigo estas bien?”… Las madres y esas malditas antenas parabólicas con las que se recibieron! “Nada” le dije, estamos guardando los equipos, en dos horas estoy por allá. Previamente, le había pedido a Julio que no le digan nada así no la preocupábamos, por lo menos hasta que tuviésemos resuelto el rescate.
En ese momento de espera, me entra un mensaje con un audio de la música de la película El Pianista. Esta escena fue prodigiosa. Fue dramáticamente bella, o bellamente dramática. El celular apoyado en el pecho, la música de la película sonando, mirando el Uritorco de frente, con las laderas yendo hacia la cima, el pajonal moviéndose en masa por las ráfagas de viento que iban pegando contra el cerro, y yo, quebrado física y emocionalmente. Sentía que estaba inmerso en un estado de una sensibilidad tan alta que me permitía percibir otras sutilezas. Una belleza y una paz indescriptible. No sentía dolor y estaba totalmente entregado a ese momento, admirándolo.
Creo que lo que nos asusta de la muerte es sólo experimentar el dolor, porque el pasaje de un plano a otro, intuí, debe ser Maravilloso.

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“Experimenté el desapego en su máxima expresión”

Y en lo mejor de la escena, se escucha el ruido del handy: “shhhhhhhhhh shhhhh, Neroo, Nero me tomá? Tamo subiendo con los choori, el asaado, la cooca y el ferneé!!! Ahí tamo viendo un trapo naranja (mi vela), tamo subiendo a las chapa!!!” No todos tienen el privilegio de ser rescatados por un equipo de Bomberos Cordobeses. Una experiencia “Picante Picante” y con mucho humor. Y del Bueno… jajaja! Los pibes venían a fondo. Varios de ellos, amigos.
Pasaba el tiempo y seguía vivo, despierto. Hasta que llegaron todos. Después, cuello ortopédico, camilla y llaman al helicóptero.

Te quedaste tranquilo allí?
Bajarme a pie era riesgoso por los tiempos. No sabíamos realmente en qué situación estaba y si era grave o no lo que tenía. Además, la zona era complicada, con un terreno de mucha pendiente y prácticamente sin senderos que faciliten la evacuación. Por eso deciden llamar a un helicóptero.
Me fueron sacando el equipo para poder pasarme a la camilla. En un momento me sacan el handy, que lo llevaba atado para que no se caiga en vuelo. Me lo había comprado hacía un par de meses, estaba nuevo. Cuando pasaron el handy por debajo de mí, desenroscando la vuelta que tenía el cordín que lo sostenía, veo que aparece sin la perilla del encendido. Le dije al bombero que me asistía, que cuando me corran de lugar, se fije si veía el botón y me respondió entre risas: “dejate de joder gringo, estas hecho mierda y estás buscando eso?”. Nunca se fijó y me quedó lo de la perilla en la cabeza.
Llegó el helicóptero y empezó a buscar un lugar para quedarse estacionario (hovering, “flotando”), porque la ladera inclinada no ofrecía un lugar llano para aterrizar. Cuando nos dieron el “ok” desde la aeronave, empezamos a trasladarnos hacia el Helicóptero que estaba a unos cuantos metros de distancia de nosotros. Me llevaban de espaldas, yo no podía verlo, pero obviamente lo sentía detrás de mí. Y en ese momento tuve un mal presentimiento, sentía que algo no estaba bien. Primero intentan subirme ingresándome desde la cabeza, pero el médico les pide que me den vuelta porque yo queda ubicado al revés y el no podía trabajar correctamente conmigo. Todo esto con la puerta de acceso a 1.60 m del suelo, y el helicóptero haciendo la maniobra de estabilización. Una escena vertiginosa, sentía la tensión del momento. Me dan vuelta, empiezan a ingresarme por las piernas y cuando me están empujando hacia adentro y todavía tenía medio torso afuera del helicóptero, el borde de la camilla del lado de los pies pega en algo que desestabiliza el Helicóptero. Primero, pierde sustentación y el patín que estaba en el aire baja hasta el piso. Después se va de trompa hacia adelante. En ese momento, la inclinación fue tal que yo, estando acostado, atado a la camilla y con un cuello ortopédico puesto logro ver por el parabrisa, la quebrada de la ladera en donde estábamos. Después se inclina hacia atrás, como si se fuera de cola, pero inclinado sobre el lado derecho. Acá las hélices tocan la ladera y colisionamos por completo. No explota porque el piloto corta antes el suministro de nafta, pero no el electro que mantiene la turbina prendida y es la que origina el primer foco de incendio, quemando el pajonal.

