AguaExploracionKayak

Martín Carosso, Primer Argentino en cruzar el océano Atlántico a remo

enero 5, 2026 — by Andar Extremo

main

AguaExploracionKayak

Martín Carosso, Primer Argentino en cruzar el océano Atlántico a remo

enero 5, 2026 — by Andar Extremo

Martín fue el único argentino en formar parte de la Roxy Atlantic Expedition donde 10 remeros (siete británicos, de los cuales dos eran mujeres, un irlandés del norte, un americano) se animaron a cruzar en 48 días desde Tenerife, en las Islas Canarias a Isla Antigua, en el Caribe el oceano. Fueron 4.800 kilómetros desde el 1º de diciembre de 2024, al 17 de enero de 2025 los que convirtieron a Martín en el primer argentino en cruzar el océano a remo y el octavo sudamericano.

Entrevista por Andar Extremo a Martín Carosso fotos Roxy Atlantic Expedition

primerargentinoencruzareloceanoaremomartincarosso1

¿Cómo te involucrás con el remo en tu vida?
Arranca desde muy chico, por ser muy inquieto y tener siempre ganas de hacer cosas nuevas. Fui explorando distintos deportes hasta llegar al remo. Empecé a remar alrededor de los 17 años, medio grande, mientras estudiaba el profesorado de Educación Física. Luego de remar cinco o seis años y terminar la facultad, me dediqué a ser entrenador de remo de travesía y olímpico.
Esto nace en una regata de remo a la que fuimos en Inglaterra: la “Henley Royal Regatta”, la regata más importante del mundo a nivel clubes. Allí me crucé con una embarcación de remo oceánico en una exhibición. Me llamó la atención y empecé a averiguar de qué se trataba. Con el correr del tiempo, junto a dos amigos, Gonzalo y Lucas, quisimos arrancar un proyecto para la construcción nacional de una embarcación de remo oceánico. Lo hicimos con un ingeniero naval, Roberto Rovere, y también tuvimos reuniones con Juan Pablo Pallarots, con el objetivo de traer ese producto a Sudamérica y al Atlántico Sur.
Estuvimos tres años detrás del proyecto, pero vimos que era engorroso gestionar la fabricación acá, así que empezamos a mirar afuera y a investigar quiénes eran los mejores en el desarrollo de este tipo de embarcaciones. Más allá de que los conocíamos por redes, empezamos a interiorizarnos más en la empresa Rannoch Adventure (www.rannochadventure.com), la número uno del mundo en construcción y desarrollo de embarcaciones de remo oceánico. Ellos abastecen a la Talisker Whisky Atlantic Challenge, la regata más importante en el cruce de océanos a remo, tanto el Atlántico como el Pacífico.
Como viajaba bastante a Europa por el tema del remo, empecé a profundizar más y fui a conocer la fábrica. Tuve una reunión con el dueño y allí me subí a un bote de remo oceánico por primera vez. Y fue ahí donde decidí postularme para cruzar el Atlántico a remo y organizarme para hacer un viaje de esa magnitud.

primerargentinoencruzareloceanoaremomartincarosso2

A diferencia de los cruces en solitario y de las embarcaciones para una persona, ¿cómo es una embarcación para 10 personas que van a estar tanto tiempo conviviendo allí?
Hay variantes. Imagináte que a la cubierta de una embarcación en solitario se le suman cuatro posiciones más de remo. Luego, tanto en la popa como en la proa, hay cubiertas techadas donde pueden dormir cuatro personas en cada una.
Esta embarcación mide 12 metros de largo por 1,9 metros de ancho; para dimensionarlo, entra perfecto en un container. Las cabinas tienen una longitud de 2 metros, y en ellas dormíamos de a tres. La capacidad total del bote era para doce personas, pero viajamos diez. Nos organizamos en dos grupos iguales: cinco remaban mientras los otros cinco descansaban.
En una cabina había un equipo de seis, y en la otra uno de cuatro. De la cabina de seis salían tres a remar, y de la de cuatro salían dos, mientras los compañeros descansaban. Así se iban rotando los turnos, que eran de tres horas de remo por tres horas de descanso. Así durante los 48 días.

