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CRUCE DE GROENLANDIA, PRIMER ARGENTINO

diciembre 1, 2016 — by Andar Extremo0

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CRUCE DE GROENLANDIA, PRIMER ARGENTINO

diciembre 1, 2016 — by Andar Extremo0

Mariano Curiel nació en Hurlingham hace 35 años y por casualidades de la vida se metió en el mundo de las expediciones polares. En mayo se convirtió en el primer Argentino en cruzar Groenlandia a pie en una expedición que le llevó 26 días en esquí y trineos, recorriendo 564 kilómetros con vientos de 140 km/h y temperaturas inferiores a -35 grados, junto a 5 expedicionarios de otras partes del mundo. Nota de la Revista Andar Extremo n° 42.

por Andar Extremo entrevista a Mariano Curiel (fotos Mariano Curiel)

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Junto a su amigo sueco David Berg, la guía noruega Moa Hundred, el inglés Chris Lambert y las alemanas Adelinde Trixly Christine Huber, emprendieron el 14 de mayo pasado desde el fiordo de Kangerlussuaq, 318 km al norte de la capital Nuuk , el cruce de Groenlandia. El grupo, de entre 23 y 55 años, llegó a su meta en el pueblo de Isortoq, a orillas del estrecho de Dinamarca -unos 100 km al sur del círculo polar, el 8 de junio, en plena primavera boreal. En 1888 el aventurero noruego Fridtjof Nansen, en 42 días, fue el primero en abrir esa ruta en la latitud del círculo polar.

Cómo surge tu relación con las actividades en zonas frías?
Fue de casualidad, a los 23 años trabajaba en una empresa de marketing deportivo y estaba cansado de ese mundo, quería viajar… de rebote terminé en una embarcación rusa que buscaba gente para la parte de hotelería y salía de Ushuaia, sin saber que iba a llevarme con destino a la Antártida. Cuando llegué a esa masa de hielo me enamoré. El barco manejaba expediciones, cuando vi ese mundo dije:- “listo esto es lo que buscaba”. Sabía manejar veleros, siempre estuve relacionado a la náutica, entonces fue fácil comenzar a trabajar con expediciones. Cruzábamos el pasaje de Drake y allí tuve los primeros contactos con ballenas, pingüinos, y quedé fascinado. Eso fue un verano y ya en junio me habían contratado para trabajar en el Ártico. Pasó de ser una aventura a ser parte de mi vida.

Cuándo surgió la idea de hacer travesías en estas zonas?

En realidad fue desde que me mudé a Bariloche que data de unos cinco años que me introduje en la montaña y comencé a caminar por esos lugares. En La Antártida había hecho cosas en hielo pero de un día, salía y volvía al barco.
Así fue que en uno de los viajes al norte hice una caminata de tres semanas por la Costa Este de Groenlandia cerca de Kulusuk. Fue en 2014, realizamos esa travesía implementando el mismo sistema de expedición con esquíes, trineos, carpas y la misma rutina diaria entre arroyos, fiordos y glaciares, pero con un nivel de exigencia menor en lo que respecta a lo físico. Habíamos hecho 250 km y la idea era entrenar para el cruce total. Hasta ese momento era difícil una expedición de ese tipo, dado que tiene costos muy elevados y los permisos son imposibles, así que teníamos que ver cómo hacíamos para engancharnos en alguna expedición. Desde el 2015, por el hecho que hubo accidentes y dos muertes, necesitás un permiso especial que se lo dan a gente que ya haya realizado un cruce. Aunque seas guía profesional, no te dejan, y ahí fue que contactamos a Moa, una chica noruega que podía sacar el permiso. Este año, en enero en Antártida, mi amigo David Berg me comentó la posibilidad de participar en esa expedición. En febrero confirmé. En marzo volví a Antártida y luego tuve un mes para entrenar.