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Cuando todo queda quieto, veo al piloto tirado en un ángulo de la cabina y del otro lado al médico, lleno de vidrios encima. Me mira y me dice: “estás bien?” Le digo qué sí. Lo único que tenía era un corte muy chiquito en la cabeza.
Se escuchaban los gritos de los bomberos desde afuera: sáquenlos, sáquenlos!!!”. El piloto salió por adelante, no sé bien por donde y el médico por la puerta lateral que quedó mirando hacia arriba. Cuando saltó para salir, se fracturó el calcáneo (talón). Yo, adentro, todo atado sin poder moverme, con total conciencia de lo que estaba pasando, mirando todo pero sin reaccionar. Yo esperaba la explosión. Escuchaba en la turbina un ruido grave y el sonido del fuego ya quemando afuera. Me tironeaban de una pierna, la otra la tenía trabada, enganchada en un fierro. ¿La famosa escena en cámara lenta y en donde el audio de todo parece venir de lejos? Esa, la misma escena era la que estaba experimentando en ese momento. No recuerdo miedo, no recuerdo dolor, no recuerdo desesperación, estaba viendo todo, lo podía observar. Ahí pensé “sí no hacés algo, te quedas acá. Así que logro zafar el hombro del velcro que me lo sostenía a la camilla y alcanzo con la mano la botamanga del pantalón de la pierna trabada. Me desenganché y sentí que la camilla salió deslizada hacia afuera de un tirón y nos alejamos rápido del lugar. Tuvimos 12 minutos hasta la explosión. Se levantó un hongo negro que estaba siendo visto desde abajo del cerro por todo Capilla del Monte. Eran las seis y pico de la tarde.

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Se prendió fuego todo y el viento que soplaba derivó las llamas hacia la ladea que tenía el sendero de bajada. Entonces, el rescate fue a pié, con dos camillas, la mía y la del médico que no podía caminar, por una ladera sin sendero, muy empinada y que a medida que perdíamos altura la vegetación se ponía cada vez más cerrada y lo único que había para ir abriendo huella era dos bastones de trekking. En un momento, antes de empezar a bajar, aparece allá arriba mí hermano, Germán, con quien no me hablaba hacía días. Lo vi y me quebré, le pedí disculpas. Fue una bajada durísima, eterna, que empezó a las 19 h del domingo y que llegó a la ambulancia, que nos esperaba abajo, a las 7:30 de la mañana del día lunes. Germán me bajó junto a los bomberos y me dio agua toda la noche. Mientras tanto, más bomberos subían, dificultados para encontrarse con nosotros porque estábamos en un lugar sin sederos, con una vegetación muy cerrada y de noche, llevando agua, machetes, y lo necesario para poder bajarnos. Y otros bomberos subían a controlar el incendio.

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“No recuerdo miedo, no recuerdo dolor, no recuerdo desesperación, era un slow motion”

Derecho al hospital?
Sí, al Hospital San Roque en Córdoba Capital. Cuatro días en terapia intensiva y después en habitación común, esperando una operación.
Conocí a un equipo de profesionales impresionantes, con un corazón gigante. Gente maravillosa a los que les estoy enormemente agradecido, empezando por el Dr. Pablo Segura, la Dra. Lizi Sucaria y la Dra. Miriam Maldonado, seguidos de un equipazo que voy a nombrar: Lucho, Jesús, Santi, Normi, Estelita, Nori, Cari, Silvia, Vani, Marta, Sandra, Adrian, Andre, Sil, y Walter que todas las mañanas a las 6.30 venía a limpiar la habitación y nos quedábamos charlando.

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Cómo fue la recuperación?
Me dijeron que me tenían que operar. Tenía desplazado el pubis y tenían que volver a sujetarlo. Pablo, el traumatólogo, me dijo: “¿Imagino que vas a querer volver a hacer tus actividades de siempre, no? Entonces tengo que ponerte placas”. Y así fue, cinco días después de esa charla, un jueves, entré a quirófano por primera vez en mi vida. Me dieron de alta el sábado. Y el domingo me llamaron del hospital porque me tenían que internar de nuevo. En los análisis que me habían hecho aparecía un virus y tenían que atenderlo. El lunes estaba entrando de nuevo al Hospital. Estuve 15 días más y entre dos veces más a quirófano para hacer unos lavados en la herida.

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Después volví a mí casa y me fui recuperando. Habían pasado 2 meses y medio, y una semana antes de volverme a Buenos Aires quise subir de nuevo al lugar del accidente. Me acompañó Julio y su señora, le pregunté dónde estaba tirado exactamente. Fui hasta el lugar que me señaló, y después de llorar un buen rato, pedirle disculpas al lugar y a todos, y agradecer, me recosté con la misma posición con la que estaba ese día y puse mi mano por debajo de mí, entre la espalda y el piso, queriendo ubicar un lugar específico en el suelo. Después me corrí sin sacar la mano de ese lugar. Quedó apoyada sobre un montículo de pajonal. Con las dos manos abrí ese matorral, separándolo en dos partes y en el medio, con un poco de tierra encima, estaba el botón del handy.

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Mi agradecimiento especial al médico y al piloto del Helicóptero, a Julio Guevara y al Cuartel de Bomberos Voluntarios de Capilla del Monte, a todos los chicos del Hospital San Roque de Córdoba Capital y a mí hermano Germán.

