Montañismo

Matías Marín, Comunismo y Korzhenevskaya, siete miles en Tayikistán

enero 3, 2026 — by Andar Extremo

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Montañismo

Matías Marín, Comunismo y Korzhenevskaya, siete miles en Tayikistán

enero 3, 2026 — by Andar Extremo

Matías Marín y Claudio Erlich realizaron una expedición en Tayikistán (ex URSS), ascendiendo al Comunismo (7.495 m) y al Korzhenevskaya (7.105 m), ambos integrantes del circuito “Leopardo de las Nieves”, que agrupa cinco cumbres superiores a los 7.000 metros en la cordillera del Pamir

Entrevista a Matías Marín por Andar Extremo, Fotos Matías Marín

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¿Cómo se te ocurre ir a Tayikistán, ex URSS? ¿Y cómo se accede a la cordillera del Pamir, que no es tan comercial como los Himalayas?
Creo que llegamos a esa opción como una alternativa. Ahora es invierno para nosotros y verano allá, y como nuestras vacaciones suelen ser en montaña, decidimos ir con Claudio Erlich. Era algo no tan difícil de organizar, fuera del circuito de los ochomiles, y apuntamos a los sietemiles.
Es el circuito del Leopardo de las Nieves en la cordillera del Pamir, en Asia. En realidad, todos estos países eran parte de la ex Unión Soviética. En los años setenta, el gobierno soviético estableció este desafío como un trofeo: si lograbas ascender los cuatro sietemiles más altos, obtenías el reconocimiento. A partir de los años noventa, el circuito pasó a incluir cinco cumbres.
Es un circuito comercial, al igual que los 14 ochomiles o el Seven Summit, pero tiene particularidades. No hay mucha organización, o al menos no la que nosotros quisiéramos o a la que estamos acostumbrados. Hay un refugio, un servicio de campamento base, y después… a sobrevivir. Como ocurrió con la chica rusa, en una situación de rescate que terminó siendo abortada.
Una de las características de esa cordillera es el mal clima, lo que complica todo. Es una cordillera muy fría, y encima no hay otro acceso que en helicóptero hasta el campamento base. Los helicópteros disponibles son gigantes, muy antiguos, de origen militar, y no vuelan tan alto.
Y además está todo el tema de los seguros, que son clave si llegara a pasar algo y necesitás ser rescatado.

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Una de las características de esa cordillera es el mal clima, lo que complica todo. Es una cordillera muy fría, y encima no hay otro acceso que en helicóptero

Entonces, ¿solo se accede en helicóptero? ¿Desde dónde te recoge y cuánto tarda en llegar al campamento base?
Nosotros viajamos a la capital de Tayikistán, Dushanbe, una típica ciudad soviética antigua, aunque con muchas cosas nuevas, como un parque automotor eléctrico. Desde allí tenés unas seis horas en camioneta hasta un pueblito donde hay un descampado: ese es el punto de recogida del helicóptero. En unos 25 minutos estás en el campamento base.
Cada tanto el helicóptero vuelve con provisiones o con más gente. Estamos hablando de un campamento base con poca población, ubicado a 4.300 metros de altura. Desde ahí se pueden atacar los dos picos que hicimos.
En su punto máximo de ocupación, debía haber unas 80 personas. Es un refugio rodeado de muchas carpas, y desde allí la gente va y viene según sus objetivos.

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¿O sea que todo el mundo depende del helicóptero?
Sí, absolutamente. Durante los días que estuvimos allá, hubo un caso: un hombre sufrió una contusión. No recuerdo si fue por el impacto de una roca en la cabeza o por una caída, pero el resultado fue el mismo. Y cuando tenés una contusión, te evacúan.
El helicóptero tardó unos cuatro días en llegar. Por suerte, el tipo no tuvo complicaciones graves. Pero si las hubiera tenido, estaba en riesgo real de morir. Así de crítico es el acceso: todo depende del helicóptero, y no hay margen para errores ni demoras.

