Mountain Bike

PABLO GARCÍA, PEDALEANDO EL GLOBO

mayo 8, 2018 — by Andar Extremo

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Mountain Bike

PABLO GARCÍA, PEDALEANDO EL GLOBO

mayo 8, 2018 — by Andar Extremo

Pablo García es uno de los ciclo viajeros que más kilómetros hizo en la historia, comenzó su viaje en 2001 y lo termino en diciembre de 2017, en una entrevista reciente en la ciudad de Mar del Plata, nos cuenta el viaje de su vida. Nota en Revista Andar Extremo nº 49

167.000km, 16 años, 106 países

Por Marcos Ferrer, Fotos Pablo García

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Era 28 de diciembre y en la costa hacía muchísimo calor. La cita: centro de Mar del Plata. Botella de vino en mano, dejé la camioneta en una cochera y me dirigí a la dirección donde Pablo estaba parando. Hacía menos de dos meses que había finalizado un viaje de 16 años ininterrumpidos, atravesando continentes y conociendo culturas, y mi ansiedad por entrevistarlo iba creciendo.
Llegué a la dirección y luego de unos minutos bajó del departamento. Preparó unos buenos fideos, abrimos el vino, de a poco fuimos entrando en sintonía y, sin darnos cuenta, comenzó la nota.

Cómo arrancás este viaje increíble?
Vivía en Brasil como aventurero y después de viajar un año, me había agarrado el fantasma de qué haría con mi vida teniendo 21 años. Ese tiempo había estado en el norte, vendiendo pulseras y así había logrado recorrer todo el litoral. Luego, me enganché con una chica 13 años más grande que yo. Estuvimos un tiempo y creo que esa relación me dio la fuerza para encarar el viaje. Tenía el mundo por delante y ella, con hijos y una vida organizada, me dejó. A partir de ahí me puse la meta de viajar. Empecé vendiendo remeras en la playa, trabajé alquilando departamentos y autos, y con dos argentinos pusimos una empresa de turismo. Terminé viviendo 4 años en Maceió. Comenzamos a ganar plata y paralelamente a pelearnos por ver quién trabajaba más o menos. En ese momento mis socios tenían 45 y 55 años y yo con 24 no quería complicarme. Aunque vivía frente al mar en mi departamento y tenía dos autos, pensé que si no me decidía a salir en ese momento, no lo haría nunca más.

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Cómo fueron los primeros pasos?
Estaba un poco decepcionado con el entorno, medio rebelde con la sociedad, y me crucé a un amigo argentino que me dijo:- vos tenés que tener un conocimiento espiritual. Antes de empezar, andá a conocer a unos monjes arriba de la montaña, en Car Baru. Sentí que era una herramienta que necesitaba para el viaje que iba a realizar y fui a conocerlos. Estaban en una comunidad que parecía fuera del mundo material: eran autosustentables, vivían completamente aislados. Al llegar, me señalaron que sería bienvenido si practicaba sus programas: levantarse a las 4 de la mañana, bañarse con agua fría o en el lago, ir al templo, cantar mantras y realizar lecturas del Bhagavad Gita. Ese libro, es lo único que mantuve desde el kilómetro cero hasta que terminé la travesía. Es una charla entre el Dios supremo Krishna y su primo Aryuna, su devoto, donde hablan de un cambio de era hacia otra llena de riña e hipocresía, donde nadie se pone de acuerdo. Realmente, un libro muy real en estos tiempos.

Con integrantes de tribu Turkana, Norte de Kenia 2003
Con integrantes de tribu Turkana, Norte de Kenia 2003

“Si uno está en paz con uno mismo, está bien con lo que lo rodea”

Te hiciste devoto en esa corta estadía?
Sí. Me quedé como diez días y cuando me fui me regalaron el libro y una especie de rosario, pidiéndome que cante un mantra todos los días para estar protegido. Me fui contento y entusiasmado y canté a diario hasta ahora. Esto se hizo compañero del pedaleo. Todas las mañanas me levanto y doy cuatro rondas, porque todo lo que me pasó: no tener accidentes, conseguir sponsor y dar con gente correcta, fue gracias al mantra que le dio impulso a mi recorrido.

