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ACA IRI EL POST

Trekking

De Tilcara a Calilegua, un sendero de cielo celeste

octubre 23, 2018 — by Andar Extremo0

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En los viajes es importante el lugar que se elige, pero mucho más el espíritu con el que se encaren los desafíos, y salir de la ciudad para no seguir haciendo lo mismo pero en otro formato, o en un paisaje diferente. Este es un viaje y un camino hacia el interior, donde habita el alma, quizás para poder descubrir lo que ella quiere decirnos… Nota en la revista Andar Extremo n° 51

Por Juan Martín Laborde texto y fotos

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Existe un cielo celeste que no se olvida, como un lienzo gigante que nos rodea a lo largo del recorrido y los días. El cielo del norte no tiene comparación, como también los cardones, las vestimentas coloridas y la música del lugar que nos reciben y marcan el inicio de nuestra experiencia en el pueblo de Tilcara. En pocas palabras, esta elección (gracias a la empresa Acampartrek) nos permitió conocer durante cinco días a través de nuestros pasos, distintos ambientes: quebrada, pastizales, bosques y selvas, partiendo desde la desértica “Quebrada de Humahuaca” patrimonio natural y cultural de la humanidad, hasta la impenetrable selva de montaña de la “Reserva de Biosfera de las Yungas”, ambos sitios declarados de esta manera por la UNESCO.
El itinerario, con varios días de recorrido a pie, tiene un grado de dificultad medio-alto debido al ascenso gradual al comienzo del trayecto, donde el mayor esfuerzo físico es la subida al paso de un abra de 4.200 msnm. Pero también nos permite sentir la calidez de la gente, aprender de su sencillez y disfrutar de su compañía, en el medio de un paisaje tan contrastante como increíble, donde un pasaje de la puna a la selva nos lleva entre caminos incrustados en las laderas, profundos e insondables valles, riscos y peñas y la selva, que se pierde en el horizonte donde los jotes, los tucanes y corzuelas, son protagonistas del Parque Nacional Calilegua.

La llegada a Tilcara
La recepción se realiza en Tilcara (2.461 msnm), pueblo muy atractivo que invita a quedarse, al igual que los importantes sitios arqueológicos como el Pucará que es recomendable conocer.
Los excursionistas se acomodaban en un hostel sumando mochilas y revisando equipo durante el día, hasta que Claudia junto a Esteban fueron los últimos en llegar y sumarse, pero los primeros en demostrar alegría y entrelazar al grupo como un todo, con su espontaneidad y amistad manifiesta.
La provincia de Jujuy, donde nos encontramos en esta ocasión, posee cuatro regiones: Puna, Quebrada, Valles y Yungas. Debido a las diferentes altitudes en las diversas regiones de la provincia, podemos encontrar diferentes microclimas, como ser desde la extensa aridez de la Quebrada de Humahuaca, hasta una nuboselva o selva subtropical andina. La provincia también cuenta con una abundante cantidad de yacimientos arqueológicos (1.500 sitios), como también un gran arraigo de las costumbres ancestrales en la población y en sus festividades.

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“El recorrer caminos, usados por los habitantes originarios hace centenares de años y por los locales hoy día, para unir pueblos perdidos en la puna y en la selva, define esta experiencia como única.”


Inicio del trekking a Corral Ventura

A la mañana siguiente de nuestra llegada, iniciamos el trayecto partiendo desde Tilcara en un vehículo que nos acercó al punto de encuentro con el baqueano y las mulas de carga en Cañada Seca (2.900 msnm). Una vez que el equipo está montado, comenzamos el trekking que asciende a 4.200 msnm sobre la serranía de Tilcara.
El ascenso lo hicimos por un sendero milenario que fue utilizado por los pobladores originarios, quienes intercambiaban productos procedentes de las dos regiones Puna y Selva. Fundamentalmente lo que buscaban los pobladores de la selva era la sal, por lo que la mayoría de las caravanas se trasladaban con el precioso cargamento que era comerciado por todo lo que producía la selva.
Los colores de la tierra eran realmente increíbles y se notaba en nuestras botas que iban cambiando de tonalidad a medida que avanzábamos. Era posible ver algunos poblados en las cercanías, como también la presencia de guanacos, vicuñas, llamas, cóndores y jotes.
Luego de algunas horas nos encontramos en una quebrada. Hacia adelante se veía un abra donde la altura en nuestro ascenso, ya se hacía notar en nuestra respiración que era cada vez más intensa. Cuando alcanzamos el abra, transitamos un puente natural de piedra que cruzaba un arroyo de agua helada, momento que nos inspiró a tomar un descanso y comer para recuperar energías. Al observar el horizonte mirando hacia Tilcara, podía divisarse a lo lejos el Nevado del Chañi.
Ese día, luego de 7 horas de caminata, pudimos llegar primero a Campo Laguna como el punto de mayor elevación. Desde allí, era posible ver las nubes debajo nuestro como un manto de algodón, y los picos más altos asomándose sobre ellas. Tiempo después continuamos por un camino de descenso hasta Corral Ventura que, con sus caseríos y corrales, era nuestro destino ese día.

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Descenso hacia Durazno
Al día siguiente realizamos un trekking de 5 horas hasta el Durazno. Caminamos por tierra colorada entre montes de alisos, y por momentos la senda serpentea los barrancos, con magníficas vistas panorámicas. Hemos dejado atrás la inmensa aridez de la puna para ingresar a los pastizales de neblina, cambiando de pronto toda nuestra visión y debiendo para ello, recorrer laderas y faldeos, contando con la presencia de jotes y cóndores que nos invitan a disfrutar de la inmensidad del paisaje. Poco a poco comenzamos a descender a las profundas quebradas y transitar junto a caudalosos ríos hasta el próximo campamento. Seguimos caminando y, sin embargo, la pendiente del sendero va tomando posesión de nosotros y ahora no vamos, sino que nos llevan; no andamos, sino que nos andan.
Durazno es un pequeño caserío con escuela rural, donde el grupo tiene la oportunidad de establecer el contacto con los habitantes locales, los chicos de la escuela o bien, salir a recorrer los alrededores de la región.

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Camino a Molulo
Al levantarnos y recibir el nuevo día, observamos el mejor amanecer de nuestras vidas. Por entre los cerros de Calilegua asoman los rayos de sol que iluminan el paisaje a nuestro alrededor. Iniciamos un trekking de 7 horas hasta el paraje Molulo, ubicado en el Valle Grande y rodeado de cerros de más de 4.000 msnm. El sendero comienza luego de cruzar el Río El Durazno y transcurre por un reducto de ambiente de Chaco Serrano que alterna bosquecitos de queñoa y pastizales de altura. Fue una larga caminata en la que se iban atravesando zonas de tierra mucho más colorada de lo habitual y pequeñas zonas de selva que anticipaba lo que sería la selva de Calilegua.
El grupo se va encauzando uno detrás del otro a medida que avanzamos, y nuestro silencio va dejando escuchar los sonidos de la naturaleza.
A quienes nos atrae el caminar por estos senderos interminables, no abandonamos el terreno de la palabra, sino que la usamos de otra manera, con otros tiempos, con otros objetivos, y en otras geografías del alma. En estas experiencias la palabra cobra un significado especial cuando la acompaña el silencio, un elemento que por lo general da cuenta del deseo de aire y espacio, y reencuentro con algunas cosas perdidas en la cotidianeidad de la ciudad.
La senda del relato y de nuestro camino continúa por los filos y con magníficas vistas panorámicas. Los árboles desaparecen y dejan lugar a los cerros, con sus laderas y sus profundos valles. Hacia la tarde llegamos a Molulo que es un pequeño poblado en medio de las Sierras Subandinas.
El recorrer caminos usados por los habitantes originarios hace centenares de años, y por los locales hoy en día para unir pueblos perdidos en la puna y en la selva, define esta experiencia como única.
Al llegar a Molulo pudimos disfrutar de un descanso, del silencio y un cielo repleto de estrellas a 3.200 msnm. Al momento de la cena, todos nos reunimos entusiasmados, con esa alegría que solamente produce un asado, algo que viene del fuego y lleva todo lo primitivo encima.
El siguiente día lo aprovechamos para el descanso y recorrer el lugar, donde habitan un grupo familias de ricas tradiciones que conforman la Comunidad Aborigen de Molulo.

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Nos adentramos al territorio de las yungas y la selva
El camino hacia San Lucas nos lleva aproximadamente unas 9 horas para llegar a un paraje enclavado en plena selva de montaña al que sólo se accede caminando o a caballo. El camino es un ancho sendero que transita el ecosistema que se denomina yunga en transición. Ahí es donde recorremos interminables precipicios, faldeos, y observamos imponentes paisajes con profundos valles y caseríos, rodeados de sus cultivos de terrazas y con corrales de cabras y ovejas. También caminamos por los distintos estratos de la selva de yungas, avistando en la inmensidad del departamento Valle Grande un espectáculo de naturaleza sin igual desde una altura de 2.600 msnm. Caminar varios días tiene su esfuerzo, pero también su recompensa, como apropiarse de la esencia del lugar.
El poblado de San Lucas está a 1.950 msnm. Si bien es pequeño, es el más grande encontrado hasta ahora. Sus casas se encuentran dispersas en el cerro con una vegetación exuberante.