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Aire

MICHEL GUILLEMOT, PARAPENTE. PRIMER ARGENTINO EN EL TOP TEN MUNDIAL

noviembre 29, 2017 — by Andar Extremo0

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Michel Guillemot vuela desde muy pequeño, y ha logrado ser el primer argentino en lograr un top ten en la historia. En una linda charla, nos cuenta cómo fue competir en el campeonato mundial de parapente en Monte Avena Italia.

Por Andar Extremo, entrevista a Michel Guiilemot
Fotos gentileza FAI

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Cómo te inicias en el mundo del parapente?
Vuelo desde los 11 años, ahora tengo 31. Nací en Tandil, provincia de Buenos Aires, y cuando era chico mi viejo se vino a vivir a La Cumbre, Córdoba. En uno de los viajes que lo vine a visitar, fui a Cuchi Corral que es la meca del parapente en Argentina. Está a unos 15 km del centro de la cumbre y forma parte del valle de Río Pinto. Fui como cualquier turista. Tenía 9 años en ese entonces, y vi unos parapentes volando, entonces lo volví loco a mi papá para que me llevara a un vuelo biplaza. Me llevaron, y desde ese momento no me importó nada más, sólo quería volar. Iba a la escuela mirando el cielo por la ventana del transporte a ver si estaba lindo para que, cuando saliera, alguien me llevara. Cuchi Corral tiene un desnivel de 400 metros y una altura de 1100 msnm. En ese lugar, se vuela hace como 30 años y se pude llegar a los 4000 metros de altura. Creo que a nivel mundial es el despegue más conocido de Argentina. A los 10 años hice el curso y a los 11 ya volaba solo. Fui la primera persona de tan pequeña en volar en parapente y uno de los más chicos del mundo.

Vuela mucha gente en Cuchi Corral?
Por día volarán 15 pilotos, y los fines de semana tenés 200 personas mirando. De hecho, las dos actividades turísticas que tiene la cumbre son el parapente y el golf

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Qué decían tus padres al verte volar tan pequeño?
Ellos me apoyaron desde el principio, principalmente mi madre que ya no está, falleció hace 3 años, y fue mi principal motor. Necesité desde un principio de su apoyo, primero para que me dejen hacer la actividad teniendo que hacer una autorización legal, firmada ante escribano, porque ningún instructor quería tomar esa responsabilidad, y segundo, por una cuestión económica. Terminé haciendo mi primer vuelo con Pablo Duich en Iquique, Chile, el 25 de julio de 1997 a las 9:15 de la mañana. Ahora, ya cumplí 20 años de vuelo. Inicié en un lugar que tiene condiciones inmejorables, se despega en unas dunas de arena con brisa de mar, bien laminara, uno de los mejores lugares del mundo para aprender. Aún hoy, después de tantos años, mi padre no va a los campeonatos porque le da miedo. Incluso ahora, que estoy entre los mejores 10 del mundo y gané muchísimos campeonatos argentinos me dice:- si fueras chico y te tuviera que dejar volar, no lo haría.

Qué pensaban tus compañeros del colegio al verte volar?
Era muy gracioso, porque en la escuela entraba a las 8 de la mañana y salía a las 5 de la tarde, y mientras que los nenes tomaban la merienda o jugaban con los jueguitos, yo iba al aeroclub a inflar el parapente o le pedía a mi papá que me llevara rápido a Cuchi Corral a ver si podía hacer algún vuelo. Lo pude empezar a compartir después. Cuando tenía 14 años llevé a mi primer pasajero que fue Hernán Vacola, y que era piloto de parapente. Era raro, yo escuchaba a la mayoría de los padres de mis amigos que decían que mis padres estaban locos, pero entendía que así como a algunos les gustaba jugar al fútbol o al tenis, a mí me gustaba volar. Este deporte me dio la posibilidad de conocer un montón de lugares en el mundo y buena gente, que es lo que te nutre también.

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“Si bien compito profesionalmente, para mí no deja de ser un juego, no me vuelvo loco por competir, lo disfruto, la esencia es aprender, compartir y pasarla bien”

Qué pasó por tu cabeza en el primer vuelo solo?
Fui a Iquique con mi mamá, y el instructor me dijo que vaya con mi equipo, que iba a ver cómo inflaba el parapente y, si estaba en condiciones, me hacía volar. Ya venía hacía un año haciendo el curso de parapente en la cumbre y aquí no se animaban a que vuele solo, por eso fue la decisión de ir a Chile. Cuando llegué, inflé el parapente tranquilo, ya que practicaba continuamente. Mientras tenía el parapente inflado, me tenía agarrado y de repente me dijo:- estás seguros que querés volar?. Yo le dije:- sí!. Me acompañó hasta el borde de la montaña, y salí. Desde allí me siguió por la radio, transmitiéndome tranquilidad. El primer vuelo es muy básico, es más que nada despegue y planeo recto hacia delante. En el aterrizaje me esperaba otro instructor que me iba guiando porque era difícil de calcular. Día tras día hice distintos vuelos y fue una sensación tremenda. Estaba volando solo, dependía de mí porque allí mis papás no me podían decir nada, ninguno sabía volar…me sentía muy independiente. Cuando aterrice en el primer vuelo, pensé cómo llegar lo más rápido al despegue, para hacerlo de nuevo.

