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RÉCORD EN EL MAKALU, KARL EGLOFF

julio 4, 2024 — by Marcos Ferrer

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RÉCORD EN EL MAKALU, KARL EGLOFF

julio 4, 2024 — by Marcos Ferrer

El 10 de mayo de 2022, Karl Egloff y Nicolás Miranda, oriundos de Ecuador, establecieron un nuevo récord mundial en la ascensión al Cerro Makalu, que con sus 8485 msnm, se erige como la quinta cumbre más elevada de nuestro planeta. Lograron la hazaña en 17 horas y 18 minutos, realizando un ascenso continuo, sin la asistencia de oxígeno suplementario. En la suma total del tiempo de ascenso y descenso, marcaron un impresionante registro de 25 horas y 48 minutos.

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¿Cómo se gesta el récord en speed mountain de un ochomil?

El salto del récord del Aconcagua a un ochomil es considerable. Estamos hablando de que, a partir de los 7300 o 7400 metros sobre el nivel del mar (msnm), el cuerpo se debilita significativamente, y más aún a los 8000 msnm. Para nosotros, los sudamericanos, alcanzar los Himalayas representa una cuestión económica significativa y es la razón por la cual no habíamos ido antes. Junto con Nicolás Miranda, nos propusimos hace 5 años emprender esta aventura. La pandemia complicó las cosas, al igual que el apoyo de los patrocinadores. Pero llegó el 2022 y dijimos: “Es el momento, nos vamos”. Entre los 14 ochomiles, incluido el Everest, necesitábamos experiencia y considerar los costos. Decidimos elegir una de las cinco montañas más altas del mundo para ganar experiencia. El Makalu fue el elegido; creo firmemente en las coincidencias de la vida y en las energías. Tenía dos amigos montañistas que también iban al Makalu, así que nos unimos para planificar. Con Nico Miranda dijimos: “Este es el cerro”.

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¿Cómo fue llegar a los Himalayas?

Una vez en el Makalu, nos impactó la magnitud de la montaña; es colosal, y el factor altura era determinante. Aunque habíamos ascendido el Aconcagua unas 25 veces por todas las rutas posibles, lo que nos brindó mucha experiencia, enfrentarse a casi 8500 metros era un desafío enorme. Al avanzar en los campamentos de altura del 1 al 4, la montaña te hace sentir su rigor. El montañismo en una cumbre de tal altitud es muy distinto; en montañas más bajas, puedes realizar hazañas atléticas más factibles. En este tipo de montañas, no puedes fallar con la aclimatación, porque puede ser fatal. Nos adaptamos lo mejor posible, teniendo en cuenta siempre el clima, la disponibilidad de cuerdas y si el sendero estaba marcado o no. Fuimos de los primeros en llegar a la base del Makalu, lo que nos dio cierta libertad. Estábamos a mediados de abril, y las ventanas climáticas nos apremiaban, pero esto nos permitió actuar con calma y no omitir ningún paso. En los Campos 2 y 3, nos dimos cuenta de que era imposible dormir; la poca grasa corporal debido al intenso entrenamiento y las bajas temperaturas afectaban nuestro descanso. Realizamos varias rotaciones del campo 2 al 4, pero siempre dormíamos por debajo de los 7000 msnm. Sabíamos que si pasábamos noches a mayor altura, nos debilitaríamos, así que decidimos practicar nuestro estilo de montañismo: el de velocidad. Realizábamos ascensos largos desde la base al campo 4 o al campo 3. Esto sorprendía a muchos, ya que generalmente se avanza de un campamento a otro en una jornada, pero sabíamos que dormir en el campamento base era la mejor manera de conservar energías. No importaba cuánta altura habíamos ganado, el desnivel que habíamos superado o los kilómetros recorridos; lo importante al final del día era la recuperación. Así que, ¿cuánto tiempo necesitábamos para estar de nuevo fuertes? Porque el tipo de montañismo que practicamos se centra en la sustancia: puedes estar perfectamente aclimatado, pero si no te recuperas y duermes bien, te quedas sin energía. Es esencial tener un equilibrio perfecto entre una aclimatación adecuada, y diría que a veces incluso insuficiente, pero con suficiente fuerza, músculo, buen descanso y una saturación cercana al 90%. Preferimos esto a estar al 100% de aclimatación, pero agotados al momento crucial.

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¿Cómo fue el tema de los porteos en récord así?

