Carreras de aventura

CARRERA 4 REFUGIOS MOUNTAIN HARDWARE

abril 6, 2017 — by Andar Extremo0

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Carreras de aventura

CARRERA 4 REFUGIOS MOUNTAIN HARDWARE

abril 6, 2017 — by Andar Extremo0

Cuando los Pirineos se transformarán en los Andes, el mar Mediterráneo en los lagos de la Patagonia y un sueño en realidad, estaré corriendo la Carrera 4 Refugios…

Jorge Linquiman y Mélisse Castaingts relatan su experiencia en la demoledora carrera 4 Refugios en Bariloche edición 2017

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por Jorge Linquiman

Carrera emblemática en nuestro país que se desarrolla en San Carlos de Bariloche en su 12° edición.
Este año cuenta con las modalidades: 1 refugio, 2 refugios, 3 refugios, 4 refugios NonStop que se corren en una sola jornada, y la 4 refugios clásica, que se corre en dos días. También presenta la versión 4 refugios Kids, para los futuros atletas del trail running.
Según el reglamento; “4Refugios NONSTOP es una carrera de trekking de estrategia y aventura que recorre alrededor de 42 km y 3500 m de desnivel, en un día de competencia sin descanso. Partirá en la base del Cerro Catedral, pasando por el Refugio Frey, conectando por el valle del Rucaco con el Refugio Jakob, luego en travesía por los pedreros del Pico Refugio y Cerro Navidad bajando hasta el comienzo de la picada de Italianos que sube a la Laguna Negra, para continuar pasando por el Bailey Willis hacia el Cerro López, bajando por sendas y caminos, y concluir finalmente en Colonia Suiza. Tendrá una largada a la madrugada del día domingo y rigurosos tiempos de corte por seguridad apuntando a una carrera que finalice para todos a la caída de la tarde.”
Yo soy de Bariloche y tuve la oportunidad de correrla 5 veces, 3 de ellas en la modalidad NonStop, siempre en equipo, con mi hermano Luis y con otros compañeros. Esta vez fui solo, aunque nunca vas solo por la montaña.
Correrla siempre implica un desafío y como no se cruza “dos veces por el mismo río”, cada edición es nueva por las cuestiones climatológicas y por las cosillas de cada atleta.

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En algunos ámbitos cuando saben que vas a correr 4 refugios te dicen que estás locos, que eso no esta bueno, pero la locura de cada uno, siempre es de la buena.
En algunas de las carreras me ha pasado querer volverme a casa en los primeros kilómetros y después sentirme vivo subiendo por un pedrero con 10 horas en el cuerpo. Debo admitir que para corredores de mi calaña, es decir, poco nivel, a veces la montaña se pone áspera y el terreno no te permite dar un solo paso con seguridad, así que vas como corriendo por arriba de un fuego sin ser faquir. Y cuando el terreno se pone amigable el cuerpo se quiere revelar. Que pelea!!!
Pero para esta pelea, en este tipo de carrera, llevo las fotos de mis apoyos, que cada tanto miro o toco en el lugar de la mochila que los llevo y siempre es una inyección de energía y ánimo que viene bien.

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Como en todas las carreras esta tuvo sus condimentos, hace como cinco o seis años que corro y es la primera vez que tuve problemas con unos calambres, mientras escribo, pienso que esto es pura escusa, a veces he pensado que los que corremos somos tan mentirosos como los pescadores con el tamaño del ojo del pescado que atraparon. Por suerte esos momentos difíciles los pude “superar”, en este tipo de competencia de tantas horas se pasan por situaciones o sensaciones de todo tipo que uno va sobrellevando o avanzando a pesar de ellas. Y la mejor manera de gestionar, sobre toda las malas sensaciones, es haber realizado un entrenamiento de acuerdo a al exigencia y cierta fortaleza mental que es necesaria en cualquier desafío. Una carrera como esta no puede dejar de ser exigente con el cuerpo y salvo el grupo mínimo de los de punta el resto nos tenemos que poner a correr, demandarnos y sudar.
Venía haciendo buenas carreras y esta no desentonó. Además siempre me pasa que cada vez que paso por el arco de llegada de la 4 Refugios ya me quiero anotar para el año siguiente, es evidente que soy constante con mi locura; porque es de la buena.