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Tuviste contacto con templos Hare Krishna durante el viaje?
Fui visitando algunos, eso ha sido una forma de cargar energía. Luego de 15 años volví a esa comunidad y aún había algunos monjes de esa época. Fue muy emocionante. Soy un convencido de que para cualquier cosa que uno quiera encarar tienen que tener un acercamiento a la “providencia”. Sigo cantando mantras, hago media hora de meditación y creo que eso hace que las cosas sigan su rumbo ahora: preparar conferencias, escribir el libro, hacer documentales. Es la conexión que quiero mantener. En India hice una técnica budista de meditación Vipassana, que hasta el día de hoy se enseña en 70 países. Todo eso lo conservo.

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Cómo fue el viaje?
Arranqué en 1999 en Maceió hacia Buenos Aires. Conseguí un año y medio de sponsors. En 27 meses hice Sudáfrica, el Cairo, tomé un avión a Europa, puntualmente a Madrid, y pensé que podía conseguir buenos sponsor como en África. Me fue mal. Viví en Europa gracias a la venta de fotos y de unas muñequitas muy pequeñas de tela que compraba en Brasil. Recorrí treinta países vendiendo más de 10000 muñequitas. Hice norte de África, Medio Oriente, Cercano Oriente, los Balcanes, Turquía e Irán, Golfo Pérsico, Pakistán, India, Nepal y volé a Tailandia, porque por Birmania no se podía pedalear. Estuve dos años por el resto de Asia, Japón, Mongolia y Tíbet. Luego bajé al Sudeste Asiático, me fui Oceanía, de Nueva Zelanda a Polinesia, de allí a Hawái. De Hawái a California, donde estuve hasta el verano para poder recorrer, y me fui a Alaska volando. Hice México por las montañas rocosas, me fui en avión a Canadá y bajé por la costa este de EEUU hasta Miami volviendo al Distrito Federal. Atravesé Centroamérica y Colombia, donde estuve un mes vendiendo el documental. Junté dinero y compré 10 pasajes de avión y 7 de barco anticipados. Cruce las Antillas. Fui de isla en isla hasta terminar en Cuba, sin dinero. Todo lo que había juntado lo destiné a pasajes, pero sacaba el documental y lo vendía. De Cuba a Colombia, bajé por Ecuador, Perú, por el Amazonas al Atlántico y, de allí, a Maceió, completando la vuelta al mundo simbólicamente. Fui a Bolivia y luego entre a Argentina por Jujuy. Llegué a Ushuaia y tomé un avión a Bariloche. De allí fui al Bolsón porque desde ese punto quería terminar las provincias que no conocía del país. Subí hasta Formosa, crucé a Paraguay, hice Misiones y bajé a Buenos Aires hasta el Obelisco.

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Cómo fue tu aventura en números?
167.510 kilómetros y 106 países. Es uno de los viajes en bicicleta más largos del mundo, el record creo que lo tiene Heinz Stücke. Él empezó su viaje en 1962 y tuvo casi 50 años subido en la bicicleta y unos 500.000 kilómetros.

Qué pensás del mundo luego de estos años de cicloviajero?
El mundo no es tan maravilloso, está lleno de miserias. Se persigue el dinero como única forma de crecer y de tener poder. En el viaje vi muchas injusticias. Hay lugares y personas hermosas, pero las realidades me han hecho ser medio ermitaño. Si bien vendo y soy simpático, quiero estar solo. La esencia de la vida es encontrase a uno mismo. El conocimiento te llena. En Occidente la gente está vacía en vida espiritual. Necesitamos más espiritualidad, saber hacia dónde vamos para ser mejores personas, evolucionar como ser humano, encontrar la paz. Si uno está en paz con uno, está bien con lo que te rodea. Eso lo vez en Oriente. La esencia de Asia es el conocimiento espiritual. Nos consideramos los más avanzado, los mejores, y la realidad es otra. No vamos a mejorar si no entendemos eso.