Hablamos del parque
El parque nacional Calilegua es un área protegida, situada sobre las faldas orientales de la sierra de Calilegua, en el sudeste de la provincia de Jujuy en el noroeste de la República Argentina. Es el único parque de la selva de montaña del país, el de la selva de las yungas. Su creación fue en el año 1979.
Es una de las zonas núcleo de la reserva de la biosfera de las Yungas, junto al parque nacional Baritú, la reserva nacional El Nogalar de los Toldos, el parque provincial Laguna Pintascayo y el parque provincial Potrero de Yala.
El objetivo definitivo específico es “la protección de un área representativa de las Yungas y de un ecotono de la provincia biogeográfica chaqueña, y la conservación de especies endémicas a nivel nacional o mundial”. Sus 76.306 hectáreas lo convierten en el parque nacional más extenso del noroeste argentino. El nombre “Calilegua” se suele asociar a la lengua aimara y equivale a “Mirador de Piedra”.
La ecorregión que se encuentra presente es la de selva de las Yungas (o selva de montaña del noroeste argentino), caracterizándose por el clima cálido húmedo, con lluvias estivales de entre 900 y 1300 mm. La ecorregión se encuentra integrada con las sierras subandinas, cuyas alturas oscilan entre los 400 y los 3.000 msnm. De relieve montañoso, comprende una serie de fallas, cañadones y cordones montañosos muy abruptos, que descienden principalmente de las serranías de Calilegua.

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Flora
Posee un sector de la selva pedemontana que es un ambiente de transición entre dos ecosistemas contrastantes: el seco Bosque Chaqueño y las húmedas Yungas. De los ambientes que protege el Parque, la selva pedemontana ocupa sectores marginales en las áreas más bajas (550-700 msnm). Se encuentran especies como el cebil colorado, la tipa blanca y el lapacho rosado. En mayor altura, aparece la selva montana que en gran parte es una nuboselva, la cual ocupa la mayor superficie del Parque Calilegua. Se caracterizada por la presencia de laurel, ceibo, cedro colla y cebil blanco u horco cebil. En las laderas, por encima de los 1.500 o 1.600 msnm, se encuentra una franja de bosque montano, donde predominan los nogales, lapachos amarillos, pinos del cerro, alisos y saucos. A mayor altura, aparecen los bosques de queñoa o tabaquillo, cuyo porte y densidad va disminuyendo a medida que aumenta la altura, hasta llegar a bosques casi puros de alisos por encima de los 2.300 msnm. Éstos menguan a alturas superiores, dejando una cobertura vegetal similar a una pradera.

Fauna
El parque nacional presenta interesantes ejemplares de fauna autóctona. Algunas de las especies que encuentran su hábitat en el área protegida son endémicas o bien están globalmente amenazadas. Podemos encontrar especies de mamíferos como el yaguareté, puma, gato montés, jaguarundí, taruca, corzuela colorada, lobito de río, carpincho, pecarí de collar, zorro de monte, hurón mayor, coatí, mono caí y ardilla roja entre otros. También es un área de gran biodiversidad en aves como el águila poma, crestuda real, y coronada, la pava de monte alisera, el vencejo montañes y muchas otras especies de pájaros cantores.

El final hacia Peña Alta
El último día de trekking a Peña Alta nos lleva unas 5 horas. En este sendero que atraviesa el corazón de las Yungas, se realiza observación de fauna y reconocimiento de flora. Parte del recorrido continúa por las inmediaciones del Río San Lucas. La vegetación es tupida y el paisaje deslumbrante, con caminos de cornisa, paredes de más de 50 metros donde observamos cavernas, saltos de agua y la majestuosidad de la selva de yungas, enmarcada en los Macizos rocosos con distintos accidentes geográficos únicos en su tipo.
El recorrido termina en la confluencia del Río San Lucas y Valle Grande; para luego un traslado en vehículo a San Salvador de Jujuy que da final a esta experiencia a pie y permite caer en la cuenta de que este viaje no fue un recorrido por la línea más corta entre dos puntos, fue otras cosas: la apreciación de la distancia, de los detalles intermedios y la lenta modificación de las perspectivas de la naturaleza. La marcha y su tiempo propio, un tiempo vacío que permite inscribir en su interior cualquier cosa, hasta un relato.

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MARTÍN ECHEGARAY DAVIES 23 CAPITALES PROVINCIALES

septiembre 25, 2018 — by Andar Extremo0

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23 Capitales Provinciales en 327 días, del 31 de octubre de 2017 al 22 de septiembre de 2018 recorriendo 9783 km.

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Martín Echegaray Davies de 62 años, de Trelew, ya cumplió la primera etapa del viaje que era pasar caminando por todas las capitales provinciales. Con su carro de 180 kg llamado “Carricatre Pilchero”, un viejo catre con ruedas de moto que él arrastra, piensa ir de Ushuaia a Alaska en 4 años para hacer el Récord Guinness de caminata.

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Trekking

TRAVESÍA 5 LAGUNAS, BARILOCHE

septiembre 17, 2018 — by Andar Extremo0

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En el instante que comenzaron a planear su viaje, se enamoraron a la distancia de esos paisajes y su belleza indescriptible. Iván Gómez y Flor Del Negro en un trekking increíble en la zona de Bariloche. Nota de la revista Andar Extremo n° 50

por Iván Gómez y Flor Del Negro

Desde Colonia Suiza a Pampa Linda

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Llegamos a la ciudad de San Carlos de Bariloche el 16 de enero de 2018, con las mochilas cargadas de sueños. Estábamos ahí para hacer la Travesía de las 5 Lagunas y gracias a la vida, los pronósticos indicaban que el clima marcharía de lo mejor.
Al día siguiente, una vez registrados en Parques Nacionales, emprendimos la aventura junto a nuestro amigo Andy. Teníamos por delante más de 54 kilómetros que pensábamos disfrutar a pleno, deleitándonos ante la inmensidad de ese escenario.


Día 1: Colonia Suiza – Laguna Negra

Empieza la aventura, tenemos todo listo y una emoción que recorre nuestras venas. Iniciamos la travesía en Colonia Suiza por un sendero amplio que da ganas de caminar rapidito pero el peso de las mochilas nos obliga a avanzar más tranquilos. Disfrutamos del paisaje salido de un cuento.
Nos adentramos en un bosque de pinos, cohíues y ñires que se adueñaban del camino. Transitamos por el Valle del Arroyo Goye escuchando el agua correr. Después de cargar nuestras caramañolas en una zona donde varios expedicionarios deciden que será su zona de acampe, nosotros continuamos por el sendero que nos lleva hasta el llamado “maldito caracol”, una subida entretenida pero que, como su nombre lo indica, es un tanto exigente y para muchos detestable.
Una vez superado el caracol, vemos un espejo de agua oscura envuelto en cerros apenas nevados a 1650 metros de altura, la Laguna Negra está a nuestros pies, custodiada por montañas rocosas.
Buscamos un espacio para nuestra carpa y allí armamos campamento. Ansiosos nos acercamos a la laguna, los tres queremos tocar el agua y sentir su frescura. Después de compartir una ronda de mate y algo dulce, nos disponemos a preparar nuestra primera cena en la montaña coronada por una cantidad de estrellas difícil de apreciar en la gran ciudad.

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Día 2: Laguna Negra – Laguna CAB
Amanece con un sol radiante que nos invita a salir de la carpa y empezar a disfrutar lo que sería el segundo día. Luego de desayunar, desarmar nuestra casita y preparar las mochis, despedimos a nuestro amigo que baja a Colonia Suiza y comenzamos nuestra caminata. Rodeamos la Laguna Negra por la derecha, pasando unos cortitos pero entretenidos manchones de nieve y poco antes de subir al filo nos topamos con unas grandes piedras que para atravesarlas tenemos que usar unas cuerdas puestas con anterioridad. Pasado el obstáculo de la naturaleza, subimos al filo y por primera vez divisamos el Cerro Tronador. Es mágico, único y a cada instante que deja oírse, logra que el alma se llene de alegría. Escucharlo es maravilloso.
Después de sacar unas fotos y con la no tan grata bienvenida de los insoportables tábanos, comenzamos una bajada muy linda pero empinada dentro del bosque hasta llegar al Valle del Arroyo La Chata. Cruzamos el arroyo, reponemos energías y a darle para arriba que todavía nos queda la gran trepada hasta llegar a la Laguna CAB. Una vez allí y cuando pensamos que ya era hora de nuestro merecido descanso, nos dimos cuenta de que aún falta bordear la laguna porque la mejor zona de acampe estaba en el otro extremo de la misma. Así que con las crocs puestas y el agua refrescando nuestros piecitos rodeamos la laguna sin orilla y en menos de media hora estamos sentados en un tronco, con la carpa armada y tomando los tan esperados mates.

