Carreras de aventura

EL Cruce Columbia 2016

julio 4, 2016 — by Andar Extremo0

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Carreras de aventura

EL Cruce Columbia 2016

julio 4, 2016 — by Andar Extremo0

Edición 2016, 15 años de la carrera de trail más importante de Sudamérica, Nota editada en la revista Andar Extremo n° 40

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El Cruce Columbia sorprende. En esta 15ª edición 3000 corredores de 33 diferentes países tuvieron la experiencia de unir Argentina con Chile. Tres días de aventura, 100 kilómetros de recorrido y dos campamentos en plena Patagonia, la confirmaron como la mayor carrera de montaña de Sudamérica. Una nota de nuestra enviada especial Soledad Navarro y un relato imperdible de Martín Franzosi, nos cuentan lo que fue este increíble Cruce.

La ciudad parecía aún dormir cuando una legión de remeras azules comenzó a teñir San Martín de los Andes. El almanaque marcaba el 11 de febrero y 3000 corredores empezaban a latir el comienzo de un nuevo Cruce; 33 países estaban representados en un evento deportivo increíble en dimensiones y recorrido. Muchas expectativas se movilizaban divididas en 3 categorías que vivirían en 3 días un desafío  inolvidable: domar la cordillera y sus propios miedos.

El primer día les tocó romper el hielo a los avanzados. Para deleite de los espectadores de la largada, Sergio Trekaman, Marcos de Gasperi, Gustavo Reyes, Roxana Del Cid, Verónica Bravo, Luciana Urioste, Oihana Kortazar, entre otros tantos, dieron el comienzo a la aventura.

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El día del inicial fue acompañado por una temperatura intensa y un sol que dejó huellas no mayores a los recuerdos del recorrido.  Grandes sueños comenzaron a concretarse, entre ellos el de un tandilense que hizo su bautismo con felicidad en un segundo lugar sorpresivo, para los habitués de este evento. Diego Simón hizo su presentación, con un excelente tiempo y toda la emoción de quien durante años deseó El Cruce y lo estaba viviendo. Acostumbrado a las sierras, no tuvo empacho en secundar al atleta italiano Marco De Gasperi, con quien estableció una comunicación fluida que también se la llevó como tesoro del evento, aparte de un merecido 2° puesto en su categoría y un 4° lugar en la general.

Ohiana Kortazar, corredora del País Vasco, de 32 años, rememoró su triunfo del 2013 y desde el primer al último día logró llevarse un merecido 1° lugar. Agilidad, rapidez y una cadencia increíble le dieron a la niña de piernas imparables, una performance impecable.

El llegar a la meta los enfrentó con un micro mundo. Hua Hum enmarcaba cientos y cientos de carpas, un comedor, una carpa médica… lo mismo los esperaría en el campamento 2. Durante horas, minutos y segundos, su espacio sería ese. Quién dijo que sería fácil? Abandonaron familias (sólo en geografía), trabajo, comodidad… llegaron buscando cosechar meses y meses de entrenamiento… en alguno casos,  años de espera. Y ahí estaban ellos y el campamento.

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Las rutinas serían iguales en las categorías: muchos revisaban su tiempo oficial, otros cargaban los GPS, los más relajados iban a la parrilla seducidos por el aroma que inundaba el paisaje.

El comedor, como hormiguero, se llenaba en segundos. Compartían experiencias, se alentaban, relataban sus vidas tan alejadas a las que en ese momento estaban llevando.

Mientras tanto en la carpa médica, llegaban algunos corredores con heridas de guerra: ampollas, estómagos que jugaban en contra, esguinces leves (y no tanto), calambres y hasta algún rezagado que debía volver con el sinsabor del “no continuar”.

Al anochecer los campamentos se volvían más silenciosos, había menos ansiedad. Llegaba el momento de descansar el cuerpo, la mente y las emociones, que durante toda la jornada habían estado activas, intensas, con una mezcla de felicidad e incertidumbre. Todo se repetía, era cíclico, nada calmaba del todo… hasta el día 3.