No contratamos el servicio de sherpas; únicamente en el campamento base contábamos con todos los servicios necesarios y, a partir de ahí, cargábamos nuestro propio equipo. Sin embargo, en la base te das cuenta de lo maravillosos que son los sherpas: personas siempre dispuestas y muy atentas. A pesar de ello, realizamos la ascensión de manera autónoma. Incluso estuvimos presentes, colaborando con el transporte de material, cuando los sherpas abrieron la ruta en sus dos primeros intentos de alcanzar la cumbre. Pero claro, por encima de los 7200 metros sobre el nivel del mar (msnm), todos se conectan al oxígeno. Al continuar sin oxígeno, se corre el riesgo de no alcanzar nuestro objetivo debido al esfuerzo sobrehumano que esto implica. Por ello, decidimos abrir ruta solo hasta los 8000 msnm, descender, reposar unos días y esperar a que equiparan y abrieran camino para buscar el día idóneo para establecer el récord. Afortunadamente, todo resultó increíblemente bien.

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¿En qué momento deciden adelantarse a las demás expediciones hacia la cumbre?
La decisión se tomó por precaución ante la meteorología. Durante la aclimatación a principios de mayo, los pronósticos de varios lugares no auguraban una ventana climática favorable después del 15 de mayo. Teníamos un gran respeto por el clima, especialmente porque el año anterior ninguna expedición pudo hacer cumbre debido a la acumulación de nieve. Temíamos que la ventana se cerrara prematuramente. Así que, cuando se presentó el primer día con una temperatura aceptable entre abril y principios de mayo ( lo normal es -46 grados bajo cero en la cumbre) y considerando que sin oxígeno se es más susceptible a las congelaciones, decidimos actuar. Para ascender a un ochomil sin oxígeno se requiere un día con temperaturas alrededor de los -25 grados centígrados. Con esa temperatura, se puede considerar un día excelente. Después de mayo, podrías tener uno o dos días con temperaturas de -12 o -15 grados. Sabíamos que los primeros días de mayo no habría viento, un factor crucial. Además, el 9 de mayo, el primer grupo liderado por Adrián Ballinger junto con tres sherpas intentaría hacer cumbre. Este grupo, parte de nuestra expedición, quería alcanzar la cumbre porque Adrián deseaba descender esquiando y convertirse en la primera persona en bajar el Makalu en esquíes. Conscientes de que no habría un segundo intento, aprovechamos la oportunidad. Se presentó como un día maravilloso, que aunque cambió, nos llenamos de actitud y muchos alcanzaron la cumbre. Fue una decisión acertada intentarlo ese día.

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¿Por qué fue una de las experiencias más motivadoras que viviste en tu vida?
Desde mi infancia, he soñado con los Himalayas, inspirado por innumerables películas y documentales. Para nosotros, los montañistas, pisar esas montañas es un rito de paso, un símbolo de logro. Sabíamos que sin una hazaña significativa, el financiamiento para futuras expediciones sería inalcanzable. Por eso, la determinación de ‘meter gol’ era fuerte; queríamos hacer historia.
Con un equipo formidable, nos enfrentamos al desafío. Justo antes de la cumbre, nos topamos con el Corredor Francés, un tramo de rocas que, aunque no es técnicamente complejo, se convierte en un obstáculo formidable debido al agotamiento acumulado. A 8100 metros sobre el nivel del mar (msnm), el clima se tornó atroz, reduciendo la visibilidad a nada. Le dije a Nico: “Creo que la montaña nos está diciendo que no”. Pero él insistió: “Esperemos cinco minutos más”. Y, como si la montaña hubiera escuchado, el cielo se despejó milagrosamente, revelando una energía que nunca antes había sentido. El calor se hizo presente, y aunque eran las 14 hs, tarde para estar en un ochomil, las condiciones eran perfectas. Era el momento de darlo todo.
Nicolás me vio sacar fuerzas de la nada, avanzando como si no estuviera a 8000 msnm. Una fuerza interna me impulsaba, susurrándome: “¡Vayan hasta arriba, pero apúrense!”. Alcanzar la cumbre fue un momento de pura emoción; lloramos como niños, cumpliendo un sueño bajo un sol radiante, tan cálido que hasta pude usar mi celular, parecía un día en un 6000.