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Te adaptás al frío, aparte de usar la ropa adecuada?
Sí, me adapto, aparte la ropa que se utiliza hoy es muy técnica, de muy buena calidad. Hoy en día tengo más tolerancia al frío y también mentalmente aguanto más sin ponerme nervioso, porque una cosa es el frío que te molesta y otro cosa es el que causa hipotermia o congelamientos…uno va aprendiendo a darse cuenta antes de que pase algo peor. Esto requiere de entrenamiento para el reconocimiento del peligro. Lo que uso desde siempre para andar, es primera capa merino Lepau que es muy buena, de muy buena calidad….es de nuestra oveja patagónica, no te mojás, no larga olor al no ser sintético. Después, goretex tricapa respira muy bien, si tenés calor te abrís, es ideal para viento, lluvia o si nieva mucho. Lo que se buscás es estar seco. Estas dos prendas son, para mí, lo mejor para este tipo de expediciones. Cuando la temperatura es menor a -15º también me pongo un chaleco, como los de plumas pero de material sintético. Por último, me pongo la campera de plumas cuando se frena a comer, y me cambio los guantes por unos más gruesos para descansar o armar el campamento. Para las piernas uso lo mismo. En los pies, primera capa medias de compresión para facilitar la presión en las piernas, después unas bolsas plásticas para evitar la transpiración y mojar la bota y arriba medias de merino gruesas. Los borcegos son especiales para expediciones nórdicas, son de cuero forrados con goretex que incluye polaina hasta casi la rodilla y se une a la suela.
Para las manos, 5 pares de guantes que los iba cambiando según la situación del viento. Primero, una capa de lana merino o sintético bien fino. Luego manoplas de polar que se le quitan los dedos por si quiero hacer algo. Guantes de cuero, los comunes de obrero, que los engraso para impermeabilizar. Los días que hace más frío, guantes de montaña o manoplas de pluma que arriba les pongo las de goretex.

Cuáles fueron las situaciones más peligrosas?

Al principio tuvimos mucha agua y zona de ríos que formaban grietas. Fue peligroso por el terreno, no por el clima. También en el kilómetro 4, el segundo día me esguince la rodilla pero no pasó a mayores en ese momento. Cuando estuvimos en la parte más alta, a mitad de camino, superando los 2000 msnm el frío se sentía mucho, era el campo de hielo. Allí las temperaturas eran de -35º y menos también. Los días de viento eran peligrosos por la poca visibilidad que complicaba las cosas y aumentaba el nivel de estrés de todos… al frenar te abrigabas y seguías, en el viento te ponías de espalda al mismo y descansabas o armabas la carpa. Hubo un día que íbamos caminando, frenando, andando… Lo más peligroso fue que íbamos a muy baja temperatura y viento de frente, y empezamos a tener principio de congelamiento en la cara y dedos porque estábamos muy expuestos. Después de tres horas tuvimos que frenar. Armamos el campamento y esperamos que pare el viento. Ahí, cuando te detenés, podés cubrirte y mover las manos, pasabas el frío de otra forma.

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Tenés determinado tiempo para estar expuesto?
Sí, con otra tormenta cerca de una base abandonada, nuestra carpa colapsó y, mientras estábamos ahí vimos que flameaba. Estaba toda llena de nieve pero tuvimos mucha suerte que no se voló ni rompió a pesar de los vientos de más de 140 km/h. Tuvimos que armar la carpa con mucho viento y mucho frío y una vez que armamos la base, estuvimos una hora más para asegurarla fuerte. En esa hora salíamos entre tres y cinco minutos, no más de eso… generalmente eran tres y sentíamos el congelamiento. Con David, salíamos esos minutos porque conocíamos lo que era el congelamiento, era el tiempo estimado en donde sentías que los dedos se congelaban. Entrábamos a calentarnos 5 minutos y salíamos nuevamente a armarla porque sabíamos que si no, se nos podía caer otra vez.

Qué entrenamiento hiciste?
Como ya conocía lo que iba a hacer, no hice el entrenamiento adecuado para expediciones con trineo (salir a caminar tirando dos ruedas que simula el peso del trineo). Mi entrenamiento se basó en caminar en las montañas: Cerro López, el Catedral. Trataba de llegar a hacer caminatas de seis horas para acostumbrar al cuerpo. Ya conocía a qué iba y sabía de este tipo de cosas. Me enfoqué en estar bien alimentado y fuerte para aguantar los primeros 5 días. Después el cuerpo se va acostumbrando a andar en la montaña, y estas físicamente bien. Primero viene el período de adaptación luego de debilitamiento y más tarde el final donde tenés que llegar bien mentalmente.

Cuánto marchaban por día?
En promedio era de 25km por día. Hubo jornadas que hicimos muy poco. La primera salida, por ejemplo, avanzamos sólo 4 km. Fue en la subida al glaciar. En total de los 26 días hubo tres q no avanzamos, dividido en distintas etapas. El día que más avanzamos fueron 36 km. Cerca del final fue más rápido, a pesar de que no te dabas cuenta, ibas bajando 5 metros por kilómetro y eso te hacía acelerar.