primerargentinoencruzareloceanoaremomartincarosso3

Al ser tanta la gente que viaja, ¿se realiza alguna pericia psicológica?
No todo el mundo tiene acceso a la información sobre estos viajes, por lo que el número de inscriptos se reduce y eso ya funciona como un filtro. Uno se inscribe con un año de anticipación, debe presentar un currículum y contar con cierta experiencia en actividades deportivas que avalen o certifiquen que está apto.
De los diez que íbamos, había de todo: hombres y mujeres de distintas edades, personas de 64 años, personas que nunca habían remado. Era tan heterogéneo el grupo que se generaba una incertidumbre sobre cómo iba a funcionar. Éramos ocho británicos, un estadounidense y yo.

primerargentinoencruzareloceanoaremomartincarosso4

¿Cómo es remar en una embarcación así?
Las palas son muy similares a las de remo largo en cuanto a dimensión, peso y palanca. Miden unos 2,8 metros, están hechas de fibra, y el puño es de una madera liviana. Se trata del diseño conocido como “forma Macomb”, que se abre de manera simétrica y permite una pasada más suave, especialmente porque la embarcación suele ser más pesada.
Íbamos, por supuesto, con las corrientes y los vientos a favor, pero más allá de eso, cuando el viento rota apenas unos grados, se siente muchísimo. Si te agarra una ola y la surfeás, podés ir a 10 nudos; si no, vas a 3, a 2, a 1… y a veces directamente no avanzábamos. Aunque tengas corriente y aire a favor, si no remás, se nota el estancamiento.

DCIMCamera01IMG_20250116_215254_00_062.ins
DCIMCamera01IMG_20250116_215254_00_062.ins

¿Qué y cuántas cosas podés llevar en la embarcación?
Antes de zarpar, hicimos un entrenamiento previo en Tenerife durante una semana con toda la tripulación. Fue el momento en que nos conocimos, remamos juntos, hicimos un curso de primeros auxilios, navegación nocturna y uso de sistemas satelitales.
Cada integrante tenía permitido llevar una mochila de 20 litros waterproof, una de 10 litros y otra de 3 litros para utensilios de uso rápido. En ellas se distribuía la indumentaria esencial: una remera, una térmica, una calza, y la ropa técnica, que incluía un buen enterito y una campera de offshore. La organización “Roxy Rowing Expeditions” nos entregó una remera, una térmica y un polar como parte del equipo. Como toque personal, me llevé un paquete de gomitas para tener algo especial en Navidad y Año Nuevo, y medio kilo de yerba mate. Nada más. Era lo mínimo indispensable, lo más liviano posible.

primerargentinoencruzareloceanoaremomartincarosso6

¿Y cómo es la organización con respecto a la comida?
El ticket de la expedición, una vez que te subís al bote, contempla la comida de principio a fin. Es muy variada y nutritiva: todo está deshidratado, desde lo salado hasta lo dulce. Hay mucha variedad y cantidad; creo que con lo que sobró se podría haber hecho la expedición de nuevo.
Teníamos desde el menú principal hasta el postre: mousse de chocolate, arroz con leche con frutillas, snacks de frutos secos y golosinas. Siempre muy completo.
Para beber, había té, café y agua potable, que obteníamos mediante desalinizadores alimentados por una bomba de energía solar. Contábamos con tres compartimientos de baterías que se cargaban con paneles solares, y esa bomba presurizadora tomaba agua del océano y, mediante presión, la desalinizaba y potabilizaba de forma impresionante.
En caso de falla, teníamos desalinizadores manuales como respaldo.

primerargentinoencruzareloceanoaremomartincarosso7

¿Cómo fue la partida desde Tenerife?
Todo comenzó la noche previa, con muchos mensajes, llamadas con familiares y amigos, y también mucha escritura. Esa última noche la pasé en el hotel: me comí una lasaña, descansé bárbaro, y el disfrute era tal que me sentía completamente pleno.
Hasta el último momento antes de partir estuve en contacto con mi familia, con Bely, mi mujer. Me acompañaron todo el tiempo, y les transmití que, pasara lo que pasara, yo ya era el hombre más feliz del mundo por estar cumpliendo ese sueño.
Y una vez que zarpamos, ver cómo se iba alejando la costa del puerto de San Miguel de Marina Amarilla, en Tenerife, fue muy emocionante. Desde allí, la meta era el puerto de Falmouth, en Antigua. Por suerte, me tocó remar desde el inicio y pude vivir la experiencia desde el primer momento.