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Día 3: Laguna CAB – Laguna Cretón
El despertador suena temprano, tenemos por delante el día más largo de la expedición. Con el equipo listo y ansiosos por lo que vendrá, damos los primeros pasos sobre un mallín, uno de los tantos que cruzamos.
Con los pies mojados, comenzamos la subida al Cerro CAB. Desde la altura podemos observar de un lado la laguna y el claro que nos hospedó la noche anterior y del otro el Cerro Cristales, punto más alto de toda la travesía. Desde este filo, y sin perder altura transitamos un entretenido pedrero, el cual nos pone a prueba con variados manchones de nieve que exigen ser atravesados con sumo cuidado. Una vez superados, el camino se transforma en lajas grandes donde es mucho más seguro caminar.
Con la bienvenida de una familia de patos, nos adentramos en el Mallin de las Vueltas. Más adelante, atravesado el mallín Mate Dulce, comenzamos el ascenso al Cristales, donde realizamos un almuerzo express con la compañía de nuestros tan queridos tábanos. La subida resulta sencilla con algo de nieve.
Llegamos al filo cumbrero, felicidad total y una vista que te deja sin aliento, pero paciencia que todavía queda un pedrero con una bajada que asusta. De pronto nos vemos sumergidos en un océano de muchas, muchísimas piedras de todos los tamaños y colores imaginables. No se ven pircas, ni puntos rojos. La bajada se pone áspera y la desesperación sumada al cansancio nos complica el descenso. Bajamos como podemos, colgados de las piedras, sin distinguir donde pisamos, hasta otro mallín donde nos detenemos a observar lo que habíamos hecho. El desvío involuntario nos hizo dura la bajada, más de lo imaginado.
Repuestos del susto y con varios frutos secos en la boca, continuamos hasta la Laguna Cretón, donde nos encontramos con un espacio soñado. La laguna al fondo, en el medio piletones que invitan a refrescarse y al frente un valle de película. El paraíso existe ahí, en ese mismo lugar.

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Día 4: Laguna Cretón – Laguna Ilón
¡Cuarto día y dale que va! Empieza la subida, que hoy cuesta. Pero a medida que avanzamos nos encontramos con ella, la más imponente de todas: la Laguna Azul. Está alejada, prefiere que la apreciemos a lo lejos. Así que después de un par de fotos continuamos nuestro camino hasta la Laguna Jujuy que se distingue con una forma muy peculiar y rodeada de nieve.
Otra trepada más y llegamos al filo del Cerro Capitán desde donde se puede apreciar el Monte Tronador, es imponente no caben dudas. Ahora toca bajar, pero se siente bien el descenso. Para no perder la costumbre pasamos por uno más llamado el Mallín de Ricardo donde además de los habituales tábanos aparecen los mosquitos. Manotada va, manotada viene nos sumergimos en un bosque donde reina el silencio.
Vemos la Laguna, vemos la tan prometedora playita y sabemos que llegamos a la Laguna Ilón. Mochis al piso y carrera al agua. El Tronador nos observa, aprecia nuestra infinita alegría.
Mateada con amigos del camino y de a poco cae la noche que amenaza con unos relámpagos del otro lado de la montaña.

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Día 5: Laguna Ilón – Pampa Linda
Hoy amanecemos con una sutil nostalgia, es nuestro último día de travesía. Desarmamos campamento y a patear por el bosque. Tratamos de atesorar cada momento, deseamos que la aventura continúe, que dure unos días más.
El bosque queda atrás y nos topamos con una zona de mallines, que atravesamos rápidamente. Continuamos por un sendero de tierra y algunas piedras sueltas que da ganas de bajarlo corriendo si no fuera por las mochilas que pesan en nuestros hombros.
De golpe, nos sorprende un mirador extraordinario que nos muestra el Tronador en todo su esplendor. Sigue el sendero cuesta abajo y nos abrimos paso al Río Castaño Overa, que se presenta con una importante correntada y una respetada agua de deshielo. Nuevamente obstáculo de la naturaleza que pasamos en crocs y con los dientes apretados.
Se empiezan a escuchar sonidos y en un abrir y cerrar de ojos estamos en Pampa Linda donde pasamos nuestra última noche.
La travesía fue más allá de lo soñado. Fue inolvidable, sensacional, magnífica. No hay palabras que abarquen todo. Compartimos momentos hermosos, de tensión, de incertidumbre, nos reímos, nos divertimos y nos sorprendimos con los lugares que tiene nuestro país. Disfrutemos de lo simple y de lo maravilloso de la naturaleza.
¡Por más vacaciones disfrutando intensamente!

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CAMINANDO de Ushuaia a Alaska, Martín Echegaray Davies

agosto 1, 2018 — by Andar Extremo0

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Martín Echegaray Davies tiene 62 años, es de Trelew, y está realizando una travesía nunca vista. Es caminante, y con un carro de 180 kg llamado “Carricatre Pilchero”, un viejo catre con ruedas de moto que él mismo arrastra, piensa ir de Ushuaia a Alaska en 4 años para hacer el Récord Guinness de caminata, pero previamente piensa tocar las 23 capitales provinciales. En su paso por Buenos Aires, Martín nos cuenta su historia. Nota de la revista Andar Extremo 50, actualmente está en San Juan, recorriendo 17 de las 23 capitales.

por Marcos Ferrer, Entrevista a Martín Echegaray Davies, fotos Marcos Ferrer

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Martín hace todos los días una distancia que ronda entre los 30 y 40 km. A Kuky, como le dicen los amigos, le gusta caminar. Padre de tres hijas, abuelo de 5 nietos, vive en Trelew con su mujer, pero su deseo hizo que arme un carro que mide 2 metros de largo (llega a 3 metros con el arnés), y unos 60 cm de ancho, y que el 31 de octubre de 2017 comenzara a caminar su historia, yendo a dedo hasta Ushuaia.
No piensen que tienen dinero o que usa tecnología. Kuky, se pone vaqueros, camisa, corbata y boina y, bien prolijo y con la fuerza de un percherón, se calza el carro a la cintura y sale a darle batalla a cada kilómetro que avanza. La gente lo ayuda en cada lugar que visita, dándole alojamiento y comida. Como hobbie, le saca fotos a todas las personas que comparten su camino.
Con 4207 kilómetros en su humanidad, mates de por medio, en una mañana soleada, Martín en un viaje por el tiempo, nos contó de dónde viene esta hermosa historia.

Trabajaste en el campo toda tu vida?
Comencé trabajando de jagüelero con mi viejo, pero tuve un accidente y comencé a hacer albañilería, electricidad, mecánica, computación. Hacía planos de obra civil, mecánica de motores nafteros, gasista plomero. En el tiempo que era jagüelero, arreglaba molinos y pozos muy profundos de unos 130 metros. Con el trabajo del campo uno va aprendiendo. En una época fui alambrador, y caminaba unos 40 kilómetros: limpiaba la zona, hacía los pozos, repartía los postes, alineaba varillas y luego les pasaba el alambre…estaba todo el tiempo caminando. De ahí fue un poco el gusto de caminar. Estuve toda mi vida trabajando a la intemperie, eso me fortaleció para hacer este raid, ya que si hay sol, lluvia, viento, o lo que sea, para mí, es lo mismo.

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Cuál fue tu primera caminata?
Fue un hobby de toda la vida. Estuve un año haciendo la casa de mi hija, y el lugar quedaba a 3 kilómetros y pico de mi casa. El recorrido lo hacía dos veces por día entre ida y vuelta a la mañana, comía, y hacía ida y vuelta a la tarde. Si me remonto en el tiempo, cuando mi hija chica tenía 10 años, dábamos una vuelta de 17 kilómetros en Trelew, todos los días.

El primer gran recorrido cuándo fue?
La primera vuelta la hice en 2015, de Punta Cuevas, Puerto Madryn, allí llegaron los galeses. Yo soy descendiente de galeses, de los primeros que llegaron en 1865 a las costas de la provincia de Chubut, por eso llevo en mi carro la bandera. Ese era un lugar donde existían seis refugios de madera metidos en la piedra, de ahí los primeros moradores fueron hasta Rawson vadeando el rio por unos 70,5 kilómetros. Este recorrido lo hice solo, con una mochila con comida y agua, en un día. Salí a las 5 de la mañana y terminé a las 12 de la noche. Luego, años más tarde quise repetir una travesía parecida de unos 150 kilómetros pero como tenía una mochila que pesaba 45 kilos, me hizo mal, me sentí débil y tuve que abandonar la travesía.