En 1998 en Maceio, Brasil y en 2017 en Buenos Aires, Argentina
En 1998 en Maceio, Brasil y en 2017 en Buenos Aires, Argentina

Cuáles fueron algunas de las historias que más te impactaron?
En África viajé con la boca abierta. Llegué a tribus donde viven en cavernas debajo de árboles y usan arcos y flechas. Con ellos me fui a cazar pajaritos y ratones. En Tanzania me recomendaron ir a la tribu de los Hadzabe, en las afueras del Serengueti, en el Easy Lake. Ellos viven como hace 10000 años atrás. La persona que me hizo la sugerencia, tuvo la oportunidad de cazar con ellos una mona y cuando la abrieron tenía un feto. Sin remordimiento alguno, me contó que se lo comieron ni bien lo sacaron. Cuando fui a cazar llevaba las cámaras, y en un momento salieron todos corriendo. Como a 100 metros habían aparecido Guineas Fowls, unos pájaros parecidos a las perdices pero un poco más grandes. Les dispararon como diez flechas y pensé que nunca podrían llegarles, pero pude ver uno que caía. Fue la comida del día. Encendieron fuego con los palitos y comimos. Increíble, África fue increíble. Muchas tribus, muy diferentes. Asia es todo lo contrario. Los musulmanes son más hospitalarios. En ese lugar conseguí los mejores sponsors. Son muy curiosos de nuestra cultura.

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“Las banderitas en la bicicleta, fueron mi mejor sponsor, porque cualquier tribu reconocía el emblema de su país o el del país vecino”

Cómo fue llegar a una tribu en África?
No son amigables. Sos un marciano, un blanco. Hay racismo. Todos te piden plata. La bicicleta me diferenciaban y las banderitas fueron mi mejor sponsor porque cualquier tribu reconocía la de su país. Yo no me acercaba, ellos se acercaban a mí. Se ponían al lado e intimidaban. Sudáfrica fue el lugar más hostil que recorrí. Nunca les demostraba miedo aunque adentro estaba re cagado.

Cuáles fueron los peores momentos?
Ya en Brasil me habían tirado de la bici enfrente de Porto Alegre por la Free Way. Vi a un hombre a dos metros y me dije: éste me roba. Me tocó y volé por encima de la bici. Caí abajo, en un barranco al costado de la autopista. Me abrí la pierna y se me llenó todo de sangre. Miré atrás y venía solo. Solté la bici y lo encaré. Ahí cayeron dos más, uno con cuchillo. Esquivé cuchillazos y la bici de estar atrás mío, quedó adelante. Uno la levantó y se la llevó. Esto me pasó en el ´99. No me daba para hacer nada. Al final se cansaron y se fueron caminando y yo, detrás de ellos. Mi peor error fue entrar en Porto Alegre, un sábado a las 5 de la tarde. Yo seguí a dos y el tercero se llevó la bici. Cruzaron los tres carriles y se metieron en un zanjón. Yo los seguía gritando. La imagen era: en un carril un flaco con la bici, en el otro carril los dos flacos y en el tercero yo, con pelo largo, en calzas y sangrando. Los autos empezaron a parar. Cuando llegaron al zanjón, los otros dos flacos cruzaron la otra vía y dejaron solo al tercero con la bici que no podía sacarla por lo que pesaba. Finalmente, salió corriendo y la dejó. En ese momento, paró un viejo en un fusca y le pedí que me espere mientras agarraba la bici. Me acompañó escoltándome hasta la entrada. Por otro lado, en Colombia salí de Palmira y vi dos personas que me iban a encarar pero recordé que en México, sabiendo que entraba a Latinoamérica, había comprado un machete. Me paré y sabiendo que me iban a robar, les grité con eso en mano y zafé.

