Mountain Bike

EMPUJANDO LÍMITES, CRUCE DE LOS ANDES EN BICI

julio 27, 2019 — by Andar Extremo

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Mountain Bike

EMPUJANDO LÍMITES, CRUCE DE LOS ANDES EN BICI

julio 27, 2019 — by Andar Extremo

por Santiago y Juan Zemborain

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¿Qué te dejó este viaje después de tanta preparación?
Me dejó como enseñanza que no importa llegar, no importa cumplir, no importa lograr la meta, importa el día a día y disfrutar el camino. Si lo tenés que cortar en la mitad e irte, no pasa nada. Lo importante es vivirlo. Una vez que llegás ya está, pasaron 5 minutos y te vas a casa. Es la etapa del disfrute de los días y la ansiedad por llegar. En este caso tenían más interés por llegar los camarógrafos que iban filmando para el documental, que nosotros. Ellos iban trabajando. Por mí, hubiésemos tardado más, porque una vez que llegaste ya está. Lo que vivís, los inconvenientes, los imprevistos, solucionarlos… esos es lo lindo, es como pasa la vida, ¿qué querés lograr en la vida?, vivirla…

¿Querés hacer con esta actividad de por vida?
Por supuesto. Quiero seguir. No quiero terminar nunca más el viaje o, hacer de la vida un viaje. No quiero encerrarme más en una oficina, quiero que mucha gente pueda vivir esto, quiero que muchos hijos tengan experiencias así con sus padres, hermanos familias o desconocidos, pero que salgan del encierro. Los chicos con discapacidad mental tienen su vida muy llena: colegio, terapias e institutos. Van de un lado a otro. No los sacan a la calle, a tomar un café, o a la plaza, porque los padres están cansados, es estresante o porque los chicos tienen berrinches. La verdad es que darles el Ipad es mucho más cómodo y fácil, pero yo quiero contagiarlos. Hay que hacer el esfuerzo. Una vez que saliste ya está, tenés el día adelante para disfrutar.

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La relación con tu hijo,¿tuvo cambios después del viaje?
Él creció un montón en su seguridad, en su físico. Quiere seguir, y yo tengo que poner nuevos desafíos porque está en su plenitud, tiene 16 años. Me tengo que acomodar a eso, no debo aflojar. Él tiene fuerza para rato.

¿Qué proyecto generó este viaje?
Estamos haciendo la película. Fuimos con tres camarógrafos, un sonidista y Alita, mi hija. Ella hacía de chofer mientras los chicos filmaban y nosotros pedaleábamos. El documental lo vamos a tener preparado para fin de año y la idea es presentarlo en festivales tipo Banf, si tenemos la oportunidad, en Netflix, y si podemos viajar para mostrar la película y dar charlas, mejor. Aprovechando la movida de la peli tenía ganas de hacer un libro.

¿Te generó muchos contactos dentro del deporte aventura?
El Instagram fue fundamental. Me abrió el mundo de los cicloviajeros y no me quedé con eso, los invité a casa a comer para tenerlos enfrente y sentir un poco de lo que ellos sienten. Compartiendo con ellos, te das cuenta de que son personas totalmente despojadas, con chispas en los ojos, mirada transparente. Se ve que se portan bien porque si se portaran mal no podrían viajar. Además de hacer deporte, el que viaja en bicicleta es admirado por la gente que los ve. Son austeros, deportistas, peregrinos.

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¿Te costó mucho adaptarte a las bicis con alforjas?
Cuando era chico había hecho dos viajes. A los 22 años nos fuimos diez amigos a Torres del Paine, Calafate y el Chaltén. Fue mi primera experiencia cicloviajera totalmente amateur, sin cascos, y me encantó. Eran todos amigos rugbiers que, al año siguiente les dije de viajar y nadie se prendió. Entonces, le dije a un amigo de la facultad y, con otro más, quisimos hacer 7 lagos hasta Bariloche, pero en la primer trepada se terminó el viaje. Después vinieron los hijos y pensé que no podía vivir más de esas aventuras. Antes que me dijeran que Santi tenía autismo, me habían señalado que era hipotónico, entonces le compré un triciclo robusto con ruedas anchas. Allí empezó en Chapadmalal en el ripio, por horas pedaleando y yo, detrás de él. Después le conseguí un karting con ruedas anchas, salía por el barrio y me llevaba siempre al quiosco. Eso le daba independencia. Yo lo llevaba hasta una avenida, y volvíamos. En un momento, noté que él me empezaba a llevar para otro lado, hasta que me di cuenta de que quería ir al kiosco. Luego, tuvo una bici con rueditas, que no se la podía sacar.

