Montañismo

EXPEDICIÓN AL VOLCÁN ANTOFALLA

julio 20, 2017 — by Andar Extremo0

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Montañismo

EXPEDICIÓN AL VOLCÁN ANTOFALLA

julio 20, 2017 — by Andar Extremo0

El Club de Montaña Champaquí organizó una travesía al volcán Antofalla, entre los día 7 y 21 de enero de 2017. Los montañistas Christian Vitry, Emilio González Turu, Adrián Gandino , Sergio Cerutti, Martín Giraudo, Julieta Balza, Gerardo Casaldi, Javier Echenique, Gastón Vitry y Martin Giraudo, realizaron una aventura inolvidable en el “lugar donde muere el sol”, ascendiendo a 6461 m.s.n.m. de altura. En este relato, Adrián Gandino nos cuenta la expedición. Nota de la revista Andar Extremo n°45

Por Adrián Gandino

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El volcán Antofalla es el tercero más alto entre los volcanes activos del planeta. Es un macizo imponente, conformado por tres cumbres alineadas de oeste a este, que invitan al desafío. Se localiza en el Departamento de Antofagasta de la Sierra, en Catamarca. La cumbre principal ofrece las vistas más maravillosas de la cordillera. El clima de la zona es el típico de la Puna: 100 mm anuales de precipitación, con gran amplitud térmica. Es difícil obtener agua potable. Sus vientos son fuertes y constantes, y los inviernos extremadamente fríos.
La expedición al volcán y sus cumbres realizada por montañistas cordobeses y salteños, es una muestra de la esencia del montañismo, fusión de: amistad, camaradería, respeto, exploración, autosuficiencia y sacrificio.
En estos tiempos donde el montañismo se lo concibe como una actividad más comercial que amateur, y donde hay circuitos casi cerrado de unas pocas montañas, es donde cobra perspectiva las ascensiones a lugares poco conocidos e incluso con cumbres vírgenes. En Argentina existe una cordillera de 4000 kilómetros, sin embargo éste no es un deporte popular y tiene relativamente pocos adeptos.
La expedición logró hacer 7 cumbres de las cuales 4 eran vírgenes y 2 superiores a 6.000 metros de altura, lo que produjo una enorme satisfacción.

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El sábado 7 de enero cada integrante de la expedición viajó a Salta, dado que por la dispersión de los lugares de residencia, acordamos encontrarnos allí. El resto de la jornada se usó para ultimar detalles, estudiar mapas, revisar características de la ruta y hacer compras de alimentos. La amistad montañera se hizo presente y unas buenas empanadas con cerveza incluida, cerraron ese magnífico día.
El domingo, preparamos las camionetas. Contamos con 3 vehículos para realizar el complicado acercamiento al volcán. Dadas las distancias que cubrimos y lo difícil del terreno, tomamos todas las precauciones necesarias, entre ellas, alistar los bidones de combustible de reserva y los más de 100 litros de agua potable porque una de las mayores dificultades era la provisión de agua en el campo base. Realizamos un inventario final y se revisó el cronograma para los siguientes días.
Promediando la mañana, comenzamos esta gran aventura. Partimos, y el corazón empezó a disfrutar de los hermosos paisajes que brindaba esta magnífica provincia. El destino fue San Antonio de los Cobres, a 160 kms de Salta.
Subimos de manera constante hasta alcanzar el punto más alto con una altura máxima de 4.080 metros: Abra Blanca. Nos alojamos en el Polideportivo municipal, y fuimos bien recibidos por el gran amigo Jaime Soriano. Estuvimos a 3600 msnm. Al día siguiente, y luego de un buen desayuno, salimos hacia Tolar Grande, localidad a 210 km. Cruzamos Olacapato, Salar de Pocitos y el Desierto del Diablo. Visitamos “Ojos de Mar”, pequeñas lagunas de aguas turquesas en medio del Salar de Arizaro. A distancia, se divisó el Cerro Macón, y en el horizonte , el imponente Lllullaillaco de 6739 mts.

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Estuvimos en el corazón de la Puna Salteña, a 3500 mts de altura y nuestra intención fue realizar un correcto trabajo de aclimatación, subiendo de manera paulatina a fin de conseguir el estado físico para afrontar la altura del coloso andino. Nos alojamos en la hostería municipal y, por la noche, el cielo regaló millones de estrellas. Nos despertamos temprano. El buen ánimo reinó. Reaprovisionamos combustible y partimos hacia “Antofalla”.
Nos adentramos en el Salar de Arizaro y a los 90 km nos topamos con otra maravilla de la Puna: el Cono de Arita. Esta formación es una rareza que sobresale en este paisaje, con sus 200 m de altura. Transcurridos 75 km, enmarcados en entornos de ensueño, llegamos por fin a Antofalla, “…el pueblo donde muere el sol…”, al pie del volcán. Aproximadamente vivían 45 personas en comunión con el entorno y con sus cabras, llamas y ovejas. Poseía un puesto sanitario, comisaria y escuela, la cual funcionaba de septiembre a mayo debido al duro clima invernal. Gente amable, sencilla, de corazón. Dio gusto compartir momentos con ellos. Por la noche, paz infinita.