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Cuál fue la mejor historia?
Estaba entrando en Irán, haciendo 100 km o 120 km por día. En esa jornada había hecho 170 km sin poblaciones. Entonces pensé que sería un buen día para sociabilizar con una familia. Sólo sabía algunas palabras, entre ellas “sala maleco”, el saludo tradicional. Era de noche y a la distancia observé una fogata con varias personas alrededor. Pensé que sería una familia comiendo algo y dije: listo! Cocino al lado de ellos. Tomé un sendero de tierra muy oscuro porque no había luna, con tanta mala suerte que llegué por detrás y los sorprendí. Eran como diez, entre pastos altos, contando tocos de plata…llegué en el momento menos deseado. Saludé y en ese momento se dieron vuelta. Me rodearon gritándome en farsi (idioma local). Yo no comprendía nada, les repetía que venía de Turquía e iba hacia la ciudad de Tamis y le decía “adshala” (bicicleta en árabe), le decía Argentina, pero no me entendían nada. Me pusieron en una pared y se peleaban entre ellos, preguntaba si había alguien más, o yo entendía eso. Pasaron unos minutos de miedo y me fui a la bicicleta. Agarré la bandera de Irán y les decía “You” fuerte y preciso, y “Me” Argentina. Se los repetía a lo loco. En un momento dije “Maradona”, repetí ”Maradona”, y dos de ellos se miraron. Empezaron dos o tres a decir “Maradona number one”. En ese instante se fueron, trajeron agua, y uno me dijo con señas ándate que ese de allí te quiere cortar la cabeza. Me fui temblando, pedalee una hora más de noche, y llegué a un restaurante de tres hermanos. Muy asustado les conté y me dijeron que era una zona de tráfico de opio.

En África tenés alguna historia?´
Estaba atravesando el norte de Uganda con Gastón, un amigo camarógrafo, y llegamos a un campo de refugiados. Fuimos a buscar agua y le pedí que filme todo. Era otro mundo, eran miles, vivían allí agrupados y manejaban el lugar. Era un espacio difícil. Pensá que en el Congo los rebeldes secuestran a los chicos, violan mujeres, matan a los hombres y se llevan a los niños de 12 a 15 años. Una parte de esta zona imagináte que la tuvimos que hacer en camión por los peligros, hay mucho conflicto. El tema es que finalmente entramos y mi amigo me filmaba hasta que vinieron los líderes enojados diciendo:- quién es este blanco de mierda para entrar así!!!. En ese momentos saqué pecho, y le dije: -quién sos vos, yo estoy buscando agua. vengo dando la vuelta al mundo, mira las banderas!!! . Se me quedaron mirando como si fuere un marciano!!! Gastón apagó la cámara y con cuatro palabras en inglés ellos, y yo con cuatro palabras en dialecto, tuvimos que mediar. Querían sacarnos las cámaras pero al final salió todo bien. Muy loco había como 150 personas al lado. Por suerte salimos vivitos y coleando.

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Encontraron a los pigmeos?
Sí claro, más tarde. Nos encontramos con varias tribus. Los pigmeos reales son de 1, 5 metros para abajo. Había otros en Uganda que eran de hasta 1, 60 metros. Con estos últimos nos encontramos y empezamos a preguntarles de los Pigmeos reales y nos señalaron que esperemos que ya iban a venir. A la media hora apareció un grupo de niños jugando y nos dijeron: – allí están los pigmeos!!! Pensé que ahí sólo había nenes, pero entre medio, a la misma altura, asomó uno con bigotes. Increíble. Ellos viven en casas de hojas de palmeras y cocinaban bananas. Comimos con ellos y lo único que hacían era repetir: money, money money. Fumaban marihuana todo el día. El dinero que pedían lo usan para tabaco.

Es un problema mundial el de los excesos?
Sí hay muchas miserias, tanto los maorís en Nueva Zelanda como los aborígenes en África o Australia o los esquimales en Canadá, son todos grupos subvencionados por los gobiernos, con planes sociales y todos tienen el problema de perder la cultura y caer en el alcohol o en la droga. Antes esta gente era alguien, vivían de la caza, era un orgullo para ellos, ahora desde el momento que el estado les da dinero terminan mal. Mucha desconexión.