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A partir de allí, cómo fuiste evolucionando en el deporte?
Para evolucionar tuve que juntar horas de vuelo y hacerlos firmar por un instructor. Cuando fui a Iquique, lugar en el que por las condiciones climáticas se puede volar todos los días, junté en 15 días más de 30 vuelos, necesarios para rendir la licencia que te acredita a ser piloto principiante. Seguí juntando más horas, y volando lo que más podía en Córdoba. A los 18 años, empecé a competir pero mucho no me gustaba, y me incliné hacia la acrobacia, y también competí. En acrobacia tenés que hacer un listado de pruebas y cada una de ellas tiene un coeficiente de dificultad. Hay un jurado de 5 personas que te ponen puntaje. Son 5 notas, la más alta y la más baja se sacan, y cuentan las del medio. Se hace siempre arriba de un espejo de agua por seguridad, pero no me convencía porque no lo veía tan seguro como creía, y le empecé a tomar el gustito por la modalidad que compito hoy: el Cross country. En ella, llegué a estar primero en el ranking argentino, con 21 años. Me alejé como medio año del vuelo, y después me dediqué seriamente a competir en copas del mundo y eventos nacionales. Acá, hay 4 fechas de campeonato argentino por año, ahora estoy primero.

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Cuáles son las maniobras que se hacen en las diferentes modalidades?

En acrobacia la maniobra más vistosa es el helicóptero: media ala vuela hacia adelante y la mitad hacia atrás, giramos en nuestro propio eje. Se hace looping, donde se pasa sobre el parapente. Hay una maniobra que se llama infinit y pasa el parapente desde atrás hacia adelante como saltando la soga, y pasa por arriba y por abajo. Los que se usan en acrobacia son parapentes más chicos que en Cross country, tienen mucha más carga alar, y anclajes reforzados que aguantan el doble, unos 200 kilos. En Orgaña, España, entrenan los mejores pilotos del mundo, es un lugar donde se sube muy rápido imagináte que tenés que recuperar rápido porque si subís 1000 con 5 maniobras descendés como 500 metros. Cross country, lo que hago ahora, son carreras en el aire. En el último mundial se juntaron más de 150 pilotos de 45 países diferentes. Hacés una reunión en el despegue, y allí te entrás al circuito. Vas con el GPS y te proveen de seguimiento satelital, así corroboran si cumpliste el circuito. El que lo completa más rápido, gana y tiene 1000 puntos, y el último tiene 100 puntos. Son circuitos de entre 60 y 100 km de distancia, a un promedio de vuelo de entre 30 y 40 km/h. Todos despegan a las 12 del mediodía, pero la carrera larga a la 13. Te dan 3 o 4 puntos de giro que tienen un radio de mil metros, hasta que llegás a un gol, que es una línea visible como de 200 metros en un descampado. Hay que tratar de completar la prueba en el menor tiempo posible y siempre teniendo en cuenta que al no tener motor, uno pierde mucho tiempo en subir. En un vuelo de estos capaz que agarrás 20 o 30 térmicas y subidos unos 2000 metros, y te alcanza para hacer unos 15 km, después tenés que subir de vuelta, donde encontrás las mejores térmicas para subir más rápido. Así avanzás más velozmente, y tratás de ganar. También existe mucha estrategia entre los equipos, es como el ciclismo de ruta, uno se escapa y se exige más, y el pelotón lo agarra de vuelta. Es lo mimos, capaz uno se escapa pero como el clima no es apto, baja mucho y el grupo lo alcanza hasta que faltan 10 km y el que mejor posicionado es el que busca ganar la prueba. El mundial dura varios días.

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Cómo es la estructura del mundial que corriste en Italia?
El mundial son 12 días de competencias, con 11 pruebas válidas y allí se juegan más cosas: el desgaste físico, la presión…no hay ningún piloto preparado para volar 4 o 5 horas por día sin parar durante tantas jornadas. Por eso es importante ir al gimnasio todos los días y salir a correr, hay que estar en forma. Aunque no es un deporte tan físico, con los días te empezás a cansar y perdés atención. Eso es peligroso.

Cuando volás, llevás raciones de comida e hidratación?
Comida no, sí llevo una bolsa hidrante de un litro y medio. Estoy sentado, y tengo muy poco desgaste físico,un poco de tensión abdominal porque voy medio recostado hacia atrás con los pies hacia delante, entonces hago un trabajo isométrico con las abdominales. Las manos van arriba del hombro, que capaz sufre un poco. En el vuelo, tomo un trago de agua cada media hora y una vez que aterrizo, como bien.


Cuándo comenzás a competir internacionalmente?

