Escalada

La Esfinge, Perú

febrero 10, 2020 — by Andar Extremo0

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Escalada

La Esfinge, Perú

febrero 10, 2020 — by Andar Extremo0

Gustavo Rodríguez junto a Martín Moreno, fueron a Perú a escalar La Esfinge en el Parque Nacional Huascarán. En este relato, las vivencias de estos dos escaladores.

fotos y texto Gustavo Rodríguez Atleta GARMONT y FILO SUR

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Hacía tiempo que La Esfinge nos venía rondando en la cabeza, pero otros viajes y objetivos la fueron posponiendo. Este año, desde el principio dijimos: vamos a intentarla. Con mi amigo y compañero de cordada, Martín Montero, estábamos ansiosos por hacer esas paredes de granito.
Empezamos a ver fotos, videos y buscar info. El denominador común era escalar en altura. La Esfinge tiene su campamento base a 4500 msnm aproximadamente y el comienzo de la vía a 4700 msnm, lo que hace que llegar a su cumbre de 5325 msnm, sea toda una aventura. Ubicada en Parque Nacional Huascarán, la vía elegida fue La Vía del 85 también conocida como la normal, 18 largos de hasta 6c/7a de escalada tradicional.

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Salimos de Buenos Aires el viernes 9 de agosto en avión hacia Lima, y de ahí fuimos en micro a Huaraz.
Huaraz es una ciudad que parece un caos, pero es un sitio donde todo funciona. Ruidosa y apurada, es habitada por gente simple, educada y servicial. Se encuentra rodeada de un lado por la Cordillera Blanca, y del otro por la Cordillera Negra, ambas hermosas y atractivas. Allí, nos hospedamos en el Hostel Shelek Trek, de Pablo y Yani, dos personas geniales que nos hicieron sentir como en casa.
El plan era sencillo: caminar un par de días para ir aclimatando, y comenzar a escalar en altura para estar lo mejor posible para La Esfinge. Iniciamos con caminatas cortas pero muy atractivas. Primero fuimos a la Laguna Wilcacocha, a 3745 msnm. También a Laguna Churup, a 4450 msnm. Por las tardes, escalada en Los Olivos, sector deportivo a pocos minutos del centro de la ciudad.

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Al quinto día salimos hacia Inka Wakanka, un sector de escalada deportiva a unas 2 horas de viaje. Muy recomendado por los lugareños, el lugar era realmente muy bonito. Llegamos, nos instalamos, y salimos hacia las paredes. Escalar a más de 4000 msnm dejaba sin aliento. Escalamos cerca de 8 vías de hasta 6c. Por la mañana, salimos nuevamente para arriba a probar vías más largas. Comenzamos con 2 de 25 metros. La idea era hacer la reunión, que suba el segundo, y rapelar. Cuando estaba en el Top de la segunda vía y mi compañero estaba a 3 chapas de llegar a la reunión, un estruendo nos sorprendió, y seguidamente un temblor casi nos saca de la pared. Nos pegamos terrible susto. Sin terminar de entender qué pasaba, Martín llegó y pasó de largo a un descuelgue de otra vía. De ahí, salimos caminando o casi corriendo por detrás, hacia una ladera poco pronunciada. Una vez que nos sentimos más seguros, paramos a tomar aire y tratar de tranquilizarnos. Continuamos bajando hasta el pie de vía y, sin mucho que discutir, decidimos que la escalada en Inka Wakanka estaba terminada.

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Bajamos, desarmamos el campamento, y fuimos a la ruta para ir a Antacocha. De camino hacia nuestro nuevo destino, nos enteramos de que el terremoto había sido 5.1 en la escala Ritcher y que había roto la ruta y varias casas en diferentes lugares.
Antacocha es una laguna de agua salada a 3780 msnm. Pegada a ella, hay una pared con no más de 12 vías. Algunas de ellas son deportivas y otras mixtas, como la que escalamos nosotros, la vía Sin Nombre. Esta tiene 4 largos y 200 metros altura. Nos gustó mucho porque era bien variada, atlética y además por su hermoso paisaje.
Luego de escalar, bajamos caminando a la ruta en aproximadamente una hora, y volvimos en combi a Huaraz.
En el día de descanso, aprovechamos a organizar el equipo y comprar víveres para subir a la Laguna Parón a 4200 msnm, desde donde comienza la caminata de ascenso a La Esfinge.