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Ahí decidiste hacer el carro para viajar?
Sí, hice un carro que era parecido al que llevo ahora pero con ruedas muchos más chiquitas. Así decidí hacer la travesía: “Tras las huellas de Fontana y sus Rifleros”. Fontana fue el primer gobernador que tuvo la provincia de Chubut, luego de 20 años de establecimiento de la colonia galesa. Cuando llegó Fontana, enviado por gobierno argentino, decidió salir a recorrer la provincia y buscar tierras para nuevos asentamientos porque el valle de Chubut quedaba chico. El recorrido lo realizó dando la vuelta al lugar, que no es por el camino actual, sino por uno que iba bordeando un río porque necesitaban tener agua para los caballos y para la gente. Llevaba 260 caballos y 30 hombres, 15 eran del gobierno. Llevaba investigadores, gente que sabía de topografía, fotógrafos militares, y los otros 15 eran galeses y no le daban fusiles sino rifles, de allí el nombre. Esto lo realizó entre el año 1885 y 1886. Este hombre caminó hasta llegar a Trevelin, pasó para Chile, volvió a entrar en terreno argentino y pasó por Futaleufú. Él lo recorrió por lugares inhóspitos y a campo traviesa. Se estima que recorrió 5000 kilómetros. Yo como fui por ruta, hice unos 2150 km.

Cómo fue el recorrido?
Rawson, Trelew, Gaiman, Dolavon, Veintiocho de Julio, Villegas, Paso de Indios, Las Plumas, Cerro del Cóndor, Paso del Sapo, Piedra Parada, Gualjaina, todo eso es costeando Río Chubut. Fontana continuó hacia otros lugares que no pude entrar, por eso yo volví para atrás por la antigua ruta 25 a la ruta 40 y fui hacia Tecka, pero antes pase por Trevelín. Él recorrió los lagos de Futaleufú y llegó hasta tierra chilena, pero en ese entonces no había división porque no había chilenos. Recién en el año 1985 empiezan a ir chilenos porque empiezan a hacer rutas. La vuelta la hice por Corcovado, Tecka, Gobernador Costa, allí se encuentra el Valle del Génova, mucho más grande que el Valle del Río Chubut. Todo este lugar se pobló con los galeses que luego llevó Fontana. En ese momento no existían los aborígenes, mucha gente se piensan que los galeses se mezclaron con ellos, pero no había. Sólo en la provincia de Chubut había 120 tehuelches porque a los demás los habían matado. Cuando pasó, encontró uno escondido con su familia: Martín Platero, que es muy famoso porque cuenta la historia que lo echaron por delante, lo utilizaron para que guíe al resto de la gente. Este aborigen conocía bien los lugares donde podían descansar, donde podían los animales tomar agua, etc. Martín los guió hasta el río Senguer. En realidad no se llama así el lugar, era una palabra aborigen que significaba atravesar, pero cuando le preguntaba al aborigen qué era ese lugar, él le decía senguer, que significaba atravesar el río. De allí fui al lago Fontana, lugar donde se hizo la bandera argentina el 1° de enero de 1886. Pasé por el río Mayo y los pantanos A Ayones, luego Sarmiento, al lado del lago Musters y el Lago Colhué Huapi, el río Chico, el río Senger y luego llegué al valle. Todo me demandó a mí, 26 días. Fontana, al hacer más recorrido, lo hizo en casi 4 meses.

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Era el mismo carro de ahora?
En vez de 4 ruedas tenía 3, un poco más chicas, y una era loca, y en vez de pesar 180 kilos pesaba 110 kilos. El carro de ahora, cuando salí de Lapataia, Ushuaia, tenía ruedas de bicicleta. Cuando llegué a Trelew tenía muchos problemas con las llantas, así que tuve que adaptarles unas ruedas de moto para que sea más fuerte.

Cómo surge el viaje Ushuaia- Alaska?
Cuando llegué del viaje de “Fontana y sus Rifleros”, mi idea era realizar un libro, pero averiguando en Guiness World Récords, para ver si me daban un reconocimiento, me explicaron que no podían hacerlo con alguien que hace la gesta de otra persona, que en realidad eso es un seguimiento. Me me puse a averiguar y leí “Memorias de un pobre diablo” qué es la historia de un tucumano que va caminando hasta Buenos Aires. Luego escuché la historia de “Gato y Mancha”, la de un hombre que se fue con un rifle y un perro caminando hasta Estados Unidos. Descubrí también un caminante, un tal George, que en el año 1985 con una mochila y un pequeño carrito, realizó la travesía de Ushuaia hasta Alaska. Este hombre había hecho unos 18000 kilómetros. Entonces me dije: voy a caminar de Ushuaia a Alaska, pero previamente voy a visitar las 23 capitales provinciales del país, una travesía que me estaría dando unos 25.000 km.

Cuánto llevás en el carro?
Todo lo que puede llevar una persona para vivir: bolsa de dormir, carpa, platos, jarros, pavas. Anafe no llevo porque estoy acostumbrado a hacer fuego. Luego me compré un calentador a gas, por las dudas que no pueda hacer fuego. Infladores, herramientas, alambre y goma, colchoneta y frazadas. En total, llevo tres mudas de ropa, guantes, mameluco térmico, un botiquín.

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Cuántas capitales provinciales ya visitaste?
Llevo recorridas 7 capitales de provincias. Arranqué en Lapataia, pasé por Ushuaia, Tolhuin (donde existe una panadería que te da asistencia completa: te dan de comer y alojamiento), Río Grande. Entré a Chile, pasé con el ferry boat, regresé a nuestro país, llegué a Río Gallegos, segunda capital. En Trelew cambié las ruedas, hice Rawson, la tercera. Volví a Trelew para seguir subiendo. Pasé por Madryn, Viedma, la cuarta capital. Hice Neuquén, quinta capital, luego la Pampa, sexta capital, y así llegue a La Plata, luego de cuatro meses y medio. En cada capital voy a Deporte, Turismo o Cultura, y me firman el cuaderno de bitácora.

Cuánto tiempo tenés pensado viajar para cumplir tu objetivo?
Por Argentina viajaré alrededor de 1 año y serán unos 3 años para llegar a Alaska.

Cómo es la relación con la gente en la ruta?
La gente pasa en los autos y toca bocina. Paran a saludarte, te dan agua, comida, es realmente muy cálida. Una vez me pasó que una señora me paró a las 10 de la mañana para invitarme a comer a su restaurante, estaba a 2 kilómetros. Formalmente le dije que no, porque era muy cerca y era muy temprano. Empecé a caminar esos kilómetros hasta el pueblo, y fue tanta la cantidad de gente que se paró a saludar que al final terminé llegando a las 13 h al restaurante. Había periodistas, televisión, sacaban fotos… fue increíble. Al final me quedé comiendo.

Cómo te manejas con la difusión?
Tengo un fan page en Facebook, a la que voy subiendo las fotos de las personas que me cruzo y pongo información del recorrido, videos. Martín E. Echegaray Davies o caminata a las 3 Américas.

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Mapa con el recorrido actual

El Velero Mimosa
Fue un barco en el que viajaron desde Liverpool en 1865 un grupo de 153 colonos galeses (56 adultos en pareja, 33 hombres solteros, 12 mujeres solteras, y 52 niños) a la Patagonia Argentina, en donde hasta entonces no había asentamientos poblacionales permanentes. El desembarco se produjo en el golfo Nuevo (en la zona de Puerto Madryn) y debido a la falta de agua, la colonia se fundó 50 kilómetros al sur, junto al Valle inferior del río Chubut dando origen a los primeros poblados de dicha provincia. Martín E Echegaray Davies es descendiente de Ivan Davies y Ann James tripulantes de este viaje.

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Trekking

Un Año Nuevo de trekking por el Aconcagua

junio 6, 2018 — by Andar Extremo0

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Juan Martín Laborde y otra historia trekkinera en el techo de América, en Mendoza, en una fecha muy especial. Nota de la revista Andar Extremo n° 49

por Juan Martín Laborde texto y fotos

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Todo comenzó un mes de noviembre, cuando sonó el teléfono y al atender escuché una voz amiga preguntándome si quería realizar un trekking al Aconcagua y pasar allí Año Nuevo. Dudé al principio, y acepté luego de una serie de preguntas. La respuesta que me inspiró confianza fue breve: – “No te preocupes que ya está todo organizado”.
Una semana después, recibí un e-mail de la empresa “Acampartrek” con la fecha exacta en la que debía encontrarme en Mendoza y contactarme con el resto del grupo (12 integrantes) para dar comienzo a la aclimatación.