El día 12 de febrero, trajo el comienzo de las duplas y la continuación de los avanzados.

Parejas esperadas comenzaron a escribir su historia. Daniel Simbrón y Pablo Ureta, Cilene Sophia Santos y Paulo Quesada, los cordobeses Sebastián Castellani y Gonzalo Ochoa,  entre otros reconocidos deportistas, hacían una jornada de fiesta que también traería sorpresas, como la presencia notoria de Cristian Morales y Carlos Hidalgo, dos jóvenes que iniciaban su 1° Cruce en pareja, y mantuvieron un ritmo contínuo e impecable sosteniendo su 3° lugar en el podio hasta el final.

Corrían juntos, se separaban un poco, se buscaban, compartían un camino, se acompañaban… Hermosa carrera que inició el día 2. Al atardecer, los encontraba el mate, la relajación en el agua, las curaciones y la preparación para montañas y volcanes, cumbres nevadas, bosques, lagos, valles y zonas rocosas… recorrido de la etapa 2.

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La tercera jornada dio la bienvenida a los amateurs y despidió a la elite con Marcos De Gasperi llegando de forma increíble a la meta.

La categoría “Sólo Amateur” disputó su primera etapa con mucha ansiedad contenida. Así salieron lanzados a superar el recorrido de 40 k, que culminó en el Camp 1, ubicado en Hua Hum. El primero en cruzar la meta fue el brasilero Joao Paiva Ferraz. En segundo lugar quedó Kravos Javier, y en tercer lugar Manuel Cela. Entre las damas, el podio quedó conformado por la santafecina Viviana Mihalic en el primer puesto, seguida por Cecilia Gonzáles y Mariela Vigliocco en segundo y tercer lugar, respectivamente.

El objetivo había sido cumplido: cruzar los Andes, uniendo Argentina con Chile, en una distancia de más de 100 kms, pero esta vez, todo había sido mejorado: el servicio a los corredores en los camps, en los recorridos y llegadas, un trayecto distinto con una convivencia permanente con paisajes únicos, un equipo de más de 300 personas trabajando  antes, durante y luego de la carrera.

Desde el 2002 hasta el 2016, la organización sumó experiencia y perfeccionamiento, con su líder a la cabeza: Sebastián Tagle, que convivió permanentemente con el “mundo Cruce”. Pasaron de correr 300 deportistas a hacerlo casi 3000, y logró convertirse en uno de los eventos deportivos de reconocimiento y prestigio mundial. Muchos atletas elites lo eligieron y cada vez más lo eligen.

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El atleta Marco De Gasperi y la corredora Oihana Kortazar, son los nuevos campeones de la categoría “Avanzado” de la 15ª Edición de “El Cruce Columbia”.

Es importante señalar que entre las damas, sus escoltas en el podio fueron la brasileña Leticia Saltori, junto a la rionegrina Luciana Urioste.

Con respecto a la categoría “Teams”, el podio no se modificó en ninguna de las etapas. El equipo Columbia Dole (Ureta y  Simbrón)- repitió el triunfo del primer día. Otros que se quedaron con el mismo puesto en el podio fueron Sebastián Castellani y Gonzalo Ochoa. Mientras que, el tercer puesto fue para Cristian Morales y Carlos Hidalgo los jóvenes de Comodoro Rivadavia.

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Entre las damas teams, el triunfaron las hermanas Gilda y Roxana Flores. En el podio fueron acompañadas por Estefanía Ovejero y Romina Sarden, en segundo lugar, mientras que en el tercer puesto quedaron Patricia Ossenbach y Natalia Alvarado.

Las remeras azules lentamente se disiparon… todos volvieron a su casa.

La satisfacción de un Cruce se vive un año y se mantiene latente hasta el reencuentro con el mismo espacio, el mismo evento, los mismos desafíos.

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Relato Martín Franzosi

“El Cruce Columbia”, tal vez el título impacte de una manera directa en el lector, ya sea para aquéllos que no pertenecen al mundo del running, como para aquéllos que sí forman parte de este pequeño gran universo.

