Carreras de aventura

MAX RACE RESERVA EL DESTINO, UN DESPERTAR DE SENTIDOS

abril 27, 2016 — by Andar Extremo0

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Carreras de aventura

MAX RACE RESERVA EL DESTINO, UN DESPERTAR DE SENTIDOS

abril 27, 2016 — by Andar Extremo0

Mágica, atrapante y sorprendente la Reserva el Destino de la Fundación Elsa Shaw de Pearson, no deja de hipnotizar a los cientos de corredores que cada año despliegan sus cuerpos por ese suelo y hacen de la Max Race una carrera de aventura que roza lo fantástico por la diversidad de escenarios.

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“Ese despertar de sentidos” que expreso Fabi Cotignola Bruno, una corredora que luego de su experiencia en la Max, sintetiza el conglomerado de sensaciones de competidores, organizadores, acompañantes y lugareños que se unen cada año a experimentar los caminos de este exuberante edén que es la Reserva el Destino.
Sus senderos boscosos, esa humedad que se instala para dar vida a especies de hongos y líquenes y demás plantas, cautivan la mirada de la reciente largada de medio millar de corredores que desde el principio buscan ese sexto sentido.
Rápidamente un canal de agua fría distrae los músculos en un coastering con mucha vegetación, los más experimentados corren en punta y los más nuevos se adaptan en búsqueda de las cintas naranjas, que los lleva intrépidamente a cruzar más de una vez ese lecho de agua fría.

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Cuando el cuerpo se empieza a acomodar, los frondosos bosques de talas hacen zigzaguear las piernas y en más de una ocasión correr agachados es una obligación, los sonidos de la reserva se hacen sentir y los grandes pájaros despliegan las alas en el arroyo Juan Blanco tomando distancia de las remeras azules con vivos naranjas. Un pajarito nos contó, que se escuchó decir, que este lugar no tiene nada que envidiarle a los bosques del sur.
Ya parecía que esto se ponía bravo, tanta agua caída en los últimos 20 días que la zona de pajonales está anegada, y la corrida se hace lenta, mucho verde por todos lados y las piernas que se empantanan en el fango. Cuando el cuerpo no daba más por allá atrás entre las ramas se asoma el majestuoso Río de La Plata. Y como dijo Marcelo Tucuna: “La aventura puede estar en el lugar menos pensado puede sorprenderte acá nomás, ni siquiera te tenés que ir arriba de un Cerro para sentir. El Río de La Plata, ese lugar inhóspito, toda esa agua del Mar Dulce atacando la costa, el raizal del la selva Paranaense, los canales que desembocan en el río casi unas trampas mortales, y esos bosques….de sueños de otoño, todo en este paraíso botánico que es la Reserva , la Max Race 2016, dejo todo esto. Difícil sentir algo igual.”

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La Reserva es tan cambiante que ningún año es igual a otro, en esta edición el río estaba crecido y los corredores tienen que andar por el pasto lleno de raíces y desniveles en la vera del río. Paisaje increíble y encantador, las piernas se deslizan por una grama cortita de un lado vegetación tupida y del otro el interminable Río de la Plata que si bien te da aire, el suelo te saca piernas. Como dijo Titi Riccio: “Carrerón!!! Una competencia quita penas, te saca todo lo que cargas y te sobra. Feliz de haber participado”
El río quedo atrás y de nuevo los pajonales le dan la bienvenida a la marea de remeras azules, fueron cerca de 500 metros intransitables, mínimo el agua por los gemelos. Las caras de cansancio se mezclaban con las sonrisas en un mix de sensaciones, la fatiga y la acumulación de kilómetros no dejaban ocultar el volver a ser niños a chapotear, embarrarse y jugar en los senderos. ¿Será que abandonamos tanto la naturaleza que volvemos a sentir sensaciones indescriptibles?
Mientras pensaba, los bosques de talas depositaron el sendero en un canal seco encajonado, un camino ancho y sin vegetación que daba la posibilidad de estirar las piernas para dar un poco más de velocidad.

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Los senderos de la reserva nuevamente, un canal con un poco de agua y los últimos 2 kilómetros en un bosque bien cerrado en donde parece sacado de la antigua película proyecto Blair Witch, donde la mente se pierde en esas ramas retorcidas de talas y las piernas batallan el camino laberíntico hasta el final.
Mientras Virginia Garaventa decía “Esta fue mi primera carrera de aventura, nunca imaginé algo igual, te la cuentan… pero vivir y sentirla fue lo Max. Increíble, fueron los 12 km más divertidos, definitivamente ésta carrera marcó un antes y un después en mi vida, porque ahora quiero maaaaaas!!! Ansiosa por otra Max Race. Felicitaciones a la organización, impecable!”, el recorrido de 21 km volvía a enfrentarse a la margen del río y luego a un camino de ripio para desembocar de nuevo en la Reserva y así terminar el recorrido.

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La bici y el Kayak también estuvieron duros, la bici empezó trabada ala vera del río y luego pudieron desarrollar velocidad en los 38 kilómetros que los separaba de la llegada por caminos rurales. Mientras que los 5 km en kayak al estar el río con viento sur sur este, fue movidito.
El domingo gris con toques de sol se fue diluyendo y la reserva quedó en silencio nuevamente, 13 largos años habían pasado desde la primera edición trece largos años de no parar de sorprendernos. Gracias Reserva El Destino Fundación Elsa Shaw de Pearson.

Marcos Ferrer texto y fotos

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