El equipo y entrenamiento
Desde ese día comencé a preparar todo: el equipo básico, el entrenamiento y la información sobre el Aconcagua.
En salidas de esta naturaleza, se necesita contar con elementos que uno no lleva en otras excursiones de trekking a baja altura o en un simple campamento al aire libre, y considero que una bolsa de dormir para –20 o –30 ºC, botas de trekking, campera de duvet, guantes, etc, requieren especial atención.
El entrenamiento físico para mejorar el rendimiento era de vital importancia, más aún cuando formaría parte de un grupo en donde todos debíamos ser autosuficientes y a la vez, cuidarnos entre sí. Indudablemente en ese contexto, no podía defraudar al resto por falta de una preparación adecuada. Una vez escuché que la mejor manera de prepararse físicamente para cargar una mochila y caminar la montaña era salir a correr para fortalecer las piernas y mejorar la capacidad cardiorrespiratoria, así que inicié la actividad.

Inicio del viaje
El día de partida llegó rápido y el ómnibus me dejó en la terminal, donde conocí al resto del grupo. Luego de pasar una mañana realizando permisos en la Secretaría de Turismo, nos trasladamos hasta Penitentes (2.580 msnm) para pasar la noche, aclimatarnos y conocernos.
Al día siguiente, nos trasladaron hasta la entrada del parque y antes de ingresar pasamos por la oficina de Guardaparques donde nos firmaron el permiso y nos dieron bolsas para desechos.

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Un paisaje protegido, perdido en los cerros
El Parque Provincial Aconcagua comprende aproximadamente 65.000 hectáreas de superficie. Fue declarado Área Natural Protegida y junto a varias otras, integra el Sistema de Áreas Naturales Protegidas de la provincia. Posee grandes glaciares que constituyen una reserva hídrica, además de importantes sitios arqueológicos. La característica sobresaliente es que allí se encuentra la montaña más alta de América: el cerro Aconcagua de 6.962 msnm.
El parque es un lugar que alberga residentes y fronteras, representa costos y beneficios, tiene amigos y a veces enemigos, y también posee un aura de perpetuidad ya que se trata de un sitio que la sociedad ha elegido proteger para siempre.

La senda a Confluencia

Luego de completar todo, emprendimos camino por la quebrada del río Horcones, desde el sur hacia el norte, a una altura de 2.950 msnm. En 3 horas estuvimos llegando al primer campamento Confluencia (3.400 msnm). El servicio que se ofrecía consistía en carpas con camas cuchetas, baños rudimentarios y comidas variadas que permitían olvidarse de llevar muchos elementos en la mochila.

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Trekking a Plaza Francia y la imponente pared sur
Al día siguiente, realizamos una caminata siguiendo el curso del río y luego de algunas horas por la quebrada de Horcones inferior llegamos al campamento Plaza Francia (4.100 msnm) o mirador de la cara sur, donde fue posible conocer una de las paredes del Aconcagua, famosa por su desnivel de casi 3.000 m. Sus glaciares colgantes y seracs suelen originar grandes avalanchas haciendo muy peligroso y arriesgado el ascenso por esta vía.
Posteriormente, emprendimos el regreso al campamento y consultamos a los médicos para que nos midan la saturación de oxígeno en sangre, parámetro indispensable que indicaría si podríamos continuar con el ascenso.

Año nuevo entre los cerros
Cuando comenzó a oscurecer, las pocas luces del lugar se encendieron. La carpa comedor nos recibió con una cena de fin de año generosa en cantidad y variedad de platos. Nuestro grupo se destacó por estar predispuesto a pasarla bien y, a pesar de la caminata, no perdió el deseo de una charla entretenida con los desconocidos de carpas vecinas. Un recorrido nocturno orillando el campamento, nos permitió observar un cielo pleno de estrellas y sin fuegos artificiales.
Este Año Nuevo resultó ser extraño, una variante a aquello conocido desde niño. Inmerso en la montaña, lejos de la familia, con amigos nuevos y desconocidos por conocer, caí en la cuenta de que esta elección de estar lejos de casa no era ni mejor ni peor, sino diferente y enriquecedora.
Nos dispusimos a seguir hacia Plaza de Mulas (4.300 msnm) sabiendo que era un recorrido muy largo (de 7 a 10 hs) y con un importante desnivel de 1.000 metros.

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Ascenso hacia Plaza de mulas
Por la mañana, una senda nos condujo hacia una pendiente que debíamos descender para llegar al puente que cruza el río Horcones inferior. Una trepada más prolongada pero menos empinada que el descenso, nos permitió progresar sin problemas. Continuamos por un sector de antiguas morenas y bajo un sol radiante llegamos al primer hito del camino: “Piedra Grande” o “Piedra Colorada” (3.650 msnm). Ese sitio indicó el comienzo a lo que es “Playa Ancha” que, como su nombre lo indica, es una planicie a una cota de 3.600 a 3.800 msnm y una parte de la quebrada formada por material aluvional en forma de U (vestigio de que alguna vez hubo un glaciar erosionando esa zona), muy pedregosa y de 10 km de extensión. Durante este tramo se cruzaban cursos de agua de baja profundidad en diversos lugares y por momentos nos generó la sensación de ser infinito e interminable.
De a poco, se llegó al segundo hito llamado “Piedra Ibañez” (3.850msnm). En este trayecto se hizo posible observar las dos cumbres del Aconcagua (6.962 msnm cumbre norte y 6.930 msnm cumbre sur) a través de la Quebrada del Sargento Más, y tener una vista cercana del cerro Pirámide donde en 1985 se descubrió una momia de origen Inca.
Con cuidado, empezamos a subir por una serie de morenas que bajaban de las laderas del cerro, invadiendo el valle. Atravesamos unos canalones de descarga de material de la pared oeste y pudimos ascender rápido, comparado con el camino para llegar a un segundo lugar más o menos plano conocido como “Playa Chica”. Allí se podía ver al fondo de la quebrada de los cerros Cuerno y otros. Al final, se encontraba “Plaza Colombia” (4.070 msnm), una construcción militar destruida por avalanchas. La última parte de este largo día culminó al subir la “Cuesta Brava” y llegar al campamento Plaza de Mulas.
La cuesta final era de unos 100 metros de desnivel muy empinada y exigente, y nos permitió llegar a la ciudad de carpas en el medio de la nada, donde convergían centenares de montañistas. El resto de la tarde conocimos el intrincado laberinto de carpas, prestadores de servicios de montaña y descubrimos gente de varios rincones del mundo.

La experiencia de estar entre los cerros, y el regreso
En este pasar de los días y con gente de todos lados del mundo, había mucha ansiedad en el ambiente y el paisaje. Las nuevas experiencias y los idiomas se confundían y confluían en una palabra: Aconcagua.
El cansancio no se hizo esperar, al igual que la llegada del frío, así que nos dispusimos a comer, hidratarnos y dormir, para retornar al día siguiente, por la Quebrada Horcones hasta el punto de inicio de nuestro trekking donde terminaría nuestro andar por la montaña. En ese momento, nos tocaba acostarnos en las bolsas de dormir, temblando de a ratos, mientras la helada noche consolidaba su dominio y nos robaba el calor.
En las paredes de la carpa se formaba escarcha. Tomé un té para mantenerme caliente y, entre sorbos, escuché historias de vida que nunca había escuchado. Nos reímos de recuerdos o quizás de nosotros mismos. Afuera, las constelaciones del Año Nuevo se movían despacio sobre el espinazo de las montañas y, el Aconcagua, resplandeciente como un gigante bajo la luz de la luna, se elevaba en los cielos del sur.

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“Este Año Nuevo resultó ser extraño, una variante a aquello conocido desde niño. Inmerso en la montaña, lejos de la familia, con amigos nuevos y desconocidos por conocer, caí en la cuenta de que esta elección de estar lejos de casa no era ni mejor ni peor, sino diferente y enriquecedora”

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Trekking

El Champaquí, la cumbre de Córdoba

febrero 8, 2018 — by Andar Extremo0

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El valle de Santa Rosa de Calamuchita es geográficamente muy grande y nos presenta varias opciones en circuitos de trekking, mountain bike y cabalgatas. Dentro de las experiencias que se pueden realizar a pie, encontramos la caminata hacia la cima del cerro Champaquí que, con sus 2.980 metros de altura, se visualiza desde lo lejos como una mole, ocupando el horizonte. Recorriendo sus senderos naturales, podemos apreciar la flora y fauna de un ecosistema único de nuestro país. Este cerro posee en su amplia cima, y un mirador excepcional para deleitarse con un paisaje en 360 grados. Nota en la revista Andar Extremo n° 48

Texto y fotos: Juan Martín Laborde

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La historia que cuentan las rocas.
El área de las Altas Cumbre o Sierras Grandes se originó de una enorme roca o batolito de Achala, que fue fracturado y elevado hace 10 millones de años como consecuencia de la compresión ejercida desde el Pacífico sobre la placa Sudamericana. Este movimiento fue produciendo de a poco los levantamientos que hoy forman las sierras de Córdoba, dejando pendientes suaves hacia el este y abruptas hacia el oeste, siendo algo que podemos apreciar del paisaje en derredor cuando nos encontramos en la cumbre del cerro Champaquí. El tipo de material dominante en toda la zona es el granito, conformado por minerales esenciales como el cuarzo, feldespato (potásico y calcosódico) y mica (blanca y negra).