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Ahora entiendo mejor lo que le pasó a esta mujer rusa de 47 años, Natalia Nagovitsyna, que no fue rescatada.
Ya es una complicación llegar al campamento base. Entonces, si estás a 7.000 metros de altura —como estaba ella— y llegar al base ya es engorroso, organizar un rescate en esas condiciones se vuelve prácticamente imposible.
Además, Natalia se fracturó una pierna, lo que le impidió continuar descendiendo por sus propios medios. Y a eso se suma otro factor delicado: la calidad de los guías deja bastante que desear. Me voy a meter en un lío, pero bueno… no está claro dónde ni cómo se forman. Todo el sistema es bastante dudoso.

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Contame un poco cómo fueron los porteos.
El primer cerro que íbamos a hacer era el Korzhenevskaya, de 7.105 msnm. Para nosotros, una altura bastante similar al Aconcagua, así que para aclimatar estábamos rodeados de montañas de 5.000 o 6.000 metros. Pero como no tenés información clara de nada, se nos complicó.
Terminamos haciendo rotaciones para subir el Korzhenevskaya. Primero hicimos una rotación hasta el campo 1. Después subimos hasta el campo 2, volvimos al campo 1, bajamos, y ya después de eso preparamos lo que sería el ataque a cumbre de ese sietemil.
Básicamente, lo que quisimos hacer fue adelantarnos a los grupos, porque si no tenés congestión en los tramos con cuerdas fijas, en lugares complicados o con bastante caída de piedras. Si hay mucha gente, puede ser peligroso.
Nos movimos a nuestro ritmo para llegar a la cumbre antes que los grupos guiados. Después vendría un buen descanso para acometer el objetivo principal: el Pico Comunismo, de 7.495 msnm.

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¿En el monte Comunismo todavía no habían subido argentinos?
Entiendo que no, aunque es un dato que habría que chequear. Dentro de estos sietemiles, el Korzhenevskaya —que usamos como cerro de aclimatación— encontramos información de un hombre de Neuquén que lo había subido hace un par de años. Justo ahora estaba en el Cantegrí, que está frente al Pobeda, donde se accidentó Natalia Nagovitsyna y no pudo descender.
A este hombre, el neuquino que te mencioné, lo evacuaron de esa montaña. Se armó un lío con el clima y hubo varias personas fallecidas. El gobierno de Kirguistán —por donde se accede a esos cerros, el país que está justo debajo de Tayikistán— decidió evacuar a toda la gente del campo base. Él estaba en un campo de altura, los hicieron bajar y los sacaron a todos.
A partir del incidente con Natalia, se evacuó a toda la expedición. Este hombre neuquino fue el primero en subir el Korzhenevskaya, pero en el Pico Comunismo no encontramos registros de que algún argentino lo haya ascendido.
La verdad, es un dato menor. Lo importante es que es un cerrazo para subir.

Matías Marín y Claudio Erlich se convirtieron en los primeros argentinos en coronar el Comunismo (7.495 msnm) en Tayikistán (ex URSS)

¿En el Korzhenevskaya hicieron dos campamentos?
De altura, sí. Hicimos dos durante la rotación, y cuando fuimos para el ataque a cumbre montamos un tercer campamento. Nosotros elegimos instalarlo un poco más abajo que las expediciones comerciales. Ellos suelen montarlo a 6.300 metros, pero nosotros lo pusimos a 6.100, en un lugar bastante único, sobre una arista increíble.
No queríamos dormir tan alto. Ya sabemos que, para el día de cumbre, un desnivel de 1.000 metros es algo que podemos manejar. Así que preferimos guardarnos, no subir con todo el peso tan arriba, y lanzar el ataque desde ahí, bien preparados.

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Bien, entonces bajan, hacen base de nuevo y desde ahí se van para el Comunismo.
Claro. El primero —el Korzhenevskaya— es un cerro que se equipa bastante, va mucha gente, es bastante masivo. En el momento de mayor afluencia había unas 80 personas intentando subirlo. En cambio, para el Pico Comunismo, como mucho había 20.
Tiene otras complicaciones, otros riesgos. La diferencia entre los 7.100 metros del Korzhenevskaya —que sería comparable al Aconcagua— y los casi 7.500 del Comunismo es significativa. Por la forma del cerro y la cantidad de campamentos de altura que tenés que montar, se vuelve mucho más exigente.
De hecho, nosotros las últimas dos noches las dormimos a 6.970 metros. O sea, estábamos unos metros por encima de la cumbre del Aconcagua, durmiendo, para salir al ataque final. Es un cerro complejo, interesante, la verdad, para subir.