No hay que perder los sueños. Que se animen a vivirlos, que se animen a disfrutarlos, que se animen a transitarlos, que se animen a elegir. Y que todos los días pongan un granito de arena para que eso se cumpla

¿Mientras rema la mitad de la tripulación, qué hacen los otros?
Te dan charla, descansan, te alcanzan alguna bebida. Pero pensá que tenés tres horas, y generalmente se aprovechaban para descansar. Lo bueno es que tanto quienes remaban como quienes descansaban siempre se brindaban al otro, y eso generaba un entorno seguro, incluso estando en medio de la nada.

primerargentinoencruzareloceanoaremomartincarosso8

¿Cuál era el procedimiento cuando el mar se ponía bravo?
Tuvimos varias tormentas, algunas bastante complicadas, tanto de noche como de día. La realidad es que se rema hasta que el bote deja de avanzar. Todo el tiempo estamos controlados por un display que nos indica si estamos en movimiento o quietos.
Cuando el bote se detenía, se lanzaba el paraancla y quienes estaban remando podían relajarse. Pocas veces estuvimos los diez dentro de las cabinas, pero cuando el mar se ponía muy picante, adentro también rebotabas contra las paredes.
Y si no, te quedabas afuera atado. Pensá que había canopis longitudinales —arriba, abajo y a los costados— y uno se agarraba a esas líneas de vida, rebotando afuera mientras el mar hacía lo suyo.

primerargentinoencruzareloceanoaremomartincarosso9

¿Se hizo tedioso el viaje en algún momento?
La verdad, nunca me pregunté “¿qué hago acá?”, porque todo el tiempo estaba en un disfrute total. Era como estar en otro planeta, realmente. Como si estuvieras en una película, en un barco pirata a punto de darse vuelta… y que la película cambie por completo.
Pero estás ahí, en el baile, y fue espectacular.
En los momentos difíciles, como cuando venía una tormenta, había que atar todo, cerrar la compuerta para que no entrara agua al bote, y estar preparado para lo que viniera.

primerargentinoencruzareloceanoaremomartincarosso10

¿Al ser tanta gente y tantos días juntos, el ambiente se tensionó en algún momento?
Y sí, pasa de todo. Convivimos diez personas en apenas 24 metros cuadrados, así que con el tiempo, entre el cansancio, las conductas y las distintas formas de ser, siempre hay algún roce. Hay uno que se queja más, otro menos, uno que le pone onda, otro que rema más o menos… pero más allá de algún cruce, no pasó nada grave.

Amir Klink, el primer sudamericano en cruzar el Atlántico a remo en 1984, desde Namibia hasta Salvador de Bahía, Brasil. Fueron 6.000 km sin comunicación ni GPS. Después escribió el libro 100 días entre el cielo y el mar

¿Qué fue lo más alucinante que te pasó en los 48 días en el océano?
La sensación de sentirse tan chiquito y tan grande al mismo tiempo. Tan chiquito por estar en medio de la nada, y tan eufórico por estar haciendo algo tan groso. Estás en el medio de la nada, con seis kilómetros de mar bajo tus pies, y cuando lo ves en el display, estás más cerca de una estación espacial que de cualquier persona en tierra firme.
Esa es la sensación, más allá del contexto natural, que es único. Estás todo el tiempo en el mismo lugar, pero siempre cambia: sopla medio nudo más y el día es distinto, cambian las nubes y tenés otro paisaje de atardecer o amanecer. Pasamos por dos ciclos de luna llena y uno de luna nueva.
Todo el tiempo estás dentro de un cuento: los colores, las sensaciones, el viento, la lluvia, el calor, el frío… todo eso te lo llevás para siempre.

primerargentinoencruzareloceanoaremomartincarosso11

¿Tuvieron contacto con animales?
Sí, tuvimos encuentros interesantes y raros. En varias oportunidades, delfines se acercaban a la embarcación, tanto de día como de noche. También vimos peces voladores que salían del agua y se metían de nuevo; alguno incluso cayó dentro del bote.
Ver aves a 2.000 kilómetros de tierra firme fue impresionante. Y lo más icónico ocurrió semanas después de haber llegado: Brian, uno de los chicos de la tripulación, tenía una cámara 360, y en las filmaciones apareció una ballena… o algún bicho grande. Fue increíble.