Fue medio en simultaneo con las competencias nacionales. Cuando vi que me gustó, conseguí puntuación para correr afuera. En ese momento no era como voy ahora, buscando un resultado, corría para ganar experiencia y aprender. Al principio no sabía mucho, de 120 pilotos entraba 70. A los 21 empecé a competir afuera, fue una pre copa del mundo en Portugal y luego una copa del mundo en Francia. Fui a un abierto de Chile y saqué un segundo puesto. Las copas del mundo son 5 fechas por año. Antes tenías que hacer todo el circuito y eran fechas en Europa y una en Brasil. Era muy costoso, son muchos días de competencia en cada una. Después cambió, pusieron las mismas fechas, y al final de la temporada hay una final. No necesitás ir a todas, sólo con que en alguna termines entre los primeros 30, te clasificás. Este año, la final se hace en Colombia en un lugar que se llama Roldanillo. Esta nueva modalidad nos permite a nosotros, que estamos lejos de Europa, ser más competitivos. Hay dos campeonatos: la Copa del Mundo PWC (Paradlagin Worl Cup) y el Mundial de Parapente que organiza la FAI, también un panamericano para nosotros, y un campeonato europeo. El de la FAI se hace cada dos años y el PWC se hace todos los años. Ahí está la elite del parapente. No es tan fácil llegar, únicamente fuimos a correr al mundial los primeros 4 del ranking argentino, entre unos 2500 pilotos. Que vuelan, aproximadamente hay 10000 entre parapente y paramotor. Fui con Martín Romero, Francisco Mantaras y Hernan Pitocco. El vuelo libre es lo más lindo y disfrutable, a mí me gusta competir, pero la esencial es justamente lo que te dice la palabra: volar para pasarla bien y compartir con amigos, que es lo más lindo que tiene este deporte.

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“solo fuimos a correr al mundial los primeros 4 del ranking argentino entre unos 2500 pilotos”

Quién costea los gastos de ir a un mundial?
Siempre me banqué los gastos. Al principio mis padres, luego yo. Ahora, gracias a la nueva comisión argentina de la Federación Argentina de Vuelo Libre, se ha conseguido mucho. Para este mundial, obtuvieron los pasajes a través de la indumentaria Mura, y también tuvimos apoyo de Córdoba Deporte y de nuestro club el ACAP (Asociación Cordobesa de Ala Delta y Parapente). Esta selección fue netamente cordobesa. Es un deporte amateur, hay pocos pilotos en el mundo que viven de la competencia.

Cuánto entrenas por día?
Entre gimnasio y aeróbico dos horas por día, y después con respecto a los vuelos, no soy de los pilotos que más vuela porque yo tengo una idea diferente a la mayoría. A mi volar por volar no me da nada, para mí es muy buen entrenamiento ir a un campeonato, sea alto o bajo el nivel. Levantarme un día lindo y volar por volar no me devuelve nada, porque nos sé si lo hice bien o no, no tengo con quien comparar. Si me junto con 3 o 4, y hacemos una prueba, así si me sirve. Vuelo muy poco en cuanto a horas. Cuando tengo ganas, voy y disfruto. Si tengo que probar algún equipo vuelo 2 o 3 horas, pero más que nada trabajo en la parte física y mental. Soy un convencido de que lo que te hace cambiar como piloto en la competición, es lo mental por eso veo más redituable ir a un psicólogo del deporte. También me ayuda mucho Martin Romero, uno de los compañeros de selección que fue deportista de alto rendimiento. Él corría carreras de aventura y ganó en varias oportunidades el tetra de Chapelco. Me da mucho resultado, gané las dos fechas del campeonato argentino, en el mundial terminé entre los mejores 10, gané el abierto argentino, y estoy primero en la liga… no me esperaba tener un año así.

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Cómo se define el puesto en un mundial al ser tantos días?
Se define todo el último día. Cuando empezó el campeonato en los primeros días, estaba entre los primeros 20. Me fue bien y llegue al puesto 15, después caí al puesto 25. Tuve una manga en un día de vuelo que terminé 4, me puse 7 y sólo quedaba un día de competencia. Hay un sistema que es difícil de explicar, pero es un descarte del 25%, o sea que de 12 días que volás, descartas el 25%, cuentan 9 días, y te sacan los 3 peores. En realidad no venía con vuelos malos. Al faltar un vuelo, había muchas posibilidades de quedar en el top ten a pesar de que estaban apretados los puntos. Quedé 9, pero podría haber quedado en lugar 5 o 20. Hubo mucha incertidumbre, tuvimos que espera hasta el final para los resultados. Un compañero había ojeado las listas y me vio pero no quiso decir nada porque no era oficial. Cuando lo dijeron, me largué a llora. Llamé a mi señora Yanina, que me banca en todas, a la familia, amigos… después de haberle dedicado a la actividad tantas horas, tantos años…Fue una sensación fuertísima

Cómo vive tu familia la actividad?
Mi mujer me apoya en todo. Tengo una nena de dos años y medio. Cuando fui al mundial estaba casi de 8 meses de embarazo, y yo compitiendo en Europa, en Italia. Ella me conoció volando en parapente y sabe que es mi pasión. Me respeta, me apoya y me alienta. Cuando me va mal, la primera persona que llamo es a ella y siempre me dice que sea positivo, que voy a mejorar… es una genia. Mi hija me extraña, pero todavía no se da cuenta de todo. Antes de irme, le hice el vuelo de bautismo y se quedó dormida. Tengo un arnés para niños, Nicole se tomó la mamadera y se durmió con el arnés puesto…aún no pudo volar, pero ya lo va hacer. Araceli nació hace muy poquito.