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Para ir, nos decidimos por una combi de turismo que era la opción más económica. El viaje fue bastante ameno e informativo, pero muy largo. Una vez que llegamos, alistamos las mochilas, preguntamos dónde comenzaba el sendero e iniciamos. La explicación no había sido muy precisa, así que fuimos ganando altura hasta que, después de un rato, la senda se perdió y nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado. Con una mezcla de enojo y desilusión bajamos a la laguna, y en el puesto de la comunidad, armamos la carpa y pasamos la noche.
Por la mañana nos despertamos temprano y después de desayunar, salimos nuevamente para arriba. Esta vez sí agarramos la senda correcta, y poco después del medio día llegamos al vivac cercano a la pared. El lugar era un mar de piedras con la mole de granito al fondo. Las sensaciones fueron muchas, y las ganas de escalar salían por los poros. Después de buscar agua, comer, dormir una breve siesta, fuimos al pie de vía a dejar algo del equipo y reconocer los primeros largos.
De vuelta en el vivac, merendamos, vimos por enésima vez el croquis, acomodamos el equipo, cenamos bien temprano, y tratamos de dormir. La estrategia para la pared era ir lo más livianos posibles para hacer la vía en el día, pero estar preparados por si nos tocaba dormir en la pared. El resultado fue los dos escalamos con mochila.

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A las 5 am sonó el despertador. Después de un desayuno veloz y con el arnés puesto, salimos del vivac con la linterna en el casco. El primer largo lo escalé yo, todavía de noche. Para cuando Martín llegó a la reunión, comenzó a aclarar y a asomarse el sol. La escalada era muy bonita y llevábamos buen ritmo, pero el esfuerzo se notaba, y recuperar el aliento en cada largo se hacía sentir. Escalé los primeros 3 largos yo, y Martín el 4. Seguí con los próximos largos hasta que pasamos el primer techo. Al llegar a la 7 reunión, cerca de las 10 am, Martín ya no se sentía bien. Después de una charla y algunas lágrimas, decidimos bajar. Los rapeles los hicimos en silencio y concentrados. Al llegar al pie de vía, reafirmamos que fue la decisión correcta. Siempre pensamos y ponemos en práctica que, si uno de los dos ya no quiere seguir subiendo por la razón que sea, la cordada se baja y eso es lo que hicimos.
Volvimos al vivac, acomodamos las mochilas y comenzamos a descender hacia la Laguna Parón. Nos alcanzaron hasta el pueblo de Caraz y desde ahí, fue un vertiginoso viaje hasta cerca del Hostel. Durante este tramo, pensamos que no nos podíamos ir de Huaraz sin conocer Hatun Machay, así que nos tomamos un día de descanso y aprovisionamiento, y fuimos.
Hatun Machay está a 4200 msnm. Es simplemente espectacular. Estuvimos 2 días y escalamos mucho. Hay para todos los gustos, de todos los grados, alturas y variedad de estilos: techos, placas, desplomes, y roca muy adherente, así que “dejás los dedos”. Durante el día escalamos en remera y por las noches, bajaba mucho la temperatura, al punto de congelar todo. Es manejado por la comunidad, y su encargado es muy atento. Sin dudas, es un lugar para conocer.
Ya de vuelta, nos tomamos la tarde para pasear y comprar algunos recuerdos.
Las vivencias de las escaladas en Perú son hermosas, llenas de enseñanzas y buenos momentos, siempre agradeciendo la amistad y la gente que fuimos conociendo. Ojalá pronto estamos de vuelta.
Gracias GARMONT y FILO SUR, por el apoyo y el aguante. Por darme lo mejor en equipo e indumentaria.

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