Trekking

Un Año Nuevo de trekking por el Aconcagua

junio 6, 2018 — by Andar Extremo0

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Un Año Nuevo de trekking por el Aconcagua

junio 6, 2018 — by Andar Extremo0

Juan Martín Laborde y otra historia trekkinera en el techo de América, en Mendoza, en una fecha muy especial. Nota de la revista Andar Extremo n° 49

por Juan Martín Laborde texto y fotos

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Todo comenzó un mes de noviembre, cuando sonó el teléfono y al atender escuché una voz amiga preguntándome si quería realizar un trekking al Aconcagua y pasar allí Año Nuevo. Dudé al principio, y acepté luego de una serie de preguntas. La respuesta que me inspiró confianza fue breve: – “No te preocupes que ya está todo organizado”.
Una semana después, recibí un e-mail de la empresa “Acampartrek” con la fecha exacta en la que debía encontrarme en Mendoza y contactarme con el resto del grupo (12 integrantes) para dar comienzo a la aclimatación.

El equipo y entrenamiento
Desde ese día comencé a preparar todo: el equipo básico, el entrenamiento y la información sobre el Aconcagua.
En salidas de esta naturaleza, se necesita contar con elementos que uno no lleva en otras excursiones de trekking a baja altura o en un simple campamento al aire libre, y considero que una bolsa de dormir para –20 o –30 ºC, botas de trekking, campera de duvet, guantes, etc, requieren especial atención.
El entrenamiento físico para mejorar el rendimiento era de vital importancia, más aún cuando formaría parte de un grupo en donde todos debíamos ser autosuficientes y a la vez, cuidarnos entre sí. Indudablemente en ese contexto, no podía defraudar al resto por falta de una preparación adecuada. Una vez escuché que la mejor manera de prepararse físicamente para cargar una mochila y caminar la montaña era salir a correr para fortalecer las piernas y mejorar la capacidad cardiorrespiratoria, así que inicié la actividad.

Inicio del viaje
El día de partida llegó rápido y el ómnibus me dejó en la terminal, donde conocí al resto del grupo. Luego de pasar una mañana realizando permisos en la Secretaría de Turismo, nos trasladamos hasta Penitentes (2.580 msnm) para pasar la noche, aclimatarnos y conocernos.
Al día siguiente, nos trasladaron hasta la entrada del parque y antes de ingresar pasamos por la oficina de Guardaparques donde nos firmaron el permiso y nos dieron bolsas para desechos.

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Un paisaje protegido, perdido en los cerros
El Parque Provincial Aconcagua comprende aproximadamente 65.000 hectáreas de superficie. Fue declarado Área Natural Protegida y junto a varias otras, integra el Sistema de Áreas Naturales Protegidas de la provincia. Posee grandes glaciares que constituyen una reserva hídrica, además de importantes sitios arqueológicos. La característica sobresaliente es que allí se encuentra la montaña más alta de América: el cerro Aconcagua de 6.962 msnm.
El parque es un lugar que alberga residentes y fronteras, representa costos y beneficios, tiene amigos y a veces enemigos, y también posee un aura de perpetuidad ya que se trata de un sitio que la sociedad ha elegido proteger para siempre.

La senda a Confluencia

Luego de completar todo, emprendimos camino por la quebrada del río Horcones, desde el sur hacia el norte, a una altura de 2.950 msnm. En 3 horas estuvimos llegando al primer campamento Confluencia (3.400 msnm). El servicio que se ofrecía consistía en carpas con camas cuchetas, baños rudimentarios y comidas variadas que permitían olvidarse de llevar muchos elementos en la mochila.

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Trekking a Plaza Francia y la imponente pared sur
Al día siguiente, realizamos una caminata siguiendo el curso del río y luego de algunas horas por la quebrada de Horcones inferior llegamos al campamento Plaza Francia (4.100 msnm) o mirador de la cara sur, donde fue posible conocer una de las paredes del Aconcagua, famosa por su desnivel de casi 3.000 m. Sus glaciares colgantes y seracs suelen originar grandes avalanchas haciendo muy peligroso y arriesgado el ascenso por esta vía.
Posteriormente, emprendimos el regreso al campamento y consultamos a los médicos para que nos midan la saturación de oxígeno en sangre, parámetro indispensable que indicaría si podríamos continuar con el ascenso.