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por Mélisse Castaingts

Tanto estaba fascinada por la idea de correr la 4 Refugios, pero a su vez estaba totalmente asustada… Por haber hecho el recorrido en trekking 2 años antes, sabía lo difícil que sería esta carrera, tanto por su desnivel como por su técnica. Viviendo en La Plata era imposible entrenar correctamente para esta carrera, pero justo se dio que me fui 2 meses a Francia, lo que me permitió tener a mano los Pirineos y practicar entrenamientos en montaña. Era la ocasión soñada para intentar relevar el desafío 4 Refugios este año. El gusto de la aventura ganó sobre los miedos y me anoté en la modalidad Clásica: 55km con 3600m de desnivel positivo en 2 días de carrera.
Aun estando en los pies de los pirineos en Catalunya, la temporada invernal del otro lado del hemisferio no permitía entrenamientos largos y técnicos. Pocas horas de luz, temperaturas negativas, nieve sobre las cumbres y no tener compañero disponible para acompañarme a una salida en montaña de una dificultad similar a la 4 Refugios eran tantos factores que me complicaban la tarea. Además la estancia corta en mis pagos y las visitas familiares en cada rincón del país, no fue posible planificar un entrenamiento adecuado. De todas maneras traté de correr lo más regularmente posible sobre terrenos diversos, en montaña cuando se encontraba cerca, o en ciudades como Paris, Toulouse, Bayona, Barcelona, Brúcela, Londres y Ámsterdam. En 2 meses alcance a correr unos 350 km, pero nunca fueron salidas largas ni tampoco con tanto desnivel. No había logrado practicar un entrenamiento en condiciones similares a la 4 Refugios.

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Volví a la Argentina 10 días antes el inicio de la carrera muy ansiosa de participar en una carrera a la cual no tenía el nivel ni la experiencia. Pero la hermosura de la ubicación de Bariloche, con sus montañas y sus lagos ganaba sobre el miedo. Llegué a Bariloche a tiempo para la acreditación y asistir a la charla técnica. Previamente a la carrera traté de mantener una buena hidratación y recibí los consejos y recomendaciones de mi amigo local Jorge. Con un día muy caluroso se largó el primer día de la carrera con las modalidades 1 o 2 Refugios, y La Clásica. Las dudas que pude sentir antes de la carrera desaparecieron para dejar lugar a la felicidad y el orgullo de encontrarme ahí. Me encontraba atrás de la línea de largada, dispuesta a dar todo. Para llegar al Refugio Frey pude correr la mayoridad del tiempo y tardé 1h30, los senderos estaban bien marcados y limpios con una pendiente no muy fuerte. La pausa al 1er Refugio fue rápida, únicamente para hidratarme porque no sentía hambre y seguí rápidamente en dirección de la picada de la laguna Schmoll. Muy pronto llegué al filo Frey a donde la pareja del equipo de auxilio del CAB estaba vigilando el bienestar de los corredores. Este encuentro me generó tranquilidad de saber que estábamos acompañados. La bajada que nos esperaba era técnica y rápida con piedras y arena. Por el uso de polainas me fue muy placentera y no tuve que parar a limpiar mis zapatillas. Crucé corriendo un bosque en el cual traté de alimentarme porque se venían unas subidas muy empinadas y largas en las cuales empecé a sentir el cansancio con las piernas muy flojas, sin fuerza. Ahí pensé que me venía bien haber bajado de peso pero que tendría que haberlo complementado con gimnasio. La bajada para llegar al Jakob me pareció más complicada, con piedras grandes filosas y otras más pequeñas que se zafaban al ritmo de los pasos. Había que ir con cuidado, no era el momento de lastimarse. Después de 4h de carrera llegué al Jakob. Sabía que era un buen tiempo, sin embargo sentí que me había quedado sin energías, y seguía sin poder comer, tenía el estomago revuelto por la exigencia. Ahí nos revisaron algunos de los elementos obligatorios que teníamos que llevar en la mochila, aunque la organización había permitido retirar toda la ropa de abrigo por las temperaturas muy elevadas este fin de semana. Rellene mi camel back, ya que el calor iba a llegar a su máximo por ser el medio día. Los últimos 13 km que nos esperaban para llegar al Tambo iban a ser sufridos, aunque eran esencialmente en bajada. Finalmente fue más duro de lo que me había imaginado. Traté de correr lo máximo posible (aun sin velocidad), pero a cada mínima subida me desanimaba. Sentí que estaba corriendo en el rojo, sin nada de piernas, un agotamiento tan importante que a pesar de la belleza del paisaje las motivaciones de seguir se me habían ido. Llegar hasta la meta final de la primera etapa fue como una lucha interminable en la cual no podía determinar qué tenía más alterado, si el estado físico o el psicológico. Luego de 1h52 al llegar a Tambo, sentí mucha frustración de terminar la carrera así, sin el placer que normalmente me genera correr. Terminé el primer día totalmente liquidada. Por suerte no sentía dolores ni molestias importantes, solamente unas heridas superficiales. ¿Cómo me levantaría al otro día? ¿En unas pocas horas de descanso alcanzaría a recuperar ganas y capacidad para correr y completar la segunda parte de la carrera?