Imaginarse el hecho de cruzar la Cordillera, con el contenido épico que representa para nuestra historia, es casi impensado para muchas personas.

Pero lo cierto es que esta competencia de trail de montaña es fuertemente atrapante, y muchos corredores nos vemos tentados a realizarla.

El Cruce Columbia es una de las carreras más grandes e importantes de Latinoamérica y del mundo. Aquí, año tras año, se trazan distintos recorridos en donde se unen dos países hermanos: Chile y Argentina, a través de su extensa y fascinante Cordillera de los Andes. Se recorren diferentes trazados, pasando por distintos pasos limítrofes y asegurando en cada edición una variedad interminable de paisajes que se renuevan constantemente, para que todos los corredores tengamos la posibilidad de disfrutar de diferentes escenarios y en algún punto, encontrarnos con terrenos o situaciones de carrera inesperadas.

Cada carrera tiene sus ciudades anfitrionas, sus senderos, caminos, montañas y particularidades propias. Se podría decir que cada espacio de nuestra Patagonia tiene su sentido y estilo “sui generis”.

Si bien es cierto que todos los años los recorridos son diferentes, la distancia final se trata de respetar, en todos los casos un poco más de 100 km, aunque ha sucedido tener que modificar en la competencia, una o todas las etapas previstas por diversas situaciones que no pueden preverse con demasiada anticipación, como el clima o regulaciones propias de cada territorio.

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Es fascinante entender que el sentido del paisaje y la percepción del mismo varían según la capacidad del corredor de poder tomar registro de las escenas mientras se corre, teniendo en cuenta que una leve distracción puede ocasionar una caída, un esguince de tobillo o males mayores. Debemos correr todo lo mejor y rápido que podamos, pero como sólo somos amateurs, de vez en cuando es bueno tomarse un instante para disfrutar de esos maravillosos paisajes que son parte importante de esta travesía y que después de dar unos pocos pasos más, quizás no tengamos la oportunidad de volver a estar en ese lugar. Créanme, ese disfrute es parte importante de este tipo de carreras. Tal vez no nos dé el tiempo para sacar una fotografía, si es que se quiere ir en busca de un mejor tiempo o una mejor posición en la carrera, de hecho yo nunca lo hago, pero al menos mirar y tardar unos segundos en sacar la vista de esos lugares, alcanzará sobremanera para traer grabado en nuestras retinas esos parajes de ensueño que ninguna cámara fotográfica logrará transmitir con la fidelidad de nuestra propia mirada.

Cada Cruce es absolutamente diferente, cada uno tiene su particularidad que lo hace único. Los distintos recorridos, el clima prevalente, la cantidad y calidad de participantes, el estado físico y anímico de cada uno, hace que esto sea de esta manera.

En mi caso, lo he realizado cuatro veces hasta ahora, y digo “hasta ahora” porque espero poder seguir viviendo esta experiencia muchas ediciones más. Lo hice en 2013, 2014, y 2015 en modalidad Team, con mi amigo Pacha Cascia, y este año en categoría individual, ya que necesitaba hacer mi experiencia corriendo solo por el lugar donde más feliz y libre me siento… la montaña.

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En este lugar, durante tres días habrá un coctel de sensaciones de las más variadas. Sensaciones encontradas entre sí, que desencadenarán cambios profundos en nuestro interior para siempre. Es fascinante experimentar este proceso en el cual conviven dolor, plenitud, fatiga extrema, alegría, impotencia, emoción, angustia, esperanza, y tantas otras… el premio final… la felicidad total y absoluta de cumplir con nuestro objetivo.

Ahora bien, ésta es una carrera en la cual tenemos que tener una buena preparación con el entrenamiento adecuado para no pasarla mal. Son terrenos de los más variados y muchas las subidas y bajadas pronunciadas, las cuales debemos transitar de la mejor manera. Son tres días los que estaremos recorriendo en forma permanente estos trazados.