Año nuevo entre los cerros
Cuando comenzó a oscurecer, las pocas luces del lugar se encendieron. La carpa comedor nos recibió con una cena de fin de año generosa en cantidad y variedad de platos. Nuestro grupo se destacó por estar predispuesto a pasarla bien y, a pesar de la caminata, no perdió el deseo de una charla entretenida con los desconocidos de carpas vecinas. Un recorrido nocturno orillando el campamento, nos permitió observar un cielo pleno de estrellas y sin fuegos artificiales.
Este Año Nuevo resultó ser extraño, una variante a aquello conocido desde niño. Inmerso en la montaña, lejos de la familia, con amigos nuevos y desconocidos por conocer, caí en la cuenta de que esta elección de estar lejos de casa no era ni mejor ni peor, sino diferente y enriquecedora.
Nos dispusimos a seguir hacia Plaza de Mulas (4.300 msnm) sabiendo que era un recorrido muy largo (de 7 a 10 hs) y con un importante desnivel de 1.000 metros.

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Ascenso hacia Plaza de mulas
Por la mañana, una senda nos condujo hacia una pendiente que debíamos descender para llegar al puente que cruza el río Horcones inferior. Una trepada más prolongada pero menos empinada que el descenso, nos permitió progresar sin problemas. Continuamos por un sector de antiguas morenas y bajo un sol radiante llegamos al primer hito del camino: “Piedra Grande” o “Piedra Colorada” (3.650 msnm). Ese sitio indicó el comienzo a lo que es “Playa Ancha” que, como su nombre lo indica, es una planicie a una cota de 3.600 a 3.800 msnm y una parte de la quebrada formada por material aluvional en forma de U (vestigio de que alguna vez hubo un glaciar erosionando esa zona), muy pedregosa y de 10 km de extensión. Durante este tramo se cruzaban cursos de agua de baja profundidad en diversos lugares y por momentos nos generó la sensación de ser infinito e interminable.
De a poco, se llegó al segundo hito llamado “Piedra Ibañez” (3.850msnm). En este trayecto se hizo posible observar las dos cumbres del Aconcagua (6.962 msnm cumbre norte y 6.930 msnm cumbre sur) a través de la Quebrada del Sargento Más, y tener una vista cercana del cerro Pirámide donde en 1985 se descubrió una momia de origen Inca.
Con cuidado, empezamos a subir por una serie de morenas que bajaban de las laderas del cerro, invadiendo el valle. Atravesamos unos canalones de descarga de material de la pared oeste y pudimos ascender rápido, comparado con el camino para llegar a un segundo lugar más o menos plano conocido como “Playa Chica”. Allí se podía ver al fondo de la quebrada de los cerros Cuerno y otros. Al final, se encontraba “Plaza Colombia” (4.070 msnm), una construcción militar destruida por avalanchas. La última parte de este largo día culminó al subir la “Cuesta Brava” y llegar al campamento Plaza de Mulas.
La cuesta final era de unos 100 metros de desnivel muy empinada y exigente, y nos permitió llegar a la ciudad de carpas en el medio de la nada, donde convergían centenares de montañistas. El resto de la tarde conocimos el intrincado laberinto de carpas, prestadores de servicios de montaña y descubrimos gente de varios rincones del mundo.

La experiencia de estar entre los cerros, y el regreso
En este pasar de los días y con gente de todos lados del mundo, había mucha ansiedad en el ambiente y el paisaje. Las nuevas experiencias y los idiomas se confundían y confluían en una palabra: Aconcagua.
El cansancio no se hizo esperar, al igual que la llegada del frío, así que nos dispusimos a comer, hidratarnos y dormir, para retornar al día siguiente, por la Quebrada Horcones hasta el punto de inicio de nuestro trekking donde terminaría nuestro andar por la montaña. En ese momento, nos tocaba acostarnos en las bolsas de dormir, temblando de a ratos, mientras la helada noche consolidaba su dominio y nos robaba el calor.
En las paredes de la carpa se formaba escarcha. Tomé un té para mantenerme caliente y, entre sorbos, escuché historias de vida que nunca había escuchado. Nos reímos de recuerdos o quizás de nosotros mismos. Afuera, las constelaciones del Año Nuevo se movían despacio sobre el espinazo de las montañas y, el Aconcagua, resplandeciente como un gigante bajo la luz de la luna, se elevaba en los cielos del sur.

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“Este Año Nuevo resultó ser extraño, una variante a aquello conocido desde niño. Inmerso en la montaña, lejos de la familia, con amigos nuevos y desconocidos por conocer, caí en la cuenta de que esta elección de estar lejos de casa no era ni mejor ni peor, sino diferente y enriquecedora”

www.acampartrek.com.ar

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