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“Que la gente no pierda el tiempo, que se saque el miedo y que salga, andar en bici o correr o lo que sea pero que salga. Es más peligroso estar en la oficina que en la calle”

¿Cuándo le hiciste la promesa del cruce?
A los 7 años le saqué una ruedita y detrás él tenía una manija que yo caminaba y corría al lado de él. Lo iba controlando. La transición era complicada de dos rueditas a una, fue como un año. Estaba cansado. Era un embole ir atrás de un chico que no te habla y un día le dije: – vamos Santi que tenemos que entrenar duro que a los 15 años vamos a cruzar la cordillera!!!
Logré soltarlo de esa manija, pero había un pequeño detalle: a él no le interesaba frenar. Después de tres años de pedalear, conocí un guía de turismo aventura y me dijo: yo crucé la Cordillera de los Andes con un ciego en una bicicleta Tandem. Eso fue ideal. Tiempo después, fuimos a Miramar y alquilamos un tándem los 20 días que estuvimos. Muy pesado, pero año a año fuimos tomándole el gusto. Entonces me puse en campaña para hacerme uno. La bicicletería Roselli tenían cuadros de competición para ciegos, y de allí nació la nuestra. Iniciamos el 25 de marzo de 2017 y ya llevamos 7000 km.

¿Cuándo realizaron el cruce?
Entre el 3 y el 11 de marzo partimos de San Martin de Los Andes por el paso Hua Hum y llegamos al mar. Paramos en Non Tue, Huilo Huilo, seguimos a Panguipulli, pero antes nos detuvimos en un camping porque rompimos horquilla. La idea era llegar a Panguipulli pero rompí llanta y pinche 5 veces en ocho días. Después, Lanco y Mehuin. La idea era hacerlo, era llegar, era el hito, pero en realidad la aventura fue desde siempre.

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¿Hicieron algún otro viaje previo?
Para entrenar antes del cruce, hicimos un viaje a Humahuaca. Pedaleamos de Purmamarca a Tilcara y al día siguiente de Tilcara a Humahuaca. Parte de este recorrido lo hicimos con “Argonautas del Camino”, con Dino y su hijo de 10 años que estaban haciendo toda la ruta 40. Después nos fuimos a Cafayate en auto. Cuando íbamos por el camino vi el anfiteatro y dije -¡¡¡esto lo tenemos que pedalear!!! Al día siguiente hicimos desde allí hasta el pueblo. En octubre dimos una charla TED en Río Cuarto y luego aprovechamos y fuimos a Achiras a pedalear entre los molinos de energía eólica.

¿Qué proyecto tenés de acá en más?
Ahora tenemos un cuadro nuevo de Tandem que es un espectáculo, lo tendríamos que armar. Lo mandamos a hacer a un español que es artesano y hace cuadros de competición Kinetic. Es de aluminio 29 y sirve para carreras, ruta y mountain bike. Raleigh y ktm me donaron las ruedas y volantes planos. Los chicos de “Nación Salvaje” nos regalaron llantas nuevas con masas Shimano Deore. La idea es hacerlo vivir experiencias distintas, una carrera, un viaje, etc. Quiero ponerle lo mejor para que sea lo más cómoda posible. Una vez que tenga la bici, queremos hacer la costa uruguaya y más adelante el Camino de Santiago, en España. Un sueño que tengo hace rato, es bajar de los Alpes hasta Holanda siguiendo el Río Rin, y la Carretera Austral en Chile.

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¿Cómo reacciona la gente cuando los ven pedaleando?
Un día corrimos una carrera y la gente no lo podía creer. Lo saludaban todos. Lo ven como una superación. Vamos por la calle, pasa un auto y gritan: –vamos Santi!!! La bicicleta sube la velocidad y a él , su autoestima. Una vez me pasó que fuimos a comer unas pizzas a Llao Llao en Bariloche y la cajera del restorán nos conocía, nos seguía por Instagram.

¿Qué consejo le darías a la gente?
Que no pierda el tiempo, que se saque el miedo y salga a andar en bici a correr, pero que salga. Es más peligroso estar en la oficina que en la calle.

Agradecimientos
Hubo empresas que nos ayudaron con equipamiento Eurocamping, DC Bike con alforjas, Scandinavian, Body Care y Keep Smiling

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www.empujandolimites.com