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¿Cómo fueron los porteos en el Comunismo?
En el Pico Comunismo arrancás el cerro con una pared de mil metros que se sube por un pilar. Después llegás a un lugar a 5.900 metros de altura: el famoso plató del Pamir. Es una superficie prácticamente plana, de hielo y nieve, que se extiende unos 3 por 12 kilómetros.
Para alcanzar el plató, en realidad no accedés desde lo más bajo. Primero subís hasta los 6.200 metros y luego bajás unos 300. Para acceder a esa primera parte hay que atravesar un tramo lateral con muchísima caída de roca, seracs y avalanchas. Ese primer día es uno de los más riesgosos.
O sea, si sobrevivís a esa sección, después podés progresar un poco más tranquilo en términos de seguridad. Una vez que llegás al plató, normalmente se monta un campamento intermedio, y luego el segundo o tercero, según cómo armes la logística. Nosotros armamos nuestro segundo campamento en el plató también.

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¿Cuándo hacés esa progresión vas más con miedo o con atención?
Nosotros, la verdad, no vamos cagados. Vamos con atención. Pero después está el entorno… Por ejemplo, dos días antes de que arrancáramos, había salido un grupo que eran los primeros en ir para allá. Demoraron en salir, y al día siguiente, a la mañana, nos levantamos y los tipos ya estaban de vuelta.
Aparentemente les cayó un serac a las dos de la mañana, bastante cerca. Explotó en astillas de hielo. Se tuvieron que tirar al piso, se asustaron. Uno de ellos, al día siguiente, tomó el helicóptero y se fue. Otro era un armenio, que después terminó subiendo con nosotros.
La caída del serac fue totalmente fortuita. Hay horarios más propensos para ese tipo de desprendimientos. Nosotros elegimos pasar a las cinco de la mañana, uno de los momentos más fríos del día, para reducir un poco ese riesgo. Así que ese día fue tenso en esa parte.
Lo atravesamos en una hora, muy atentos a cualquier ruidito, a que no venga nada desde arriba. Si cae algo, viene desde mil metros sobre tu cabeza. Y si te impacta… fuiste.
Con Claudio terminamos haciendo cordada con el armenio y con un iraní que estaba solo. Ellos estaban terminando el proyecto del Leopardo de las Nieves. Nos asociamos para ir un poco más cuidados. Tener una cordada caminando a la par te da más posibilidades de ayuda.

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¿A qué hora llegaron al plató?
Ese día salimos a las cinco de la mañana y llegamos a las cuatro de la tarde al campamento, el campo 2. Nos salteamos el primer campamento y fuimos directo al 2, que está a 5.600 msnm, sobre una plataforma. Allí metimos nuestra carpa: era un pilar de hielo y nieve, y tallamos una terraza para poder montarla.
Al día siguiente nos quedaban otros 600 metros de desnivel, y después el descenso hasta el plató. El plató es como acampar acá en mi casa: completamente plano. Un lugar muy extraño, básicamente. Plano, cubierto de nieve, muy cómodo para acampar.
Y desde ahí te vienen otros mil metros más. Otro pilar que te lleva hasta los 7.000 metros, y después bajás un poco para acampar. Ese tramo nos llevó dos días más. Primero acampamos a mitad del segundo pilar, a 6.500 msnm, y al día siguiente seguimos hasta… hasta los casi 7.000.