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Cómo es un día de marcha?
Nos levantábamos, y demorábamos una hora y media o dos antes de arrancar con el desarmado. Desayunábamos con un suculento vaso de avena, pasas de uva y manteca o chocolate para ganar calorías. Desarmábamos y de ahí salíamos a hacer marchas de una hora con pausas de 10 minutos, donde comíamos papas fritas, caramelos, pasas de uva o chocolate. Carne, salame, mantecol, alimentos con muchas calorías. Había días que después de la cuarta hora de avance, frenábamos media hora para comer un poco más o descansar y ahí armábamos una carpa. Después seguíamos otras 5 horas. La clave es esa, caminar una hora, 10 minutos de descanso por 4 horas, un descanso prolongado donde hacíamos nuestras necesidades y después seguíamos 5 horas. La clave es recomponer la energía todo tiempo. De no hacerlo en esos 10 minutos a la hora siguiente llegabas muy cansado. Te afecta. Te quedás sin nafta, te cuesta mucho seguir… Al principio tenés que comer a la fuerza porque el cuerpo no está acostumbrado al gasto y aprovisionamiento de tanta energía. Pero al cabo de los días te pide más y más alimento. Comíamos 5000 calorías por día. Fui con sobrepeso de 10 kg y bajé 11kg.

Cómo se hidrataban?
Tomábamos 4 litros por de agua por día. Así como comíamos si o si teníamos que tomar agua. Los primeros días costaban más también, el cuerpo no estaba acostumbrado. Al tener que hacer agua, lo ideal era llegar al campamento con agua líquida y guardarla. Cuando la temperatura era menor a -30º tardábamos entre 2 horas y media y 3 en derretir y calentar unos 4 litros, y así y todo no alcanzaba el hervor.

Cómo hacían para el armado de campamento?
Era el momento más complicado, estábamos muy cansados luego de caminar 14 horas. Doloridos, con hambre y sed, tardábamos 10 minutos en armar la carpa. Nuestro sistema era: mientras yo armaba, había que derretir nieve y calentar el agua casi hasta hervir para hacer la cena, y guardarla para el desayuno del día siguiente. Era un trabajo de hora y media a dos hasta que podíamos comer y después dormir. Armabas la carpa, preparabas los trineos, dejabas todo bien asegurado y una vez que te metías, no salís más. Te quedabas ahí adentro tranquilo esperando que se caliente el agua. Es muy importante en ese momento hacer un chequeo físico, revisarte la cara que no tengas quemadura, los pies, las manos, que esté todo el cuerpo bien. Nos poníamos crema en las heridas y hacíamos una curación de lo que estuviera mal y no dejábamos ninguna herida que se pudiera complicar luego. Cenar, el mejor momento del día! Llevábamos comida deshidratada para la cena que era carne a la cacerola o pescado al curry, era sólo echarle el agua hirviendo y listo. Al minuto, luego de acabarse la comida, era el peor momento del día. Después, meternos en la bolsa y dormir.

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Corrió peligro la expedición en esos 26 días?
Al principio sí, pero estábamos muy decididos a seguir. Salimos de la ruta segura, la que conocíamos, porque había muchos lagos y ríos y encontramos otro camino alternativo. Después, no en la expedición en sí, pero hubo peligros para algunos. Por ejemplo, cuando nuestra carpa se voló, para nosotros hubiera sido el fin si se hubiera roto. En otro momento de los seis, una de las integrantes (una chica alemana), no comía bien, estaba muy débil, a las dos semanas casi no podía caminar. Ahí nos reunimos y debíamos analizar si la evacuábamos o, lo que hicimos, sentarla a comer y asistirla yendo más lento… un día le hicimos comer una manteca entera!. Se empezaba a retrasar, y por ende nosotros también. Los debatimos en dos situaciones y decidimos asistirla, y así llegamos los seis.

Qué pensás allí en el día a día?

De todo. Primero vas acomodándote, escuchás música, unos radio-libros. Vas con la mente en blanco, navegando… vas con la brújula, tratando de seguir el camino. Cuando estás atrás, es seguir al de adelante. Pensás de todo, lo que te imagines, mil proyectos, ideas de expediciones nuevas, la familia, amigos, en todo el mundo, qué hacer cuando frenás… Llegó un momento que era elegir qué pensar. Te empezás a volver loco porque te caen muchas ideas y no querés caer en un bajón. Así todos los días. La parte mental es la más dura en este tipo de expediciones. Las expediciones polares son: 60% mental y 40% físico.