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Qué cosas buenas te pasaron en el viaje?
Podemos hablar del amor, del reconocimiento, los sponsor y el trato con los países musulmanes. Por ejemplo en la ciudad Bahrein, un reinado al lado de Arabia Saudita, el único acontecimiento del año es la carrera de fórmula uno y el segundo, fue mi paso por esos lares. Venía en avión de Kuwait porque no podía pedalear por ahí y quería hacer los países del Golfo. Contacté con un argentino, me junté a tomar un café y apareció de casualidad con la mujer de cónsul de Arabia Saudita que había querido venir a conocerme. La señora me gestionó la visa para entrar a Arabia en donde pude hacer 1000 km escoltado por la policía. Pero bueno, esa esa otra anécdota. Nos juntamos por segunda vez en la recepción del Hotel Marriott y charlando me propuso llamar al gerente de marketing de ahí y pedir sponsoreo. Ya había estado en los hoteles 5 estrellas en Líbano y en Siria, y me gustó la idea. Vino el gerente, armó una conferenciad de prensa y me dio sponsor por una semana de hotel. Vinieron 33 periodistas para la conferencia que la hice en un inglés quebrado, porque no tenía aún mucha fluidez con el idioma. De allí me contacté con el Marriott de Catar, con el de Arabia Saudita y con el de Emiratos árabes, y cada vez que pasaba me daban 10 días de hotel.

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Cómo fue el episodio de Arabia, donde estuviste con escoltas 1000 km?
“Cuando vayas a Catar buscá a Mohamed Altani de la familia real, es el presidente del comité olímpico de la Federación de ciclismo”, me decían. Recordé el nombre y pude pedalear con una visa de la Federación de Ciclismo y cientos de policías, durante 1000 km. Cada 30 km se relevaban y se pegaban un embole tremendo, así que en ese momento se me acercaban y me decían: – dale, dale!!. Venían atrás, y yo les decía que pasen adelante así por lo menos me paraban el viento. En una de las vueltas me pasó una 4 x4 gigante, se frenó y se pegó la vuelta. Bajó el vidrio y lo primero que me preguntó era de qué país venía. Cuando le dije Argentina, ya lo vincularon al fútbol y a Maradona. Me pidió que pare, me bajé de la bici y me dio una tarjeta que decía Mohamed Altani y me dijo:- conéctate conmigo cuando llegues a Catar. Al llegar, me recibió su secretario y me pidió que vaya al día siguiente porque estaban organizando una carrera a la que irían los atletas olímpicos. Al otro día, a las 7 de la mañana llegué. Me prestaron una bici y competí. Éramos 50 haciendo 13 km. Salieron a fondo y quedé último en la largada y me dije: -estoy dando la vuelta al mundo, no puede ser!. Así que salí a tope y quede séptimo en la general.

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La sensación más placentera?
El viento a favor! Los momentos placenteros son 1 cada 10 o 1 cada 50. Viajar en bici es duro: viento en contra, frío, mucho calor, nieve, lluvia, hambre… Me gusta la llanura, la vista hasta el horizonte. Eso y el camping seguro es lo más. Imagináte, en Kenia luego de un año y medio de viaje por África en la casa de un amigo, me despertaron a cachetazos para robarme con una linterna y dos machetes. Pensé que estaba en una pesadilla hasta que sentí un nuevo cachetazo. De ese día, nunca más dormí despatarrado, siempre en alerta. En la carpa escuchaba un ratón y agarraba el machete. Para relajarme tengo que estar en un camping o en el desierto. Estar en un lugar paradisiaco, con el cielo, las estrellas, el viento, cocinando… eso es el placer del viaje.