Son muchos los caminos que conducen a la cumbre.
Este cerro representa, en la mayoría de aquellos que caminan por primera vez su entorno, un primer desafío importante de trekking. Es el punto de inicio de una pasión por las montañas que no se termina, como recorrer de un sendero a una cumbre que conecta con la siguiente, como un portal de vida que nos conduce a un destino que nos marca para toda la vida.
Una característica a tener en cuenta del Champaquí, es que no sólo es el punto más alto de las Sierras Grandes y de la provincia de Córdoba, sino que además, permite distintos recorridos para conocerlo.
Existen varias rutas de acceso: desde Villa Alpina en tres días de trekking, desde San Javier o Los Hornillos combinando cabalgata y trekking, y desde Los Linderos con un vehículo para luego hacer una corta caminata.
La partida desde la antigua Santa Rosa en el corazón del valle, también es un buen pretexto para recorrer un pueblo serrano cuya historia está asociada con la enorme obra de los jesuitas. Allí, en 1650, se fundó la estancia de Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, y un siglo después, cuando los jesuitas fueron expulsados de América (en 1767), esas tierras se subastaron y fueron pasando por distintas manos hasta sus actuales propietarios.
En la alternativa de realizarlo en vehículo desde el cerro Los Linderos, se pasa por Villa Yacanto, lugar que es explotado por el turismo desde hace pocos años y aún conserva intacta la tranquilidad pueblerina y la belleza del paisaje. De allí en adelante, el camino se abre paso entre bosques de álamos plateados y pinos elliottis, y se hace más angosto con subidas y bajadas. Desde allí al cerro Los Linderos, hay 42 kilómetros. Los primeros 35 en buen estado, aptos para cualquier tipo de vehículo, y los 10 últimos bastante rotos y complicados.
Si el trayecto elegido es de Santa Rosa de Calamuchita al puesto Tres Árboles, lo ideal es empezar a la mañana temprano. El itinerario de ida y vuelta puede hacerse en un día ya que en total son 75 km de camino de tierra y ripio en buen estado, más otros 10 muy difíciles, en los que se recomienda la 4×4 o la caminata.

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Un trekking que inicia desde Villa Alpina.
En esta oportunidad nos decidimos optar por un recorrido muy atractivo y que permite un contacto íntimo con la naturaleza y es el trekking al Champaquí que inicia desde Villa Alpina y retorna al mismo lugar con una duración de 3 días y permite dejar el vehículo en dicho lugar o sino en la localidad de Villa Gral. Belgrano para luego ser transportado en vehículos que provee en esta ocasión, la empresa Acampartrek (información al final de la nota) hasta el inicio de la marcha a pie con nuestras mochilas.
En este camino el primer tramo, es de unos 45 km y une Villa Gral. Belgrano con Villa Alpina, que es el último poblado antes del cerro lo realizamos en vehículo. Se trata de un paraje poblado de molles, talas, chañares y cocos, que guarda el encanto de la naturaleza virgen. Más cerca de las Sierras Grandes, el verde de la vegetación va desapareciendo y las piedras, pircas y hondonadas comienzan a dominar todo el paisaje.
A esa altura comienzan a verse con claridad el espejo del dique Los Molinos, el embalse de Río Tercero y hasta algunos cóndores que merodean cerca de la montaña.
Subir el cerro más alto de Córdoba es sin duda un desafío el deseo de hacer cumbre, y para eso se recomienda hacer noche en Villa Gral. Belgrano o en el albergue Villa Alpina para salir bien temprano con guía de la zona, calzado y ropa adecuada a experimentar climas sumamente cambiantes tanto en invierno como en verano. Es preciso llevar una mochila pequeña con una botella de agua, abrigo, alguna golosina, fruta o sándwich que aporte suficientes calorías para la caminata y un protector solar. Una vez en la cumbre, el sol puede estar muy fuerte y entonces también se recomienda llevar sombrero y anteojos de sol.

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Travesía hacia los pies del Champaquí.
La primera etapa a pie es de un duro ascenso entre pinares y a partir de ahí el paisaje se convierte en el típico paisaje de sierras cordobesas.
Caminar por la Pampa de Achala es una experiencia de íntimo contacto con la naturaleza donde a pesar del nombre “desierto de piedra” con que lo llaman algunos escritores, debido a la aparente desnudez del paisaje de esta planicie de altura, podremos descubrir varias especies de animales y vegetales donde algunos son endémicos o exclusivos de la región y le otorgan un alto valor para la conservación de la biodiversidad.
El tiempo transcurre entre charlas con compañeros de viaje y contemplación del paisaje, pues para llegar a la base del Champaquí son necesarias 7 u 8 horas dependiendo de la marcha del grupo de caminantes, con algunas paradas durante el trayecto para hidratarse y comer algo. En horas de la tarde ya llegamos a destino para luego hacer noche en los albergues que se encuentran en el lugar. Una merienda con pan casero y mate cocido son bienvenidos para sentir que el alma regresa al cuerpo y las horas antes de la cena son ideales para recorrer los alrededores y conocer las costumbres e idiosincrasia de los pobladores de ese lugar.

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Biodiversidad de una isla de piedra.
Debido a la conjugación e interacción de factores como la ubicación, topografía, clima y altitud de las sierras cordobesas permitió la influencia de ambientes vecinos con la llegada de especies patagónicas y de la región chaqueña confiriéndole condiciones ecológicas particulares y por su lejanía con ambientes similares, el ecosistema funciona como una verdadera “isla biogeográfica” debido al aislamiento al que fue sometido.

La fauna de la región.
Dentro de los animales que podemos observar los primeros que se hacen notar son las aves que nidifican en su mayoría en el suelo entre los pastizales de las pampas de altura o en los roquedales. Podemos encontrar el inambú o perdíz de la sierra, perdiz chica, remolineras, zorzal chiguanco, el gaucho cola blanca, chingolo, yal plomizo, pico de plata y la loica o pecho colorado grande de color rojo intenso, que se desplazan en pequeñas bandadas bajo la atenta mirada de un “vigilante”que les advierte de un peligro cercano con un fuerte silbido.
También podemos visualizar los carpinteros campestres, dormilonas, loros y durante la noche, los búhos y lechuzas se hacen presentes donde cazan roedores y otros pequeños animales.
Las rapaces como el águila mora, águila coronada, aguiluchos y halcones son las dueñas absolutas del cielo junto con los jotes y cóndores que actualmente, a estos últimos se los han agrupado taxonómicamente dentro del grupo de las cigüeñas y hasta algunos especialistas en aves las denominan cigüeñas negras de patas cortas.
Dentro de los mamíferos podemos citar al puma, gato montés y gato del pajonal de difícil observación ya que son animales desconfiados y precavidos. Mientras que la liebre europea, cuises, coipos y varias especies de ratones son más visibles a lo largo de una caminata por la región. También es posible observar al zorro colorado de Achala, zorro pampa, zorrinos y hurones en los densos pastizales donde cazan.
Las bajas temperaturas que caracterizan esta zona no son propicias para los animales poiquilotermos como los reptiles y anfibios y por ende es escasa su biodiversidad. El lagarto de Achala, la culebra listada, culebra verdinegra, y la falsa yarará resultan inofensivos para los humanos pero la yarará ñata que también está presente es un ofidio que conviene evitar y tomar precauciones al levantar o remover rocas de la zona pues estas son usadas como refugio. Dentro de los anfibios encontramos endemismos como el sapo de Achala, ranita de Achala y el escuercito de Achala productos del aislamiento geográfico de este ambiente.

La flora del lugar.
La vegetación predominante de las sierras son los pajonales altos de Festuca, Poa y Stipa y en menor abundancia encontramos bosques de tabaquillo procedente del norte de los Andes junto al maitén u orco-molle de origen andino-patagónico en el piso superior serrano en las quebradas y laderas pronunciadas. El tabaquillo o Polylepis australis posee una corteza en láminas característica que los hace inconfundible aún para personas con poca experiencia en árboles. Algunos la asocian con hojas de tabaco y de allí proviene su nombre (Polylepis = muchas escamas, australis = por su distribución austral). Al ser la única especie leñosa importante en esta región fue sometida a una intensa explotación. Su leña no es de buena calidad pero los serranos la utilizan en la cocina. Su humo deja en las ollas y paredes una sustancia negra gomosa que se parece al alquitrán. Las ramas sirven para teñir la lana de color beige, el tronco como bramadero (palo para atar los caballos) y como cabriadas en dormitorios y galerías. La combinación del uso doméstico, ramoneo del ganado e incendios provocados para perseguir al puma ha reducido notoriamente su abundancia y la necesidad de conservar esta especie por los beneficios escénicos y ecológicos que ofrece fue considerada para la conservación de estos ambientes con la creación de un parque nacional y reserva provincial que alberga los bosques más importantes. Otro esfuerzo de conservación es el proyecto de Reforestación de las Sierras Grandes que se propone detener los procesos de erosión hídrica mediante su plantación. Los bosques y pajonales tienen un alto valor como protectores del recurso hídrico ya que evitan la pérdida por escorrentía, evaporación directa y contribuyen a captar agua de la lluvia y la neblina y los suelos al ser profundos y poco compactos permiten una buena absorción del agua.