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¿Y cuándo fue que tiraron cumbre?
Nosotros tiramos cumbre un día después de que el primer grupo lo hiciera. La verdad es que el pronóstico era malo desde que estábamos esperando la ventana en el refugio. Estuvimos cinco días allí, porque el viento era fuerte y las condiciones no eran buenas.
Las expediciones guiadas salieron igual, pero nosotros decidimos esperar hasta el último momento que nos daban los tiempos. El 8 de agosto venía el helicóptero a buscarnos, así que teníamos que salir con siete días de anticipación para que nos alcanzara el tiempo de subir y bajar. Salimos apurados por el clima, pero a medida que pasaban los días, el pronóstico fue mejorando un poco, sobre todo en lo que respecta al viento.
Finalmente, los grupos que estaban adelante nuestro lograron hacer cumbre con bastante frío. Nosotros fuimos al día siguiente, y lo hicimos solos. Básicamente, ya no quedaba nadie en la montaña porque los grupos guiados habían evacuado. Dormimos juntos en el último campamento: ellos volvían de cumbre, nosotros íbamos. Al día siguiente, cuando bajamos, ya no quedaba nadie.
Bueno… no quedaba nadie, entre comillas. Porque había una persona que no bajó. Murió allí. Llegó exhausta esa noche, hubo algo de revuelo, y al otro día, cuando salimos rumbo a la cumbre, por radio escuchamos que había una persona fallecida en nuestro campamento, a 7.000 metros. Cuando volvimos, estaba enterrado al lado de nuestra carpa.

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¿Murió cuando ustedes tiraron cumbre?
Fue en la noche previa a nuestro intento de cumbre. Ellos —el grupo que había subido antes— volvieron tipo seis de la tarde, y empezó a caer gente más tarde. Como a las once de la noche hubo un revuelo, porque algunos todavía no habían llegado. Este hombre era uno de ellos.
Hubo que bajarlo para que pudiera llegar al campamento, que está en ascenso. O sea, después de una jornada de cumbre de unas 15 horas, todavía tenés que subir casi 100 metros hasta ese campamento. Y aparentemente murió por cansancio extremo.
La verdad es que nosotros no lo vimos. Nos enteramos al día siguiente, mientras subíamos a cumbre. En las comunicaciones por radio que teníamos con el campamento base —donde todos los equipos reportamos— ahí nos informaron lo que había pasado.

¿Cuál es el parámetro de cuándo se deja de ayudar a una persona para que baje?
Estaba con un grupo guiado, así que no te sabría decir con certeza. Nosotros, acá en el Aconcagua, nos responsabilizamos desde el minuto cero hasta el final: desde que la persona sube hasta que baja. Jamás queda fuera de tu responsabilidad.
En un ochomil, hay muchas variables. Aunque estés con oxígeno, cuidar o asistir a alguien no es tan fácil. Y encima hay personas que están muy jugadas. La realidad es que no hay un protocolo claro ni establecido en los ochomiles. Hay casos de gente que es dejada por sus sherpas o por sus guías.
La responsabilidad legal pasa por otro lado, porque difícilmente te puedan acusar formalmente de haber abandonado a alguien. Pero puede que esa persona se estuviera muriendo, o que vos estuvieras con las últimas fuerzas. Y las dos cosas pueden ser ciertas. Es complicado.
Yo te digo la verdad: si hubiéramos estado nosotros a cargo, no creo que lo hubiéramos manejado igual. Creo que esa noche habríamos dormido, y luego intentado seguir bajando con esa persona, como estaba el hombre que murió.
Y después me pongo a pensar en Natalia, la chica rusa. A esa altura, incluso estando bien, cuesta moverse. Si estás fracturada, no te podés mover. Al final, uno no es responsable de sí mismo en esos casos. El cansancio extremo puede llegar a recuperarse, pero una fractura no.
No sé qué decirte. Porque si al cansancio extremo le sumás el mal de altura, puede haber un combo de cosas que, si forzás la situación, derivan en algo grave. De hecho, entiendo que el hombre se acostó a dormir, y antes lo habían arrastrado hasta el campamento, lo metieron en la bolsa de dormir… y murió allí.