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Amaneció y salimos temprano. Buscamos un lugar para acampar cercano a las 4200 m. Estuvimos 3 días sobre los 3500 ms en promedio y fue preciso incrementar la altura para facilitar la aclimatación. Dejamos Antofalla y el camino subió de manera constante. El caserío fue quedando abajo, perdido en esa inmensidad.
A las 14 hs llegamos a un puesto de montaña abandonado, un caserío y pircas destruidas nos sirvió de resguardo para armar nuestro primer campamento de aproximación a “Pircas Caídas” a 4150 m. Armamos la carpa comedor, preparamos el almuerzo y luego, en grupos, se realizaron distintas caminatas a pequeños cerros cercanos con el objetivo de forzar el cuerpo a la altura. Al atardecer nos deleitamos con una interminable gama de colores que pintaban el cielo de fuego y nos empujaban a la reflexión.
A la mañana siguiente, levantamos campamento y un par de horas después, establecimos el campo de acercamiento N°2 “Arenal” a los 4650 m. El camino se volvió huella y exigió pericia y paciencia en el manejo para ganar altura. Salimos y se logró el primer ascenso al “Cerro Negro“ de 4905 ms. Fue una alegría muy grande para todos compartir una cumbre…fue un regalo que disfrutamos unidos en un abrazo. Dejamos los testimonios de rigor y bajamos. Qué lindo fue desandar el camino con amigos que te regaló la montaña.
El viernes 13 fue el último tramo de acercamiento, rumbo al campo base del volcán Antofalla. El trabajo realizado dio sus frutos. Tras algunas horas de marcha, llegamos al campamento base a 5070 m de altura, teniendo frente a nosotros el imponente volcán. Armamos la carpa domo, y bajamos el equipo, la comida y varios bidones de agua para abastecernos por un par de días. El clima acompañó agradable y sin viento. Mateamos. Por la tarde, recorrimos. Javier y Gerardo realizaron el segundo ascenso del “Colorado del Antofalla” de 5775 m rescatando de su cumbre el testimonio de Cristian, quién había realizado la primera ascensión. Adrián, Emilio y Martín lograron cumbre de 5450 ms.

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Este cerro no registraba ascensos conocidos ni testimonios presentes, tampoco ninguna apacheta cumbrera por lo que de común acuerdo se decidió “bautizar” al mismo como “Cumbre Gringo Cerutti” en homenaje al amigo y maestro Sergio Cerutti, por tantos años comunicando y enseñando el amor hacia las montañas. Todos los que participamos de esta expedición, fuimos acompañados en nuestros inicios por el “Cacique” Cerruti. El Gringo logró tener su montaña…Hacia el fin de la tarde, nubes prominentes se ubicaron en el horizonte. Algunas se acompañaron con descargas eléctricas. El atardecer nos sorprendió a todos con su paleta de colores naranjas y ocres. Aprovechamos la última luz para cocinar. Al otro día realizamos un porteo de equipo al campamento de altura y de esa forma reconocimos el acceso y las posibles rutas de ataque a las distintas cumbres.
Amaneció y el día se mostró perfecto. Preparamos el desayuno y tiempo después, las mochilas. El porteo lo intentamos hacer hasta los 5700 ms donde pensábamos que era ideal para un campo de altura, aunque no sabíamos si el lugar estaría muy expuesto a los vientos.
Ya cargados, salimos 7 personas. El Cacique Cerutti y Gerardo nos aguardaron en el campo base. Era fundamental para todo grupo, tener a alguien que vele por el resto, dispuesto a ayudar cuando sea necesario.

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El color de los cerros cambiaba a cada paso, los paisajes se alternaron en forma y tonalidad. Avanzamos por una quebrada bien marcada que ganaba altura de manera sostenida. Teníamos la esperanza de poder encontrar agua, alguna vertiente que nos sea útil para poder disponer de líquido en el campamento alto. A las 15hs llegamos a los 5700 ms y encontramos un buen lugar para acampar. Un tema no menor fue que no había agua para beber, ya que tenía azufre. Armamos un depósito, lo tapamos con piedras y regresamos al campo base. Llegamos al final de la tarde, cansados pero felices. El atardecer dio paso a un manto infinito de estrellas… millones de ellas nos atraparon en una noche, limpia, silenciosa, única. Un lujo para el espíritu y un recurso para el alma.
Poco tiempo después de que amaneciera, un calentador se prendió: el desayuno estaba en marcha. De a poco llegaron el resto de los compañeros para compartir una taza de café. Decidimos ir hacia el campamento Alto (5700 mts) y, al día siguiente a las cumbres del Antofalla.
Pasado el mediodía llegamos al campo de altura. Cubrimos 700 m de desnivel en poco más de 3 horas. Una vista única nos recompensó el esfuerzo! Nos dedicamos a disfrutar el paisaje, hidratar y dejar preparado el equipo. Pensamos que la partida sería a las 2:00 hs, dado que el clima comenzó a ponerse inestable en las primeras horas de la tarde.