En las bajadas es donde hay que tener mayor precaución, ya que allí suele ser más fácil lesionarse por la contracción excéntrica de la musculatura del cuádriceps que se contrae en extensión, como consecuencia de ir controlando la bajada que suele ser a veces muy pronunciada, trayendo el riesgo de caernos y lastimarnos.

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La edición 2016 como todas las anteriores, escribió su propia historia…La ciudad anfitriona fue San Martín de los Andes, donde se desarrolló la mayor parte de la competencia, la cual se dividió en tres etapas.

La primera parte fue de 43 km con una altura de 1130 m y un desnivel acumulado de 3367 m. Se desarrolló entre el Lago Escondido y el Lago Lacar, bordeando este último durante la segunda parte del recorrido, llegando al paso limítrofe Hua Hum, en donde luego de realizar el trámite migratorio a Chile, se regresó a nuestro país y se finalizó la etapa a orillas del río Hua Hum. Fue un recorrido muy largo y algo trabado tornándose por momentos un terreno muy técnico.

Es difícil transmitir las increíbles imágenes que pasan por delante de nuestros ojos. Si los caminos de cornisa tienen su encanto por la inmensidad que nace al borde de ellos mismos y por lo infinito del paisaje, no es para desmerecer el encanto de los caminos madereros y senderos angostos con frondosa vegetación, inmersos en el monte que habita en la montaña.

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Los caminos guardan un encanto único porque su color, textura y aroma le dan al entorno un encuadre tan cálido como mágico con infinidad de tipos y tamaños de troncos, desde los más pequeños que atravesados en el camino a modo de peldaños nos ayudan en la trepada, hasta los más enormes que tendidos sobre el camino debieron ser perforados para poder darnos paso a través de sí mismos, ya que atravesados en nuestro recorrido suelen tener tal diámetro que superan nuestra estatura, quedando así una especie de túnel por el cual atravesaremos en nuestra carrera.

En estos caminos tenemos a mano una amplia variedad de palos de treking naturales que son sumamente útiles porque adecuamos cualquier rama a nuestra estatura para usarlos como bastones improvisados, para trepar con más facilidad y sin tanto desgaste, además de contar con la ventaja de que al finalizar la trepada podremos dejarlos de lado sin el remordimiento de haberlos abandonado como si fuesen de nuestra propiedad. En resumen, palos de treking naturales y descartables, que más pedir…

Es también generalmente en algunos sectores de la montaña en donde se dificulta el trayecto por largos senderos de lodo, en los cuales no es fácil progresar porque las piernas se hunden y al retirarlas en cada paso se hacen cada vez más pesadas y no es raro ver cómo algún participante busca con su brazo desesperado sacar una zapatilla que quedó enterrada en el barro y fuera de la vista.

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Los caminos pueden ser muy trabados. También los hay rectos, en franca subida y en notable bajada. Las bajadas a veces se dan sobre terreno rocoso, y ése es otro tema, porque hay grandes rocas y piedras pequeñas, las primeras con riesgo de caídas grandes, las segundas con riesgo de caídas más pequeñas pero aún más peligroso es por el posible esguince de tobillo, producto de una mala pisada.

Tal vez el punto más relajado de carrera se dé cuando se corre por el llano a la vera de los grandes espejos de agua formados por hermosos lagos de agua helada. Un placer absoluto, lleno de armonía.

Esta armonía de la que hablo, puede encontrarse en su punto justo en cualquier momento. Aparece de repente y nos sorprende. Allí, las sensaciones fluyen como torrentes de vida. Y son muchas… y si de carreras extremas como ésta se trata, las hay de variadas formas. No necesariamente mantienen una línea paralela entre sí. A veces son sensaciones encontradas, no hay que olvidar que estamos en un ámbito natural único y muy preciado, pero no estamos paseando por aquí sino compitiendo.

A pesar de que en ocasiones las cosas no vayan muy bien y los dolores o situaciones negativas quieran ganar terreno, es la gran paz que nos brinda este ámbito la que recobra protagonismo. Entonces todo, un poco antes o un poco después, alcanza esa armonía inigualable de la que hablo.