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Qué queda a futuro?
Vienen dos copas del mundo, una en Brasil y otra en Ecuador. Vamos a ver qué puedo hacer. Ya estoy clasificado, y pre inscripto en las dos. Quiero ganar una final en Colombia. Acá en el país quedan dos fechas: una en La Rioja y otra en Tucumán. Como ya gané las dos primeras, quiero ser campeón argentino. El año que viene tenemos el Panamericano con la selección argentina. Si bien compito profesionalmente, para mí el parapente no deja de ser un juego. No vivo del parapente, lo hago porque me gusta y mi prioridad es mi familia. No me vuelvo loco por competir, lo disfruto, la esencia es aprender, compartir y pasarla bien.

Qué haces para vivir?
Administro un geriátrico y una servicio de emergencias con mis suegros en Capilla del Monte. A ellos les agradezco porque me ayudan cuando tengo que viajar. Falto muchos días en las competencias, y se portan más que bien conmigo. También me gusta correr en auto, pero eso es otro hobby.

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Nunca intentaste a realizar algún récord de distancia?
No, me gusta competir. Tengo un amigo brasilero Rafael Saladini que tiene el récord de distancia 564 km en 11 horas y media de vuelo.

Agradecimientos
En primer lugar a mi mujer y a mis hijas, a mis viejos, a mis suegros, a la Federación Argentina de Vuelo Libre al club ACAP, a indumentaria Mura y CBAX y a vos por hacerme la nota.

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Aire

Vuela, Túnel de viento

junio 28, 2016 — by Andar Extremo1

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Muchos de nosotros hemos soñado una y mil que volamos. También muchos de nosotros pensamos en arrojarnos de un paracaídas y no nos animamos. Norberto Calvagni y su familia, inventaron un túnel de viento parecido a los de EE UU o Europa, y transformaron el sueño en una realidad. En Vuela podés flotar seguro, divertirte y sentir algo que nunca sentiste. Nota Andar Extremo n° 40

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Cerca, muy pero muy cerca, por la ruta 6 en Gral. Rodríguez, Provincia de Buenos Aires, se encuentra el primer Túnel de Viento de Argentina. Treinta y tres metros de altura con cuatro ventiladores gigantes movidos por  4 motores eléctricos gemelos que generan 100 hp de potencia hacen que, desde la ruta y al ver la estructura, uno quede mirando paralizado. Mezcla de silo y cohete espacial, la maraña de hierros te atrae para entrar a la aventura.

Al llegar, uno ya empieza a sentir la energía de poder flotar. En la recepción Seba y Kiki te atajan y tratan de relajarte, porque de eso se trata volar, de estar relajado. Entre charlas y preparativos, los instructores te llevan al sector donde cada uno se pone el traje cerrado, el casco y las antiparras. Desde allí, al lugar donde nos dan las instrucciones, dos o tres recomendaciones. Seba insiste en que dejemos caer el cuerpo sin tensión, como si abrazáramos un gran pelota, y Kiki atrás, remata con la comparación: -“si dejamos caer una hoja flota, si cae un pedazo de madera cae rápido y bruto, así que a disfrutar”.

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Nos sentamos un rato en el Frigobar y a la orden de los instructores, nos dirigimos luego hacia el túnel de viento. Subimos donde está la “pecera” (lugar donde se vuela) que es un espacio que tiene 4,10 de diámetro y el viento circula allí a 250 km/h. Somos cuatro niños queriendo realizar el sueño de nuestras vidas, cada uno va a tener tres minutos. Entramos a una cabina donde esperamos el turno de cada uno para entrar con un instructor. Y por fin!!! A volarrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr.

Sensación indescriptible, adrenalina, paz, energía, alegría, emoción… todo transcurre en ese primer vuelo inicial. Pasamos en tandas de un minuto. Las primeras dos tandas sentí que el cuerpo se adaptaba a volar y al relajarse,  flotaba mejor y contralando los movimientos. La tercera pasada y última tuve la suerte de estabilizarme y volar. En un momento empecé a dar vueltas y vueltas queriendo que ese momento sea infinito.

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Las caras tienen sonrisas dibujadas. Ni bien terminamos y se abren las puertas, lo primero que pensé fue: tengo que venir de nuevo, quiero más! El domingo soleado se empezó a diluir. Subimos a la camioneta de Andar Extremo con mi amigo Manú Zaratiegui y su hijo. Éramos tres niños felices. Los mates acompañaron la charla entretenida mientras surcábamos la ruta 6 con destino a casa. Al llegar nos saludamos y alejándonos repetimos los tres en conjunto:- tenemos que ir a volar de nuevo!!!