Cómo es tu vínculo con la naturaleza luego el viaje?
Estuve mucho tiempo en la calle, en la ruta y viviendo en la naturaleza. Ahora tengo la necesidad de un cable atierra y estar tranquilo en mi casa. Hoy mi pasión es revivir el viaje escribiendo el libro, preparando las conferencias, revisando las 400 hrs de video para un futuro documental. Sigo conectado con el viaje. Estoy en Mar del Plata, vendiendo postales y el documental en la calle. Si no genero plata no vivo. Quiero estar con las mismas energías para generar toda esa información. La naturaleza es maravillosa pero son contados los días, estas siempre en la lucha para comer, dormir, pedalear.

mapa

Tuviste alguna sensación especial en el recorrido?
Tengo una historia que me la guardo para el libro, un encuentro, un milagro, una manifestación que me marco hasta el día de hoy.

Cuántas bicis usaste?
Usé tres. La primera se gastó, la segunda se jodió la rosca de la caja pedalera (cada trescientos kilómetros hay que ajustarla porque la misma fuerza del cuadro sacar la pieza y para que no se salga le puse líquido de freno y se clavó), y con la última, que me la dieron en Israel, hice 107.500 kilómetros.

Qué proyectos tenés ahora?
Tengo tres. El primero es dar conferencias. Me gustaría hacerlos en escuelas. Ya he recibido mucho, me toca dar. Me imagino dando charlas a jóvenes que salen del secundario…salen tan perdidos. Más que nada quiero transmitir que se puede soñar y materializar ese sueño con pasión y actitud. Se puede ir tan lejos como uno quiera. Luego, daría charlas en empresas. El segundo proyecto se está cumpliendo, estoy escribiendo el libro. El tercer proyecto es buscar una productora para un documental o que venda documentales al exterior. Y también me gustaría hacer cicloturismo como guía.

Qué le dirías hoy a aquel Pablo García que con 27 años estaba por salir a dar la vuelta al mundo?
Qué buena pregunta, nunca me la habían hecho… le diría que arranque con dos palabras: se puede.

La entrevista llegó a su fin. Automáticamente apagué el grabador y, Pablo muy emocionado, me dio un abrazo. Con sinceridad me dijo que le tenía mucho miedo cuando partió. Despacio me dirigí a buscar la camioneta. Arranqué, puse música y me fui despacio mirando el mar. Me llevo una historia llena de energía, una persona que aunque con muchos temores tuvo la fuerza de cumplir un sueño. Qué bueno que la gente sepa que sí, puede escribir su historia.

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AMOR VIAJERO
La historia con una tana, Clara Vicari es su nombre, fue muy fuerte. Venía de 5 años de viaje, estaba recorriendo Sicilia en Italia, yo tenía 32, ella tenía 26 años. Estaba saliendo de Europa hacia medio Oriente, entonces fui a un bar nos miramos intensamente, ella estaba con gente, me vio que me subí a la bici cuando salí de comer del lugar.
Al otro día me encontró vendiendo las muñequitas. Hubo onda y al tercer día me dijo llévame con vos. Uno siempre tiene ese sueño de viajar y encontrar un amor y viajar juntos. A mí me voló, encima me hablaba en tano, igual me fuí a Túnez a viajar con mi hermano que había ido de España. Estuve dos meses en Túnez con la idea de sacar la visa de Egipto e ir por Libia, y no la conseguí. Mi hermano se fue de nuevo a España y como no podía ir para Medio oriente por África me volví para Italia.
En Europa era invierno, un frío terrible y recibo un mail de Clara diciendo que vaya a Nápoles que estaba estudio allí y me quede con ella. Fueron dos meses de luna de miel.
Allí empezó a convencerse de viajar en bici y yo le llenaba la cabeza para que se viaje un año.
Hasta que le compre una bici, armaros todo y en el momento de arrancar no quiso, porque la la familia se oponía.
Amago dos o tres veces y dije: -tengo que seguir el viaje!!! Arranque a Grecia y a Turquía. Termino estos dos países y vuelvo a Italia por quinta vez y allí se vino conmigo y se quedó un año recorriendo. La familia me hizo la cruz.
Lo más lindo fue viajar juntos por los países musulmanes. Luego de cuatro años de muchas idas y vueltas, tenía en claro lo que quería de su vida, un novio en bici por el mundo lo le cerraba. Así que después de tanto juntos ,decidimos seguir cada uno con su proyecto.

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