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A las 18 hs se desató un temporal de nieve y tormenta, y nos sumergimos en las bolsas de dormir tratando de descansar. Apenas pasó la medianoche comenzamos a organizarnos. Nos cambiamos, calentamos agua… Minutos después compartimos una taza de mate cocido, luego té y algunas galletas. Frío y viento helado, pero el cielo despejado que nos auguró un hermoso día. A las 2:00 hs comenzamos el ascenso, la noche fue soñada. Alguna vez leí esta frase que en ese momento recordé: … “que dulce e íntimo orgullo se siente al dejar la comodidad y calidez de la bolsa de dormir para adentrarse en los dominios de la noche montañera…”
Los descansos se sucedieron a intervalos regulares. Sólo se escuchó el ruido de las botas, la respiración y algunas palabras de aliento. La noche sin luna nos envolvió, estábamos donde queríamos estar. Luego de varias horas de ascenso lento pero sin pausa, una suave luz asomaba en el horizonte. Remontamos la ladera siguiendo un filo imaginario que se dibujó contra unos roquedales. A pesar de ser un terreno inestable pudimos imprimir un ritmo y avanzar notoriamente. Amaneció. El sol tiñó las nubes de amarillos y rojos. Mucho viento. Fue ese momento donde el frío se sintió de verdad. No nos detuvimos, y así el cuerpo mantuvo el calor. Tomamos algo de líquido y comimos unos chocolates. Todo cobró vida lentamente, la cumbre se vislumbró cercana. Un par de horas después, el sol iluminó gran parte de la cordillera. Una pendiente inestable, sostenida y muy marcada remató sus líneas en ese punto mágico…
Nos agrupamos para hacer el asalto final y llegar todos juntos al morro cimero. El frío fue notable. El viento no calmó ni un minuto. Paso a paso, paciencia, esfuerzo compartido…levanté la vista y ya no vi piedras, la ladera había terminado, el cielo infinito fue lo único que nos envolvía. A las 08:30 hs, por fin coronamos la cumbre del volcán Antofalla a 6461 metros de altura. Con Emilio González Turú, Julieta Balza, Javier Echenique, Cristian Vitry, Gerardo Casaldi, Martin Giraudo y yo nos unimos en un abrazo interminable con emoción contenida…ya éramos viejos compañeros de tantas cumbres…

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Esta montaña tenía en su cumbre, ruinas de tiempos antiguos, una disposición de piedras en forma de círculo y en su centro un bloque con una roca alargada dispuesta verticalmente. Cristian con todo su conocimiento en la materia, después nos dio las explicaciones en detalle.
Tuvimos toda la cordillera para nosotros y nuestra vista se perdió en ese mar de cumbres lejanas y disfrutamos a manos llenas del mágico momento. Decenas de fotos, y nuestras anotaciones en los testimonios que dejamos en la cumbre pusieron punto final a la estadía en el remoto lugar de la puna.
Regresamos. La travesía integral comprendió el ascenso de las otras cumbres de ese nevado y, sin duda, el esfuerzo que quedó por delante fue mucho.
A las 10:30hs coronamos una nueva cumbre, siendo éste el primer ascenso registrado que bautizamos: “Peñas Coloradas “de 6320 mts. Bajando hacia el campamento de altura, nos detuvimos a compartir algunos alimentos. El sol iluminó toda la cordillera, el viento desapareció y el paisaje fue estremecedor. Gastón nos recibió en las carpas con mate, en tanto nosotros compartimos los momentos vividos.
Lo que restaba del día los dedicamos a descansar y planificar los ascensos. Restaban subir las cumbres Oeste (6334 mts) y Sur (6404 mts) para completar la travesía integral del volcán, es decir, pisar cada una de sus cumbres.
A las 4:00 hs, Gastón, Christian y Javier, salieron en su segundo intento para finalizar la travesía, y fue positivo. Los tres coronaron la cumbre Oeste y la bautizaron “Huamán”, dejaron el testimonio respectivo y las fotos de rigor. Descendieron, y luego Javier, en solitario, ascendió por primera vez la cumbre Sur. El extraordinario esfuerzo físico aportado tuvo su merecido premio. La travesía integral a las cumbres del Antofalla fue realizada.
Con este último hito, la expedición logró la séptima cumbre en 10 días. Una vez reunidos en el campo alto, desarmamos las carpas y comenzamos el descenso hacia el campo base y luego del abrazo interminable con el veterano Gringo Cerutti, se dio rienda suelta al festejo merecido. Restó el largo regreso a Salta por otra ruta. Las lluvias cortaron algunos lugares del camino antes recorrido, pero esa es otra historia para contar.

Cumbres
Cerro Negro 4905 mts, C°
Gringo Cerutti 5450 mts
C°Colorado de Antofalla 5777 mts
Vn.Antofalla– Cumbre Principal 6461 mts
Vn.Antofalla Cumbre Peñas Coloradas 6320 mts
Vn.Antofalla Cumbre Oeste o Huamán 6334 mts
Vn.Antofalla Cumbre Sur 6404 mts

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