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“Este cerro representa, en la mayoría de aquellos que caminan por primera vez su entorno, un primer desafío importante de trekking. Es el punto de inicio de una pasión por las montañas que no se termina, como recorrer de un sendero a una cumbre que conecta con la siguiente, como un portal de vida que nos conduce a un destino que nos marca para toda la vida”

Camino a la cumbre.
Volviendo a la senda y a las palabras de nuestro relato, al día siguiente iniciamos el ascenso a la cumbre donde el gusto de la victoria hace sentir en lo más alto de córdoba con una vista extraordinaria al Valle de traslasierra.
Una vez arriba, la sensación es tan grandiosa como la vista panorámica que se abre a los pies del cerro. En la cima se siente que, efectivamente, el cielo está más cerca donde las nubes y los pájaros son los únicos testigos de lo que pasa allí. También podemos observar una cruz que resiste estoicamente los embates del viento, un banco alto que hace de mirador donde algunos que intentan vencer el vértigo se animan y una pequeña laguna en el centro de la cumbre.
Luego de las fotos de rigor emprendemos el descenso hasta el caserío de donde partimos y esperar el asado de despedida que nos brindaran en la cena.

Desandar el camino recorrido.
El regreso a Villa Alpina inicia temprano luego del desayuno y los saludos de agradecimiento a la gente del lugar. El descenso es tan suave que permite una vista más clara del camino recorrido durante el ascenso y la vista es amplia durante todo el trayecto. Cerca del mediodía llegamos a destino y luego de cargar las mochilas en el vehículo emprendemos la vuelta a Villa Gral. Belgrano dejando atrás un paisaje con caminos de tierra y piedra que nos conducirá en una próxima salida a caminar nuevamente un cerro que se hace extrañar y nos invita a ser habitado nuevamente.

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Trekking

Machu Picchu, un trekking al pasado hacia la ciudad de los Incas

diciembre 6, 2017 — by Andar Extremo0

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Los incas, llamados los “romanos de América”, sobresalieron por su arquitectura de líneas trapezoidales, metalurgia con soldadura, red de caminos y unificación lingüística con el quechua. También lo hicieron por su concepción de Estado socialista con la propiedad común de la tierra (aunque la sociedad no era igualitaria) y por el concepto de propiedad privada originada en las recompensas dadas como méritos de guerra. El Estado tenía una estructura piramidal, cuyo vértice lo ocupaba el Inca, hijo del Sol y jefe político, religioso y militar a la vez. Con disciplina y gran sentido de organización, crearon el mayor Imperio y estructura política, antes de la llegada de los conquistadores europeos. Nota en la revista n° 47

Por Tiziana Laborde y Juan Martín Laborde
Fotos Juan Martín Laborde

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El Camino de Salkantay una senda alternativa a Machu Picchu
El trekking a Machu Picchu por el camino de Salkantay empezó al llegar a Cusco, donde pudimos observar restos de los incas mezclados con construcciones de la conquista española. Una salida por los alrededores, nos permitió ver ruinas en excelente estado de preservación como también caminos escalonados, típicos de la cultura.
Salkantay es considerado como una ruta alternativa a Machu Picchu, después del Camino del Inca. Este trekking de 5 días caminando a los pies del Nevado de Salkantay de 6.271 msnm (en quechua “Montaña Salvaje”), es una travesía diferente a la ruta tradicional, y permite apreciar la transformación de paisajes andinos atravesando riachuelos, vegetación de selva tropical, caseríos y tierras de cultivo artesanal hasta legar al Santuario de Machu Picchu.

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Comenzamos a caminar
El trekking se inició desde el poblado, a tres horas de Cuzco. A la mañana, después de un traslado en bus privado hacia Mollepata (2.950 msnm), arribamos para desayunar mientras los arrieros cargaban el equipo en los caballos. Durante el primer día, fue posible recoger vistas panorámicas del majestuoso nevado Salkantay y el Río Apurímac. Pasamos por algunos asentamientos de comunidades andinas y tradicionales como Cruz Pata y Challacancha, donde paramos para el almuerzo, y continuamos caminando por las aldeas de Soraypampa a 3.850 m.s.n.m, donde se levantaba el primer campamento. Luego de una merienda, fue posible realizar una corta caminata a una pequeña laguna de aguas cristalino-turquesas coronada por uno de los glaciares de la cordillera del Vilcabamba y al regreso, pudimos disfrutar de una reparadora cena.
A pesar del frío que nos obligó a ponernos las camperas de duvet, el cielo nocturno en Soraypampa estaba repleto de estrellas y, una vez más, la naturaleza era la gran protagonista.

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Hacia el abra
El segundo día de trekking se inició bien temprano con un entorno aún a oscuras. Los preparativos para la caminata fueron rápidos y lentamente ascendimos desde Salkantay Pampa, a 4.200 m.s.n.m. hacia el Abra, lugar en el que muy pocos andinistas lograron llegar a su cima. Este cerro es famoso por sus constantes e impredecibles avalanchas que han cobrado vidas de varios escaladores.
La pendiente de la marcha se hizo cada vez más inclinada y en algunos casos, fue posible montar a caballo para realizar el agotador ascenso hasta llegar al Abra del Salkantay. Un cartel y las apachetas (piedras agrupadas como marcadores) colocadas por los viajeros, nos indicaron que estábamos a 4.549 m.s.n.m.
Miramos a nuestro alrededor y los glaciares y seracs de hielo que colgaban de los cerros nos parecían cercanos. A unos pasos pudimos llegar a pisar la nieve. También apreciamos otra cara del nevado Tucarhuay, donde disfrutamos de la vista que nos regalaba el Pumasillo a 6.100 m.s.n.m., junto a otras montañas de la cordillera del Vilcabamba.
En ese lugar el viento se hacía constante. Al refugio de grandes rocas dispersas en los alrededores y con el calor del sol, nuestro guía, Elio, compartió una ceremonia ancestral contándonos una historia de hace muchos años, perdida en el tiempo, relatando sobre esas tierras cuando eran parte de un gran imperio.

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La historia nos cuenta
A la llegada de los españoles (año 1532), el Imperio de los incas representaba el punto final de 4000 años de una cultura en desarrollo; proceso que fue paulatino en el que, a excepción de la metalurgia, las técnicas básicas se poseyeron desde la prehistoria. Los orígenes de la civilización se iniciaron en la misma historia del Altiplano (cultura Chanapata que dará origen años después a Tiahuanaco) desde el año 1000, era de las Conquistas Cíclicas con imperios prehistóricos, conseguidos al amparo de una religión de Estado que culminó con la creación del Imperio, hecho más impresionante de toda América indígena con su fundador Manco Capac (año 1200) y Viracocha (1438-1463).
La tradición relata la existencia de trece reyes en sucesión, donde los siete últimos llevaron adelante la conquista del Imperio. La dominación política fue acompañada por la cultural, imponiéndose la lengua quechua, el culto al sol y las costumbres incaicas. Con el fin de controlar los bienes y servicios de sus súbditos, se desplegó un gran aparato gubernamental. La tierra pertenecía al Estado, quien la distribuía lo mismo que al agua, según las necesidades. Se hacía de ella tres lotes: para el templo, para el Estado y para los concesionarios. El lote del templo debía abastecer a los sacerdotes y personas del templo, y las familias de agricultores debían cultivarlo en primer lugar. Luego trabajaban la tierra del Estado y, por último, la que se les había asignado como propia. Los graneros públicos proporcionaban grano a los enfermos y a los que habían tenido malas cosechas. El Estado facilitaba productos de otras zonas lejanas, de modo que el agricultor pudiera hacer uso de lo que no cultivaba directamente. El interés por el bienestar del pueblo, fue considerado como muestra de la benevolencia del socialismo incaico, si bien no significaba que el campesino tuviera un alto nivel de vida.
El Imperio utilizó su potencial humano en grandes obras que incluían además, servicios de correos en las carreteras (chasquis), servicio personal a los nobles, al ejército y a las minas.
Para la seguridad de los chasquis, se estableció una excelente red de carreteras con puentes colgantes. Masas de peones cuidaban de repararlas y existían en ellas postas de refresco para los correos que caminaban con sus quipus y órdenes verbales. Las carreteras eran además, medios de transporte y de guerra. Las comunicaciones por el lago Titicaca, se realizaban con balsas capaces de soportar grandes cargamentos.
La expansión del Imperio fue hasta la muerte de Huaina Capac en 1527, donde comenzó una guerra civil entre sus hijos Huascar y Atahualpa, que utilizaría sagazmente Pizarro en la conquista.