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¿Se complicó la bajada o siguió todo como lo habían planeado?
El descenso fue una odisea. El agotamiento me invadió, obligándome a sentarme y vomitar repetidamente. El montañismo de velocidad exige mucho al cuerpo, y ese día ascendimos casi 3000 metros en 25 kilómetros. Todo lo que comía, lo devolvía, consciente de la necesidad de alimentarme sin tener peso de sobra. Nicolás, siempre adelante, me motivaba constantemente. Al bajar de los 7500 msnm y salir de la zona de la muerte, la lucha se volvió mental. Fuimos los primeros en regresar al campamento base del Makalu sin dormir en ningún campamento de altura. El agotamiento era tal que me dormí con la misma ropa y no desperté hasta el día siguiente. A pesar del dolor y la hinchazón, por dentro, la felicidad era inmensa. Llamé a mi familia y, con el tiempo, comenzamos a comprender la magnitud de lo logrado: el récord, el regreso al campamento base en el mismo día, y nuestra integridad, todo fue sencillamente maravilloso.

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¿Influye en la consecución de un récord el ir acompañado de alguien tan cercano como Nicolás Miranda?
La sinergia entre nosotros es comparable a la del patinaje artístico, donde la sincronización perfecta se logra casi sin palabras, solo con la química existente. Nicolás, más allá de ser un excepcional montañista y guía, ha sido siempre un mentor para mí. Recuerdo que desde mis inicios en la montaña junto a mi padre, y luego al guiar en las montañas ecuatorianas, observaba a Nicolás en los refugios y el impresionante respeto que le profesaban. Su presencia imponía silencio. Con el tiempo, nos convertimos en grandes amigos y comenzamos a entrenar juntos. Lo que siempre he admirado en él es la tranquilidad que transmite; yo, por mi parte, soy altamente competitivo, mientras que Nico es el polo opuesto, un magneto de calma que prefiere tener todo bajo control. Somos fuego y hielo simultáneamente, y esta dualidad es esencial: dos fuegos pueden ser destructivos, y dos hielos, inmóviles. Nuestra complementariedad ha sido tal que en la cara sur del Aconcagua obtuvimos excelentes resultados, abriendo nuevas rutas y superando desafíos técnicos. Tras 16 años de conocernos, nuestra sinergia alcanzó su punto culminante en los últimos 300 metros hacia la cumbre del Makalu, donde mi fortaleza se hizo evidente y, en el descenso, fue Nicolás quien tomó la delantera. Al final, es el trabajo en equipo lo que prevalece: el más fuerte apoya al otro, y en la zona de la muerte, sin la presencia de sherpas, este montañismo casi inexistente se vuelve crucial. En la actualidad, la comercialización de la montaña hace que muchos suban con varios sherpas y oxígeno, pero nosotros, sin oxígeno y sin ayuda, no teníamos un plan B. Las decisiones correctas debían tomarse en conjunto.

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¿Qué ocurrió tras esas 25 horas y 49 minutos después del récord?
La diferencia entre hacer desnivel y kilómetros fuera y dentro de la zona de la muerte es abismal. A veces avanzas apenas 100 o 150 metros en una hora; ya no es solo un desafío físico, sino también respiratorio. Posterior al récord, las secuelas fueron intensas: agotamiento extremo, dolores de cabeza, brazos pesados, aunque las piernas se mantenían en buena forma. No era como correr un ultra o el Aconcagua a velocidad, a lo que estoy acostumbrado. La expedición fue ardua, perdiendo dos kilos de masa muscular en las piernas durante los 31 días a 6000 msnm.

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¿Y la alimentación de calidad no es suficiente para recuperarse?
La nutrición adecuada es fundamental en altitud; no puedes darte el lujo de comer cualquier cosa, ya que una intoxicación puede ser fatal. En el campamento base, contratamos un servicio completo que nos proporcionaba alimentos de calidad, como pollo y papas. Sin embargo, a esa altura, es difícil consumir la cantidad de calorías que quemas, y el apetito disminuye. A pesar de consumir chocolate o manteca, quemando unas 6000 calorías diarias o más, es imposible ingerir lo suficiente. Por ello, la suplementación con proteínas y líquidos nutritivos es vital, aunque la pérdida de peso es inevitable. Es crucial no olvidar la importancia de las proteínas; puedes llenarte de carbohidratos, pero sin proteínas, no hay fuerza muscular. Analizamos el récord meticulosamente, tanto antes como después, planificando cada paso y cada comida. Aunque no logramos mantener el ritmo deseado a los 8000 m, demorándonos el doble, el intento era crucial para prepararnos mejor para el Everest.