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Entrevista a Norberto Calvagni Director de “Vuela”

Qué es Vuela? Vuela es un simulador de vuelo o de viento. Lo que hace es generar una corriente de aire que simula la caída libre. Es una corriente de aire ascendente que llega a 200 km/k  240 km/h. Cuando ingresás a esta cámara donde está la corriente de viento, volás… tenés la sensación de flotar.

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Cuándo comenzaron? Hace dos meses abrimos y la mayoría empieza con el pack inicial que son tres vuelos de un minuto. La semana pasada estuvieron dos españoles dando clases a nuestros 8 instructores para poder brindar más horarios. Actualmente está abierto de jueves a domingo.

Cómo surge la idea de construir tan increíble estructura? Nosotros la llamamos la máquina de volar.  Mucha gente pasa por la ruta y le llama la atención, y vienen y dicen: – Esto qué es? Un silo, un telescopio, un mirador…La idea la surge de haber hecho viajes por el mundo. En EEUU y Europa, nos llamó la atención. Es más, los paracaidistas argentinos tenían que practicar afuera del simulador de viento para alguna competencia. Vimos que en América Latina había pocos y dijimos “tenemos que innovar y hacerlo acá”. Con mi hermano Ariel, que es ingeniero, se diseñó, planificó y se fabricó íntegro en Argentina.

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Qué tipo de túnel de viento es? Hay diferentes tipos, éste es un “túnel de viento cerrado”, funciona como un gran extractor. Los ventiladores están en la parte superior, tira el aire limpio para fuera sin turbulencias. La ventaja de este sistema es que es menos ruidoso, se gana en velocidad y en seguridad porque los ventiladores están lejos.

Que preparación hay que tener para  volar? No tenés que tener ninguna experiencia ni  preparación, y a partir de los 7 años podés hacerlo. Hay que venir relajarse y sólo volar. Equipamiento: venir con zapatillas cómodas, es el único requerimiento. Acá le damos el  traje, las gafas y el casco. Es una actividad súper segura, y controlada siempre con un instructor, que te va corrigiendo las posturas hasta que le enganchás la técnica al vuelo.

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Es adictivo el túnel…  Le pasa a todo el mundo, el vuelo básico es de 3 minutos y es tan relajante y te genera tantas endorfinas que querés más. Es una sensación única que la siente el que se tira de un avión nada más, y acá volás un paso y  detrás del vidrio tenés a la gente sacando fotos.

Concurren más paracaidistas o gente sin experiencia? Ésto y el paracaidismo son dos actividades diferentes. Obviamente el mundo del paracaidismo se engancha enseguida porque vienen, aprenden, couchean (hay Couchs que enseñan las diferentes técnicas)… pero la mayoría que viene es gente que quiere experimentar.

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Vuela Túnel de Viento – www.vuela.com.ar

 

AireExploracion

SOLAR IMPULSE

abril 14, 2016 — by Andar Extremo0

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El avión propulsado por energiza solar, listo para reanudar su vuelo alrededor del mundo

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El avión Solar Impulse 2 (Si2), propulsado por energía solar y capaz de volar día y noche sin parar a repostar, está listo para reanudar su viaje alrededor del mundo, desde la isla de Hawái. Los pioneros suizos Bertrand Piccard y André Borschberg, se alternarán a los mandos de este innovador aeroplano. Tras pasar 8 meses en tierra, en los que han reemplazado las baterías que se sobrecalentaron en la travesía del Pacífico desde Japón, y de realizar diversos vuelos de prueba, el S2 está listo para despegar. El equipo está estudiando los datos climáticos para identificar cuál será la próxima ventana climática favorable, entre el 15 de abril y el 15 de mayo, que permita a Piccard volar hasta la costa oeste de los Estados Unidos. El objetivo de esta empresa es demostrar cómo las energías limpias pueden conseguir lo que se creía que era imposible.

André Borschberg aterrizó en Hawái a bordo del Si2, tras un vuelo récord de 117 horas y 52 minutos -un total de 8.900 kilómetros- a través del Océano Pacífico, desde Japón, que empezó el 3 de julio de 2015 nunca realizado con anterioridad. Con este tipo de máquina. Borschberg estaba cansado, aunque en buena forma, tras mantenerse despierto la práctica totalidad de los 5 días y 5 noches que duró este vuelo en solitario. No obstante, las baterías del avión sufrieron daños irreversibles debido al sobrecalentamiento, lo que provocó un parón en este proyecto de vuelo alrededor del mundo de 8 meses. El equipo no pudo repararlas lo suficientemente rápido como para reanudar la marcha antes del final del verano, en condiciones aún favorables. Ahora, el avión está listo para reanudar su marcha alrededor del mundo.
“Como nos pasó en distintas ocasiones con la primera versión del Solar Impulse, a menudo los obstáculos se han convertido en oportunidades para mejorar las cosas”, explicó André Borschberg, director y cofundador de este proyecto. “Al final, este tiempo que hemos pasado en tierra nos ha llevado a replantear ciertas cosas, y ahora afrontamos una nueva etapa de este proyecto con mayor fuerza. A veces cuesta un poco más de tiempo encontrar el camino adecuado para desarrollar nuevas tecnologías”.
Entre final de febrero y mitad de abril de 2016, el Si2 completó un total de 13 vuelos de prueba. Tres fueron de mantenimiento, llevados a cabo por el piloto de pruebas del equipo, que confirmaron las prestaciones del avión y el funcionamiento correcto del nuevo sistema de refrigeración. A esos tres vuelos siguieron una serie de salidas de entrenamiento, realizadas por ambos pilotos: 3 a cargo de Borschberg, y 7 a cargo de Piccard, que incluyeron un vuelo de gran altitud, de preparación para la segunda y, asimismo, larga manga a través del Océano Pacífico hasta Estados Unidos.