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¿Te incide como persona cuando venís súper contento de hacer cumbre y te encontrás con esta situación?
Creo que por un lado me jode, claro. Pero por otro tengo el chip de montañista, y trato de ver las cosas desde lo técnico.
Ese día, durante el intento de cumbre, nos comunicamos por radio a las ocho de la mañana y ahí nos enteramos de lo que había pasado. Visualizábamos el campamento donde estaban; en ese momento estaríamos a 7.200 o 7.300 metros. Yo estaba con el armenio, Claudio y el iraní, que iba un poco más arriba.
Me quedé con el armenio cuando nos dieron la noticia por radio. Y hasta que empezamos a bajar, no se lo conté a Claudio. Porque estás muy enfocado: el día de cumbre es un día especial, tenés que estar con todas las luces. Y la verdad, este tipo de cosas te afectan. En ese momento elegí no contárselo, preferí esperar el momento adecuado.
Después, ya bajando, estaba preocupado. Veía que habían retirado todas las carpas y quedaban solo las nuestras. Me pregunté: “¿Qué hicieron con el cuerpo?… No lo habrán metido en nuestra carpa, ¿no?” Pensé: “Estos chabones no habrán metido el fiambre ahí…”
Al final llegamos y lo habían tapado al lado de nuestra carpa. Te lo tomás como podés. Decís: “Necesito seguir adelante, y ya está.” Es un acontecimiento más de la vida.

¿Después ese cuerpo lo van a buscar o queda allí?
Entiendo que, por la ubicación en la que estaba, lo van a buscar. Pero obviamente, alguien tiene que pagar esa operación de rescate. Probablemente sea la familia, si quieren recuperar el cuerpo, salvo que el tipo haya dejado dicho: “A mí déjenme arriba”.

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¿Después del incidente, cómo fue el resto de la bajada?
La bajada estuvo claramente marcada por lo que había pasado. Además, como habíamos ido con la otra cordada, y ellos decidieron dormir a los 6.000 metros —una zona medio insalubre— no podíamos seguir bajando directamente. Desde ahí había que descender mil metros hasta el plató, y el día de cumbre ya había sido un esfuerzo adicional importante. Así que nos quedamos a dormir allí.
Al día siguiente empezamos a bajar toda la montaña. Normalmente la gente lo hace en dos o tres días, pero nosotros ese día le metimos casi todo el descenso. Solo dejamos para cruzar el tramo de riesgo a las seis de la tarde… el peor horario.
La bajada por ese tramo nos llevó 15 minutos, cuando a la ida había sido una hora. Dormimos en el Campamento 1, que no habíamos usado en la subida, a 5.300 msnm. Y al otro día, desde ahí hasta el base, le metimos dos horas y media. Llegamos justo para el desayuno.

¿Cómo fue llegar al base?
Ese día nos acomodamos, desayunamos, lavamos ropa, y al día siguiente arrancamos el regreso a casa. Contentos, porque tuvimos la suerte de haber podido meter dos cumbres. Con toda la fama que tiene el Pamir, salió alucinante lo que se planteó.
Es más, te cuento cómo fue la historia del Korzhenevskaya, cuando tiramos el primer sietemil. Íbamos adelante de los grupos, y había estado nevando los días previos. Así que tiramos cumbre desde los 6.100 metros, abriendo huella. Durante el periodo de aclimatación estuvimos muy cerca de la cumbre, a solo 200 metros.
Fue ahí cuando me pegué una resbalada y caí unos 20 metros. Estuve como 40 minutos tratando de subir por otro lado, en una escalada medio tenebrosa. Cuando logré recuperar la posición, decidí bajarme porque no estaba cómodo. Le avisé a Claudio que siguiera, que yo me volvía.
Esa pequeña resbalada, aunque fueron pocos metros, me llevó más de media hora recuperar la altura. Y veníamos de nueve horas abriendo huella a esa altitud. Por más que estemos entrenados, había que guardar reservas. Me bajé al campamento y Claudio terminó haciendo la cumbre solo.
Al día siguiente, como veníamos muy bien con los tiempos —no habíamos consumido días extra ni tenido mal clima— le dije a Claudio: “¿Te parece? Me quedo y tiro la cumbre mañana, porque si no, no vuelvo más a esta montaña.” Claudio bajó al base, y yo ese día me quedé y tiré cumbre.
Después sí bajé al base y me reencontré con Claudio. Y obviamente, para tomar una decisión así, necesitás que tu compañero sea completamente idóneo, capaz de resolver solo lo que queda y bajar sin problema. La verdad, ni me preocupé.
Pasó lo mismo cuando yo subí: él se quedó abajo. Claro, bajó al refugio y estuvo un día y medio hasta que yo llegué.