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Tuve la suerte de llegar en el puesto 13 de 1200 participantes. Pero esto recién comenzaba. Sabía que el dolor de una lesión previa que traía no tardaría en aparecer y eso haría bajar un poco el rendimiento.

En el campamento nos recibieron para descansar, comer e hidratarnos bien. En es el lugar, más allá de reponer energías, se comparten experiencias con corredores de distintos países poniendo de manifiesto la idiosincrasia de cada lugar, y son las anécdotas de cada uno las que terminan ocupando un papel protagónico, porque todos tendremos alguna experiencia vivida que valdrá la pena ser contada. Los campamentos suelen establecerse sobre márgenes de algún lago o río donde aprovechamos a permanecer por un tiempo en esas aguas heladas y así de a poco, las piernas se recuperan, al actuar el agua fría como un descongestivo natural de los miembros inferiores.

Cuando empieza a caer el sol, ya está nuestro colchón inflado y sobre él la bolsa de dormir lista para ser usada cuando sea la hora de descansar. Ya deberíamos tener también casi lista la mochila de hidratación con los elementos obligatorios, así como la ropa que usaremos en la competencia al día siguiente. Hora de planificar cómo encararemos el próximo día la carrera.

El movimiento es constante, y todos queremos saber sobre los tiempos para planificar cómo plantearemos nuestra estrategia de carrera según los puestos de los otros corredores más allá de evaluar la altimetría y el tipo de terreno del recorrido, junto al clima previsto para ese día.

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Ya presentada la noche sobre el campamento, son las luces frontales las que toman protagonismo sobre las frentes de todos los corredores que de a poco se van sumando y en imaginario ritual se acercan a la enorme carpa que reúne a todos para la cena, la que aportará lo necesario para encarar la etapa que se viene. Más tarde el silencio se adueña del lugar y todo se torna quietud. Sólo algunos susurros perdidos … y de pronto un enorme y fantástico silencio, atesorando todos los anhelos, sueños y emociones contenidas que serán libradas al viento de la montaña cuando asome el sol en el nuevo día que ya viene llegando …

Amanece, y ya se escuchan susurros. Enseguida las voces se hacen notar aún más, y ya es claro escuchar los diálogos entre los compañeros de equipo, que se mezclan con algunos gemidos con suerte de onomatopeyas que delatan el agotamiento físico de algunos corredores, sobre todo por molestias en las piernas. De a poco este sonido es tapado por uno nuevo que con más fuerza deja sin demasiada presencia al anterior. Es el sonido imperante de grandes soplidos de aire. Bocanadas de aire que enérgicamente salen expulsadas de los colchones inflables. Una vez entregados nuestros bolsos, es momento del desayuno donde tendremos lo necesario para sentirnos fuertes y comenzar nuestro segundo día de carrera.

La largada suele darse por orden de llegada según los puestos del primer día. Así es como ya se puede empezar a ver que las primeras tandas son las de aquéllos que vienen con un ritmo más rápido.

El segundo día, el punto clave de la carrera. Es momento de empezar a poner toda la energía siendo lo suficientemente cuidadoso e inteligente como para tener un resto necesario para ir por todo el tercer y último día. Uno va en busca de la carrera, sin dejar de lado que aún nos queda la última etapa. Finalizar la segunda, es de alguna manera, sentirse en la antesala de conseguir el objetivo final, culminar el Cruce.

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Aquí la distancia es menor que el primer día, 31 km con una altura de 1108 m  y un desnivel acumulado de 1965 m. Los primeros km fueron de coastering por el lago Nonthue, y es una etapa que en su mayor parte se presenta óptima para correr sin que surjan demasiados inconvenientes. Igualmente el cansancio acumulado y los distintos desniveles hacen que esta etapa no sea para subestimar.