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Cómo es el equipo de avance?
Dos trineos chicos plástico, cada uno soportaba hasta 50kg de peso por lo que llevábamos de 80 a 90km cada uno. Repartimos el equipo por pareja. Estaba conformado por: 3 carpas, 4 cocinas, unos MSR modelos nuevos para baja temperatura (calentador de montaña) y 20 lts de combustible. Más esquíes y crampones. El equipo de esquí estaba compuesto por esquíes de fondo con cantos de metal bastante largos y finos, de 2 metros en mi caso, que alivianaba mucho el avance en nieve. Las botas de esquí son modelos especiales con la bota de cuero con una polaina de Gore-Tex incorporada que protege del frío y la humedad. La fijación de esquí de fondo se pone en la bota, sólo en la puntera dejando el talón libre permitiendo el caminar. Y para poder avanzar con los esquíes en pendiente o condiciones planas tirando el peso de los trineos utilizamos lo que se conoce como “pieles de foca”, que es una especie de tela que simula una piel y permite deslizar hacia delante y se frena cuando el esquí se mueve hacia atrás al quedar a contra pelo.

Qué sentiste al aproximarte?

Una sensación muy buena. El día anterior empezamos a ver montañas en el medio de la nada, pero en realidad estábamos a 70 km. Al final de ese día empezábamos a ver el mar. En realidad tres días antes, pero no estábamos seguros, dudábamos que fueran nubes. Parecía que estabas ahí nomás y empezás a pensar en la ducha caliente y en todo lo que vas a comer, pero faltaban como 70km. Esa noche llegamos al último campamento, es donde teníamos que estar más tranquilos porque empezaba el descenso glaciar, las grietas y ríos nuevamente, y el peligro exponencial. Estás llegando y si te apurás tomando decisiones sin pensar tanto, es muy peligroso. Es donde más seguridad tenés que tener. Como trabajo en expediciones desde hace mucho, sé que el 10% al principio y el 10% del final son los momentos más peligrosos, de mayor cantidad de accidentes. Al principio por desconocimiento y al final, por exceso de confianza. Sabiéndolo y todo, nos mandamos por un campo de grietas por el que no debíamos hacerlo, no estaba contento por la situación pero en ese momento donde íbamos rotando el liderazgo, yo quedé atrás del grupo. Por suerte no pasó nada. Veíamos el mar que se unía con el cielo, los iceberg como puntitos blancos, las montañas y el atardecer. Ese día arrancamos a las doce de la noche para llegar a la mañana ya que había luz las 24 horas. Salimos a esa hora que es el horario más frío para que los cauces estuvieran congelados. El último día como el primero, nos juntamos todos en una carpa para la cena de festejo. Todos queríamos llegar pero era una mezcla de sentimientos…se estaba acabando y era una lástima. Desarmar el campamento por última vez fue raro, nos gustaría haber seguido pero en realidad queríamos llegar. Ya estábamos mentalizados en terminarlo. Si en ese momento la expedición se alargaba dos días más, capaz nos caíamos del bocho. Estábamos con la mente en la meta.

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Sos el primer argentino en cruzar Groenlandia, ¿Cómo pensás seguir?
Lo de ser el primer argentino es anecdótico, no sabía que era el primero, allí me enteré. Lo hice porque tengo pasión en este tipo de expediciones. Está bueno ser el primero, no es conocida esta aventura. A futuro, Groenlandia es la tercera en expediciones polares, primero están polo Norte y polo Sur, que son los desafíos más grandes. Polo Norte es más larga, haciéndola desde la tierra que son más de 800 km. Con el calentamiento global es cada vez más difícil y arriesgada. El Polo Sur es una extensión de lo que hice en Groenlandia pero con temperaturas más bajas, lo mismo pero en 3 meses. Una de las cosas que me gustaría y quiero hacer son los hielos continentales “Campo de Hielo Sur”.

Agradecimientos:
A Lola, mi mujer quien me motivó a hacerlo. Justo estamos construyendo y a pesar de estar ajustados me dijo:- “andá a hacerlo ahora”.
A la gente de Noruega que me pasaba el parte diario meteorológico e informaba a Lola cómo íbamos. A mi familia y amigos, y gente que nos siguió. A Lepau y Antártica XXI que me dieron empuje.
Al pul Club Social de Amigos que me consiguen conexiones

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