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“Un aeroplano de vuelo perpetuo, sin gasolina, como el Solar Impulse, no es sólo pionero en la historia de la aviación, sino también la historia de la energía”, enfatizó Piccard, iniciador y también responsable del proyecto. “El propósito principal de esta aventura es demostrar que la tecnología actual centrada en las energías renovables puede conseguir lo imposible, y animar a la gente a que use el mismo tipo de soluciones de energía eficiente, aplicables en tierra y en la vida diaria en apartados como la movilidad, la construcción, la iluminación, la calefacción, la refrigeración, entre muchísimas otras”.
Tan pronto como las condiciones para volar sean las adecuadas, el Si2 reanudará sus pueblos alrededor del mundo y despegará hacia la costa oeste de los Estados Unidos con Piccard al mando. El equipo está estudiando cuatro destinos potenciales: Phoenix, el área de San Francisco, Los Ángeles o Vancouver. A partir de lo aprendido en 2015, la decisión se tomará dejando un mínimo de flexibilidad para cambiar la ruta. El destino final se escogerá un par de días antes de despegar, dependiendo del clima la misión. Entonces, la máquina continuará su ruta hacia Nueva York, Europa o Norte de África, y Abu Dabi, donde terminará, y donde precisamente empezó esta aventura.
Fotografías gratuitas solo para uso editorial: Solar Impulse
Datos sobre El Solar Impulse
Los pioneros suizos Bertrand Piccard -iniciador y presidente- y André Borschberg -director y cofundador- son los pilotos y los instigadores detrás de este proyecto, El Solar Impulse, el primer avión capaz de volar día y noche sin necesidad de repostar, propulsado única y exclusivamente por la energía solar.
El Si2 concentra diversos tipos de energías limpias, como si se tratase de un laboratorio volante. Es una nave monoplaza hecha de fibra de carbono, que tiene 72 metros de envergadura -más que un Boeing 747- para un peso de 2.300kg, el equivalente de un coche familiar. Las 17.248 células solares dispuestas sobre el ala, cargan cuatro baterías de 38,5 kilovatios cada una, que a su vez propulsan 4 motores eléctricos (de unos 17,5 caballos cada uno) y las hélices, todo ello con energía renovable. El avión es por tanto, capaz de acumular y ahorrar energía durante el día y utilizarla durante la noche. El Si2 no necesita combustible y virtualmente, tiene autonomía ilimitada. Teóricamente, el Si2 podría volar sin parar y solo está limitado por la capacidad de resistencia del piloto.

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fuente Global Newsroom

Aire

Sudamerican Flyers, paracaidismo en toda Sudamérica

abril 7, 2016 — by Andar Extremo0

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www.sudamericanflyers.com

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SDF “si nos organizamos volamos todos” , surge de un grupo de paracaidistas que se organizó y creo el sitio web www.sudamericanflyers.com en donde podes consultar zonas de salto, calendario de actividades, saltos en tandem, etc. Hay lugares en toda Sudamérica: En Bolivia Club de Paracaidismo Santa Cruz. En Brasil SkyZimba Clube Escola de Paraquedismo y SkydiveFoz Paraquedismo. En Chile Paracaidismo Chile, Air Skydive Pucón y Skydive Andes. En Paraguay República Flyer,Paracaidismo Guaraní y Escuela de Paracaidismo Sin Limite. Y en Uruguay Centro de Paracaidismo Punta del Este.

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SuDamerican Flyers lo conformar equipos deportivos de Argentina, Brasil Chile y Paraguay. El paracaidismo deportivo es mucho mas amplio de lo que hasta hoy se conoce. Se divide en 3 fases desde que saltas del avión, la caída libre, el manejo del velamen, y el aterrizaje.Conoce y contacta la disciplina que estas buscando a través de sus mejores exponentes en cada país de Sudamérica.

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Sudamerican Flyers nace con la iniciativa de crear un colectivo de paracaidismo sudaméricano.
En los últimos años el paracaidismo a ido en aumento pero aun queda muchísimo por explotar.
A través de esta red queremos integrar, compartir y promover todos los niveles y áreas del paracaidismo para así potenciar su crecimiento a nivel latinoamericano.
Te invitamos a ver la primera plataforma informativa de Paracaidismo en Sudamérica.

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www.sudamericanflyers.com