¿Cuál fue la sensación al ver tierra después de tanto tiempo?
Fue alucinante. Estuvimos esperando ese momento durante mucho tiempo: fueron 48 días, siete semanas. Al principio viajamos bien, pero hacia el final todo cambió. En un momento faltaban diez días, y al día siguiente el cálculo marcaba doce… quedamos como estancados.
Al ver tierra, empezamos a hacer cálculos finos: velocidad, clima, turnos de remada. Brian empezó a decir “el 17”, y así fue.
Cuando estás lejos, lo primero que ves es el relieve. Y al acercarnos, empezamos a ver verde. Fue una mezcla de alivio y melancolía, porque el viaje se estaba terminando.

primerargentinoencruzareloceanoaremomartincarosso12

¿Llegaron al punto que habían planificado?
Sí, llegamos a Falmouth, en la isla Antigua, el día 17 a las 23 horas. Llegamos remando, y nos esperaban familiares y amigos de toda la tripulación. La llegada fue muy emotiva: armar la historia de cada uno y vernos en tierra fue algo muy fuerte.
Como llegamos de noche, el acceso a Falmouth era complicado, pero convencimos a todos para entrar a esa hora. Con la ayuda de Dave —tripulante y piloto de la marina británica— pudimos sortear las boyas y arribar sin problemas.

¿A esa altura sabías que eras el primer argentino en cruzar el océano a remo?
No lo sabía con certeza. Me enteré que hubo intentos previos de dos personas que no lo lograron. Después, un chico de Mar del Plata y otro de Rosario intentaron dos veces, pero por distintas razones no pudieron completar la travesía. Creo que uno se llamaba Daniel y estuvo solo doce días en el agua.
En principio, ese era mi objetivo. Y cuando fui llegando, tuve conexión durante los últimos doce días con un Starlink medio rudimentario, como de los años 90. Bely investigó en una página y, tras chequear los datos, confirmaron que era el primer argentino en lograrlo.
También me enteré de Amir Klink, el primer estadounidense en cruzar el Atlántico a remo en 1984, desde Namibia hasta Salvador de Bahía, Brasil. Fueron 6.000 km sin comunicación ni GPS. Después escribió el libro 100 días entre el cielo y el mar.

¿Se cruzaron con alguna embarcación grande durante esos 48 días?
Sí, nos cruzamos con varias. Desde transportes de contenedores gigantes —vacíos y cargados— tanto de cerca como de lejos. Era como estar en una película: lo veías en el radar, te comunicabas con el capitán, lo ibas siguiendo y podías pasar horas observándolo. También nos cruzamos con un crucero lleno de luces, que se convirtió en la anécdota del día. Y tuvimos una experiencia muy linda tres días antes de llegar: se cruzó un catamarán gigante, con un mástil de 20 metros, tripulado por una familia. Al principio lo vimos por el radar, hablamos con el capitán, le contamos que éramos una embarcación de remo oceánico, y nos dijo que también iba rumbo a Antigua. Así que pasaron a saludarnos. Después de 45 días, ver gente fuera del bote fue muy emocionante.

¿Cuál es tu próxima aventura?
Tengo ganas de hacer de todo. Todos los fines de semana me engancho con alguna actividad: correr, nadar o andar en bici. La verdad es que este año tengo un calendario muy lindo. Me gustaría hacer un par de triatlones, y estoy muy interesado en subir al Aconcagua dentro de poco. A futuro, quiero participar en la carrera de bicicleta que se hace en Marruecos, las Mil Millas del Yukón —que se recorren en kayak desde Alaska hasta Canadá— y los 8 Volcanes en Puerto Rico. Y en lo que respecta al remo oceánico, tengo un proyecto muy lindo: quiero trabajar para traer esta disciplina a Sudamérica.