Todo esto que nos pasa adentro nuestro se mezcla solapadamente con las imágenes que captan nuestros ojos de los infinitos paisajes que muestran sus montañas con picos nevados, y sus ríos nacidos de deshielo, surcando sus laderas como cicatrices para mitigar tanta belleza. Sus lagos inmensos como espejos reflejan tupidos los árboles de los bosques que de vez cuando asoman en la montaña y en los cuales, en ocasiones, se adentran a ella y nos llevan por caminos inhóspitos entre leños, fango y piedra para recorrer senderos que creo deben pertenecer a algún cuento que nos contaron de niños para poder conciliar el sueño.

Así es como transcurre otro día más de competencia. Para muchos un día más de carrera… Para mí, el más grande regalo de la vida…

Este segundo día de competencia se entrega, casi sin escapatoria se deja vencer, no sin antes un guiño de aprobación, ya estamos pasando por debajo del arco de llegada.

Una vez más, en el campamento, estiramos bien, alimentarnos y descansar. Esta vez me tocó ir a almorzar solo porque mis amigos aún no habían llegado. Me senté en una mesa donde el destino me hizo conocer a una gran persona, el Chato Cumil, donde almuerzo de por medio, me contó que era buzo táctico de la Antártida y que se había propuesto realizar el Cruce como un desafío más entre tantos realizados como haber hecho cumbre en el Aconcagua. La amistad se gestó casi de inmediato, y sin saberlo sería parte importante de mi último día de carrera.

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La largada del tercer y último día tuvieron que postergarla por un rato, porque la situación climática hacía que no tuviéramos las condiciones mínimas de seguridad, teniendo en cuenta que esta etapa era un recorrido de alta montaña durante 33 km, con una altura de 1844 m y un desnivel acumulado de 4624 m. Esto implicaba ascender muy alto y las bajas temperaturas y los fuertes vientos complicarían aún más el desgaste físico que ya estaba presente. Mediando la mañana dieron lugar a la largada y así nos lanzamos después de despedirnos de nuestros amigos con fuertes abrazos, lo que nos servirán como fuente de energía para fortalecernos en esos momentos donde probablemente el dolor y el agotamiento físico quieran ganar la pulseada. Claro que eso nunca debe suceder… no debe existir siquiera lugar para la duda…Tenemos que tener en claro desde el mismo momento de largada de la primer etapa, que nunca, pero nunca, perderemos nuestra batalla contra nosotros mismos. Jamás nos daremos por vencidos. Esa será siempre nuestra consigna. Dejar todo lo mejor para poder sentirnos orgullosos de nosotros mismos y conseguir nuestra victoria, la gran victoria de poder hacer lo que nos propusimos, pese a todas las adversidades.

Las sensaciones de carrera, como ya lo mencioné, van cambiando a medida que transcurre el tiempo y la distancia. Existen muchas formas de ver y sentir las cosas, pero es muy difícil de explicar. Es difícil convencer a alguien que las sensaciones de fatiga extrema, dolor, calambres, contracturas, entre otras, no nos importan tanto cuando tenemos un objetivo tan importante por delante. No digo que no se las padezca, sabemos que estarán ahí como escalones para llegar a la cima, son aceptadas de antemano. Sólo hay que esperar que lleguen, por supuesto, mientras más tarden en aparecer, más felices estaremos…

Es increíble el poder que la mente le otorga al cuerpo. Saber que todo ese sufrimiento será pagado con creces cuando podamos pasar por el arco de llegada. Eso cambia radicalmente, al menos para mí, la sensación y el umbral del dolor.

Por suerte, también existen sensaciones sumamente placenteras como correr sintiendo que nuestras piernas se liberan, es casi la sensación de sentirse volar, aún tocando el piso. A pesar de la altura el aire puede entrar con un color azul claro a nuestros pulmones y refrescar todo nuestro interior. El paisaje visto desde tan alto nos hace sentir que no estamos errados en estar ahí, en nuestro último día de competencia intentando con mucha convicción, cruzar la cordillera.