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Descenso a la selva
El trekking continuó en bajada, y con un paisaje que lentamente se iba enriqueciendo de vegetación a cada paso. Pudimos observar cómo los nevados de Vilcabamba nos mostraban una cara diferente a medida que avanzábamos en la ruta.
Dejamos atrás la imponente presencia del nevado Tucarhuay, siguiendo una senda que se dirigía hacia un bosque donde las orquídeas, helechos, mariposas, frondosos árboles y las caídas de agua que se cruzaban por los senderos naturales, nos presentaban una selva. El paisaje cada vez más verde, se apropiaba de las montañas.
El cruce del río Santa Teresa anunciaba la llegada a nuestro próximo destino, Collpapampa, donde la altitud era menor y respirábamos más profundo. Dejamos atrás los nevados, y el bosque nos recibió. Era hora de descansar después de una caminata muy extensa, y la noticia de las cercanas termas calientes de Santa Teresa, era una para el cuerpo.
Al día siguiente, nos adentramos en el bosque hasta tomar el Camino del Inca, que nos conducía en un lento ascenso al complejo de Llactapata. Nos sorprendió una lluvia que por momentos, se hizo intensa. Luego de dos horas, el sol se dejó ver entre las nubes que se disiparon y, en la parte más alta del cerro, logramos divisar el Huayna Picchu y la ciudadela. También pudimos ver lo que llaman “la espalda del complejo inca”, otra mirada y otro camino para llegar a nuestro gran destino final: Machu Picchu.
Continuamos el descenso hasta llegar a la hidroeléctrica. Dejamos atrás los senderos recorridos para caminar durante dos horas y media, rodeados de montañas, ríos y bosque a la vera de las vías del tren por un sendero que conducía al pintoresco pueblo de Aguas Calientes.

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Llegada a Aguas Calientes y visita a Machu Picchu
En Aguas Calientes la actividad empezó muy temprano y, luego del desayuno, nos dirigimos a conocer Machu Picchu. Como su nombre lo indica en la lengua quechua, Machu Picchu (Montaña Vieja) es el nombre que se da a un antiguo poblado andino construido antes del siglo XV en el promontorio rocoso que une las montañas Machu Picchu y Huayna Picchu en la vertiente oriental de la cordillera central. Se encuentra al sur del Perú y a 2490 msnm de altitud de su plaza principal. Su nombre original habría sido Llaqtapata, y era una parte de una región de gran movimiento económico en tiempos de Pachacútec, integrado a la red de caminos del Imperio. Usando estas vías se puede, hasta hoy, acceder a otros complejos cercanos que revisten de gran interés. Al norte, por las bifurcaciones del camino de Huayna Picchu, se puede llegar al llamado Templo de la Luna o a la cima de la montaña donde existen construcciones incaicas. Al oeste, está el camino que lleva a Intipata y pasa por el famoso “puente removible”. Otro camino, por el que ascendió Agustín Lizárraga, lleva hasta el río y a San Miguel.
Al sur, se encuentra la ruta más conocida y principal de todas, que es la ruta de trekking más popular del Perú. El camino inca a Machu Picchu es un recorrido de entre tres y cuatro días que atraviesa lo que, a fines del siglo XV, fue la principal ruta de acceso, y que empezaba en el complejo de Llactapata, pasaba por los centros ceremoniales de Sayacmarca, Phuyupatamarca y Wiñay Wayna, terminando en el tambo de Intipunku o ingreso a los dominios de Machu Picchu.

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Caminando por las ruinas
Elio, nuestro guía, nos condujo a un mirador apartado, y comenzó su relato sobre el lugar:
“Según documentos de mediados del siglo XVI, Machu Picchu habría sido una de las residencias de descanso donde las construcciones y el evidente carácter ceremonial de la principal vía de acceso a la llaqta dan cuenta de su origen anterior a Pachacutec y a su presumible utilización como santuario religioso. Ambos usos, el de palacio y el de santuario, no habrían sido incompatibles. Los andenes (terrazas de cultivo), de Machu Picchu lucen como grandes escalones construidos sobre la ladera. Son estructuras formadas por un muro de piedra y un relleno de diferentes capas de material (piedras grandes, piedras menores, cascajo, arcilla y tierra de cultivo) que facilitan el drenaje, evitando que el agua se acumule en ellos (debido a la gran pluviosidad de la zona) y se desmorone su estructura. Una ciudad de piedra construida en lo alto de un “istmo” entre dos montañas y dos fallas geológicas, en una región sometida a constantes terremotos y copiosas lluvias todo el año, supone un reto para cualquier constructor: evitar que todo el complejo se desmorone. Según Alfredo Valencia y Keneth Wright “el secreto de la longevidad de Machu Picchu es su sistema de drenaje”. En efecto, el suelo de sus áreas no techadas, está provisto de un sistema de drenaje que consiste en capas de grava (piedras trituradas) y rocas, para evitar la acumulación del agua de lluvias. Los 129 canales de drenaje se extienden por toda el área urbana, diseñados para evitar salpicaduras y erosión, desembocando en su mayor parte en el “foso” que separa el área urbana de la agrícola, que era en realidad el desagüe principal de la ciudad. Se calcula que el sesenta por ciento del esfuerzo constructivo de Machu Picchu estuvo en hacer las cimentaciones sobre terrazas rellenadas con cascajo para un buen drenaje de las aguas sobrantes.”

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Redescubriendo Machu Picchu
Hiram Bingham, un profesor estadounidense de historia interesado en encontrar los últimos reductos incaicos de Vilcabamba oyó sobre Lizárraga a partir de sus contactos con los hacendados locales. Fue así como llegó a Machu Picchu el 24 de julio de 1911 guiado por otro arrendatario de tierras, Melchor Arteaga, y acompañado por un sargento de la guardia civil peruana de apellido Carrasco. Encontraron a dos familias de campesinos viviendo allí: los Recharte y los Álvarez, quienes usaban los andenes del sur de las ruinas para cultivar, y bebían el agua de un canal incaico que aún funcionaba y que traía agua de un manantial. Pablo Recharte, uno de los niños de Machu Picchu, guió a Bingham hacia la “zona urbana” cubierta por la maleza. Si bien es claro que Bingham no descubrió Machu Picchu en el sentido estricto de la palabra (nadie lo hizo dado que nunca se “perdió” realmente), es indudable que tuvo el mérito de ser la primera persona en reconocer la importancia de las ruinas, estudiándolas con un equipo multidisciplinario y divulgando sus hallazgos. El reconocimiento es importante, pese a que los criterios arqueológicos empleados no fueran los más adecuados desde la perspectiva actual y, pese también, a la polémica sobre la más que irregular salida del país del material arqueológico excavado (al menos unas 46.332 piezas), que recién en marzo de 2011 comenzó a ser devueltas al Perú.

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En el presente
Machu Picchu es considerada al mismo tiempo una obra maestra de la arquitectura y la ingeniería. Sus peculiares características arquitectónicas y paisajísticas, y el velo de misterio que ha tejido a su alrededor buena parte de la literatura publicada sobre el sitio, lo han convertido en uno de los destinos turísticos más populares del planeta. Actualmente, se encuentra en la Lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1983, como parte de todo un conjunto cultural y ecológico conocido bajo la denominación Santuario histórico de Machu Picchu. El 7 de julio de 2007 fue declarada como una de las siete maravillas del mundo moderno en una ceremonia realizada en Lisboa (Portugal), que contó con la participación de cien millones de votantes en el mundo entero.
Hay que considerar que este trekking y Machu Picchu, están destinados a interactuar con sus visitantes en un proceso que ocurre a medida que desandamos el camino e incorporamos la idiosincrasia de aquella cultura que, por momentos, podemos ver intacta al costado de una senda, o en algún rincón de las calles empedradas de Cuzco. Nos preguntamos si ésto también está destinado a desaparecer… no se sabe si viviremos lo suficiente para ser testigos de su destino, pero tarde o temprano esperamos poder aprender del pasado y de su relación de respeto hacia la naturaleza, que nos permita hacer de este planeta un mejor lugar donde convivir con el resto de sus integrantes.

Nota: los datos históricos sobre Machu Picchu no provienen de la memoria de los autores sino que fue necesario consultar varios textos sobre el tema para una mejor descripción.

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mapa

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