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¿Fueron cautelosos con la elección de la indumentaria?
Nuestro enfoque en el montañismo es ser versátiles, ágiles y rápidos. A diferencia de escalar un Cotopaxi u otra montaña, donde el tiempo de ascenso se mide en minutos u horas, en esta ocasión enfrentábamos la incertidumbre del tiempo que nos llevaría. Además, ante la posibilidad de contratiempos, no sabíamos si necesitaríamos pasar una noche adicional en un campamento de altura, lo que requeriría ropa adecuada para soportar temperaturas de hasta -30 grados. En montañas de gran envergadura, con cuerdas fijas, es común perder equipo como un mitón o un bastón en cualquier maniobra; como guías, estamos acostumbrados a llevar equipo extra para nuestros clientes. En esta expedición, perdí un bastón, un mosquetón y un mitón, lo cual es normal cuando estás enfocado en el tiempo y el cansancio afecta tus movimientos. Fuimos conservadores en lo esencial, llevando solo la indumentaria necesaria e hidratación. La rehidratación también fue crucial, teniendo que rellenar botellas en condiciones donde todo se congela, obligándonos a llevar geles cerca del cuerpo para evitar su congelación. La preparación y aclimatación son clave, pero no hay que temerle excesivamente a la ‘zona de la muerte’ si se está bien aclimatado. Para el Everest, es esencial una buena aclimatación, pasando algunas noches en la cima del Aconcagua o del Chimborazo, lo que nos permite estar cerca de casa y evitar llegar con demasiada antelación a los Himalayas.

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¿Recogieron todo el material de los campamentos de altura o tuvieron que subir después para bajarlo?
Al pasar por los campamentos de altura, dejamos comida y vestimenta. En el Campamento 2, teníamos provisiones para cinco días, cargadores, linternas y guantes, aunque nunca llegamos a dormir allí. Durante el ascenso, nuestros compatriotas Carla Pérez y Esteban Mena nos asistieron con una sopa revitalizante, pero ese día carecíamos de fuerzas para desmontar o cargar equipo. Cuatro días después, subimos con algunos sherpas para recoger todo el material.

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Con tantos récords ya en tu haber, ¿cómo continúa tu trayectoria?
Lo que he logrado hasta ahora es de gran importancia, pero tras la pandemia, muchos patrocinadores se retiraron. Por ello, invertimos todos nuestros ahorros para ir al Makalu, incluso vendiendo camisetas y gorras para financiar el viaje. Lo que sigue es la culminación de mi proyecto Seven Summit, que realizo en solitario, aunque Nicolás se encarga de la seguridad. Comenzamos con el Kilimanjaro, seguido por el recordado récord del Aconcagua, luego el Elbrus y el Denali. Los tres restantes, la Pirámide de Carstensz, el Vinson y, por supuesto, el Everest, representan un costo cercano a los 200.000 dólares, lo que requiere financiamiento significativo. Esta cumbre abre puertas, especialmente en el extranjero, ya que en Latinoamérica el apoyo es limitado. Es crucial continuar, la gente conoce nuestro trabajo y esperamos que se materialice no solo por nosotros, sino por todos aquellos que se ven reflejados en nuestras acciones. Aunque ya hemos escalado muchas montañas, siento que esto es solo el comienzo. Espero poder escalar el Everest y el K2 y completar los Seven Summit junto a Nico, lo que sería de gran ayuda. He decidido dejar de competir en trail running para enfocarme completamente en la montaña. Con dos hijos y a mis 43 años, las cosas no son como cuando tenía 20; quiero dedicar mi mente y mi cuerpo al 100% para alcanzar mi mejor versión.

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¿Tuvo mucha repercusión mundial este récord?
El eco de este logro ha resonado más allá de nuestras expectativas, atrayendo la atención de personas en Europa y Estados Unidos que anteriormente no nos habían considerado. Aunque el proceso con los patrocinadores lleva su tiempo, este récord ha marcado un gran avance con la empresa que me representa, abriendo puertas a nuevas oportunidades. He recibido invitaciones para participar en tres festivales de cine de montaña en España, Eslovaquia y Bulgaria. Mi filosofía siempre ha sido apreciar lo que tengo en lugar de lamentar lo que me falta, y eso ha resultado ser de un valor incalculable. Al adentrarme en el núcleo de los Himalayas, descubrí un mundo diferente: aquellos rostros que antes solo veía en revistas o documentales se convirtieron en compañeros tangibles en los campamentos base, personas reales con las que rápidamente formamos una comunidad. Kilian, en particular, mostró un gran interés en este récord.