Una vez me encontré absolutamente solo corriendo, por un surco de unos 50 cm de ancho y de profundidad hasta la rodilla, alrededor sólo nieve. Tomaba puñados y la transformaba en agua en mi boca. En ese momento se posó por un instante el helicóptero de la organización sobre mi cabeza y luego de verlo y bajar la mirada, me encontré con una vista hacia un enorme lago debajo de mí y por encima de él, las nubes… encima de ella, yo corriendo en absoluta armonía… No pude evitar emocionarme hasta las lágrimas. Cuando lo conté, alguien me dijo, “tuviste un encuentro con Dios

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Y así, entre recuerdos de paisajes, vivencias y palabras de aliento de aquellas personas que ocupan un lugar privilegiado en nuestro corazón, me lancé a mi tercer día y con frío comencé con una trepada muy empinada de casi 6 k ayudado por dos tramos de cañas que recogí del camino. Luego de varios desniveles llegamos a la cima y empezó un brusco descenso entre uno de los paisajes más hermosos de este Cruce, un camino estrecho y sinuoso rodeado de una infinidad de flores amarillas. A mitad de carrera, en pleno descenso, encontré a mi amigo, el Chato Cumil, con el cual transitamos la segunda mitad de esta etapa, dándonos aliento. Alimenté mi espíritu en cada bajada con sus palabras al ver que lo hacía cada vez con más dificultad por el dolor que ya era más que importante en los rectos anteriores por una lesión aún no curada.

Finalmente vimos el arco de llegada y desatamos la bandera de Argentina que traía en su mochila. Entre los dos la desplegamos llegando con lágrimas en los ojos, orgullosos de haber concluido una vez más el Cruce y de haber desplegado nuestra bandera con la leyenda ” Malvinas Argentinas y Antártida presentes en mi piel”. Un solo sentimiento…

Abrazos, lágrimas, fotos, y la satisfacción de haber dejado todo en un lugar donde siempre voy a querer volver … la montaña.

Elisa Forti 81 años

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Elisa Forti, italiana de nacimiento y argentina por adopción, a sus 81 años, realizó por tercera vez El Cruce Columbia. Con un estado atlético increíble, completó íntegramente los tres tramos, feliz de los ripios y las subidas complejas que le requieren mayor esfuerzo. “El desafío surge porque adoro la naturaleza, me anoté porque lo hice dos años seguidos y ahora quería volver a repetirlo”, contó Elisa. Esta carrera la corrió con Nehuén, otro de sus nietos que se atreve a acompañar a la intrépida Elisa en esta nueva aventura.

Luis Pérez, El  Cruce en Alpargatas

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Día 1. Largamos muy temprano desde el paraje Quina Quina hacia Hua Hum nos esperaban 42 km de duro trekking con subidas y bajadas llenas de cenizas volcánicas, Allí tuve una caída que me generó un dolor que me dificultaba seguir hasta que un corredor de Costa Rica llamado Manuel Albarado me asistió con medicamentos y así logré terminar la etapa, ya pensando en recuperarme para el segundo día. En el campamento 1 me alimenté y descansé bien para el día siguiente.

Día 2. Ya recuperado largué la segunda etapa que fue muy veloz y satisfactoria para mí y luego de correr de menor a mayor no sólo sabía que llegaría bien sino que también estaba marcando mi récord: había hecho dos etapas con el mismo par de alpargatas y estaba decidido a ir por el tercero.

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Día 3 La etapa final la arrancamos con 15 km de subida, todo trepadas, a medida quesubíamos, se sentía más el frío y el fuerte viento de la cordillera. Allá en la cima llena de filosas piedras se podía apreciar el bello paisaje, para luego comenzar a descender a muy buen ritmo jugando con mis piernas largas y siempre con una sonrisa, para más tarde divisar el glorioso inflable de la llegada. Con mucho orgullo crucé la meta como argentino y habitante de San Miguel del Monte. Estaba muy feliz porque logré realizar todo El Cruce con un solo par de alpargatas, y con gran emoción abracé a mi hijo que me estaba esperando en la llegada.

Un sueño más cumplido, había logrado un Cruce más, mi quinto Cruce.

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