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Lamentablemente me costó descansar. Primero porque estaba en un estado de ansiedad desde la vuelta de mi viaje. Segundo, enterarme de la clasificación del primer día (tercera de la categoría), me generó la presión de mantener tan buena posición. Además este resultado me sorprendió bastante ya que no me había sentido fuerte durante la carrera. Resaltaba haber penado en las subidas, haber ido despacio en las bajadas técnicas y no había digerido el desastre del último tramo. Mi performance del primer día no permitía explicar este éxito. Las dudas y nervios a flor de piel, sumados a la deshidratación y un desgaste físico muy importante no me dejaron dormir tranquila. A la mañana tampoco pude desayunar correctamente así que había tomado la decisión de hidratarme y alimentarme mejor a lo largo de la carrera. No quería terminar como el día anterior. Tampoco quise prestar atención a la clasificación para que no sea un estrés suplementario, no tenía dudas que habría chicas mejor entrenadas que iban a pelear el podio.
Lo que entonces había imaginado fue cierto al momento de largar: las punteras salieron muy fuerte. No había forma de intentar seguir ese ritmo porque sería ir al fracaso: caerme, lesionarme o terminar caminando. Yo seguía con la idea sencilla de terminar la carrera dando lo mejor de mí, sin que me importen los demás. Para mí no había 150 participantes corriendo La Clásica; estaba yo en desafío y admiración con la montaña. Según los tiempos indicados por Jorge en 2 horas podría llegar a la Laguna Negra. Tardé 2h10. Estaba satisfecha, había corrido a buen ritmo toda la parte de bosque. Por primera vez había usado los bastones para la subida empinada. Aun que no les sabía usar (me sentí más lenta), esperaba que sirviera a mis piernas para descansar y aguantar más para el fin de la carrera. Como el día anterior no pude aprovechar la comida del refugio, seguía con el estomago apretado. Arranqué corriendo hasta el momento divertido de las sogas, y seguí trotando a través los campos de piedras y pasto. Una subida, otra, el Bailey Willis, y llegó el temido momento de la pared de piedras del Cerro López. Lo recordaba del trekking como muy peligroso. En realidad en aquella época había hecho el recorrido en sentido contrario, en bajada y con una mochila de 20 kg. Aunque agotador esta vez disfruté más ascenderlo. La clave era avanzar a pasos cortos pero firmes, pisando piedras grandes y evitar la arena resbalosa y, por fin, ayudarse de las rocas trepando. En ese momento estaba pensando que unas sesiones de escalada previa a la carrera me hubiera venido bien para tener también los brazos y la espalada preparados. Llegué al filo menos cansada de lo esperado. Pero la bajada al López me reservó algunas sorpresas: fue más técnica y agotadora de lo pensado. También convenía ayudarse con las manos. Por fin llegué al refugio López, aprecié su vista, agarré algo para tomar y salí enseguida. Ya habían pasado 5 horas desde la largada y se sentían cansancio, dolores musculares y los pies lastimados. Era tiempo de apurar el final de la carrera para no extenderse en la última parte de sufrimiento. Quedaban 8 km de bajada hasta Colonia Suiza y me sentía mejor que el día anterior. Este día el tiempo y el eclipse de sol no nos hicieron sentir el calor. La primera parte de bajada era agradable y rápida, siguió con una parte de pista relativamente llana en la cual se podía acelerar si las piernas te dejaban (el reloj indicaba que no fue mi caso). Uno se pregunta ahí por qué los últimos kilómetros valen doble. Se sumaron bajadas muy empinadas que terminaron de alterar la motivación molestándome gravemente las rodillas. Llegamos al bosque y se hacía interminable. Avanzando con los kilómetros de una carrera tan larga y técnica van creciendo los riesgos de caída y pérdida de atención. A lo que no pude escapar… Me choqué contra una piedra y me caí de rodillas. Este incidente volvió a abrir una herida que tenía del último entrenamiento en La Plata y que me molestó durante toda la carrera. Seguí corriendo al ritmo de los latidos de la inflamación y para acentuar mi bronca me perdí la marcación de un corte camino importante del recorrido.

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Al final de una carrera estos episodios sumados al cansancio acumulado disminuyen tu rendimiento. Peor cuando la carrera termina con un falso llano en el cual vas “corriendo” a un ritmo de caminata! Por fin pasé la línea de llegada, a la par del primer equipo femenino, una madre y su hija de La Plata. En este momento se mezclan las emociones de tristeza y felicidad y la sensación de dolor con placer. Me sentí en el banco de los organizadores debajo de la carpa y no me moví más. Retiré las zapatillas, medias, polainas, y vi mis pies colorados temblados del dolor por los impactos y golpes repetitivos de tremenda carrera. Pero eso no duró más de media hora. Me levanté, me rehidraté, comí y me fui en dirección del lago. Colonia Suiza es un lugar increíble en sí, e ideal para terminar esta carrera. Los corredores cansados y doloridos, intercambiando experiencias recuperaban vitalidad con el agua fría del lago Moreno. Los dolores poco a poco se fueron estampando, y las contracturas duraron 5 días. Los recuerdos, la felicidad, el orgullo y la satisfacción de haber completado la carrera 4 Refugios Clásica en 11:41:10 me quedarán para siempre. Haberse superado venciendo cansancio y dolor me permitió obtener un quinto lugar en la general damas y a su vez sumar a mi experiencia en Argentina una aventura inolvidable en La Patagonia.

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